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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 9. Oración y meditación. El padre nuestro

Saludos. Les traigo las bendiciones del Señor, mis queridos amigos.

Mis queridos amigos, hoy me gustaría hablar de la oración y la meditación. ¿Cuál es la diferencia entre las dos? Mucha gente no lo tiene claro. Siempre es cuestión de convenir en el significado de los términos. Me gustaría hacer la siguiente distinción: La oración es un paso preliminar para llegar a la meditación. La oración es una cuestión de pensar, la meditación es oración con sentimiento, involucra a las fuerzas del alma en comparación con las fuerzas del pensamiento. Para dar el segundo paso necesitan cierta disciplina y concentración que aprenden por medio de la oración. La mayoría de las personas no tienen la costumbre de estar espiritual y mentalmente activas, pero uno no puede entrar en meditación a menos que haya aprendido primero el estado preliminar de la concentración.

La persona que ha atravesado esta primera puerta necesita sobre todo la convicción de que nada puede obtenerse sin disciplina, trabajo regular y la mejor voluntad de dedicar cada día algo de tiempo a acercarse a Dios, a liberar las fuerzas a menudo latentes y ocultas del alma, y a encontrar la conexión con los rayos de la energía divina. Esto sólo puede tener lugar mediante la autodisciplina y la práctica regular, preferiblemente siempre a la misma hora del día. Sin embargo, no es posible establecer una regla válida para todos sin excepción. Para unos cuantos podría ser mejor una manera más espontánea, pero sólo cuando a pesar de esa espontaneidad no se omita ningún día y sólo varíen la hora y el lugar. Como regla, la regularidad es ventajosa.

Los seres humanos tienen dificultad para concentrarse. Una y otra vez mis amigos han visto que, al principio, divagan; algo mundano interrumpe sus pensamientos. Entonces se consternan tanto que no pueden retomar el hilo. Como lo he dicho muchas veces, es importante no permitir que estas interrupciones los molesten y los dejen confundidos y perplejos. No se exijan demasiado de inmediato, sino que reanuden su práctica de una manera callada y relajada. Después de algún tiempo lograrán alcanzar cierta continuidad y concentración. Esta es la oración. No olviden, como suelen hacerlo los humanos, pedir ayuda a Dios una y otra vez. No saben cuánto les servirá esto. ¿Por qué no dicen: “Ayúdame a aprender la oración real, o la meditación real?” En cualquier momento, cuando estén confundidos, pidan ayuda. Aquí también es cierta la frase: “Llama y la puerta se te abrirá”.

La concentración en la oración es benéfica no sólo como entrenamiento, sino también porque cada pensamiento construye una forma. Con los pensamientos de la oración construyen formas armoniosas, de manera que la “oración-pensamiento” activa energías favorables incluso antes de que hayan aprendido la “oración-sentimiento” o meditación. No obstante, las formas del pensamiento, aunque pueden no tener el poder de las formas del sentimiento, pueden manifestar su propia grandeza cuando vienen de un corazón pleno, sin autoengaño, arraigado en una sincera fuerza de voluntad.

Éste es el primer paso en este segmento particular del Pathwork: el poder puro del pensamiento a través de la concentración en la oración, y la liberación de las corrientes del sentimiento, que trae aparejada cierta distensión del espíritu. Esta, entonces, es la meditación.

Una vez que han aprendido la concentración en la oración hasta cierto grado, practicando una autodisciplina regular con este propósito, podrían toparse con el problema de volverse demasiado mecánicos. Ahora que han progresado hasta aquí, encuentran que luchan para no caer en el extremo opuesto de la disciplina exagerada, en que la oración se convierte en un grillete. Entonces ha llegado la hora de que aprendan a llevar la oración a las capas más profundas del alma.

En este punto, también, existen herramientas útiles. La oración, como dije, pertenece al dominio del pensamiento. Viene de aquí [apunta a la cabeza], mientras que la meditación viene de aquí [señala el pecho], lo que yo llamo el campo espiritual del ser humano. En el plexo solar está impresa toda la imagen espiritual de una persona. Quienes liberan los sentimientos aquí y de esa manera determinan cuándo y cómo conectarse con Dios llegan a tener, hasta cierto grado, un dominio sobre sí mismos al superar sus obstáculos internos.

Ahora podrían preguntarme cómo entrar en esta vibración. Yo les digo: Todas las corrientes internas que se encauzan en los canales incorrectos crean obstáculos. Todo lo que no se reconoce y se fermenta en el subconsciente es un obstáculo. Siempre que tengan dificultades para entrar en sintonía con la vibración, siempre que intuyan una resistencia, pueden estar seguros de que hay violaciones no reconocidas de las leyes en su alma. El autorreconocimiento, el autoanálisis y el desenterramiento de estas corrientes son el único medio, y hacer esto no es posible sin guía, ayuda e instrucción externas.

