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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 33. La ocupación con el propio ser. Fe correcta e incorrecta

Saludos en el nombre del Señor. Traigo bendiciones para todos ustedes; bendita sea esta hora.

Muchas personas rectas, bondadosas e incluso espirituales dicen, cuando escuchan estas conferencias, que no es bueno pensar tanto en el propio ser. Piensan que sería mejor pensar más en otras personas. Dicen que la ocupación con el propio ser lleva al egoísmo. Esto, desde luego, depende enteramente de cómo es esa ocupación con el ser o de qué manera piensa uno en otras personas. Está mal que piensen en ustedes de una manera destructiva y llena de autocompasión, quejándose de su suerte y refunfuñando improductivamente sobre las cosas que la vida no les dio y sobre situaciones que no pueden controlar ni, por lo tanto, cambiar. Quien se inclina por este tipo de preocupación no debe sólo hacer caso del consejo de interesarse más por otros que por su propio ser, sino que debe aprender también a canalizar la preocupación por sí mismo en una dirección distinta, es decir, productiva.

Para los que no pueden hacer esto último, es infinitamente más sano pensar en otras personas ayudándolas, renunciando a cierto egoísmo y sacrificando algo a fin de ser útiles a quienes puedan necesitarlos. Sin embargo, los que están listos para el tipo correcto de ocupación con su propio ser también deben pensar en los demás de la manera correcta y practica ésta en todo momento. Una cosa no excluye la otra. Cuando hacen algo útil y olvidan sus propias preocupaciones y dificultades realizan algo valioso en todas partes, tanto para los demás como para ustedes mismos.

La ocupación con otros también puede practicarse de la manera incorrecta, y por desgracia muchas veces sucede esto. Pensar constantemente en los asuntos de otras personas, criticarlas y juzgarlas ciertamente no les ayuda a ser menos egoístas. El solo hecho de que piensen en otros en lugar de pensar en ustedes no es garantía de que estén actuando espiritualmente; así como el mero hecho de pensar en ustedes mismos—si se hace de la manera correcta—no es prueba de egoísmo. Todo depende de cómo se haga. La gente se engaña con gran frecuencia cuando está en uno de estos extremos. Si piensan en otros destructivamente, con juicios, tienden a creer que están haciendo algo bueno; al mismo tiempo se aferran a la opinión ajena de que la ocupación con el propio ser es dañina. Usan mal esta verdad para racionalizar su actitud equivocada. También existe un tipo improductivo y debilitante de ocupación con el propio ser, que muchas veces se oculta tras la máscara de: “Debo llegar a conocerme; debo analizar mis sentimientos”, pero nada de esto se hace. Así que tengan cuidado de cómo piensan en ustedes... y en otros. Examínense también en este sentido, mis queridos amigos.

Las personas muy desarrolladas espiritualmente pueden invertir todos sus esfuerzos en el autosacrificio por los demás, ayudándolos lo más que pueden y haciéndoles un gran bien. Sin embargo, se espera aún más de este tipo de personas porque su desarrollo espiritual lo justifica. Y esto es la purificación de los motivos, el profundo autoconocimiento que es un requisito indispensable del desarrollo espiritual. Algunas personas pueden descuidar esta parte de su tarea y evadir el asunto por su fuerte énfasis en la ayuda a los demás. De nuevo les digo, la ayuda que se brinda a otros no tiene que, no debe, ser descuidada solamente porque se conocen mejor. Por el contrario. Por favor, traten de descubrir si pertenecen o no a esta categoría.

Todos los que escuchan o leen estas palabras, amigos míos, están listos para emprender el tipo correcto de autoanálisis. Es posible que ya realicen las acciones correctas e incluso tengan los pensamientos correctos en muchos sentidos, pero al proseguir el desarrollo, esto no basta, como bien lo saben. Es necesario que sus emociones sean puras y sin engaño. A fin de lograr esto, es imperativo que se ocupen de explorarse y examinarse, de autocriticarse severamente y de analizar sus obras, sus pensamientos y sus emociones, contrastándolos con la verdad y la ley espirituales.

Las personas que no se conocen no pueden conocer a otros; la persona que no se entiende a sí misma no puede entender a otros, y el que no se ama no puede amar a otros. Aquí también puede objetarse el dicho de que amarse a sí mismo es egoísta. Yo les digo que esto sólo es cierto si el amor a uno mismo se practica huyendo autoindulgentemente del necesario dolor de la vida. Éste es el ser pequeño que no debería ser amado, al que ustedes deben tratar severamente. Pero si no se respetan sanamente a sí mismos y no aman a su ser más grande, que es su ser divino, jamás podrán amar verdaderamente a los demás. El tipo correcto de amor y de respeto por sí mismos sólo se produce si persiguen y alcanzan el desarrollo espiritual que han planeado en espíritu para esta Tierra. Si descuidan esto, no importa cuánto lo cubran con subterfugios y autoengaños, en lo más profundo de su inconsciente sigue estando el hecho de que no se están desarrollando como debieran; que están violando varias leyes espirituales en sus emociones, si no en sus pensamientos y acciones; que se están escapando de ustedes mismos de alguna manera. Todo esto conduce al autodesprecio, que es la verdadera causa de los complejos de inferioridad, no importa lo bien que los racionalicen. Por lo tanto, sólo pueden respetarse si hacen el mayor de los esfuerzos por desarrollarse espiritualmente, por sacrificarse por los demás. Y sólo cuando esté presente este bien fundado respeto por sí mismos podrán verdaderamente respetar a otros. Así que ya lo ven, amigos míos, el círculo debe cerrarse aquí también.

