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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 52. La importancia de formar opiniones independientes

Saludos, mis queridos amigos. Dios los bendiga a todos.

Todos ustedes buscan el reino de Dios, el reino del amor. Sin embargo, se topan con innumerables dificultades con otros seres humanos, a pesar de que están llenos de buena voluntad y conocen las verdades espirituales básicas y la importancia del amor. Estos obstáculos surgen de la ceguera en la que están encerrados y de su falta de comprensión de la ceguera de otros. La ceguera de otros los lastima, y ustedes, en su propia ceguera, no se dan cuenta de cuánto y con cuánta frecuencia lastiman a la otra persona. Si pueden tener en mente esta ceguera mutua, queridos míos, ella será el peldaño básico para seguir adelante.

Con eso en mente, serán conscientes de que su propia ceguera, y no la del otro, los mantiene en un estado de sufrimiento acerca de una injusticia real o imaginada. Es cierto, algo puede parecer injusto, y hasta serlo. Pero verán las cosas de una manera diferente cuando entiendan lo que digo aquí. Siempre que sufran a causa de otras personas, éstas no están más ciegas que ustedes… ¡y a menudo incluso menos! Al entender esto pueden empezar a explorar su propia ceguera. Siempre cometen el error de batallar contra la ceguera y la falta de comprensión del otro en vez de tratar de eliminar la suya propia. No se dan cuenta de su error porque ven sus propios argumentos muy “claramente” y siguen fortaleciéndolos pensando en reversa. Con esta tendencia en mente, automáticamente cultivarán la objetividad, que es uno de los requisitos fundamentales para la generosidad y la capacidad de amar.

Cuanto más se concentren en cómo han sido lastimados, más difícil les resultará dejar de lado su propio ego pequeño y ver el punto de vista de la otra persona y aceptar lo que no pueden cambiar. Cuanto más luchen contra todo lo que no pueden cambiar—es decir, todo y a todos salvo a ustedes mismos—más infelices serán. Esta infelicidad es la consecuencia inevitable tengan o no la “razón”, y encuentren o no a quién culpar de una injusticia real o supuesta que se haya cometido contra ustedes.

Cuanto más infelices son debido a la maldad de otras personas, menos aceptan lo que no pueden cambiar. Eso no significa que deban aceptar el mal de una manera enfermiza o masoquista, ni que deseen ser torturados o maltratados sólo para satisfacer sus sentimientos de culpa. Acepten el maltrato de otros con la actitud sana de saber que el mal nunca puede dañarlos en realidad, sino sólo mientras persistan en la actitud equivocada.

Todas las crisis, todos los colapsos, son causados por la actitud básica equivocada. Jamás tendrán que sufrir un colapso si cambian la actitud a tiempo. Si de verdad desean entender esta importantísima verdad, podrán protegerse de crisis y colapsos. Jamás son las circunstancias exteriores las que llevan a ellos, sino su actitud equivocada en tales circunstancias. En realidad, un colapso es una rabieta infantil; el grado es más fuerte, pero la actitud básica es la misma. Hablé de los berrinches la última vez en conexión con uno de los círculos viciosos fundamentales del ser humano.

Cuando ocurre un colapso, el subconsciente dice: “No puedes hacerme esto; es demasiado. Estaré bien otra vez si las circunstancias que aborrezco cambian a mi gusto”. Esto, mis amigos, es real y verdaderamente lo que ocurre. Pero ésta es la actitud equivocada. El voluntarismo prevalece en un grado muy alto cuando existe este clima emocional. La actitud correcta sería volverse hacia dentro y buscar lo que puede aprenderse de la situación dolorosa. Todos ustedes saben ya muy bien que no hay situación dolorosa de la que no pueda aprenderse una lección importante.

Una entidad que va de una encarnación a otra con una actitud en la que prevalecen el voluntarismo y la autocompasión trata de obligar al mundo a que se comporte a la medida de su gusto. Cuando esto no puede hacerse por medio del poder, se buscan otros medios, como la enfermedad o el colapso nervioso. Así, la entidad viola sus corrientes del alma en tal medida que finalmente, en la encarnación en la que culmina esta actitud, la persona estará predispuesta a la locura. Esta es una de las razones básicas de la locura. No digo que sea la única, pero podría añadir que todas las demás condiciones que llevan a la locura están, por lo menos en cierto grado, conectadas con ella. Desearíamos que esta verdad sobre los antecedentes de la locura fuera más plenamente reconocida en su mundo.

