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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 19. Jesucristo

Saludos en el nombre de Dios y de Jesucristo. Benditos sean, amigos míos; bendita sea esta hora.

Mis queridos amigos, he estado hablando a la mayoría de ustedes durante un periodo de meses, pero todavía no menciono a Jesucristo, quién es y lo que ha hecho. En esta época del año, cuando ustedes celebran el nacimiento de Cristo, creo que mi elección del tema es la más apropiada.

La luz de Cristo se esparce no sólo dentro de la esfera terrenal, sino también en el mundo espiritual. Podrían decirme: “Pero en el mundo espiritual no existe el tiempo”, y es cierto. Esto es difícil de explicar. Después de cierto periodo, que es mucho más extenso en el mundo espiritual que en la Tierra —de acuerdo con su calendario humano después de un año—, la luz de Cristo regresa con fuerza renovada en recuerdo de la mayor hazaña que jamás se ha realizado. La luz es tan fuerte, tan penetrante y gloriosa, que resulta inimaginable. ¡Hay tanta dicha, tanto regocijo, tanta felicidad y tanta sabiduría que emana de esta luz! Pues la sabiduría y la luz son una. En su lenguaje humano ustedes llaman a esto iluminación. En el mundo espiritual, la luz y el conocimiento y el amor son todos uno y lo mismo.

En este periodo la luz de Cristo penetra hasta las esferas más bajas de la oscuridad, y por lo menos en un grado pequeño en el mundo de las tinieblas. Puede haber sólo un destello, un pequeño brillo, un vislumbre de luz, pero el influjo está allí; y en este periodo en que los seres que viven en el mundo de la oscuridad encuentran la luz, reaccionan a ella de manera diferente. Los que ya están listos para avanzar espiritualmente acogerán la luz y la seguirán. Otros que no estén tan avanzados se encogerán ante ella, pues les resulta muy dolorosa; les causa un dolor extremo que no pueden soportar. Por lo tanto, el ser humano que ha logrado sacar la luz que lleva dentro, pues es una y la misma luz, estará protegido de las criaturas del mundo de la oscuridad.

Ahora bien, ¿quién es Cristo? Algunas religiones cristianas afirman que es Dios. Esto no es cierto, ya que él mismo ha dicho, como puede leerse en las Sagradas Escrituras, que no es Dios. No es el Padre, ni el Creador. Algunos dicen que Jesús fue sólo un sabio, un gran maestro, no distinto de algunos que han vivido en otros tiempos en otros países. Esto también es erróneo. La verdad es, amigos míos, ya sea que quieran creerlo ahora o no, que Jesús, el hombre, fue la encarnación del Cristo. Y este espíritu es el más elevado y exaltado de todos los seres creados. Es la primera creación directa e innata de Dios. Su sustancia es la misma que la sustancia de Dios. Todos ustedes poseen parte de esta sustancia que yo llamo el Ser Superior o la chispa divina; ésta tiene que salir gradualmente a través del desarrollo espiritual. Pero ningún otro ser creado tiene esta sustancia en la misma medida que el Cristo. Y ahí radica la diferencia.

Una y otra vez veo que los seres humanos piensan o sienten: “¿Por qué fue escogido? Si él es el hijo de Dios, también lo somos todos nosotros. ¿Por qué debe ser él el mejor, el más exaltado o el más elevado? ¿Por qué? Eso no es justo”. Estos pensamientos y sentimientos suelen acechar en el alma de los seres humanos aun si no se atreven a hacerlos conscientes. Allí residen las semillas de la Caída de los Ángeles. Este mismo pensamiento o actitud, que empezó mucho antes de que hubiera una Tierra material, hizo que llegaran a existir la desarmonía y el mal. Desde luego, nadie que haya tenido en esa época este pensamiento se imaginó el peligro ni los posibles resultados de tal actitud. Nadie se dio cuenta en realidad de que en esta envidia reside una falta de fe en Dios y en su capacidad de amar. Aunque Dios creó a Su primer hijo como el más elevado de todos los seres y le dio la mayor parte de Su sustancia, si ustedes tienen la confianza y la fe que el Creador merece, no pensarán que esto fue injusto ni que les falta nada. Hoy en día, la gente no lleva estos pensamientos tan lejos; sin embargo, ese leve sentimiento de resistencia contra Cristo en cierto número de personas representa el germen de la Caída y el germen del mal.

