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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 65. Preguntas y respuestas

Saludos, les traigo bendiciones, mis muy queridos amigos, bendita sea esta hora. Responderé a sus preguntas lo mejor que pueda.

PREGUNTA: Tengo dos preguntas en relación con la última conferencia. La primera es: Entendí que la voluntad interior de la que habló usted procede del superconsciente. No me quedó claro si la voluntad exterior procede entonces de una combinación del consciente y el subconsciente. ¿Es así?

RESPUESTA: Sí, es correcto. Una combinación del consciente y de varios niveles de la mente subconsciente.

PREGUNTA: La otra pregunta tiene que ver con la segunda parte de la conferencia, en la que se nos señaló que muchas veces realizamos el acto generoso sólo porque pensamos que eso es lo que se espera de nosotros y, por lo tanto, el acto egoísta se considera agradable. Me gustaría preguntar qué liga o conexión habría en el caso inverso; lo que quiero decir es que vivimos en un mundo materialista y bastante egoísta, y que el mundo muchas veces parece exigirnos que seamos egoístas e interesados. Cuando no lo somos, se nos tacha de locos, simplones, chiflados y otras cosas. Entonces, a veces, podríamos tratar de volvernos más egoístas de lo que realmente queremos ser.

RESPUESTA: Esta pregunta toca un tema que, muy probablemente, examinemos en la próxima conferencia. Pero mientras tanto diré esto: Lo que preguntas indica la existencia de un conflicto adicional en el alma humana. Toca un problema muy básico de la Humanidad; a saber, que los seres humanos suelen negar la parte más noble de su naturaleza, algunos en gran medida y otros en menor medida. El amor, la generosidad, la conmiseración, el afecto, etcétera, son cualidades válidas de las que con frecuencia se avergüenzan. Todos ustedes pueden encontrar este elemento dentro de ustedes. No trataré este tema hoy. No es el momento. Pero para responder a tu pregunta, diré que este conflicto humano general contribuye a la confusión. Por una parte, aprendes que está mal ser egoísta, pero te gustaría serlo pues piensas que es ventajoso. Entonces te vuelves compulsivamente generoso. Por otra parte, tu ser real anhela ser bueno, amoroso y generoso, pero entonces—te parece a ti—el mundo te menosprecia por eso, así que muchas veces te vuelves compulsivamente egoísta. Por lo tanto, eres compulsivamente tanto egoísta como generoso, y de ninguna de las dos maneras actúas desde tu ser real y honesto. Así, el conflicto es doble, o más bien cuádruple. Cada tendencia—la egoísta y la generosa—es contrarrestada por la necesidad de cumplir con las expectativas de un ambiente específico. De este modo, cada tendencia presenta las expectativas de ese ambiente, y por ende plantea un problema doble. No necesito decir que estos problemas no pueden surgir únicamente de las imágenes colectivas existentes. Siempre tienen sus raíces en conflictos psicológicos personales. Los resultados de este conflicto cuádruple es que te sientes culpable por ser egoísta, y culpable y avergonzado por ser generoso.

PREGUNTA: Usted dijo: “Para tener éxito, la voluntad exterior debe ser sostenida por la voluntad interior. En la medida en que la voluntad interior funciona, en esa medida tienen éxito”. Tal como lo entiendo ahora, el éxito y la realización de los deseos dependen de la claridad y de la fuerza de la voluntad interior. En una conferencia en septiembre u octubre usted dijo que en una persona de poco desarrollo la conciencia puede no ser muy fuerte e incluso estar ausente. Por lo tanto, su capacidad de desear puede funcionar aunque los motivos sean impuros. El mero hecho de que los motivos impuros y egoístas se vuelvan conscientes hace que la capacidad de desear funcione mejor.