Cuanto menos se adapten al mundo que los rodea, a las condiciones que no pueden cambiar, más se desvía su fuerza vital al canal equivocado, volviéndose destructiva en vez de creativa y regeneradora… y por lo tanto más infelices e inarmónicos tienden a ser. Esto empieza con estados de ánimo muy inarmónicos y rebeldes, y los encierra más y más en una pared de separación, egocentrismo y ceguera. Estas cualidades los hacen cometer actos y tener pensamientos que seguramente les traerán resultados desfavorables, los cuales crean un círculo vicioso a medida que se rebelan más enérgicamente contra el mundo que los rodea… ciegos a la manera en que causaron los resultados negativos. El siguiente paso podrían ser rabietas continuas de una forma u otra, y finalmente un colapso con la esperanza oculta de que esto cambie a las personas y las circunstancias. Y cuando regresan al plano terrenal vida tras vida a aprender precisamente eso pero no lo aprenden, la locura será finalmente el resultado.

El principio de la locura es el mismo que el de una rabieta leve. La actitud básica es la misma desde un punto de vista tanto espiritual como psicológico; sólo varía el grado. La dirección de las corrientes del alma y los pensamientos y emociones son los mismos en esencia.

La cordura y la salud emocional dependen en gran medida de la capacidad y la voluntad de adaptarse a cualquier condición no deseada averiguando lo que se puede aprender de ella; renunciando a pelear contra ella, tranquilizándose internamente y concentrándose en la causa que la produjo y que está en ustedes. Esto requiere cierta humildad y flexibilidad. Estas disuelven el narcisismo rígido que no puede aceptar la vida como es e ignora el hecho de que uno mismo moldea su vida. Muchas veces sí buscan la respuesta en ustedes mismos pero, aun así, no se adaptan de la manera correcta. Buscan dentro de ustedes mismos de la manera incorrecta; sutilmente buscan autojustificarse y van demasiado lejos en la búsqueda de una respuesta. La respuesta real está mucho más cerca de lo que creen o están dispuestos a ver. Así que la única solución es dar un giro de 180 grados y darse cuenta de que primero deben cambiar antes de que puedan esperar que la vida cambie para ustedes. Si están verdaderamente dispuestos, la respuesta les llegará. Y tal vez la mejor respuesta les venga de las personas mismas que los han lastimado.

Si ustedes, mis queridos amigos, que son todos tan sinceros, intentan este enfoque, alcanzarán la libertad interior que están buscando. Deben alcanzarla de esa manera. Si pueden renunciar a la leve satisfacción de sentirse lastimados y maltratados—sí, hay en ello una satisfacción, además del dolor—y la cambian por la actitud antes descrita, será suya una satisfacción más grande, más plena y más duradera sin el dolor y la desarmonía. Se liberarán de las cadenas de la ceguera y automáticamente crecerá su comprensión de los demás… ¡lo cual debe de eliminar su dolor!

Estas palabras se han dicho muchas veces, pero necesitan repetirse para muchos de ustedes, mis queridos amigos. Digo esto con todo el amor que siento por cada uno de ustedes. Si lo intentan, puedo prometerles alivio, clarificación, liberación.

Hablaremos ahora del tema de las opiniones. Se vuelve cada vez más importante en este Pathwork que descubran cuáles son sus verdaderas opiniones. Muchos de ustedes ignoran por completo que tienen opiniones que han aceptado sin digerir, sin preguntarse si realmente eran suyas y por qué.

Los seres humanos suelen estar tan involucrados en sus problemas emocionales que no se dan cuenta de que tienen opiniones que no son las suyas, ni de por qué las tienen. No importa que la opinión que tienen sea objetivamente válida. Si no es la suya propia, si no han llegado a ella a través de la deliberación madura, es más dañina para el alma que una opinión incorrecta a la que se llega honestamente. Esto puede sorprenderlos, pero trataré de mostrarles por qué es mejor tener una opinión incorrecta si es realmente la suya que tener una opinión correcta si no lo es.

