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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 64. Voluntad exterior y voluntad interior. Concepto erróneo sobre el egoísmo

Saludos. Les traigo bendiciones, mis queridísimos amigos. Bendita sea esta hora.

Esta noche hablaremos de la fuerza de voluntad. Mucho se dice que con la aplicación correcta de la fuerza de voluntad puede lograrse prácticamente cualquier cosa. Sin embargo, todos ustedes han tenido la experiencia de que desean mucho algo, en vano. Esto se debe no sólo a las corrientes de la voluntad inconscientes y contrarias que dividen su voluntad, sino también a algo que se pasa por alto en gran medida. Ese algo es el hecho de que existen dos diferentes tipos de voluntad: la interior y la exterior. Es muy importante que entiendan esto.

Veamos cuál es la diferencia y cómo distinguir entre las dos. Podrán confirmar la verdad de mis palabras si examinan sus sentimientos y reacciones bajo la luz correcta. Cada uno de ustedes seguramente ha experimentado ambos tipos de fuerza de voluntad, pero sin darse cuenta de que hay una diferencia indudable entre las dos. Saber cómo hacer esta distinción las abrirá más puertas para entenderse a sí mismos, a otros y las leyes del universo.

La voluntad exterior es tensa, impaciente y contraída. La voluntad interior es calma, relajada y no tiene prisa. La voluntad exterior es ansiosa y está llena de dudas. La voluntad interior posee seguridad, y no conoce ni la ansiedad ni la duda.

La impaciencia surge cuando uno duda del resultado deseado. Tras un examen, descubrimos que la impaciencia no puede existir donde hay certeza. Pero cuando uno se siente incierto acerca de los resultados, no puede darse el lujo de esperar con calma. Por lo tanto, la impaciencia, la duda y la ansiedad están estrechamente ligadas. Como la voluntad interior no conoce duda, puede esperar y, a final de cuentas, prevalecerá.

Para tener éxito, la voluntad exterior debe ser sostenida, por lo menos hasta cierto grado, por la voluntad interior. En la medida en que la voluntad interior funciona, se tendrá éxito. Si el grado de fuerza de voluntad interior es pequeño en relación con la voluntad exterior con todas sus corrientes contradictorias, el resultado deseado no se alcanzará.

La voluntad interior viene del plexo solar. La voluntad exterior proviene en parte del intelecto y en parte de regiones superficiales del alma. La voluntad exterior suele estar motivada por sentimientos, deseos, reacciones y razonamientos inmaduros. La voluntad interior viene enteramente del Ser Superior.

Consideremos ahora qué factores impiden el funcionamiento de la voluntad interior. Estos factores son las diversas capas de error, desviaciones de la verdad e ilusiones que prevalecen en el mundo manifiesto. En suma, la voluntad interior se ve impedida a causa de las imágenes, las conclusiones equivocadas y los conceptos erróneos que albergan ustedes en su mente consciente e inconsciente. Éstos siempre los hacen sentir inseguros y divididos por dentro, porque en lo más profundo de su ser saben que algo está mal. Aunque sólo lo sientan vagamente, saben que no están alineados con la verdad, y que no lo estarán a menos que hagan el trabajo de autobúsqueda y autodescubrimiento. El sentimiento vago de que algo está mal los hace sentirse inseguros, incluso acerca de sus deseos y cómo satisfacerlos. Incluso si los deseos son muy legítimos y sanos, se sienten inseguros acerca de ellos. Esto se debe no sólo a que parte de la motivación del resultado deseado puede ser tan inmadura y verdaderamente egoísta que eclipse los motivos buenos y sanos, sino también a que las desviaciones y confusiones inconscientes, aparte del deseo en sí, bastan para tapar la voluntad interior de manera que no pueda funcionar.