RESPUESTA: Es muy cierto. La capacidad de desear funciona si el deseo no está obstruido por corrientes contrarias. Por lo tanto, suele suceder que las personas de desarrollo espiritual más bajo, con menor conciencia, están libres de escrúpulos. De ese modo, la capacidad de desear no tiene direcciones contrarias y fluye sin obstáculos. La capacidad de desear puede muy bien venir de la voluntad exterior y, pese a ello, tener éxito. La voluntad exterior puede funcionar. No dije que no funcionara. Pero la duración y la satisfacción del resultado dependerán de la presencia de la voluntad interior. Si tienes mucha fuerza de voluntad que viene de la voluntad exterior, la interior bien podría existir en cierta medida, pero es borrosa, está sobreimpuesta por la voluntad exterior, que puede tener su origen en motivos tanto sanos como malsanos. Esta voluntad exterior puede tener éxito si está relativamente libre de escrúpulos y otros obstáculos a menudo inconscientes. Pero generalmente dejará un sabor de insatisfacción e incluso frustración, mientras que el resultado que brinda la voluntad interior siempre es muy satisfactorio. ¿Responde esto tu pregunta? [Sí, muchas gracias.]

PREGUNTA: En una discusión reciente que tuvimos en nuestro grupo, uno de nuestros amigos expresó el pensamiento de que la oración era indicio de debilidad y que, por lo tanto, él se oponía a ella. A mí se me enseñó que la oración es el medio por el cual la vida humana recibe el poder de Dios. Tal vez quiera usted hablarnos de la oración en general, y también tengo tres preguntas específicas. Una: ¿es válido orar por otros?

RESPUESTA: Sí, desde luego que es válido orar por otros. Pero algunos de ustedes pueden preguntar: “¿Y si oro por algo para otra persona y ésta no lo puede recibir a causa de sus propias obstrucciones internas?” Esta es una pregunta importante. De todos modos, la oración es buena, correcta y benéfica. Pero la oración no necesariamente se responde de la manera exacta en que pensabas, o como la persona en cuestión lo desearía. Esto puede no ser posible. Pero ciertamente hace aflorar corrientes y fuerzas armoniosas. Eso sí sucede. Es como si tu amor tocara el corazón de otra persona. Cuando oras y le deseas el bien a otra persona, esto genera una fuerza pura, un efecto puro que produce resultados alrededor de ti. Supongamos que esto no puede afectar a la persona involucrada porque está muy desconectada de la realidad, de las fuerzas espirituales. Esta fuerza opera de todas maneras y surte efecto en el universo; por lo tanto, beneficia a muchos, incluidos tú y la persona específica que está en la oscuridad, pero en una fecha posterior. El amor y la buena voluntad que generas orando por otra persona definitivamente dejan una huella en las fuerzas cósmicas, y también tiene un efecto claro en tu propia alma por el amor generoso y los deseos buenos y constructivos que no tienen nada que ver con tus propósitos egoístas. La mejor oración por otra persona puede formularse en palabras que pidan para ella la guía, la inspiración y la percepción más necesarias en un momento en particular. Eso incluye todo.

Lo que dijiste de un amigo que piensa que la oración es una debilidad es, desde luego, una reacción emocional, subconsciente e ilógica que probablemente no tenga nada que ver con sus ideas conscientes sobre el tema. Creo que la persona en cuestión se da cuenta muy bien de que ésta es una de esas típicas conclusiones equivocadas que suelen encontrarse en el inconsciente. Es tremendamente importante encontrar estas conclusiones equivocadas en la mente inconsciente. Muchos de ustedes tienen similares conceptos erróneos inconscientes sin darse cuenta de ellos. Encontrar estas conclusiones ilógicas es el primer paso para poner orden en su universo interno, su alma. En realidad, poder pedir algo es señal de fuerza. No poder pedir por orgullo no es más que debilidad. Pero descubrir dónde y por qué existe este elemento de error—y existe en todos ustedes en cierta medida—es la base para corregir estos conceptos erróneos que tal vez residan sólo en sus emociones y no en sus pensamientos. Entonces, y sólo entonces, pueden reemplazar el concepto equivocado con el correcto. Pero descubran en qué áreas sienten esto, aunque crean que no es así. Es probable que no todo el mundo sienta esto cuando se trata de la oración. Pero muchos de ustedes podrían sentirlo cuando de trata de pedir un favor a otro ser humano. Básicamente es la misma cosa.

