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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 51. El círculo vicioso

Saludos, mis muy queridos amigos. Que Dios bendiga esta reunión. Que Dios los bendiga a todos.

Hoy hablaré de uno de los círculos viciosos que es muy común entre los seres humanos. Hasta cierto grado opera en todas las almas humanas. La mayor parte del tiempo vive en el subconsciente, aunque algunas partes de este círculo pueden ser conscientes. Es importante en este trabajo que sigan el círculo hasta que lo descubran en su totalidad, pues de lo contrario no podrán disolverlo. Mis palabras no están dirigidas tanto a su mente consciente, a su intelecto, como al nivel de sus emociones, donde existe este círculo vicioso.

Incluso si están conscientes de algunas partes del círculo vicioso, usen estas palabras para buscar todas las otras partes de las que todavía no se dan cuenta. Tal vez haya entre ustedes algunos que no se den cuenta en absoluto de ninguna parte de este círculo. En ese caso y para empezar, estas palabras los guiarán para que vuelvan consciente por lo menos una parte. Esto no será muy difícil porque muchos de sus síntomas les mostrarán fácilmente que, aunque de manera inconsciente, el círculo vive dentro de ustedes. Con todo, no interpreten estas palabras en el sentido de que conscientemente piensan y reaccionan de acuerdo con el círculo vicioso; dense cuenta de que está oculto. Dependerá de ustedes volver consciente la reacción en cadena en su trabajo de autodescubrimiento y autodesarrollo que les ofrece este camino. Volverse conscientes de estas corrientes ocultas les dará libertad y victoria.

La mayoría de mis amigos saben que en toda personalidad existe una manera ilógica de pensar, sentir y reaccionar, aunque conscientemente conozcan una lógica mejor. Todo lo que está en el inconsciente es primitivo, ignorante y muy a menudo ilógico, aunque sí sigue cierta lógica limitada propia.

El círculo vicioso que constituye el tema del que hablaré esta noche empieza en la niñez, cuando se forman todas las imágenes. El niño es impotente; necesita que lo cuiden; no puede pararse con sus propios pies; no puede tomar decisiones maduras; no puede ser independiente de motivos débiles y egoístas… y por lo tanto debe depender de otros seres humanos hasta cierto grado. Por lo tanto, el niño es incapaz de un amor generoso. El adulto maduro lo puede llegar a experimentar siempre que toda la personalidad madure armoniosamente y siempre que ninguna de las reacciones infantiles permanezca oculta en el inconsciente. Si permanecen ocultas, sólo parte de la personalidad crecerá, mientras que otra parte—una muy importante—seguirá siendo inmadura. Hay muy pocos adultos que sean tan maduros emocional como intelectualmente.

El niño desea ser amado; de hecho, necesita ser amado. Si existiera un adulto que fuera capaz de dar una semblanza de amor divino, el conflicto que analizamos aquí no surgiría. Pero aun en este caso, los problemas internos de una entidad jamás podrían resolverse, ya que ¡nada puede resolverse por medio de lo que otra persona pueda o no pueda hacer! Es por ello por lo que es necesaria la vida en este planeta imperfecto y no purificado para todas las almas que no son puras aún.

El niño entra en contacto con un ambiente más o menos imperfecto que trae sus problemas a un primer plano. Debido a la falta de amor divino, el niño en su ignorancia anhela un amor exclusivo que no es ni divino ni humanamente posible. El amor que desea es egoísta; no quiere compartir el amor con otros, con hermanos ni hermanas, y ni siquiera con el otro progenitor. El niño, muchas veces inconscientemente, está celoso de ambos padres. Sin embargo, si los padres no se aman entre sí, el niño sufre todavía más. Como vemos, el conflicto surge de dos deseos opuestos. Por una parte, el niño desea el amor de cada progenitor de manera exclusiva; por la otra, sufre si los padres no se aman entre sí. Como la capacidad amatoria de cualquier padre es imperfecta, el niño no entiende que, pese a su imperfección, la mayoría de los padres son perfectamente capaces de amar a más de una persona. Sin embargo, el niño se siente excluido y rechazado si el padre o la madre ama también a otros. En suma, el amor exclusivo que el niño anhela nunca puede ser gratificado. Además, siempre que se prohíbe al niño hacer lo que quiere, esto le sirve de “prueba” adicional de que no es suficientemente amado.

