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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 21. La caída

Saludos en el nombre del Señor. Benditos sean todos ustedes, mis queridos amigos.

La última vez hablé de cómo llegó a existir el mal. Esta cuestión ha molestado a muchas personas que no pueden imaginar que un Dios de amor pueda permitir la existencia del mal. Para los amigos que están aquí por primera vez, sugiero que lean las dos últimas conferencias para que entiendan ésta, que es una continuación.

Para recapitular brevemente, expliqué que mucho antes de la existencia del mundo material, algunos de los seres creados que habían sido dotados no sólo de libre albedrío sino también de cierto poder, abusaron de este poder. Expliqué que esta Caída de los Ángeles, como se le llama, sucedió gradualmente como un proceso lento de degeneración, por el cual todo lo divino muy poco a poco se convirtió en su aspecto opuesto. De esta manera ocurrió una separación entre los que habían abusado de su poder y los que no. He dicho a menudo —y esto se aplica a todos los seres, espirituales o humanos— que sus actitudes, sus opiniones, sus sentimientos y sus pensamientos crean los mundos espirituales, aun cuando aún vivan en la Tierra. Cada uno crea el mundo que será de ustedes. De la misma manera, los espíritus que participaron en la Caída crearon mundos nuevos de acuerdo con sus actitudes cambiantes, mundos oscuros a los que suele denominarse Infierno. Las actitudes de desarmonía y odio crearon estas formas.

No existe sólo una posibilidad a este respecto. Supongamos, por ejemplo, que un ser en su estado perfecto tuviera la característica específica de una gran fuerza de amor, el fuego del amor divino. Esta fuerza de amor se convertiría en su opuesto y crearía un fuego de odio y maldad; así, llegaría a existir un mundo de fuego muy inarmónico. De modo que, ya lo ven, no todas las leyendas son tan irreales como pudieran parecerles a ustedes. Supongamos que otro individuo en su estado perfecto de desarrollo tuviera la característica particular de juicio sabio, calma y reflexión desapegada. Estos atributos le permitirían al ser promover la creación divina de una manera específica a través del lento desenvolvimiento de este poder creativo especial. Dirigido a su fuerza opuesta, este poder crearía un mundo de frío glacial, oscuridad glacial y desolación. Existen muchas más posibilidades de la manera en que la variedad infinita de atributos divinos puede convertirse en sus opuestos y crear las esferas correspondientes en el mundo de la oscuridad, del cual también hay una variedad infinita, tal como en el mundo divino. Estas esferas de fuego o frío glacial —en el sentido espiritual, desde luego— son sólo dos ejemplos. Hay esferas de viscosidad y suciedad, esferas de intenso sufrimiento a causa del hacinamiento o el aislamiento, y muchísimas otras variedades.

Como uno de los más importantes aspectos divinos es el libre albedrío o la libertad de elección, esto también tuvo que convertirse en su opuesto. El primer espíritu que sucumbió a la tentación de abusar de este poder, al que a veces llaman Lucifer, Satanás o el Diablo, que influyó en otros para que lo siguieran, habría sido naturalmente el primero en habitar el nuevo mundo que llegó a existir. Este espíritu tenía un poder completo sobre todos los que lo siguieron, y, al contrario de Dios, usó este poder. Dios da la libertad de elegir y esto tiene una importancia más profunda de lo que la mayoría de ustedes piensa. Con esa libertad necesariamente llega la posibilidad de abusar del poder otorgado y de usarlo en forma contraria a las leyes divinas. Si no hubiera posibilidad de elegir, no habría ni libertad ni poder. No puede haber felicidad divina, ni de hecho ninguna divinidad, si no se le puede alcanzar o mantener por libre elección. Del mismo modo, lo opuesto de Dios y Sus leyes debe ser la prohibición de la libre elección y el dominio del más fuerte sobre el más débil.

Este estado de cosas parecería hacer imposible la salvación de los seres caídos, ya que incluso si hubieran llegado al punto de desear regresar a Dios, no habrían tenido el poder para hacerlo ya que se hallaban bajo el dominio y el poder del que reina en el mundo de la oscuridad. Por otra parte, ¿cómo podría Dios no violar sus propias leyes y aun así salvar a los seres que tenían el anhelo de Él? Si Él fuera a usar su poder infinito para invalidar el libre albedrío y la elección de aquellos que decidieron usar el poder otorgado a su propia manera, estaría actuando en realidad conforme al mismo principio que Lucifer. Aquí, más que en cualquier otra cosa, mantener el principio divino era de la mayor importancia, pues sólo si Dios permanecía fiel a sí mismo y a sus leyes habría una diferencia fundamental entre los métodos de Dios y los de Lucifer. Como el plan de Dios es que todas las criaturas lo reconozcan y en algún momento vuelvan a Él por libre elección y recuperen su divinidad, era imperativo que no usara los mismos métodos de fuerza que su adversario, aun cuando su propósito fuera bueno. ¡No cuenta sólo el fin; los medios también son importantes! Sólo permaneciendo Dios fiel a estos principios vería algún día el más obstinado de los seres caídos la enorme diferencia entre estas dos maneras de ser y entendería la dignidad que radica en los principios divinos, aunque esto signifique un camino de sufrimiento para aquellos que desean salirse de las dolorosas circunstancias que crearon para sí mismos.