PREGUNTA: Lo que voy a decir es sólo para ampliar el tema, pero de todos modos lo presentaré. ¿El hecho de orar por otros produce resultados constructivos en la consecución de la paz?

RESPUESTA: Sí, efectivamente. Si la oración tiene un efecto, tarde o temprano, sobre un individuo, ciertamente tiene un efecto sobre la Humanidad en su conjunto. No quiero decir que el resultado deseado se manifieste inmediatamente. Pero me gustaría agregar algo más. La oración es más constructiva si uno también adquiere una percepción un poco más profunda acerca de sus propios errores internos. ¿Cómo puede combinarse esto con la oración por la paz? Puede hacerse de la siguiente manera: Lo que sucede en tu mundo es exactamente la misma cosa, en una escala más grande, que lo que ocurre entre dos o tres o cuatro seres humanos. Desde el punto de vista de la verdad y la realidad espirituales, no hay problemas grandes y pequeños. El problema más pequeño en un conflicto doméstico, por ejemplo, tiene exactamente el mismo impacto e importancia que los grandes problemas internacionales. Esto puede sonarles fantástico. Sin embargo, así es, amigos míos. Creen que porque hay muchas vidas involucradas, los problemas más grandes son más importantes. No se dan cuenta de que, en la verdad y en la realidad, sus desviaciones y errores internos afectan e involucran a la larga al mismo número de vidas. Creen que porque la cuestión de vida o muerte existe en los conflictos internacionales, éstos son más importantes que los pequeños bienes y males, internos y sutiles, de su vida privada. Pero ignoran que con estas corrientes ocultas, sutiles y privadas, contribuyen a los llamados problemas grandes e importantes. De hecho, los primeros son la causa de los segundos.

Entiendo muy bien su dificultad para entender lo que digo aquí. Poder entender mis palabras requiere un esfuerzo de profundidad. En la creación sólo hay una cuestión: bueno o malo, verdad o falsedad, luz u oscuridad. Desde nuestro punto de vista no importa si un conflicto existe en un alma o en muchas. Uno causa el otro y, por lo tanto, es el mismo. Si ustedes se engañan con respecto a sus motivos y por ende crean una situación confusa e inarmónica—ya que sus autoengaños y confusiones afectan negativamente a otras personas—, ustedes, junto con las demás personas involucradas, crean reacciones en cadena y círculos viciosos muy desfavorables. El mismo principio no sólo sustenta lo que se manifiesta en la política mundial, sino que es parcialmente responsable de ella. Cada emoción, cada actitud, cada corriente del alma deja una huella en las fuerzas cósmicas y, en consecuencia, regresa a ustedes, con frecuencia de una manera indirecta, hasta que se agotan estas fuerzas negativas.

Si tratan de entender el pensamiento que presento aquí, adquirirán una gran perspicacia y comprensión. En su oración por la paz, traten de encontrar dónde, en su propio ambiente, actúan de maneras similares a las acciones y reacciones de los países. Con estos descubrimientos contribuirán más a la paz que por otros medios. Encuentren la similitud, y entonces sabrán y entenderán que todo es uno y lo mismo. Los llamados grandes problemas no podrían existir si los muchos problemas pequeños en miles de casos individuales no fueran un precedente a la creación de la misma situación en una escala más grande.

Esta reflexión debería ayudar de dos maneras. Una: contribuiría a acrecentar sus percepciones personales. Su comprensión filosófica aumentaría y, por ende, les daría incentivos para la purificación. Dos: reconocerían, sin el menor asomo de culpa, que personalmente contribuyen y son, en pequeña medida, responsables de la agitación mundial. No en el sentido, como muchos quieren creer, de no participar en actividades políticas, sino en el sentido de que sus conflictos personales contribuyen al conflicto mundial general. Traten de ver esto, y si realmente tratan, lo verán.