Aparte de esto, uno no puede establecer ninguna regla general. Varía de una persona a otra. Deben encontrar el lugar dentro de ustedes donde intuyen las vibraciones. No es correcto esperar que esto suceda inmediatamente y siempre. De vez en cuando las influencias espirituales pueden elevar a un ser humano a una vibración más alta aun cuando todavía existan obstáculos internos en el alma, pero estas influencias son raras. La persona no debe evadir el tema diciendo: “No siempre soy capaz de ponerme en sintonía; para ello, tengo que tener el estado de ánimo apropiado”. Pero las “sintonías” ya no deben ser gobernadas por estados de ánimo. Ustedes mismos deben controlarlos, y esto no es posible a menos que cultiven sistemáticamente su espíritu y su desarrollo. Deben ser dueños de sí mismos, y no estar dominados por estados de ánimo y depender de ellos para establecer el tipo de contacto con Dios que penetra todo su ser. Éste es el propósito de este Pathwork, ésta es la meta, que, sin embargo, no pueden esperar alcanzar de inmediato. En este Pathwork avanzarán hasta el punto en el que ustedes mismos determinen cuándo estarán listas las fuerzas puras para moverse libremente en su interior. Esta meta sólo puede alcanzarse emprendiendo un camino lento y laborioso. Recen para recibir ayuda a este respecto también. Muy específicamente, Cristo los ayudará. Quien se vuelva a él recibirá ayuda, ya que él lo ha prometido.

Hay varias herramientas para liberar las fuerzas del alma: A algunos podría resultarles útil recordar la última vez que sintieron una vibración fuerte que los conectaba con Dios. Tal vez si la evocan en su imaginación la puedan revivir emocionalmente. Para otros podría resultar más fácil la conexión con ayuda de un pasaje específico de la Biblia, cierta oración o ley espiritual. Las herramientas pueden variar y cada uno de ustedes necesita explorar personalmente su punto de conexión individual. Lo mejor de todo es una victoria sobre ustedes mismos, una percepción del ser que es real, completo e incondicional. Cuando vencen una resistencia, se abren a la voluntad y la verdad de Dios. Semejante victoria libera muchos poderes y produce una vibración maravillosa que lleva a la meditación, aunque al principio no se logre todos los días. En alguna otra ocasión hablaré más de la oración del alma, o meditación.

Hoy me gustaría cumplir la promesa que les hice hace algún tiempo de compartir con ustedes otra interpretación o meditación sobre La Oración del Señor o Padre Nuestro. Ya antes hablé del significado de esta oración y de la manera de meditar sobre ella. Existen muchas posibilidades y maneras de hacerlo. Entonces hablé en términos generales. Esta noche quiero arrojar una luz distinta sobre la oración y mostrarles cómo pueden meditar sobre ella —fácilmente puede tomar una hora— y encontrar en sus palabras lo que necesiten en cualquier momento, ya que todo está contenido en ella. Les mostraré cómo puede aplicarse la oración de una manera muy personal y cómo puede resolver todos sus problemas.

PADRE NUESTRO. Cuando piensan en el significado de estas palabras, seguramente se imaginan a Dios como el padre de todos los seres. Pero al decir las palabras muy íntimamente para ustedes, traten de meditar muy específicamente en que la paternidad de Dios también se aplica a las personas que no les gustan, a las que no les importan, hacia las que sienten resistencia o con las que están en discordia. No siempre tiene que ser un sentimiento de odio; basta con sentir irritación hacia alguien. Entren en su silencio y reflexionen en que estas personas son los hijos de Dios. Llamarse hijo de Dios se justifica sólo cuando entienden que las personas que les despiertan sentimientos desagradables son también hijos de Dios, al igual que ustedes. Cuando logran hacer esto, su actitud, y por lo tanto sus sentimientos también, sufrirán un cambio sutil y se sentirán más relajados y libres.

Hacer esto puede ser difícil al principio y provocar resistencia, porque sus sentimientos no siempre están dispuestos a cambiar. Siempre que hay sentimientos negativos fuertes de cualquier índole, seguramente hay un nudo interno apretado. Tomen esta resistencia como señal de lo importante que es disolver el nudo interno. Si albergan sentimientos negativos, algo en ustedes debe de estar irresuelto, sin importar lo equivocada que pueda estar la otra persona. Después de esta percepción interna viene la voluntad de enderezar lo que está torcido dentro de ustedes y la disposición a dar cabida a nuevos reconocimientos, inspiraciones o enseñanzas. Entonces se les darán también medios prácticos para liberarse del estado negativo irresuelto. Pídanlo, deseenlo, y de pronto, mientras meditan sobre el significado profundo de estas palabras y cómo aplicarlas en su vida, se les quitará del pecho una fuerte presión; sentirán que se han liberado de una carga.