Esta frustración hace que el niño se sienta rechazado, lo que, a su vez, le produce odio, resentimiento, hostilidad y agresividad. Esta es la segunda parte del círculo vicioso. La necesidad de un amor que no puede ser gratificado produce odio y hostilidad hacia las personas mismas a las que uno más ama. Hablando de manera general, éste es el segundo conflicto del ser humano en crecimiento. Si el niño odiara a alguien a quien no amara al mismo tiempo, si amara a su propia manera y no deseara amor a cambio, este conflicto no surgiría. El hecho mismo de que uno odie a la persona misma a quien ama entrañablemente crea un importante conflicto en la psique humana. Es obvio que el niño se avergüenza de estas emociones negativas, y por lo tanto manda este conflicto al subconsciente, donde se encona. El odio produce sentimientos de culpa porque se enseña al niño a una edad temprana que odiar es malo y pecaminoso, particularmente a los propios padres, a quienes se supone que uno debe amar y honrar. Es esta culpa, que perdura en el subconsciente, lo que en la personalidad adulta causa todo tipo de conflictos internos y externos. Además, las personas no se percatan de las raíces de estos conflictos hasta que deciden descubrir lo que está oculto en su subconsciente.

La culpa tiene otra reacción, igualmente inevitable. Al sentirse culpable, el inconsciente dice: “Deseo ser castigado”. Así surge en el alma el temor al castigo, que de nuevo es completamente inconsciente. No obstante, las manifestaciones pueden encontrarse en diversos síntomas, que, si se expresan, finalmente llevarán a las reacciones en cadena que describiré a continuación.

Con el miedo al castigo comienza otra reacción. Siempre que están felices y experimentan placer, ustedes sienten, a pesar de que éste es un anhelo natural, que no lo merecen. La culpa por odiar a aquellos a quienes ama más, convence al niño de que no merece nada bueno, gozoso ni placentero. Siente que si algún día fuera feliz, el castigo, que parece inevitable, sería proporcionalmente mayor. Tratar de evitar el castigo crea situaciones y patrones que siempre parecen destruir todo lo que más fervientemente se desea en la vida.

Es este miedo a la felicidad lo que lleva a la persona a todo tipo de reacciones, síntomas, esfuerzos y manipulaciones malsanos de las emociones, e incluso a acciones que indirectamente crean patrones que parecen suceder involuntariamente, sin que la personalidad sea responsable de ellos. Así hace su aparición otro conflicto más. Por una parte, la personalidad anhela la felicidad y la realización; por la otra, el miedo a la felicidad prohíbe la realización. El deseo de ser feliz nunca puede erradicarse; sin embargo, debido a este sentimiento de culpa profundamente oculto, cuanto más desea uno la felicidad, más culpable se siente. En el camino se van acumulando muchas imágenes tanto personales como colectivas, y todas ellas ayudan a reforzar esta reacción en cadena.

Ahora bien, el miedo a ser castigado y el miedo a no merecer la felicidad crean otra reacción más complicada. La mente inconsciente piensa: “Tengo miedo de ser castigado por otros, aunque sé que lo merezco. Es mucho peor ser castigado por otros, pues entonces realmente estoy a la merced de ellos, ya se trate de personas, del destino, de Dios o de la vida misma. Pero tal vez si me castigo yo mismo podría por lo menos evitar la humillación, la impotencia y la degradación de ser castigado por fuerzas ajenas a mí”. Estos conflictos básicos del amor y el odio, de la culpa y el temor al castigo existen en todas las personalidades humanas; sólo varía el grado.

Así, la personalidad se inflige un castigo. Esto puede pasar de varias maneras, ya sea por una enfermedad física que la psique produce, o mediante diversos contratiempos, dificultades, fracasos o conflictos en cualquier área de la vida. En cada caso, el área afectada depende de la imagen personal que el niño ha formado y llevado consigo durante esta vida hasta que la encuentra y finalmente la disuelve. Así pues, si existe una imagen que tiene que ver con la profesión y la carrera, por ejemplo, esa imagen se fortalecerá por el deseo inherente de autocastigarse; en este ámbito surgirán constantemente dificultades en la vida de la persona. O si existe una imagen conectada con el amor y la vida matrimonial, lo mismo ocurrirá.

Por lo tanto, si no consiguen realizar un deseo consciente y legítimo, o cuando no lo consigan, y al examinar su vida encuentran el patrón de que la realización del deseo consciente se ha visto constantemente frustrada, como si ustedes no tuvieran nada que ver con ello, y como si les hubiera sobrevenido un destino nefasto, pueden estar seguros de que existen dentro de ustedes no sólo una imagen y una conclusión equivocada, sino de que, además, también está presente la necesidad de autocastigarse.

