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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 45. El conflicto entre los deseos conscientes y los inconscientes

Saludos en el nombre del Señor. Les traigo bendiciones, mis muy queridos amigos. Bendita sea esta hora.

Mis queridísimos amigos, todos ustedes saben que no hay más razón ni propósito en la vida que el desarrollo y la purificación. Por lo tanto, la persona que sigue este camino no habrá vivido en vano. Este Pathwork es ciertamente la vía más rápida al autoconocimiento y la autopurificación. Esta última no es posible sin el primero. No se pueden purificar a menos que se conozcan. Y aunque el autoconocimiento no siempre es idéntico a la purificación, en gran medida se purifican tan sólo reconociéndose plena y enteramente. Para hacer esto sin resistencia ni subterfugio, es esencial que tengan la humildad de aceptarse tal como son ahora, y por lo tanto de reconocer una parte de su ser inferior cuya plena relevancia quizás hayan ignorado antes. Con esta autohonestidad ya se están purificando, incluso mucho antes de que sean capaces de cambiar sus emociones.

Muchas veces olvidan que el cambio emocional no es algo que pueda ser ordenado. No pueden cambiar sus sentimientos ni sus reacciones emocionales por un acto de la voluntad. Pueden usar la voluntad para hacer el trabajo necesario y a veces tedioso de buscar un significado claro a sus emociones confusas. Ciertamente pueden usar la voluntad para decidir sin reservas seguir este camino. Pero sus emociones pueden cambiar sólo después de que han tenido repetidamente la humildad de reconocer su naturaleza inferior. Por lo tanto, repito: reconozcan una y otra vez lo que está mal en sus reacciones internas. Así cultivarán el cambio mismo que desean lograr.

Conocerse, amigos míos, encontrar su ser real, la parte de ustedes que hasta ahora no conocían, siempre es la meta. Trataré ahora de ayudarles más en ese sentido.

Suele olvidarse que la personalidad humana tiene muchísimas facetas y, por lo tanto, uno rara vez entiende lo que significa “conocerse a sí mismo”. Ciertamente saben un poco acerca de ustedes mismos: sus objetivos y reacciones conscientes, sus gustos y sus idiosincrasias, y así por el estilo. Pero hay muchas otras facetas que ignoran por completo, queridos míos. Sólo piensen en ustedes y en las muchas personas a las que conocen en sus circunstancias de vida actuales, así como del pasado. Piensen en lo diferentes que son y en la manera tan distinta en la que actúan con ciertas personas, con su familia o con sus amigos. En cada situación hay un “tú” diferente. Traten de imaginar cómo serían las cosas si actuaran con la persona “A” de la misma manera en que actúan con la persona “B”. Pueden repasar todo el alfabeto y descubrirán que hay tantas letras como facetas de ustedes. Y eso es sólo en un nivel superficial, pues muchas otras facetas nunca se manifiestan en su personalidad superficial. ¿Cómo pueden entonces conocer más profundamente quiénes son?

El primer paso, y el más importante, es averiguar cuáles son sus deseos, amigos míos. Y cuando hablo de deseos no me refiero a los objetivos y metas importantes de su vida ni a los temas trascendentales. No, lo que quiero decir es que cualquier reacción suya pequeña—y aparentemente insignificante—contiene un deseo de un tipo u otro. Piensen en cualquier incidente intrascendente de cualquier día en el que se hayan sentido inarmónicos, enojados, irritados, o, para el caso, alegres y optimistas. En cada una de estas reacciones reside un deseo. Si quieren averiguar quiénes son, primero deben averiguar qué deseos hay en cada una de sus reacciones diarias. Eso no es tan difícil como podrían pensar, y tampoco es tan fácil. Exige cierta técnica, un entrenamiento. Primero deben llevar a cabo su revisión diaria, como lo he sugerido con frecuencia. El siguiente paso, en vez de sólo reconocer: “Me sentí enojado, o esperanzado, o infeliz o alegre en tal o cual situación”, es preguntarse por qué sintieron estas reacciones, no importa lo obvia que sea la razón en lo que concierne a otras personas y a las circunstancias externas.

Pregúntense cuál podría ser el deseo detrás de su reacción. Pregúntense: “¿Qué quiero realmente en conexión con esta situación que me enoja o me da miedo ahora? Estoy enojado porque quiero algo distinto. ¿Qué es lo que quiero?” O, “Me siento contento porque uno de mis deseos aparentemente se realizó. ¿Cuál fue ese deseo? Y si me siento lleno de esperanza, ¿se debe a que ahora parece haber más probabilidades de que algún deseo mío se cumpla? ¿Qué deseo es ese, en palabras claras y sencillas?”

