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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 36. La Oración

Saludos en el nombre del Señor. Bendiciones para todos ustedes, amigos míos; bendita sea esta hora.

Buscar a Dios es la más gloriosa y gratificante de todas las actividades. Encontrar a Dios es forzosamente un proceso lento y gradual. Buscar y encontrar a Dios significa la liberación; significa liberarse de las cadenas interiores. A fin de encontrar a Dios, deben emprender, como decimos nosotros, “el camino”.

El “camino” no significa un sendero que ya existe para ustedes. Cuando deciden recorrerlo, todavía no hay camino, tienen que hacerlo. Son en realidad “exploradores” de una selva virgen que se abren camino a través de la maleza, poniendo un pie enfrente del otro en un proceso lento pero constante. En esta selva incesantemente crean formas del alma con sus pensamientos, sentimientos y acciones.

En el alma humana promedio existe esta selva. No es de ninguna manera mala o criminal. Está hecha solamente de confusión, error, falta de autoconocimiento, desviación de la ley divina: es ignorancia que crea una jungla a través de la cual tienen que abrirse paso para llegar a Dios, que es su meta final. Su obstinación interna y sus prejuicios crean conflictos en su alma, así como en su vida exterior. Éstos pueden verse como rocas y piedras, montañas altas que tienen que disolver. Tienen que abrirse camino a través de sus varios defectos, que aparecen en su alma como maleza rebelde y a menudo como plantas venenosas, en lugar de alejarse de ellas como lo hacían antes de decidir emprender este Pathwork. Y hay ríos que cruzar, aguas revueltas que domar y reencauzar. Estas son sus emociones incontroladas; incontroladas sólo porque no conocen su origen y su verdadero significado. Hay precipicios que salvar, amigos míos: sus miedos a la vida tal como se les presenta, sus miedos al dolor y a la decepción. Para dominar su vida tienen que dar un salto a lo desconocido; para perder sus miedos tienen que atravesarlos. No deben dar la espalda a sus precipicios autocreados, que no tendrían por qué existir para empezar si entendieran y aceptaran la vida tal como es. ¡Después de que den el “salto” verán que no había tal precipicio!

La selva de la que hablo no es tan sólo una analogía. Estas formas existen en realidad. Existen en la materia sutil. En el camino del Pathwork se abren paso a través de todas las dificultades que existen dentro de ustedes mismos. El camino no es fácil. Es un largo ascenso por la montaña, muy empinado a veces y a menudo envuelto en sombras, envuelto en la oscuridad. En otras ocasiones, cuando han obtenido una pequeña victoria, el Sol sale y descansan durante un rato; el paisaje se vuelve un poco más amigable y brillante. Entonces retoman el camino. A veces no pueden ver la meta durante un largo tiempo; saben cuál es, pero están lejos de la conciencia directa de ella.

Durante un tiempo muy prolongado al principio del camino, les parece que están dando vueltas en círculos, topándose siempre con el mismo paisaje, aparentemente sin moverse del sitio donde empezaron. Esto sería desalentador si no supieran que es una ilusión. En realidad están avanzando, y el círculo es lo que yo llamo “la espiral”. Esta es una experiencia inevitable en el Pathwork.

Todos sus defectos, sus errores, sus ignorancias y sus complejidades crean un gran círculo vicioso en su alma. Este círculo consta de defectos individuales que se afectan e interactúan entre sí y causan una reacción en cadena. Para romper este círculo vicioso, tienen que entender completamente sus defectos individuales que constituyen dicho círculo vicioso. Tienen que concentrarse en uno tras otro a fin de encontrar el eslabón de causa y efecto dentro de su círculo. El círculo entero no puede entenderse completamente si se le da la vuelta sólo una vez. Cuando terminan la primera vuelta, tienen que empezar otra vez. Cada vez que vuelven a empezar adquieren una comprensión un poco más profunda de los puntos individuales más destacados del círculo hasta que finalmente ven todo el círculo en su mente y entienden la interdependencia de todas sus cualidades negativas. Entonces dejarán de experimentar sus defectos como rasgos inconexos. Hasta que logren esta perspectiva tienen que repetir la vuelta muchas veces. Al principio esto les parecerá una repetición absurda que no va a ningún lado. ¡No es así! Sin atravesar esta parte importantísima del Pathwork no pueden ser libres y alcanzar la luz. Así, el círculo se convierte en una espiral que asciende muy gradualmente.

Algunos de ustedes podrían pensar que ya conocen sus defectos. Así será sólo en la medida en que hayan estado activos en su Pathwork. Tal vez conozcan algunos de sus defectos, pero hay otros que no han descubierto aún. Como he dicho antes, hay una enorme diferencia entre saber y saber. ¿Qué tan profundamente saben? ¿Hasta qué grado pueden conectar sus defectos con sus buenas cualidades? ¿Y sus defectos uno con otro? ¿Realmente pueden entender sus miedos, sus inseguridades y sus complejos desde el punto de vista de sus defectos en relación con su desviación de las leyes divinas? Hasta que alcancen esta comprensión, inevitablemente darán vueltas y más vueltas en su círculo vicioso específico.