Inténtenlo de otra manera: Eviten concentrarse en todo lo que les molesta de las otras personas y visualicen su perfección. Traten de reconocer cómo y dónde se manifiesta a través de ellas la chispa divina. Recuerden siempre que el que busca, encuentra. Descubrirán en ellas cualidades que les indicarán claramente la existencia de su Ser Superior y les dan derecho de ser consideradas hijas de Dios.

En sumamente importante trazar una línea que separe el Ser Superior del Ser Inferior, ubicar lo que pertenece a cada cual. El Ser Superior es eterno, inmortal y es de Dios. El Ser Inferior es temporal y no pertenece a la verdadera realidad. No hagan esto sólo con otros. Empiecen con ustedes mismos, ya que cuando puedan distinguir ambos en ustedes, ya no les será tan difícil amar a su prójimo, y les será más fácil reconocer a alguien que no les gusta como su hermano o hermana. Entonces permitirán que su Ser Superior se una con el Ser Superior de su prójimo. Todo esto está contenido en las dos primeras palabras de la oración: Padre Nuestro.

QUE ESTÁS EN EL CIELO. El cielo está dentro de ustedes, no fuera. Por lo tanto, búsquenelo en ustedes, encuentren su propia perfección, que ya existe, aunque pueda estar velada y tapada. Y busquen el Cielo, busquen a Dios dentro del alma de su prójimo, incluso del que rechazan. Sólo así pueden encontrar al Dios eterno y vivo.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE. Ustedes santifican el nombre del Padre cuando tratan de comprender sus leyes y acatarlas. Porque para cada modalidad de vida existe una ley espiritual. Cuando se sienten confundidos por los problemas de su vida, significa que no han encontrado la ley espiritual apropiada. Cuando digan: “Santificado sea tu nombre”, pregúntense interiormente: ¿“Dónde están mis dificultades, cuáles son mis problemas? Debo de estar violando una ley espiritual, aunque sea inconscientemente, pero ya no quiero hacerlo”. Pidan ayuda a Dios para que les ayude a entender qué ley están violando. Pídanle una respuesta y aprenderán a establecer una conexión personal mediante la cual verdaderamente santificarán Su nombre. Porque cuando contemplen la verdad de sus problemas, con honestidad en su corazón, también recibirán la respuesta. Podría no llegar en el mismo momento, pero si están alertas y abiertos, la vida les traerá la respuesta.

VENGA A NOSOTROS TU REINO. Cuando santifican el nombre de Dios observando todas las leyes espirituales, también acercan Su reino a ustedes, ya que está en su interior. Siempre piensan, si es que piensan en ello, que el reino de Dios está en algún lugar allá afuera, que descenderá a la Tierra, y que todo lo que tendrán que hacer es ir a donde el reino de Dios se ha manifestado... y entrar. Estas son las ideas vagas y usuales acerca del reino de Dios, formas de pensamiento falsas que ustedes erigen en su imaginación. El reino de Dios debe crearse dentro de ustedes, y esto sólo puede suceder cuando pasan por esta enseñanza con éxito, aprendiendo a conocer y a aplicar las leyes espirituales.

HÁGASE TU VOLUNTAD. No necesito decir gran cosa sobre esto porque ya lo hice muchas veces antes. Pero quiero insistir en lo difícil que es para la mayoría de las personas aplicar estas palabras en un nivel personal. Afirman que no saben cuál es la voluntad de Dios y que la obedecerían si tan sólo supieran cuál es. Les he dicho que quien se esfuerce por establecer contacto con el mundo de Dios para descubrir cuál es Su voluntad, y luego obedecerla incondicionalmente, aunque todavía tenga dudas, recibirá la respuesta. Y en vez de devanarse los sesos tratando de saber cómo acatar la voluntad de Dios cuando no están seguros, vuelvan la mirada a las áreas donde no requieren una respuesta, ya que ésta será obvia una vez que empiecen a pensar.

Todo el mundo puede estar bastante seguro de que debe de ser la voluntad de Dios seguir el camino de la perfección, en cualquier manera en que éste se presente. Pueden estar bastante seguros de que debe de ser la voluntad de Dios que se enfrenten a sí mismos con honestidad en lugar de elegir el camino más cómodo de alejar lo que crea incomodidad, o de culpar a los demás y a las circunstancias para evitar la necesidad de buscar lo que está mal dentro de ustedes.

