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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 62. El hombre y la mujer

Saludos, mis queridísimos amigos. Bendita sea esta noche; bendiciones para cada uno de ustedes.

El espíritu original, tal como se creó, era masculino y femenino a la vez. Cuando se complete el desarrollo de todos los seres caídos, lo masculino y lo femenino serán uno otra vez. Como uno de los resultados adicionales de la Caída, el ser original se escindió. Ya he dicho esto varias veces antes. Cuanto más bajo era el desarrollo de las entidades que tomaron parte en la Caída, más está escindido hoy el ser original en un mayor número de partes separadas. El desarrollo de la Humanidad ha alcanzado ya una etapa en que la escisión es dual. Se manifiesta en la existencia de los dos sexos: hombre y mujer.

El propósito del desarrollo es encontrar el camino de regreso a la unidad original. En el plano terrenal, un aspecto específico del desarrollo es la unión entre el hombre y la mujer. Por lo tanto, la unión de los sexos tiene un significado más profundo que la mera procreación. En la relación entre los sexos pueden superarse y aprenderse muchas cosas; el desarrollo puede proceder mucho mejor que de cualquier otra manera. El amor, encendido por el eros y el impulso sexual, puede florecer más fácilmente que en otras relaciones… ¡y el amor siempre es el objetivo fundamental! Pero la relación entre los sexos también ofrece más obstáculos y fricción que cualquier otra relación, porque las emociones personales intervienen más. Por lo tanto, la objetividad y el desapego están ausentes en mayor medida que en otras relaciones humanas. De ahí que el matrimonio sea, por una parte, la más difícil de todas las relaciones, pero, por la otra, la más fructífera, la más importante y la más dichosa.

Desde que la raza humana apareció en la Tierra, también surgieron ciertos conceptos equivocados e imágenes colectivas acerca de la relación hombre-mujer. Superficialmente parece haber una gran diferencia entre el hombre y la mujer. No obstante, en realidad la diferencia no es ni la mitad de grande como piensan, pues cada hombre lleva dentro de su alma el lado femenino de su naturaleza, como cada mujer lleva el lado masculino de la suya. Es como si cada uno contuviera dentro de sí mismo un duplicado o impresión de su otra mitad, que vive en algún lugar del universo. Sin embargo, esta impresión no es tan sólo la reproducción de una imagen; es una parte viva y real de la naturaleza de la personalidad de cada uno. Esta parte oculta se parece un poco al otro lado de la moneda. Pero no se imaginen que la parte masculina en la mujer y la parte femenina en el hombre están ocultas exactamente, mientras que la otra mitad está abierta. Piensen en un disco que se inclina ocasionalmente más hacia un lado, y luego hacia el otro, y estarán más cerca de la verdad.

La impresión viva de la otra mitad en cada alma explica el constante anhelo y búsqueda de unión, compañía y amor con el otro sexo. También es el origen del impulso sexual como tal. Esta impresión viva de la otra mitad de uno también explica las supuestas tendencias masculinas en la mujer y las supuestas tendencias femeninas en el hombre. Cuanto más flexible es este disco, más se manifiestan estas tendencias opuestas. Cuanto más rígido es, menos se manifiestan. Sin embargo, esto no significa que dichas tendencias no existan. Cuanto más sana es un alma, y cuanto menos influenciada está por las imágenes colectivas a este respecto, más se desplegarán sus cualidades opuestas de una manera sana y constructiva, armonizando, y no contradiciendo, las tendencias típicas aceptadas del sexo en cuestión.

Una de las imágenes colectivas más obstinadamente sostenidas tiene que ver con la masculinidad y la feminidad. Se supone que el hombre es fuerte, y la mujer, débil. Se da por sentado que el hombre es intelectual y creativo, mientras que la mujer es menos inteligente y más emotiva que el hombre. Se supone que el hombre no es intuitivo ni sensible, pero la mujer sí. Se considera que el hombre es activo, y la mujer, pasiva. Estos conceptos y muchas más variaciones de ellos han existido desde el comienzo de la Humanidad. Hubo épocas en ciertas culturas en que la balanza osciló fuertemente al extremo opuesto, como sucede hoy con algunos aspectos, pero todos los extremos surgen de la rebeldía y los malentendidos, y por lo tanto son igualmente malsanos y falsos. También llevan inevitablemente a la vieja alternativa contra la cual se ha rebelado uno. Es sólo cuestión de tiempo. La verdad es que todas estas tendencias supuestamente masculinas o femeninas existen en cada persona, y tienen el derecho de existir. No disminuyen el ser hombre ni el ser mujer: al contrario.