Traten de hacer un hábito de interrogarse así, amigos míos. Tomen todas sus reacciones, todos los días, y examínenlas desde este punto de vista. ¿Cuál es el deseo? Eso les ayudará mucho, amigos míos, a entenderse mejor. También les ayudará a entender por qué llegaron a ser como son hoy y por qué tienen estos deseos. Pero ese es el siguiente paso, que en este momento es prematuro. Después examinaremos la razón de su existencia.

Sus deseos inconscientes a menudo se desvían de los conscientes. Creo que todos ustedes entienden ya que ésta es una de las principales razones de sus conflictos y frustraciones. A menudo crean conflictos e insatisfacciones similares, mientras ignoran su pleno significado. El hecho es que los deseos y objetivos conscientes que guían sus acciones van de acuerdo con los objetivos de su Ser Superior, pero, al mismo tiempo, también están presentes en su motivación los objetivos inferiores y egoístas. Estos propósitos inferiores encuentran justificación en los propósitos más elevados, que sirven muy bien para ocultar la existencia de los primeros. Es muy importante descubrir este hecho, mis queridos amigos. Aunque sus acciones sean valiosas y buenas como tales, aunque verdaderamente existan en ustedes los motivos elevados y nobles, éstos pierden su esplendor si no pueden ustedes ver los motivos inferiores que coexisten con los elevados en el mismísimo objetivo. Incluso mucho antes de que puedan purificarse a tal grado que estos motivos egoístas, soberbios, vanos y temerosos dejen de existir en ustedes, el hecho de que simplemente reconozcan su existencia los purifica a un grado considerable y, por ende, también purifica su acción correcta.

Con frecuencia se sienten perplejos porque descubren que quieren algo puro y bueno, y sin embargo, esto les trae desarmonía. La razón es que ignoran los distintos motivos que existen dentro de ustedes en relación con el deseo noble. El motivo noble consciente los convence de que su objetivo no tiene nada de malo, y sin embargo sí tiene algo de malo, a saber, que no conocen la otra parte que coexiste en la misma corriente de deseo. Están acostumbrados a una actitud “exclusiva”; creen que la verdad de un motivo excluye la verdad de otro, muchas veces de naturaleza muy contraria. Necesitan ustedes una buena cantidad de autodescubrimiento para entender verdaderamente que un motivo no excluye al otro. La purificación no significa sólo que cambien de deseo. Significa que separen los motivos buenos de los malos, al principio mediante la observación tan sólo. Nunca traten de forzar sus sentimientos. Eso no puede hacerse. No puedo insistir demasiado en ello. Más bien traten de ser capaces de decir: “Aquí mi deseo es esto o lo otro. El deseo consciente es bueno. Pero reconozco que este o aquel motivo egoísta también desempeña un papel. Seguiré llevando a cabo el acto bueno, pero no me engañaré pensando que no carezco de egoísmo, vanidad o cualquier otra tendencia de este tipo. Sólo puedo orar y esperar que estas corrientes desordenadas se debiliten con el tiempo. No puedo evitar sentirme así ahora, pero espero liberarme de ellas”.

Observándose de esta manera, una y otra vez, las corrientes inferiores se debilitarán hasta que con el tiempo desaparezcan. De esta manera lograrán infinitamente más en términos de su purificación que tratando de obligarse a eliminar los sentimientos. Ustedes tratan de forzar sus sentimientos con la mejor de sus intenciones: saben que ciertas reacciones son egoístas o poco amorosas, y no les gusta sentirse así. Parecería posible eliminar estas tendencias simplemente obligándose a hacerlo. En realidad sólo las tapan y, por lo tanto, les dan mucho más poder que cuando reconocen su existencia. Además, se engañan, porque creen que son más puros de lo que son. Se creen libres de motivos inferiores, mientras éstos se fermentan en su inconsciente.