Contemplen lo que provoca su resistencia interna, y pueden estar seguros de que cuando sientan desarmonía han violado una ley divina. Ninguna maldad o error de otro ser humano les puede causar sentimientos de desarmonía si no existe también una falla en ustedes. Su respuesta seguramente es que, de alguna manera, han dejado de cumplir la voluntad de Dios.

En una persona, los sentimientos de desarmonía podrían tomar la forma de dudas religiosas generales que, a final de cuentas, están conectadas con problemas personales; en otra, las causas podrían ser más directamente de naturaleza personal. Pero siempre que haya un sentimiento de pesadez, de enojo, de resistencia, de miedo o cualquier desarmonía, ese es el indicio de que algo en ustedes no está del todo bien. De lo contrario, no habría tanta oscuridad en algunas de las situaciones de su vida. Si se esfuerzan de todo corazón por obtener una respuesta, aunque ésta tarde en llegar, la recibirán tarde o temprano. Cuando oren por la respuesta a fin de cumplir la voluntad de Dios, les llegará. No le teman, ya que la voluntad de Dios siempre es sabia y amorosa y conduce a la felicidad, aun cuando la transición sea una lucha. Luego pregúntense “¿Estoy verdaderamente dispuesto a hacer la voluntad de Dios, aunque no me guste al principio?” Ya les impartí toda una conferencia sobre este tema y la pueden utilizar en conexión con esto.

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO. ¿Qué significa esto? ¿Qué es el Cielo? ¿Qué es la Tierra? ¿No es un poco tonto que ustedes, los seres humanos, oren por que se haga la voluntad de Dios en el Cielo, que para algunos está en algún lugar allá afuera? Si el Cielo estuviera afuera, ¿necesitaría sus oraciones para que la voluntad de Dios se hiciera allá? ¿Podrían ustedes ejercer esta influencia allá? Desde luego que no. Claro que pueden, hasta cierto grado, hacer esto en la Tierra, en el sentido de que ustedes, por el hecho de estar en el camino de la perfección, por la influencia y la luz que esparcen, trabajan para el reino de Dios en sus congéneres.

El Cielo está dentro de ustedes. Es su espíritu en su perfección, que espera a que los muros del Ser Inferior puedan derribarse. El Dios en ustedes se manifestará en cada detalle de su vida tanto espiritual como terrenal. ¿Hasta qué grado es esto ya una realidad en su vida? ¿En qué aspecto no penetra Dios en su ser, en sus acciones, en sus pensamientos, en sus sentimientos? Por ejemplo, traten de imaginar esto: Si se les pidiera que renunciaran a algo a lo que se aferran en la creencia de que es la voluntad de Dios —podría ser sólo una opinión—, ¿estarían dispuestos a soltarlo y considerar que podría no serlo? ¿O más bien tratarían de convencerse de lo contrario, sólo porque lo quieren así?

Traten de ubicar con exactitud en qué área de su vida tienen esta actitud. Luego mírense a sí mismos con honestidad. ¿Qué es más importante para ustedes: la verdad, o una convicción a la que se han aferrado por una razón u otra?. Si su convicción es correcta, ¿no creen que Dios la confirmará? Pero primero tienen que estar dispuestos a soltar. Siempre que sienten una rigidez apretada, aun si su opinión es correcta, impiden que el reino celestial se manifieste dentro de ustedes. Por otra parte, cuando están en un error, la verdad no puede penetrar. Cuando las formas del pensamiento son falsas, el reino de Dios no puede ir a ustedes.

DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA. También esto se repite mecánicamente, sin otorgarle ningún significado. La gente supone, aun si no formula claramente el pensamiento, que ganarse el pan de cada día no tiene nada que ver con Dios. Sin Dios, nada tendrá éxito, no importa cuánto lo intenten una y otra vez. La persona que tiene ciertos estudios espirituales puede discernir con mucha exactitud, cuando mira su vida en retrospectiva, qué situación tenía la bendición de Dios y cuál no. “¿Cómo se siente la diferencia? ¿En qué fallo repetidamente? ¿En qué áreas siempre tengo problemas? ¿Cuál es la razón verdadera de ello? ¿Dónde me equivoqué? ¿En qué aspecto tengo una actitud equivocada?” Piensen en ello y ríndanse a Dios enteramente.

