J

Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 43. Tres tipos básicos de personalidad: razón, voluntad, emoción

Saludos en el nombre del Señor. Les traigo bendiciones, mis muy queridos amigos. Bendiciones para todos.

Queridos míos, vemos con gran alegría que muchos de ustedes están progresando muy bien en el camino que han escogido, y que algunos más han entrado en este camino de liberación. Cada alma que toma una decisión tan vital crea regocijo en el mundo espiritual, regocijo que ustedes también deben sentir tarde o temprano en su propio corazón, aunque sea sólo después de haber superado los primeros obstáculos y resistencias. Pueden estar seguros de que su decisión final de recorrer este camino de autodesarrollo, así como cada victoria en él, crea una bendición especial para ustedes. Lo sientan o no en el momento, esta bendición es una realidad.

Muchos de mis amigos han orado pidiendo ayuda y fortaleza en este camino, pero la mayoría de ustedes no reconoce cuándo se da respuesta a su oración. La oración suele responderse en una forma que les parece desagradable: un conflicto, una fricción o algo que los induce a sentirse injustamente tratados. No se dan cuenta de que el evento mismo que les provoca un dolor temporal es una respuesta a su propia oración; la oración en la que piden ayuda para reconocerse a sí mismos y sus conflictos para que puedan purificarse.

¿Cómo pueden reconocer su conflicto interno a menos que se manifieste afuera? Sólo entonces pueden darse cuenta de la parte oculta de ustedes que los desvía de la ley divina. Como la desviación es negativa, necesariamente se materializa como algo que sienten de una manera inarmónica. Muchas veces pasan por alto esta sencilla lógica, y constantemente consideran las fricciones de su vida como si no tuvieran nada que ver con ustedes. Así que les ruego, mis queridos amigos, que consideren los conflictos externos que les llegan como respuestas a su oración. Tomen la actitud contraria. En vez de volverse desafiantes y sentirse heridos, volteen hacia dentro, no importa lo equivocados que crean que están los demás. Pregúntense y pregunten a Dios: “¿No hay un grano de verdad en algún lugar de este doloroso conflicto? Si lo reconozco, seguiré aprendiendo y desarrollándome”. Debe llegar a ustedes un tesoro de reconocimiento adicional que cancele toda la desarmonía, todo el sentimiento de injusticia o tristeza, toda rebeldía o infelicidad. Sólo vuelvan su atención a sus propias reacciones internas, amigos míos, cuando se sientan injustamente tratados o lastimados, y verán que su oración ha sido respondida. Cuando vean su error interno, toda la fricción entre ustedes y sus hermanos y hermanas desaparecerá como la nieve en el sol. Podrán unirse con amor y comprensión.

Nosotros en el mundo espiritual oramos para que esta comprensión y amor se les dé a ustedes, nuestros hermanos y hermanas en el cuerpo, que son lo suficientemente valientes para hacer lo único que importa: volverse hacia dentro para reconocerse y purificarse. No existe ninguna otra razón para la vida en la Tierra que seguir el camino que han elegido. Cuanto más entusiastamente lo hagan, cuando más sinceramente demuestren su buena voluntad, más entenderán que no han vivido su vida en vano. Nunca es demasiado tarde para empezar.

Muchos de ustedes están llenos del deseo sincero de unirse a Dios, pero antes de que puedan hacerlo, deben encontrar las muchas oportunidades pequeñas de unirse con sus congéneres, de practicar la humildad y el amor dejando fuera su orgullo y su ego, y demostrando que sus intenciones son serias. Sólo aquí y ahora, donde se encuentran en este momento, pueden encontrar a Dios.

Y ahora, mis queridos amigos, seguiremos explorando las conclusiones internas equivocadas que han creado tantas dificultades en su vida.

Hay tres tipos básicos de personalidad humana. El primer tipo gobierna su vida y reacciona principalmente con la razón. El segundo tipo hace lo mismo con la emoción, y el tercero lo hace con la voluntad. En otras palabras, los tres tipos de personalidad están dominados por la razón, por la emoción y por la voluntad. En su autobúsqueda les será útil descubrir qué tipo son. Una personalidad nunca es unilateral; todas las personas son una mezcla de tipos, pero uno predomina siempre. En algunos casos, el predominio es obvio; en otros, la mezcla es más complicada, y por lo tanto el tipo predominante es más difícil de detectar.

