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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 72. El miedo al amor

Saludos, mis muy queridos amigos. Les traigo bendiciones. Bendita sea esta hora.

Muchas de las cosas de las que hablamos en los últimos meses les han ayudado a tener una mayor percepción de ustedes, lo que les ha demostrado lo opuestos que pueden ser sus conceptos, actitudes e ideas inconscientes a los conscientes. Cuando adquieran un poco más de comprensión general acerca de estos reconocimientos, descubrirán que, a final de cuentas, siempre se trata del amor. Su deseo de tener amor y la falta de él es el resultado de la experiencia de su niño interior. Entender esto les aclarará de qué manera se quedan cortos en el amor allí donde existen sus conflictos y sus errores conceptuales.

Como todos ustedes lo saben, por lo menos teórica e intelectualmente, el amor es la fuerza más grande del universo. Todas las enseñanzas o filosofías espirituales, todas las religiones, incluso la psicología moderna proclaman esta verdad. El amor es la única fuerza. Con él son poderosos, son fuertes, están seguros. Sin él son pobres, están separados; están aislados y temerosos. Sin embargo, este conocimiento en realidad no puede ayudarlos hasta que descubran el lugar más profundo dentro de ustedes donde no pueden amar, no quieren amar y no saben por qué se niegan al amor. Sin este conocimiento específico, la gran verdad eterna sobre el amor sigue siendo un ideal elevado que no pueden aplicar a su persona ni a su vida en este momento.

Aquellos de mis amigos que realmente trabajan en este Pathwork, que progresan en su búsqueda interna, después de mucha indagación y exploración se han topado con un miedo al amor. Aquellos entre ustedes que realmente trabajan de manera constructiva por fin se han dado cuenta por completo de que este miedo existe. Esto, en efecto, indica un buen progreso, pues sin esta conciencia no pueden darse los siguientes pasos necesarios. De nuevo les digo, no es suficiente que estén conscientes de su miedo teóricamente. Deben experimentar realmente el miedo. La mayoría de las personas que no desean conocerse ni siquiera se dan cuenta de que tienen este miedo.

Sin embargo, incluso los que finalmente se han dado cuenta del conflicto no entienden todavía por completo por qué tienen tanto miedo de amar. Sí, en efecto, encuentran algunas respuestas, pero la mayor parte de ellas son o deducciones teóricas y lógicas o son emociones vagamente experimentadas. Esto no es suficiente. Por lo tanto, me gustaría hablar de algunos aspectos de este tema. De ninguna manera será todo lo que hay que decir al respecto. Retomaremos este problema muy básico en el futuro y le daremos luz desde otros ángulos.

Sabemos ahora que quienes no pueden amar son inmaduros. La inmadurez es causa de la irrealidad. La irrealidad, como es falsa, inevitablemente produce infelicidad y conflicto, oscuridad e ignorancia. Así, la madurez es realmente la capacidad de amar. También dijimos que su niño interior exige una cantidad ilimitada de amor. El niño es tan irrazonable, tan carente de comprensión, tan demandante y parcial como todas las criaturas inmaduras. Sus deseos imposibles son: ser amado por todos, ser amado totalmente, ser gratificado siempre instantáneamente y ser amado a pesar de su irracionabilidad y egoísmo. Por esto tienen miedo de amar.

Como el niño interior desea que los demás se le rindan por completo, y está seguro de que esto significa que lo aman, ¿cómo puede evitar resistirse a la rendición total de sí mismo? El niño que hay en ustedes los hace desear reinar sobre aquellos que deben amarlo, y que por lo tanto se convierten en individuos apenas mejores que esclavos sumisos.

También hay momentos y aspectos de ustedes en los que se convierten en esclavos sumisos. Esto no debe entenderse literalmente; se refiere a ciertas reacciones emocionales. Esto sucede si el amor, la aceptación y el acuerdo por parte de una persona específica se convierten en una necesidad para ustedes, pero están conscientes de que esta necesidad puede no ser gratificada. Debido a su miedo al rechazo y a la derrota, esta sumisión parece ser la única manera de alcanzar lo que desean. Como ciertos aspectos exteriores de esta conducta sumisa se parecen superficialmente al amor verdadero, es fácil, sobre todo cuando se hallan en un estado tan deprimente, engañarse y creer que cuando se someten es cuando verdaderamente aman.

En otras palabras, muchas veces crean inconscientemente su propio concepto interno de lo que es el amor, que se parece a los conceptos generales del amor, por lo menos en lo externo, que enseñan algunas religiones y filosofías. Les parece que cuando se someten están siendo generosos y ofreciendo un sacrificio. Les parece que la otra persona es el centro de su mundo. Aunque esto es cierto hasta cierto grado, no lo es en esencia. En realidad, el centro son ustedes. Su interés radica en convencer al otro de que los ame de acuerdo con el concepto infantil que tienen ustedes. Le exigen al otro individuo que los venere, que les cumpla todos sus caprichos, que renuncie a su autonomía y que se deje gobernar por el niño que vive en ustedes y que llora por dentro cuando su deseo no es satisfecho.