Cuanto más practiquen el tipo correcto de ocupación con su propio ser, menos egoístas serán y, por lo tanto, más podrán ayudar a otros y hacer obras buenas en su beneficio. Piensen críticamente en ustedes mismos y sean compasivos con los demás. ¡Pero cuántas personas, aun las espirituales, hacen exactamente lo contrario! Ignoran muchos de sus propios defectos, sus tendencias enfermas, incluso las que son muy visibles para todos los demás, y siempre están listas para condenar a otros, si no con palabras, entonces en sus emociones y pensamientos.

Amigos míos, aprendan a aceptar las fallas de otros, así como deben aprender a aceptar las suyas propias. Aquí también reviste la mayor importancia hacerlo de la manera correcta. He hablado de este tema muchas veces, así que no voy a abordarlo otra vez. Aceptar los propios defectos correctamente no significa desesperarse, reprocharse y desalentarse porque descubren que son más imperfectos de lo que creían que eran; tampoco significa seguir siendo como son. Con respecto a cualquier tendencia humana individual, encontrarán dos extremos enteramente equivocados así como el camino medio correcto, que es el más difícil de hallar. Por lo tanto, tal vez entenderán mejor que nada en sí es jamás bueno o malo, correcto o incorrecto. Cómo se hacen las cosas, y si logra encontrarse el camino medio entre los dos extremos incorrectos, determina si están en el carril adecuado o no.

Sólo cuando se acepten ustedes de la manera apropiada podrán aceptar a otros como son y vivir de acuerdo con la ley espiritual que exige que dirijan sus esfuerzos a donde puedan producir verdaderos resultados: hacia ustedes mismos. Ustedes son la única persona sobre la que tienen el poder de efectuar cambios. Nunca pueden cambiar a otro; por lo tanto, sus esfuerzos se pierden en esa dirección. No obstante, pueden ayudar a influir sobre otra persona mediante su propio cambio; ella puede decidir cambiar también. Su influencia sólo puede ser verdaderamente productiva si ponen el ejemplo primero. Cuando los defectos de otras personas les producen desarmonía de cualquier tipo, ello indica que en lo más profundo de su ser resienten aún más el hecho de que no pueden cambiarlas. Su resentimiento significa que están violando una ley espiritual, y debe ser el mejor indicio para que ustedes determinen dónde están en términos de aceptarse como realmente son y hacerlo con toda humildad. Cuanto más serenos permanezcan frente a los defectos de otras personas, más se habrán aceptado como son. Así, tendrán una base sana en su alma sin importar cuántas imperfecciones les queden todavía. No obstante, cuanto más luchen internamente contra otras personas tal como son en este momento, más se niegan a aceptarse ustedes mismos. ¡Piensen en eso también, mis queridos amigos!

Así que aprendan a aceptar a las personas como son y vuélvanse tolerantes de defectos que ustedes mismos quizás no tengan. Empero, muchas veces tienen que ir mucho más lejos. Condenan de manera especial en otra persona las fallas que ustedes mismos poseen. Desde luego que no se dan cuenta de esto, pero así es. Sólo llegándose a conocer completamente pueden aceptar mejor a otras personas, y entenderlas y amarlas más. No tienen que ser ciegos para ser tolerantes. Una persona básicamente intolerante muchas veces no quiere ver los defectos de otra persona cuando la ama profundamente o tiene mucha afinidad con ella. En este caso, no querer ver sus defectos indica el intenso miedo de que darse cuenta de ellos signifique dejar de amarla. Esto, desde luego, es nada menos que intolerancia. Si pudieran aceptar las imperfecciones del ser amado, no necesitarían cerrar los ojos. Además de esta reacción errónea, una persona así también estará convencida de que es sumamente tolerante porque nunca ve los defectos de aquellos a los que ama. Esta es otra de las máscaras que la gente se pone tan a menudo. La verdadera tolerancia y la verdadera aceptación significan ver claramente las fallas de otros y no tener medio de amarlos y respetarlos menos a causa de ellas. Con esta actitud, no sólo ayudan a quienes los rodean, sino que se ayudan ustedes mismos.