Otra reacción en cadena en este círculo vicioso es la escisión de la personalidad en sus corrientes del deseo. La escisión original entre el amor y el odio, que dio inicio al círculo vicioso, causa otras escisiones, como pueden apreciarlo muy claramente a estas alturas. Uno de los sentimientos contradictorios es la necesidad de autocastigarse; sin embargo, por otra parte, coexiste con él el deseo de no ser castigado. Así, una parte oculta sostiene: “Tal vez pueda evitarlo. Quizás pueda expiar de otra manera mi gran culpa de odiar”. Esta expiación imaginaria equivale a una especie de negociación. Uno hace esto imponiéndose unas normas tan altas que es imposible estar en realidad a la altura de ellas. Esta pequeña voz interna sostiene: “Si soy perfecto, si no tengo defectos ni debilidades, si soy el mejor en cualquier cosa que emprenda, entonces puedo compensar mi odio y mi resentimiento pasados”. Y como la vocecita estuvo en un momento reprimida en el inconsciente, no murió; todavía está viva en el presente.

Ustedes pueden superar algo sólo si logran ventilarlo. Por eso todavía persiste en ustedes el mismo odio. Por eso también se sienten constantemente culpables. Si realmente fuera un asunto del pasado, no sentirían esta intensa culpa todo el tiempo, aunque la culpa no es consciente. Creen que al ser perfectos pueden evitar el castigo. De esta manera se crea una segunda conciencia. En realidad sólo existe una conciencia: es el Ser Superior, que es eterno e indestructible; es la chispa divina de cada ser humano. No confundan esta conciencia con la segunda conciencia, que ha sido creada artificialmente por la compulsión de expiar un supuesto pecado, o incluso una falla real. Ni los pecados imaginarios ni las fallas reales pueden expiarse por medio de la conciencia artificial y exageradamente demandante; en realidad, nadie necesita ser castigado. Como todos ustedes ya lo saben, la manera de eliminar las fallas reales es muy diferente y mucho más constructiva. Cuando finalmente hagan la distinción entre estos dos tipos de conciencia, habrán dado un gran paso adelante.

A la conciencia buena y pura le interesa, desde luego, su progreso, su desarrollo espiritual y la realización de su tarea personal en la vida. También le interesa su ley personal. Cuando digo ley personal, esto no debe malinterpretarse. No significa el tipo de conducta que las personas voluntariosas, primitivas, subdesarrolladas o antisociales exhiben. No significa vivir en una fortaleza de separación, a veces por la propia ley de egoísmo. Estas personas no sólo desprecian la ley de su gobierno, sino también la ley divina. La ley personal a la que me refiero es parte de la ley divina; siempre permanece dentro del marco de lo divino y nunca lo contradice. Sin embargo, todos los hijos de Dios son diferentes tanto en su desarrollo como en su carácter y su temperamento. Cada persona tiene distintas cualidades y defectos. Por lo tanto, todos los seres humanos necesitan algo diferente para cada vida, y muchas veces algo diferente para cada periodo dentro de la misma vida. Lo que se aplica a una persona no necesariamente se aplica a otras.

La ley divina es amplia y muy flexible. No conoce ninguna de las rigideces y generalizaciones de las malas interpretaciones humanas de la ley divina. Estas malas interpretaciones pueden aprisionar a algunos individuos. Sienten de manera intensa lo que se espera de ellos, y lo que conscientemente piensan que es correcto los oprime. Tal vez sus instintos egoístas son todavía tan fuertes que su conciencia real y divina tiene ese efecto, pero tal vez los esté conduciendo de acuerdo con su plan de vida personal.

Así que quizás su ambiente los lleve a hacer algo que en sí es correcto, y sin embargo eso puede no ser lo correcto para ustedes. Por otra parte, lo que su conciencia real quiere que hagan puede parecer al principio contrario a la ley ética y moral de su entorno. Aunque esto pueda parecerles extraño, cuando lo piensan más profundamente no es tan extraño. Su conciencia divina nunca discrepará de la ética y la moral divinas. Así que si tienen el valor y la independencia necesarios para pensar a fondo en cuál es la moral exterior, verán que en muchos casos coincidirá con la ley divina, pero en otros no. A veces la moral exterior es rígida e insensata. Al adherirse a ella podrían infligir más daño a los demás y a ustedes mismos que si obedecen su propia ley personal.