Hablando en términos amplios, el efecto de estas imágenes colectivas es dual. En primer lugar, los hombres y las mujeres suprimen sus tendencias opuestas, pues se sienten culpables e insuficientes por tenerlas. No necesito decir que esto es sumamente perjudicial. En segundo lugar, estas imágenes colectivas han tenido como resultado un énfasis exagerado y deliberado en las tendencias permitidas al sexo en cuestión.

Durante siglos y siglos, el hombre ha desarrollado y cuidado su destreza física; su lado activo. Al mismo tiempo, ha suprimido y desalentado deliberadamente el desarrollo de su naturaleza emocional e intuitiva. Con la mujer sucedió a la inversa. El efecto fue, y es, muy desafortunado para la Humanidad en su conjunto. En la personalidad individual se genera un estado de desequilibrio y desarmonía, y a él se agrega una carga de culpa e insuficiencia. En la sociedad, el progreso técnico y el énfasis exagerado en la ciencia y el intelecto son el resultado del mundo masculino, con un correspondiente descuido de las cualidades del alma, por nombrar sólo un aspecto importante. Las guerras, las revoluciones y la mala administración de las riquezas del mundo son el resultado obvio. Ninguna medida exterior, por muy inteligente que sea, remediará la situación mundial hasta, y a menos que, se establezca un equilibrio de estas fuerzas en las almas individuales. No encontrarán paz y algo de justicia en este plano terrenal hasta que se reconozca que ambos lados de la personalidad humana tienen que desarrollarse y entenderse igualmente.

A la mujer se le obligó durante largo tiempo a suprimir su inteligencia y su creatividad, que podrían ser mucho más constructivas cuando se impregnan de su poder intuitivo y su lado emocional, las cualidades del alma que tiene su naturaleza. Siempre que intuía en ella estas cualidades prohibidas de inteligencia y creatividad, rápidamente las suprimía porque se sentía culpable. Con ello también cuidaba sus intereses, o eso creía. Tenía miedo de que el reconocimiento abierto de estos rasgos le costara el amor del hombre. Esto continuó durante tanto tiempo y de maneras tan burdas que finalmente se rebeló. Esta rebelión llegó a conocerse como “emancipación”.

Nada sano y constructivo puede surgir de la rebelión, al menos no a largo plazo. La rebelión es revolución, y la revolución siempre se opone a la evolución, que es el verdadero crecimiento. Este último es un desarrollo lento basado en una profunda comprensión del ser y del tema en cuestión. La rebelión o revolución siempre oculta un enojo no reconocido con el ser, que se proyecta en el mundo exterior. Por lo tanto, el cambio provocado por la revolución o la rebelión ignora algo muy vital acerca del ser, y esta ignorancia prohíbe el crecimiento sano.

La emancipación, aparte de algunos aspectos sanos en que tuvo lugar un verdadero crecimiento, se basaba en gran medida en la rebelión. Por lo tanto, no ha tenido un éxito real. Desde entonces, los esfuerzos de la mujer por afirmar su igualdad con el hombre muchas veces han disminuido en realidad su feminidad, de modo que los defensores de la imagen colectiva parecerían tener razón. Pero sólo parecen tener razón porque un extremo, como la imagen colectiva, nunca es la solución. El extremo opuesto, por ser el resultado de la rebelión y la revolución, a final de cuentas conducirá de regreso a las distorsiones del primer extremo equivocado. La rebelión y el resentimiento cesan automáticamente una vez que el problema personal interno se entiende por completo.

Sin embargo, el mensaje interno que la mujer recibió en este momento de la historia fue el de desarrollar sus cualidades latentes, que equivocadamente había suprimido durante siglos y siglos. Sólo que ella no entendió el mensaje adecuadamente. Llevó a cabo lo que le pedía el mensaje, pero como lo malinterpretó como una rebelión, el resultado no fue enteramente exitoso. La llamada emancipación con frecuencia hizo de la mujer menos mujer en vez de más mediante el desarrollo de su inteligencia, su fuerza, su actividad y su creatividad… sin rebelión.