PREGUNTA: ¿Tiene algún efecto la oración sobre la voluntad de quienes son indiferentes a los valores espirituales?

RESPUESTA: El efecto puede no ser inmediato, pero, como dije antes, tarde o temprano se sentirá. Sin embargo, muchas veces no es sólo que esa persona sea responsable, sino muchas otras personas también, incluido tú. Si has examinado claramente tu motivo real para orar y no te haces ilusiones acerca de él, tu oración seguramente tendrá algún efecto. La oración puede mostrarte una manera de ayudar a esa persona, una manera que no se te había ocurrido antes. Así pues, tu oración sincera puede llegar directamente a ella.

La oración siempre es constructiva, con tal de que uno no tenga motivos egoístas ocultos, ni autoengaños, y con la condición de que esté combinada con la acción. La mejor obra muchas veces es un reconocimiento de tendencias profundamente ocultas en el alma. En virtud de esta autohonestidad, puede presentarse con frecuencia la perspectiva de una dirección nueva, gracias a la cual la persona será ayudada, si no directamente por ti, entonces indirectamente a través de otros.

La oración depende enteramente del “cómo” y con qué motivo. Esto puede parecer evidente. Podrías preguntar: “¿Qué motivo puedo tener?” A veces hay motivos y emociones ocultos, aparte de los obvios y amorosos. Si los primeros no se reconocen, la oración será mucho más débil y, por lo tanto, tendrá menos efecto. Mediante este reconocimiento honesto, verdaderamente combinan la obra con la oración.

PREGUNTA: Sé que para responder a esta pregunta tendría usted que examinarla individualmente con las personas que lo consultan en sesiones privadas, pero quisiera saber si hay algún consejo general que pudiera darles a aquellos que, antes de tener sesiones con usted, no habían hecho ningún intento por establecer contacto con sus seres queridos fallecidos y que ahora quisieran crear un contacto sano, feliz y fructífero con ellos.

RESPUESTA: Mira, querido mío, un contacto fructífero con un ser querido fallecido es algo muy raro, porque aun cuando suele buscársele con la mejor de las intenciones, los motivos no son enteramente sanos. Empero, si uno busca ese contacto, y si es la voluntad de Dios, a fin de conocerse y desarrollarse, y a uno sí le importa a quién se envíe, ya sea al ser querido personal o a algún otro espíritu capaz de ayudar, entonces el motivo y el enfoque son correctos. Pero si buscas el contacto sólo porque te duele la pérdida y deseas estar en contacto con el ser que ya se fue, por comprensible que sea este dolor de la separación, este motivo o emoción debe examinarse. Muchas veces, el deseo de establecer este contacto, muy aparte del factor obvio del amor y la nostalgia por el que se fue, contiene una duda profunda y no reconocida. “¿Realmente es posible? ¿De verdad no existe la muerte? Tal vez, de esta manera tenga yo una prueba”. No hay nada de malo con la duda en sí; sin embargo, es sumamente importante encararla. No hay nada de que avergonzarse. Sólo encarando estas dudas directamente puedes lidiar con ellas de manera adecuada. Mientras las dudas se oculten por un falso sentido de vergüenza y culpa, como diciendo: “No debería tener estas dudas, pero puesto que las tengo, quiero taparlas con el deseo real y verdadero de estar en contacto con mi ser querido personal”, entonces no puede uno despejarlas.