En el primer caso podrían estar equivocados. ¿Por qué no? Son seres humanos y por lo tanto su juicio es falible. Un error sin mala intención, como siempre digo, es mucho mejor que una falta de valor y todas las demás razones enfermizas y débiles que los hacen aferrarse a una opinión a la que no llegaron honestamente.

¿Por qué expresan opiniones que no son las suyas propias? Una posibilidad es, sencillamente, por pereza e inercia. Cualquier cosa que no los toque en lo personal no es suficientemente importante para hacer un esfuerzo; en este caso el esfuerzo de pensar independientemente en aras de la verdad. Por lo tanto, adoptan rápidamente las opiniones de otros. Una cosa es no tener ninguna opinión sobre un tema que no les resulta ni importante ni interesante, y otra cosa es tener las opiniones de otras personas.

Los sentimientos de inferioridad son otra razón para no tener opiniones propias. Están tan seguros de que otras personas saben más que ustedes que dependen de sus opiniones en vez de formarse las propias. Al actuar así crean un círculo vicioso: cuanto más tienen opiniones que no les son propias, más se desprecian inconscientemente. Y cuanto más se desprecian, mayor es la aparente necesidad de adoptar las opiniones de otras personas. Así pueden ver cómo todas las condiciones internas equivocadas crean un círculo vicioso, aparte del gran círculo vicioso del que hablé la última vez. La única manera de romper el círculo es tener el valor de examinar el tema, de revisarlo libre e independientemente. Si entonces llegan a un punto de vista diferente y tienen el valor de sostenerlo, al precio de diferir de su ambiente, automáticamente se respetarán mucho más, y así empezarán a romper este círculo vicioso específico. Por otra parte, si llegan a la misma opinión de nuevo, pero esta vez se ha vuelto realmente suya, su valor y su esfuerzo por librarse del yugo de su propia debilidad tendrán el mismo efecto positivo.

Otro motivo para tener opiniones que no son suyas es el deseo de amoldarse a lo que piensan los demás. Este deseo tiene algunas subdivisiones. Por ejemplo, el niño o la persona inmadura se siente diferente de su ambiente, tiene la sensación de no pertenecer, de estar aislado y de ser único en un sentido negativo. Por eso todos los niños quieren ser como los demás niños y se sienten profundamente avergonzados de su diferencia imaginada. La maduración del alma cambiará esta tendencia, pero, hasta entonces, la persona se sentirá inclinada a aferrarse a las opiniones de otros.

Otro motivo para amoldarse y, por lo tanto, no atreverse a buscar las propias opiniones está en el ámbito en el que ustedes todavía se rebelan contra la autoridad. Como todavía anhelan pertenecer, y su rebeldía no sólo está oculta, sino que se limita a ciertos ámbitos de su vida, desean compensar esa rebeldía y amoldarse a su ambiente de otras maneras.

Otro motivo más para apropiarse de las opiniones de otros es tapar el deseo mismo que se niegan adoptando la opinión contraria. Como su deseo no se amolda a la opinión pública, están convencidos de la perversidad de ese deseo. Aunado a esto está su sentimiento general de culpa que surge del círculo vicioso principal. Por lo tanto, se sienten obligados a tener una opinión que no está en armonía con sus emociones y deseos inconscientes. No importa aquí si consideran que estas emociones y deseos inconscientes son deseables o indeseables. Pero en ninguna circunstancia eliminan deseos posiblemente equivocados amoldándose exteriormente, adoptando la opinión contraria por miedo y debilidad. Estas opiniones suelen ser especialmente rígidas… e incluso violentas.

En todos estos casos ustedes violan su personalidad; les falta el valor para ser ustedes mismos y llegar a sus propias conclusiones. Traicionan su verdad por una ventaja personal imaginada, lo que aumenta su autodesprecio, aunque esto suele ser muy inconsciente.

Podría añadir que muchas veces sostienen una opinión sólo porque representa exactamente lo contrario de lo que piensa una autoridad odiada y rechazada, sea uno de los padres u otra persona. En este caso su motivo no es el deseo de amoldarse, sino todo lo contrario. Son el desafío, la rebeldía y el odio lo que los hace sostener dicha opinión. En consecuencia, son tan esclavos como cuando se amoldan. Son igualmente dependientes.

