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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 57. La imagen colectiva de la importancia personal

Saludos, amigos míos. Dios los bendiga a todos, Dios bendiga esta hora.

Muchas veces hemos hablado de los sentimientos de inferioridad y de su verdadero origen. Esta es una tendencia importante de la naturaleza humana y necesitan entenderla mejor en su trabajo de autobúsqueda. Creo que a estas alturas entienden claramente que las verdaderas razones de los sentimientos de inferioridad están ocultos. Subconscientemente registran sus imperfecciones e insuficiencias y, aunque no quieren enfrentarlas y asumirlas, su conocimiento de ellas persiste. No pueden erradicar eso, de manera que buscan un alivio a ese sentimiento desagradable. Creen, equivocadamente, que pueden lograr esto recibiendo atención, admiración y aprobación. Muchos de ustedes han descubierto ya que, no importa cuánta aprobación reciban, el alivio es, en el mejor de los casos, muy temporal.

En relación con esto, me gustaría hablar de una imagen colectiva específica que tiene que ver con el ser. Esta imagen colectiva existe en todo momento, independientemente de la civilización, la geografía, el periodo histórico o el ambiente. Hay otras imágenes colectivas vinculadas a ciertos tiempos y civilizaciones. Las que son universales y abarcan a toda la Humanidad son producto de una mezcla particular de imperfección humana y del deseo de la Humanidad de alcanzar la perfección.

Una de estas imágenes colectivas universales es la siguiente: “Si recibo atención, o aprobación, o admiración, toda mi valía queda establecida no sólo ante los ojos del mundo, sino ante mis propios ojos. Si no puedo tenerla, entonces soy inferior”. No necesito decir que ésta es una conclusión equivocada y no un pensamiento consciente, sino una actitud emocional inconsciente. Todos ustedes, sin excepción, comprobarán esta emoción dentro de ustedes.

Como ésta es una imagen, es ilusoria. El propósito de este trabajo es liberarlos de lo ilusorio. Ninguna ilusión puede traerles armonía, paz y libertad. Todo lo que es ilusorio les crea problemas. La ilusión específica de esta imagen tiene muchas repercusiones y crea una reacción en cadena de resultados dañinos para ustedes y para quienes los rodean.

En este punto, quisiera insistir de nuevo—para evitar cualquier posible malentendido—que el remedio no está en la resistencia y la rebeldía contra su dependencia de las opiniones que otros tienen de ustedes. Inconscientemente, se rebelan con la misma frecuencia con la que suplican ser admirados y aprobados. Ambas actitudes existen simultáneamente en muchas almas. Ambas son igualmente dañinas y son el resultado del mismo concepto equivocado básico y malsano.

Volvamos a esta imagen colectiva específica. Nosotros, en nuestro mundo, podemos oír cómo grita su alma pidiendo atención. La esfera terrenal produce este ruido fuerte. Cuando nos acercamos a su plano, todas las almas emiten este fuerte llamado y clamor, que es inaudible para ustedes. Pero pueden imaginar cuán ruidoso es para nosotros. La voz del alma es una voz fuerte. Todas las emociones producen sonidos, pero la voz fuerte que reclama la importancia personal no produce un sonido muy armonioso.

La manifestación exterior de esta imagen colectiva varía de acuerdo con el temperamento y las características individuales; de acuerdo con otras tendencias, sanas o enfermizas, que determinan la fuerza y el modo de la manifestación; y de acuerdo con el ambiente y la educación. Todo esto junto determina lo notorio, lo fuerte, lo obvio que es el grito en busca de aprobación y en qué área existe la necesidad de la importancia personal. Si la exigencia de aprobación es obvia para otros seres humanos, eso no significa necesariamente que esa persona esté menos desarrollada espiritualmente que otra en la que la misma tendencia esté más oculta y sea más sutil. Más bien, es una cuestión del grado de supresión.