Como la vida en el espíritu guarda relación directa con la armonía interna, la iluminación y la actitud general, los espíritus que se han vuelto inarmónicos no pueden simplemente ser puestos en un mundo de armonía, de la manera en que ustedes podrían viajar a un país bello. En el mundo del espíritu, el país es a la vez ustedes y su producto. Por lo tanto, los espíritus una vez caídos tenían y tienen todavía que alcanzar un estado en el que nuevamente produzcan mundos armoniosos de manera natural. Es muy lógico que esto sólo pueda lograrse mediante el mismo proceso lento de desarrollo que la Caída con su degeneración. Ahora entenderán fácilmente que esto también debe ocurrir mediante la libre elección, de manera que preguntas como: “¿Por qué no ha terminado Dios con el mal?” no tienen que surgir ya en sus deliberaciones. Por otra parte, debían encontrarse medios para que las criaturas que deseaban regresar a Dios y guardar sus leyes en vez de las de Lucifer pudieran hacerlo dentro del marco de las leyes de Dios. Así no se violaría el libre albedrío de nadie, ni siquiera el de Lucifer mismo. Éste es el gran Plan de Salvación en el que Cristo desempeñó un papel de primera importancia. Hablaré de esto con mayor detalle la próxima vez.

Las esferas de la oscuridad empezaron a existir allí donde los espíritus vivían bajo el dominio de Lucifer. Al principio no tenían ningún anhelo ni el sentido de la luz que una vez poseyeron. Sólo después de probar durante un tiempo considerable la medicina que escogieron, es decir, de experimentar un estado de desolación, se apoderó de algunos de estos seres el vago anhelo de algo diferente; no sabían exactamente qué. No hace falta decir que el recuerdo de Dios y de sus mundos se había extinguido en el mismo grado en que se había instalado la desarmonía, pero revivió de nuevo conforme las actitudes cambiaron. Sin embargo, estas últimas sólo pudieron surgir en un proceso excesivamente lento. La oscuridad espiritual anula el conocimiento, que es luz espiritual. Tal como ocurre con los seres humanos, si no tienen ustedes ninguna iluminación espiritual, deben trabajar espiritualmente para recuperar vislumbres de esta luz. El vago anhelo que primero algunas y después más criaturas sintieron fue suficiente para llevar un rayito de luz a su mundo, como si un amanecer lejano cambiara un poco los contornos de su mundo. El frío no era ya tan frío; el fuego, ya no tan caliente; la suciedad, ya no tan sucia; y la soledad, ya no tan insoportable y desesperanzada.

Cuando un número suficiente de espíritus alcanzó un estado de anhelo y éste aumentó, había llegado el tiempo de que existiera el mundo material tal como ustedes lo conocen. Pueden decir que Dios creó el mundo material, y esto es cierto, pues nada puede crearse sin la fuerza creadora divina. Sin embargo, es igualmente cierto que el mundo material también fue creado por el anhelo de un número suficiente de espíritus por algo superior. Aquí existen las condiciones en que puede darse el desarrollo espiritual, y en que puede optarse libremente por Dios, lo que resulta imposible en los mundos de oscuridad. En otras palabras, esta esfera terrestre es producto del anhelo de los espíritus caídos. Y es igualmente producto del anhelo de todos esos seres que permanecieron con Dios y cuyo más profundo deseo fue siempre, y es siempre, traer a sus hermanos y hermanas de regreso a Dios. Así pues, tanto los mundos divinos como los mundos de la oscuridad ayudaron en la creación de esta esfera terrestre. La influencia de ambos mundos existe y se manifestará de acuerdo con la actitud de cada ser individual de este plano que posea el poder de la libre elección. Las condiciones y las circunstancias en esta esfera terrestre son diferentes, desde luego, debido a la nueva forma de la materia; pero también es cierto que las circunstancias varían en todas las esferas.

Mucho antes de que los espíritus caídos se desarrollaran lo suficiente para nacer como hombres y mujeres, la fuerza vital espiritual actuó primero para crear otras formas de vida. La fuerza vital original que opera y se manifiesta en cada ser creado no sólo produjo animales, plantas y minerales, sino también otras sustancias que al principio no tenían conciencia de sí mismas. Así como una planta carece de conciencia de sí misma, estas sustancias tampoco la tenían. Al avanzar el tiempo, más y más seres llegaron a un estado de anhelo de la luz. Esto quizás constituyó el único sentimiento que estos seres tenían en ese tiempo. Muy gradualmente, los seres humanos llegaron a existir en forma material a través de varios estados intermedios. Cuando esto sucedió, se completó una fase trascendental. Éste fue el tiempo en que nació, o renació, o volvió a despertar, el primer vislumbre de conciencia de sí mismo. Más y más personas llegaron a vivir en la Tierra. Sólo con conciencia de sí mismo, que incluye pensar y decidir, puede tener lugar el desarrollo. Todas las formas de vida que existieron antes de los seres humanos llevaron a este punto.