En la personalidad ideal, cada uno de los tres aspectos tiene un lugar legítimo. La persona armoniosa funciona con cada aspecto de manera perfecta. Sin embargo, como no hay un ser humano completamente purificado, las tres tendencias suelen encauzarse en los canales equivocados, aparte del desequilibrio o el predominio. Por ejemplo, donde debe prevalecer la razón prevalecen las emociones, o viceversa.

Cuando en su trabajo interno penetren en su alma, en sus imágenes, en sus conclusiones equivocadas, en las capas de sus errores y en cualquier cosa con la que se topen, este enfoque les dará una mayor comprensión de quiénes son, qué son y cómo son en realidad.

Empecemos con el tipo razón, la personalidad gobernada predominantemente por la razón. Quienes rigen su vida principalmente por medio del proceso de razonamiento tienden a descuidar las emociones. Tienen miedo de las emociones. Las frustran y las paralizan, y al hacerlo paralizan uno de los instrumentos más importantes de la vida: la intuición. Los que tienen miedo de la emoción no pueden confiar en su intuición, porque ésta está borrada por el miedo que le tienen, porque desconfían de su supuesta intangibilidad. El tipo razón secretamente mira con desprecio al tipo emoción. Se siente orgulloso de estar tan inmerso en el proceso de razonamiento. Y la voluntad, que no es necesariamente voluntarismo, se usa, en este tipo, principalmente para seguir deducciones hechas con el proceso de razonamiento, sin prestar atención casi nunca a las emociones o intuiciones, a las que también hay que atender.

La persona de razón suele ser un intelectual, tal vez un científico. Casi siempre es agnóstico o incluso ateo, y tiende a ser materialista. No obstante, sería una burda generalización decir que todos, o la mayoría, de los tipos razón están menos desarrollados o despiertos espiritualmente que, por ejemplo, los tipos emoción. No es así. Hay muchos tipos razón sumamente desarrollados y espiritualmente despiertos, así como hay tipos emoción despiertos. Sólo difieren en el enfoque.

Al tipo razón le resulta más difícil experimentar lo divino dentro de sí. El tipo emoción se topa con otras dificultades. Además, al tipo razón le cuesta mucho trabajo el juicio intuitivo de otros y de sí mismo. Ambos tipos usan unilateralmente la voluntad, que es una necesidad en la vida para todos. El tipo razón usa la voluntad premeditadamente, muchas veces con exceso de cautela, mientras que el tipo emoción se deja llevar por las emociones y usa la fuerza de voluntad inconsciente y erráticamente, dependiendo de la situación. La voluntad debe ser un sirviente tanto de la razón como de la emoción.

Les resultará fácil a ustedes ver que el tipo razón va por la vida perdiéndose mucha experiencia, principalmente por miedo y orgullo. Este tipo teme que la emoción lo lleve a una experiencia que no pueda manejar. La vida emocional necesariamente acarrea incertidumbre y riesgo, mientras que el tipo racional trata de tener todo muy ordenado, “sabe” en todo momento dónde está parado y evita las emociones, que pueden dejarlo a la deriva.

El tipo emoción es igualmente unilateral. Las personas predominantemente emocionales suelen enorgullecerse de que sólo ellas son capaces de sentir realmente. Secretamente desdeñan a las personas a las que despectivamente tachan de “intelectuales”. Sin embargo, el extremo de este tipo no está ni un ápice menos alejado de la armonía y la ley divina que el tipo razón extremo. Es cierto que el tipo emoción suele tener buena intuición y a veces tiene menos miedo de los sentimientos y la experiencia interna que el tipo razón. Sin embargo, al revés del tipo razón, que sostiene demasiado tensamente las riendas de la vida, el tipo emoción suele perder por completo el control de ésta. La persona exageradamente emocional pierde de vista el hecho de que la razón también es un don de Dios. Estas personas son tan arrogantes como el tipo razón que mira con desdén al tipo emoción. Suelen dejarse llevar tanto por sus sentimientos incontrolados que no sólo pierden el control de ellos mismos, sino que se ciegan a lo que muchas veces es lo más importante para su vida y su desarrollo. Debido a su excesivo énfasis en el lado emocional, descuidan las funciones igualmente importantes de pensar, discriminar, seleccionar y pesar. Deben aprender a usar el intelecto para contener las emociones desenfrenadas que, sin necesariamente ser impuras, fluyen sin propósito ni dirección. Sólo entonces podrán usar la voluntad apropiadamente.