¿Sorprende entonces que con esta demanda inconsciente de su psique tengan miedo de amar? Como su concepto—que por ser inconsciente es muy poderoso—es que amar significa someterse como esclavos, no desean amar. No desean hacer la voluntad de otra persona. No desean renunciar a su autonomía sometiéndose al gobierno de otro individuo.

Así pues, sólo cuando reconozcan su propia distorsión infantil e inconsciente del amor podrán sentir o reconocer las demandas infantiles de la otra persona. Entonces no se dejarán influir por ellas; ni se sentirán obligados a ceder, ni se sentirán culpables si no lo hacen. Verán claramente que en un caso así puede darse otro tipo de amor que es mucho más desapegado.

Asimismo, cuando descubran y experimenten la existencia de las demandas injustas de su niño interior, podrán razonar con ellas. Se darán cuenta de que este concepto equivocado del amor no tiene nada que ver con el amor real. Una vez que entiendan eso, dejarán de tener miedo de amar. Cuando vean que el amor no significa renunciar a la dignidad, a la autonomía ni a la libertad, ya no le temerán. Si no tienen exigencias infantiles y, por lo tanto, se vuelven capaces, gradualmente y poco a poco, de amar maduramente, esperarán lo mismo a cambio. Esta manera de amar no encierra ningún peligro. En ella, son libres. No se esclavizan. Es así de simple y lógico. Cuando renuncien a su idea infantil de cómo deben amarlos otros, ya no tendrán miedo de darles su amor.

En el proceso gradual de crecimiento y maduración, no experimentarán de inmediato el gran amor incluyente que su alma anhela, pues uno de los conflictos de su alma es que anhelan un amor así y al mismo tiempo lo rehúyen por miedo. Su niño interior sólo conoce extremos. O son las grandes alturas, la meta final… o nada. Cuanto más se frustra el alma esforzada en sus instintos sanos, más fuerte clamará por ser escuchada. Esto se manifiesta en un sentimiento vago de descontento, de que les hace falta algo y no saben qué es. Una parte de su psique sabotea las demandas legítimas de la otra parte. Como son incapaces de alcanzar la meta final, se retraen por completo. Esto se debe no sólo a la actitud de “o esto o lo otro” de la parte inmadura de ustedes, sino también a una tendencia a la dramatización. Si el gran drama no puede ser, entonces se retraen por completo.

Conforme vayan madurando se darán cuenta de que sólo pueden alcanzar la realización final del amor empezando en los peldaños más bajos de su escalera. Tal vez uno de los primeros peldaños sea adquirir la capacidad de permitir a otras personas que sientan por ustedes lo que deseen. Si pueden dar este “permiso” interior genuinamente, aprenderán a renunciar a su exigencia sin sentir hostilidad; alcanzarán un punto en el que verdaderamente aprecien y respeten a otros, aunque ellos no se sometan completamente a su voluntad. Esto no parece ser gran cosa. De hecho, muchos de ustedes creerán que hacen esto todo el tiempo. Pero, ¿real y verdaderamente es así? Cuando las cosas vayan mal, examinen sus emociones. Al analizar estos sentimientos y descubrir que su niño interior está haciendo de las suyas, tendrán las herramientas para trabajar en este aspecto específico. Sentirán dentro de ustedes una reacción emocional completamente nueva a medida que aprendan a renunciar a su sutil corriente forzante. Sentirán que se les quita un peso enorme del alma.

El siguiente paso es soltar cierta hostilidad una vez que se hayan dado cuenta de ella en este trabajo. Al hacer esto, descubrirán un nuevo aprecio y respeto por aquellos cuya “rendición incondicional” deseaban de manera inconsciente y a quienes ciertamente no apreciaban ni respetaban cuando esa rendición no se produjo. Se habrá disuelto una cinta apretada; ahora permiten al otro ser libre, y lo aprecian y respetan como ser humano, sin tener que poseer su amor y admiración.