Supongamos que tienen un deseo que es relativamente pequeño o que no está contaminado con motivos malsanos. De todos modos, su voluntad interior no puede funcionar plenamente debido a sus imágenes, que quizás no tengan una relación directa con el deseo específico. En suma, cuanto más sana es su psique, mejor puede funcionar su voluntad interior. La psique enferma siempre está confundida, no sólo acerca de otros y el mundo, sino principalmente acerca de sí misma. La confusión crea duda; la duda, impaciencia; la impaciencia, ansiedad y tensión. Además de esta reacción en cadena, tenemos otras corrientes que considerar. Si existe duda acerca de un deseo, éste se acompaña de un sentimiento de culpa. Sin embargo, el deseo puede ser doblemente fuerte, debido en parte al motivo sano y bueno, y en parte al deseo enfermo. Este último siempre produce compulsión. Así, la culpa y la compulsión—dos direcciones opuestas—afectan aún más la voluntad interior.

Ustedes pueden desear cierto resultado con todas sus fuerzas, pero en un estado confuso y dividido su voluntad interior no puede penetrar las capas enfermas. Lo que desean hacia fuera lo cuestionan hacia dentro. No sólo dudan de poder obtener lo que desean, sino que también dudan de la legitimidad de lo que desean, de su justificación. Tienen el sentimiento vago e inconsciente de que su posible egoísmo pondrá en riesgo la obtención de lo que desean, porque no lo merecen. No hace falta decir que estas dudas son el obstáculo más grave al funcionamiento de su fuerza de voluntad interior.

Cuanto más se obstruye la voluntad interior, más tratan ustedes de compensar esto fortaleciendo la voluntad exterior. Pero la fuerza de la voluntad exterior siempre es malsana. Es un sustituto pobre. Está llena de tensión, ansiedad e impaciencia. Como no puede funcionar, también trae frustración y, con ella, una duda renovada en ustedes mismos. Así, los sentimientos de insuficiencia e inferioridad reciben nuevo alimento.

La voluntad exterior puede componerse también de motivos sanos. Los motivos enfermos, como la importancia personal, el orgullo, la vanidad o el deseo de gobernar pueden existir en la voluntad exterior, pero nunca en la interior. La voluntad interior es pura, sana y no duda. Fluye mansamente. Sabe. La voluntad exterior no fluye. Jala y empuja en todas direcciones. Desde nuestro punto de vista, es una corriente áspera, desigual, como un relámpago, a veces más fuerte y otras veces debilitante. Es angular, puntiaguda, ondula en su dirección y frecuencia. En contraste, la voluntad interior mantiene un flujo lento y parejo, siempre redondeado.

Esto les mostrará otra vez la necesidad de sanar su alma de todas sus actitudes y reacciones malsanas y erróneas. Esto es importante para su felicidad. Si bien es cierto que pueden mover montañas con una fuerza de voluntad lo suficientemente poderosa, esa voluntad tiene que venir de dentro, y eso presupone la existencia de un alma sana. Cuando descubran que su voluntad proviene de la persona exterior, pueden tratar de descubrir por qué, e investigar qué motivos e incertidumbres bloquean su voluntad interior. Esto arrojará más luz sobre la tarea de entenderse.

Les resultará muy útil, de nuevo, hacer una lista de sus deseos. Luego escuchen lo que hay en su interior y, estableciendo una sintonía fina con su fuerza de voluntad, traten de determinar qué tipo de voluntad es. Si se trata de la voluntad exterior, tendrán un ligero sentimiento de duda, escrúpulos, cierta culpa y tal vez preguntas sobre si tienen derecho a que se cumpla su deseo. Su voluntad exterior también puede sentirse tan impaciente, tan urgente, tan tensa, que perciben nudos en el cuerpo cuando piensan en el deseo en cuestión. Detrás de la compulsión y la urgencia que aparecen en la superficie, encontrarán la misma incertidumbre y duda. En cualquier caso, es aconsejable que examinen los motivos enfermos que pueden coexistir con los sanos. Como bien saben, los segundos siempre sirven de racionalizaciones para los primeros. Darse cuenta de que no pueden obtener lo que desean a menos que se liberen de los motivos malsanos y erróneos podría darles un renovado incentivo para hacer este trabajo.

Si descubren que su voluntad interior funciona en ciertos casos, se sentirán muy diferentes. No sentirán ningún recelo; habrá mucha calma y serenidad en su deseo. También tendrán la certeza de que se les cumplirá. Podrá tardar, pero no estarán impacientes, ni se resignarán. Serán uno con ustedes mismos. En la voluntad interior hay una fuerza pura, una fuerza que no los pone tensos.