Las emociones incontroladas causan estragos en la vida de la persona exageradamente emoción, así como en su ambiente. La tentación de ceder a las emociones es manejable al principio, pero cuanto más tiempo cede uno a ellas, más difícil es resistir la tentación, hasta que uno se deja simplemente llevar por el torrente de emociones incontroladas que destruyen todo a su paso. Una persona así no puede evitar ser egoísta y destructiva, aunque este tipo de egoísmo es diferente del egoísmo de la personalidad del tipo razón.

La persona tipo emoción necesita darse cuenta primero de que aquello de lo que se sentía tan orgullosa ha dejado de ser una cualidad debido a su manifestación extrema. Este tipo debe cultivar la facultad de seleccionar, pensando y planeando deliberadamente. Este proceso de selección es el comienzo de la sabiduría.

El tipo emoción también usa la voluntad, desde luego, pues nadie puede existir sin hacerlo. Pero el tipo emoción usa la voluntad caótica e impulsivamente, sin planeación ni deliberación. Sumergida en instintos sin cauce más que en una intuición constructiva, una persona así pierde el equilibrio en la vida, así como el tipo razón lo pierde de la manera contraria.

Ambos tienen un miedo subconsciente de su extremo opuesto, y por lo tanto permanecen en su propio extremo. Así pues, actúan a partir de una conclusión equivocada. Llevados por la conclusión equivocada, sienten o piensan inconscientemente que su propio extremo es una mejor solución a la vida que la del tipo opuesto. El tipo razón, temeroso de perder el control, descarta no sólo una parte importante de la experiencia necesaria de la vida, sino también la belleza y la felicidad. El tipo emoción teme que limitar y disciplinar su naturaleza equivalga a eliminar algo valioso de la vida. Ambos están equivocados, ya que sólo el punto medio armonioso conduce a la solución completa.

Aunque hay representantes obvios de ambos tipos, hay muchos más que no son tan claros: una persona puede ser demasiado emocional o intelectual en algunos aspectos de su personalidad, pero ser más equilibrada, o incluso tender al extremo opuesto, en otros aspectos. O bien, la verdadera naturaleza de la persona puede estar enmascarada. Por ejemplo, una persona básicamente emocional escoge, por miedo y corrientes inmaduras, una máscara de intelectualidad que es ajena a su naturaleza. Esta persona puede parecer exteriormente muy serena y controlada, pero dentro está atrapada en una tormenta de emociones, sin poder encontrar paz hasta que empieza a trabajar hacia el logro de un equilibrio adecuado.

En la tercera categoría está el tipo voluntad, que es completamente diferente. La voluntad debe ser un sirviente, nunca un amo. Idealmente, la voluntad debe servir igualmente al proceso de razonamiento como a las facultades emocional e intuitiva. El tipo voluntad hace del sirviente un amo. Esto saca a la personalidad de foco, de una manera que puede volverse peligrosa.

Como los otros dos tipos, estas personas inconscientemente pueden mirar con desdén a los dos. El tipo voluntad piensa o siente algo así: “El tipo razón es sólo un intelectual que habla bien y tiene teorías maravillosas, pero todo está en abstracto. Nada se logra ni se consigue con eso. Yo soy el que logra las cosas”. El tipo emoción, que logra aún menos, es incluso más despreciable para el tipo voluntad. El juicio es correcto en ambos casos, ya que los otros dos tipos tienen razón en sus juicios acerca de los otros extremos. Pero todos los tipos están equivocados al creer que su propio extremo es mejor que los extremos a los que miran con desdén.

La persona de voluntad, para quien el sirviente es el amo, busca logros y resultados tangibles. Este enfoque tiende a hacer a tal persona impaciente y propensa a estropear el mismo resultado que busca. Paraliza el proceso de razonamiento, que, junto con la naturaleza emocional, conduce a la sabiduría. Sin esta sabiduría, las personas no pueden lograr lo que se proponen lograr, o, si tienen éxito, no pueden beneficiarse del logro de la manera correcta y por ende vuelven a perderlo. El tipo voluntad tiende a perder de vista no sólo la cautela, sino también muchos aspectos y consideraciones de la vida que son esenciales no sólo para alcanzar la verdad para el ser y para otros, sino también para cualquier situación dada.