Ahora ya saben que todos los defectos provienen del orgullo, el voluntarismo y el miedo. Es esencial que vean y sientan que todas y cada una de sus fallas se derivan de uno o de todos estos tres defectos básicos. Encuentren el denominador común. Esto no es fácil si quieren entenderlo emocionalmente. Para ello tendrán que repasar los defectos y sus conexiones paso a paso, una y otra vez; tienen que seguirle la pista al círculo vicioso hasta que lo capten tan bien que puedan romperlo en un punto. Cada vez que concluyan una vuelta y empiecen la siguiente, seguirán una espiral ascendente. Al principio la inclinación hacia arriba será tan leve que ni siquiera la notarán. Pero después sentirán claramente que cada vez que comienzan de nuevo obtienen una percepción más profunda de sus problemas, y ya no los desalentará la aparente inmovilidad.

Muy al principio no saben ni sienten que hay un círculo vicioso en ustedes. Experimentan tal confusión que ni siquiera saben por dónde empezar. Aunque conocen algunos de sus defectos y todos sus problemas exteriores, todavía no pueden conectar unos con otros. Esa es la parte más difícil al principio. Todo dentro de ustedes todavía está desorganizado. No saben por dónde empezar ni a qué aferrarse. En el momento en que enfocan la atención en una complejidad o problema, surgen otras cosas que aparentemente no tienen ninguna conexión, y ustedes se confunden. Sólo la autodisciplina y la perseverancia los llevarán al punto en que finalmente puedan ver el cuadro completo del círculo vicioso, cómo un defecto es causado por otro en una reacción en cadena. Cuando lleguen al punto de la claridad, estarán entrando en una fase muy importante. No deben desalentarse cuando al principio la desorganización sea tan grande que no sepan por dónde ni cómo empezar. Después de un tiempo ya no será todo como arena que se desliza entre los dedos. Tendrán algo definitivo a lo cual aferrarse, un cuadro claro de este ciclo.

El círculo vicioso consta de una multiplicidad de defectos de carácter que, en diversos puntos, se agrupan y les muestran problemas importantes que pueden encararse y trabajarse. Cuando progresen más, encontrarán un punto importante que es la clave de toda su personalidad y de todos sus problemas. Deben encontrar esa llave ustedes mismos, y deben hacerlo mediante su propio trabajo. Darles la respuesta no les haría ningún bien.

Las formas de las que hablo existen, amigos míos. Y nosotros, que estamos en espíritu, podemos verlas claramente. En el camino, las formas varían con cada individuo, pues no hay dos personas iguales o que tengan la misma manifestación exterior de los problemas interiores. Una variedad infinita de corrientes buenas y malas influyen unas en las otras.

Les prometí que les hablaría de la oración esta noche, porque es uno de los requisitos más esenciales para desarrollarse y avanzar en el Pathwork. Sin la oración—y sin poner sus intenciones en práctica—nada puede lograrse.

Ahora bien, ¿qué es la oración? Muchas personas no se preguntan nada acerca de ella; la dan por hecho. Muchos otros no entienden la oración. Dicen—a su propia manera y con cierta lógica—¿por qué debería Dios conceder a alguien ayuda o gracia simplemente como respuesta a la oración? ¿Por qué no la recibe alguien más que trabaja pero no ora? A primera vista este argumento parece lógico. Pero la sencilla verdad es que la persona que no reza jamás podrá actuar ni experimentar su realización como la persona que ha aprendido lo que es la oración apropiada y la practica. Trataré ahora de explicarles esto.

La gracia de Dios, la ayuda de Dios y la luz de Dios existen en todo el universo. Dios no decide darlas o negarlas, amigos míos. La experiencia del amor de Dios depende de lo receptivo que sea uno. Depende del individuo, en el cuerpo o como espíritu, derribar la pared que separa al Ser Inferior de la gracia de Dios, la fuerza de Dios, la misericordia de Dios, el amor de Dios y todos los demás atributos divinos. La oración es esencial para lograr este objetivo. “¿Cómo?”, podrían preguntar.

En primer lugar, la oración es el mejor ejercicio para aprender la concentración. Sin la capacidad de concentrarse no pueden lograr nada en la vida. Necesitan poder concentrarse cuando están en el camino del Pathwork. Existen muchos sistemas en su mundo que enseñan ejercicios de concentración específicos y separados. Sin embargo, mi consejo es que se combinen la oración y los ejercicios de concentración.

No hay mejor manera de aprender a concentrarse que la manera sistemática de orar. Al enfocar la atención en un objeto no aprenderán a concentrarse mejor que si lo hacen enfocándose en un tema para su oración. Pueden obtener simultáneamente el beneficio de la oración sin perder el tiempo concentrándose en cosas sin importancia. Cualquiera que esté en el Pathwork debe aprender a enfocar la atención en lo verdaderamente esencial. La concentración en un objeto no es esencial, pero puede ser mejor que nada, así que alguien que no crea en Dios puede por lo menos aprender a concentrarse.

La oración diaria es importante por la concentración y la disciplina que son prerrequisitos del proceso de purificación. ¿Cómo pueden estar en este camino del Pathwork si no se dan una disciplina necesaria y regular. ¿Cómo pueden estar en el camino si no pueden concentrarse en la corriente dominante de su vida, específicamente su desarrollo espiritual?