Este trabajo es muy importante para ustedes, mis queridos amigos, ya que es la única manera de eliminar los niveles de la voluntad exterior que obstaculizan el funcionamiento de la voluntad interior. Aun si ambas corrientes de la voluntad persiguen el mismo objetivo, aun si la voluntad exterior y la interior desean la misma cosa, el solo hecho de que la voluntad exterior esté tensa e impaciente prohíbe a la voluntad interior desplegarse, flotar, afectar las fuerzas cósmicas.

Como ya lo dije, sus imágenes personales y sus conceptos erróneos también son un obstáculo para la voluntad interior. Pero también lo son ciertas imágenes colectivas que han adoptado debido a sus conflictos internos personales. Me gustaría hablar ahora de uno de estos conceptos erróneos colectivos, uno muy difundido, que afecta a prácticamente todo el mundo en cierto grado. Es también un factor muy fuerte en la prohibición que se hace a la voluntad interna de funcionar. Hablo de sus conceptos de egoísmo y generosidad.

La gente piensa muchas veces—y si no lo hace conscientemente, lo siente de manera inconsciente—que cualquier cosa que le dé felicidad debe de ser perjudicial para alguien más. Por lo tanto, es inevitable que su conciencia los moleste cada vez que son felices, independientemente de si realmente fueron egoístas o no. Esta culpa afecta su voluntad interior de ser felices.

Su concepto inconsciente es que si disfrutan algo, el placer les llegará automáticamente a costa de otra persona. Como se les enseñó que está mal ser egoísta, sienten que deben suprimir su deseo “egoísta”. No distinguen si sus deseos son realmente egoístas o no, e indiscriminadamente suprimen todos los deseos. En la creencia de que todos los deseos de felicidad son egoístas, no se atreven a desear nada. En el proceso de supresión, incapaces de distinguir unos otros, engloban los deseos verdaderamente egoístas con los realmente sanos que no tienen nada que ver con el egoísmo. Así, no tienen manera de categorizarlos, de juzgar, de entenderlos. Sólo entonces estarían en posición de decidir libremente en favor de algunos deseos y en contra de otros.

En suma, éste es el concepto erróneo: “Como los deseos tienen por objetivo la felicidad y querer la felicidad es egoísta, debo suprimir todos los deseos”. No se dan cuenta de que cuando los erradican, ellos continúan su existencia bajo tierra. Los deseos realmente egoístas de su inconsciente los hacen sentirse culpables, pero también hacen eso los deseos legítimos. Ambos siguen clamando y reclamando dentro de ustedes, muchas veces sin que se den cuenta. Encima de todo esto, la prohibición que les lanzan hace que ustedes sientan enojo. Se enojan con el mundo porque no les permite ser felices, cuando en realidad la causa es la conclusión equivocada que tienen acerca de la felicidad. En el proceso de supresión de todos los deseos e impulsos, los que son infantiles y, por lo tanto, realmente egoístas, no pueden madurar y refinarse. Esto sólo puede suceder si se les enfrenta y se lidia con ellos con conciencia. Como consecuencia, sus deseos e impulsos legítimos y sanos, que no son egoístas en lo más mínimo, no pueden verse realizados.

Todos ustedes están abrumados por la conclusión inconsciente de que algo es egoísta simplemente porque los hace felices. Esto es muy trágico, amigos míos. Es un costo innecesario que pagan en términos de felicidad y alegría. No se atreven a desear la felicidad sólo porque no distinguen entre el egoísmo real y el imaginario. Cada vez que se manifiesta un impulso legítimo y sano de autoexpresión, piensan y sienten como si se tratara de un egoísmo realmente inmaduro y burdo.