Todos ustedes saben ahora que los seres humanos producen su mundo espiritual. Y en la Tierra, donde la influencia del mundo de Dios también existía, por primera vez desde la Caída, tenían ahora la oportunidad de aprender, de cambiar, de volverse a Dios y así crear un mundo mejor para ellos tanto en lo material como en lo espiritual. Irían al mundo espiritual después de la muerte del cuerpo y también durante el sueño, cuando el cuerpo descansara. Desde el mundo espiritual recibirían inspiraciones e influencias de todo tipo. Por esto no puede proceder más rápidamente el desarrollo, pues todos los seres encarnados eran al principio tan lentos en su desarrollo que estaban constantemente influidos por su propia esfera. Si el mundo de Dios no hubiera actuado en esta Tierra también, no habría habido ninguna diferencia entre la esfera terrestre y una esfera del mundo de la oscuridad.

Deben darse cuenta, amigos míos, de que sólo puedo darles un esbozo de todo esto. Se trata de las cuestiones más grandes que existen, y no pueden ser completamente comprendidas por ningún ser humano, ya que tanto su lenguaje como su comprensión son demasiado limitados. Por lo tanto, como regla, ni siquiera me gusta mucho hablar de todo esto porque lo fundamental para ustedes es aprender a conocer su propia alma y desarrollarla espiritualmente. No obstante, los seres humanos suelen pensar en estas cuestiones fundamentales, no sólo con un espíritu de curiosidad superficial, sino de buena fe. Y la ignorancia y los conceptos equivocados de algunos de estos puntos pueden entorpecer seriamente su desarrollo. Por ello se me ha encargado impartir esta serie de conferencias, aunque algunos de ustedes podrían no tener suficiente capacidad de percepción para intuir y sentir la verdad y el significado profundo que toda esta información encierra en general y también para su propia vida en particular.

¿Cómo se manifestó la influencia del mundo de Dios? ¿Podían los ángeles de Dios guiar e inspirar a los seres humanos que habían encarnado de las esferas de la oscuridad? Esto sería una imposibilidad, ya que, de acuerdo con la ley universal, un ser humano individual tiene que dar el primer paso a fin de recibir ayuda del mundo de Dios. ¿Cómo podía darse este paso si toda la entidad era todavía tan burda que no tenía la menor noticia de Dios, ninguna idea de Su mundo ni noción alguna de qué hacer? Por otra parte, el mundo de Dios co-creó esta Tierra material y, así, de acuerdo con la ley del libre albedrío, tenía el derecho de manifestar su influencia en la Tierra. La respuesta es que los espíritus puros que se quedaron en los mundos divinos encarnaron en todas las épocas. Es cierto que muy pocos encarnaron al mismo tiempo, pero la influencia de uno de estos seres supera con mucho la fuerza y la influencia de cien criaturas del mundo de la oscuridad. Los espíritus que encarnaron del mundo de Dios trajeron con ellos luz, amor y sabiduría. Cumplieron con una gran misión mediante su encarnación en la Tierra, y su influencia tuvo un alcance mucho mayor de lo que habría podido parecer a primera vista. Como esta influencia creció en forma constante a través de las eras, durante su encarnación en la Tierra los espíritus caídos podían escoger libremente a qué lado escuchar: al lado que apelaba a su naturaleza inferior o al lado que parecía impulsarlos siempre hacia arriba independientemente de las dificultades con las que se toparan. Mediante esta libre elección, la ley de Dios relacionada con este aspecto de la vida no se violaba.

La comunicación con el más allá tuvo lugar no sólo por guía e inspiración, sino —lo que siempre existió y existirá— mediante una forma más directa de comunicación, que es lo que ustedes llaman ahora mediumnidad en sus diversas formas. La comunicación con las esferas del más allá depende enteramente de la actitud, la meta y el desarrollo general del médium, así como de las personas que utilizan el canal. Durante los primeros tiempos, los seres humanos que eran espíritus caídos no podían tener comunicación más que con el mundo de la oscuridad. Pero los espíritus puros encarnados tenían comunicación con el mundo de Dios. Y esto superaba tanto el peligro y el daño de la comunicación con los mundos luciféricos que en verdad valía la pena. Si la comunicación con un mundo podía existir, la conexión con el otro estaba dentro de la ley. Si uno hubiera sido imposible, entonces el otro tendría que haber sido igualmente imposible. Incidentalmente, aquí es donde algunos seres humanos cometen un gran error cuando razonan que cualquier comunicación con el más allá es luciférica y peligrosa e incluso aseguran que es la única posible. El desarrollo humano no habría podido ocurrir en modo alguno en esos primeros tiempos si los espíritus puros que ocasionalmente encarnaban no hubieran establecido una conexión muy directa con el mundo de Dios, de donde pudiera llegar la verdad a los humanos.

Para tener este beneficio y permanecer dentro del marco de la ley divina, tenía que existir una igualdad para que cada individuo pudiera hacer una elección libre. Ambos lados tendrían que ejercer una influencia igual. Esto significaba que menos seres del mundo divino vivieran en la Tierra, porque su fuerza siempre supera y dura más que la influencia del mal. Sin embargo, especialmente durante los primeros tiempos, existió un gran intercambio entre los mundos material y luciférico. Los espíritus oscuros aseguraban ser dioses y favorecer a los seres humanos con todo tipo de concesiones si ellos, a su vez, seguían los dictados de las leyes luciféricas. Pese a todo este daño y peligro, las pocas comunicaciones que se establecían con el mundo de Dios compensaban el daño más de cien veces. Los espíritus puros encarnados tenían en su interior suficiente iluminación para difundir la verdad divina, así como los requisitos necesarios para estar en comunicación con el mundo de Dios como instrumentos. Sin la comunicación mediumnística, la Humanidad no habría recibido una cantidad suficiente de verdad. Aun cuando los espíritus puros no tenían maldad en ellos, la envoltura material de su cuerpo les restaba tanta energía que las enseñanzas que salían de su propio ser no habrían sido suficientes. La verdad se difundió de la manera en que la Humanidad estaba lista para absorberla en cada periodo específico.