Éste es un paso decisivo, amigos míos, y, en realidad, es más dramático que cualquier cosa que pueda verse desde afuera. Los impulsará hacia arriba de la escalera, a las alturas que algún día podrán ser suyas, pero jamás saltándose este paso aparentemente trivial y poco dramático. De esta manera les resultará posible aplicar verdaderamente los grandes conceptos de la verdad universal sobre el amor en su vida práctica cotidiana, aquí y ahora. Esto les es posible ahora. La meta final, no. Todavía no pueden olvidarse de sí mismos por entero, no pensar nunca en ustedes mismos, no tener cierta cantidad de egoísmo y vanidad. Tratar de alcanzar la gran meta con todos estos sentimientos presentes no sólo es poco realista sino irrealizable, y por lo tanto desalentador. La meta alcanzable es conocer sus emociones por medio de un análisis concienzudo y diligente, y permitirles madurar gradualmente. Antes de poder amar verdaderamente a otros, tienen que aprender a apreciarlos y respetarlos aunque no obtengan lo que desean. Para hacer eso, deben descubrir primero dónde, en lo más íntimo de ustedes, no han hecho eso en absoluto.

Como ya lo expliqué, el amor ideal a menudo parece engañosamente similar al sometimiento equivocado y débil que se hace pasar por amor. Es esta farsa lo que los asusta… jamás el amor real. Pero es imposible sentir el amor real sólo hablando de él. Tienen que experimentar dentro de ustedes dónde y cómo se desvían de él con sus expectativas y demandas tácitas. Si son verdaderamente honestos consigo mismos, sin duda encontrarán estas emociones. Esto se aplica a todos, sin excepción.

Mientras su niño interior persista en su fuerte corriente voluntariosa de forzar a otros sutil, emocional e inconscientemente a someterse, construyen situaciones irreales mediante su pensamiento fantasioso. Al hacerlo, no se permiten ver que esto podría no ser siquiera lo que quiere el niño que ha construido esta forma irreal. La forma irreal es un peligro constante, y ustedes se fuerzan a cerrar los ojos a él. Si ustedes no ven lo que realmente es, porque no quieren ver lo que realmente es, ¿cómo pueden entonces confiar en su juicio y su intuición?

Su psique sabe perfectamente bien que la manera en que perciben al otro como una persona en relación con ustedes, o la situación como un todo, no es precisa. No ven porque no quieren ver. Por lo tanto, no confían en su juicio, no confían en que la otra persona estará a la altura de sus expectativas. Por lo tanto, sienten vagamente que no confían en la otra persona. Éste es un factor adicional que los hace refrenarse de amar plenamente. Pues, ¿cómo pueden amar tan exclusivamente como sienten que deberían si no confían en la otra persona? A fin de confiar, deben permitirse ver si esta persona y esta situación específicas merecen esa respuesta. Tal vez sería más apropiado dar un simple respeto y afecto.

Al renunciar a un poco de lo que desean—muy a menudo inconscientemente—están dispuestos a ver lo que es. Con esta actitud pueden percibir la realidad de la situación. Después de eso podrán discriminar inteligentemente y se respetarán, no sólo por su capacidad de renunciar libremente y sin hostilidad a algo que desean, sino también porque entonces podrán depender de su intuición. Al estar dispuestos a ver lo que realmente es, podrán lidiar con la situación. Por lo tanto, confiarán en sí mismos, en su juicio y en otras personas. Al no sobreestimarlas, debido a su corriente forzante, podrán ver, observar, intuir y sentir lo que es verdadero, y no sólo creer en lo que ustedes quieren que sea cierto.

Al aprender a confiar en sí mismos y en otros, amar dejará de ser un peligro para ustedes. Pero mientras deliberadamente permanezcan ciegos, porque el niño que hay en ustedes cree que al querer algo por la fuerza lo va a obtener, tienen todos los motivos del mundo para desconfiar de su juicio, de su elección y de la otra persona. Por lo tanto, rehúyen todavía más el amor, aunque no parezca que es peligroso para ustedes ser amados.

Soltar la corriente forzante voluntariosa trae como resultado que se vuelvan objetivos en su evaluación de otros y aprendan a renunciar a su voluntad con dignidad. Así aprenden a sentir afecto y respeto humanos por la persona que frustra su voluntad. Se abstienen de construir situaciones irreales que obstruyen su visión de lo que realmente es. Al construirlas, no sólo ignoran la realidad, sino que la rechazan. Al aceptar la realidad y ver lo que es, su intuición se volverá más confiable, y de esta manera crecerá su confianza en sí mismos.

Se habla mucho en su tiempo y en su mundo de “aceptar la realidad”. Hemos hablado de esto muchas veces. Todos ustedes saben que su vida terrenal no es perfecta y que deben aceptar esta verdad si desean hacer frente a la vida y sacarle el mayor provecho. Hasta ahora éste era un concepto general. De aquí en adelante tienen la posibilidad real de aplicarlo a un aspecto particular de su vida interior. Puede ser que ciertas personas no sientan por ustedes lo que ustedes desearían—y no me refiero solamente a la relación de amor entre el hombre y la mujer—, pero esta aparente imperfección es su realidad y tienen que aceptarla. Cuando lo hagan se pondrá en movimiento toda una reacción en cadena benigna que reemplazará al círculo vicioso que existía antes.

