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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 66. La vergüenza del ser superior

Saludos. Les traigo bendiciones, mis muy queridos amigos. Bendita sea esta hora. Benditos sean cada uno de ustedes y sus seres queridos.

He hablado largamente con ustedes de la culpa y la vergüenza que todos los seres humanos sienten de su Ser Inferior, de sus defectos y debilidades, de sus conceptos erróneos y sus desviaciones. Esta noche me gustaría hablar de otro aspecto de la personalidad humana, la culpa del Ser Superior, de lo mejor y más noble que hay en el corazón humano. Esto puede sonar increíble; no obstante, así es. Estoy seguro de que todos ustedes reconocerán la verdad de estas palabras cuando escuchen atentamente.

Por extraño que parezca, las personas se sienten tan avergonzadas de sus facultades de amor, humildad, generosidad—lo mejor que tienen que ofrecer—como de la parte pequeña, egoísta y tacaña de su naturaleza. Consideremos a qué se debe esta tragedia interna, esta lucha sin sentido. La causa es un factor principal, que varía con cada individuo en alcance, detalle y manifestación.

Cuando un niño se siente rechazado—y ya saben que todos los niños se sienten así, no importa si justificada o injustificadamente—, en la mayor parte de los casos se siente más rechazado por uno de los padres que por el otro. Esto no tiene que ser así en realidad, porque el padre mismo que parece rechazar puede tener más amor real por el niño que el otro padre. Pero lo que cuenta es cómo se siente el pequeño a medida que las impresiones internas se acumulan para formar las imágenes—las conclusiones erróneas petrificadas—y establecer los patrones de la vida emocional subsecuente de la persona.

El niño querría ser amado y aprobado en una medida mucho mayor de lo que es posible, especialmente por el padre que parece rechazarlo. Cuando esta ternura y este afecto exclusivos no se brindan, el niño lo siente como un rechazo, y en su alma surge una confusión. En las emociones que el niño siente vagamente, el amor y la aceptación de este padre en particular se convierten en el objetivo más deseable, tanto más cuanto que el amor y la aceptación en la medida en que el niño los desea parecen algo inalcanzable. El objetivo deseado—el amor y la aceptación exclusivos—se confunde con el padre que lo niega. En la mente confusa e inmadura del niño, el rechazador se vuelve ahora deseable y toma el lugar de lo que originalmente se deseaba: amor, aprobación y aceptación exclusivos. Un resultado adicional de esta confusión es que el rechazador parece poco amoroso. La madre o el padre es deseable también porque lo que se desea de ella o de él es deseable. Por lo tanto, ser poco amoroso es un estado deseable. La psique del niño dice: “Si soy poco amoroso seré deseable, mi amor será codiciado. Así como yo no rechazo a mi rechazador, tampoco seré ya rechazado. Como el rechazador parece frío, distante y sin emociones, este patrón de conducta—imaginado o real—se vuelve deseable y algo que hay que emular.

Cuando consideren este proceso interno, encontrarán de nuevo que aunque el proceso no es lógico cuando se le analiza y las emociones se traducen en pensamientos claros, tiene su propia lógica limitada y muy comprensible en la mente del niño. Ningún conflicto que surge en la psique carece completamente de sentido, aunque las emociones puedan ser muy limitadas y defectuosas cuando se les examina de cerca. Sólo es posible obtener un cuadro verdadero cuando se entiende la extraña lógica de las emociones confusas.

Con la confusión acerca del rechazo paterno o materno en el inconsciente, la personalidad se convierte en un ser maduro en otros sentidos, pero conserva la impresión específica que va a influir en toda su vida emocional. En lo más profundo de su inconsciente, siente que es indeseable, y por lo tanto vergonzoso, demostrar todo aquello que todavía ansía el niño que lleva dentro.

El que un individuo se esconda del amor y se niegue a amar está determinado mucho menos por el temor de ser lastimado y decepcionado que por las circunstancias paternas que aquí revelamos. Es importante que reconozcan este elemento en ustedes, no importa de qué manera oculta y contradictoria pueda manifestarse por medio de impulsos y compulsiones opuestos. De este conflicto surgen problemas que rompen el corazón. Sólo pueden eliminarse si se reconoce la conclusión equivocada básica con todas sus reacciones en cadena y sus ramificaciones.