Algo similar le sucedió al hombre. También él recibió un mensaje interno. No lo llevó a cabo tan vigorosamente como la mujer, pues tenía menos razón para hacerlo. Su posición era más idónea para satisfacer las demandas del principio universal de gobierno del niño en la personalidad humana. Sin embargo, la corriente cósmica que se extendía en el plano terrenal, y que siempre trata de armonizar y establecer el equilibrio, también tocó al hombre. Se entregó a ella, pero de manera tibia y de nuevo sin entender de qué se trataba. Durante siglos, el hombre se ha desarrollado de manera desigual, haciendo hincapié en su intelecto, su inventiva, su fuerza física, pero frustrando su naturaleza emocional e intuitiva. Como esta última es un requisito esencial para tener verdadera fuerza interior, el hombre se ha debilitado en su centro. Al negar en sí mismo lo que erróneamente había pensado que era femenino y poco varonil, se hizo menos hombre en vez de más hombre. Pueden observar esto hoy de muchas maneras. Con frecuencia se observa que las mujeres son emocionalmente más fuertes que los hombres. Hay algo de verdad en esto, y ya les expliqué por qué.

Así que es muy cierto que el hombre y la mujer se están moviendo en la dirección correcta, la dirección de la armonización, del desarrollo del lado oculto y hasta ahora prohibido de cada cual. Pero, en su mayor parte, este objetivo es borroso, se siente sólo vagamente y se entiende aún menos. Suele mezclarse con distorsiones personales. Las personas suelen usar el objetivo bueno como pantalla para ocultar y fomentar motivos erróneos. En la mujer muchas veces sirve para alentar su agresividad y hostilidad; en el hombre, su debilidad y dependencia. Cuando los motivos sanos se confunden con los malsanos y uno no reconoce este hecho, el resultado siempre será dudoso. Esto lo saben gracias a su trabajo personal; no es diferente en estas tendencias universales.

La creciente incidencia de la homosexualidad en los dos sexos es otro aspecto del enfoque equivocado que malinterpreta el mensaje del alma de desarrollar la naturaleza total del ser, de desarrollar su otro lado.

Todas las corrientes del alma sanas y fuertes, toda la conducta interna y externa que va de acuerdo con las leyes espirituales del amor, la verdad y la justicia son conocidas por la Humanidad en esencia y en principio. Siempre se da a cada individuo la dirección del espíritu. El individuo suele seguir esa dirección, pero malinterpreta el procedimiento necesario de encontrar primero todo lo que está dentro de él que se desvía del principio correcto. Uno siente vagamente sus desviaciones internas y trata de sobreimponer la manera correcta. Esto no sirve. Si uno lo intenta, será impulsado por la rebelión y la compulsión, no importa lo correctas que sean sus motivaciones conscientes. Esto hará que el desarrollo tome un canal equivocado, y el resultado será una mascarada.

Es cierto que la fuerza y la actividad agresivas y hostiles por parte de la mujer disminuirán su feminidad. Pero también la disminuye la supresión de su fuerza sana, de su actividad y de sus verdaderos poderes creativos. Es cierto que la suavidad en un hombre basada en su dependencia inmadura lo vuelve débil y, por lo tanto, menos hombre. Pero lo mismo sucede si estas reacciones están ocultas bajo una parodia sobreimpuesta de hombría. En otro sentido esto lo debilita aún más. La meta debe ser el desarrollo lento de las cualidades no distorsionadas que realmente se necesitan en este momento, haciéndolas entrar en armonía con el resto de la personalidad. Si el hombre desarrolla en él las cualidades que generalmente se consideran femeninas, será más hombre, con tal de que este desarrollo tenga lugar sin alentar la debilidad y la dependencia enfermizas. Si la mujer desarrolla en ella las cualidades que generalmente se consideran masculinas, será más mujer, con tal de que no use la agresión, la hostilidad y la rebelión como las cualidades supuestamente masculinas que quiere promover.

Las diferencias entre el hombre y la mujer no son tan grandes como ustedes piensan, ni siquiera anatómicamente. Pueden verse como el negativo de una fotografía comparado con el positivo. Lo que es negro en uno, es blanco en el otro, y viceversa.