¿En qué forma salvó Cristo a la Humanidad? ¿En qué sentido fue su hazaña la mayor de todas? ¿Cuál fue el propósito de su vida en la Tierra, de su única encarnación? El propósito de su vida fue no sólo difundir sus enseñanzas; por verdaderas y hermosas que sean, básicamente las mismas enseñanzas podían encontrarse en otras partes, aunque tal vez en otra forma. Así que éste no fue ciertamente el único propósito.

El segundo propósito de su vida, aunque todavía no el principal, fue mostrar simbólicamente a través de su vida y su muerte el curso y las etapas de desarrollo para todas las personas que quieren recuperar el reino del cielo. Periodos de pruebas, tribulaciones, fe en Dios en épocas de adversidad, la crucifixión del ego personal con su vanidad y su voluntarismo: todo esto fue simbolizado por el cuerpo de Jesús. La resurrección de su espíritu significa la vida eterna de dicha suprema y felicidad para la esencia espiritual de cada individuo después de que el ego ha sido crucificado. Esto no puede ocurrir más que a través del dolor. Pero incluso esta parte de su tarea no es la principal ni la más importante. Los dos propósitos mencionados aquí pueden considerarse acompañamientos del propósito principal que tuvo que cumplir.

En una fecha futura explicaré con mayor detalle cómo fue que su tarea principal significó la salvación, pues ¡él fue el Mesías! En este momento quiero decirles esto: si Jesús hubiera fracasado, otro espíritu habría tratado de realizar la tarea; ya que no era seguro de antemano que Jesús la realizaría, aunque él era la opción natural y lógica. Alguien tenía que venir a la Tierra y pasar por todos los sufrimientos completamente solo, en ciertos momentos sin ninguna protección divina, y resistiendo todo el mal y todas las tentaciones con su propio libre albedrío. Sólo de esta manera podían seguir invioladas las leyes espirituales, para que en un espíritu de justicia cada individuo y aun las fuerzas mismas del mal pudieran encontrar el camino de regreso a Dios.

Dios es el poder, y con Su poder ciertamente podría haber hecho cualquier cosa, hasta violar Sus propias leyes. Si Él hubiera hecho esto, un gran número de criaturas que aún no estaban listas para encontrar su camino de regreso habrían quedado permanentemente separadas de Dios y de una vida eterna de dicha suprema. Eso podría haber incluido a cualquiera de ustedes. Sólo gracias al vasto y complejo Plan de Salvación es posible que hasta la última de las criaturas caídas pueda en algún momento encontrar el camino de regreso a Dios. Es difícil entender esto ahora, pero en el futuro lo explicaré con mayor detalle. Por el momento esto debe bastar para darles una idea de lo extremadamente grave y seria que era la tarea. Sólo entender esto evitará que la gente diga jamás que Dios es injusto o que usó Su propio poder para violar Sus propias leyes. Naturalmente, el poder de Dios tiene que ser el más grande. Nadie podrá decir que Dios ha usado este poder para violar el don de libre albedrío que concedió a todos y cada uno de los individuos. La justicia suprema de esta solución sólo podía ocurrir mediante el cumplimiento de una tarea semejante. Así, no se violó el libre albedrío ni se usó el poder indebidamente. Jesucristo ha demostrado esto.

Naturalmente, podría surgir la pregunta: “¿Podemos encontrar y alcanzar a Dios, y podemos llegar a la perfección sólo a través de Jesucristo?” La respuesta es, amigos míos: “Sí y No”. Éste es uno de esos casos aparentemente paradójicos en que ambas respuestas son correctas.