Al trabajar en esta tendencia específica, todos, sin excepción, finalmente encontrarán esa parte de ustedes que exige ser elevada al primer lugar, que desea ser especial. No es suficiente llamarla orgullo. Tendrán que ir más allá. ¿Por qué sienten la necesidad de ser orgullosos? Por la conclusión equivocada de la imagen que acabo de explicar. Esta conclusión equivocada los lleva a creer que cuando sean extraespeciales ante los ojos del mundo, sus sentimientos de inferioridad desaparecerán; que cuando otros estén de acuerdo con lo que ustedes hacen, creen y piensan, valdrán más ante sus propios ojos. Naturalmente, no piensan todo esto conscientemente. Pero si analizan el significado de sus emociones, a esto se reducen. Así pues, usan el orgullo como medida defensiva, como medio para alcanzar un fin. Por eso, el conocimiento de que en ustedes existe el orgullo jamás ayuda realmente a eliminarlo.

Tal vez no se hayan dado cuenta de su orgullo antes, pero tras algunos esfuerzos en este Pathwork descubren, tal vez con asombro, que también ustedes tienen orgullo. Pero no importa la frecuencia con la que se digan entonces: “Esto es orgullo, no debo ser orgulloso”, de nada les servirá. Tienen que acceder a la siguiente etapa de autocomprensión que es darse cuenta de por qué. Tendrán que entender completamente que de manera inconsciente su orgullo les sirve para ganar algo o para salvarlos de algún desastre imaginado. Cuando descubran el error de esta suposición, podrán liberarse del orgullo, de la vanidad, de la importancia personal: comprenderán que no los necesitan.

A fin de entender todo esto, es esencial que se vuelvan plenamente conscientes de que efectivamente existe una parte de su personalidad que alberga esta conclusión equivocada. Tienen que llegar hasta el punto en que realmente escuchen la voz interior que pide y exige a gritos la aprobación. Tienen que observar las ocasiones en que esta voz interior habla más fuertemente de lo habitual. Tienen que cuestionar emociones que nunca antes han cuestionado. ¿Qué significan y qué deseo hay detrás de ellas? Sólo cuando encuentren la respuesta serán conscientes de la imagen colectiva de la importancia personal en su propia alma.

En esta imagen colectiva están ustedes de un lado, y el resto del mundo del otro. Después de un análisis, muchas emociones sutiles les revelarán que esto es exactamente lo que sucede en ustedes. Darse cuenta de esto reviste una gran importancia. Pero aquí de nuevo, es sólo el principio de una búsqueda continua de mayor comprensión y conexiones. Verán que esta imagen les trae muchos conflictos y problemas. Mientras no sepan lo dañino que es un estado, no tendrán el incentivo necesario para eliminarlo. Y mientras no se den cuenta ni de que existe el estado, ¿cómo pueden ver sus efectos? Primero tienen que volverse conscientes de que existe en ustedes esta condición básica y universal, y luego tienen que conectar los efectos de ella con diversos conflictos. De este modo llegarán a ver muchos de sus problemas bajo una luz completamente nueva. Se darán cuenta de que muchas de sus dificultades no tendrían por qué existir si estuvieran libres de este concepto erróneo específico.

Esta imagen colectiva adopta muchas formas en su inconsciente. Por lo tanto, también varía la manifestación exterior. Las personas buscan admiración de diversas maneras. Una persona puede creer que la riqueza material le brindará mayor estatura ante los ojos del mundo. A alguien más, otros valores le servirán para obtener esa admiración y aprobación. Puedo decir que la mayor parte de mis amigos caen dentro de esta última categoría. Con algunas personas el medio podría ser un logro o un talento específico. Con otras más puede ser un buen carácter, decencia, lealtad, inteligencia. Con la mayoría de la gente, el medio para obtener aprobación y admiración es una combinación de muchos atributos que sirven al mismo fin. Existe incluso una categoría de personas que usan el infortunio como medio para conseguir compasión; y, desde luego, la compasión también significa aprobación. Otras corrientes malsanas también afectan la imagen y la tuercen en una dirección específica. La imagen dice que sin la aprobación del mundo que los rodea, están perdidos. Creen que pierden terreno firme bajo los pies, que su mundo entero se sostiene o se derrumba por lo que otras personas piensan de ustedes.