Liberarse de los conceptos equivocados y las imágenes colectivas extremas que, por cierto, siempre se basan en sus imágenes personales, es la única manera de destacar y armonizar toda su naturaleza. Tan sólo esto les permitirá encontrar unidad en esta Tierra en la mayor medida posible. Y tan sólo esto les permitirá tener una relación satisfactoria con el otro sexo y hacer del matrimonio una empresa significativa y gratificante.

En esta época se brinda mucha ayuda y orientación en este tema. La mayor parte de la ayuda y el consejo es bastante superficial porque las realidades básicas se ignoran o no se toman completamente en consideración. Cuanto mejor entiendan el significado espiritual de ser hombre o mujer, más oportunidad tendrán de entender y, por consiguiente, de resolver sus propios problemas.

No es sorprendente que el matrimonio sea una empresa tan difícil, y tan a menudo sólo medio exitosa. En verdad, no lograrán la unión si cada uno de los cónyuges no sólo sigue desarrollándose desigualmente, sino que fomenta esto en el otro también. Tampoco lo lograrán si el lado que debería sacarse a relucir y desarrollarse armoniosamente se usa como arma. Si esta arma sirve para tapar ya sea la debilidad y la dependencia en el hombre o la rebelión y la agresividad en la mujer, los dos cónyuges no podrán realmente encontrarse.

No es cierto que el hombre sea activo y la mujer pasiva por naturaleza, sino que ambos manifiestan diferentes aspectos de la actividad y la pasividad. La actividad de la mujer debería avivar y volver vibrante su pasividad en el sentido bueno y verdadero. Su actividad impedirá que su pasividad se estanque o se eche a perder, la mantendrá fluida y en movimiento perpetuo, como deben ser todas las cualidades verdaderamente espirituales. Las corrientes activas del hombre deberían llevar a un primer plano su pasividad, evitando que la corriente activa se vuelva demasiado agresiva, redondeándola y suavizándola, limando sus asperezas y lentificando el movimiento abrupto y demasiado rápido de la corriente sobreactiva. Desde un punto de vista general, lo mismo les pasa al hombre y a la mujer, sólo que en cada caso el lado opuesto se vuelve hacia fuera, por decirlo así.

Lo mismo puede decirse de otros aspectos supuestamente masculinos y femeninos. Trataré esto brevemente, para darles un tema de reflexión y para animarlos a proseguir estas deliberaciones por su cuenta. Sin las cualidades del alma como son el amor, la bondad y la intuición—que abren el camino a la comprensión—, la inteligencia y la razón no son nada y no tendrán un resultado realmente constructivo en ningún área. Por otro lado, el amor, la bondad y la intuición, si no son iluminados por la discriminación, que es el resultado de la razón y la inteligencia, se perderán fácilmente en los canales equivocados y finalmente serán destructivos … incluso autodestructivos. Puede decirse mucho más acerca de la necesidad de soldar las cualidades supuestamente masculinas y femeninas. Unas sin las otras siempre resultarán en una exageración malsana, en un callejón sin salida, en algo dañino. Sólo ambas juntas forman un todo armonioso en la entidad individual, lista para encontrarse con otro individuo en una unión ideal.

Tal como está hoy la Humanidad en su desarrollo general, la empresa del matrimonio es muy difícil. Esto se debe en parte a las condiciones que acabo de describir, y también a los conflictos internos personales del individuo. Pasarán cientos y cientos de años antes de que la Humanidad alcance el punto en que la mayoría de los matrimonios sean realmente exitosos. No obstante, hay muchas razones para intentar el matrimonio hoy y sacarle el mayor provecho posible, así como aprender de él; hay tantas cosas en el matrimonio.

La unión no puede ni debe ser forzada. No deben llevar a efecto un deseo consciente debido a mis palabras, mientras sigan sin reconocer y resolver los miedos y los bloqueos inconscientes. Forzar la unión no será una solución feliz. Pero en su autodesarrollo, dondequiera que se hallen a este respecto, pueden investigar sus dificultades específicas y tratar de tener en mente que la influencia de estas imágenes colectivas y conceptos erróneos generales sostiene y refuerza sus imágenes personales y sus conclusiones equivocadas. Muchas conclusiones equivocadas también se derivan en parte de imágenes colectivas firmemente grabadas en muchas personalidades individuales. Tomemos, por ejemplo, la imagen colectiva de que el amor es debilitante y peligroso. Este concepto inconsciente afectará al matrimonio más adversamente que a cualquier otra relación humana.