Trataré de explicar cómo es esto. Ustedes pueden alcanzar un estado de desarrollo a través de todas las grandes religiones del mundo, incluidas las no cristianas, en las que puedan experimentar la verdad absoluta. Ningún espíritu del mundo de Dios les dirá jamás que dejen su iglesia o su templo o su fe. Si han encontrado lo que buscan y necesitan en términos de felicidad y alimento espiritual en la fe a la que están acostumbrados, quédense allí: todas las grandes religiones contienen una dosis suficiente de verdad fundamental y de lo que necesitan para su desarrollo espiritual. De ustedes depende averiguar cuáles son las verdades necesarias para su desarrollo personal y ponerlas luego en práctica.

Cuando hablo de satisfacción con su fe, no me refiero a la satisfacción de su conciencia superficial: eso no basta. Pero si siguen las enseñanzas de su religión y por ellas aprenden y hacen lo único que importa, es decir, trabajar en su autoconocimiento, en su autopurificación y en la más completa honestidad consigo mismos, entonces la religión a la que pertenecen o han escogido satisfará su espíritu. La purificación de su Ser Inferior y la crucifixión del ego son las cosas más importantes. No importa tanto dónde puedan encontrar la ayuda, la guía y la inspiración necesarias para lograr esto, aun si por muchas razones no pueden reconocer a Cristo en una afiliación religiosa. Tan sólo por medio de la autopurificación elevarán su conciencia a tal grado que estarán abiertos a la verdad en todos sus aspectos en relación con el papel que desempeñó Cristo en la historia de la Creación, o en relación con cualquier otra cosa por cierto. Así pues, a este respecto, la respuesta es “No” a la pregunta de si sólo a través del reconocimiento de Cristo en este momento puede uno llegar a Dios. La percepción de la verdad absoluta en cualquier aspecto sólo puede ocurrir mediante un proceso de autopurificación a lo largo de las vidas. Desafortunadamente, pocas personas están haciendo eso.

Cualquiera que esté pasando por el difícil proceso de autopurificación abonará el terreno para llegar a ser capaz de recibir y experimentar la verdad absoluta en todas sus facetas, ya sea que parte del reconocimiento tenga lugar durante esta encarnación o, debido a ciertas circunstancias, después. El terreno tiene que prepararse, y esto significa la perfección mediante la purificación. Por ejemplo, mientras haya obstinación en el alma, la experiencia y la percepción de la verdad absoluta son imposibles. La obstinación y el voluntarismo son exactamente lo que entorpece la elevación de la conciencia. Cualquier imperfección es un obstáculo. No puedo insistir demasiado en que sólo aquellos que crucifican su Ser Inferior están listos para la verdad pura en relación con cualquier cosa que tenga que ver con la Creación y lo divino.

El hecho de que Cristo es el Mesías y que Cristo es el más exaltado de todos los seres creados es una parte muy importante de la gran verdad y de la historia de la Creación. El que puedan y quieran reconocer esto o no, no oculta la gran verdad. Esto no significa, amigos mío, que deban orar a Jesucristo. Sólo Dios el Creador debe recibir nuestras oraciones. Lo que Dios espera de ustedes y lo que es parte de la perfección y el desarrollo, por lo menos de cierto grado en adelante, es gratitud para la persona sin cuya hazaña nadie podría regresar a la luz divina, sin cuya hazaña la corriente de regreso a Dios se habría interrumpido. Ahora bien, algunos de ustedes todavía no están listos para esta decisión y otras cosas han de lograrse aún. Sin embargo, cuando llegue el tiempo y los invada la gratitud por esta gran hazaña sin la cual estarían perdidos, entonces serán capaces de dársela a aquel a quien se la deben. Esa es la voluntad de Dios.