La ley divina se determina ante todo por si lastima a otros. Puede haber situaciones en su vida en que es inevitable lastimar a otros; estas situaciones surgen de su antigua ignorancia. En tales casos deben deliberar y sopesar cuidadosamente, y pedirle a Dios iluminación acerca de qué decisión lastimará menos a todos los involucrados. Escuchar la voz de su conciencia divina les dará paz y libertad. Déjenme insistir de nuevo: su ley y plan personales nunca pueden ser inmorales o poco éticos en realidad. A veces parecerá que es así de acuerdo con las normas humanas rígidas, que siempre tienden a guiarse por la letra de la ley y no por su significado profundo. Las normas rígidas de la Humanidad, por su naturaleza misma, se alejan de Dios y son compulsivas en el mismo sentido que la segunda conciencia artificial, ya que lo que vive en el individuo siempre vive en la Humanidad en su conjunto. Sólo sintiendo profundamente dentro de ustedes y sólo por medio de la autohonestidad total—que deben haber aprendido hasta cierto grado—pueden captar el significado de la conciencia real y verdadera que los guiará correctamente si no permiten que la voz de la segunda conciencia compulsiva desautorice a la conciencia real.

Cuando su conciencia real les hable, serán liberados, amigos míos, independientemente de que su decisión resulte ser lo que sus emociones desean por el momento. He aquí la dificultad: no hay reglas. En un momento dado, su conciencia real y divina puede decirles que hagan lo que es poco halagador, incómodo y contrario a sus deseos egoístas. Entonces es injustificada su esperanza de que la voz interna que les advierte en contra de su deseo egoísta sea su conciencia compulsiva. En otros momentos, el camino correcto puede ser lo que tanto su conciencia real como la compulsiva les dice… sólo los motivos pueden ser diferentes. En otros momentos incluso, su conciencia real los dirige hacia la cosa misma que más desean, pero ustedes no tienen el valor de obedecerla porque su conciencia compulsiva habla demasiado fuerte. Esta voz dice: “Soy demasiado culpable. No debo ser feliz. No lo merezco”. Pero cuando la voz de su conciencia divina les habla, se sienten liberados; se sienten en completa armonía consigo mismos y con el mundo, cualquiera que sea la decisión, cualquiera que sea el resultado, cualesquiera que sean las dificultades. Muy pocas personas pueden escuchar la voz de la conciencia divina en todo momento y ser conscientes de ella. Son constantemente azotadas por el conductor esclavo de su conciencia compulsiva, que ha cobrado vida por medio de las reacciones en cadena que mencioné antes.

La segunda conciencia compulsiva hace demandas imposibles de cumplir. Cada vez que no logran estar a la altura de estas normas, se sienten desproporcionadamente abatidos. Cada vez que no logran satisfacer a la conciencia compulsiva, sienten con más fuerza que no pueden evitar el castigo. Sienten la necesidad de ser castigados aún más que antes de que se inventaran esta segunda conciencia. Se dicen: “Si ni siquiera soy capaz de ser tan bueno y perfecto como debo serlo con la mayoría de las personas, entonces, ¿cómo puedo ser perfecto con aquellos a quienes odio? Por lo tanto, sé cuánto merezco ser castigado y despreciado”. La negociación en la que querían entrar no les funcionó. Jamás podrá funcionarles. Así que el precio que pagan por la segunda conciencia es alto… ¡mucho más alto que el precio que todos deben pagar por vivir sanamente!

¿Qué sucede cuando no pueden alcanzar estas metas? El resultado es inevitablemente un sentimiento de ineptitud e inferioridad. Como no saben que las normas de su conciencia compulsiva son irracionales, irreales e imposibles de satisfacer, y como creen, detrás de su muro de separación, que otros tienen éxito mientras que ustedes no, se sienten completamente aislados y avergonzados, con su secreto culpable de no sólo odiar, sino también de mostrarse incapaces de ser buenos y puros.

Podrían decir: “Es correcto y bueno volverse perfecto”. Podrían decir también: “¿Acaso la conciencia divina no desea esta perfección también? Seguramente que sí. Dije antes que en ocasiones la conciencia divina y la compulsiva pueden anhelar la misma cosa. Sin embargo, en primer lugar, la manera en que se alcanza esa perfección difiere en cada caso. La conciencia divina sabe que todavía no pueden ser perfectos; desea mostrarles paso a paso cómo alcanzar la perfección por grados, aceptándose como son ahora sin culpa ni miedo. La conciencia compulsiva no sabe de eso; tiene que ser perfecta ahora. Además, los motivos de estas dos voces varían. La conciencia divina tiene tiempo; desea alcanzar su meta última con el propósito de amar mejor; sabe que la perfección de la verdad divina es la única manera de dar amor y felicidad, y de ser felices y amados.