Ahora ya pueden ver lo dañino que es tener opiniones a las que no llegaron en forma independiente, opiniones que no están exentas de un involucramiento personal. Descubran cuáles de estos motivos se aplican a ustedes y los atan. Tal vez se aplique a ustedes una combinación de ellos. En algunos casos uno puede predominar, pero los otros también podrían estar presentes.

El peligro es que sus racionalizaciones—la manera en que logran justificar sus opiniones—pueden ocultar los motivos débiles y dependientes. No olviden que lo importante aquí no es la validez de la opinión. Lo que exponen puede ser correcto; pero, ¿por qué tienen realmente esa opinión? ¿Cómo llegaron a ella? ¿Cuáles son sus motivos interiores para tener dicha opinión? Aquí radica la dificultad del trabajo. La validez de la opinión puede ser tan fuerte que no encuentran las razones emocionales y subjetivas que hay detrás de ella. Encontrar sus motivos exige la mayor autohonestidad, y un poco más. También exige la comprensión de todas las sutilezas descritas aquí y una auténtica voluntad de aplicarlas a ustedes mismos, de detectar el ligero sabor emocional de sus reacciones a algunas de sus emociones. Escuchando o sintiendo sus emociones podrán llegar hasta sus raíces. Pero, ¡tengan cuidado de su buena capacidad de razonamiento! Cuanto más éxito tengan en este terreno, más grave es el peligro de que estén ocultando sus verdaderos motivos.

Les sugiero que tomen ciertos temas generales sobre los que tienen opiniones fuertes y los examinen en el trabajo que están haciendo solos y con la persona con quien trabajan. Tomen, por ejemplo, la política, la religión y su idea del amor y la sexualidad, o cualquier cosa que les interese a todos en cierta medida. ¿Qué piensan realmente sobre estos temas? ¿Por qué? Piensen si tendrían la misma opinión de haber crecido en un ambiente diferente, de haber reinado en torno a ustedes influencias distintas. Este autocuestionamiento es sano porque les da una perspectiva más objetiva.

Uno puede encontrar autojustificación para casi cualquier punto de vista. También hay algo de razón siempre en el punto de vista opuesto. Traten de verla. Y luego traten de detectar lo subjetivos que pueden haber sido hasta ahora. Harán un gran progreso si pueden reconocer que tienen un interés personal cuando se aferran a su opinión; que ésta no se basa sólo en deliberaciones objetivas. Esta autohonestidad es muy benéfica para el alma.

¿Hay preguntas sobre este tema?

PREGUNTA: Hay algo que no acabo de entender. Me parece que el tiempo es tan limitado que uno no podría reunir suficiente información y analizarla lo bastante para llegar a una opinión correcta sobre muchos temas. Y por lo tanto, se siente uno obligado, conscientemente, a adoptar una opinión que es emocional.

RESPUESTA: En primer lugar, querido mío, déjame hacerte esta pregunta. ¿De veras estás consciente de casos en los que has adoptado una opinión emocional? Lo dudo mucho.

INTERROGADOR: Bueno, creo que hay muchas ocasiones en las que uno no está consciente de eso. Pero hay otras en las que uno está plenamente consciente. Por ejemplo, cuando el tema no reviste el interés suficiente para dedicarle el poco tiempo que hay.

RESPUESTA: En el momento en que estás emocionalmente influenciado, el tema es importante. No tiene importancia sólo cuando no puedes ser tocado emocionalmente. Hay muchas cuestiones que no pueden tocarte emocionalmente. Si el tema no es importante para ti, puedes decir: “No sé”. Por lo tanto, no tendrás una opinión. Por ejemplo, en el caso de un tema científico, no te resultaría difícil decir que no sabes. El tema no te toca personalmente. Sin embargo, un científico que trabaja en un campo específico puede estar emocionalmente involucrado. O, si no lo está, el tema sigue siendo importante para él. Por lo tanto, debe estudiarlo. Pero tú puedes decir que no tienes una opinión en particular sobre el tema, salvo si eres demasiado orgulloso para reconocer que hay un asunto del que no sabes nada. En ese caso, sí te involucras emocionalmente. Y todo esto te llevará a adoptar una opinión de la que sabes poco o nada. Es perfectamente cierto que no puedes estudiar todos los temas que existen. Yo no dije que sea necesario tener opiniones sobre todos los temas. Simplemente dije que cuando tengas una opinión, debe ser la tuya.