Esto continuó por mucho tiempo. Gradualmente, un número mayor de los espíritus una vez caídos llegaron al estado en que podían reconocer a Dios. Su anhelo se volvió consciente y significativo. Su voluntad podía desarrollarse ahora para vencer los impulsos malévolos de su naturaleza inferior. El cambio que empezó a tener lugar tuvo un efecto mucho mayor del que podrían ustedes pensar. Ninguno de ustedes entiende por completo que si una sola persona se desarrolla realmente bien y hace todo lo que está en su poder para lograrlo, esta persona no sólo se ayuda a sí misma sino que aporta el más valioso poder cósmico a un gran receptáculo. A fin de cuentas esto tendrá un efecto muy decisivo que se difundirá considerablemente, aunque la persona pueda no ver ni una parte de este efecto. A medida que las personas cambian, podrán ver algo del efecto en su ambiente inmediato al notar cómo de repente sus congéneres empiezan a cambiar un poquito, debido a que ellas han cambiado. Pero las personas no sabrán, mientras estén en la Tierra, el enorme alcance que tiene el efecto del más mínimo esfuerzo en esta dirección. Por lo tanto, ¡ninguno de estos esfuerzos es jamás en vano, amigos míos! Es como si arrojaran una piedra en un estanque de agua quieta. Alrededor de la piedra aparece un círculo, luego surgen más y más, hasta que se extienden tan lejos que sus ojos no pueden seguirlos a la periferia exterior, pero los círculos están allí. Si una persona vence una sola debilidad, ello constituye la mejor contribución al gran Plan de Salvación.

La próxima vez continuaré desde aquí y hablaré con mayor detalle sobre el papel que Jesucristo ha desempeñado en el Plan de Salvación.

Y ahora estoy listo para sus preguntas, amigos míos.

PREGUNTA: La disección del cerebro de Einstein no mostró diferencias anatómicas marcadas entre su cerebro y el de otros seres humanos. ¿Qué es, en un sentido metafísico, el cerebro como vehículo fisio-psicológico de la inteligencia y el intelecto?

RESPUESTA: Este experimento es el mejor ejemplo para demostrar que la inteligencia no está en el cuerpo físico. La capacidad de pensar, de crear, no tiene nada que ver con los órganos físicos, a menos, desde luego, que el órgano físico esté dañado, lo que afectaría al cuerpo sutil correspondiente. Creo que la mayoría de ustedes saben que todos los pensamientos tienen lugar en uno de los cuerpos sutiles, así como todos los sentimientos están en otro cuerpo sutil. Los cuerpos sutiles, al proseguir el desarrollo, se integrarán y finalmente se convertirán en uno solo: el cuerpo espiritual, donde todo el pensamiento y el sentimiento purificados y perfectos se habrán integrado en el cuerpo sutil último, definitivo y eterno. Hasta que esto se logre, existe una división, en la que cada función pertenece a una capa especial o cuerpo sutil. La capa física tiene como única función la vida física en sus diversos aspectos. Pero pensar y sentir pertenecen a diferentes ámbitos y, por lo tanto, tienen lugar en una capa o cuerpo diferente.

PREGUNTA: ¿Me podría decir algunas palabras sobre los bodhisattvas en relación con Jesucristo: ¿existe una relación entre ellos?

RESPUESTA: No existe una relación directa. La palabras que usas —nosotros tenemos términos diferentes— designa a un tipo especial de ser del mundo divino. Todos los seres creados tuvieron originalmente un aspecto divino específico, especialmente desarrollado, y el propósito de la creación era que cada ser complementara la creación cultivando otros aspectos por medio del desarrollo, para que la perfección se alcanzara no sólo en un aspecto, sino en todos. Así es como todos los seres podrían haber usado el poder de la creación, que fue usado sólo por los que no abusaron de este poder. La perfección absoluta existe sólo en Dios y en Cristo, quien tiene la mayor parte de la sustancia divina. La perfección de todos los demás seres es relativa, pero podría volverse absoluta si se convirtieran en co-creadores. Los llamados bodhisattvas son seres dotados de ciertos aspectos particulares de la divinidad, y cada uno de ellos representa uno diferente. Este único aspecto es su fuerza particular con la que ayudan en el Gran Plan de Salvación de maneras muy particulares y por medios diversos y especiales. Pero hasta que el plan llegue a su terminación, los seres puros usan sus esfuerzos para ayudar a otros con sus fortalezas particulares. El plan de la creación sólo llegará a su conclusión total cuando cada ser se perfeccione en todos los sentidos. Ahora bien, sólo Cristo, con excepción, naturalmente, de Dios, es perfecto en todos los sentidos y tiene todos los talentos completamente desarrollados. Todos los demás seres tienen las características con las que fueron creados, y Dios les deja a ellos —es decir, a todos nosotros— la responsabilidad de continuar la creación nosotros mismos mediante el desarrollo de todas las demás características, aspectos o talentos de una manera perfecta.