Por otra parte, si efectivamente te hallas ante el hecho de que tienes dudas, puedes hacerte otras preguntas. ¿Es un miedo personal a la muerte, que, de nuevo, es humano y comprensible? ¿Exactamente de qué dudas? Debes establecer claramente esto. Entonces tienes algo que enfrentar. El siguiente paso será inevitablemente aprender que sólo puedes eliminar estas dudas conociéndote, purificando las partes ocultas de tu ser, clarificando las confusiones inconscientes. Esa es la única manera en que la duda puede desaparecer y desaparecerá. Ni la prueba más flagrante que se te ofrezca eliminará real, profunda y permanentemente tus dudas. En el momento te alegrarías, pero el efecto se borraría. Por dentro, la insistente pregunta surgiría de nuevo, o continuaría. Cuantas más pruebas de afuera recibieras, más culpable te sentirías por la prolongación de tus dudas, y por ende las reprimirías más y más.

La duda de la existencia de Dios, la duda de las leyes del universo, la duda de la continuación de la vida existen en la misma medida en que la psique duda de sí misma. Si encuentras la raíz de todas tus dudas, que es la duda de ti mismo, entonces puedes lidiar inteligentemente con ella.

En mi observación de las almas humanas, el fuerte deseo de comunicarse con los seres queridos fallecidos casi siempre tiene en su raíz este problema. Por lo tanto, opino que es malsano, porque el contacto en sí no ayudaría realmente a la evolución del alma. Sería de mucha mayor ayuda que te dedicaras a enfrentar tus problemas internos. Cuando enfocas las cosas de esta manera, tu deseo de estar en contacto con una persona específica en el más allá—no importa cuánto la ames—disminuirá con la convicción interna profunda de que el universo es bueno, amoroso, amigable. No puede existir la muerte; el odio no puede ganar. No puede haber caos y desorden. Pero estas respuestas te llegarán sólo si primero te permites darte cuenta de que estas preguntas y miedos existen en ti. Y luego pregúntate por qué existen, dónde está la duda que tienes de ti mismo. Ese es el enfoque sano y la actitud constructiva frente a toda la cuestión del contacto con el mundo espiritual.

El contacto con los espíritus no es una necesidad. Para muchos, se puede evolucionar sin él. El desarrollo puede lograrse también sin él. No obstante, si se ofrece ese contacto de una manera realmente constructiva, el hecho del contacto mismo debería ser menos importante que lo que se obtenga de él. Eso, queridos míos, debe ser su respuesta fundamental cuando tengan la oportunidad de acercarse a un contacto con el mundo espiritual. Pregunten: “¿Qué me da? ¿Es algo constructivo? ¿Me libera? ¿Me ayuda a desarrollarme? ¿Promueve mi independencia, mi autorresponsabilidad, mi madurez, mi autohonestidad? ¿O favorece mi escapismo, no importa si está envuelto en ropajes bellos?” Si enfocan de esta manera cualquier contacto, ya sea espiritual o humano, estarán a salvo. No tendrán que preguntarse constantemente, antes de que sus dudas realmente desaparezcan: “¿Es verdadero? ¿Es falso? ¿Es el subconsciente del médium? ¿Es un espíritu? ¿Se trata de un espíritu divino o de un espíritu errabundo?” Eso ya no será lo importante, aun antes de que logren eliminar sus dudas. Podrán dejar de lado por el momento estas preguntas sin respuesta, y concentrarse en lo que el contacto tiene que ofrecerles, hasta que avancen lo suficiente en su Pathwork para encontrar, ocultas en lo más recóndito de su alma, las verdaderas raíces de todas sus dudas con respecto a la vida y la muerte, Dios y el hombre. Esto los hará fuertes y seguros, y verdaderamente independientes. Esa es la manera más adecuada de enfocar toda la ayuda que se les ofrezca. Una vez que enfrenten sus dudas bajo su verdadera luz, ya no sentirán vergüenza de tenerlas. Existen en la mayoría de los seres humanos en cierta medida. El hecho de que existan conscientemente en algunos aspectos e inconscientemente en otros no cambia nada.