La segunda conciencia está motivada por la debilidad y el miedo. Negocia; desea evitar algo que puede o no puede ser bueno, sano y merecido; depende de la manera en que ustedes contemplan el llamado castigo. Es demasiado orgullosa para entender que sencillamente no pueden ser perfectos todavía. También es demasiado orgullosa para permitirles que se acepten tal como son en este momento. Por lo tanto, deben sentirse inferiores porque son incapaces de estar a la altura de sus elevadas normas. Todos los sentimientos de inferioridad en la naturaleza humana pueden reducirse a este común denominador. Mientras no sientan y experimenten esta realidad, no podrán deshacerse de los sentimientos de inferioridad. Tienen que destapar todo el círculo vicioso y ver que es irrazonable; tienen vivir las emociones que los llevaron a crearlo. Sólo entonces disolverán esta reacción en cadena punto por punto y crearán conceptos nuevos dentro de su ser emocional.

Cualesquiera que sean las racionalizaciones que empleen para explicar sus sentimientos de inferioridad, nunca son la causa real. Desde luego, otras personas podrían ser más exitosas en un sentido o en otro, pero esto en sí nunca podría hacerlos sentir inferiores. Sin sus normas artificialmente altas, no sentirían la necesidad de ser mejores o por lo menos tan buenos como otros en todos los ámbitos de su vida. Podrían aceptar con ecuanimidad que otros son mejores o se desempeñan mejor en algunos ámbitos de la vida, mientras que ustedes tienen ventajas de las que otros podrían carecer. No tendrían que ser tan inteligentes, tan exitosos ni tan bellos como otras personas. ¡Esta nunca es la razón verdadera de sus sentimientos de ineptitud e inferioridad! La verdad de esto se manifiesta en el hecho de que las personas más brillantes, más exitosas y más bellas suelen tener peores sentimientos de inferioridad que otras que son menos brillantes, menos exitosas o menos bellas.

Esta ineptitud e inferioridad sirven para cerrar más aún el gran círculo vicioso. De nuevo, su vocecita inconsciente afirma: “He fracasado. Sé que soy inferior, pero tal vez, si pudiera recibir mucho amor, respecto y admiración de los demás sentiría la misma gratificación que originalmente anhelé y que se me negó entonces, lo que me obligó a odiar y a crear todo este círculo. La admiración y el respeto de los demás también serían la prueba de que yo tenía razón, ya que me es posible recibir ahora lo que mis padres me negaron. Pero también mostrarían que no soy tan despreciable como me imagino cuando no estoy a la altura de las normas de mi conciencia compulsiva”.

Por supuesto, estos pensamientos nunca se razonan conscientemente; sin embargo, así es como discuten las emociones bajo la superficie. Así que el círculo se cierra donde empezó, y la necesidad de ser amados y admirados se vuelve mucho más compulsiva de lo que originalmente era. Todos los diversos puntos de estas reacciones en cadena hacen que la necesidad se intensifique. Además, siempre existe la sospecha de que el odio era injustificado; y lo era, pero en un sentido diferente. La personalidad siente inconscientemente que si un amor así existe en efecto, entonces el niño tenía razón, y los padres, o cualquier otra persona que no lo dio, estaban en un error. Así, el anhelo de amor se vuelve más y más tenso y tirante, con motivos débiles, malsanos y completamente inmaduros. Como esta necesidad nunca puede satisfacerse—y cuanto más obvio se vuelve esto, más crece la culpa—todos los puntos subsiguientes del círculo vicioso empeoran y empeoran a medida que avanza la vida, creando siempre más problemas y conflictos. Sólo cuando deseen el amor de una manera sana y madura que no tape motivos enfermos, y sólo cuando estén dispuestos a amar en la misma medida en que desean ser amados, corriendo por lo tanto el “riesgo de la vida”, llegará el amor.