Mis queridos amigos, les ruego a todos que piensen cuidadosamente en este tema. En su próxima meditación, pregúntense si critican demasiado a los demás, si los condenan, aunque conscientemente crean que no lo hacen. Sus reacciones emocionales hacia otras personas podrían equivaler a eso. Examínense a este respecto y pregúntense si no están ciegos a algunos de sus propios errores, mientras se ocupan tanto de combatir los ajenos. Puedo asegurarles que si hacen eso y reaccionan de la manera correcta hacia sus hallazgos, tendrán una gran paz nueva gracias a este cambio de actitud. Lo que les roba paz y armonía interna no es nunca lo que hacen otros, sino siempre y únicamente sus propias actitudes equivocadas y luchas internas contra situaciones que no pueden cambiar y, lo que es más, no deben cambiar. Ustedes deben cambiarse a sí mismos. Una vez que hayan hecho eso serán libres y sentirán una nueva independencia con respecto a la conducta o las reacciones de otras personas, y sabrán que, a final de cuentas, jamás les causarán ningún daño.

Ahora me gustaría hablar de dos aspectos de la fe. Muchas personas son sinceras en sus esfuerzos por emprender su desarrollo espiritual, pero su fe no es cabal. En algún lugar siempre acecha la duda oculta: “¿Realmente será cierto? ¿No es producto de mi imaginación? ¿No me estoy engañando acerca de todo esto? Me gustaría decirles qué hacer con esta tendencia, amigos míos.

En primer lugar, no es aconsejable hacer a un lado la insidiosa duda. Con frecuencia hacen esto con una sincera buena voluntad, pues una parte de ustedes no desea tener estas dudas. Y de alguna manera piensan que, al ocultarlas, desaparecerán. Pero como ya lo saben, no pueden lidiar con éxito con nada si lo empujan al inconsciente. Tienen miedo de permitir que las dudas surjan a la superficie porque suponen que podrían desviarlos de su camino; podrían ustedes fracasar en sus esfuerzos espirituales.

Sin embargo, no tiene que ser así. Una vez que entiendan claramente que su parte dubitativa no es toda su personalidad, y que, a pesar de su existencia, hay otra parte de ustedes que sí cree, no tendrán miedo de que el reconocimiento de sus dudas los lleve a renunciar a sus esfuerzos espirituales. El alma humana está llena de corrientes contradictorias en todos los aspectos. Cuanto más pronto entiendan esto y no se desesperen cuando se topen con la parte negativa que no quieren reconocer, mejor será para ustedes. El problema que se relaciona con hacer esto surge de su concepto equivocado de que una u otra tendencia es cierta. Sin embargo, ambas tienen su realidad en su alma y luchan una con la otra. Nunca podrán ganar esta batalla mientras carezcan del valor para reconocer el lado que no les gusta. Será más fácil hacer eso, como dije, si entienden en principio que pueden constar, y de hecho constan, de dos corrientes contradictorias simultáneamente. No importa si esto se refiere al asunto de la fe versus la duda, o de cualquier otro problema interior. Una vez que hayan reconocido en ustedes la parte dubitativa, sigan este consejo: Sepan que cuando este conocimiento completo al que ni siquiera doy el nombre de fe y la experiencia de la existencia de Dios se le dan a una persona, es la gracia de Dios. Cultiven su propia humildad acerca de su completa falta de fe. Díganse a sí mismos: “Todavía no he merecido esta gracia. No soy el juez de lo que merezco o no merezco. Tengo que abrirme paso con mi media fe; la parte de mi ser que tiene voluntad quiere desarrollarse y convertirse en una persona mejor y emocionalmente más madura, de manera que pueda manejar mejor mi vida y amar y ayudar a otros más eficazmente. En este esfuerzo esperaré paciente y humildemente hasta que Dios me dé su gracia”.

Si cultivan estos pensamientos y sentimientos, y siguen batallando con su Ser Inferior que siempre quiere obstruir y oscurecer su camino, un día, les prometo, esta fe completa será suya. Entonces habrán experimentado a Dios de manera tal que estarán completamente convencidos. Sin embargo, así como las experiencias y la gracia de otras personas no pueden ser convincentes para ustedes independientemente de lo mucho que ellas se esfuercen por transmitírselas, así también será cuando ustedes experimenten la verdad y la existencia de Dios en su vida. No podrán transmitir esto a otros que todavía luchan por alcanzar esta gracia divina: la fe completa. Cada individuo tiene que obtener esta importante experiencia y cambio fundamental en el desarrollo de su alma por medio de sus propios esfuerzos.

Otro aspecto de la fe es éste: Hay personas que tienen una fe completa, tan completa como puede ser posible para el individuo en cuestión, ya que todas las impurezas del alma de alguna manera influyen en la completitud de la fe. La fe perfecta significaría la ausencia total de desarmonía y miedo en su vida. Pero ninguno de ustedes ha llegado tan lejos. Sin embargo, hay algunos cuya fe es más fuerte que la de otros. Una persona de este tipo suele tener un sentimiento no reconocido de que es algo especial para Dios, un hijo favorito; de que tiene una posición muy particular en su relación con el Padre; de que es alguien bastante único y cree que puede poseer a Dios para sí mismo. Éste es un sentimiento dañino... y también peligroso. Peligroso porque contiene mucho orgullo y también porque es muy fácil engañarse. Siempre se tiene a mano la autojustificación de que esta creencia es maravillosa y una expresión de la propia devoción y espiritualidad.