Algunas de las cosas que he dicho son ya muy evidentes y no parecen nuevas. Otras cosas a las que me he referido pueden ser difíciles de entender. Pero si usan su imaginación para meditar en este tema, sentirán la verdad y eso es mucho. Será mucho más que la comprensión plana del intelecto tan sólo.

Esta noche apenas he esbozado este vasto tema. En el futuro hablaré de muchos aspectos más. Verán entonces que todos los detalles que tal vez consideremos después están contenidos en los puntos mencionados esta noche. Simplemente los veremos con más detalle y los conectaremos. Cerraremos el círculo entre imágenes personales e imágenes colectivas. También tendrán que hacer esto en su trabajo personal. Que la conferencia de esta noche sea un borrador del cuadro que juntos completaremos lentamente.

Sería especialmente constructivo que dedicáramos más tiempo a la discusión y a las preguntas sobre el tema de esta noche. Esperemos que mis palabras les ayuden a participar activamente en un intercambio mutuo.

PREGUNTA: ¿Podría usted explicar con más detalle qué significa exactamente unión? ¿Qué entraña?

RESPUESTA: El concepto de unión puede examinarse en dos niveles en lo que concierne a nuestro tema. No hablo ahora de la unión con Dios. En el sentido más elevado, la unión es la fusión de dos seres que estaban escindidos. Ocurre cuando dos seres se convierten otra vez en una entidad. En esta esfera terrenal, la unión entre un hombre y una mujer busca el mismo fin e intenta lograrlo hasta cierto grado interiormente. En momentos raros puede suceder. Pero todas las capas de ignorancia y miedo erigen pronto un muro de separación otra vez. El propósito del desarrollo como tal es derribar estos muros, ya sea que se levanten entre los seres humanos y Dios, entre la Humanidad y la verdad y realidad espirituales, entre las personas, o entre el hombre y la mujer. El amor es la única clave para eliminar este muro. Con amor se abre la comprensión. Y con la comprensión puede alcanzarse la unidad o unión. Pero el amor no puede forzarse. El amor sólo se puede ganar eliminando todos los bloqueos y los errores del alma humana. La importancia del ego y la preocupación por él se oponen directamente al amor. Pero antes de que se le pueda eliminar, el pequeño ego tiene que reconocerse en todas sus facetas; tiene que permitírsele salir a la superficie. Entonces, y sólo entonces, puede surgir la verdadera personalidad que ya no necesita lo que el pequeño ego parecía necesitar. Entonces puede florecer verdaderamente el amor, y producir la unión.

Lo mismo puede decirse de todas las relaciones humanas. En el matrimonio, el amor entre dos personas hace que el logro de la unión sea más fácil que en otras relaciones, como la amistad, por ejemplo. Es más fácil porque está nutrida por el eros y el impulso sexual. Sin estos elementos, la separación es más difícil de vencer. Las fricciones no pueden suavizarse tan fácilmente como cuando está presente el eros como puente al amor. [cf. Conferencia 44] Por otra parte, una relación más trivial presenta menos oportunidades de generar fricciones; por lo tanto, en ese sentido es más fácil de mantener. Podríamos resumir diciendo que el matrimonio sería prácticamente inviable para la raza humana si no tuviera la ayuda del eros y el impulso sexual. La conservación de éstos hacia la pareja es, por lo tanto, una meta en sí en el matrimonio. En los términos más simples, la unión es el encuentro con el otro en todos los niveles posibles. Es mucho más que sólo entender al otro, estar en sintonía con él. Es la fusión de las naturalezas física, mental, emocional y espiritual de dos personas. Esto puede hacerse si ambos tienen la voluntad y la comprensión.

Lo que es cierto para todas las relaciones humanas, sin duda es aún más cierto en el matrimonio. Cada fricción y malentendido, no importa lo flagrantemente equivocada que esté la otra persona, es una indicación de algo distorsionado o ignorante en el ser. En el matrimonio ideal esto siempre se tendría presente y ambos componentes de la pareja buscarían ese elemento en ellos mismos. Descubrirían entonces que el otro reacciona, tal vez en ocasiones con inusitado vigor, a esta partecita que está borrosa, por decirlo así. La parte inarmónica de uno reacciona automáticamente a la parte inarmónica del otro. Las dos partes inarmónicas no tienen siempre la misma fuerza, pero eso no importa. Si esta clave del matrimonio pudiera encontrarse, se lograría una verdadera sintonización. La sintonización promovería el autodesarrollo, y al mismo tiempo proveería más claves para sintonizarse el uno con el otro. De esta manera se intentaría con éxito la verdadera unión.