Recuerden que la personalidad enferma en la que este círculo vicioso es fuerte nunca podrá correr ese riesgo mientras siga deseando un amor inmaduro e infantil. Mientras no pueda arriesgar nada por el amor, no sabe amar maduramente. No se supone que el niño corra ese riesgo, pero el adulto sí. El niño interior sólo tiene el deseo y el anhelo inmaduros de amor, y desea ser amado y apreciado, cuidado y admirado incluso por personas a las que el individuo no tiene la intención de corresponder. Y en el caso de aquellas personas que puedan tener la intención de corresponder, hasta cierto grado, la proporción entre su disposición a dar y su necesidad compulsiva de recibir es muy dispareja. Debido a esta injusticia básica, este ardid no puede funcionar, pues la ley divina siempre es justa. Nunca reciben más de lo que invierten. Cuando invierten libremente, sin motivos débiles y compulsivos, tal vez no les regrese el amor inmediatamente de la misma fuente en la que lo invirtieron, pero a la larga fluirá a ustedes de regreso, esta vez en un círculo benigno. Lo que den les será devuelto, siempre que no den por debilidad, con el motivo de demostrar algo. Si los motivos del amor limitado que dan se basan inconscientemente en el gran círculo vicioso, jamás serán correspondidos, aun si por casualidad se encuentran con una persona que básicamente sería capaz de amar en forma más madura de lo que es posible hacerlo en el entorno que ustedes suelen atraer por sus corrientes ocultas. Supongamos, sólo por hipótesis, que todas sus necesidades de recibir amor pudieran gratificarse mientras que ustedes invirtieran sólo un mínimo de emoción. Incluso entonces su necesidad nunca podría ser satisfecha. Esto se debe a la sencilla razón de que su sufrimiento interno necesita una respuesta diferente. El amor que ansían con la idea equivocada de que los pondrá bien no es la respuesta. En otras palabras, buscan un remedio que no es remedio para su mal, así que su hambre de amor seguirá existiendo y jamás se saciará. Es como un pozo sin fondo. Así se cierra el círculo.

Su trabajo en este Pathwork es encontrar el círculo dentro de ustedes, experimentarlo, específicamente en cuanto a dónde, cómo y con respecto a quién vive en ustedes. Todo esto tiene que convertirse en una experiencia personal antes de que realmente puedan disolverlo. Si permiten que este círculo sea sólo un conocimiento intelectual, sin volver a vivirlo emocionalmente, el conocimiento no los ayudará. Repito: Si no pueden identificar los diversos puntos del círculo vicioso en sus emociones, la existencia de la reacción en cadena será sólo otro fragmento de conocimiento teórico que han absorbido, separado por completo de sus emociones. Por lo tanto, una vez que encuentren este círculo en su trabajo personal, podrán romperlo, pero sólo después de darse cuenta de dónde están las premisas equivocadas. Tienen que ver que de niños tenían razón de tener ciertos sentimientos, actitudes, necesidades e incapacidades que ahora son obsoletos. También tienen que aprender a ser tolerantes con sus emociones negativas. Tienen que entenderlas. Tienen que descubrir dónde se desvían en sus tendencias, requerimientos y deseos emocionales de su conocimiento consciente. Quizás sepan perfectamente bien, e incluso prediquen, que tienen que dar amor y no preocuparse tanto por recibirlo. Pero todos ustedes, en sus emociones, todavía se desvían de este conocimiento intelectual. Tienen que volverse plenamente conscientes de esta discrepancia antes de que esperen romper el círculo. Sólo después de que hayan entendido y absorbido plenamente todo eso, y después de que hayan pensado en la irracionalidad de ciertas emociones hasta ahora ocultas, empezarán éstas a cambiar, lenta y gradualmente, cuando no esperen ustedes que cambien en el momento mismo en que entienden su irracionalidad. El secreto está en darles libertad de acción y percatarse de que tienden a convertirse en hábito. Si descubren sus tendencias equivocadas una y otra vez, mucho después de que hayan entendido inicialmente su puerilidad, entonces, y sólo entonces, empezarán estas emociones a madurar lentamente. Hasta ahora no se han dado cuenta de que sus emociones han sostenido muchas veces que ustedes querían recibir más de lo que estaban dispuestos a dar. También insistían en que ustedes fueran amados en forma exclusiva. Y todavía viven—inconscientemente—con la conclusión equivocada de que si un ser querido ama a alguien más, necesariamente los ama menos a ustedes. Todo esto es inmaduro y se basa enteramente en conclusiones equivocadas. Sólo trayendo estas reacciones emocionales a la conciencia pueden darse cuenta de esto. Entonces se volverán conscientes, punto a punto, del gran círculo vicioso. Después de que las emociones hayan llegado a la superficie, podrán pensar en ellas a fondo, considerando de qué manera y por qué son erróneas. Cuando les hagan frente—en su ignorancia, egoísmo e inmadurez—sin sentirse avergonzados, y apliquen a ellas su conocimiento consciente, pescándose en el acto siempre que regresen a sus viejos y malos hábitos emocionales, su subconsciente gradualmente revelará más y más conclusiones equivocadas. Cada acto de reconocimiento les ayudará a romper más su círculo vicioso personal. Así llegarán a ser libres e independientes.