Aquí tenemos uno de esos casos en que los motivos buenos y puros—el deseo de acercarse a Dios, el amor por el Creador—se mezclan con los malos e impuros: el orgullo espiritual y la separación respecto de los propios congéneres. Como ustedes no se darán cuenta en su intelecto de que estos sentimientos existen en su relación con Dios, les corresponde examinarse para ver si esto se aplica a ustedes y en qué medida. Cuando hayan descubierto estos sentimientos—aun en un grado pequeño—piensen que no son superiores a todos los demás a los ojos de Dios. El sentimiento de que son algo especial para Dios puede considerarse un estado transitorio en su desarrollo. Su amor y anhelo de Dios está despertando antes de que su orgullo y su voluntarismo hayan desaparecido. Las dos tendencias opuestas se combinan en el estado temporal. Pero deben estar conscientes de esto y no creer ni por un instante que es bueno y correcto. Es parte del proceso de crecimiento que ustedes mismos tienen que tamizar y purificar.

Invito a aquellos de ustedes a quienes pueda aplicarse esto a examinar sus sentimientos cuando piensen en Dios, cuando sientan a Dios y cuando se esfuercen por acercarse a Él. Aunque sientan que todo es como debe ser, ¿no hay en algún lugar un sentimiento oculto que nunca han reconocido de que están más cerca de Dios y son más amados por Él que otras personas? La raíz de este sentimiento puede encontrarse incluso en personas cuya fe todavía no es real. Pero surgirá de manera más fuerte una vez que la fe sea íntegra y se desarrolle el proceso transitorio. Y si descubren que el sentimiento de sentirse especial puede aplicarse a ustedes por lo menos en un grado pequeño, empiecen a trabajar muy concienzudamente y concéntrense en su relación con sus congéneres.

Con frecuencia observarán una intolerancia específica en las personas que se sienten especialmente amadas por Dios. Muchas veces tienen incluso una especie de arrogancia hacia los demás; tal vez no siempre en su conducta exterior, sino en su actitud interior. En sus meditaciones traten de escoger a una persona a la que no respeten particularmente, o quizás a una que les disgusta más que todas las personas que conocen; o a una que les provoque una irritación especial. Luego piensen en cuánto ama Dios también a esta persona específica, tanto como los ama a ustedes. Incluso si esta otra persona está menos desarrollada espiritualmente, también es amada por Dios. Éste será un ejercicio maravilloso, exactamente la medicina que necesitan, amigos míos.

El alma humana es una “maquinaria” muy complicada, si me permiten emplear esta expresión. La purificación no reside simplemente en superar los defectos. Eso no es muy fácil y toma mucho tiempo. Sólo es posible después de que han entendido profundamente muchas de sus tendencias y reacciones, de las cuales aún no son conscientes. Así que su meta inmediata no puede ser la perfección, aunque es la meta definitiva. Conozcan esta meta definitiva, pero trabajen primero en la consecución de la inmediata, que es conocerse y aceptarse como son: Esto implica no abrigar ilusiones acerca de ustedes mismos; alcanzar una actitud sana con respecto a sus fallas, y aprender a vivir de acuerdo con las reglas de la vida y no rehuir las a veces necesarias dificultades. Esto abarca todo lo que están aprendiendo aquí. Sólo después de que logren esto empezarán gradualmente a modificar algunas de sus tendencias equivocadas y empezarán a reaccionar de manera diferente. Primero clarifiquen sus motivos y purifíquenlos. Separen los motivos incorrectos de los correctos en una y la misma acción/pauta de reacción. Esa es su tarea ahora.

No detengan sus esfuerzos cuando les falte la fe, ya que son buenas personas, y como buenas personas desean ser mejores, más íntegros, más puros, más amorosos, para hacer más el bien dondequiera que estén. Aun si no pueden emprender este arduo trabajo en todos los momentos por amor a Dios porque no siempre están seguros de que realmente existe, háganlo por el amor a los demás que es parte básica de ustedes. Muchas veces una persona cuya fe es aún débil tiene más amor por otros seres humanos que alguien cuya fe es fuerte y que siente, como dije antes, que ocupa una posición especial a los ojos de Dios. Ambos son estados transitorios y un día se equilibrarán y se armonizarán perfectamente.

Por otra parte, cuando les lleguen las pruebas, como deben llegarles, oren para que su capacidad de pensamiento no se paralice. Eso es lo que normalmente le ocurre a una persona que se halla en una situación difícil. Aférrense a este pensamiento: “Padre, dame una perspectiva clara, aunque me encuentre confundido e infeliz en este momento. Ayúdame a no olvidar lo que ya sé. Permíteme ver Tu verdad en esta situación, no como se me presenta a mí en este momento con mi perspectiva muy limitada”.

Frecuentemente observamos que cuando ustedes pasan por una prueba, su visión de las cosas se distorsiona por completo. Cuando están seguros de que su perspectiva negativa es la única verdad, se desesperan muy fácilmente. Incluso olvidan en esos momentos lo que ya saben perfectamente bien. Las fuerzas del mal que han atraído los paralizan tanto que no pueden pensar y ver lo que ordinariamente verían muy claramente. No se les ocurre pedir la verdad a Dios, porque incluso para esto sus pensamientos están demasiado revestidos de oscuridad. Sólo cuando salgan de la oscuridad les sorprenderá haber sido tan ciegos.