La intuición es la más elevada percepción sensorial que un ser humano puede alcanzar. Sin embargo, no puede manifestar todo su potencial mientras no detecten a su niño interior y éste permanezca fuerte. Desde luego, mientras sean seres humanos, la facultad a la que llaman intuición nunca puede ser cien por ciento perfecta. Pero en el momento en que puedan decir: “No estoy seguro, tal vez me equivoque”, esta voluntad de aprender de posibles errores vuelve inofensiva su ignorancia porque están conscientes de ella. En el pensamiento consciente y conciso de: “No sé” reside la posibilidad de ver, aprender y finalmente saber. La intuición nunca será un muro contra el que puedan apoyarse con certeza y confianza ciegas. Por eso es tan valiosa. Piensen en ello, amigos míos. Es material para meditar.

Cuando consulten conscientemente su intuición, libres de la corriente forzante y libres del pensamiento fantasioso, percibirán ciertos potenciales, así como ciertas limitaciones; el resto puede ser un signo de interrogación. Esta actitud promueve en ustedes la apertura, la disposición a observar y a percibir, que es muy fructífera. También es señal de madurez, porque sólo los inmaduros deben tener toda la respuesta inmediatamente; es su niño interior el que no puede soportar dejar nada abierto, sin respuesta y en duda.

Inhiben su capacidad de amar debido, en primer lugar, a su incapacidad de distinguir entre el amor verdadero y el sometimiento débil, porque esto es lo que desean de aquellos que han de amarlos, y, en segundo lugar, a la falta de confianza en otros porque carecen del valor para ver a la otra persona y la situación tal como son. Estos dos elementos impiden que funcione su intuición, por lo menos en las áreas de su vida relacionadas con el amor. El valor para ver lo que es, en lugar de lo que quieren que sea, elevará su intuición, su discriminación, su conciencia y, por lo tanto, el respeto por sí mismos. Eliminará la incertidumbre de modo que cuando la situación correcta se acerque, no necesiten tener miedo de amar.

El valor para aceptar lo que puede ser inconveniente significa la aceptación de la realidad, la pérdida del miedo a amar y el cultivo de la intuición como fuerza creciente. Significa respeto por uno mismo, confianza en otros con discriminación, y, en consecuencia, una percepción más confiable.

Así que ya lo ven, amigos míos, cómo está atado todo esto con un cordel. La inmadurez es la no aceptación de la realidad porque ésta no siempre es perfecta o agradable. La inmadurez exagera la imperfección tanto que cierran los ojos a ella, y así invitan más conflictos. La inmadurez produce la parálisis de la intuición y de la creatividad, ya que la creatividad sin intuición es impensable. Sólo a medida que crecen y aprenden a enfrentar y aceptar lo que hay en su vida cotidiana y en sus emociones perderán el miedo a amar. Esta oración por sí sola, fuera de contexto, no tendría mucho sentido. Pero si la consideran a la luz de los vínculos desatados en esta plática, el significado se volverá muy claro.

Cuando piensan en el amor, piensan sólo en un tipo, el más elevado y el más perfecto. Ignoran el hecho de que hay muchas etapas y muchos tipos, muchos grados y muchas variaciones. En su ignorancia, rehúyen el tipo de amor que podrían ser capaces de dar ahora mismo, y, cuando este amor se les da, lo descartan.

A medida que avancen en este trecho particular de nuestro camino, empezarán a funcionar de manera diferente como seres humanos, en todos los sentidos. Su experiencia de vida será mucho más plena. ¡Estarán muy vivos en cada momento! Estarán conscientes de ustedes y de otros como jamás pensaron que podrían estarlo. Se desarrollarán fuerzas en ustedes que nunca imaginaron posibles: fuerzas creativas, percepciones nuevas, una intuición creciente y en evolución que les dará una fortaleza y una seguridad que no se imaginan ni siquiera ahora después de todo su progreso.

Nuevamente les digo, estas palabras no están dirigidas a su cerebro, sino a aquellos aspectos de su personalidad que han descubierto debido al trabajo realizado hasta ahora, o que están a punto de descubrir. ¡Apliquen estas palabras a las emociones respectivas! Hablaremos de esto desde otros ángulos en el futuro, cuando surja la necesidad.

PREGUNTA: Me parece que con la nueva fase, un grupo diferente de temas ha comenzado en esta temporada. Hasta finales de la última temporada, todavía hablábamos mucho de las imágenes y de diversos aspectos relacionados con ellas. Ahora parecemos entrar en una fase nueva que no alcanzo a entender.