La Humanidad hace una distinción categórica entre sentimientos y pensamientos. Ustedes saben que, espiritualmente hablando, ambos son formas concretas de la materia sutil. Tal como lo vemos nosotros, los sentimientos son esencialmente lo mismo que los pensamientos. La única diferencia entre pensamientos y sentimientos está en la fuerza y la intensidad, no en la característica ni en el tipo. Un sentimiento es más potente e intenso que cualquier pensamiento que puedan albergar. Las convicciones y las opiniones no fortificadas por la emoción son débiles, y sus formas pueden disolverse mucho más rápidamente que aquellas en que las opiniones y los puntos de vista están cargados de emoción. Este principio se aplica tanto a las formas de pensamiento positivas como a las negativas.

La convicción o pensamiento consciente más fuerte no es nada si se le compara con una corriente emocional totalmente inconsciente. Pronto descubrirán esta verdad si siguen este camino. Al volver conscientes sus emociones, las convierten en pensamientos, y luego, si lo desean, convierten estos pensamientos en acciones. Entonces viven en un grado más elevado de conciencia que cuando actúan sin entender por qué, simplemente racionalizando sus actos, mientras permanecen bajo el control de sus pensamientos o sentimientos inconscientes.

Ustedes saben que los pensamientos no pueden cambiarse rápidamente, incluso sin que haya un involucramiento emocional personal; ¡cuánto más tiempo toma entonces modificar las emociones! Por ejemplo, ustedes han sostenido ciertas opiniones toda su vida. Aunque no estén emocionalmente involucrados con ellas—la opinión puede ser superficial, sin ninguna importancia personal para ustedes—los hábitos y su ambiente han influido en ustedes para que mantengan la opinión, así que nunca se les ha ocurrido revisarla a pesar del hecho de que durante mucho tiempo ha sido obsoleta. ¡Cuánto más difícil es entonces cambiar una opinión o actitud en la que están involucrados factores personales y psicológicos, así como sus emociones! ¡Cuánto pesan los hábitos en el alma humana! ¡Qué fuerte es la lucha para superar la tentación de la pereza y el orgullo! También se necesita cierta humildad para cambiar los puntos de vista que se han mantenido durante largo tiempo. Muchas veces vemos que las personas se aferran a una opinión, sólo porque ésta ha sido su opinión durante mucho tiempo, a pesar del hecho de que en lo más profundo de su corazón saben o sienten que una manera nueva de ver las cosas tiene sentido. Cambiar aun las opiniones superficiales requiere esfuerzo y humildad. Cambiar los pensamientos que no tienen impacto emocional requiere de ciertas habilidades, no siempre fáciles de reunir. Y se necesita mucha más paciencia y sabiduría para cambiar un punto de vista o una actitud en la que están involucradas emociones muy arraigadas.

Ni siquiera un mero pensamiento puede cambiarse por la fuerza. Nadie puede forzarlos a pensar de una manera distinta, ni siquiera ustedes mismos. Pueden cambiar una opinión sólo si deliberan y la sopesan, discriminan y eligen. Durante este proceso puede surgir una opinión nueva. O, después de una deliberación consciente y madura, podrían decidir que la vieja opinión parece correcta. Con las emociones, que son más fuertes y más potentes que los pensamientos, la fuerza es aun menos eficaz... y muy traicionera. No se consternen si sus emociones no purificadas no cambian solamente porque al fin reconocieron su naturaleza no purificada. Adáptense a la necesidad de que, durante un tiempo, se limiten a observar su existencia. Aprenderán más de su capacidad de hacer esto.

Darse cuenta de la mezcolanza de sus motivos requiere humildad. Significa vivir en un estado sano de verdad, aunque una verdad pueda no ser halagadora en este momento. Así que sanen su alma por medio del autorreconocimiento. De esa manera, lentamente, paso a paso, experimentarán un cambio de conciencia, un cambio de conceptos internos cuando sus emociones realmente empiecen a ser diferentes. Y esa será la mayor victoria y el más importante alivio para ustedes; pero no puede llegar de un solo golpe. Podrán cosechar los frutos sólo después de haber hecho el tedioso trabajo planteado en estas conferencias.

Al hacer este trabajo entenderán no sólo sus problemas y conflictos, sino también sus imágenes y cómo se formaron. Para encontrar las imágenes, tienen que trabajar desde dos lados: (1) examinar su infancia y sus reacciones en ese tiempo, y (2) examinar los deseos en sus reacciones presentes a los acontecimientos diarios. Tendrán así el cuadro entero. Cuando busquen sus deseos ahora, entenderán por qué algunos son más fuertes que otros. Algunos están rotos por las corrientes cruzadas, mientras que otros fluyen rígidamente en una dirección, y constan de varias capas de su personalidad y de los motivos tanto buenos como malos. Entonces entenderán por qué consideraron necesario ocultar de su conciencia la existencia de los motivos malos.