Piensen en todo esto, aun si no reconocen “oficialmente” a la religión cristiana. Así como todas las religiones tienen una dosis suficiente de verdad para promover su purificación, así también todas las religiones contienen errores. Es importante que sigan sólo lo que su espíritu les exija y lo que su Ser Superior anhele. El resto llegará solo. Pero eso no cambia el hecho de que deben abrir el corazón y no dejar de lado completamente a la persona a la que más le deben después de Dios. No se olviden de Cristo tan fácilmente. Espero que me hayan entendido y que no malinterpreten estas palabras.

Nunca debió haber una escisión entre el judaísmo y el cristianismo. Ni Dios ni el mundo espiritual tuvieron nunca la intención de que eso sucediera. Y el hecho de que haya sucedido es culpa de la Humanidad. Ustedes han inventado etiquetas a las que dan significados especiales. Para nosotros, etiquetas como judaísmo y cristianismo no significan nada. El hecho de que Cristo naciera como Jesús en esa época en particular y entre esas personas específicas tuvo sus buenas razones; la intención era que una y la misma verdad se expandiera y creciera, y que no hubiera escisión alguna. La escisión es caos; la escisión es la naturaleza de la Caída de los Ángeles, o el resultado de la Caída con todos sus sufrimientos y odios. La escisión es separación de Dios, y esta tragedia inicial, que tuvo lugar mucho antes de que existiera la Tierra, se sigue repitiendo a lo largo del tiempo hasta que la enfermedad se cure para siempre. La unión con Dios, que es el objetivo, es lo opuesto de la escisión y la separación. La escisión entre el judaísmo y el cristianismo después de la vida de Jesús fue otra falla que creció de la misma mala raíz de la separación inicial de Dios. Debió de existir una unidad entre el judaísmo y el cristianismo, una integridad y una completitud.

Como Cristo representa una parte tan importante de su regreso a Dios, merece su gratitud personal y algún contacto de parte de ustedes: en última instancia, no podrán alcanzar a Dios sin él. Él es, de hecho, el mejor amigo que jamás podrán tener y su ayudante más firme. La respuesta a la pregunta de si pueden alcanzar a Dios sólo a través de él es “Sí”, pues la constante negación de estos hechos implicaría una obstinación de su corazón que es síntoma de imperfección; y mientras cualquier imperfección esté viva dentro de ustedes, no podrán unirse a Dios.

Y ahora, amigos míos, quiero decirle a cada uno de ustedes: Independientemente de qué religión profesen, traten de abrir el corazón y la mente. ¡Tengan amplitud de pensamiento! No dejen la fe a la que están acostumbrados, pues eso no es necesario a menos que deseen hacerlo. Pero consideren que mis palabras son verdaderas, aun si no creen que un espíritu pueda hablarles, un ser del mundo espiritual que tiene la percepción y el conocimiento de que éstas son verdades y no meras opiniones, como las que ustedes en la Tierra pueden tener sobre estos temas. Incluso si tienen dudas, y probablemente la mayoría de los que están aquí todavía tienen algunas, consideren que las cosas pueden ser así después de todo. Lo que sus padres y sus antepasados, o las personas en las que confían y que han influido en ustedes, han dicho puede no ser enteramente correcto. Desde luego, han expresado algunas verdades, ya que la verdad existe en todas partes, pero ningún grupo entre toda la Humanidad tiene toda la verdad.

Ustedes que son buscadores espirituales deben abrir las puertas a la verdad, sin importar desde qué lado se les presenta. No sean obstinados. No crean que esto significa ceder o mostrar falta de carácter, amigos míos. ¡Qué idea tan inmadura es esa! Aquí, la pregunta sigue siendo, como siempre: ¿“Qué es cierto?” Dios es verdad, así como sabiduría y amor. Si niegan la verdad por cualquier idea tonta, necia e infantil, están negando a Dios, por lo menos en un aspecto de su personalidad. La única pregunta que cuenta es: ¿“Qué es cierto?” Nada más cuenta, pues cualquier otra pregunta sólo puede venir del Ser Inferior, aún si se presenta envuelto en motivos aparentemente altisonantes.

Sean benditos.

Dictada el 20 de diciembre de 1957.