Nuevamente les pido que no confundan la manifestación opuesta con una reacción sana. “No me importa lo que diga la gente” es rebeldía. Y donde hay rebeldía todavía hay esclavitud. La rebeldía trata de zafarse de la esclavitud, pero elige el modo incorrecto de hacerlo. Ustedes creen que se rebelan contra un mundo que trata de forzarlos a seguir ciertas pautas de conducta. Pero éste también es un error. En realidad se rebelan contra su propia dependencia de la opinión del mundo. Por lo tanto, el remedio reside en que descubran por qué están tan esclavizados; qué concepto erróneo los lleva a la esclavitud. Entonces, y sólo entonces, podrán librarse de la esclavitud y de la compulsión para que ya no necesiten rebelarse. Tampoco tienen que hacer esfuerzos dolorosos en un intento por alcanzar algo que no es su salvación. Asimismo, en semejante dependencia muchas veces se traicionan, y esto, más que nada, les produce sentimientos de inferioridad. Es frecuente que no puedan complacer al mundo y al mismo tiempo ser fieles a su ser interno y a su propio plan de vida interior. Tampoco pueden complacer a todas las personas. Pero como dependen tanto de la aprobación, siempre que tienen que adoptar una postura que vuelve imposible que todo el mundo los apruebe, su alma entra en un estado de agitación. Estos y muchos otros conflictos surgen de la imagen colectiva de la importancia personal.

Pueden ver fácilmente que esta ilusión colectiva, que existe en todos los humanos, puede obligarlos en ocasiones a vender su alma. Esto puede suceder de muchas maneras sutiles, y me aventuro a decir que casi no existe una persona que no lo haya hecho a veces. Puedo asegurarles que no hay ninguna excepción entre los que están aquí, ni en ninguna otra parte. Pero tienen que encontrar individualmente esa parte de ustedes que es esclava de la imagen. Encontrarán al menos algunas áreas en ustedes donde existe la imagen, no importa cuán sutil sea, qué tan oculta esté o cuánto se halle tapada con motivos valiosos y racionalizaciones plausibles. Cuanto más sutil sea la forma de manifestación, más difícil será encontrar la parte afectada. Pero, si realmente desean hacerlo, con toda seguridad la encontrarán.

Si observan sus reacciones en su vida cotidiana y las analizan honestamente, llegarán al punto mismo que les muestro: reconocerán la imagen colectiva que también a ustedes les afecta. En esa parte de su ser se sienten exactamente como lo describí. Traten de explicar sus sentimientos con palabras precisas. Eso en sí constituirá un gran alivio para su alma. Tengan la plena seguridad de que no son los únicos con esta imagen; la comparten con todos los demás seres humanos.

Encuentren su esclavitud con respecto a la opinión pública, no importa lo sutil que sea. Luego encuentren por qué necesitan esa dependencia y ese orgullo, o más bien, por qué piensan que los necesitan. Cristalicen la conclusión equivocada. Una vez que lleguen a ese punto, empezarán a aflojar una pesada cadena que los ha tenido prisioneros del mundo de la ilusión. Entonces podrán comenzar el proceso de liberarse. Esto sólo pueden hacerlo analizando y entendiendo sus reacciones. Siempre miren detrás de la emoción que acaban de desenterrar y vístanla de un lenguaje conciso. Pregúntense por qué, con base en qué razonamiento, tienen la convicción específica que acaban de desenterrar. Correcta o incorrecta, descubran por qué están tan seguros de ella. Si no hubiera convicción, no se habrían aferrado tanto tiempo a ella. Ustedes saben que su inconsciente también razona, aunque su razonamiento suele ser defectuoso. Ahora tienen que volverse conscientes de estos procesos de razonamiento. Lo importante es que experimenten la existencia de esta imagen dentro de ustedes.