Así que no es correcto decir que todos los seres creados fueron una vez completamente perfectos, como lo es el Absoluto. Éramos perfectos a nuestra propia manera, que, desde luego, es siempre relativa. Tú puedes ser perfecto dentro del marco de tu desarrollo actual, por ejemplo, pero no quiere decir que seas absolutamente perfecto. Alguien de un desarrollo mucho más bajo que cualquiera de los que están aquí puede ser relativamente perfecto en comparación con otros, de los que puede esperarse más. Así que la perfección será relativa mientras el plan de la creación no concluya, con excepción de Dios y Cristo. Y esto debe responder tu pregunta, ya que los seres que mencionaste son perfectos sólo en algunos sentidos, mientras que Cristo es perfecto en todos los sentidos.

PREGUNTA: La última vez usted respondió a la pregunta acerca de la fuerza de voluntad y el autocontrol. Creo que es importante verse uno mismo en su verdadera realidad para lograr entenderse a fin de mejorarse. Pero ¿cómo logra uno alcanzar este autoconocimiento?

RESPUESTA: Esta es efectivamente una pregunta muy buena e importante. Desde luego, yo hablo mucho de este tema con mis amigos con quienes trabajo en forma privada, y también lo he tratado ocasionalmente en las conferencias generales, pero esto es tan básico e importante que no se puede insistir demasiado en ello.

Como dices correctamente, antes de que puedas fortalecer tu fuerza de voluntad y tu autocontrol, debes tener cierta cantidad de autoconocimiento para poseer una idea clara de por qué quieres desarrollar tus atributos, cuál es tu meta y en qué dirección debes utilizar la fuerza de voluntad y el autocontrol.

A fin de poseer fuerza de voluntad, debes tener clara cuál es tu meta, pero para encontrar tus metas y deseos verdaderos, y lo más importante de todo, para conocerte a ti mismo, definitivamente necesitas tener ya cierta dosis de fuerza de voluntad para empezar. Así, el proceso opera de ambas maneras. El primer paso en el orden apropiado es establecer cuáles son los temas: ¿Por qué es necesario poseer autoconocimiento? ¿Cuáles son sus ventajas? ¿Cuánto cuesta alcanzarlo? ¿Cuáles son las desventajas de no tenerlo? Una vez que entiendas claramente esto, podrás tomar la decisión apropiada. Alcanzarás una comprensión clara si te propones pensar en esto objetivamente, haciendo caso omiso de las resistencias de tu naturaleza inferior. Todo lo que tienes que hacer es no rehuir el tema y pensar las cosas hasta el final del camino. Esto no es tan difícil; sólo requiere un poco de valentía y sabiduría.

Todo el mundo tiene dentro de sí algo de valentía y sabiduría, y es sólo cuestión de permitirles aflorar. Como ocurre con la fuerza de voluntad, aquí también es cuestión de decidir, de tomar una resolución de una vez por todas. Esto puede hacerse sólo considerando todos los aspectos. El problema con las personas no es que no puedan hacer esto, sino que evitan las decisiones que se relacionan con su vida interior. Se alejan de ellas, pues intuyen que pueden ser incómodas; prefieren tapar el tema en lugar de verlo con ojos claros y una mente abierta, y no mimando al ser perezoso al que le gusta regodearse en el pantano de la autoindulgencia. Así pues, el por qué de la molestia y la incomodidad del autoconocimiento tiene que establecerse.

Estas preguntas no son tan difíciles de responder, al menos no para una persona que sabe que Dios existe, aun si todavía ignora muchas facetas de Él y Su creación. Incluso si tu creencia es débil, pero prosigues el pensamiento hasta el final, te llegará la comprensión de que es necesario que te desarrolles. Y el autodesarrollo no puede alcanzarse sin el autoconocimiento. ¡Este último es lo único que realmente cuenta, amigos míos! Ninguna otra cosa sirve, ninguna otra cosa te permitirá desarrollarte, te permitirá tener verdadera fe y verdadero amor, por Dios sobre todas las cosas y por tus congéneres tanto como por ti. Tienes que empezar contigo mismo antes de que puedas alcanzar la libertad y la armonía que todos ustedes anhelan en lo más íntimo de su ser. No importa qué camino escojas, si no contiene un autoconocimiento completo, si no lo establece como requisito indispensable, no lograrás nada, por mucho que aprendas y leas y hagas esto o aquello. Todo esto no cuenta para nada, a menos que utilices el conocimiento que vayas adquiriendo mientras sigues el camino del conocimiento del alma.

Ahora bien, ¿cómo lograr esto? Desde luego que no es fácil. Pero las recompensas son las más ricas, pues este camino es el único que te traerá liberación. Así que es lógico que no sea fácil. Significa, en primer lugar, que puedas volverte humilde. A nadie le gusta escuchar esto, amigos míos. El voluntarismo y el ego y la vanidad existen en todos los seres humanos y son los mayores obstáculos a la perfección, la fe, la armonía y el amor. Cualesquiera que sean las diversas faltas individuales, esto se aplica a todos y cada uno de quienes pasan por el ciclo de encarnaciones, en otras palabras, a quienes no son espíritus puros. Si quieres conocerte, tienes que reconciliarte primero con esta idea: “Tengo que hacer lo que es más difícil para mí”. Esa es la clave. Si lo más difícil para ti es mostrar que tienes una debilidad, entonces mostrar eso es lo que tu alma necesita para romper sus cadenas. O si es difícil para ti renunciar a tu vanidad, o a tu egoísmo, entonces es allí donde deberías librar tu batalla... libremente, porque elijes hacerlo, no porque la vida te fuerce.