La persona de voluntad también descuida el lado emocional, pues teme la emoción tanto como el tipo razón, pero con un propósito diferente en mente, que suele ser inconsciente. Las emociones son aceptables para el tipo voluntad sólo mientras sea el amo de ellas; de lo contrario, las emociones podrían estorbar el propósito de estas personas. El tipo voluntad, como el tipo razón, también se pierde de una parte integral de la experiencia de vida, de rendir el ser a un sentimiento sin conocer el resultado ni la posible ventaja de hacerlo.

Éstos son tres tipos amplios, amigos míos; como ya dije, no siempre se encuentra una personalidad con características tan predominantes que el tipo sea fácilmente reconocible. Todos ustedes conocen a muchos seres humanos, y como siempre es más fácil conocer al otro que conocerse uno mismo, pueden sacar ciertas conclusiones acerca de sus prójimos desde el ángulo que he descrito. En la mayoría de las personas dos de las tres facultades son predominantes, mientras que la tercera está paralizada. En muchos otros, las tres facultades funcionan, pero cada una lo hace en un canal equivocado, al menos en algunos sentidos, mientras que el funcionamiento apropiado es insuficiente y no se aplica a toda la personalidad.

Tal vez recuerden la conferencia que dicté acerca de las fuerzas activas y pasivas, en la que dije que ambas corrientes son necesarias para el alma humana sana. Sería tan incorrecto ser una persona enteramente activa como ser una enteramente pasiva. En realidad, una persona así no existe, aunque sí puede existir el predominio de un rasgo en muchos individuos. Pero lo que frecuentemente ocurre es que la corriente activa fluye por el canal destinado a la corriente pasiva, y viceversa. Lo mismo sucede con la razón, la emoción y la voluntad. Incluso cuando no hay un predominio franco de alguno de los tipos, la emoción quizás se use allí donde la razón debe funcionar, y viceversa; la voluntad no funciona donde debería, y sin embargo funciona donde no debería hacerlo.

Esta discusión, queridos míos, debería ayudarles, a medida que profundicen más y más en su alma, a encontrar dónde y cómo funcionan todos estos aspectos o corrientes; dónde interfiere uno en el otro, en vez de ayudarlo y crear por ende un todo armonioso.

¿Tienen alguna pregunta sobre este tema, amigos míos?

PREGUNTA: ¿No corresponde esta división a los llamados tipos Kretzschmar: los cerebrotónicos, los somatotónicos y los viscerotónicos? En otras palabras, ¿los tipos de personalidad se combinan con la constitución física de los seres humanos?

RESPUESTA: Sí, desde luego. Se aplica a todo. Ninguna corriente del alma es enteramente independiente de su manifestación física. El cuerpo físico es una exteriorización de las corrientes del alma, y esta exteriorización puede ocurrir de muchas maneras.

PREGUNTA: ¿Es posible reaccionar predominantemente con la emoción hacia algunas personas y con la fuerza de voluntad hacia otras?

RESPUESTA: Naturalmente. Pero debe haber una razón para ello. Las personas que están en este camino y que observan este fenómeno en ellas deben preguntarse por qué reaccionan hacia una persona específica de manera diferente de como normalmente reaccionan. Todas estas cosas son muy importantes para la autoobservación.

PREGUNTA: Si uno alcanzara completamente la purificación, los tres aspectos serían bastante iguales, ¿no es así?

RESPUESTA: Exactamente.

PREGUNTA: ¿Todos tenemos el mismo potencial para el desarrollo de cada una de estas cualidades?

RESPUESTA: No. Hay tipos básicos. Cada espíritu divino fue creado perfecto de una manera, pero cada uno era un ser distinto, una personalidad por derecho propio con diferentes talentos y características. Pero no había desarmonía en la distribución de las corrientes. El ángel más elevado de las fuerzas activas no es inarmónico en su actividad, como lo sería un ser humano no purificado con una corriente sobreactiva. Es sencillamente perfecto a su propia manera, un especialista en su actividad, lo que excluye la posibilidad de un énfasis exagerado e inarmónico. Lo mismo pasa con los más elevados representantes de los tres aspectos de los que hablé esta noche. La perfección de la personalidad razón sería el Ángel de la Sabiduría. La perfección de la personalidad emoción sería el Ángel del Amor. La perfección de la personalidad voluntad sería el Ángel del Valor.