PREGUNTA: Algunos de nosotros hablamos de lo difícil que es para los hombres comunicarse cuando hay un problema emocional entre dos cónyuges. Las mujeres tratan de hablar del problema y los hombres lo evaden. ¿Se trata de la vergüenza del lado emocional?

RESPUESTA: Sí, esa es una de las razones. Sin duda se relaciona con eso. El hombre rehúye las emociones. Les tiene miedo, debido en parte al muy frecuente concepto equivocado que mencioné antes, es decir, que las emociones son peligrosas y que, si uno no puede evitarlas, debe de alguna manera mantenerlas en secreto, por lo menos cuando producen resultados negativos. Los malentendidos son resultados negativos; por lo tanto, le recuerdan al hombre su conclusión equivocada de que las emociones deben ocultarse. También se deben a las imágenes colectivas, que sostienen que está por debajo de la dignidad del hombre entrar en discusiones intelectuales con una mujer que, supuestamente, es inferior a él. Podría hablar de un tema neutral, pero cuando las culpas e insuficiencias personales entran en el cuadro, lo que es inevitable en los desacuerdos o peleas, el hombre teme no ser capaz de lidiar con la mujer y, por eso mismo, tiene miedo de poner en peligro su masculinidad. Como en la naturaleza de la mujer está preocuparse de los temas emocionales, de cualquier cosa personal, ella está preparada, condicionada y con frecuencia mejor versada a este respecto que el hombre. Así, el hombre tiene miedo de perder. Le parece que no sólo pierde la discusión, sino también parte de su dignidad masculina. Sólo porque ha descuidado fortalecer su naturaleza emocional, tiene miedo y se siente culpable de la debilidad que intuye en sí mismo.

Por otra parte, la mujer puede suprimir y ocultar su agresividad, su hostilidad y su resentimiento hacia el hombre tras la fachada de una discusión razonable, cuyo propósito consciente es arreglar los desacuerdos. Es muy posible que el motivo positivo exista en mayor grado que el negativo mencionado aquí, pero el negativo bastará para afectar la capa subconsciente correspondiente del hombre. Esto lo hace reaccionar muy negativamente a algo cuya intención era sólo constructiva, por lo menos en la mente consciente de la mujer.

PREGUNTA: Pero como este tipo de discusión es casi un obstáculo a la unión, ¿podría indicarnos cómo debemos proceder?

RESPUESTA: No fuerces la discusión. La manera de proceder no es convenciendo al otro. El desarrollo y la resolución de problemas rara vez puede suceder de ese modo, sino, más bien, buscando en ti lo que atrae una respuesta negativa. En este Pathwork ya has tenido experiencias semejantes, aun cuando el error obvio estaba del otro lado, aun cuando nunca creíste posible que algo estuviera mal en ti, aun cuando tus racionalizaciones eran muy convincentes y verdaderas. Cuantas más veces logres este reconocimiento, más cerca estarás de la resolución de todos tus problemas internos y externos. Si encuentras tus emociones ocultas, entenderás por qué otras personas responden negativamente a algo que estabas seguro de que no contenía más que los motivos más puros. Lo que dije antes del matrimonio a este respecto es cierto siempre y en todos los casos.

PREGUNTA: ¿Debo entender que la mujer debe mostrar signos de debilidad para que el hombre se sienta fuerte?

RESPUESTA: No. Al revés. Cuando releas esta conferencia verás que no di a entender esto de ninguna manera. Ella debe mostrar su fuerza real y no tenerle miedo. Entonces será capaz de usarla de manera constructiva en vez de tratar de ocultarla compulsivamente, o de usarla destructivamente por una rebeldía interior que no entiende por completo. Sólo de esta manera puede ayudar también al hombre a desarrollar su fuerza real. Si ella fingiera debilidad por diplomacia o por halagar al hombre, sería una reacción forzada y poco genuina. Nada falso y manipulador podría ser jamás verdaderamente benéfico. Sólo afectaría una capa malsana, sobreimpuesta e igualmente poco genuina del hombre en cuestión.