Aprenden a concentrarse cuando oran, por ejemplo, por sus seres queridos. Primero se involucran en el proceso mental de pensar en ellos; luego, a ese proceso mental incorporan sus sentimientos y las profundidades de su alma, sus deseos más profundos de que tengan la gracia de Dios. Deben practicar el mismo procedimiento cuando oren por sus enemigos. Aquí el proceso mental puede no ser tan difícil, pero unir los sentimientos con la buena voluntad puede ser una tarea más larga. Oren por los individuos a quienes conocen, así como por la Humanidad y todos los espíritus del universo en su conjunto. Oren por la paz, por la difusión de la verdad y el cumplimiento del Plan de Salvación. Oren por todas las criaturas ciegas que aún están en la oscuridad. Oren por el proceso de purificación de más y más individuos. Concéntrense en las formas de pensamiento de todo lo que han aprendido: la necesidad del autodesarrollo por medio del autorreconocimiento; el vencimiento del Ser Inferior; el reencauzamiento de las corrientes equivocadas y la consecución del amor, la hermandad, la humildad, y la unión y el desarrollo de todos los seres. Estos pensamientos crean formas claras, luminosas y buenas que definitivamente tendrán un efecto.

Por lo menos, esta actividad tan creativa les fortalecerá la mente. Desde luego, al principio divagarán. Les resultará difícil mantener y enfocar la atención, pero ese es el trabajo que ha de hacerse. Si no se permiten desanimarse por los inevitables obstáculos iniciales, con el tiempo, poco a poco, aprenderán a orar mejor. Cuando sus pensamientos se extravíen, vuelvan a empezar donde se quedaron sin reprocharse, con el mayor relajamiento mental y emocional posible. La oración es un adiestramiento que forma parte de su desarrollo.

Además de la concentración y la disciplina que la oración les ayuda a alcanzar, se benefician en el sentido de que su estado mental automáticamente será distinto del que tienen cuando no rezan. Esto ocurrirá en más de una manera. El simple hecho de que decidan dedicar cierto periodo de tiempo todos los días a la oración, haciendo un esfuerzo disciplinado por concentrarse en los demás y expresar deseos generosos, crea de por sí un cambio definitivo en el organismo de sus cuerpos sutiles, así como, más tarde, en su cuerpo físico.

La mayoría de las personas no son capaces de cultivar pensamientos compasivos y buenos a lo largo de su vida diaria. Si bien lo logran en la oración, fuera de ella recaen en los malos hábitos de sus almas errantes. El amor, las buenas intenciones y la buena voluntad generosa pueden expresarse en la oración, pero cuando no están rezando hacen esto sólo parte del tiempo. Cuando algo sale mal, la mayor parte de la gente es incapaz de sentir lo que sí puede sentir sinceramente cuando ora. Así que la importancia de la oración reside no sólo en que adiestran su capacidad de concentrarse y de disciplinarse; también aprenden a cultivar pensamientos que son incapaces de sentir sinceramente cuando no rezan. Es posible que en la oración les deseen honestamente el bien a quienes los han lastimado. Fuera de la oración, todavía no pueden hacerlo. Al principio, para algunas personas esto es difícil incluso en la oración, pero con el tiempo lo lograrán si lo intentan una y otra vez.

La oración tiene un maravilloso efecto limpiador en su alma. Desde luego, el objetivo último es que su vida entera se convierta en una oración. Pero para eso todavía falta mucho. Ninguno de mis amigos está lo suficientemente avanzado todavía para vivir en serio la oración. Cuando hayan llegado a ese punto, no tendrán que sentarse a cierta hora cada día y rezar, porque entonces emanarán una oración con cada respiro, con cada pensamiento que les cruce la mente; hasta sus pensamientos inconscientes serán una oración.

Ya sé que hay muchos personas, especialmente en estos días, que se obligan a tener pensamientos positivos. Pero yo no me refiero a eso. La oración debe venir del corazón, de los lugares más recónditos de la mente. Si las corrientes emocionales no son igual de armónicas que los pensamientos positivos, hay entonces un autoengaño que podría tener mayores repercusiones que si ustedes dijeran clara y sencillamente cuál es su postura en su propia mente. Para encontrar la verdad acerca de ustedes mismos—el abismo que existe entre sus pensamientos y sus sentimientos—es necesaria la oración.

Es vital que aprendan a enfocar la atención en ustedes mismos; no egoístamente, sino de manera constructiva. También deben enfocar la atención en sus problemas desde un punto de vista espiritual si quieren progresar en su Pathwork. En la oración automáticamente tenderán a verse a sí mismos, sus defectos, sus problemas y sus experiencias bajo una luz diferente de como lo hacen cuando están afectados por las influencias muchas veces no espirituales de su ambiente normal. Otro requisito es desarrollar una comprensión concisa de ustedes mismos y de sus problemas. Esto introduce un orden en su alma que no puede mantenerse sin sus esfuerzos incesantes. Entonces llegarán a darse cuenta, de una manera profunda, de que sus problemas externos no son más que la manifestación de sus fallas internas. No es fácil alcanzar esta comprensión. Sólo por medio de una expresión clara y concisa—por lo menos en las formas del pensamiento y en las afirmaciones claras—llegarán a este punto. ¿Cuántos de ustedes todavía separan sus problemas de sus defectos, aun cuando saben en teoría y en principio que existe una conexión? ¿Cuánto trabajo se necesita para hacer la conexión entre ambos elementos? Esa parte del trabajo también debe hacerse en la oración.