El alma humana contiene en lo más profundo de ella toda la sabiduría y toda la verdad. Pero las conclusiones equivocadas las tapan. Al volverlas conscientes y después de trabajarlas a fondo punto por punto, finalmente alcanzan la meta de descubrir su voz interna de sabiduría que los guía de acuerdo con la conciencia divina, de acuerdo con su plan personal. Cuando violan las leyes divinas—generales así como personales—en sus reacciones internas y externas, su conciencia divina los guía inexorablemente de manera tal que pueda restaurarse el orden y el equilibrio en su vida. Ocurrirán situaciones que parezcan un castigo, pero que en realidad son el remedio que los pondrá en el camino correcto. Siempre y de cualquier manera en que se desvíen, debe restablecerse el equilibrio, para que a través de sus dificultades finalmente lleguen al punto en el que cambien su dirección interna. Cambiarán, no necesariamente en sus acciones externas y conscientes, sino en sus requerimientos y objetivos infantiles e inconscientes.

Así pues, mis queridos amigos, trabajen con este círculo vicioso y experimenten de qué manera está activo en su vida personal.

¿Hay alguna pregunta?

PREGUNTA: ¿Qué pasa con el niño cuyo odio y hostilidad se manifiestan abiertamente? ¿Tendrá de todos modos un sentimiento de culpa?

RESPUESTA: Las manifestaciones abiertas suelen ocurrir en los niños. Siempre que un pequeño tiene un llamado berrinche, estas emociones se manifiestan abiertamente. Pero siempre se reprende al niño y éste aprende lo “malo” que es hacer esto. Eso refuerza su necesidad de mantener oculto el verdadero significado de estos berrinches. E incluso si el odio es en ocasiones enteramente consciente, más tarde suele suprimírsele. Entonces los mismos berrinches pueden continuar por dentro en el adulto sin límite de edad, y sólo cesan cuando el círculo vicioso se vuelve consciente. Algunas personas pueden desarrollar una enfermedad que será una forma de berrinche infantil, o que simplemente les hará la vida difícil a quienes las rodean. Por medio de su infelicidad, estas personas constantemente causan problemas a otros con el objeto de torcer su voluntad y obligarlos a satisfacer su necesidad infantil y compulsiva de gozar de la utopía de recibir un amor y un cuidado perfectos. Esto puede suceder en diversos grados. A veces es muy obvio, y otras es mucho más sutil y oculto. Lo que dicen las personas cuando se permiten este tipo de comportamiento es: “Soy infeliz, ya lo ves. Tienes que cuidarme. Tienes que amarme”. Éste es un berrinche sin las manifestaciones exteriores del niño. El mero hecho de que la hostilidad pueda manifestarse abiertamente en ocasiones durante la infancia no significa necesariamente que no podría reprimirse después.

PREGUNTA: ¿Sería tan amable de explicarnos la diferencia entre alma y espíritu?

RESPUESTA: No sólo tienen un cuerpo físico, sino varios cuerpos sutiles. Cada cuerpo sutil representa cierto aspecto de la personalidad humana. Cuanto más elevado es su desarrollo, una parte mayor de estos cuerpos sutiles se disuelve, hasta que finalmente sólo permanece el cuerpo espiritual original.

Los varios cuerpos sutiles difieren en su grado de densidad. El más denso es la forma humana, el cuerpo físico, por lo menos desde su esfera hacia arriba. Hay esferas más bajas antes de que comience el ciclo de encarnaciones, donde la materia es aún más densa que la de ustedes. Es tan densa que no pueden verla ni tocarla. En lo que a ustedes atañe, lo que es invisible e intocable caería en la misma categoría de “materia sutil”. En realidad no es así. Existe materia tan densa que ustedes, con su percepción física, no pueden verla, del mismo modo en que tampoco pueden ver la materia sutil real, más sutil que la suya. Podrían caminar a través de ella como un espíritu no encarnado puede caminar a través de la materia de ustedes. Pero en su plano de percepción, la materia más densa es la materia física. Para cada vida en la Tierra necesitan esta materia física, pero se despojan de ella después de cada vida terrenal. También se despojan, poco después de la llamada muerte física, de otro cuerpo de materia más sutil que la física. Entonces queda el cuerpo-alma o cuerpo-sentimiento. En este cuerpo están todas sus emociones, impresiones, actitudes y tendencias; en otras palabras, su verdadera personalidad interna. Al llegar el desarrollo a su grado más alto, el cuerpo-alma—así como todos los demás cuerpos—se disuelve, y sólo permanece el espíritu, el ser original. El espíritu es lo indestructible, lo eterno, que vive en ustedes y contiene la conciencia divina de la que hablé esta noche. Contiene toda la sabiduría, toda la verdad y todo el amor, pero está tapada por estas muchas capas.

INTERROGADOR: Muchas gracias.