Estén dispuestos a dejarse guiar para ganar su pan tanto terrenal como espiritual. El pan espiritual está muy descuidado. Ustedes creen que es menos importante que el pan material. No, queridos míos, el pan espiritual es más importante, mucho más importante. Primero necesitan hacer el esfuerzo de recibir alimento espiritual: deseenlo. Esa es la puerta a través de la cual se resolverán todos los problemas terrenales, y no al revés. Quien anhele el pan espiritual ya ha alcanzado cierto nivel en el Pathwork.

PERDONA NUESTRAS OFENSAS. La oración dice “nuestras ofensas”, no sólo las mías. Esto incluye a todos los seres humanos, aun los que los han lastimado y a quienes quizás no puedan perdonar por completo. Si honestamente desean que Dios los perdone, entonces se habrán liberado de una forma espiritual oscura en ustedes, que atrae energías dañinas e influencias oscuras. Piensen en lo que estas palabras contienen: Dios no debería perdonarlos sólo a ustedes y a los seres que aman, sino también a aquellos hacia los que todavía albergan sentimientos negativos. Con frecuencia ustedes no tienen claridad ni de su propia culpa. Los humanos tienden a producir sentimientos de culpa falsos, malsanos y exagerados, que no están justificados.

El proceso interno funciona de la siguiente manera: Rehúyen admitir su culpa cuando es justificada y cuando podrían sentir un arrepentimiento sano y constructivo que jamás los hundiría ni los desalentaría. Cuando le piden a Dios perdón con este arrepentimiento sano y realmente desean cambiar, sentirán que son perdonados y liberados y sabrán que se han quitado un peso de los hombros. Esto sucede cuando la voluntad de cambiar y de llevar a cabo la buena intención es sincera y continua.

Pero muchas veces no hacen frente a la culpa real, en parte porque, en su vanidad, quieren verse mejores de lo que son, y en parte porque se requiere un gran esfuerzo para producir un cambio interno. Muy adentro, ustedes saben que esto no puede ocurrir de un día para otro; tampoco puede ocurrir sin esfuerzo. El núcleo espiritual emite señales y los alienta a reconocer su culpa, pero su Ser Inferior interfiere con su orgullo y su pereza, así que frecuentemente asumen culpas que no son genuinas. Es como si dijeran: “Vean, me arrepiento, pero en realidad no soy culpable de esto”. Naturalmente, éstos son procesos inconscientes, y tienen que sacarse a la luz. Esta es la diferencia entre la culpa falsa y el arrepentimiento real.

La experiencia de todas las personas que recorren el sendero espiritual siempre ha sido que aquellos que reconocen su culpa real automáticamente pierden no sólo todos los complejos de culpa falsos que los agobian, sino que se sienten instantáneamente aliviados y en paz, porque la verdad siempre trae liberación. Abrirse plenamente y estar dispuesto a vencer la resistencia es una lucha. Así, las personas tienen miedo de admitir la culpa real y, por lo tanto, optan por producir en su inconsciente todo tipo de sentimientos irreales de culpa, que o no son aplicables en modo alguno, o que tapan fallas que no quieren ver porque no están listos todavía para aceptarse como son, en su imperfección momentánea. Los complejos de culpa son irreales y, por ello, jamás llevan a la liberación. Crean círculos viciosos, llevan al agobio, a la tristeza, mientras que la verdad siempre libera, sin importar cuán desagradable pueda sentirse al principio.

Examínense ustedes a este respecto. Sólo quienes penetran todas las capas de la apariencia y del engaño llegan a identificar la culpa real. Encuentran de qué manera han violado una o más leyes espirituales, en la acción o en la reacción emocional. Sólo entonces es posible pedirle a Dios perdón, acto que incluye la petición de ser ayudado e instruido en la manera de cambiar. Sólo aquel que se libera así por dentro puede perdonar a los demás totalmente. No pueden esperar el perdón si no están completamente listos para perdonar a otros. Y quien ha experimentado, comprendido y sentido el perdón de Dios debe de poder perdonarse también. Y esto nos lleva a la siguiente frase:

ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. Cuántas personas dicen esta oración sin tener la menor intención de perdonar verdaderamente. Aquí también suele haber un autoengaño. Aunque no quede odio, el resentimiento sigue presente; si no se han liberado de eso, no pueden ser lo suficientemente libres para tener experiencias espirituales. Es muy difícil para ustedes otorgar el perdón completo porque no comprenden a la otra persona. Por lo tanto, pidan esta comprensión, pidan la revelación de la que carecen a este respecto. Si realmente la desean y no se regodean en sus resentimientos, como suelen hacer, todo esto se les dará.