La cuestión ahora es cómo tratar el egoísmo real que existe en la parte inmadura de todos los seres humanos. La manera habitual y equivocada de manejar esto es suprimirlo y sobreimponer una generosidad compulsiva que no es genuina. De la sobreimposición surge el concepto inconsciente de que en realidad sería muy agradable que se le permitiera a uno ser egoísta. Este concepto encuentra un punto de apoyo dentro de ustedes, e inconscientemente creen que ser egoístas les traería felicidad, pero, por desgracia, no se les permite ser felices. Equivocadamente piensan que si ceden a su deseo de ser felices, no serían amados ni aprobados. Como el amor y la aprobación son tan necesarios para ustedes, prefieren renunciar a la “felicidad”. El conflicto interno puede expresarse de esta manera: “Si pudiera ser egoísta, podría hacer lo que quisiera. Eso significaría que sería feliz. Por otra parte, no puedo ser feliz si no soy amado y aprobado. Por lo tanto, tengo que ser infeliz a fin de ser feliz”. Esto suena completamente ilógico, pero el consciente inmaduro es así de ilógico y así de contradictorio. Pueden ver ahora la absoluta confusión que existe en el alma humana. Estoy seguro de que no tendrán demasiada dificultad para confirmar que existen en ustedes sentimientos como éstos. Me aventuro a decir que este conflicto existe en cierta medida en todos los seres humanos.

Esta conclusión equivocada explica la total desesperanza que sienten tan a menudo; una desesperanza que encuentra una salida en estados de ánimo ocasionales para los que a veces encuentran razones y racionalizaciones exteriores. Este conflicto mismo es la realidad subyacente de su desesperanza. Si su concepto equivocado fuera verdadero, la felicidad sería, en efecto, una imposibilidad. Tendrían razón de sentirse desesperanzados si no pudieran ser felices sin ser amados, y no pueden ser amados cuando son felices, ya que la felicidad es egoísta de acuerdo con este concepto erróneo. Hay infelicidad de una y otra manera. Tal vez fluctúen entre las dos alternativas, pero de cualquier lado que volteen se encuentran infelices y frustrados. Muchas veces se rebelan por dentro y tratan de forzar a las personas que los rodean a romper esta ley, o lo que a ustedes les parece una ley. Pero su convicción de que se encuentran en una situación irresoluble los hace tratar de salir de ella de la manera equivocada. La ironía es que tratan de salir de ella dando rienda suelta a sus impulsos más infantiles y egoístas, y no a sus impulsos legítimos y sanos. Esto ofende a otros y los lleva a reaccionar negativamente hacia ustedes. Y esto, a su vez, los convence de nuevo de que su predicamento es efectivamente desesperado. Como la causa de su rebelión es inconsciente, no se les ocurre permitirse la expresión de sus impulsos sanos; en vez de ello, eligen los ejemplos más drásticos para su experimento. Los ejemplos drásticos son los impulsos egoístas. Sólo mediante una conciencia creciente y una discriminación juiciosa pueden estar en la posición de hacer las elecciones correctas y constatar que su conclusión era equivocada. Se vuelve evidente que este conflicto frustra su voluntad interior e impide la merecida realización de su deseo.

Tal vez la idea de que el egoísmo, si se le permitiera, sería un estado más feliz, esté sólo en su mente inconsciente, mientras que conscientemente conocen todas las respuestas correctas. En ese caso, cuestionarse de la manera adecuada los acercará más a la contradicción interna. Si profundizan suficientemente en ello, sus respuestas serán cada vez menos convincentes, incluso para ustedes mismos. Cuando esto sucede, se acercan al área aquejada. Algunos de ustedes, si tan sólo se tomaran la molesta de pensar en ello, podrían descubrir incluso que creen conscientemente que serían más felices si se les permitiera ser egoístas.

Independientemente de que este concepto erróneo exista en su consciente o en su inconsciente, ¿cómo pueden ser libremente generosos en sus acciones todos los días? No realizar el acto generoso los hace sentir culpables, y realizarlo les parece una violación de su voluntad y su convicción. No puede ser un acto libre, elegido independientemente. Siempre que hacen algo por compulsión y no porque le dicen “sí”, no pueden ser uno con ustedes mismos. Estarán divididos, en conflicto, perderán su paz interior y su sentido de lo que es correcto. ¿Cómo pueden ser felices haciendo algo que les produce culpa, o bien haciendo algo que parece ir en contra de sus intereses personales? Cualquiera de las dos alternativas trae insatisfacción.