Cuando la experimenten, entonces habrá llegado el tiempo de que entiendan muchos de sus conflictos que suelen entrañar acciones y reacciones de parte del mundo que les parecen injustas e inmerecidas. Les aseguro, amigos míos, que pueden encontrar esta imagen detrás de todos los conflictos, externos o internos. A veces la conexión es indirecta; otras veces es muy obvia. Sus imágenes personales siempre están conectadas con la imagen colectiva universal de la importancia personal.

Ahora me gustaría hablar de un suceso muy frecuente que le ocurre prácticamente a todo el mundo por lo menos algunas veces en su vida, de una forma o de otra. Este suceso casi nunca se entiende, y la existencia y la influencia de la imagen colectiva rara vez se asocian a él. Y sin embargo es vital, pues sólo por medio de esta comprensión puede encontrarse la solución. Este ejemplo no va dirigido a nadie en particular. Se aplica a todo el mundo en ciertos momentos, en conexión con ciertos eventos.

Hay muy pocas personas que no hayan experimentado dolor y decepción porque se sintieron traicionados. Han hecho gala de la mayor lealtad y decencia. Pese a esto, fueron traicionadas. Además, como tiende a suceder, el ofensor, para justificarse, asegurará a su vez que fue traicionado. Se acusa al individuo traicionado de haber hecho la misma cosa que tan dolorosamente experimentó como víctima. Por lo tanto, la herida es doble. La traición no sería ni la mitad de difícil de soportar si, encima de todo, no se acusara a la víctma de haber perpetrado también un acto desleal o deshonesto. El poder de la acusación es el más lacerante de los dos. El individuo busca en su interior, pero no puede encontrar nada de qué culparse. Sin embargo, no puede sacudirse una profunda incertidumbre. ¿Por qué?

Ustedes que están en este Pathwork y que se han beneficiado de muchas verdades y enseñanzas espirituales por medio de este canal u otros, saben que no puede ocurrir jamás un contratiempo que ustedes mismos no hayan causado de alguna manera. Saben intelectualmente que esto es cierto. Incluso pueden confirmarlo a través de sus experiencias personales. Empero, cuando ocurren ciertos eventos, no encuentran fácilmente la conexión. El ejemplo citado puede ser una de esas ocasiones: sencillamente no encuentran el punto de conexión entre lo que sucedió y una causa que esté en ustedes. Saben que han sido traicionados y decepcionados y, encima de eso, se les acusa de haber hecho algo que no hicieron. En realidad, no hicieron nada de lo que pueda culpárseles. Sus acciones fueron correctas, sus intenciones fueron las mejores.

Ahora déjenme mostrarles, amigos míos, de qué manera la imagen colectiva específica de la importancia personal, reforzada por varias imágenes personales, puede ser responsable de este suceso, que es especialmente doloroso puesto que no ven cómo lo atrajeron. Esta imagen colectiva los hace esforzarse y luchar por estar en primer lugar, por ser especiales, para que puedan recoger lo que su alma cree que necesita. A fin de conquistar ese lugar especial, sus acciones tendrían que ser todo menos decentes, leales o ideales: tendrían que ser implacables, egoístas… y muchas veces tendrían que traicionar la misma cosa o a la misma persona a la que desean serle leales. Para ganar este lugar especial de aprobación, se sienten tentados a hacer la cosa misma de la que, de hecho, se abstienen.

Como son individuos decentes y honestos, no ceden a la tentación. La sienten vagamente, sin una conciencia real de su importancia y su significado. De hecho, les da tanto miedo sentir esta tentación y estas emociones que las tapan rápidamente. No quieren reconocer que existen en ustedes. Su conciencia ni les permite actuar de acuerdo con la tentación, ni los deja volverse plenamente conscientes de ella. A fin de contrarrestar la influencia de la imagen colectiva de la importancia personal, sobrecompensan demostrando escrupulosamente su lado decente, el lado que tienen la intención de obedecer.