PREGUNTA: ¿No sería ideal tener a los tres en equilibrio?

RESPUESTA: La forma ideal está en el equilibrio, pero eso no significa que estén repartidos en igual medida. El equilibrio y la armonía no significan siempre una medida igual de cada corriente. El equilibrio depende de la manera en que están repartidas las corrientes; de cómo funciona la distribución en la causa y el efecto; de la manera en que una corriente fortalece a la otra en vez de debilitarla, como sucede en el ser inarmónico y no purificado.

Si relees la historia de la Creación que les conté hace algún tiempo, verás que Dios creó a cada espíritu perfecto de una manera única. La idea era que estos espíritus se perfeccionarían de todas las maneras, en vez de permanecer perfectos de una manera especial, y que por lo tanto llegarían a parecerse a Dios. En vez de ello, muchos espíritus usaron su poder de la manera incorrecta, lo que provocó la Caída. Si la Caída no hubiera ocurrido, todos los espíritus se habrían vuelto verdaderamente divinos en todos los aspectos concebibles, en vez de ser especialistas en un aspecto específico. Este proceso de la creación perfecta continuará, después de que todos los espíritus caídos alcancen de nuevo su perfección original de una manera específica, hasta que el Plan de Salvación se cumpla exitosamente. Hasta entonces todos los espíritus puros—los que no participaron en la Caída, así como los que ya alcanzaron su estado original—unen sus recursos para ayudar en el Plan de Salvación, aplazando su propia creación complementaria hasta cierto grado, aunque de una manera indirecta trabajan con ese fin al ayudar en el gran plan.

PREGUNTA: Aparte de esta tríada—voluntad, razón y emoción—¿existen otros tipos?

RESPUESTA: De algunos ya hablé; de otros hablaré en el futuro.

PREGUNTA: No entiendo por qué el ángel del valor es la perfección de la voluntad. No entiendo esto en absoluto.

RESPUESTA: Si tienes valor, necesitas una gran cantidad de voluntad, en un sentido positivo. ¿No es claro eso? ¿Puedes explicar por qué no sientes que el valor y la voluntad van juntos?

INTERROGADOR: Bueno, es que conozco a muchas personas que no tienen fuerza de voluntad, pero que son muy valerosas.

RESPUESTA: Eso no tiene nada que ver. Una persona puede ser muy emocional, pero las emociones pueden estar tapadas de manera que la persona parece ser muy fría. Una persona que no tiene fuerza de voluntad pero sí tiene valor puede convocar este valor, en parte, desde lo más recóndito de su alma, donde duermen todos los atributos perfectos, y en parte en respuesta a los eventos de afuera, para demostrarse a sí misma y a los demás que sí tiene fuerza de voluntad.

PREGUNTA: ¿Hay también cierto valor que proviene del miedo?

RESPUESTA: Definitivamente. Un atributo positivo puede originarse en un motivo o corriente positivo o negativo. Esa es la complicación del alma humana. Además de su trasfondo puro, cualquier cualidad puede ser motivada por tendencias negativas. Lo mismo se aplica a los defectos. Pero la extensión natural y positiva de la voluntad es el valor. Tanto la voluntad como el valor son activos. En la voluntad debe haber una corriente activa fuerte. El hecho de que la voluntad se use con frecuencia negativa y autodestructivamente es otra cosa. Y también, el hecho de que el valor innato, que se basa en la fuerza de voluntad, no pueda funcionar debido a otras desviaciones de la personalidad no niega el principio. No estamos hablando de las muchas posibilidades de corrientes del alma confundidas, en las que la voluntad puede estar rota y luego aparece sólo en ciertos aspectos de la vida. La voluntad necesita una presión activa, ya sea positiva o negativa. Necesita actividad. En el estado purificado, la voluntad se manifestaría como valor. Puede incluso manifestarse como valor en el estado no purificado, aunque entonces el valor se usa con fines equivocados. El valor no puede existir sin actividad; el valor aparece en un espíritu de tomar la iniciativa, en un espíritu de hacer, más que en un espíritu de ser, como sería el caso, por ejemplo, en el amor.