RESPUESTA: Desde luego que es una fase nueva. Hasta lo dije antes de las vacaciones de verano. Dije que íbamos a lidiar de una manera más directa que antes con elementos que anulan las facultades creativas. No es necesario decir que cualquier impedimento de las facultades creativas se debe a aspectos negativos y desviaciones, imágenes y errores conceptuales. Todavía tenemos que trabajar con esos elementos, pero el enfoque es distinto en esta fase, tal como lo percibes, y como lo indiqué hace algún tiempo. Mientras que en la fase anterior nos concentramos mayormente en los obstáculos que eclipsaban o impedían el funcionamiento sano, en la fase presente podemos unir las piezas, de manera que adquiramos una visión más general con respecto al amor, la madurez, la creatividad. Esto no significa que no vayamos a hablar de detalles nuevamente, pero cuando lo hagamos, el enfoque será diferente.

PREGUNTA: Me gustaría hablar de algo en relación con la última conferencia. En la segunda parte, sobre los ejercicios de concentración, usted repite el término “instruir al subconsciente”. Me pregunto si esta idea de instruir al subconsciente no es de alguna manera una paradoja y tal vez conduzca a forzar al subconsciente, en vez de permitirnos ver lo que hay en él. Estoy seguro de que no es una paradoja, pero ¿de qué manera no lo es?

RESPUESTA: La pregunta es buena y constructiva porque es muy fácil ir de un extremo equivocado al otro. La mejor manera de hacer esto es no usar estas “instrucciones” como una fuerza, sino como la expresión de su voluntad interior. Aunque entiendas perfectamente bien que ciertas emociones tuyas no pueden funcionar aún de la manera correcta, puedes expresar el deseo de que éstas aprendan. Este deseo debe ser expresado sin presión ni prisa, sino con calma, en el entendimiento de que las emociones no cambian rápidamente.

Una parte importante de estas instrucciones debería ser que deseas saber dónde, cómo y por qué todavía se desvían tus emociones de la verdad. Asimismo, necesitas volverte cada vez más consciente de dónde sigues confundido y cuáles son tus preguntas interiores que siguen sin respuesta. Por último, pero no menos importante, tienes que soltar toda resistencia a enfrentarte plena y honestamente, sin restricciones. De esta manera no sobreimpones reacciones correctas a las emociones que aún se desvían, y por lo tanto evitas las trampas del autoengaño y la sugestión.

La oración, si se entiende y se usa correctamente, opera de una manera muy similar. Cuando ores, debes pedir ayuda para poder encararte, o para pedir fuerza y comprensión de los problemas actuales de tu camino. Debes orar para aplicar las pequeñas desarmonías cotidianas, aparentemente insignificantes, a tu trabajo en el Pathwork, de manera que puedas tener una percepción más profunda de ti. De la misma manera, puedes dirigir estos deseos a tu propio subconsciente, fortaleciendo así el aspecto sano de tu psique y debilitando los aspectos que son malsanos, infantiles y resistentes. Después de todo, Dios vive en lo más profundo de tu ser.

Doy por sentado que cuando oras no diriges tu oración al cielo, sino a lo más profundo de ti. Así que en realidad no hay una diferencia tan enorme entre la oración y esta “instrucción”; es sólo un enfoque ligeramente diferente. Si bien la oración se dirige a la parte de ti que está más profundamente oculta de tu consciente—también podrías llamarle el supraconsciente, o la chispa divina que hay en ti—las instrucciones que mencioné están dirigidas a una parte más accesible para ti.

Estas instrucciones deberían constar principalmente del deseo de encararte, de entender y asimilar lo que hay en ti, y de ver dónde se desvían aún tus emociones debido a una falta de comprensión. Debes formular tu deseo de comprensión con la mente serena y calmada, y no con una urgencia tensa. Debes tener en mente y aceptar de antemano que el cambio y el crecimiento son un proceso lento.

PREGUNTA: Con respecto a la última conferencia, y en relación con la conferencia sobre “El abismo ilusorio”, usted dice: “Ustedes son los amos de su vida y su destino; ustedes—y nadie más—crean su propia felicidad e infelicidad”. Y de nuevo, en la misma conferencia, afirma que “esta verdad espiritual básica se ha oscurecido, y por buenas razones”. Luego dice que “se requiere que la Humanidad en su desarrollo alcance cierto entendimiento espiritual básico antes de que pueda usar este conocimiento de la manera correcta. Mal entendido, este conocimiento podría ser de hecho muy dañino”. ¿Podría aclararnos esta afirmación? Creo que podría ser útil para nosotros ahora, a la luz de la última conferencia. Me parece que representa un gran paso hacia adelante para el individuo y para la Humanidad, y podría dar comienzo a todo un ciclo nuevo de desarrollo espiritual para el individuo en la sociedad; para que la ciencia y la filosofía puedan encontrar la unidad en la ley espiritual; y, con ese fin, una percepción positiva de nuestro ser en Dios.