Tenemos, por una parte, la culpa del egoísmo y el egocentrismo que hacen del amor una aventura poco rentable y desventajosa. Y tenemos, por la otra, la vergüenza de amar. Este conflicto en sí destroza el corazón humano. Tratan de forzarse a amar, mientras que su deseo natural de amar de verdad, que viene del Ser Superior, se apaga porque se avergüenzan de él. Así pues, se sienten culpables de no amar y avergonzados de amar.

Consideren también que el niño se siente profundamente humillado cuando anhela amor y afecto, pero recibe rechazo. En su mente inconsciente se forma la idea de que amar es humillante. Como la persona más deseable para el niño le ha negado el amor y la expresión libre de sentimientos, el amor debe de ser algo vergonzoso que uno tiene que ocultar. La comprensión de que su miedo de amar suele basarse menos en su temor de ser lastimados y decepcionados que en los elementos que estoy examinando es una percepción muy importante.

En su autobúsqueda pueden encontrar la existencia de este conflicto reconociendo diversos síntomas. La autoobservación les revelará cómo reaccionan en ciertas situaciones, o más bien cómo reaccionan y se comportan sus emociones. Estas reacciones son frecuentemente muy sutiles. Estas sutilezas se manifiestan cuando les da vergüenza pedir algo, o cuando detectan un sentimiento agudo de vergüenza de mostrar su corazón y expresar su más íntima necesidad. O, por ejemplo, descubren que les da vergüenza orar. ¿No es verdad que aquello de lo que se avergüenzan es lo mejor que hay en ustedes: la necesidad de su corazón, la demostración de su ser real con toda su amorosa generosidad, la oración?

Éste es otro conflicto universal. A veces es muy obvio, pero luego se complica con tantos otros conflictos que resulta difícil de detectar. No obstante, algo de este conflicto básico existe en todos los individuos.

Ciertas circunstancias específicas también juegan un papel y determinan la intensidad de este conflicto. Observen su relación con el otro padre, el que parece dar libremente lo que ustedes desean del rechazador. Si la situación es tal que el rechazador es exteriormente el “superior”, siempre el ganador, mientras que el padre amoroso es sumiso, aparentemente más débil y está bajo el dominio del padre rechazador, y quizás es también un poco menospreciado, el conflicto se vuelve aún más fuerte en el alma; que esto sea real o no, no importa, mientras el niño sienta que sí lo es. Luego, además de su propia experiencia de rechazo, el niño es testigo del rechazo aparente o real que sufre el padre amoroso. El pequeño entonces se queda con la impresión de que el padre amoroso es débil, mientras que el rechazador es fuerte. Por lo tanto, el amor se convierte en debilidad, mientras que la indiferencia es señal de fuerza, por lo menos en el inconsciente. El deseo del niño es ser tan fuerte como el padre deseable, y ciertamente no tan débil como el indeseable.

Sus conclusiones equivocadas a este respecto pueden ser múltiples. Puede ser completamente falso que el rechazador sea fuerte, mientras que el padre amoroso sea débil. Puede ser todo lo contrario. Pero la situación entre sus padres podría ser en realidad muy parecida a lo que ustedes ven. Entonces la conclusión equivocada es que no es el amor lo que vuelve débil al padre dadivoso, sino otros atributos. Podría ser que la causa de la debilidad fuera una distorsión del amor. O, la capacidad de amar es relativamente real y son otros factores los que causan la debilidad y afectan la capacidad amatoria. Por otra parte, el rechazador “fuerte” podría no ser realmente fuerte. Podría tener muchas cualidades deseables dignas de emulación, pero ciertamente no la frialdad y la inhibición de las mejores cualidades de su personalidad.

La situación se complica más si, por ejemplo, debido a muchos otros factores, el padre “fuerte” y dominante es el que da más amor que el padre débil que está bajo el dominio del “fuerte”. Cada padre podría tener entonces cualidades “deseables”, pero éstas se contraponen entre sí. Inconscientemente tal vez desprecien en un padre lo que tratan de emular del otro, y se desgarran por el hecho mismo de que no están conscientes de qué quieren y de que su objetivo es irrealizable porque ciertos elementos de él se anulan entre sí. Cuando la situación con los padres no es tan extrema, es más difícil que lleguen a la raíz del problema. Entonces se complica más por la sutileza y la naturaleza elusiva de las emociones contradictorias de los padres tanto como de ustedes. Reconocer esto es muy importante porque les produce aún más dificultades.