Pueden ahorrarse muchas horas difíciles volviéndose a Dios de inmediato y entendiendo lo que aquí les explico. Luchen contra la ceguera temporal entrenando a sus pensamientos para que exploren su inconsciente, la parte de su alma donde puede encontrarse la verdad “olvidada”. Prepárense para pruebas futuras a fin de que puedan enfrentarlas con un mejor equipo mental.

Y ahora, amigos míos, estoy listo para sus preguntas.

PREGUNTA: ¿Por qué a tan pocas personas se les imparten estas verdades espirituales y saben que existe una comunicación con el mundo espiritual? ¿Acaso somos mucho mejores que otros que no saben nada de todo esto? ¿Cuál es el criterio por el que se elige a alguien para que sea guiado a algo así?

RESPUESTA: Una comunicación con el mundo espiritual de Dios es algo raro porque es sumamente complicada. Los peligros de no sostenerse en este camino para alcanzar la comunicación con las esferas divinas son grandes... una vez que se han despertado las habilidades psíquicas. Muchos médiums empiezan de la manera correcta y luego caen debido a su orgullo o a otros obstáculos interiores. Cualquier cosa que hay en la Tierra de buena calidad es rara. La mala calidad y la mediocridad son más comunes en cualquier cosa, así que también en esto. El criterio para decidir quién está destinado a tener una comunicación así, que desde luego es una gracia de Dios, no puede explicarse con unas cuantas palabras. Yo podría decir que la gran mayoría de los seres humanos no están listos aún para aprovechar estas enseñanzas. Tienen que aprender muchas otras cosas primero. Pueden desarrollar su vida de otras maneras, dondequiera que estén. Enfrentarán situaciones en las que al decidir con su libre albedrío determinarán si cumplen o no con esta encarnación, así como ustedes tienen que hacerlo con el conocimiento que reciben. Pero lo que se les exige está sencillamente en un nivel diferente.

Por otra parte, también existen personas que están tan altamente desarrolladas que no necesitan esta ayuda... o que incluso no deberían tenerla. De ellos se espera que encuentren las respuestas en su interior debido a su desarrollo superior. Así que las personas de desarrollo más alto que el de ustedes, así como las personas de desarrollo inferior, pueden encontrar lo que necesitan en esta vida específica en cualquiera de las religiones existentes. Pueden encontrar la esencia en ellas y desarrollarse a partir de la verdad que se puede hallar en cualquier religión, haciendo caso omiso de los errores humanos. Esta es una decisión individual. El que sabe escucharse a sí mismo encontrará intuitivamente lo que necesita para esta vida, qué cultivar, dónde concentrar más su desarrollo. Quienquiera que se esfuerce por desarrollarse espiritualmente tendrá contacto a final de cuentas con el mundo divino, ya sea que esto suceda a través de la mediumnidad o por otros medios. Y el objetivo de los espíritus del orden divino es llevarlos a todos tan lejos que tengan un contacto personal de un modo o de otro, no necesariamente a través de la mediumnidad. Pero cuando se reconoce la necesidad de que exista el tipo de ayuda e instrucción que puede dar el mundo espiritual, la persona será guiada a esta posibilidad.

Y quien haya sido guiado a un grupo como éste debe saber que existe una buena razón que no debe ser ignorada. Sucedió porque se planeó de esa manera, porque para esa persona ésta es la mejor manera de desarrollar y cumplir con su vida. No llegaré al extremo de decir que es su única oportunidad y que si no la aprovechan serán condenados. Pero sí les digo que cuando haya tenido lugar esta guía en su vida, no la desechen con ligereza. No la consideren una coincidencia; no es algo de lo que casualmente oyeron hablar y luego adoptaron como tantas otras cosas que de repente les gustan. Traten de ver si hay algo más. Profundicen. El que estén aquí tiene un buen propósito. Por medio de esta ayuda encontrarán respuestas en ustedes mismos y resolverán problemas que, de lo contrario, podrían solucionar sólo con dificultades infinitamente mayores, y eso si efectivamente los resuelven. No es que ésta sea la única manera de resolverlos, como ya les dije, pero si están ciegos a esta ayuda, que es mayor y más directa que muchas otras, es probable que se cierren aún más a otros medios que pudieran mostrarles la salida. El camino que les muestran los espíritus del mundo de Dios les ofrece la posibilidad de adquirir las herramientas que necesitan para obtener una victoria sobre su Ser Inferior y liberarse de sus cadenas internas, que otros caminos no muestran tan claramente. Así que el hecho de que hayan sido traídos hasta aquí no se debe necesariamente a que sean los “elegidos” y ocupen un lugar más alto que todos los demás. Pero, para su desarrollo actual, ésta es la mejor manera. Y es posible que hayan hecho méritos en vidas pasadas que deseaban utilizar de esta manera antes de encarnar, en vez de usarlos de una manera diferente.

PREGUNTA: Las personas con dificultades emocionales, o incluso con una personalidad escindida, ¿nacieron así, trajeron estas características con ellos o las adquirieron siempre en esta vida?