Sepan, amigos míos, que las leyes divinas están hechas de tal suerte que las cosas que necesitan vienen a ustedes. Pero será mucho más fácil que las enfrenten a medio camino, si deciden por voluntad propia: “Lo quiero porque es obvio que lo necesito”, y entonces se deciden a dar el salto. Si la vida los fuerza o los empuja, en contra de su voluntad, no sólo será mucho más difícil, sino que les llegará una y otra vez, hasta que hayan aprendido por medio del autoconocimiento que necesitan lo que la vida les da y le salgan al encuentro libremente. Entonces habrán aprendido la lección y la vida tendrá otras cosas que ofrecerles. Cuanto más se purifiquen mediante este proceso, menos necesitarán experiencias desagradables. O, mejor dicho, lo que solía parecerles desagradable dejará de serlo. No pueden evitar lo que necesitan; eso se los puedo asegurar. Hasta que lo enfrenten por voluntad propia, sabiendo y entendiendo que es necesario para su carácter, no cesará. Por favor recuerden eso, todos ustedes.

A fin de conocerse, podrían sentarse y preguntarse, por ejemplo: “¿Qué es lo que me resulta más difícil de hacer en mi vida cotidiana?” Tal vez para algunos de ustedes lo más difícil será reconocer la verdad, por el motivo que sea. Para otro, podría ser humillante mostrarse como es sin una máscara y sin la superioridad con la que trata de impresionar a las personas. Para otro, lo más difícil sería ser modesto, estar en segundo plano; para otro más, dar algo, ya sea material o espiritualmente. Todo el mundo tiene diferentes dificultades, y cada uno de ustedes puede averiguarlo con relativa facilidad, si realmente lo intentan. No tienen que pensar demasiado; piensen en su realidad inmediata, en su vida en este momento. Consideren cada día que pasa desde ese punto de vista. Y después de tratar y prepararse, llegarán a ver sus reacciones de una manera muy diferente, se los aseguro. Aprenderán a reconocer reacciones emocionales de las que antes ni siquiera se daban cuenta.

Sus problemas exteriores inmediatos son sólo el efecto de alguna causa que está oculta de ustedes, pero no tan profundamente que no puedan reconocerla con facilidad si tan sólo practican lo que les digo aquí. Entonces las conexiones aparecerán tan claramente frente a sus ojos que les asombrará no haber visto todo esto en el pasado. Hacer las conexiones entre sus problemas y las causas de éstos, que subconsciente pero deliberadamente habían apartado de su conciencia, tendrá en ustedes un efecto de dicha. Los hará felices como sólo puede hacerlo la verdad. Liberará facultades latentes y fuerzas sanadoras para su cuerpo y su alma. Si experimentan esto regularmente, entonces pueden estar muy seguros de que están en el camino correcto. Pero como siempre es muy fuerte la tentación de dejar todo esto de lado, deben estar preparados para librar una batalla nueva cada vez. Después de un tiempo, esta tentación cesará. Pero al principio se necesitará un esfuerzo considerable para estar en guardia contra el Ser Inferior que trata de sofocar las aspiraciones de su espíritu. Ustedes serán los perdedores si su ser externo permite todos los “pretextos” que le provee su naturaleza inferior. Desde luego, hablo de manera muy general ahora, y no sólo en respuesta a una pregunta personal. Esto se aplica a todo el mundo.

Hagan una lista de sus defectos. Si sólo pueden pensar en dos o tres, entonces tienen ahí la prueba de que no se conocen. Y entonces pueden aprovechar la oportunidad para purificarse y conocerse haciendo lo que al principio parece tan difícil. Pidan a la gente que los rodea que les diga cuáles son sus defectos. Esto les permitirá conocerse y les enseñará la humildad que necesitan, ya que mientras este ejercicio les resulte difícil, será un síntoma de que precisamente eso es lo que necesitan con urgencia. Si es fácil para ustedes, si no sienten resentimiento, resistencia ni ningún tipo de pesadez en su interior, entonces ha dejado de ser importante. No importa lo que traten de decir a otros; lo que importa es cómo se sienten cuando alguien les hace ver sus fallas. Si observan clínicamente lo que sienten cuando eso sucede, si no desean engañarse a ese respecto, sabrán dónde están parados espiritualmente. Esta es la única manera en que realmente pueden desapegarse, amigos míos. Cuando sus propias fallas en los ojos de otros ya no importen, cuando su humillación ya no importe, entonces estarán desapegados... no cuando evitan las cosas que les molestan,

Esto es difícil, al menos al principio, y quizás no todo el mundo esté listo para ello. Algunos podrían necesitar más tiempo, más conocimiento, más rodeos antes de emprender realmente el camino; pero, de hecho, quien lo emprenda será libre. Si dan estos pasos iniciales, Dios los ayudará a atravesar todas las demás etapas. Así que mi consejo es éste: Primero, piensen en qué les parece más difícil, en relación con otras personas. Después de que lo hayan identificado, consideren con qué tendencia de ustedes podría estar conectado esto. Y luego decidan si están realmente listos para superar lo que los encadena así, no sólo por su propia libertad, sino por Dios, por su propio espíritu, su Ser Superior, por su desarrollo, por el amor que sólo entonces podrían dar y recibir, por su realización completa. ¿Están listos para hacer eso? ¿Cuántos de mis amigos aquí presenten lo están?