Si lo prefieren, pueden llamarla meditación. Es lo mismo. Por medio de la meditación se toman la molestia de aclarar y presentar sus problemas concisamente a Dios y a ustedes mismos. Deben saber que Dios desea que descubran la verdad dentro de ustedes mismos. Nadie puede encontrar respuestas y desarrollarse sin la oración diaria.

Por lo general sus pensamientos son desenfrenados. Se concentran, tal vez exageradamente, en un detalle insignificante, y dan demasiada importancia al efecto en vez de ir a la causa. Las personas muchas veces no destacan lo que es realmente importante a menos que estén orando. No quiero dar a entender que todos los que oran van al meollo del asunto. Hay muchas personas que rezan diariamente con oraciones preestablecidas, o tal vez inventadas por ellas mismas, pero sin hacer lo que es más esencial para su purificación. Sin embargo, cualquier persona que desee estar en este Pathwork a menudo encontrará la fuerza y el deseo de hacerlo cuando ore, con una conciencia directa del deber de obedecer la voluntad de Dios. De lo contrario, uno se siente tentado a seguir un patrón viejo de pensar y reaccionar, evitando los verdaderos problemas.

Otro elemento importante de la oración es que cualquiera que se acerque a Dios con el ánimo de rezar automáticamente tendrá una actitud más humilde. Incluso las personas que constantemente culpan a otros y al mundo, o al destino, o a Dios, de su infelicidad, cambiarán, por lo menos durante el tiempo de la oración, su manera de pensar y se volverán más humildes. Gradual pero seguramente, esta nueva actitud será suya en todo momento. Otros, que estén convencidos—aunque no sean conscientes de ello—de que el mundo entero gira alrededor de su ego, que son los seres más importantes, acabarán por pensar de una manera diferente al cultivar en la oración pensamientos que poco a poco afecten sus corrientes emocionales y toda su perspectiva de la vida. Las personas que sienten que su ego es el centro del mundo tienden a juzgar todo desde un punto de vista subjetivo. Estas personas—muchas de las cuales también manifiestan buena voluntad con respecto al autodesarrollo—tienen una imagen interna que las hace sentir que son las criaturas más exaltadas e importantes del universo. Incluso su idea de Dios está hecha a su medida para satisfacer sus necesidades personales y no purificadas. Hay muchos que son demasiado orgullosos para pedir un favor. Cuando oran tienen que aprender a hacer eso. Se despierta un tipo especial de humildad cuando uno pide y acepta un favor de alguien más poderoso. ¿Cuántos de ustedes se avergüenzan de hacerlo y sienten incluso orgullo de avergonzarse? En la oración aprenderán a ser humildes; es otra medicina para su alma, otra limpieza.

La oración ayuda a adelgazar la pared que existe entre ustedes y las fuerzas divinas que quieren fluir a su alma. Tienen que volver posible esta afluencia por medio de sus propios esfuerzos. Así como sus reacciones y pensamientos negativos crean formas de confusión, así también los pensamientos y los sentimientos que cultivan en la oración crean formas buenas, claras y armoniosas. Estas formas les ayudarán con el tiempo a cambiar sus actitudes internas y a menudo inconscientes arraigadas en el orgullo, el voluntarismo, el miedo y el error. Los equiparán para ser los exploradores de su propia jungla y páramo.

Así pues, amigos míos, no me digan: “Amo a Dios y trato de ser una buena persona; no necesito orar a menos que me sienta particularmente inspirado”. Esto es un error craso. Cuanto más desarrollados están, más se espera de ustedes y mayor es su deber de superar lo que les resulta más difícil. Dios no les facilitará la práctica de esta disciplina diaria enviándoles la necesaria inspiración y el “estado de ánimo” propicio. Ustedes tienen que aprender a vencer las dificultades para volver instintivo este proceso diario de limpieza. ¡Cuanto más difícil es reunir la disciplina necesaria para practicar la oración diaria, más la necesitan! Es un hecho que cualquier cosa que descuiden en su Pathwork, cualquier manera en que se desvíen de su plan de vida, creará nuevas repercusiones en su existencia.

La persona que ya ha hecho de la oración una disciplina diaria debe tener cuidado de un extremo opuesto: el extremo de la rutina. Esta última siempre tiende a convertirse en la trampa de muchas cosas buenas. Una de las dificultades de experimentar la perfección de la armonía divina es encontrar el justo medio en todo y resistir los extremos que siempre son tentaciones. Tienen que encontrar un equilibrio apropiado.

Cuando digo rutina me refiero a que recen y recen por las mismas cosas, y el acto mismo les dé cierta satisfacción, como de un deber cumplido. Mientras les cueste trabajo lograr la disciplina diaria, tienen que luchar por alcanzarla. Una vez que oren como acto reflejo, no dejen de hacerlo, sino que vigilen que su oración siga siendo algo vivo. Sean cautelosos de no sólo decir palabras que también se hayan convertido en un hábito, y que, aunque sean palabras buenas como tales, ya no tengan para ustedes la misma fuerza que tenían cuando eran nuevas.