RESPUESTA: Oh, no, no las adquirieron en esta vida. Siempre que existe un trastorno realmente severo, no pudo haber sido causado en esta vida tan sólo. Lo que se causa en la misma vida nunca puede ser tan fuerte y severo. Un problema grave debe de tener su causa no sólo en una encarnación anterior, sino probablemente en muchas. Es una reacción en cadena. Si un alma evita su tarea, su desarrollo, su autorreconocimiento, si escapa de sus propios problemas y en consecuencia no cumple en una encarnación lo que debiera, el problema tiende a aumentar en la siguiente encarnación. Por eso siempre insisto tanto: lo que puedan lograr ahora les ahorrará esfuerzos y dificultades posteriormente. No tienen una idea de cuánto. Cuando digo que “les ahorrará”, no hablo en el sentido de un castigo, una condenación ni nada melodramático o drástico de este tipo. Pero cuanto más evadan sus propios problemas y dificultades internos, más se les enredarán por dentro. Y en la siguiente encarnación traerán el problema con ustedes.

Ahora bien, a un alma que sigue y sigue evadiendo el problema, finalmente le llegará una encarnación en la que ya no sea posible esta evasión. Para ese momento, el conflicto interno habrá escalado tanto que la persona se verá forzada por su propia omisión pasada a ocuparse finalmente de él y a encararse. La ley kármica opera así. Lo que ustedes piensan muchas veces que es cruel es lo más benéfico del mundo. Porque si la ley kármica no funcionara de manera tal que sus propias evasiones finalmente los condujeran a una situación en la que ya no pueden evadir su conflicto interno, jamás podrían salir del círculo vicioso. Así que la ley kármica es la más misericordiosa que hay, incluso si en el momento, con lo poco que ven, les parece cruel y difícil. Pero no lo es, amigos míos, porque ustedes siempre tienden a juzgar con el detalle pequeño y la perspectiva que tienen a su disposición, y no ven el cuadro más grande. Y también les digo que, por esa misma misericordia, ignoran ese cuadro más grande, pero ese ya es otro asunto. Entonces, para volver a tu pregunta, cualquier problema de personalidad, si es serio, probablemente sea el producto de muchas evasiones y escapes del propio ser en existencias anteriores.

PREGUNTA: ¿Podría hablar sobre el problema del suicidio? ¿De qué maneras y con qué efectos se manifiesta en el espíritu, y cuáles son las consecuencias, si pensamos en los diferentes motivos y circunstancias que llevan a una persona a cometer un acto así en su vida?

RESPUESTA: El motivo para suicidarse es, de nuevo, el mismo problema básico que mencioné antes, por lo menos en la gran mayoría de los casos: evadir y huir de las dificultades que uno mismo se creó, ya sea en vidas anteriores o en la misma. Y esto, desde luego, constituye una gran violación de la ley divina. Hay que pagar por eso. Existen circunstancias mitigantes, por ejemplo, cuando una persona está muy enferma y torturada por mucho dolor, y, por lo tanto, ya no tiene la capacidad de pensar. Estas son circunstancias mitigantes y se toman en consideración. Pero eso no significa que lo que se evadió no tiene que vivirse hasta el final, pues a nadie se le pide soportar más de lo que puede. Y cada dificultad es sólo el efecto de una causa que el ser creó, y que, por lo tanto, el mismo ser tiene que resolver y vivir. Cuanto antes reconozcan esto y adiestren a sus emociones a aceptar esta ley básica, como tal vez ya lo haga su intelecto, más sano será para ustedes y menos peligro existirá de que, emocionalmente por lo menos, se queden con la impresión de que lo que sufren habría podido evitarse si los demás hubieran actuado de manera diferente o si la vida hubiera sido más “bondadosa” con ustedes. Así que incluso en la circunstancia mitigante que mencioné, el sufrimiento que se haya evitado debe ser vivido de otra forma, tal vez en el mundo espiritual, tal vez en otra vida terrenal. Todo depende y no se puede generalizar.

La única excepción es cuando una persona está obsesionada. La obsesión, como ya lo saben, es un karma. Es cierto que en muchos casos, en sus etapas iniciales, la obsesión puede combatirse hasta cierto grado. Pero si la persona no hace acopio de toda su fuerza y su concentración, tendrá que soportar este karma. En la obsesión, el espíritu está fuera del cuerpo y un espíritu impuro toma posesión del cuerpo. En un caso así, el acto del suicidio se atribuirá al espíritu que ha tomado posesión, y no al espíritu que para ese momento es impotente y mira con angustia sin poder remediar la situación. Entonces éste es un sufrimiento que ambos tienen que soportar, y que, de nuevo, es justo y para bien.