Y después, si han decidido con un gran SÍ sin reservas, necesitarán su fuerza de voluntad, queridos míos. Necesitarán fuerza de voluntad y autodisciplina para combatir todos sus defectos, lo que nunca puede suceder enviándolos al subconsciente, tapándolos para que no se muestren en la superficie. Y no crean que algo de lo que no se dan cuenta no existe. El proceso de eliminar sus fallas, que es el siguiente paso después del autoconocimiento, es muy diferente. Brevemente, el proceso es éste: Obsérvense primero como realmente son, sin vanidad, sin querer ser mejores ni más de lo que son en este momento. Simplemente hagan un inventario y acostúmbrense a verse en el lugar donde realmente están y no donde desearían estar.

Acepten su realidad temporal por dos razones: 1) Tienen que ser objetivos y desapasionados acerca de lo que son antes de poder transformarse. Esto requiere el nuevo hábito de verse claramente, sin falsos motivos, ni pretextos, ni ceguera, durante un tiempo. 2) Esto les enseñará también la humildad necesaria, que es un requisito fundamental del desarrollo espiritual y del verdadero desapego. Aceptarse como son no significa que deban permanecer así. La meta última debe ser cambiar las tendencias negativas, pero no pueden hacer esto antes de que hayan aceptado por completo la etapa en la que se hallan. Así pues, obsérvense diariamente y vean cuándo y dónde se manifiestan sus defectos, no sólo hacia el exterior, sino también en sus sentimientos. Al observar sus reacciones aprenderán a determinar hasta dónde han llegado en cuanto a aceptarse sin adornos.

Después de que esta etapa se domine, la siguiente puede empezar: mediten en qué es lo opuesto de cada defecto en particular; en cómo podrían reaccionar y qué podrían sentir si ya hubieran logrado la transformación. Si hacen esto religiosamente durante un tiempo, pidiendo a Dios inspiración, ayuda y fuerza, empezarán a sentirse diferentes. ¡Sus nuevas reacciones internas los harán sentirse tan libres y tan maravillosamente bien! También podrían meditar en que cada una de sus fallas específicas es un obstáculo directo al desenvolvimiento del amor, pues cada falla es precisamente eso. Atenúa la fuerza del amor en el alma. Si proceden de esta manera, Dios los inspirará y guiará; pueden estar muy seguros de eso. Como ya lo dije, éste es un camino difícil. Pero bienaventurados son los que lo emprenden, los que tienen la valentía y la sabiduría para hacerlo.

Amigos míos, sé que les he dado una medicina fuerte. A nadie le gusta escuchar estas cosas. Sería mucho más agradable escuchar lo que es fácil o impersonal. Pero, desafortunadamente, eso no correspondería a la verdad. Y como yo soy un espíritu de la verdad, del mundo de Dios, tengo que darles la verdad, sea ésta cómoda o no. Sin embargo, por amarga que sea la medicina, creo que si abren su corazón, sentirán el amor que les tengo a cada uno de ustedes. El amor sólo puede venir del lado del mundo de Dios. Y nunca deben sentir gratitud con nadie más que con Dios. Sea a través de mí o de otro espíritu del mundo de Dios, no importa cuánto sean ayudados, ningún ser creado es nada sin Dios. Cuanto más desarrollada está una criatura, menos le interesará el honor y la admiración. Éstos se deben sólo al Creador, sin quien no somos nada. Esto se aplica tanto a nosotros, los espíritus, como a ustedes, los humanos. Cuando estén logrando algo —lo que sea—, dense cuenta de que es por la gracia de Dios cómo pueden hacerlo, no por ustedes. Ustedes por sí solos no son nada. Y el más elevado ser creado que existe, Cristo mismo, lo ha dicho una y otra vez.

PREGUNTA: Entiendo que cuando estamos encarnados en la Tierra tenemos ciertas limitaciones en nuestro desarrollo espiritual. ¿Se puede trascender eso e ir más lejos de lo que nos imponen nuestras limitaciones?

RESPUESTA: Desde luego. Sin embargo, diré esto: No puedes lograr todo en una encarnación. Eso sería imposible. Pero ciertamente puedes trascender las limitaciones. Eso sucede con mucha frecuencia. Y sólo puede ocurrir mediante lo que expliqué en mi respuesta a la pregunta anterior acerca del más noble de todos los caminos. Si una persona realmente tiene la voluntad, y si esta voluntad se pone en práctica, entonces las limitaciones retrocederán y podrá lograrse mucho más en una vida. Lo que puedes lograr en una encarnación al emprender este camino necesitaría veinte si no lo emprendieras. Esa es la diferencia. Este ejemplo deberá de darte una idea de tu poder para romper las limitaciones.