También me gustaría hablar de otra posibilidad a la que se enfrentan cuando intentan encontrarse a sí mismos buscando sus deseos. Aunque consciente y exteriormente su vida pueda parecer bien dirigida, dentro de ustedes hay confusión. Tal vez descubran que en realidad no saben lo que quieren. Esto es desconcertante y a veces perturbador. Hay tanta confusión en su alma debido a la supresión de deseos contradictorios o no ambicionados que todo está enredado, y se necesitará un poco de trabajo de parte de ustedes para desatar los nudos. Al principio, les resultará aterrador darse cuenta de que en realidad no saben lo que quieren. Y a causa de eso, primero tratarán de escapar y refugiarse en deseos-subterfugios.

Para ver sus deseos-subterfugios deben coger cuidadosamente los diversos hilos de su nudo interno, uno por uno, separarlos y luego rastrear sus direcciones. Cada uno de los pequeños hilos del nudo representa un pequeño deseo. Cada uno tiene un motivo diferente detrás de él. Inconscientemente, han creído que no podían darse el lujo de volverse conscientes de todos los diferentes motivos, porque, sabiendo que son personas inteligentes y altamente evolucionadas en muchos sentidos, ¿cómo podían admitir que tienen varios deseos completamente contradictorios, que se anulan entre sí? Sin embargo, el niño que hay en ustedes desea dos imposibilidades, y a menudo más. Al ocultar este conflicto creían que se librarían de él. Sin embargo, en realidad, en este núcleo oculto reside la naturaleza misma de sus desarmonías y decepciones.

La única salida es tener el valor y la paciencia de tomar cada hilo y preguntarse qué desean en todas y cada una de sus reacciones diarias. Para empezar, simplemente registren los deseos. Absténganse de juicios y evaluaciones como “Pero esto es tonto, esto es imposible, esto no es digno de mí”, y cosas similares. Un enfoque así sólo les dificultaría más desatar el nudo, y tal vez volvería la tarea imposible. ¡Sepan que sus emociones ocultas no tienen nada que ver con su sentido común exterior! Sepan que la parte de ustedes que no pudo madurar porque la mantuvieron reprimida quiere precisamente eso: la realización de dos o más deseos contradictorios. El niño que vive en ustedes quiere una imposibilidad debido a su persistente deseo de tapar el núcleo de los deseos contradictorios con deseos superficiales razonables, mientras los conflictos se fermentan debajo. Y como sus deseos, sentimientos y pensamientos son campos magnéticos potentes, atraen circunstancias que corresponden a los conflictos internos. Y nunca saben que sus deseos contradictorios son los responsables de sus dificultades e insatisfacciones exteriores. Estas últimas son un resultado lógico, una proyección inevitable de los primeros.

Tal vez deseen una realización de cierto tipo. Pero al mismo tiempo desean las ventajas del deseo opuesto. Los motivos de este último deseo contradictorio pueden no ser halagadores para ustedes, y por lo tanto lo reprimen y lo guardan bajo llave. Cuanto más inconsciente es una emoción o un deseo, más efecto tiene sobre su vida. En consecuencia, reciben exactamente lo que en forma consciente no desean, pero inconscientemente sí. ¡Sólo que lo quieren sin condiciones, sin las desventajas! ¡Y luego no entienden!

Así pues, al descubrirse deben considerar no sólo que necesitan separar los motivos buenos de los malos en una meta específica, sino también que es posible que no sepan lo que realmente desean. Sólo después de que hayan encontrado las razones de sus corrientes contradictorias y entiendan su confusión hasta ahora inconsciente, podrán tener un deseo claro e ir tenazmente en una dirección. Entonces serán lo suficientemente maduros en su alma para darse cuenta de que hay un precio que pagar. Ese es el camino. No es fácil, pero sí factible para todos los que lo intentan de buena fe y con perseverancia.

Mis queridos amigos, hemos empezado a trabajar en las imágenes personales que se formaron durante su niñez y que son las responsables de los infortunios de su vida. Aquellos de ustedes que están trabajando seriamente en este sentido progresan mucho.