RESPUESTA: Una de tus preguntas parece ser cuál sería el perjuicio de este conocimiento y de los errores conceptuales resultantes para una Humanidad espiritualmente no preparada. Toquemos primero esto. El que ignore la existencia y el poder de la mente subconsciente tomará este conocimiento en un nivel superficial. Esto puede ser peligroso de dos maneras; en primer lugar, la persona que cree que uno se forja su propio destino podría, debido a ciertas circunstancias y condiciones cuyos orígenes verdaderos ella ignora, llegar a poseer ciertos poderes. Esta persona probablemente abusaría de estos poderes, basándose en la premisa de que uno crea su vida y su destino. En segundo lugar, las personas que no hayan alcanzado estos poderes se sentirían sumamente frustradas y su sentimiento de insuficiencia crecería en vez de disminuir. Sólo explorando la importancia y el significado de las emociones de las que hasta ahora no eran conscientes adquirirían una comprensión del mundo interior, sus leyes, su realidad y la interacción entre la causa y el efecto en la relación humana, ya que esto sucede en el mundo interior de las emociones.

Por lo tanto, a fin de entender la verdad de la premisa de que el hombre crea su propio destino, la autobúsqueda, la exploración de la mente subconsciente, es una necesidad sin la cual la Humanidad no puede crecer lo suficiente para hacer uso de la verdad cósmica, espiritual y universal. Esta verdad, si sólo se entiende y se digiere a medias, puede ser peligrosa y causar daño al individuo, así como a la Humanidad en su conjunto.

La creciente tendencia de nuestro tiempo a aceptar y explorar el subconsciente es una señal del desarrollo general cada vez mayor, pese a los obstáculos, los malentendidos y las verdades a medias que acompañan a esta exploración. Esto es parte de los dolores del crecimiento por los que atraviesan todos los organismos vivos. Al continuar este crecimiento y este despertar generales, la Humanidad percibirá más y más la realidad del universo interno, y por ende entenderá también al universo más grande con todas sus leyes espirituales. Sólo percibiendo el universo interno, con todas sus posibilidades infinitas, con sus leyes lógicas y justas que operan dentro del hombre y entre éste y sus congéneres, puede un ser humano verdaderamente sentir a Dios y Su creación. De este modo se alcanzará la unidad, lenta y laboriosamente, paso a paso. Éste será el común denominador que unirá todas las ciencias, todas las religiones, así como todas las demás ramas del conocimiento humano, que todavía funcionan en forma separada en este momento.

PREGUNTA: He estado pensando en estas cosas y me gustaría saber también si el persistente esfuerzo de la Humanidad hasta ahora ha tenido como fin justificar su existencia, y si la Humanidad usó su creatividad con ese objetivo. En consonancia con su respuesta, esta creatividad no es ajena a la percepción espiritual de su comentario acerca de eliminar las ataduras que impiden la creatividad, para que el alma pueda expresarse libremente de acuerdo con la ley espiritual. Si somos la realidad más alta, uno en la mente con Dios, entonces verdaderamente somos responsables de nosotros mismos. Me parece a mí, al contemplar el “abismo ilusorio” y lo que ha estado diciendo usted sobre el amor y la creatividad, que nuestra responsabilidad reside en la aceptación de la reexpresión de ese amor y creatividad, que tiene su fuente en Dios. A este respecto, la adquisición del dominio sobre uno… hay una confusión aquí, no puedo expresarla…

RESPUESTA: ¿Podrías tratar de aclarar dónde está la confusión? Sería útil para ti aclarar dónde reside la confusión. Además, no puedo responder a tu pregunta a menos que sepa cuál es.

PREGUNTA: Tiene que ver con la autorresponsabilidad, y con ciertas fijaciones filosóficas que parecemos tener y que comprenden tanto el miedo a la pérdida como el miedo a lo desconocido. Esto de nuevo va unido básicamente al amor y la confianza de las que usted habló esta noche.

RESPUESTA: Mira, lo que dijiste aquí sobre el miedo a lo desconocido es un elemento muy importante en la mayoría de los seres humanos, en cierta medida en todos los seres humanos. Pero lo desconocido se vuelve conocido conforme experimentas verdaderamente todas las cosas de las que he estado hablando en estas conferencias. Esto significa, desde luego, un esfuerzo muy serio de autobúsqueda. No basta con escuchar estas palabras. Eso jamás producirá nada sustancial, salvo tal vez servir de incentivo para empezar, a menos que experimentes todas las emociones que mencionamos aquí y que viven en tu alma. Cuando lo haces, entonces lo desconocido se vuelve conocido. Y allí donde sigue siendo desconocido, perderá su capacidad de asustarte porque ahora reconoces que “No sé”. Esa es una diferencia enorme.