Además, en el momento en que uno se da cuenta de que su opinión se basa en la emoción y es, por lo tanto, subjetiva—aun cuando resulte que también es objetivamente válida—, esta comprensión constituye ya un gran paso. Muchas personas no se dan cuenta para nada de esto. De hecho, ésta es la razón por la que hablé del tema esta noche; para ayudarlos a descubrir precisamente eso. Tal vez lo más que puedas hacer durante mucho tiempo sea tener estas comprensiones. No puedes ser completamente objetivo de repente. Para alcanzar este desapego debes pasar por la etapa en la que te das cuenta de que no puedes ser objetivo en ciertas áreas de la vida. Es sano decir: “Aquí no soy objetivo, pues estoy emocionalmente involucrado. Por el momento, mi opinión es tal o cual, pero me doy cuenta de que es subjetiva, y por lo tanto no la tomo al pie de la letra. No la tomo demasiado en serio”. El peligro llega cuando estás convencido de que tu opinión es completamente objetiva y la expones con muy buenos argumentos, pero al mismo tiempo no te das cuenta en absoluto de que, pese a los buenos argumentos, estás profunda y subjetivamente involucrado.

INTERROGADOR: Entonces, ¿me equivoqué al pensar que lo que usted dijo significaba que uno debe tener opiniones cuando no está calificado para tenerlas?

RESPUESTA: Claro que te equivocaste. No hay nada de malo en decir, acerca de todos los temas que quieras, que no sabes. Por el contrario, eso está bien. Sin embargo, cuando te sientes inarmónico siempre que se da una opinión que es contraria a la tuya, cuando te enojas por dentro o cuando sientes la gran necesidad de convencer a otros de que tu opinión es la correcta, entonces debes examinar dónde y cómo estás emocionalmente involucrado. Sería muy tonto que yo te aconsejara que tuvieras una opinión sobre cada asunto concebible.

PREGUNTA: ¿Qué puede decirme del problema de ser incapaz de formar una opinión sobre un tema sobre el que la mayoría parece tener una opinión?

RESPUESTA: Eso no importa. El hecho de que muchas personas tengan opiniones—a menudo no suyas—no es razón para que debas tener opiniones sobre temas que no has estudiado. No hay nada de malo en ello. Sólo si se convierte en una pauta: cuando un tema es importante para ti y no puedes formar una opinión, entonces debes ver dentro de ti mismo. Si examinas la pauta, ella te revelará algo. Descubrirás por qué eres incapaz de formar una opinión. ¿Cuáles son las razones psicológicas detrás de tu incapacidad? Podría ser el miedo de comprometerte. Podría ser que la persona se abstiene constantemente de tener opiniones a fin de evitar la fricción, de ser querido y “respetado”, de jamás diferir de otras personas o de evitar cierta responsabilidad. Desde el momento en que tienes una convicción, ésta entraña cierta responsabilidad. Eso puede estar detrás de la incapacidad de formar una opinión. De un síntoma pequeño y aparentemente poco importante puedes descubrir algo infinitamente más importante. Al revisar tu vida desde este punto de vista nuevo, encontrarás ciertas pistas acerca de las razones ocultas por las que tienes opiniones que no son las tuyas o por las que eres incapaz—o mejor debería decir que estás poco dispuesto—a formar una opinión por razones psicológicas y emocionales que todavía están ocultas.

PREGUNTA: Después de la muerte, el cuerpo físico se desintegra. Y después de ese, uno de los cuerpos sutiles. ¿Se trata del cuerpo etérico o astral?

RESPUESTA: Querido mío, no es necesario entrar en esto aquí. Hay mucho material escrito sobre este tema en la literatura oculta y esotérica. Además, no es importante en realidad.

INTERROGADOR: Esa era sólo parte de la pregunta que tenía en mente. Si el cuerpo espiritual es sólo un cuerpo, ¿tiene éste sentimientos y personalidad emocional?