Me gustaría darles ahora más temas de reflexión. En cada época y civilización existen no sólo imágenes personales e individuales sino imágenes colectivas, imágenes raciales, imágenes nacionales e imágenes históricas. Este punto es muy importante, queridos míos, porque una imagen personal de ustedes puede coincidir y ser reforzada por una imagen colectiva. Si no tienen una imagen personal relacionada con una imagen colectiva, ésta podría no afectarles, o por lo menos ni la mitad de lo que lo haría si tuvieran una imagen individual que encajara de alguna manera con la imagen colectiva de su época. Todo el mundo se ve afectado en cierta medida por las imágenes colectivas. Estas los afectan más o menos dependiendo de la naturaleza de sus propias imágenes. Así que es importante que ustedes, amigos míos, sepan que estas imágenes colectivas existen. Este conocimiento los llevará un paso más allá en la disolución de sus conflictos internos. Verán entonces cómo la imagen colectiva respectiva refuerza la propia, la personal. Existen tantas imágenes colectivas que sería imposible enumerar siquiera una parte de ellas. Pero conforme avancen, descubrirán todo lo que es importante para ustedes.

Permítanme darles algunos ejemplos. Hay una imagen colectiva acerca de la duración de la vida. Durante mucho tiempo, esta imagen colectiva sostenía que los humanos alcanzan un promedio de, digamos, cuarenta y cinco años de edad. Y la mayoría sí moría a esa edad. Desde luego, pueden decir que los avances de la medicina y las mejores condiciones de vida son responsables de la mayor longevidad que existe ahora. Y desde luego que no niego esto. Pero gracias a estas mejoras la imagen colectiva cambió, y a medida que esta imagen colectiva específica empezó a disolverse, pudieron hacer las mejoras. Esto funciona en ambos sentidos. Uno es impensable sin el otro. Si la Humanidad no hubiera mejorado lo suficiente psicológica y espiritualmente para estar lista para soltar la vieja imagen o ilusión, ninguna mejora tecnológica habría extendido la vida. Otra imagen colectiva es que cuando uno llega a cierta edad, se debilita y se enferma. Toda la Humanidad está afectada por esta imagen.

Existen imágenes colectivas acerca de cualquier tema concebible. Piensen en esto, amigos míos. Descubrirán cuantas imágenes colectivas o ilusiones existen que afectan su vida personal, y doblemente más allí donde hay una imagen personal similar o relacionada.

Antes de ocuparme de sus preguntas, me gustaría añadir algo más, queridos míos. Cuando recorren este camino, es natural que muchas de sus emociones ocultas salgan a la superficie. Recuerden que cuanto más conscientes se vuelvan sus emociones ocultas, más probable es que se muestren considerados con sus prójimos. Mientras se hallan bajo la tiranía de su inconsciente, muchas veces no pueden evitar actuar de maneras que son desagradables para otros. Tal vez no sean plenamente conscientes de esto. Naturalmente, podrían ver si realmente quisieran hacerlo, incluso sin este proceso de autoanálisis, pero a menudo rehúyen estas observaciones porque podrían llevarlos a los reconocimientos mismos que la psique quiere evitar. Cuando han optado por este Pathwork, están obligados a pensar un poco en el efecto que tienen ustedes sobre otros. Reconózcanse, analicen sus emociones, no las descarguen en otros. Cuanto más conscientes de sí mismos sean, más generosos deberán volverse, más conscientes de su efecto sobre el ambiente que los rodea.

Y ahora, queridos míos, ocupémonos de sus preguntas.

PREGUNTA: ¿Podría hablarnos más sobre los ángeles guardianes?

RESPUESTA: Ya he hablado de este tema en el pasado. Quisiera decir esto ahora: No existe un ser humano a quien Dios no haya dado un guardián: ninguno. Muchos seres humanos niegan este hecho. Creen que es una superstición infantil. Están influidos por una imagen colectiva presente que es una reacción a una imagen colectiva contraria que la Humanidad tuvo hace tiempo. En ese entonces, los ángeles guardianes y todo lo relacionado con ellos estaba distorsionado hasta su extremo opuesto. Los humanos responsabilizaban de todo a las influencias de las entidades espirituales, buenas o malas, y así trataban de zafarse de la autorresponsabilidad. Aquí tienen dos imágenes colectivas opuestas que se siguen una a la otra como acción y reacción. Hoy está de moda sonreír ante tales ideas. Pero a todo ser humano se le da un guardián. La fuerza y el poder del guardián dependen del desarrollo y la responsabilidad de la persona en el plan divino. Los guardianes se apegan muy estrictamente a la ley divina. Intervienen sólo de acuerdo con la ley y el plan personal de su protegido. No tienen derecho de impedir un error de juicio o de decisión. No pueden prevenir contratiempos, lo que puede ser una buena medicina, y se limitan a esperar y observar. Su tarea es guiar a su protegido por la vida de acuerdo con los planes de vida personales de éste, y evitar sólo lo que es contrario a la ley de causa y efecto.