Pero, básicamente, las dudas son las siguientes: “¿Es Dios una realidad o vivimos en un universo donde todo es arbitrario y fortuito? ¿Estoy a merced de fuerzas caóticas o es el universo tan benigno y tan amoroso como lo aseguran la metafísica, la religión y algunas filosofías?” Esta es la batalla interior que contiene todas las demás dudas, como la continuación de la vida después de la muerte, el miedo a la muerte, el miedo a la vida, el miedo a otros seres humanos y a ustedes mismos, la desconfianza a causa de este miedo. La respuesta a estas preguntas sólo puede convertirse en una certeza firme como consecuencia de su pleno autoconocimiento y de la solución a sus conflictos internos. Esa es la única manera.

Es posible que una parte de ti crea en todas las verdades, mientras que otra parte tenga dudas y al mismo tiempo sienta miedo de tenerlas y, por lo tanto, las esté ocultando. Al hacerlas aflorar te acercarás al núcleo del problema directamente. Eso, a su vez, te dará el enfoque correcto de cualquier faceta de la vida, ya sea el contacto con las fuerzas o seres espirituales, o cualquier otra área de la vida humana.

PREGUNTA: Todo eso me ayuda mucho. Pero en una de las sesiones se le aconsejó a una mujer que hablara todos los días con su padre…

RESPUESTA: En primer lugar, uno puede hablar con un ser querido fallecido y ayudarle sin tener un contacto mutuo real. El humano que habla con la persona desaparecida sólo envía pensamientos que pueden ser constructivos y útiles para mostrarle el camino a esa alma. Eso no es lo mismo que el tipo de comunicación en que un espíritu se manifiesta. Además, no dije que la comunicación fuera desaconsejable en todas las circunstancias, especialmente si se le busca con la actitud de ayudar a los espíritus. Lo importante es cultivar la actitud sana básica de la que hablé. Cuando buscas el contacto con la esperanza de acallar las dudas que tienes, aunque la esperanza y las dudas no sean conscientes, entonces fomentas algo malsano y manifiestas un enfoque confuso de toda esta cuestión. Hablar con un ser querido fallecido, sin pretender recibir pruebas de su existencia continuada, es un asunto totalmente distinto. Los espíritus suelen inclinarse a recibir consejos de sus seres queridos en la Tierra más que de otros espíritus. Por lo tanto, no está mal tratar de ayudar en casos específicos, especiales. Pero eso no cambia lo que dije acerca de buscar un contacto con el mundo espiritual, en el que los espíritus realmente se manifiestan. [Muchas gracias.]

PREGUNTA: Me gustaría saber cómo manejar un sentimiento de culpa. También, ¿cómo me redimo?

RESPUESTA: Mientras una actitud, una emoción, una acción o un pensamiento cause culpa, uno no ha encontrado las raíces de ella. Por lo tanto, persiste la culpa. Es como si la psique dijera: “Todavía no llegas a las raíces del asunto”, y, por lo tanto, es una indicación de que sigas investigando el tema mismo del que te sientes conscientemente culpable. Examínalo y descubrirás que muchas veces es el camuflaje de una culpa verdadera. Es como si la psique dijera: “Yo produzco esta culpa para no tener que enfrentarme a la culpa real”. No te dejes confundir por estos hallazgos. Sigue adelante a partir de allí.

También descubrirás que muchas veces uno se siente muy culpable de una falla o defecto humano común. Después de analizar más las cosas, verás que hay una parte de ti que no está dispuesta a renunciar a ese defecto o debilidad, por razones todavía ocultas. Por lo tanto, te sientes culpable. Eso significa que tienes que averiguar por qué no quieres desistir del defecto. Inevitablemente hallarás que supones que el defecto es una defensa contra tus incertidumbres, tus miedos, tus vulnerabilidades. Sólo cuando veas que así es podrás examinar por qué crees que va a protegerte, y si esta suposición es correcta o no. Desde luego, descubrirás que es una conclusión equivocada, un concepto erróneo.