RESPUESTA: Sí, pero de una manera muy diferente. Ciertamente, cada entidad espiritual, tal como Dios la creó, es una personalidad y, por lo tanto, tiene sentimientos, reacciones y opiniones. Pero éstos difieren mucho de los no purificados de la personalidad humana. Tu propio Ser Superior, el ser divino que vive dentro de ti, registra, siente y ve, pero de manera tan distinta como son distintos tus sentimientos de los de un niño. Tu reacción sería muy diferente de la reacción de un niño en ciertas circunstancias. Si a la niña se le rompe su muñeca favorita, creerá que es el fin del mundo. La niña no puede ver que no es una tragedia. Como adulto, tú comprenderás a la niña, entenderás su dolor, pero no te verás afectado por la pérdida de la misma manera. Una relación similar existe entre tu personalidad no purificada y tu personalidad divina. Esta última observa a tu personalidad externa. Suele diferir en la opinión de lo que es bueno para ti. Trata de conducirte por el camino correcto. Algunas veces te dejas guiar, pero otras veces, no. Tu voluntarismo y tu ceguera se interponen.

El hecho de que tu personalidad divina no sienta y reaccione de la misma manera que tu personalidad externa no significa, sin embargo, que no piense y reaccione también. Pero los sentimientos son refinados y mucho más sabios. El objetivo es mucho más elevado. Tiene una perspectiva infinitamente más amplia y de mayor alcance.

PREGUNTA: Se nos dice que el amor es algo que crece. No obstante, si no tenemos mucho amor y a veces nos preguntamos qué es lo mejor que podemos hacer, nos respondemos que debemos hacer lo correcto, aun cuando no estemos del todo listos para hacerlo. Sentimos que deberíamos hacerlo por amor. Y si no es por amor, ¿está bien entonces que lo hagamos por “deber”?

RESPUESTA: No puede uno generalizar. Depende de cuál sea el caso y de cómo se ejecute el “deber”. Desde luego, un “deber” compulsivo no es aconsejable. Pero digamos que en el curso de tu progreso en el autorreconocimiento que aconseja este Pathwork te das cuenta de que cierto comportamiento de tu parte, pese a ser bueno y correcto en sí, lo tuviste sin que tus sentimientos lo respaldaran. En realidad haz hecho lo correcto por motivos enfermizos y débiles: en espera de una recompensa, por aliviar un sentimiento de culpa o para alimentar un deseo de autodestrucción. Todo esto equivale a una compulsión. Ahora bien, dependiendo del asunto, en un caso podría ser bueno que dejaras de hacer lo correcto hasta que estés listo para hacerlo de todo corazón. Pero en otros casos tu deseo puede ser todavía tan burdo que expresarlo abiertamente podría producir daño a otros y, desde luego, a ti mismo. Reconoces esto. Una parte de tu personalidad desea evitar hacer daño; otra parte, no. Hasta ahora, has hecho lo correcto por motivos mixtos; en parte por los motivos buenos, pero en parte por tapar los motivos enfermizos y débiles con la acción correcta. Naturalmente, al reconocer estas verdades seguirás haciendo lo correcto, pero ahora estarás consciente de tus motivos internos y no te engañarás creyendo que tus motivos son todos buenos y puros. Entonces se irá la compulsión. El acto seguirá siendo el mismo, pero el motivo habrá cambiado debido al reconocimiento, aunque todavía seas incapaz de tener un motivo puro de amor.