Como ustedes saben, el ser humano, con su libre albedrío, puede cambiar el plan hecho antes de la encarnación. El guardián no evitará eso, sea el cambio para bien o para mal, sino que vigilará a su protegido para que éste sea afectado sólo por lo que produjo. Los guardianes saben hasta dónde pueden y deben llegar en términos de guía e inspiración. Si el ser humano da el primer paso en la dirección correcta, y cuando lo dé—acercándose a Dios de una manera directa o indirecta—el guardián es libre para ponerse en contacto con él con todo lo que sea bueno con ese propósito. Si ese primer paso no se da por libre albedrío, el guardián no puede forzar a su protegido a tomar la decisión correcta. Cuanto más se acerca la persona a Dios, más puede acercarse el guardián al protegido. Cuanto más se aleja de Dios, más lejos se sitúa el guardián. Esto no puede evitarse. Así son las cosas.

También hay muchos espíritus alrededor de cada ser humano: espíritus no organizados, espíritus que no son necesariamente malos, así como los malos. Pero no olviden jamás que los espíritus que los rodean no llegan arbitrariamente. Son atraídos por ciertas similitudes básicas, aun cuando el grado de bien o mal pueda variar mucho y ser muy diferente de su propio estado actual de desarrollo. Así que puede haber junto a ustedes un espíritu maligno aunque no sean personas malas. Pero ciertas corrientes básicas en ustedes son de la misma textura básica que el espíritu maligno que se les adhiere. Lo mismo vale decir para los espíritus divinos. Cuánto pueda influir sobre ustedes un espíritu no organizado depende también de ustedes. Cuanta más autoconciencia tengan, más control tendrán sobre ustedes mismos, y por lo tanto más independencia de la influencia de otros seres, espirituales o humanos. Una persona que no tenga cierto grado de conciencia fácilmente caerá bajo la influencia de otras personas, aunque no se dé cuenta del hecho. Lo mismo puede decirse de la influencia que los espíritus pueden tener sobre esa persona. Muchas veces el guardián se ve obligado a quedarse mirando. En otros casos, puede prevenir esa influencia. Esto depende de muchas circunstancias que no puedo enumerar aquí. Pero todo ocurre de acuerdo con la perfección y la sabiduría de la ley divina.

PREGUNTA: ¿Son todos los guardianes espíritus organizados?

RESPUESTA: Desde luego. Pero eso no significa que los espíritus no organizados también los rodeen e incluso quieran algo bueno para ustedes. ¡Eso puede no ser maligno de ninguna manera! Pero el guardián normal tiene que ser un espíritu organizado.

PREGUNTA: De acuerdo con el plan divino, ¿cuál es la edad de un ser humano?

RESPUESTA: Eso no puede responderse con una simple cifra, querido mío. El plan divino debe tomar en consideración la imagen colectiva que existe en cualquier momento dado. También toma en cuenta todos los detalles de la encarnación de todos los seres. Así que necesariamente varía. La imagen colectiva es una forma fuerte. Hay que tenerla en cuenta. De acuerdo con eso, combinado con el plan personal, un ser humano alcanza una edad mayor que otro. Conforme cambie la imagen colectiva, los planes individuales se ajustarán a ella, de manera que cuanto más se desarrolle la Humanidad en su conjunto, más probabilidades tendrá cada individuo de realizarse en una sola vida. Pero siempre habrá casos en que la duración de la vida individual sea mucho más corta que la duración promedio actual. Un día, la edad promedio será de cien años, pero podría haber varias personas cuyo plan sea morir a los veinte.

PREGUNTA: Lo que quise decir era que, como la creación es perfecta, ¿cuál sería la edad dentro de la perfección?