Además, oren de acuerdo con sus necesidades diarias. Ya saben que no se quedan siempre en el mismo punto, sobre todo cuando están en el Pathwork. Sus fases cambian a medida que se mueven alrededor de su ciclo vicioso personal. Y la vida les traerá retos y experiencias—grandes o pequeños—de acuerdo con sus necesidades presentes de desarrollo. Así, pues, se manifestarán diferentes problemas en diferentes momentos. Sean vigilantes y adapten su oración a sus circunstancias para que sea siempre nueva y viva. A su vez, al transcurrir el tiempo, los diversos puntos de su círculo vicioso irán apareciendo. Cada punto puede surgir a la superficie durante cierto periodo: unas semanas o incluso unos meses a la vez. No pueden concentrarse con igual fuerza en todos los puntos de su círculo, pero llegará la fase en la que puedan centralizar algunos temas importantes del círculo vicioso. En ocasiones, cuando hagan un reconocimiento importante, pueden practicar la concentración en el cuadro general.

Para ajustar su oración a las fases de su desarrollo, necesitan estar vigilantes y reconocer que los eventos diarios de su vida y sus reacciones a ellos se relacionan con su círculo vicioso interno. De esta manera pueden resistir la tentación de hacer de su oración una rutina. Entonces permanecerá viva, siempre cambiante de acuerdo con su Pathwork en transformación. Gradualmente serán capaces de concentrarse más en lo que se necesita cada día y no se dispersarán. Con el fin de no descuidar las muchas cosas por las que oran que no tienen nada que ver con ustedes directamente, podrían tratar de tener presentes ciertos puntos destacados que desean recordar, pero aquí también cuiden de conservar vivos sus sentimientos. Escuchen la fortaleza de sus sentimientos. Lleven sus necesidades diarias—no las necesidades materiales—a su oración y consideren todo lo que pasa desde el punto de vista del desarrollo espiritual, y pidan a Dios ayuda y comprensión. Tal vez tengan que luchar por obtener esta comprensión. Así que es necesario que plasmen entonces en su inconsciente estas nuevas percepciones, creando la forma de pensamiento desde diversos ángulos. Pregunten a Dios todos los días qué tienen que aprender. Pídanle Su ayuda. Esto quedará gradualmente impreso en su mente inconsciente para que pueda formarse una buena huella dentro de ustedes. Este proceso equivale a instruir a su inconsciente. Les hace tener presente con mucha claridad cuál es su meta inmediata; la meta que pueden ver ahora. También les dará un conocimiento más preciso de cuánto siguen desviándose de la meta cuando se observen en su revisión diaria.

Si los que trabajan de esta manera en el Pathwork gradualmente disuelven la pared divisoria que rodea el alma, entonces la fuerza y la ayuda divinas necesariamente fluirán a ustedes. Pero tienen que hacerlo ustedes primero, queridos míos.

PREGUNTA: ¿No es la oración también una confirmación de la fe en Dios?

RESPUESTA: Desde luego que sí. Eso es parte de lo que he estado diciendo, aunque no le expresé de la misma manera.

PREGUNTA: ¿Podría darnos tres o cuatro puntos principales de lo que debería ser parte de la oración de todos los días?

RESPUESTA: La propagación de la verdad entre la Humanidad. Rezar por las almas infelices y los seres humanos en general. Orar por los seres queridos, lo cual es fácil. Sus oraciones también deben ser por aquellos a quienes no quieren. Cuanto menos los quieran, más deben orar por ellos. Luego traten de observar sus sentimientos cuando les deseen felicidad. No se engañen. Díganse: “Una parte de mí desea esto; otra parte todavía lucha contra los buenos deseos para ciertas personas”. De esta manera, no vivirán una mentira. Inténtenlo y pidan a Dios que les ayude a sentir en su interior un amor de todo corazón por todos, por lo menos mientras rezan.

Todo el mundo debe orar por la paz, por el amor, por la hermandad, por la justicia, por la difusión de la ley divina. Pero sólo pueden contribuir a la paz y la hermandad si cultivan estas cualidades dentro de ustedes. Mientras existan en ustedes el odio, el resentimiento y la intolerancia, contribuyen a lo opuesto de todo aquello por lo que rezan. El darse cuenta de que son parte del universo y de que pueden fomentar o entorpecer la verdad divina, la paz y el amor, los hará sentirse más responsables, y su oración por todos estos valores supremos no se divorciará tanto ya de su propio desarrollo ni de su sentido de participación con todas las demás criaturas que existen.

El voluntarismo, el orgullo y el miedo inherentes a todos los seres humanos dará paso a la humildad, el amor y la voluntad de que se cumpla la voluntad de Dios en todos los sentidos. Pero no sólo recen por esto en general; traten de observar en ustedes exactamente cuándo y dónde reaccionan, piensan y sienten de manera diferente de lo que agrada a Dios.

Oren para descubrir específicamente cuáles son sus temores. Y una vez que esta oración haya sido respondida, recen para poder superar sus miedos mediante la aceptación de lo que temen, siempre que sea la voluntad de Dios para ustedes y sea algo bueno para su desarrollo y su crecimiento espiritual. Oren para tener la capacidad de abrazar el dolor así como la felicidad. Recen para que no amen tanto su ego que rehúyan el agente sanador de un dolor ocasional. Oren para tener el valor de aceptar el dolor de la manera correcta. Luego, en el sentido último, el dolor debe ser uno con la felicidad. Cuando alcancen cierto punto en su camino a Dios, ya no conocerán la diferencia entre el dolor y el placer. El dolor será felicidad y la felicidad será un dolor gozoso. Todo es uno a final de cuentas.