Examinemos ahora por qué es erróneo este concepto. Me dirijo a esa parte de su personalidad donde albergan el concepto erróneo. En primer lugar, no todo lo que los hace felices es automáticamente egoísta y dañino para otro sólo porque a ustedes los hace felices. Muy al contrario. Como personas felices, están mejor equipados para llevar felicidad y alegría a otros. Tienen derecho a la misma consideración para ustedes que para otra persona. Sólo como personas libres, fuertes y felices pueden sentirse realizados en la vida y ser constructivos en su ambiente. A fin de lograr esto, tienen que darse consideración, tienen que respetar sus propios derechos, y éstos no entrarán en conflicto con los intereses ni con los derechos de otros. Si a veces parece así, verifiquen la verdad con absoluta autohonestidad. No hay reglas fijas para determinar si las acciones son correctas e incorrectas cuando parecen ir contra los intereses de otra persona. Sin embargo, es esencial que sean ustedes completamente conscientes de todos sus deseos, impulsos y motivos. Sólo de esa manera pueden discriminar y juzgar cuál es egoísta y cuál no.

En cuanto al egoísmo real que parece, consciente o inconscientemente, tan ventajoso y deseable, diré esto: En realidad, el egoísmo no puede ofrecerles ninguna ventaja, aun si les parece que sí en el momento. Cuanto más elevada sea su conciencia, más absoluta será esta convicción en ustedes. En el momento puede resultarles difícil entender esta verdad, así que entonces esfuércense sólo por tener esta visión más plena como meta. Pero el concepto verdadero no puede volverse parte de ustedes mientras traten de imponérselo; mientras actúen de la manera correcta porque creen que deben hacerlo; mientras la decisión no sea completamente suya y, por lo tanto, libre. Entretanto, todo lo que pueden y deben hacer es ser honestos consigo mismos.

Cuando todavía les parezca que el acto egoísta sería más deseable, contemplen lo siguiente: Un evento aislado, con todas sus causas y efectos, tendrá un aspecto diferente del que tendría el mismo evento en su contexto más amplio. En otras palabras, podría parecer que un incidente específico realmente justifica el punto de vista de que el egoísmo es ventajoso. Pero si siguen de cerca las reacciones en cadena, seguramente adquirirán una perspectiva diferente. Esta visión diferente les dará el deseo y activará el libre albedrío para optar por el acto generoso en vez de ser llevados a él como antes. Esto en sí marcará una tremenda diferencia. Automáticamente abrirá un panorama nuevo que les mostrará que el egoísmo no es ventajoso, ni ahora ni a la larga. Está divorciado de la realidad. Mientras sólo vean los primeros efectos de una acción, no poseen la visión del cuadro completo. Es sólo un segmento, y éste no puede transmitir la idea del todo.

Digamos que les muestran una piedrita de una casa grande. Pueden tener cierta información mirando la piedra: la calidad y el material, así como el color. Pero no pueden saber cómo es la casa sólo mirando la piedra. No pueden juzgar ni su belleza, ni su arquitectura, ni las dimensiones y el mobiliario de las habitaciones.

Lo mismo ocurre con las acciones, las actitudes y las reacciones interiores del ser humano. Al considerar sólo el efecto inmediato, se permiten juzgar todo el cuadro cuando sólo tienen un segmento. Necesitan ampliar su visión para poder tener una visión más verdadera. Esto no significa que acepten algo ciegamente; tampoco significa que al ser buenos, serán recompensados en el más allá. El efecto de la acción correcta puede verse aquí y ahora, mientras todavía están en este plano terrenal.

Cuando piensan o sienten que el egoísmo sería ventajoso para ustedes, están dejando fuera lo obvio. No conectan causa y efecto, y por lo tanto su visión es borrosa. Pero no necesitan una visión sobrenatural ni un conocimiento metafísico para sumar dos más dos. Sólo necesitan pensar, ir un poco más allá y ver lo que está enfrente de sus ojos.