RESPUESTA: Pero querido mío, esta esfera humana, el plano terrenal, nunca tendrá perfección. Es una esfera temporal, una etapa temporal que existirá sólo mientras exista la imperfección. Cuando cualquier ser alcance la perfección, ese ser ya no tendrá que pasar por el proceso de nacimiento y muerte. Será un espíritu eterno que estará en la atemporalidad.

PREGUNTA: ¿Algunos de los guardianes están entre encarnaciones, o están todos fuera del ciclo de las encarnaciones?

RESPUESTA: Depende del ser humano. Muchos seres humanos no han alcanzado la etapa en que puedan recorrer un camino de autodesarrollo o cumplir con una misión espiritual. Son personas que sólo viven lo que podrías llamar una vida promedio, y aprenden y se desarrollan lentamente por medio de la experiencia, o permanecen inmóviles. Estas personas tienen guardianes que también son, desde luego, espíritus organizados, pero que aún no dejan atrás el ciclo de encarnaciones. Alguien que se desarrolle muy rápidamente y desee emprender un camino como éste, y a final de cuentas cumpla con una misión, recibe un guardián más elevado y poderoso. Estos guardianes muchas veces—no siempre—están fuera del ciclo de las encarnaciones.

PREGUNTA: Supongo que las imágenes raciales y religiosas también forman parte de las imágenes colectivas. ¿Es así?

RESPUESTA: Naturalmente.

PREGUNTA: Entonces, en el ciclo de las encarnaciones, un alma pasa por todos los tipos de imágenes raciales y especialmente religiosas. Así que las encarnaciones están todas mezcladas. ¿Esto ayuda a la purificación?

RESPUESTA: Sí. Tienes mucha razón.

PREGUNTA: En relación con los deseos ocultos, uno a veces siente alegría, que también contiene un deseo. ¿Es posible que uno a veces se sienta gozoso porque se ha acercado un poco más a Dios?

RESPUESTA: Ciertamente es posible. Puedes sentirte gozoso por alguna victoria que hayas tenido. Yo no digo que toda alegría contenga tendencias inferiores. ¡En absoluto! En un caso así se satisfizo un deseo bueno y constructivo, al menos en parte. Sin embargo, es conveniente examinarlo. Si esa es la respuesta completa, muy bien. De cualquier manera, cuando sientan una alegría pura, sin temor de perderla otra vez, sin ninguna desarmonía inquietante, no es necesario examinarla. Todos ustedes que están en este camino deberían hacer esto principalmente con los sentimientos contradictorios que contengan elementos de desarmonía. Y esto también puede suceder cuando uno experimenta cierto gozo, pero junto con él hay otras emociones presentes, si se toman la molestia de escuchar su interior.

PREGUNTA: ¿Debe tener cada estado de ánimo un deseo oculto?

RESPUESTA: Todas las emociones contienen un deseo, oculto o no, pero no todos los deseos son malos o erróneos, ya que un estado de ánimo es el producto de una emoción.

PREGUNTA: ¿Es preferible realizar una buena acción con un motivo malo, o debe uno abstenerse de realizar la acción?

RESPUESTA: Oh, no, uno no debe abstenerse. Uno debe reconocer simplemente que la buena acción encierra un motivo malo, sin autoengañarse. El mero hecho de que se reconozca el motivo malo ayuda mucho en el proceso de purificación que cada alma debe atravesar tarde o temprano. El comienzo es siempre la autohonestidad.

PREGUNTA: Volviendo a su respuesta sobre los ángeles guardianes, usted dijo que atraíamos lo que pedíamos. ¿Es esa la ley de la afinidad?

RESPUESTA: Sí.

PREGUNTA: ¿Nos puede hablar un poco más de ella?

RESPUESTA: La ley de la afinidad ya ha sido examinada extensamente en conferencias anteriores. Prácticamente todo lo que digo y enseño se basa en ella, aunque no siempre uso ese término específico. A eso se reduce la ley espiritual, en su conjunto. Es la ley de causa y efecto y abarca todos los procesos universales y psicológicos. Pensemos, por ejemplo, en las imágenes. Cuando una imagen existe y lleva a una persona a ciertas situaciones en la vida, ciertas personas son atraídas a la vida de esa persona. Esto se basa en la ley de la afinidad, porque las formas de pensamiento, sentimiento y deseo atraen aquello con lo que tienen correspondencia. Todo el concepto de las imágenes puede entenderse sólo cuando uno se da cuenta de la validez de la ley de la afinidad. La emanación de cada criatura viva, a la que suele hacerse referencia como la fuerza ódica, las distintas vibraciones que resultan de los diversos tipos de fuerza ódica, todo esto se basa en la ley de la afinidad.