Me doy cuenta, amigos míos, de que éstas son meras palabras en este momento; tal vez incluso palabras peligrosas para algunos de ustedes. No deben tratar de forzar el estado de ser que les describo aquí. No pueden forzarlo. Todo puede pervertirse, especialmente cuando se le fuerza. Así que tengan cuidado de no asumir por la fuerza los estados que les describo aquí. Simplemente continúen en su camino, paso a paso, y todos los días lograrán algo. Y eso es bueno. No se apresuren. Los resultados surgen orgánicamente de las necesidades y los esfuerzos inmediatos. Si oran por todo esto y, además, introducen sus problemas personales siempre cambiantes en el tejido mismo de su oración, cosecharán los frutos.

PREGUNTA: Hay algunas teorías que dicen que a fin de conseguir la disciplina de la oración diaria, uno debe apartar para ella la misma hora todos los días. Creo que esto conduce a la rutina contra la cual usted nos advirtió. ¿Dónde está la razón?

RESPUESTA: No se puede generalizar. Para algunas personas es correcto hacerlo de una manera; para otras, de un modo distinto. Si una persona sigue teniendo dificultades para dominar una disciplina, entonces la misma hora y el mismo lugar todos los días puede ser de utilidad. También hay casos en que una disciplina puede desarrollarse igualmente bien o mejor si uno no se obliga con pedantería. Esto depende del estilo de vida de una persona o de su carácter; en suma, de muchas circunstancias. No se puede establecer una regla.

PREGUNTA: Pero empezar el día con una oración da dirección espiritual a la jornada; y, de nuevo, la noche debería ser un momento idóneo para ponerse en paz, ¿no es cierto?

RESPUESTA: Sí, yo diría que todas las personas pueden dedicar al menos dos o tres minutos a la oración cuando se levantan y cuando se acuestan. Pero esas no necesariamente deben ser las horas. Para algunas personas puede ser mejor otra hora del día, pero de todos modos deben levantarse y retirarse a descansar en Dios y con Dios. Esto no debe tomar más de unos cuantos minutos y debe hacerse además de la oración larga, que tomará por lo menos media hora.

Lo importante para la oración larga es que sepan que tienen suficiente tiempo y que nadie los va a molestar, para que puedan estar completamente relajados. Cuándo debe ser esa hora es algo que cada persona debe determinar. Existe un ritmo individual para todos.

PREGUNTA: Ya que estamos empezando con el Gita, me gustaría detenerme un momento en lo que usted dijo con respecto al dolor y el placer. ¿Se refería usted a lo que hay más allá de los pares de opuestos?

RESPUESTA: Sí, exactamente.

PREGUNTA: La última vez dijo usted que la primera pregunta que debía hacerse esta noche era la que se refiere a la hiperactividad del alma.

RESPUESTA: Todos ustedes saben, por mis conferencias anteriores, que hay corrientes activas y pasivas básicas en el alma humana, en todo el universo. Y he explicado que la desarmonía en el alma humana se debe en gran medida al hecho de que muchas corrientes que deben ser activas son pasivas, y viceversa. Ahora bien, ¿cuáles son estas corrientes activas incorrectas? Las corrientes activas que no deben ser activas proceden del voluntarismo. Éste no siempre significa querer algo malo o perverso. Ninguno de mis amigos que están aquí desearía conscientemente algo incorrecto, malo o dañino para alguien. Pero donde siempre se manifiesta su voluntarismo—y hablo aquí de una manera general—es, por ejemplo, en el hecho de que no pueden aceptar las imperfecciones del mundo que los rodea, y ni siquiera las de ustedes mismos.

De una manera que es incorrecta, no aceptan su naturaleza inferior. Su voluntarismo dice:”Quiero que las cosas sean distintas. No debe existir la injusticia. Esta persona está equivocada y esto no debe ser. No lo acepto”. Existe una diferencia muy sutil pero definitiva entre saber lo que está mal y, con toda humildad, aceptar el mundo en el que Dios los puso. En teoría, todos ustedes saben eso, pero no lo aplican en la práctica. Cada uno de mis queridos amigos tiene momentos en que se rebela contra el hecho de que esta vida es imperfecta. No se les ocurre tampoco la idea de que es bueno para ustedes que se les haya colocado en medio de una imperfección que muchas veces es similar y muchas veces diferente de la suya propia. Tampoco se les ocurre la idea de que en realidad se están peleando con Dios cuando se rebelan contra las situaciones en las que están. Sus corrientes hiperactivas gradualmemente encontrarán su cauce en los canales destinados a ellas cuando aprendan a aceptar con humildad el mundo tal como es y cuando permitan emocionalmente a otras personas estar equivocadas. De hecho, no pueden cambiar estas cosas, pero en sus emociones constantemente se resisten a ellas.

Cuando digo que deben dar permiso a otras personas de cometer sus propios errores, no me refiero a los casos en los que deben alzarse y tal vez defender a un hermano o hermana más débil. Este tipo de permiso significaría el extremo opuesto equivocado de ser pasivo cuando debe existir la actividad. Cuándo es correcto un caso e incorrecto otro no puede establecerse mediante reglas fijas. Todos los casos difieren, y sólo por medio de sus propios esfuerzos de autodesarrollo encontrarán la verdad en cada caso dado. Es significativo que las mismas personas que son activas cuando deben ser pasivas, lo que significa que luchan emocionalmente contra aquello que deben aceptar, carecen del valor para alzarse y prohibir que la naturaleza inferior de otra persona se aproveche de quienes la rodean.