Una complicación más es que, muchas veces, el aspecto exterior no corresponde a la situación interior. Hacia fuera, un padre puede ser mucho más dominante que el otro. Hacia dentro, la situación tal vez sea exactamente la contraria. O bien, hacia fuera ninguno es dominante y “fuerte”, pero hacia dentro definitivamente existe este desequilibrio en la relación. No deben olvidar que, especialmente de niños, absorben la situación interior, la registran con mucha precisión, a la vez que retienen la situación exterior en su memoria intelectual. La segunda tiene mucho menos efecto en ustedes que la primera. No importa lo que parezca la situación exterior, sienten intensamente que el padre dependiente y necesitado es inferior, mientras que al que rechaza estas necesidades lo ven fuerte y superior. Así, se alían de una manera muy sutil con el rechazador y, junto con él o ella, rechazan al padre débil. Preferirían ser aceptados por el rechazador deseable que ser identificados con el padre débil, necesitado y dependiente. En lo que se refiere a su ser más íntimo, no importa si realmente traicionan al padre débil con palabras o actos, o si simplemente desean hacerlo. La sola inclinación es suficiente para que sientan esto como una traición y, en cierto sentido, lo es. La traición se agrava porque abandonan la cosa misma que anhelan.

Traicionan lo mejor que hay en ustedes porque prohíben el desarrollo de su capacidad de amar. Al mismo tiempo, traicionan al padre que realmente les ha dado lo que deseaban recibir del otro padre. Ahora consideran inconscientemente que su acto de dar era una debilidad que merece desprecio.

La traición es sutil, pero al mismo tiempo es el conflicto más dominante de su alma. En el curso de su trabajo es necesario que encuentren esa parte de ustedes donde traicionan no sólo lo mejor, lo más elevado y lo más noble que tienen, sino también al padre que era el más débil para empezar, y que podría haberlos amado y valorado de una manera mucho más satisfactoria. Descubrir y poner un alto a esta traición interior es importante no porque el padre al que han rechazado sufra a causa de ella, sino principalmente porque ustedes sufren por esto mucho más de lo que piensan. La traición los aplasta con la culpa. Es la más profunda de sus culpas.

Hace apenas unos días hablamos de los sentimientos de culpa, y expliqué la frecuencia con la que las personas crean culpas imaginarias, o se culpan por defectos insignificantes a fin de no hacer frente a su culpa principal. Para la mayoría de ustedes, la traición al amor es su culpa principal, que mantienen muy alejada de su conciencia. Mientras no se den cuenta y encaren todas las ramificaciones y aspectos de su traición al que los amó más en favor del que les dio menos—por lo menos de acuerdo con sus sentimientos—esa traición oscurece su perspectiva de la vida. Elimina su seguridad y su confianza en sí mismos, su respeto propio. Es responsable de las raíces más profundas de sus sentimientos de inferioridad. No confían en ustedes mismos con esta traición encerrada en su alma. Su psique dice: “¿Cómo puedo confiar en mí mismo sabiendo que soy un traidor, sabiendo que constantemente traiciono lo mejor que hay en mí? Si no puedo confiar en mí, no puedo confiar en nadie”. Ese es el resultado natural, otra reacción en cadena más. Si no confían en las personas, atraerán a aquellas que constantemente les confirmarán que no tienen motivos para confiar en ellas. Pero si genuinamente confían en otros, tendrán el discernimiento y el juicio adecuados y atraerán a muchos que justificarán su confianza. Esto sólo puede suceder si primero establecen la razón para no confiar en ustedes. Y esto, a su vez, sólo puede suceder si encuentran y eliminan la traición básica que he indicado.