Con respecto a las consecuencias, muchas veces—y de nuevo les digo que no podemos generalizar, pues hay excepciones—, como algunos de ustedes lo han visto recientemente, la persona que se ha suicidado tendrá que revivir este acto durante el tiempo en que hubiera durado su vida natural, de acuerdo al plan, a menos que esta alma sea capaz de volverse a Dios, de pensar bien las cosas y de adoptar una actitud distinta en la que esté dispuesto a enfrentar y a cargar con los problemas que ha evitado. Si esto sucede, el procedimiento de antes, durante y después del suicidio, periodo que es sumamente doloroso, cesará, y el alma respectiva será guiada a una esfera donde tendrá la oportunidad de enfrentar los problemas que ha evitado, aunque de una manera más difícil de lo que hubiera sido posible en primer lugar. Creo que todos ustedes saben que uno de los principales factores del suicidio es la vergüenza. Es mucho más raro que una persona se suicide por dolor físico que por vergüenza. Aun si los motivos superficiales parecen ser diferentes, en la mayor parte de los casos el factor subyacente resultará ser la vergüenza. Y ¿qué es la vergüenza si no otra forma de orgullo? Uno tiene vergüenza de enfrentarse a otras personas con algo que le causa una profunda humillación. Desde luego, el motivo también es con frecuencia la falta de voluntad de cargar con las responsabilidades y el dolor de la vida. Y el motivo de la vergüenza pertenece también a esta categoría, pero el escape de la vida puede tener muchas facetas.

Fácilmente imaginarán que es muy raro que una persona que está atrapada en este proceso constante de suicidio, reviviéndolo una y otra vez, encuentre la fuerza para pensar en nada, y menos aun para efectuar un cambio en la actitud que lo llevó a cometer el acto en primer lugar, en cuyo momento hubiera sido mucho más fácil hacerlo que en esta horrible circunstancia. En un grado más pequeño, todos ustedes experimentan lo mismo en su vida cotidiana. Cuando las cosas van comparativamente bien, es más fácil que se vuelvan a Dios, que revalúen su propia actitud, que cuando están en medio de ciertos tipos de dolor y confusión. Por lo tanto, les digo que se preparen para estos tiempos de pruebas cuando no es tan difícil.

En un grado infinitamente mayor, el alma que ha cometido este acto experimenta lo que ustedes viven con tanta frecuencia: la incapacidad de pensar en nada en el momento. El suicidio produce un tremendo choque a todo el sistema nervioso de un ser. Este choque es tan grande que a la persona se le olvidan en el momento cosas que sabía muy bien cuando no estaba tan conmocionada. Simplemente no es dueña de todas sus facultades. Así que es muy raro que pueda escapar de este estado antes de que se cumpla su tiempo. Pero, en casos individuales, puede obrar la gracia de Dios. Tal vez un mérito pasado del alma, en una encarnación anterior, pueda usarse en circunstancias especiales para liberarla un poco antes de lo que sería posible de acuerdo con la ley. La intención era usar este mérito específico en una encarnación posterior, cuando hubiera sido benéfico. Y ahora puede usarse con el propósito de una liberación más rápida de este procedimiento, y el ser tendrá que acumular méritos nuevos a fin de gozar del beneficio que estaba planeado por este mérito específico para la encarnación en cuestión.

Tal vez esto les abra un panorama nuevo, amigos míos. Todos ustedes han adquirido muchos méritos en vidas anteriores o en ésta, de los que no siempre se benefician en la encarnación presente. Existen para ello razones buenas y sabias. Llegará el tiempo en que el uso de estos méritos significará más para ustedes. Del mismo modo, también puede ser cierto que no paguen ahora las consecuencias de ciertos deméritos que se han guardado para un periodo posterior. Sería demasiado difícil para ustedes ahora. Todo esto se determina con mucha sabiduría y bondad. Pero en lo que se refiere a los deméritos que posiblemente les esperen, tienen en esta vida la posibilidad de anularlos esforzándose el doble. Así puede ser con un alma que se ha suicidado, que se le permita aprovechar un mérito para liberarla de su experiencia un poco antes. En principio, puede ser liberada con cierta anticipación, en ciertos casos, pero eso nunca significa que no tenga que enfrentar y vivir exactamente lo que ha querido evitar. Todas las vergüenzas, humillaciones, soledades o lo que sea tienen que enfrentarse, y su causa debe hallarse en la propia personalidad y no fuera de ella, idea que llevó a este escape en primer lugar.

PREGUNTA: Dijo usted que un alma en estas circunstancias es conducida a una esfera donde tiene la oportunidad de aprender y vivir la experiencia. ¿Significa esto que en esas esferas existen tentaciones similares a las de la vida? Digamos que el alma ha robado o matado, y se suicida en un acto equivocado de arrepentimiento. ¿Significa eso que puede vivir esa experiencia otra vez en una esfera?

RESPUESTA: No, no puede ser tentada en una esfera de la manera en que lo es en la Tierra. Pero lo que puede experimentar en el más allá es enfrentar su acto equivocado. En una encarnación posterior en la Tierra será puesto a prueba en lo que se refiere al robo o al asesinato cometidos. Esa parte tendrá que aprenderla en esta esfera terrenal. Pero en una esfera puede hacer frente a su reacción equivocada para aprender el tipo correcto de arrepentimiento, así como pasar por la humillación y ciertas consecuencias. Por ejemplo, conocerá a otros, no los mismos que habría conocido en la Tierra, pero eso no importa. Podrían tener las mismas características que aquellos a los que trató de evitar en la Tierra; entonces pasará por circunstancias similares para pagar en algunas formas. Tendrá que estar a la altura de la circunstancia y aprender a reconocer una culpa y aceptar la humillación que se deriva de ella. Todo eso puede aprenderse en una esfera de purificación. Es cierto que tomará más tiempo que en la Tierra, pero es posible empezar allí y terminar en una encarnación posterior. Asimismo, en esta encarnación futura será conducido a circunstancias similares para que lo asalte la misma tentación que lo llevó al crimen. Pero esto ya no tiene nada que ver con el suicidio propiamente dicho, sino que atañe a un problema diferente.