Así que cuando hablo de que debe cesar la lucha contra la aceptación, me refiero a los casos en que deben aceptar aquello que no tienen ni el poder ni el derecho de cambiar. El conflicto se intensifica por el hecho de que afuera no pueden hacer nada porque su sentido común les dice que no es posible, mientras que por dentro se retuercen y se rebelan. Esta rebelión es una hiperactividad. Éste es el ejemplo más común y frecuente de hiperactividad, y puedo decir con toda seguridad que todos los demás casos de hiperactividad se derivan de este tema principal. Este desperdicio de fuerza—ya que todas las actividades necesitan fuerza—disminuye la que tienen en los casos en que deben ser activos. Si son activos cuándo y dónde deben serlo, jamás agotarán sus recursos de fuerza interior, sino sólo si son activos cuando no deben serlo. Por ejemplo, necesitan fuerza para amar, para tener valor y así por el estilo. Pero si su fuerza es desperdiciada por sus corrientes equivocadas, no queda suficiente para usarla dónde y cuándo deben tenerla y necesitarla, y por lo tanto su alma se desordena. Sabiendo todo esto, podrán empezar a reordenar sus corrientes equivocadas. Vean sus sentimientos interiores de presión y rebeldía. Analícenlos desde este punto de vista y entenderán mejor su significado. Cuanto más lo entiendan, más podrán cambiar estas corrientes. La presión que las personas sienten dentro de ellas se debe, en muchos casos, a su incapacidad de aceptar lo que deben aceptar o, dicho de otro modo, a una hiperactividad del alma. ¿Queda claro?

PREGUNTA: ¿Cuál es el significado psicológico y espiritual del deseo de muerte?

RESPUESTA: El significado espiritual es el deseo del Ser Inferior de rechazar la vida en el sentido espiritual. La vida en el sentido espiritual significa la lucha, el esfuerzo y todos los muchos requisitos necesarios para salir de la oscuridad o de la muerte espiritual. Alcanzar la luz y la libertad, alcanzar la luz eterna no puede lograrse sin la lucha que ha de darse en el camino. Sólo pueden hacerlo mediante sus propios esfuerzos. Nadie puede ni quiere hacerlo por ustedes. ¡Dios no va a hacerlo por ustedes! Les ayudará si tienen el deseo sincero de hacerlo. Si no quieren rehuir o aplazar este trabajo, les brindará una incalculable ayuda. Pero no lo hará por ustedes. ¡Eso no puede ser! Su aplazamiento, su desidia, su pensamiento fantasioso de que, después de todo, podría no ser necesario este esfuerzo, son, todos ellos, síntomas del deseo de muerte que surge de la pereza del alma.

El sentimiento oculto de que esto es innecesario y de que las circunstancias después de la muerte son quizás muy diferentes constituye el deseo de muerte. Porque si lo que desean en esa parte de su naturaleza fuera cierto, no habría dicha, ni luz, ni vida eternas, amigos míos. Desean la muerte, desde luego, porque no quieren hacer el trabajo ustedes mismos. Si el trabajo pudiera hacerse sin la intervención de ustedes, no tendrían este deseo de muerte. Un ateo es el ejemplo más típico y más fuerte de una persona que tiene el deseo de muerte. ¿Por qué se aferra obstinadamente el ateo a su tipo particular de superstición, que consiste en afirmar que no hay nada después de la muerte? Los ateos dicen que la persona religiosa es fantasiosa, soñadora e idealista. Y yo sostengo lo contrario, amigos míos. El ateo es el fantasioso. Espera que cuando muera todo se haya acabado y tenga una inconsciencia y un sueño eternos, y que no se le pidan cuentas de nada. ¡Esa es la forma más fuerte de pensamiento fantasioso! Y todos los ateos deberían pensar en ello de esta manera. Y siempre que mis amigos tienen dudas recurrentes, es su deseo de muerte el que habla y los hace concebir la fantasía de que tal vez no sea necesario que venzan sus propios obstáculos internos. Que el deseo de muerte se haya interpretado de manera diferente en diversas escuelas psicológicas de pensamiento es algo que no trataremos aquí, pero, básicamente, el deseo de muerte es lo que acabo de decir.

PREGUNTA: Y luego me gustaría saber por qué la mayoría de las personas le tiene miedo a la muerte. No puede ser solamente el temor a lo desconocido. ¿Hay algo más?

RESPUESTA: La persona que no está logrando lo máximo de que es capaz según su plan personal tendrá miedo de regresar al mundo espiritual. Inconscientemente sabe esto, pero el sentimiento no puede aflorar con las razones verdaderas, sino que sólo se manifiesta como un miedo general a la muerte. Todos los que no están haciendo todo lo que pueden tendrán pavor del momento en que tengan que revisar su vida y ver que tienen que venir otra vez por las mismas razones y enfrentarse a las mismas dificultades, y quizás a otras peores. Una persona que realmente está dando su 100 por ciento no temerá la muerte. ¿Lo entiendes?

PREGUNTA: En la medida en que el miedo es lo opuesto del amor y la mayoría de las personas tienen miedo de morir, ¿no demuestra eso que la mayor parte de la gente no sabe lo que es el amor?