Ustedes, los seres humanos, no quieren entender que no pueden hacer esto solos. Necesitan ayuda. Por eso, esta frase es parte de la oración. Porque si fuera posible que lo lograran tan sólo con su voluntad, no necesitarían orar por ello. Ustedes no rezan para poder moverse de un punto a otro; si tienen extremidades sanas lo pueden hacer con su voluntad. Pero sí necesitan ayuda a fin de poder realmente perdonar. Y sí necesitan ayuda para enfrentarse a sí mismos con total honestidad y conocerse sin su máscara. Y sí necesitan ayuda para vencer sus resistencias y lograr el cambio interno. Así pues, oren por ello.

También esto debe confrontarse: “¿Verdaderamente perdono a todas las personas desde el fondo de mi corazón?” Cuando vean claramente que no pueden hacer esto solos, pedirán ayuda. Y entiendan que no perdonar los agobia, los hace infelices, bloquea la luz y la libertad que desean. No perdonar los daña mucho más a ustedes que a aquellos a quienes no pueden perdonar.

CONDÚCENOS EN NUESTRAS TENTACIONES. Lo repito para los amigos que se unieron a nuestro círculo recientemente. Lo que se dice generalmente es “No permitas que caigamos en tentación”. Estas palabras dan lugar a conceptos erróneos y pueden dañar, porque suponen que Dios puede permitirnos caer en tentación. Más bien, el significado es que oren para que Dios los conduzca cuando se presenten las tentaciones; que oren para que Dios los guíe y puedan resistirlas, para que tengan la fuerza y la visión necesarias para salir victoriosos. Si esto es lo que visualizan, entonces también pueden decir: “No permitas que caigamos en tentación”. Las palabras no importan tanto a menos que confundan los conceptos.

Ahora bien, ¿qué es la tentación? La tentación está dentro de ustedes. No viene de fuera. E incluso si viniera de fuera, no cederían a ella a menos que algo dentro de ustedes no fuera receptivo a ella. Por ejemplo, ¿podrían sentir la tentación de asesinar? Desde luego que no. Pero sí podrían sentir la tentación de ceder a sus faltas, cualesquiera que sean. Por lo tanto, es importante que se den cuenta de que pueden ser tentados, y de qué manera. Tienen que conocer sus faltas. Hagan una lista de todas ellas, para que las recuerden. Luego pidan otra vez fuerza y ayuda, pues no pueden superar sus faltas por sí solos. Sólo en ese concepto reside la tentación.

Ningún demonio, ningún Satanás podría tentarlos si no hubiera algo en ustedes que respondiera a ese llamado. Cuando oran para que Dios aleje a Satanás de ustedes, están en un error. Porque en ustedes, en su Ser Inferior, en la corteza que envuelve su ser perfecto, reside el germen por el cual podrían caer en tentación. Las fuerzas oscuras sirven de instrumentos para sacar ese germen, para traerlo a su conciencia, de modo que puedan combatirlo. Si el germen del mal estuviera inactivo, si no tuviera la oportunidad de manifestarse, ustedes no se acercarían ni siquiera un poco a la perfección, a la dicha suprema.

MAS LÍBRANOS DE TODO MAL. Aquí también rige la misma verdad. El mal está en ustedes. Si existiera sólo afuera, no los tocaría. Incluyan este pensamiento en su oración. Pidan a Cristo que les ayude a resistir la tentación, para que ustedes puedan librarse a sí mismos del mal. Sólo ustedes pueden hacerlo, con la ayuda de Dios, y con la ayuda de Cristo que se los ha prometido. Inténtenlo con su ayuda. No traten de hacerlo solos; no son lo suficientemente fuertes. Necesitan fuerza de voluntad, necesitan un esfuerzo incesante, pero su poder por sí sólo es tan insuficiente como lo sería la ayuda de Dios, de Cristo o de cualquier espíritu sin la voluntad de ustedes de liberarse. Necesitan tanto su fuerza de voluntad como la ayuda de Dios. Tienen que enfocar el problema por ambos lados: Hagan su propio trabajo y pidan ayuda espiritual una y otra vez.

PUES TUYO ES EL REINO. El reino de Dios está dentro de ustedes. Pertenece a Dios y a nadie más.

EL PODER. Sólo el poder de Dios limpia, rescata e ilumina la verdad. Los vuelve a ustedes capaces de amar y comprender. Los conduce a la felicidad y los eleva de toda la oscuridad e imperfección que los ha agobiado a lo largo de tantas vidas, y los lleva a:

LA GLORIA, que pueden alcanzar obedeciendo la voluntad de Dios.