¿Cuál es el resultado de este conflicto? Debido a la naturaleza inconsciente de la batalla interior, el suceso externo responde a su lado negativo inconsciente y no al lado positivo, aun cuando el positivo ha ganado en sus acciones exteriores. Esto obedece a una ley inalterable. Muchas veces les he dicho eso. La han experimentado de algunas maneras en su camino de autopurificación, pero quedan muchas áreas en las que todavía son incapaces de aplicar esta verdad. Si no entienden conscientemente, en toda su importancia, la batalla que están librando, se producirán acontecimientos externos de manera tal como si el lado egoísta hubiera ganado. El resultado externo debe responder al impulso que es inconsciente.

Cuanto más avancen en este camino, más verán que no se les pide aceptar nada que yo diga como afirmación dogmática. Experimentarán ustedes mismos la verdad total de estas afirmaciones. Pero sólo podrán hacerlo si tienen la honestidad de buscar, verificar y reconocer el lado negativo contra el que luchan tan valerosamente. Este lado les causará problemas hasta que lo encaren, lo reconozcan, le permitan existir… no cediendo a él ni negándose a tratar de cambiarlo después de que hayan reconocido su existencia, sino viendo su realidad en el punto en el que se hallan. Cuando hagan eso, pueden dar el siguiente paso y preguntarse por qué existe en ustedes la tendencia negativa. ¿Por qué existe esta tentación? Invariablemente darán con la respuesta de que desean una posición elevada ante los ojos del mundo a fin de convencerse de que sus sentimientos de inferioridad son injustificados. Creen, en lo más profundo de su corazón, que necesitan todo esto para sobrevivir… no físicamente, pero sí emocionalmente. Y, para conseguirlo, les parece necesario traicionar a otros, ser implacable, desleal o egoísta. Pero mientras sus buenas intenciones les impidan siquiera reconocer esta tentación, el evento externo responderá, como dije, al lado negativo, aun cuando no hayan cedido a él. Como no saben esto, les parece una injusticia. Y es en realidad la injustica lo que les duele más que la decepción que les produce una persona específica.

Tal vez esto siga pareciéndoles injusto. Podrían pensar: “Mientras no haya caído en la tentación, ¿por qué tienen que ser las consecuencias las mismas que si yo hubiera cometido el acto incorrecto? ¿Acaso no es lo más importante que mis acciones sean correctas?” No, amigos míos. Los sentimientos también son acciones, aunque no se manifiesten de la misma manera ni con los mismos resultados rápidos que las acciones externas. No obstante, cada pensamiento y actitud, consciente o inconsciente, es un acto definitivo. Pero cuanto más inconsciente es, mayor será la consecuencia y, por lo tanto, más desconcertante el resultado.

Al encarar el lado negativo, demuestran la emoción más valiente que existe: la de la autohonestidad. Por lo tanto, no tienen que avergonzarse de estar librando esta batalla en su interior. Esto obra en favor de ustedes. Pero librarán la batalla mucho más eficientemente si le permiten entrar en su mente consciente. Entonces llegarán a entender en un grado más alto todas las leyes del alma, las leyes de la relación humana y las leyes del universo. Entonces ya no sentirán que se ha cometido una injusticia con ustedes, y su dolor se aliviará en un grado considerable. Asimismo, habrá buenas probabilidades de que ya no haya más traiciones ni acusaciones, porque una vez que el lado negativo de su batalla se haya vuelto consciente, perderá fuerza.

Pero si llegara a repetirse un evento exterior similar, lo experimentarán de una manera muy diferente. Aprenderán mucho de ese evento, y saldrán fortalecidos en vez de debilitados. Sentirán algo muy constructivo al respecto, y podrían cambiar el curso de los acontecimientos en una dirección positiva.