Así pues, amigos míos, encuentren en ustedes la traición que han venido arrastrando. Examínenla a fondo, aun si ya no tienen la oportunidad de observar la interacción con sus padres. Podrían estar trasladando los mismos sentimientos a otras personas, que de alguna manera remota los sustituyen psicológicamente. Podría tratarse de un amigo, un esposo, una esposa, un pariente, un socio; alguien cercano y amado e importante para ustedes de alguna manera. Tal vez sigan adelante con la traición de la misma manera sutil en que traicionaron al padre o a la madre. Siempre que rechazan a una persona que está dispuesta a ofrecerles amor o amistad genuinos, o ayudarlos de alguna manera, y por una razón u otra sienten o imaginan que esta persona es impotente o débil o dependiente, él o ella toma el papel del padre “débil”. Por otra parte, puede haber otra persona que no esté tan dispuesta a darles lo que desean. No tiene que ser amor; puede ser respeto, admiración, aceptación. Entonces esta persona asume el papel del padre rechazador. Examinen sus emociones más sutiles y elusivas. Busquen detrás de los aspectos a veces válidos que podrían ser todavía racionalizaciones de la traición interna que cometen otra vez contra el padre, así como contra su ser más íntimo.

El acto de la traición es tan sutil, mis queridos amigos, que no pueden identificarlo con precisión si se limitan a ver sus acciones exteriores. No pueden encontrarse obras manifiestas que demuestren el acto de la traición. Si no están verdaderamente deseosos de examinar sus reacciones y emociones más íntimas a este respecto, nadie puede convencerlos. Encontrarán argumentos excelentes para demostrar que no es así. Pero su corazón jamás se convencerá, y esto es lo que realmente importa.

El problema, en sus términos más sencillos, se basa en la siguiente conclusión equivocada: El amor es debilidad; negar el amor y el afecto es fuerza. Como ustedes no desean ser débiles y necesitados, no sólo emulan a la persona que corresponde a su concepto equivocado de fuerza, sino que también traicionan al que les parece débil. Una vez que encuentren las emociones, reacciones y actitudes que corresponden a este concepto erróneo, podrán reconsiderar los conceptos y formar otros nuevos de acuerdo con la verdad. Entonces verán que existen en ustedes muchas confusiones y errores que los llevan a cometer actos de traición que tienen muchas otras consecuencias negativas en su vida interior y exterior. Esta comprensión y una actitud de discernimiento hacia sus motivos interiores les darán fuerza al permitirles acercarse a la realidad. Es de suma importancia que empiecen a buscar en esta dirección. Encuentren la parte de sus emociones donde atribuyen debilidad a actos de amor y humildad que se les ofrecen en un sentido sano y real. Encuentren en ustedes la parte que cree que la fuerza es distanciamiento o frialdad. Cuando encuentren eso, encontrarán su autotraición.

Al encontrar los conceptos equivocados y luego, poco a poco, adoptar los conceptos correctos, dejarán de temer que el amor sea humillante; que la humildad, la generosidad, el afecto y una demostración de su ser real sean señales de debilidad. Su ser real se esconde muy frecuentemente detrás de un muro de piedra. Este muro de piedra no es la maldad, ni siquiera el egoísmo. Tampoco lo es el temor de ser lastimados y decepcionados. Sí, todas estas cosas también contribuyen, pero en un grado menor. El componente principal del muro detrás del cual ocultan su ser real es la vergüenza de la debilidad imaginada, de ser ustedes mismos con toda la ternura y comprensión, con toda la empatía y la vulnerabilidad de su corazón amoroso.

Hay muchas personas que podrían decir: “Esto no se aplica a mí, porque yo soy una persona muy demostrativa. Yo doy mi amor completa y libremente”. En tal caso, podría ser parcialmente cierto que el ser real salga de su escondite. Pero sólo en el más raro de los casos—sólo en una entidad mucho más avanzada en su proceso de purificación—es enteramente cierto esto. Parte del ser real se manifiesta, pero otra parte permanece oculta. Sí, tal vez tengan el corazón generoso que quiere dar lo máximo posible, y cuyo amor puede penetrar las muchas capas de errores y conceptos equivocados. Sin embargo, también se retraen detrás de su concha o su muro. Parte de lo que manifiestan como amor y don de sí podría no salir de su ser real, sino ser “prestado”, por decirlo así. Entonces no es realmente suyo. De nuevo, esto es algo sutil. Sólo en su trabajo personal pueden sentir si es así o no, y hasta qué grado.