Podría decir muchas cosas más acerca de ésta, la más bella de todas las oraciones, que contiene todo —sí, todo— lo que necesitan para su vida, pero no hay tiempo suficiente ahora. Les he dado algunos indicios, y sería muy bueno que todos los que escuchan o leen estas palabras pensaran en ellas en su hora de silencio. Tal vez experimenten entonces más pensamientos y sentimientos acerca de cómo aplicarlas muy personalmente a su vida. Esta es entonces la oración viva, cuando el significado de cada palabra se expande a medida que las interpretaciones se vuelven más claras para ustedes y ven cómo ya aplican la esencia de la oración a ciertas áreas de su vida y todavía no a otras.

Si tratan de vivir de esta manera, necesariamente serán felices, queridos míos, y con el tiempo todos los problemas desaparecerán. Es cierto que primero están ahí, pero son la medicina necesaria. Cada vez adquirirán más dominio sobre ustedes mismos y, en consecuencia, sobre la vida, en vez de ser dominados por ella. Pregúntense: “¿Cuán feliz soy?” Pueden estar seguros de que en la medida en que son felices, también pueden hacer feliz a otro, o a varios seres humanos. Y sepan también que en la medida en que carezcan de felicidad, no pueden todavía hacer a otros tan felices como los harán un día, si siguien transitando este camino ascendente. El autoexamen de su propia felicidad es una pequeña y sencilla vara de medir o barómetro con el que pueden calcular cuánta felicidad son capaces de dar. Si están llenos del deseo de hacer felices a otros, Dios les brindará la oportunidad, y ésta es la manera en que serán bendecidos con la verdadera dicha.

Y ahora, queridos míos, estoy listo para sus preguntas.

PREGUNTA: ¿Está bien que una médium se gane la vida con su trabajo? Extisten diferentes criterios al respecto. Aunque es claro que una médium tiene que ganarse la vida como cualquier otra persona —y si lo hiciera de una manera distinta podría no tener el tiempo suficiente para llevar a cabo su tarea, que muchas veces es muy importante—; sin embargo, varias fuentes espirituales sostienen que esto no debería suceder. Entonces hay un problema aquí. ¿Qué puede decirnos sobre esto?

RESPUESTA: Esto es lo que tengo que decir: Si todos los médiums que aún se están capacitando supieran que también pueden ganarse la vida con este trabajo, es decir, si esta persona contara desde el principio con ello, habría todavía más tonterías y mal empleo de este don de los que ya hay. La tentación, incluso para una persona decente, llena de buena voluntad, sería demasiado grande. Por lo tanto, los espíritus de Dios son muy cautelosos en cuanto a este tema, y suele ser bueno que un ser humano enfoque esta tarea pensando que de ninguna manera le dará una ganancia personal. Pero agregaré esto: Un médium debe prestar su servicio gratuitamente durante al menos tres a cinco años antes de empezar a ganarse la vida por medio de esta actividad. Durante los años de entrenamiento, el mundo espiritual de Dios tiene la oportunidad de observar si la persona realmente sirve para este trabajo. Si no es así, los espíritus de Dios se retirarán de todas maneras. Después de todo, el dinero es sólo uno de muchos obstáculos que hacen que la gente fracase. Sin embargo, cuando una persona resulta ser capaz de llevar a cabo esta tarea, el dinero ya no será un impedimento, no influirá en la persona ni contaminará el trabajo. Así pues, primero deben pasar entre tres y cinco años.

Y cuando todo esté bien, cuando el espíritu no se retire, entonces llegará guía del exterior y habrá señales que indiquen que ha llegado el momento de aceptar dinero. Será precisamente como era en una etapa más temprana, cuando la guía ofrecida sugería que el médium ya podía canalizar para otras personas con el fin de ayudarles. Esto también tomó tiempo, dependiendo del progreso de la persona. Durante el entrenamiento se encienden varias “luces verdes”. Desde luego, algunas personas no necesitan ganarse la vida con la mediumnidad porque tienen ya suficiente dinero. Si no, el mundo de Dios cuidará de que la persona que se está capacitando tenga medios suficientes para vivir.

En principio, sostener que una médium no debe ser recompensada al ganarse la vida con su canalización es, por supuesto, algo muy injustificado, en vista de que ha invertido en su profesión el mismo tiempo, esfuerzo y energía que cualquier otro profesional, y muchas veces hasta más. Igualmente injustificado sería dar a entender que sólo porque una médium acepta dinero el contacto no sería con los espíritus de Dios; que seguramente es un fraude. Si buscas un argumento para no creer, siempre encontrarás uno; encontrarías algo más si la médium no aceptara dinero. Después de todo, incluso si no se le paga, una médium puede tener contacto con espíritus que no están en modo alguno conectados con el mundo espiritual de Dios. El ego, el poder, la vanidad, el orgullo, el deseo de ser admirado pueden ser obstáculos igualmente grandes. Así que, como ves, el asunto no es tan sencillo. La verdad se volverá obvia durante el periodo de entrenamiento, y cuando todo esté bien, la compensación monetaria llegará sin que haya que pedirla.