Cuando experimenten la existencia de esta imagen colectiva en ustedes—no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente—y reconozcan el concepto erróneo subyacente que los ha gobernado hasta ahora, habrán dado un gran paso adelante en la dirección de la libertad interior.

El ejemplo que les di es sólo uno entre muchos posibles. Créanme, amigos míos, siempre que experimenten algo que les duele y que no entiendan, siempre que se sientan injustamente tratados porque no pueden encontrar ninguna falta en ustedes, busquen en esta dirección. Piensen en la imagen colectiva de la importancia personal. Sólo pueden hacerlo sintiendo la necesidad de ser especiales, y entendiendo que sienten esto no por malevolencia, no porque quieran menospreciar a los demás—que automáticamente se empequeñecen si ustedes logran engrandecerse—y no por orgullo por el orgullo mismo, sino por la idea equivocada de que ser especiales significa para ustedes la supervivencia. Cuando reconozcan esta tendencia, también estarán libres de autoacusaciones destructivas. Simplemente sabrán que han dado cobijo a un concepto equivocado, y que su supervivencia emocional no depende de la opinión que tengan de ustedes otras personas, sino únicamente de su propia opinión de ustedes mismos. Cuanto más atienden la opinión de otros, menos piensan en ustedes mismos, en lo más profundo de su alma. Así se activa dentro de ustedes un círculo vicioso, que siempre se construye sobre una premisa falsa.

De nuevo les digo: todo esto no puede entenderse en un nivel puramente intelectual; sólo beneficiará a quienes desarrollen el hábito de cuestionar la importancia de sus diversas reacciones emocionales. Sin embargo, estas palabras pueden dejar impresiones duraderas en otros también, y pueden fructificar más tarde, cuando emprendan voluntariamente este camino.

Antes de ocuparnos de sus preguntas, me gustaría decir unas palabras a algunos amigos que no se han abierto camino hasta aquí y que nunca han tenido ningún contacto personal con este grupo, pero que leen las conferencias con interés. Se nos ha dado a conocer que algunos de ellos tratan, por su cuenta, de alcanzar la profundidad de su alma solos o con algunos amigos. Su buena intención es apreciada. Pero me gustaría decirles que en realidad no es posible hacer este trabajo solos, y ni siquiera con alguien que no haya tenido una experiencia personal con este método específico. El método del trabajo mismo no puede transmitirse en las conferencias. Estas sirven como material general, pero no pueden ofrecer el método mismo. No harán ningún daño trabajando por sí mismos, pero tampoco llegarán muy lejos. Por lo tanto, sugiero a estos amigos que no vacilen en ponerse en contacto con los miembros de este grupo que están capacitados para ayudar. Si realmente les interesa usar este método, para otros o para ellos mismos, esto será necesario.

Y ahora, amigos míos, ocupémonos de sus preguntas. ¿Tienen alguna sobre esta conferencia?

PREGUNTA: No entiendo qué alternativa debo tomar entre ser dependiente de la opinión de otras personas e inclinarme demasiado en la dirección de complacer para alcanzar la aprobación, o irme al extremo opuesto. No veo cómo puedo llegar a un acuerdo conmigo mismo.

RESPUESTA: No es un acuerdo. Tal vez tengas dificultad para ubicarte en el justo medio. [Sí] Déjame mostrarte cómo se produce esto de una manera muy natural.

No se espera que decidas cuál es el justo medio. No podrías hacerlo. En el momento en que tuvieras que hacer eso, ya habría algo compulsivo en ello. No puede haber para ti una opción, como: “Llego hasta aquí en esta dirección, y luego llego hasta acá en la otra dirección”. Esto sería algo forzado y poco natural. Tu necesidad de tomar una decisión no se aplica a pesar y medir el justo medio. Se aplica más bien a que te encares honestamente y te olvides por completo, por ahora, de la pregunta: “¿Qué debo hacer?”