Al darte cuenta de todo esto, gobernarte a ti mismo dejará de ser un deber, y será un privilegio y una libertad, mientras que tu niño interior lo rechaza porque lo ve como un peligro desconocido.

El miedo a lo desconocido hace que los humanos distorsionen los conceptos verdaderos en opuestos fijos, y de esa manera disminuyen su verdad. Fue muy importante que lo dijeras con estas palabras. La verdad es flexible; por su naturaleza misma no puede ser fija. Nada verdadero puede ser rígido, estático ni fijo. Siempre es flexible. Esta misma flexibilidad les parece una amenaza a las personas. Quieren la seudoseguridad fija de un muro de piedra contra el que se puedan apoyar. Fue esta tendencia lo que hizo que la religión se distorsionara y se convirtiera en dogma.

La rigidez satisface el miedo muy irracional e infundado del alma humana. Los humanos piensan que lo que es fijo es seguro, y lo que es flexible es inseguro. Dado que la verdad está viva como todo lo que está vivo, debe ser flexible. Es así que la gente les tiene miedo a la verdad, a la luz y a la vida. La creencia de que la flexibilidad es insegura es uno de los grandes abismos ilusorios.

Al proceder en este trabajo, descubrirás primero que este miedo específico existe en ti, y que también tú te aferras a la supuesta seguridad de la regla fija. Pareces sentir que puedes apoyarte contra un muro. Te parece un apoyo firme, mientras que, como lo percibirás un poco después, no lo es. Allí está la confusión acerca de la autorresponsabilidad. Cuando te apoyas en la regla fija, trasladas la responsabilidad a la regla. Cuando te das cuenta de que no existen las reglas fijas, te asustas, porque tienes que determinar cada vez de nuevo cuáles van a ser tu conducta y tu actitud. Con la verdad flexible, la responsabilidad automáticamente recae en ti.

Cuando ya no temes a la autorresponsabilidad, porque has perdido tu autodesprecio y tu desconfianza en ti mismo, ya no le tendrás miedo al universo flexible. No necesitarás aferrarte a una ley rígida. Verás cómo opera la ley flexible, y no será un peligro para ti. La regla o ley inflexible o fija es para el niño que no puede o no se atreve a asumir la autorresponsabilidad.

El miedo a lo desconocido realmente proviene de la inseguridad. “¿Podré hacer frente a esto? ¿Será adecuado mi juicio? ¿Serán correctas mis reacciones? ¿Cometeré un error? ¿Me atrevo a cometer un error?” En otras palabras, el temor más profundo a lo desconocido es no conocerte tú. A medida que pierdas este miedo, no temerás a la autorresponsabilidad ni temerás a la verdad de las leyes flexibles del universo. Tampoco le tendrás miedo a la vida, que es flexible siempre. Por su naturaleza misma, la flexibilidad, a final de cuentas, es inmutable, pero nunca estática.

PREGUNTA: La palabra “miedo” ha surgido muchas veces esta noche. Y usted usó las palabras “miedo irracional e infundado”. Esto me lleva a creer que debe de haber un miedo racional y fundado. Se nos enseña aquí, por ejemplo, que el miedo tiene una connotación negativa y representa una emoción destructiva. Y luego leemos en las Escrituras que “el temor del Señor es el principio de la sabiduría”. Y también, en el Zohar (el Libro del Esplendor) hay una comparación del “amor y el temor de Dios con las alas del pájaro”. Me gustaría que hablara un poco sobre estos dos tipos de miedo.

RESPUESTA: Estas son dos preguntas distintas. La respuesta a la primera, sobre el miedo racional versus el irracional, es ésta: Si estás en una situación de peligro, tu reacción al miedo es sana. Es como una señal que te da la oportunidad de hacer algo, de salvarte del peligro. En otras palabras, es constructivo y no destructivo. Sin esta señal de peligro serías destruido. Esto es decididamente diferente de los miedos psicológicos, malsanos y destructivos de los que generalmente hablamos en nuestro trabajo.

En cuanto al temor de Dios, esto no tiene absolutamente nada que ver con el miedo sano y protector del que acabamos de hablar. Cualquier referencia al miedo a Dios en las Escrituras se debe a traducciones malas y superficiales. Pero las razones más profundas—por qué estas malas traducciones pudieron ocurrir en torno a este tema en particular—tienen mucho que ver con la imagen de Dios, así como con el temor a lo desconocido. Por una parte, las personas necesitan la autoridad fuerte que haga valer la regla fija porque entonces no tienen que ser autorresponsables. Por la otra, se genera un miedo malsano, que siempre se presenta cuando no se alcanzan la madurez y la autorresponsabilidad. Ya sea que teman a un Dios vengativo, a la vida, a otros seres humanos, o a ustedes mismos, todo es igual.