PREGUNTA: En otras palabras, esta explicación da al traste con la teoría de Freud de la pulsión de vida y la pulsión de muerte.

RESPUESTA: Absolutamente.

PREGUNTA: ¿Es una enseñanza equivocada?

RESPUESTA: Sí, lo es. Me gustaría modificar una cosa. Esta enseñanza puede interpretarse de una manera ligeramente diferente que sí tiene sentido. Si traduces las palabras vida y muerte a su significado espiritual, hay verdad en ella porque sabes que en tu Ser Superior siempre está el impulso hacia la vida espiritual. Y ¿qué es la vida espiritual? Abstenerse de violar la ley espiritual. Y esto contiene una confirmación afirmativa de esta vida terrenal en la que se les dan las posibilidades de realizarse. La voluntad de Dios es que vivan su vida al máximo en el sentido espiritual. Este impulso se expresa también en el aferramiento a su vida física. Y la muerte espiritual está contenida en el Ser Inferior, que está atado magnética y mágicamente al mundo de la oscuridad que niega a Dios y sus leyes. En esta tendencia reside la negación de la vida, tanto la espiritual como la física. Cuando niegas las leyes de la vida que dictan que la enfrentes y te enfrentes a ti mismo, hay en esto un deseo de muerte como una especie de subproducto. Este deseo de muerte no siempre se manifiesta tan fuertemente para suicidarse. En un grado menor se encuentra en la negación de lo que esta vida les trae y les exige.

PREGUNTA: Me gustaría mucho saber qué le sucedió a un amigo mío que se suicidó.

RESPUESTA: Necesitaré un poco de tiempo para ver si puedo recibir la información ahora. Si no, tendré que pedirte que me repitas la pregunta la próxima vez, pero déjame ver. Necesito un poco de tiempo. Sí, se me ha transmitido una imagen. Hay en esta persona una distorsión psicológica que es muy complicada y poco usual. No me es posible entrar en este tema ahora, y no se me permitiría hacerlo. Divulgar todo esto iría en contra de la ley espiritual. Sólo puedo decir que en esta persona hay don tendencias muy contradictorias, y curiosamente, amigo mío, en el sentido del que acabo de hablar. Concretamente, hay una tendencia muy fuerte hacia la vida espiritual y una tendencia igualmente fuerte hacia la muerte espiritual. Ambas están muy desarrolladas. Existen lado a lado, por decirlo así. Hasta ese grado, éste no es un fenómeno muy común. Pero tuvo su origen en muchas encarnaciones anteriores. Sabiendo todo esto, se vuelve muy claro y comprensible lo que lo llevo al suicidio. Ahora tiene que pasar por lo que expliqué, y tanto más porque posee la comprensión espiritual.

La oración siempre ayuda. Es una luz que estos pobres e infelices espíritus—ya sea que se hayan suicidado o que sufran de otras maneras—sienten como una especie de alivio y esperanza. No digo que la oración cambiará la ley y la suerte por la que tienen que pasar. Simplemente tienen que pasar por ella, y ninguna oración puede cambiar eso. Pero la oración les lleva momentáneamente una luz que les da esperanza y alivio, y que puede incluso darles un poco de fuerza para pensar y encontrarse. Y por esta razón es muy bueno orar por las almas afligidas. A este respecto, les recuerdo que todas las religiones contienen verdades y errores. Ustedes saben que en la religión católica se practica comúnmente la oración para los espíritus difuntos e infelices. Y ahora verán el valor de esto. Realmente lleva ayuda y luz a las almas dolientes. Por otra parte, ustedes saben que las religiones protestantes han descartado completamente la oración por los llamados muertos. Esto también contiene una parte de verdad porque los alcanzó la comprensión de que la oración no puede cambiar lo que un alma ha sembrado y tiene que cosechar. Así que en este sentido también hay verdad en esta misma idea contraria. Esto puede hacerlos reflexionar en muchos otros temas también, en que las diferentes religiones dicen cosas contrastantes acerca de uno y el mismo asunto. Y la verdad puede encontrarse en ambas opiniones. No se puede salvar a un alma sólo rezando por ella, es cierto. Pero puede ayudar mucho.

Y ahora, amigos míos, los dejaré y me retiraré a mi mundo. Reciban las bendiciones de Dios para su cuerpo, su alma y su espíritu. Estén abiertos y receptivos a esta bendición, que es una realidad y no sólo una figura retórica. Vayan en paz, queden con Dios.

Dictada el 11 de julio de 1958.