RESPUESTA: ¡Naturalmente! Lo digo una y otra vez. La consecución del amor específicamente, así como la consecución de la perfección generalmente, es algo que se produce en etapas lentas. Llegan a ello por etapas graduales y no de un día para el otro. Por lo tanto, el grado de la capacidad de amar varía con cada individuo. Cuanta más capacidad de amar tiene una persona, menos miedo deberá tener, aun cuando algunos temores no parezcan estar directamente conectados con su falta de amor. Asimismo, cuanto más fuerte es el ego, menor es la capacidad de amar, y por lo tanto más presente está el miedo.

PREGUNTA: ¿No es el miedo a la muerte en un sentido físico/psicológico también algo que se nos da a fin de preservar nuestra vida? ¿El instinto de vida?

RESPUESTA: Sí. Eso es muy cierto hasta cierto grado. Digámoslo así: Para la persona que no ha avanzado tanto en su desarrollo espiritual para entender lo que ustedes están aprendiendo, para saber lo que saben, este instinto de vida es un factor esencial. Para ustedes, eso ya no es necesario, al menos no en general. Pero incluso para ustedes, este instinto puede ser importante cuando pasan por momentos de gran crisis, cuando todos los conocimientos se paralizan. Pero en general, ustedes saben qué es qué, y ya no le tienen miedo a la muerte a fin de aferrarse a su vida. Así que aquí es una cuestión de desarrollo. Un niño en el sentido real así como en el sentido espiritual necesita este miedo a la muerte como instinto de conservación. Pero conforme el individuo madura, este instinto gradualmente se encauza en un canal diferente.

PREGUNTA: ¿Esto es similar al miedo objetivo?

RESPUESTA: Sí, exactamente.

PREGUNTA: ¿Puedo hacer una pregunta relacionada con la enfermedad mental? ¿Cuáles son los antecedentes espirituales de la esquizofrenia?

RESPUESTA: Existen tantas posibilidades que no podría dar una sola respuesta. Hasta donde esto puede generalizarse, puedo decir lo siguiente: Un caso extremo del muro divisorio causará esta enfermedad, una incapacidad extrema de amar, un egocentrismo extremo. Ese sería, hablando en términos amplios, el origen de cualquier enfermedad mental.

PREGUNTA: ¿En otras palabras, una separación completa entre el Ser Superior y el Ser Inferior?

RESPUESTA: Sí, pero no sólo entre el Ser Superior y el Ser Inferior, sino también entre el ser y los demás, y entre el ser y la realidad.

PREGUNTA: ¿Una falta completa de amor, entonces?

RESPUESTA: Sí.

PREGUNTA: La mayoría de las personas que aman inmensamente la vida tienen más miedo de morir que aquellos que no aman la vida. ¿Cómo puede ser?

RESPUESTA: No, eso es un error. No es cierto en absoluto. Las personas que viven en el sentido real jamás tendrán miedo a la muerte, pero las que aman la vida en el sentido equivocado sí lo tendrán. Siempre digo que todo depende del cómo. En este caso, ¿cómo ama la vida la persona?

PREGUNTA: ¿Es la diferencia entre la vida infinita y la vida finita?

RESPUESTA: Sí.

PREGUNTA: ¿Es amar la vida en el sentido de querer tenerlo todo dentro de un lapso breve?

RESPUESTA: Exactamente. Ese es el tipo incorrecto de amor a la vida.

PREGUNTA: Usted habló sobre las bendiciones en la última conferencia. Me pareció muy interesante lo que dijo, pero hubo algo que no entendí muy bien. Hay cierto grado de bendición que recibimos cuando usted nos la da aquí en persona. ¿Cómo se compara eso con las bendiciones que nos da cuando después las escuchamos en nuestras cintas grabadas, y no estamos en su presencia, o cuando leemos las bendiciones impresas?

RESPUESTA: El principio es el mismo que esbocé al hablar de la oración. La bendición siempre está aquí, y depende de su capacidad para recibirla. En teoría, sería igualmente fácil recibir una bendición por radio, en un libro o de cualquier otra manera a larga distancia. Pero la verdad es que es mucho más probable que no sean receptivos sin ciertos estimulantes. En la belleza de la naturaleza o cuando escuchan música hermosa o después de una conferencia como ésta, su corazón y su alma estarán receptivos y abiertos, y la bendición que puedo dar o traer puede fluir a ustedes. Ustedes saben que no hay distancia en el espíritu, así como no hay tiempo, así que la distancia no importa. Nuestros amigos de Suiza, por ejemplo, podrían recibir en este mismo instante estas bendiciones al igual que ustedes, con la condición de que estén tan abiertos a ellas como ustedes. Eso es lo importante.

PREGUNTA: ¿Es cuestión de sintonizarse?

RESPUESTA: Exactamente.

Queridos míos, me retiraré otra vez a mi mundo, y quiero decirles a cada uno de ustedes que hasta su esfuerzo más pequeño es reconocido. No crean ni por un momento que si un buen pensamiento o el cumplimiento de una buena intención suya no es vista por sus congéneres, ello significa que se pierde. Digo esto a algunos de mis amigos. Por el contrario, Dios lo sabe, Dios lo ve, y los frutos de esa acción llegarán sin duda, aun más si nadie salvo ustedes lo sabe. Y de este modo, queridos míos, reciban este fuerte rayo de amor que llega a cada uno de ustedes, tanto a los que están aquí como a los que están lejos. ¡Lleven este amor a su corazón, vayan en paz, vayan con Dios!

Dictada el 12 de septiembre de 1958.