Cuando descubras que tus viejos motivos eran compulsivos y no enteramente genuinos, surgirá el peligro de que caigas en el extremo opuesto y des rienda suelta a los motivos burdos. Habiendo realizado un acto correcto por motivos incorrectos, pensarás que el cambio apropiado es hacer lo incorrecto por los motivos “correctos”, porque entonces por lo menos serás honesto. No tienes que cometer un acto dañino y egoísta para ser honesto. Basta con que reconozcas que tus motivos todavía no son puros, que aún eres incapaz de tener un motivo puro de amor. Además, nunca es tu personalidad entera la que desea cometer el acto egoísta. Sólo puede ser una parte de ti. Mientras tanto, después de que dejes de actuar con autoengaño y compulsión, y antes de que seas capaz de ser uno con tu ser divino, puedes seguir haciendo lo correcto y al mismo tiempo darte cuenta de lo que realmente sientes y de que ese regateo para obtener ciertos resultados debe cesar. Esto tenderá un puente hasta que alcances la perfección de permitir que tu ser divino se manifieste. Esa es la manera de aprender el amor: En primer lugar, sé honesto contigo acerca de tus motivos pasados y presentes. En segundo lugar, sigue realizando el acto correcto por sí mismo aunque todavía no puedas amar. Realizar el acto incorrecto no significa que seas más fiel a ti mismo que cuando cometes el acto correcto por motivos equivocados. Mientras no seas puro a este respecto, tu personalidad siempre estará dividida. Cuando seas uno contigo mismo serás completamente amoroso. Hasta entonces, debes reconocer cuándo te quedas corto en el logro de este objetivo, pero eso no significa que debas renunciar al acto correcto. De esta manera, gradualmente, algo crecerá y florecerá en ti. Al realizar el acto correcto sin autoengaño, con la esperanza de que algún día seas capaz de sentirte completamente uno contigo mismo al realizar el acto, desarrollarás la fuerza de la luz y el amor en tu alma. ¿Entiendes?

INTERROGADOR: Sí, es muy claro en la medida en que va de uno al otro. Nos dijo usted en una de las conferencias pasadas que ningún humano puede amar completamente ni ser perfecto. Entonces, ¿cuánto amor puede una persona esperar recibir de otra persona? ¿Podemos esperar que se nos ame con todos nuestros defectos?

RESPUESTA: La expectativa del amor puede ser un obstáculo a tenerlo. ¿Qué significa eso? Significa que todavía hay un regateo en la persona. Significa que en lo más profundo de tu ser en realidad dices: “Sí, yo estaría dispuesto a amar si no corriera peligro. Y no correría peligro sólo si estuviera seguro de que me van a amar tanto como yo amo”. Se necesita buscar mucho hasta que uno llegue a entender que las personas con capaces de muchos tipos diferentes de amor. Al entender esto, llegarás al punto en que puedas amar sin esperar que la misma fuente te devuelva ese amor. Reconocerás que un gesto pequeño puede tener un significado más grande si viene de una persona que un gesto más grande que venga de otra. Esto es muy relativo, y puedes cultivar tu percepción de ello.

PREGUNTASTE: “¿Podemos esperar que nos amen con nuestros defectos?” Tal vez la mejor actitud sería que esperaras ser amado con tus defectos tanto como amas a otros con los suyos. Así será, amigos míos, exactamente. Esto puede sonar disciplinario, pero no lo es. Es la manera en que funciona el magnetismo de las corrientes del alma. En la medida en que seas intolerante de los defectos de la otra persona, en esa misma medida serás juzgado, y cosecharás amor exactamente en el mismo grado. No hay otra manera.

PREGUNTA: Sobre el tema del acto correcto, ¿cómo puede una persona que está tan limitada que es compulsiva distinguir un acto incorrecto de uno correcto?

RESPUESTA: En muchos casos no es posible. En muchos sí lo es. Hay muchas ocasiones en que es muy claro que una alternativa es correcta y la otra es egoísta.

COMENTARIO: Ya hemos aprendido que muchas veces lo que pensamos que es amor, en nuestra terminología en la Tierra, en realidad equivale a odio.

RESPUESTA: En los casos que no son tan claros, no puedes ni debes tomar decisiones importantes hasta que te veas con mayor claridad. Hablaba de los pequeños actos cotidianos en los que una persona se enfrenta a la disyuntiva de un acto obviamente egoísta o uno genuinamente generoso. El otro problema que planteas constituye un tema completamente diferente. Te sugiero que lo retomemos la siguiente vez en forma más extensa. Son dos preguntas diferentes.

Y ahora, mis queridos amigos, sean benditos todos ustedes en el nombre de Dios. Sigan por este camino. Continúen, y la fuerza y la luz de Dios estará siempre con ustedes, aunque a veces las cosas se vean negras y desesperadas. Pero nunca olviden que mientras estén dispuestos, la luz de Dios vuelve a ustedes. El sol brillará otra vez. Bendigo a todos los que están aquí. Queden en paz, amigos míos, ¡queden con Dios!

Dictada el 8 de mayo de 1959.