¿Por qué mantienen lo mejor de ustedes encerrado, mientras “toman prestado” un patrón de conducta similar y lo usan como sustituto del real? La personalidad amorosa, generosa, extravertida que tal vez manifiesten a veces podría muy bien ser sólo una parte de su ser real. ¿Por qué? Como acabo de explicar, la vergüenza de amar y dar los hace ocultar su ser real detrás de un muro. El efecto inevitable debe de ser el sentimiento de que están condenados y solos. Esto de ninguna manera los lleva a reconsiderar la primera impresión de que amar es vergonzoso. En primer lugar, esta conclusión ya no es consciente; por lo tanto, no pueden cambiarla. Saben muy bien que nada puede cambiarse mientras esté oculto de la conciencia. En segundo lugar, la primera impresión, la que causa la conclusión equivocada, es mucho más fuerte, infinitamente más poderosa que todas las impresiones y experiencias subsecuentes. Por consiguiente, hacen un acomodo y conservan la conclusión equivocada original: “No debo amar, no debo exponer mi ser real”, y la agregan a la experiencia más nueva de que mantener un distanciamiento trae censura y soledad. Esta última hace que adopten una fachada de extraversión, de expresar emociones y amor que no son muy genuinos. Todavía no manifiestan su ser real.

No quiero decir que esta personalidad extravertida sustituta sea una afectación, o lo que ustedes podrían llamar “falsa”. No, es mucho más sutil. Es parte de su ser, pero no es el ser real. Sin embargo, algunas emociones del ser real son componentes de esta capa sobreimpuesta. Muchas otras corrientes, que se originan en estos conflictos, diluyen la pureza de la personalidad original y real. De una manera sutil, se dramatizan y dramatizan su amor más porque no se atreven a mostrar lo que es real. Esto sucede en muchas facetas de la vida. Se encuentra más fácilmente en la relación amorosa entre los sexos.

Pueden ver a dónde los llevará esta fase específica del trabajo. Al encontrar y entender cómo se aplica la traición a su propio caso, también descubrirán que mantienen oculto su ser real la mayor parte del tiempo. Con esta comprensión preparan el terreno para permitir que su ser real evolucione, que salga a la luz. Este trabajo no es tan fácil como podría parecer; tampoco es tan difícil como podrían imaginarlo algunos de ustedes.

Tal vez ya sientan a estas alturas que la meta de la purificación es liberar su verdadera personalidad. Ese es el verdadero significado de la libertad y la única manera posible de vivir felizmente, de ser fuerte en un sentido sano y real. El hecho mismo de volverse consciente del conflicto universal en torno a la vergüenza del Ser Superior, de empezar a sentir cómo existe en ustedes personalmente, incluso mucho antes de que puedan abrir la puerta de la prisión y dejen salir su ser real, los llevará a experimentar una maravillosa fuerza interna nueva. La conciencia de que esto existe en ustedes y la observación constante de cómo se manifiesta en sus reacciones emocionales diarias los acercará más a la eliminación de los barrotes de su prisión, de manera que puedan liberar a su ser real.

Su ser real se regocijará. Entonces verán claramente y sin duda que estaba mal haber pensado que tenían que esconder lo mejor que hay en ustedes, que era algo vergonzoso. Verán qué carga innecesaria era mantener oculto su ser real. Una persona lo ocultará detrás de una máscara de frialdad y seudofuerza. Otra lo esconderá detrás de una capa sobreimpuesta de algo que se parece al ser real en todos sus mejores aspectos, pero que no es precisamente eso. En ambos casos tienen que eliminar la capa falsa y mirar ahí donde está el ser real. Permítanle salir de su escondite, aun si al principio lo hace sólo en raras ocasiones y con gran cautela. Pero entonces el ser real verá que no tienen que temer, que no tienen que sentir vergüenza. El miedo es, en su mayor parte, una consecuencia de la vergüenza de la exposición. Mediante este proceso eliminarán el mundo fantasmagórico que han creado a partir de las falsas impresiones de su niñez. No tienen idea del enorme alivio que es exorcizar este mundo fantasmagórico y vivir en la realidad. Sólo el ser real puede vivir en ella, ya que las capas sobreimpuestas, creadas a partir de conceptos irreales, no pueden vivir en un mundo de realidad. Vivirán en libertad; ya no considerarán necesario traicionar lo mejor que hay en ustedes, ni traicionar a otro.