PREGUNTA: Cuando una persona duerme, ¿se queda el alma con el cuerpo o lo deja temporalmente para revitalizarse?

RESPUESTA: Lo deja temporalmente. Hay varios cuerpos sutiles que dejan el cuerpo físico en diferentes estados de inconsciencia. Generalmente durante el sueño, el cuerpo-sentimiento se sale del cuerpo físico, a veces más, a veces menos. Produce las imágenes que ustedes traducen en símbolos en un sueño. Si el cuerpo-sentimiento se quedara durante el sueño en el cuerpo físico, el sueño no sería profundo; sería un sueño inquieto. Pero durante el sueño profundo, el cuerpo-sentimiento o alma está fuera del cuerpo físico. Ese es el descanso físico. Este cuerpo-sentimiento puede expandirse más cerca o más lejos. ¿Está claro?

PREGUNTA: Sí. ¿Tiene uno que estar profundamente dormido para descansar, o es suficiente un sueño ligero?

RESPUESTA: Cuanto más profundo es el sueño, mayor es el descanso. Lo saben cuando despiertan. Cuando han dormido profundamente se sienten mucho más frescos que cuando su sueño fue ligero. Cuanto más profundo es el sueño, más alejado está el cuerpo-sentimiento del cuerpo físico.

INTERROGADOR: He conocido algunas personas que pueden descansar diez minutos y despertar completamente frescas.

RESPUESTA: Si el sueño es suficientemente profundo, un sueño de diez minutos les dará más descanso que toda una noche de sueño inquieto y agitado, cuando, debido a sus tensiones, su cuerpo-sentimiento no puede salirse por completo.

INTERROGADOR: Gracias.

PREGUNTA: Otro espíritu me dijo en una ocasión que es bueno rezar y meditar durante un rato largo. Después de algunos años esto se me ha vuelto un hábito. Hace algún tiempo, cuando le hice a usted una pregunta a este respecto, me respondió que quizás no sea bueno porque en esa manera de orar podría haber rigidez y hábito, y que deberíamos tratar de desaprender lo que aprendimos en esa ocasión. Me pregunto por qué nos dijo un espíritu supuestamente desarrollado que cayéramos en este patrón-hábito.

RESPUESTA: Cuando una persona accede por primera vez a un camino espiritual de desarrollo y no está acostumbrada para nada a la oración y la concentración, esa meditación es buena disciplina. Es favorable que aprendas la concentración por medio de la oración y la meditación, ya que tus pensamientos pasan por cierto proceso de limpieza y adquieres cierta conciencia. Aprendes a cultivar pensamientos generosos. Tus pensamientos se elevan en la oración, y abren así el camino a una etapa posterior de tu desarrollo. Así, el poder de concentración puede combinarse con el cultivo de pensamientos constructivos y generosos, como en la oración. Desde luego, la concentración podría aprenderse en relación con cualquier tema, pero es mejor aprenderla de esta manera que en asuntos mundanos. Así que ya lo ves, tanto la limpieza del proceso de pensamiento como sucede en la oración, como la concentración, son necesarias en este camino. Ambas podrían aprenderse por separado, pero vale más combinarlas. Una vez que se aprende la disciplina, uno debe cuidarse de caer en la rutina de la oración, lo que la rigidiza y la priva de vitalidad.

Actividades y actitudes diferentes se aplican a diferentes fases del propio desarrollo. Una vez que has llegado a cierto punto, sería dañino en muchos sentidos que permanecieras en una rutina rígida. Si tu oración ya no vibra, es mejor que hagas oraciones cortas que cambien de acuerdo con tus necesidades en cualquier etapa de tu desarrollo presente, prestando atención también a tus dificultades y obstáculos internos actuales. El poder de concentración que has aprendido puedes usarlo entonces con el propósito de autodescubrimiento que requiere todo el trabajo que haces en este Pathwork. Eso es mucho más productivo que repetir mentalmente la misma cosa una y otra vez. Los niños que están en primer grado aprenden algo diferente de lo que aprenden después.

Sean benditos todos ustedes, todos los que están aquí, todos mis amigos que leen estas palabras, todos sus seres queridos, su familia y sus amigos. Llévense estas bendiciones, permitan que fortalezcan su valor y su fuerza de voluntad en el camino del autodescubrimiento. Esta es la única liberación posible, liberación de todas sus conclusiones equivocadas, liberación de sus elevadas normas compulsivas que los hacen sentirse culpables y poco merecedores de lo que Dios quiere que tengan: felicidad, luz, amor. Queden en paz, mis queridos amigos. Queden en el Señor.

Dictada el 24 de abril de 1959.