Podría decir que este “¿Qué debo hacer?” te estorba para hacer reconocimientos. Te impide encontrar la verdad sobre ti mismo. Te bloquea. En primer lugar, no pienses en ello para nada. La acción exterior podría no cambiar al principio, incluso después de que hayas hecho tu reconocimiento. Pero tus motivos interiores cambiarán. En algunos casos, tus acciones exteriores cambiarán automáticamente, pero esto será fructífero sólo si es un resultado natural de tu crecimiento interno. Lo primero que debería interesarte es entenderte: tus emociones, tus motivos, tus deseos y tus temores. Puedes traer todos estos a la luz en cada incidente que te moleste.

Una vez que has alcanzado cierto punto en tu autorreconocimiento, te das cuenta de los conceptos falsos que albergas inconscientemente. Cada vez que observes y, por lo tanto, te vuelvas más y más consciente de un concepto falso, estarás menos y menos bajo el dominio de la esclavitud y la compulsión. Al entender tu conclusión equivocada, te volverás más consciente de la conclusión correcta. Si sigues así, serás cada vez más capaz de observar tus reacciones emocionales y las entenderás mejor. Luego llegará el punto en que te des cuenta de que tu concepto equivocado es inútil y dañino. Cuando llegue, deséchalo—no exteriormente, sino en tu interior—y serás libre. Uno siempre se aferra a los conceptos falsos por la suposición equivocada de que son útiles o protectores. Una vez que te des cuenta de que no es así, ya no te aferrarás a ellos. Podrás decirte entonces: “Ya no necesito la aprobación tan desesperadamente que a veces me traiciono, no soy fiel a mí mismo, o bien desafío la dependencia rebelándome contra ella. Ahora puedo pararme con mis propios pies. Mi vida y mi valor internos no dependen de otros. Dependen del respeto que me tenga a mí mismo, el cual puedo honrar y hacer crecer sólo volviéndome plenamente consciente de mi persona”. Una vez que hayas alcanzado esta libertad, el justo medio no será algo que tengas que determinar a fuerza de mucho trabajo; surgirá naturalmente sin que ni siquiera pienses en ello. El justo medio estará ahí porque ya no tienes que demostrarle nada a nadie ni a ti mismo.

Si tienes una tendencia a depender demasiado de la opinión de otras personas, ello se debe a que tienes que demostrarles algo. Y si te rebelas contra esta esclavitud y te vas al extremo opuesto con una actitud desafiante de “No me importa”, entonces te demuestras algo a ti mismo. Ambos extremos provienen de un intento de demostrar algo. Cuando ya no exista en ti la actitud de demostrar nada, el justo medio será tan natural como respirar. ¿Piensas en tener que respirar menos o más a fin de llevar la cantidad adecuada de oxígeno a tus pulmones? No. Respiras automáticamente. Es un proceso completamente natural. Has encontrado el justo medio sin tener que deliberar y escoger: ni mucho ni muy poco, sólo lo suficiente para tener lo que necesitas para conservar la salud. Lo mismo se aplica a cualquier proceso del alma. ¿Entiendes?

INTERROGADOR: Hasta cierto grado. Me pregunto si todo eso se aplica tanto intelectual como emocionalmente.

RESPUESTA: Muy pocas personas piensan en términos intelectuales en esta imagen colectiva, querido mío. Rara vez está en la superficie, ya que todas las imágenes son de naturaleza inconsciente. Puedes preguntarle a cualquiera, al azar, si cree en su intelecto que su vida y su felicidad dependen de lo que otras personas piensan de él. Todos prefieren que los demás piensen bien de ellos. Eso es natural. Pero el grado de dependencia, sus consecuencias y los extremos a los que puede llegar una persona para satisfacer las exigencias de la imagen suelen ser completamente inconscientes hasta que emprenda una autobúsqueda seria en esta dirección.

INTERROGADOR: Yo pienso consciente y muy definitivamente que las opiniones de otras personas son muy importantes.