¿Hay preguntas sobre este tema, amigos míos?

PREGUNTA: ¿Cómo se relaciona todo esto con el complejo de Edipo?

RESPUESTA: En la condición llamada complejo de Edipo, la conexión entre él y el conflicto del que he hablado es como sigue: El despertar del instinto sexual se mezcla con el anhelo de ser amado por el padre rechazante. Cuando éste es el caso, el conflicto se agrava. Cuando el instinto sexual que despierta se vuelve hacia el otro padre, el que no rechaza, o rechaza mucho menos, el problema que analizamos esta noche puede no ser tan fuerte, pero entonces la condición del alma puede ser mucho más complicada y discordante. Es imposible generalizar. Cada caso es único y tiene que investigarse. Entonces puede uno ver cómo se conecta todo.

PREGUNTA: Leí un libro llamado Conciencia cósmica. Dice: “La pérdida del sentido del pecado es una de las características más notables del estado de conciencia cósmica”. ¿Qué significa esto?

RESPUESTA: El mundo terrenal, como lo saben todos ustedes gracias a las conferencias y enseñanzas que han recibido, es un mundo de irrealidad. Pueden llamarlo una realidad temporal. Las cosas que experimentan, las deducciones que hacen con la lógica superficial del intelecto, que ignora la verdad espiritual y absoluta, son defectuosas. Tienen un valor y una verdad limitados, como las conclusiones erróneas del alma a las que llega el niño, que se aplican correctamente a una situación específica. No carecen de su propia lógica peculiar, por limitada que ésta sea. No obstante, estas conclusiones son erróneas y poco realistas si se aplican como verdad general de la vida. La misma relación existe entre las conclusiones y las deducciones que el intelecto forma correctamente tal como se aplican a las circunstancias temporales de ciertas condiciones en esta vida del plano terrenal, y las leyes espirituales de la realidad absoluta en que estas mismas deducciones y conclusiones son erróneas.

El pecado, como lo saben todos ustedes, no es más que ignorancia. Es distorsión. Nadie es perverso o malo o malicioso porque disfruta ser así. Una persona puede ser todas esas cosas porque cree equivocadamente que le sirven de protección. Cuanto más se analicen y se entiendan ustedes, más descubrirán que esto es cierto en su propio caso, y por lo tanto debe ser cierto también para los demás. Así, cuando las personas se comporten negativamente, ya no se sentirán asustados ni personalmente involucrados. Ya no les causará dolor. Esto puede sonar imposible, pero es cierto.

Cuando una persona ha elevado su conciencia y tiene vislumbres de la verdad absoluta, se da cuenta de que no hay perversidad, maldad, pecado, malicia. Todo esto predomina sólo mientras viven en esta esfera terrenal con la limitada perspectiva que causan sus propias distorsiones. Una vez que se eleven por encima de este estado de error, verán que todo el mal de este plano no es nada sino un arma defensiva, o más bien, un arma seudodefensiva, ya que en realidad tiene el efecto opuesto. Una vez que entiendan el motivo del mal y del pecado, ya no los temerán, ya no sentirán que su vida está en juego, y por lo tanto perderán el sentido de su realidad. Todos ustedes están en camino de experimentar esta verdad, por lo menos hasta cierto grado.

Cuando encuentran y disuelven sus propias conclusiones erróneas, nada les impide ya amar y ser libres. Entonces eliminan la parte de ustedes que estaba en la oscuridad, que era egoísta y poco amorosa debido a las conclusiones erróneas. Allí donde han encontrado y eliminado el error tienen un concepto verdadero de la realidad, pueden amar sin miedo, y por lo tanto viven sin pecado, si quieren usar esta expresión. El mal y el pecado son productos de un mundo ilusorio que existe sólo mientras viven en la ilusión, pero no tienen una realidad absoluta. En el momento en que elevan su conciencia se liberan de la ilusión; ya no tiene ninguna realidad. Aun cuando vean error en otros, con esta conciencia elevada verán más allá de él, entenderán su significado, su origen, y de este modo pronto se darán cuenta de su muy temporal efecto. En realidad, el error, o pecado, no tiene efecto alguno sobre la realidad; sólo afecta a los que aún viven en la irrealidad mientras viven en ella.