PREGUNTA: Con respecto a las imágenes colectivas: ¿Nacemos entonces en una imagen de raza y una imagen de credo? ¿Qué sucede, por ejemplo, si alguien de un credo diferente emprende este camino, más específicamente el camino de Cristo versus el judaico? De alguna manera se generan la fricción y el odio hacia el antiguo credo. ¿Cuál es la explicación?

RESPUESTA: Algunas almas están todavía muy involucradas en sus propias imágenes de raza o credo porque sus factores psicológicos personales, es decir, las corrientes de su imagen personal, operan junto con la respectiva imagen colectiva. Entonces no se sentirán inclinadas a romper la imagen durante algún tiempo. Son necesarias varias encarnaciones antes de que la rigidez se suavice. Otras, nacidas en la misma raza o credo, ya están listas para disolver su imagen de raza o credo. Ya han disuelto sus imágenes personales en cierta medida, o tienen imágenes personales diferentes que son menos interdependientes con la imagen colectiva respectiva, o no tienen ninguna. En este punto hay tanta controversia y sentimiento personal que el prejuicio de la imagen hará que casi nadie escuche nada sobre el tema. Lo mismo se aplica a la nacionalidad. Algunas personas nacen en un país donde existe quizás una fuerte tendencia nacionalista o un patriotismo exagerado. Se quedan en este país, y nunca se les ocurre que su propia perspectiva está prejuiciada. Otros, nacidos en el mismo país, sienten el impulso de salir, de ver otros países y personas y así ampliar su visión. Lo mismo sucede con las imágenes colectivas religiosas. Unas personas están más apegadas, otras empiezan a desapegarse. Unas están más desarrolladas, al menos en este sentido. En otro, las que son más limitadas y prejuiciosas pueden haber avanzado más. Pero en este sentido específico, las primeras han empezado a destruir el efecto causado por la imagen colectiva de su civilización.

De lo que están siendo testigos en su tiempo es de una gradual pero muy clara destrucción de las imágenes colectivas acerca del nacionalismo. Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, aun la convulsión y los terribles pesares de la guerra tienen su lado bueno. Sin estas convulsiones, las personas no irían de un país a otro ni ampliarían su visión. Esto destruye sus imágenes colectivas y, a la postre, con frecuencia afecta sus imágenes personales. Lo mismo ocurrirá en la religión. Por lo tanto, es miope pensar que un acontecimiento terrible en esta Tierra, incluida la guerra, no lleve a la Humanidad hacia el desarrollo y la realización espiritual. La realización es tan inevitable que debe suceder de un modo u otro. Aun si la Humanidad no ha encontrado todavía el camino a la paz, la alternativa equivocada también debe conducir a la meta de la unidad y la extinción de la ilusión, o las imágenes colectivas. Ciertamente, la violencia y el odio, el prejuicio y el egoísmo, todas las causas de la guerra, son poco espirituales. Pero muchas personas se hallan todavía en este estado. Sólo caminando y caminando perderán gradualmente esta ceguera. No obstante, pese a la existencia de estas corrientes negativas, el desarrollo no puede restringirse, ya que el resultado de las guerras y convulsiones similares siempre tiene un fin: la evolución espiritual, la unión, la libertad de las propias cadenas internas. Si ves la historia desde este ángulo, pensarás de manera un poco diferente. Así como funciona en el individuo, así también funciona para la Humanidad en su conjunto: las dificultades que uno atraviesa porque ha sembrado las semillas de ellas son la medicina para liberarse de ellas. Eso no significa que debes propagar la guerra.

PREGUNTA: ¿Considera usted que la propuesta del Papa en favor de una unificación bajo Cristo es un paso favorable hacia eso?

RESPUESTA: Desde luego. Independientemente de lo que resulte de ello, sin importar si la solución ideal pueda encontrarse inmediatamente o no, es una señal de la lenta destrucción de las imágenes colectivas religiosas, paso a paso.

Mis queridos amigos, voy a retirarme de nuevo a mi mundo y los dejó con las bendiciones de Dios y el amor y la luz de nuestro Salvador, Jesucristo. Reciban la fuerza y el amor que se da a cada uno de ustedes. Queden en paz, queridos míos. ¡Queden con Dios!

Dictada el 30 de enero de 1959.