RESPUESTA: Me pregunto si te das cuenta conscientemente de hasta qué grado esto es importante para ti, y de lo que esta dependencia te mueve a hacer o a lo que te hace renunciar. Porque cuanto más consciente es, mejor para ti en el sentido de que puedes pensar en ella objetivamente.

INTERROGADOR: Yo pensaba que era más difícil si una conclusión equivocada llegaba tan lejos que estuviera en el intelecto tanto como en las emociones.

RESPUESTA: Al contrario. El intelecto es más accesible al razonamiento. Una vez que has entendido, una vez que la inteligencia trabaja, un concepto equivocado puede corregirse. Pero cuando uno está conscientemente convencido de lo que es correcto, muchas veces resulta difícil derribar la pared que separa la razón de la emoción. La resistencia a encarar el hecho de que uno tiene una opinión que no corresponde a sus pensamientos conscientes y razonables es un obstáculo. Sin embargo, no tienes que luchar con ello si te confiesas a ti mismo que tu concepto es erróneo.

PREGUNTA: Me gustaría saber cómo afecta esta imagen colectiva la imagen de Dios de un individuo.

RESPUESTA: Las imágenes de Dios tienen muchas formas. Pero cualesquiera que éstas sean, la conexión entre la imagen colectiva de la importancia personal y la imagen de Dios es ésta: crea un conflicto más en la psique. Cuanto más fuerte es la imagen colectiva de la importancia personal y más fuerte es la imagen de Dios, más se verá perturbada la personalidad, porque dos necesidades y compulsiones contradictorias obran una contra otra y causan un cortocircuito. En casos que son menos crasos, donde una imagen es mucho más fuerte que la otra, el conflicto existirá, desde luego; creará muchas perturbaciones, pero cada una se deberá a un concepto equivocado específico. Pero cuando la imagen de Dios y la imagen colectiva de la importancia personal obran una contra otra, la persona que tiene este conflicto ya no puede manejar la vida.

La existencia de estas dos imágenes juntas causa un círculo vicioso. Una corriente es: “Tengo que ocupar el primer lugar; necesito consideraciones especiales”. Debido a las imágenes colectivas religiosas acerca de Dios, uno se siente tanto más culpable e inferior. La culpa no puede remediar esta situación. Esto sólo puede hacerse si se entiende la causa de ello. Cuanto más culpable te sientes, menos te atreves a indagar la causa, y más fuerte es tu compulsión a desear que la actitud equivocada desaparezca como por arte de magia, con sólo mirar hacia otro lado.

Así se crea el siguiente círculo vicioso: cuanto más culpable te sientes, más necesitas aprobación en la creencia de que ésta aliviará tus sentimientos de culpa e inferioridad. Y cuanto más pides a gritos esta aprobación, más culpable te sientes. El conflicto surge de una de dos direcciones: una es la imagen de Dios, y la otra es el ser real que hay en ti y que registra y observa todo y trata de hacerte ver que estás equivocado, que ésta es la manera incorrecta. Pero no entiendes su voz y la identificas como la voz de la imagen de Dios. Así, el tirón contrario, que te aleja de la imagen colectiva de la importancia personal viene de dos lados; el lado del ser real y el lado ilusorio, donde gobierna la imagen de Dios falsa, no coinciden, no están en paz uno con el otro. ¿Entiendes? [Sí]

Reciban nuestras bendiciones. Acepten de nosotros la fuerza para buscar esa parte de ustedes que les causa tantos problemas. Es la parte donde se separan de sus congéneres, a causa de sus conclusiones equivocadas, a causa de sus necesidades imaginadas. Encuéntrenla y toda su perspectiva cambiará. Se volverán objetivos, estarán en la realidad. La mera conciencia de esta parte de su ser, donde están atrapados en la imagen colectiva, cambiará su vida.

Reciban nuestro amor y bendiciones, cada uno de ustedes. Sigan en este camino, crezcan en él, regocíjense en él. ¡Queden en paz, queden con Dios!

Dictada el 9 de octubre de 1959.