PREGUNTA: Me gustaría hacer una pregunta sobre el Génesis. En el Jardín del Edén, los dos árboles: Entiendo por qué se prohibió comer el fruto del árbol del conocimiento… porque tenemos que adquirirlo lentamente por nosotros mismos, en vez de que se nos sirva en bandeja de plata. Pero no entiendo el otro, la inmortalidad. Después de todo, como espíritus somos inmortales de todos modos, así que ya hemos comido el fruto. ¿Por qué está prohibido?

RESPUESTA: Se refiere, naturalmente a tu vida en la Tierra. Se aplica, tal como el árbol del conocimiento, al espíritu encarnado. El significado de los dos árboles no podría aplicarse al espíritu liberado que vive en la realidad absoluta del mundo espiritual. Si los seres humanos nacieran con la convicción interna, la certidumbre interna, no la producida por el trabajo del autodesarrollo, de que son inmortales en espíritu aunque no estén todavía purificados, su instinto de sobrevivencia sería demasiado débil. Tienen que tener la incertidumbre en la medida en que todavía tienen que resolver sus problemas y confusiones internos. Esto es para su propia protección. No emprenderían la dificultad de la vida en la Tierra; serían perezosos. Preferirían desarrollarse de una manera más lenta o se satisfarían con una conciencia ligeramente elevada, que les garantizara mejores condiciones, pero carecerían del incentivo de liberarse por completo de modo que pudieran entrar más pronto en un estado de unidad. Todo el Plan de Salvación fructificaría mucho más tarde si las personas no se aferraran a la vida en la Tierra porque no tienen ninguna certidumbre. La prohibición de este conocimiento acelera el desarrollo.

Por otra parte, si el sentido interno y la convicción de la inmortalidad llegan como resultado del arduo trabajo del desarrollo, esto no disminuirá la voluntad de vivir en la Tierra. Por el contrario, los seres desarrollados darán la bienvenida a la vida terrenal en otro sentido, e incluso más que antes, cuando simplemente se aferraban porque se sentían inciertos. La alegría de la vida en la Tierra con el conocimiento de que existe un estado mucho mejor es un producto del desarrollo espiritual, de un estado más elevado de conciencia. Los que han logrado trabajar en sí mismos hasta llegar a una conciencia más elevada saben que son inmortales. Lo saben porque con el sudor de su trabajo se han liberado del error. Entonces encontrarán belleza en la vida terrenal, no porque crean que ésta es la única forma de vida y tienen que aferrarse a ella, sino sólo porque saben que hay más.

La falta de este estado elevado de conciencia puede volver difícil la vida en la Tierra; la perspectiva es bastante sombría porque todavía viven en la ilusión del mal y del pecado, en el error y en los conceptos equivocados. Pero no importa lo difícil que les resulte, si la autodestructividad no es anormalmente fuerte, se aferrarán a la vida; y esto es bueno e importante. No obstante, si en ausencia del crecimiento orgánico del autodesarrollo, la convicción interna de la inmortalidad—no hablo de creencia—se les diera a los humanos “en una bandeja de plata”, como dijiste, no se aferrarían a la vida. No digo que estas personas necesariamente se suicidarían, pero no se despertaría su afán de lucha por mantener viva su alegría por la vida, aunque ésta se manifestara sólo en raras ocasiones, ni su capacidad de ver la belleza de ella.

Mis queridísimos amigos, me retiraré ahora a mi mundo y los dejaré otra vez con bendiciones divinas, con amor y fuerza, con toda la ayuda que podemos dar a cada uno de ustedes que están en este camino. Que esta voluntad que tienen de trabajar en sí mismos para alcanzar la libertad real les traiga la alegría a la que tienen derecho y que pueden conseguir por medio de su autoliberación. ¡Sean benditos, queridos míos, queden en paz, queden con Dios!

Dictada el 27 de mayo de 1960.