Sólo cuando entiendas plenamente que es un concepto erróneo podrás dejarlo ir. Tu voluntad interior funcionará. Podrás soltar sin esfuerzo. Entenderás que el mecanismo de defensa, la armadura seudoprotectora de este defecto, no sirve para nada ni tiene sentido. No funciona. Cuando veas eso claramente, estarás dispuesto a renunciar a él… y entonces, cuando estés dispuesto a hacerlo, ya no te sentirás culpable. Seguirás sintiéndote culpable sólo si tratas de renunciar compulsivamente al defecto, mientras que por dentro te aferras a él por las razones que he mencionado.

Por lo tanto, no fuerces las cosas; eso no conduce a nada. Más bien trata de averiguar si realmente quieres renunciar a lo que te hace sentir culpable. O si hay algún resquicio oculto de tu alma que dice: “Debo tener ese defecto porque, de lo contrario, me expondría y sería lastimado”. Cuando ves eso, te acercas al núcleo del problema.

Luego existe otra alternativa con respecto a los sentimientos de culpa: Uno suele sentirse culpable cuando ese sentimiento es injustificado, como dije antes. Como también dije, estas culpas injustificadas son el camuflaje de la verdadera razón por la que uno se siente culpable. Como dije hace algún tiempo, muchas veces la culpa imaginada es más grave que la culpa oculta real. Pero sólo porque la culpa real es más difícil de enfrentar, emocionalmente parece más difícil de soportar que la culpa injustificada e imaginada. La culpa real puede ser que te niegas de alguna manera, te traicionas por una debilidad que es el resultado de una conclusión equivocada. Al traicionarte a ti mismo—la mejor parte de ti, la que anhela amar y dar, sentir y conmiserarse, ser generoso, ser humilde—, inevitablemente traicionas a los que más amas. Cuando encuentras esta traición indirecta a otros a causa de la traición directa a ti mismo, tienes otra pista de tu culpa.

Al descubrir todo esto, te redimes. Encontrar estas respuestas mediante el trabajo gradual, la paciencia, la perseverancia y el esfuerzo relajado y continuo en esta dirección, haces lo único constructivo y valioso. Por lo tanto, te redimes no sólo ante un poder superior, sino ante ti mismo. Los caminos de Dios, los caminos de la verdad, traen felicidad y liberación. Si tan sólo la Humanidad pudiera sentir eso, se evitaría muchas penas y dificultades. Porque muchos de ustedes sienten que aunque los caminos de Dios son maravillosos, representan muchas dificultades, pues les exigen una vida de santidad que no los beneficia. ¡Qué falso es esto, qué falso! Sólo cuando experimenten algunas liberaciones importantes en este trabajo que les muestro descubrirán que este concepto, a menudo inconsciente, es erróneo. El camino de Dios les brinda una ventaja inmediata y directa, y no es algo “santurrón” y piadoso que los rebase. Con ese conocimiento deben desaparecer todas sus dudas y culpas, porque pueden estar en paz con ustedes mismos y en paz con lo mejor que hay en ustedes, sabiendo que no les traerá ninguna desventaja.

Ojalá que estas palabras se arraiguen en su alma. Que cada uno de ustedes encuentre algo en las palabras que tengo el privilegio de dirigirles, que con ellas alcancen una comprensión más profunda, la voluntad y la paz interiores para encontrarse a sí mismos sin impaciencia, sin prisa interna. Que estas palabras les ayuden a buscar con el conocimiento y la conciencia de que siempre que el mundo parezca sombrío y gris, ello es una indicación de que no están en la verdad. Si tan sólo pudieran retener este pensamiento, les sería de utilidad en tiempos difíciles. Sepan que la sombra no es la verdad. La infelicidad, la desesperanza, no son la verdad. Porque el mundo es bello y no hay nada en él de que preocuparse. No importa si tienen éxito en su trabajo un poco más rápido o un poco más despacio. ¡Así debe ser! Llévense consigo este pensamiento. Que los fortalezca. Sean benditos, queridos míos, cada uno de ustedes, en Dios y en Cristo. ¡Queden en paz, queden con el Señor!

Dictada el 13 de mayo de 1960.