Supongamos que tienen que decidir entre un acto egoísta y un acto generoso. El acto generoso no parece brindarles un beneficio, por lo menos no directamente. Empero, si están objetivamente convencidos de que es benéfico como tal, sea para el mundo en general o para un grupo pequeño, o para otra persona, seguramente los beneficiará a ustedes también de alguna manera, tal vez no siempre de manera inmediata, pero con frecuencia mucho antes de lo que piensan. Esta convicción crecerá en ustedes. Se convertirá en un hecho interno, pero sólo si han tomado la decisión plena y sincera de llevar a cabo el acto generoso. Decídanlo así sólo porque están convencidos de que es lo correcto, y no de manera compulsiva, porque quieren recibir una recompensa, ya sea en forma de afecto, amor o aprobación, o para comprometer a otros, o porque creen que Dios los recompensará por haber sido niños buenos. Ustedes mismos deben elegir la acción por la acción misma, independientemente de quién parezca beneficiarse de ella de manera inmediata. Cuando hagan esto, serán uno con ustedes mismos. Esto ensanchará su horizonte y llevará su conciencia a la madurez necesaria. Entonces entenderán que el egoísmo no es ventajoso y definitivamente no les conviene. O, para decirlo de otra manera, la generosidad es sanamente “egoísta”.

Dije antes que realizar un acto generoso a cambio de una recompensa vuelve egoísta ese acto. Sin embargo, si hacen lo correcto de la manera correcta y madura sin segundas intenciones y por su libre albedrío, cosecharán una recompensa de otro tipo; a saber, la agradable sensación de ser uno con ustedes mismos, la seguridad que sólo el respeto propio puede ofrecer. Hacer algo con la mayor sinceridad da un autorrespeto adicional que es una decidida ventaja que se manifiesta de muchas maneras. Les dará, entre otras cosas, la fuerza para superar muchas debilidades a causa de las cuales tal vez se desprecien. Disminuirá ciertos miedos y angustias, especialmente cuando traten con otras personas. Su miedo de otros se basa siempre en que se sienten débiles e insuficientes. Al entender y aceptar sus confusiones, al tomar decisiones independientes de llevar a cabo actos generosos, y ser así uno con ustedes mismos, adquieren el respeto propio que disminuye la insuficiencia y el autodesprecio mismos que los vuelve débiles y temerosos de los demás.

No puedo insistir demasiado en que es extremadamente importante que sepan si actúan generosamente porque en verdad desean hacerlo, o porque piensan que tienen que hacerlo. Mientras esté ausente la convicción que los hace desear con el corazón ser generosos, tienen que proseguir el trabajo de autobúsqueda, de examinar sus motivos y conceptos en comparación con la verdad objetiva, hasta que lleguen al punto de convicción. Sólo entonces serán capaces de hacer una elección libre que no esté impulsada por la compulsión. Esto, a su vez, les mostrará que la generosidad no es un yugo que tienen que echarse a cuestas en contra de su convicción interior. En lugar de ello, verán sin sombra de duda que la generosidad es realmente “egoísta” en un sentido sano, y que los beneficia, siempre que sus motivos sean los correctos, que su decisión sea libre y que sus reacciones sean maduras.

Esto los liberará del concepto erróneo de que el egoísmo podría hacerlos felices si se les permitiera abandonarse a él. El otro concepto erróneo, que la felicidad es egoísta y que, por lo tanto, está prohibida, existe debido al primer concepto erróneo. Debido a estas conclusiones equivocadas, su voluntad interior no puede funcionar, no puede fluir de ustedes. Cada vez que se manifiesta el deseo de ser feliz, una vocecita interna lo prohíbe de modo que la voluntad interior se rompe. El deseo puede renacer en un nivel exterior, pero, como dije antes, la voluntad exterior no basta para acercarlos a ninguna meta: sólo los desgarrará; destruirá su fuerza interior, su serenidad y su paz.