PREGUNTA: Pero no a todo el mundo se le conduce a este camino. Hay millones de personas que no tienen…

RESPUESTA: En primer lugar, ésta no es la única posibilidad de emprender un camino como éste, querido mío. Ciertamente, la ayuda que puede brindar la comunicación directa con el mundo espiritual de Dios es muy valiosa. Pero todos los que tengan incluso la más leve posibilidad de emprender el camino serán conducidos de alguna manera al lugar correcto, ya sea a una persona o a un espíritu, para que reciban el material necesario con el cual trabajar. Puede ser a través de una iglesia, o de un maestro específico, o de un espíritu, o de una comunicación directa muy fuerte por medio de la inspiración. Los espíritus reconocen dónde existe la posibilidad; reconocen si existe el deseo o si éste puede ser despertado, y guiarán a las personas consecuentemente. Todo el mundo recibirá precisamente lo que necesita, de eso puedes estar seguro.

Nunca surge el problema de que alguien que está listo para el camino pueda no tener la oportunidad de encontrarlo. Eso no existe, amigos míos. Las leyes del mundo divino operan con demasiada precisión para que eso suceda. El problema reside más bien en que un gran porcentaje de personas que podrían emprender este camino y que son conducidas a donde podrían hacerlo, finalmente no lo hacen. Muchas veces el mundo de Dios trata una y otra vez y ofrece diferentes posibilidades, pero la esencia nunca se entiende, porque las personas no quieren entenderla. Basta con que observen su propio círculo —y es lo mismo en todas partes—; vienen muchos más de los que se quedan y realmente se comprometen. Créanme, esto no sucede a costa de otros que podrían no tener estas posibilidades. Aquí o en otras partes, sólo un puñado, entre cientos de individuos, real y verdaderamente emprende este camino. Toda gran persona, maestro o sacerdote —cualquier comunicación con el mundo de Dios— transmitirá lo mismo: muchas personas son guiadas a ellos, y una parte pequeñísima cumplirá con el propósito de esa guía. Sin embargo, la gran mayoría de la Humanidad no está lista aún para emprender este difícil camino de la perfección. Si en esta vida aprenden apenas lo suficiente para convertirse en mejores personas, para aceptar que tal vez Dios existe después de todo, esto podría prepararlos para el camino en su siguiente encarnación. Así, que, ya lo ven, el mundo espiritual en realidad ofrece la posibilidad a más personas, en el remotísimo caso de que la aprovechen, de las que aceptan la oportunidad. Pueden estar seguros de que los que no son guiados a ninguna parte, o no tienen ningún deseo, ninguna comprensión real ni la más remota posibilidad en esta vida de cambiar a este respecto, o ya encontraron lo que necesitaban y lo que es mejor para ellos en esta encarnación.

PREGUNTA: ¿Podría explicarnos claramente la diferencia entre el alma y el espíritu?

RESPUESTA: El espíritu es el ser último, el ser indestructible que vive eternamente. El alma es uno de los cuerpos sutiles que, a final de cuentas, se desintegrará. ¿Es claro? ¿Lo entiendes? Yo creo que lo que deseas saber es cómo se manifiestan los dos, para que sepas cuál es cuál. ¿Es eso lo que quieres decir? [Es correcto.] Hacer que el espíritu se manifieste conscientemente no es fácil, desde luego. Esto sólo puede suceder cuando el desarrollo espiritual ha alcanzado cierto punto, cuando ha habido un gran avance en el Ser Superior de la persona. Entonces sentirás que algo piensa dentro de ti, te dirige, te envía mensajes, te da un conocimiento profundo e incuestionable... y todo esto no viene de la región de tu cerebro donde tiene lugar tu pensamiento normal, sino de la región de tu plexo solar. Tu alma, sin embargo, se manifiesta en tu vida emocional, en tus sentimientos y en tu subconsciente. Incluso para volverte consciente de tus sentimientos necesitas mucho autoconocimiento; la mayoría de las personas no son conscientes de sus verdaderos sentimientos y reacciones emocionales y, por ende, son esclavos de ellos; son dominados por ellos, en vez de controlarlos y dominarlos. Para lograr este dominio son esenciales la autoobservación, la objetividad y la autocrítica. Si lo que aconsejé esta noche en mi segunda respuesta se pone en práctica, el resultado debe ser, primero, la conciencia del alma y después la conciencia del espíritu.

Responderé el resto de las preguntas la siguiente vez, amigos míos, pues nuestro tiempo se agotó. Les ruego a todos, especialmente a los que han llegado aquí por primera vez: No se apresuren a sacar conclusiones. Éste es un tema tan vasto, nuevo en muchos sentidos incluso para los amigos que asisten más regularmente, que podría tomarles un poco de tiempo ajustarse a perspectivas nuevas. No obstruyan su vista con conclusiones demasiado apresuradas; piensen seria y cuidadosamente, y no permitan que sus emociones inconscientes les jueguen una mala pasada velando su juicio. Tengan cuidado de eso, pues podrían hacerse mucho daño.

Las bendiciones de Dios llegan a cada uno de ustedes. Reciban esta bendición con conciencia para que les ayude en sus decisiones, para que los fortalezca y les permita reconocer la voluntad de Dios y actuar en consecuencia. ¡Queden en paz, queden con Dios!

Dictada el 17 de enero de 1958.