PREGUNTA: En el proceso de encontrarse y purificarse, ¿puede un individuo predominantemente intelectual liberar también más de las otras dos corrientes?

RESPUESTA: Debe hacerlo, puesto que ese es el proceso de purificación. A menudo la persona cuya fuerza de voluntad está paralizada, pero que muestra valor en algunos casos, puede ser similar a la persona que se asemeja más al tipo intelectual, pero que en realidad no es eso. El que por su naturaleza es más emocional puede tener miedo de la emoción y, por ende, asumir una máscara que no corresponde a su verdadera naturaleza. En el proceso de purificación, todos estos tipos deben empezar por encontrar y ser fieles a su verdadera naturaleza; sólo entonces pueden resolver la desarmonía que hay en su alma. En otros casos, la aparente personalidad razón es precisamente eso. El verdadero tipo razón aprenderá el equilibrio, para que la razón funcione adecuadamente en la autobúsqueda y la purificación que a final de cuentas eliminen los fantasmas del miedo que han obstruido el funcionamiento armónico. La persona seguirá siendo un tipo razón, pero de una manera armoniosa y perfecta, sin interferir en las otras facultades de la personalidad. Lo mismo se aplica a los otros dos tipos verdaderos. Seguirán siendo lo que verdaderamente son, pero sin paralizar sus otras facultades ni, por ende, defraudar a la vida.

Y ahora, queridos míos, me gustaría responder a sus preguntas planeadas.

PREGUNTA: Dice en el libro de Greber que el único camino de crecimiento espiritual es por medio de la mediumnidad o la comunicación con los espíritus de alguna otra manera. En otras enseñanzas se dice que uno puede establecer contacto con la parte divina que está dentro de uno y que contiene toda la sabiduría. ¿Cuál de estas cosas es verdad y cómo opera cada una?

RESPUESTA: Desde luego, el fin último es encontrar lo divino en ustedes. No hay duda de ello. Pero hasta que puedan llegar a ese punto, necesitan ayuda. A menudo, la comunicación con el mundo espiritual de Dios es el mejor medio para lograrlo. Por complicado y peligroso que sea el establecimiento de esta comunicación, una vez que se establece es lo mejor para ayudarles a eliminar todo lo que obstruye su propia chispa divina. Sin embargo, ésta no es la única manera. Los maestros humanos también pueden ayudarles a eliminar sus obstrucciones internas. Siempre ha habido grandes maestros que han hecho precisamente eso.

En éste su tiempo, hay otro medio más, la medicina del alma que ustedes llaman análisis en profundidad. El hecho de que no siempre se le maneje bien no desmiente más su valor para liberar el alma—y ese es su fin último, lo sepan sus médicos o no—que un desarrollo de la mediumnidad mal aplicado o frenado desmiente el valor de ésta. La comunicación con el mundo espiritual tiene un sólo propósito a final de cuentas, no importa en qué etapa de su desarrollo se encuentre el médium. Conocer los hechos de la Creación, a Dios y qué sucede en el universo y en las diversas esferas es secundario, amigos míos. El único propósito de hablarles acerca de estas cosas es ayudarles a entender la razón de la vida y la necesidad del desarrollo, y darles el incentivo que necesitan para vencer la resistencia de dar los pasos que los lleven a tocar su propia chispa divina. Deben considerar todas las enseñanzas y todas las religiones desde ese punto de vista.

El conocimiento de los hechos universales es una ayuda y un incentivo, pero no el objetivo final. El objetivo final es la autobúsqueda y la autopurificación, pues sólo a través de ellas pueden hacer contacto con su propia chispa divina. De lo contrario resulta borrosa y poco confiable, y puede confundirse fácilmente con deseos inconscientes que no tienen nada que ver con lo divino que hay en el ser humano. Sin embargo, el contacto con el mundo divino no es el camino para todos los seres humanos. Hay otros caminos más adecuados para algunas personas. Depende de la personalidad y de su etapa de desarrollo, pero la única razón de la vida en la Tierra es la purificación y la autobúsqueda. Hay muchos caminos que pueden ayudarles con eso. Si tienen la gracia y el privilegio de comunicarse con el mundo de Dios, este método será el más adecuado para ayudarles, porque el proceso sería naturalmente más rápido y más directo al mostrarles cómo proceder en su camino de autoexploración. Pero no es el único.