Traten, todos ustedes, de reconocer su voluntad; de dónde viene, cómo se siente. Si encuentran bloqueada su voluntad interior, examinen dónde y por qué tienen dudas acerca de la legitimidad de su deseo. A veces esta sospecha está justificada porque su deseo puede ser en realidad dañino para otros o para ustedes. En ocasiones, su deseo puede estar justificado, pero coexisten muchos motivos inconscientes y malsanos junto con los sanos. Otras veces, un deseo es totalmente correcto y bueno, pero sus conceptos erróneos—acerca del egoísmo así como en otras áreas—pueden impedir el funcionamiento de la voluntad interior.

Esta noche me concentré en un problema que es crucial y está muy difundido. Probablemente tengamos que trabajar en este tema con cada uno de ustedes en lo individual. Prepárense pensando en esto, sintiendo cómo se aplican a ustedes estas palabras.

¿Hay preguntas en torno a este tema?

PREGUNTA: Digamos que uno realiza un acto generoso y sabe que no viene de su ser real, pero lo hace a fin de cambiar, no quiere hacerlo compulsivamente. Pero se cansa uno tanto, se agota tanto, y no entiende por qué…

RESPUESTA: El hecho mismo de que te agotes es una señal de que todavía realizas el acto generoso contra una convicción interna, y en realidad por una compulsión. Quieres ser bueno y generoso, pero todavía sientes en lo más profundo de tu ser que el acto egoísta sería benéfico para ti. Así pues, te fuerzas, y esto te cansa. No puedes perder tu compulsión inmediatamente y alcanzar el estado en el que eliges con libertad. Puedes elegir libremente sólo después de que te das cuenta de que el acto generoso te beneficia, mientras que el egoísta no. El concepto erróneo puede estar profundamente enterrado y tiene que volverse consciente primero. No puedes evitar esta etapa. Si lo intentas, tu acción generosa no será libre y sí compulsiva. En otras palabras, primero tienes que darte cuenta por completo de que no quieres realizar el acto generoso, y por qué. Tienes que darte cuenta de tu rebelión cuando accediste a realizar actos generosos en el pasado, así como de la culpa de tus acciones egoístas. Esta parte del trabajo es esencial aunque a veces un poco dolorosa, por un rato. Pero no puede dejarse de lado. Sólo después de que hayas superado esta etapa estarás en posición de discriminar, juzgar y escoger tus propias acciones y actitudes. Entonces podrás formar de nuevo tus conceptos.

En muchas terapias, las personas se atoran en cierta etapa. Descubren que sus deseos e impulsos legítimos fueron suprimidos, pero este descubrimiento también hace aflorar los deseos egoístas, los cuales ahora exteriorizan, yendo así de un extremo equivocado a otro. En estos casos la persona no avanza. No es necesario exteriorizar los impulsos egoístas. Ustedes tienen más opciones que las dos alternativas de suprimir o de exteriorizar su egoísmo. Pueden reconocerlo sin permitirse una conducta egoísta o dañina. Pero deben reconocerlo con toda honestidad, o de lo contrario no avanzarán.

Incidentalmente, debido a que la gente que está en terapia suele exhibir sus impulsos recién descubiertos, muchas veces se acusa al análisis de hacer más egoístas a las personas. Si se le maneja adecuadamente, no tiene que ser así. No tienes que escoger la alternativa equivocada ahora, simplemente porque en el pasado llevaste a cabo las acciones correctas por motivos incorrectos. Puedes, si lo deseas, seguir realizando las acciones correctas aun mientras estés en el proceso de darte cuenta de que no te gusta realizarlas. De todos modos, estás en un estado temporal. Es un periodo de transición. Lo más importante de todo, por el momento, es que te des cuenta de por qué llevas a cabo un acto y qué sientes cuando lo realizas.