Sin embargo, el periodo de capacitación de tres a cinco años no significa sólo desarrollar la capacidad de canalizar, sino, sobre todo, concentrarse en recorrer el camino espiritual de desarrollo en el sentido en que yo lo enseño. Si éste es el caso, entonces el contacto siempre se dará bajo la protección divina, sin importar las circunstancias externas.

Desde luego, una médium no debe negarse a ayudar a alguien que es pobre y no puede pagar. Pero no sería correcto que alguien que está dispuesto a gastar su dinero en otras cosas —y muchas veces en cosas mucho menos importantes— espere que la médium le de gratuitamente su tiempo y su servicio, a menos que la médium esté todavía en su periodo de entrenamiento. Si, a lo largo de todo este tiempo, la médium trabaja en su Pathwork de autodesarrollo, entonces ni el interés material, ni la vanidad, ni ningún otro obstáculo entorpecerá el camino. Naturalmente, nadie puede evaluar la situación desde fuera, a menos que conozca muy bien a la médium, pero la médium misma, y Dios, sabrán la verdad. Y eso es lo que cuenta.

La médium que se somete a este tipo de entrenamiento pasa por un periodo de aprendizaje muy similar al de un médico o una maestra que asiste a la universidad durante años. Un médico trata a sus pacientes sin recibir dinero a cambio —por ejemplo, cuando está en un hospital y aún no termina su adiestramiento— hasta que haya alcanzado la pericia que le permite ganarse la vida decentemente como médico. Entonces, cuando se titula, puede ser un médico honesto, concienzudo y eficiente, aunque gane dinero con ello. Cuando una médium realmente es capaz de prestar ayuda, sería absurdo que dedicara su tiempo y su energía a una profesión para la que no está preparada, en la que no podría ser útil, y que le impediría dedicarse a la tarea para la que está mejor capacitada. Sería como si un médico excelentemente preparado practicara la medicina sólo como actividad suplementaria, porque se supone que no debe ganarse la vida de esa manera, y por lo tanto tuviera que aceptar un tipo diferente de empleo sólo para ganarse el pan.

Así pues, una posible médium debe estar dispuesta a trabajar un tiempo bastante largo sin recibir dinero. El mundo de Dios brindará ayuda y guía, para que mientras tanto esa persona sea provista con lo necesario. Y cuando llegue la hora, el mundo de Dios ayudará otra vez retirando lentamente de la médium la ocupación que era necesaria hasta entonces.

Y los que aprovechen la ayuda, el tiempo y el esfuerzo de la médium deben, por supuesto, permitirle ganarse la vida, cada quien de acuerdo con sus medios. Esto sería benéfico para ellos también, en todos los aspectos. Algo debe de estar mal en tu pensamiento si albergas dudas con respecto a la médium sólo por esto, y en ese caso deberías examinarte y repensar tu conclusión.

Entonces, una vez más: El periodo de entrenamiento debería durar por lo menos entre tres y cinco años, en algunos casos hasta más. Esto depende enteramente de la intensidad y la diligencia con las que la médium prosiga su desarrollo espiritual. Cuando llegue la hora, entonces, como dije, los eventos externos dejarán en claro que se ha encendido otra “luz verde”. ¿Entiendes, amigo mío? (Sí, completamente.)

PREGUNTA: Dijo usted en la conferencia de hoy que cuando uno siente una pesadez en el pecho, debería preguntarse qué cosa en su interior está mal. Pero la pesadez también podría deberse, por ejemplo, a una profunda pena, ¿o no?

RESPUESTA: Es posible. Pero la pregunta es: ¿qué tipo de pena? El dolor sano no se siente como una carga pesada. Por el contrario, te eleva, te suelta; casi podría decir que, pese a la pena, algo maravilloso tiene lugar en lo más profundo de tu ser. Es casi imposible describir los sentimientos con palabras, siempre, así que trata de entender y sentir lo que quiero decir, intuye la diferencia entre la opresión de la amargura y el dolor que suelta el alma. (Entiendo perfectamente lo que me quiere decir.)

Queridos míos, reciban la bendición de Dios a través de mis manos, a través de las manos de la médium. Esta energía desea penetrar en ustedes para fortalecerlos y elevarlos. La bendición de Dios alcanza a todos mis amigos, cercanos y lejanos. Sean en Dios.

Dictada el 15 de julio de 1957.