PREGUNTA: ¿Cuál es el papel de la Virgen María desde el punto de vista espiritual?

RESPUESTA: El espíritu de la mujer a quien llaman la Virgen María es un espíritu muy desarrollado, un espíritu que nunca participó en la Caída. Jesucristo nunca habría nacido de un espíritu impuro. Y la pureza de este espíritu llevó al malentendido del significado de la “inmaculada concepción”, que se refiere en realidad a su naturaleza de ser no caído. Suelo decir que cada error contenido en las diversas religiones tiene cierto fondo que vuelve comprensible el error. A través de una comunicación espiritual se hizo saber a la Humanidad que la madre de Jesús era un espíritu puro; y no habría podido ser de otra manera. De esta comunicación surgió el malentendido de que la pureza significa pureza sexual, y que la madre de Jesús dio a luz como virgen en el sentido físico. Ese es todo el malentendido.

Muchas personas en la Tierra encauzan mal sus fuerzas sexuales y por lo tanto creen que la sexualidad como tal es impura. La madre de Jesús era y es un espíritu puro, pero la concepción tuvo lugar como cualquier otra concepción. Las leyes de Dios son perfectas, independientemente de que la Humanidad pervierta o no algunos aspectos de ellas. Así que no habría necesidad de anular Sus leyes. Como ven, amigos míos, la verdad yace a la mitad, como siempre. Algunos, con la idea equivocada de que todo lo sexual es impuro, dicen que la madre de Jesucristo tenía que ser virgen, y que negar esto es un sacrilegio. Otros se van al extremo opuesto y niegan no sólo la pureza del espíritu de la madre de Jesucristo, sino también que Cristo haya sido el Hijo innato de Dios, sólo porque no pueden aceptar ciertas aseveraciones erróneas. Son incapaces de encontrar la verdad entre estos extremos.

PREGUNTA: Si uno viola una ley divina de buena fe o la viola a sabiendas, ¿son iguales las consecuencias en ambos casos?

RESPUESTA: No, desde luego que no. Cuando la violas de buena fe, la evaluación es muy diferente de cuando sabes lo que estás haciendo. Pero, mis queridos amigos, me gustaría decir esto: Como todo el conocimiento está contenido en ustedes, parte de esa verdad se filtra hacia afuera y por eso muchos de ustedes se resisten a emprender este camino. Algo en ustedes dice: “Cuanto más sepa, más responsable seré de transformarme. Si me protejo de saber, puedo quedarme como estoy, que es más cómodo”. A esto se debe gran parte de la resistencia. El motivo de la resistencia, que es la falta de honestidad con uno mismo, ya sea inconsciente o medio consciente, será tomado en cuenta. Para muchos, la verdadera razón sería muy obvia si tan sólo examinaran sus resistencias. Estos individuos usan todo tipo de pretextos, los cuales racionalizan, cuando en realidad sencillamente no quieren cambiar.

Mis queridísimos amigos, reciban las bendiciones de amor y fuerza que permean su corazón, su alma y todo su ser en este momento. Sepan que están en Dios, y que Dios está en ustedes. Sólo necesitan alzar sus manos a Aquel que espera a que ustedes den ese primer paso para salir de la infancia espiritual, hacia la meta de convertirse en un hijo fuerte e independiente de Dios, un hijo que crece en espíritu, fuerza y amor.

Ámense unos a otros, queridos míos. Entiéndanse el uno al otro. Derriben los muros de su miedo a los demás, pues no tienen razón de ser. Tú que temes al otro, recuerda que el otro tiene el mismo temor de ti. Recuerden esto, cuando quieran zanjar diferencias, y Dios estará entre ustedes. Procedan entonces en este camino. Consideren que cada paso hacia delante puede, en ocasiones, sumirlos temporalmente en una crisis, en una dificultad, pero que esto es el producto de sus propios errores. Véanlo así y saldrán victoriosos.

Así pues, queridos míos, sean benditos, todos ustedes. En el nombre de Dios, en el nombre de Jesucristo, queden en paz, queden con el Señor.

Dictada el 2 de enero de 1959.