Para resumir: Al principio, antes de la autobúsqueda, estás convencido de que realizas un acto generoso y odias hacerlo sin darte cuenta de tu odio y tu rebelión contra ese acto. Luego identificas tu odio y tu rebelión. Más adelante descubres que tal vez culpes a otras personas que—así lo quieres creer—te obligan a realizarlo. El siguiente paso será que reconsideres por qué estás realizando este acto y cuáles son tus motivos reales. En la mayor parte de los casos descubrirás que lo haces porque es algo que se espera de ti, y que no quieres ofender a las personas porque deseas su aprobación. Una investigación más profunda mostrará que, aparte de estas razones, preferirías mucho más realizar el acto egoísta. Cuando te preguntes por qué, la respuesta será que piensas que es mucho más ventajoso o más agradable para ti. Para entonces habrás reconocido el concepto erróneo que sólo puede corregirse por medio del concepto verdadero. Cuando estés completamente consciente del concepto erróneo en todas sus facetas, tendrás que reconocer también que el acto en cuestión era egoísta, compulsivo y no libre, especialmente porque deseabas la aprobación. Por lo tanto, tu acto aparentemente generoso era en realidad egoísta. El egoísmo sólo se ha desplazado.

El proceso de descubrir lo que realmente está ocurriendo no puede evitarse. Puedes decidir entonces si deseas o no actuar como antes. En el curso de este trabajo podrías descubrir que algunas de tus acciones fueron injustificadas e innecesarias, que otras personas se han aprovechado de ti de una manera que a la larga resultará perjudicial para ellas. Pero en otros casos la acción como tal puede haber sido válida y razonable, y puedes decidir continuarla, aunque tus motivos todavía sean confusos. En cualquiera de los dos casos, lo importante es que reconozcas tus sentimientos, tus motivos y tus reacciones; tus conceptos internos y muchas veces inconscientes; y, lo más importante de todo, tu autoengaño.

Sólo permitiendo que tus verdaderas emociones afloren llegarás finalmente al punto en que tu concepto interior cambiará y la convicción de la verdad será tuya.

PREGUNTA: Aunque he hecho yo mismo la elección libre, conociendo todos estos motivos incorrectos, pero al mismo tiempo con el deseo de cambiar, sigo sintiendo que es un poco egoísta. No es tanto que quiera aprobación o amor, pero tal vez desee intentar una manera nueva.

RESPUESTA: Tal vez no desees tanto aprobación o amor, aunque es posible que no seas plenamente consciente de ello, sino que quizás quieras hacer la voluntad de Dios, ser una persona espiritualmente avanzada. No importa cuál sea el motivo. Éste también puede ser sobreimpuesto. En el momento en que piensas que todavía hay egoísmo, a pesar del reconocimiento de tus motivos negativos, no estás plenamente consciente de todos tus sentimientos, tus conclusiones y pensamientos inconscientes. Tal vez no te des bien cuenta de hasta qué grado una parte tuya todavía piensa que ir en pos de tu deseo egoísta original sería en realidad más agradable. Y si vamos al caso, a lo mejor ni siquiera sepas bien cuáles son estos deseos. Debido a este concepto erróneo, los deseos mismos suelen suprimirse y deben sacarse de su escondite.

¿Qué es lo que deseas en realidad y por qué lo deseas? Por sencilla que suene esta pregunta de entrada y más tarde lo sea, responderla al principio es difícil. El trabajo inicial necesario suele ser más arduo de lo que piensas ahora. Cuando lo realices, se volverá mucho más fácil. El problema siempre es que antes de que alcances cierto punto en este trabajo, en realidad no sabes lo que está ocurriendo dentro de ti. Te sientes perturbado, pero no puedes identificar la razón con precisión. Muchas veces no tienes la menor idea de cuáles son realmente tus deseos, ni de por qué. Cuando aprendas a ser consciente de esto cada vez que te sientas perturbado y ansioso, habrás hecho un gran progreso en tu camino. No puedes profundizar más y analizar estos factores si primero no te das cuenta de qué quieres. Cuando sepas eso, con frecuencia experimentarás que la perturbación disminuye mucho por el mero hecho de que ahora sabes lo que quieres y lo que realmente te perturb, detrás de la racionalización.

Mis muy queridos amigos, que mis palabras les den más material y alimento para su progreso interno. Contienen una semilla muy importante para todos ustedes. Estas palabras pueden abrir panoramas nuevos con miras a una nueva libertad. Contienen una de las claves importantes para lograr que su ser real salga de su prisión. Sean benditos todos ustedes, queridos míos, queden en paz, queden con Dios.

Dictada el 29 de abril de 1960.