PREGUNTA: Pero si el hombre no se comunica con la mujer por cobardía, ¿cuál sería la característica correspondiente que habría que buscar en la mujer?

RESPUESTA: No se puede generalizar en eso. Podría ser una de tantas alternativas. Nunca puedes hacer una afirmación general de este tipo. Eso podría ser muy peligroso y engañoso. Esa característica sólo puedes encontrarla en el trabajo individual. Tal vez podría corresponder a una sobreactividad en la mujer, una actividad mal encauzada a la que no se le permitió desarrollarse libremente. Podría corresponder también a un tipo diferente de cobardía en otro nivel en la mujer en cuestión. Podría ser cualquiera de muchos factores. O podría ser no sólo un factor, sino una combinación de muchos.

PREGUNTA: ¿Por qué tenemos dos tipos de hormonas?

RESPUESTA: Las hormonas masculina y femenina son un aspecto físico de todo este tema. De hecho, ambos sexos tienen las dos hormonas. La mujer no podría vivir sin hormonas masculinas, ni el hombre sin hormonas femeninas. Esta manifestación física es prueba de que ambos aspectos existen en los dos sexos. Sólo es cuestión del equilibrio y la distribución adecuados.

Quisiera añadir aquí que durante mucho tiempo existió la impresión general de que sólo la mujer pasa por ciertos ciclos en la vida: los ciclos de la menstruación y el cambio de vida. El hombre pasa por ciclos similares, sólo que no se manifiestan de la misma manera. Cuando los seres humanos progresen más en este sentido, estos ciclos y los principios mediante los que operan se descubrirán en el hombre. A fin de encontrarlos, el progreso psicológico tiene que correr parejo con el progreso espiritual y metafísico. Cada hombre podrá encontrar entonces su propio ciclo, que opera individualmente y no mediante reglas biológicas fijas, como en el caso de la mujer. Éste será un reconocimiento muy útil. El ciclo del hombre cambia de acuerdo con el individuo. Podría comparársele con el principio de una carta astrológica que se ha hecho para cada individuo por separado. El ciclo individual del hombre es, por lo tanto, similar en principio a un horóscopo. El ritmo de estos ciclos individuales tiene una gran importancia en la vida del hombre.

Del mismo modo, no es sólo la mujer la que da a luz. La mujer da a luz físicamente, mientras que el hombre puede dar a luz en el alma, por decirlo así. Las mismas leyes que gobiernan el nacimiento físico rigen también el nacimiento espiritual. De acuerdo con la salud de su alma, los nacimientos serán sanos o malogrados.

PREGUNTA: ¿Qué quiere decir exactamente que el hombre da a luz espiritualmente?

RESPUESTA: El hombre en su ser creativo real puede dar a luz ideas bellas y constructivas, que pueden volverse útiles y factibles en todos los ámbitos, no sólo en el ámbito físico. Las ideas y los pensamientos están vivos. Muchas veces has escuchado estas palabras, pero las tomas como una figura retórica. En realidad, el proceso del nacimiento de una idea tiene lugar de acuerdo con los mismos principios que el nacimiento físico.

Como la mujer también es creativa, también ella puede dar a luz espiritualmente… y lo hace. Sólo el lado femenino de la naturaleza de una entidad es capaz de dar a luz. En la mujer, el lado femenino está vuelto en su mayor parte hacia fuera en el “disco”, así que se manifiesta el nacimiento físico. Sin embargo, esto no le impide dar a luz mental y espiritualmente en otras ocasiones, cuando la cara del disco puede inclinarse hacia dentro. El hombre, por otra parte, tiene la parte femenina de su naturaleza, la parte que da a luz, vuelta hacia dentro siempre. Es casi imposible encontrar las palabras correctas para explicarles a ustedes estas cosas, pero esta información puede abrirles panoramas nuevos para que amplíen su comprensión y su percepción, aunque mis palabras sean limitadas y puedan parecer muchas veces sobresimplificadas.

Me retiro de nuevo, queridos míos, con bendiciones y amor, con luz y fuerza para cada uno de ustedes: los que están aquí y los que están lejos y leen mis palabras. Continúen en su camino y éste los liberará para siempre. Los liberará de su prisión autoinfligida. Queden en paz, queden con Dios.

Dictada el 1 de abril de 1960.