En lo exterior hay simplemente un malentendido acerca de ciertos términos en la Biblia; en realidad, la palabra “temor” significa algo muy diferente, quizás mejor descrito por las palabras “honor” o “respeto”. El respeto que se debe a la más grande inteligencia, sabiduría y amor está más allá de las palabras. En la presencia de esta grandeza ilimitada, todos los seres deben experimentar asombro y deslumbramiento… ¡pero jamás miedo! En presencia de semejante maravilla, uno no puede evitar asombrarse y deslumbrarse. Sobrepasa cualquier comprensión. La idea se comunica con la palabra que erróneamente se tradujo como “temor”. Pero no se suponía que fuera así. ¿Está claro?

PREGUNTA: Está claro. Me gustaría agregar un pensamiento que se relaciona y apoya lo que usted acaba de decir. En las enseñanzas cabalísticas que tienen que ver con la palabra que se nos dio como “temor”, la palabra hebrea es Y(I)R(A)H. Esta palabra se vincula con la novena de las Diez Sefirot (Emanaciones), que se indica como “Fundamento”. Éste es el punto decisivo en que termina la involución y empieza la evolución. Éste es el comienzo de la vuelta hacia arriba, hacia Dios. La conciencia de Dios es el inicio de la sabiduría.

RESPUESTA: Sí, es muy cierto. ¿Hay otra pregunta?

PREGUNTA: Sí. ¿Cuál es la ley psíquica que opera entre la mente consciente y la inconsciente? ¿Hay una línea divisoria estricta, y cuál es la ley que regula lo que se queda abajo y lo que sale a la luz?

RESPUESTA: No hay una línea divisoria estricta entre la mente consciente y la inconsciente. Tal vez hayas notado en este trabajo que muchas veces esperas encontrar reconocimientos que te eran completamente desconocidos, pero de alguna manera sabes que lo que ahora encuentras como un reconocimiento nuevo, con una nueva comprensión de su significado, no es en realidad nuevo. Simplemente volteabas hacia otro lado, pero siempre estuvo ahí. Estaba en algún lugar de una región entre la mente consciente y la inconsciente. No hay una línea divisoria estricta entre la mente consciente y la inconsciente; más bien hay una transición evanescente, por decirlo así.

Imagina a la personalidad entera, la psique o la mente, tanto consciente como inconsciente, como una forma redondeada. Cuanto más evolucionada y desarrollada se vuelve una persona, más se despoja de bruma y niebla esta forma. Cuanto menos desarrollada es, mayor es la parte envuelta en bruma. La parte que funciona conscientemente es un área más pequeña. Las filosofías y enseñanzas espirituales usan el término “elevar la conciencia”. Y significa exactamente eso. Si visualizas esta forma, te podrás imaginar que al elevarse la conciencia, la forma sale de la bruma de la inconsciencia. Gradualmente la niebla se desvanece y te vuelves más y más consciente de ti mismo.

Como el universo está en ti, y como eres un universo en ti mismo, sólo puedes adquirir la conciencia universal por este proceso mismo de autobúsqueda, por medio del cual levantas la bruma. No puedes adquirir esta conciencia concentrándote en cosas que aprendes sólo con el cerebro. Eso puede ser valioso como herramienta para el trabajo de autobúsqueda, que es el proceso de hacer que se desvanezca la bruma, para que la parte que era inconsciente se vuelva consciente.

PREGUNTA: ¿La paciencia es un obstáculo para la ambición?

RESPUESTA: La paciencia, si realmente es sólo eso y no una distorsión, como por ejemplo la inercia, no puede ser un obstáculo para nada. Desde luego, suele suceder que la gente hace una virtud de un defecto. Los que son inertes pueden engañarse y pensar que son pacientes. Los que son impacientes pueden engañarse y pensar que son activos y que están llenos de energía. Así que siempre es cuestión de encontrar la tendencia o emoción real. Ninguna virtud puede ser jamás nociva.

La impaciencia, sin embargo, obstaculizará la realización de la ambición, porque la impaciencia es una forma de inmadurez. Tu niño interior es el que quiere todo, no sólo de acuerdo a su propia voluntad, sino también ahora mismo. El niño no puede esperar. Como lo expliqué la última vez, el niño vive sólo en el ahora, pero de la manera incorrecta. No siente la realidad del mañana; por lo tanto, cree que lo que no se logra ahora no cuenta ni tiene realidad. El ser maduro puede esperar. Se da cuenta de que si el objetivo deseado no se logra ahora mismo, debe de haber razones para el retraso. Algunas de esas razones pueden estar en su ser, así que el tiempo de espera puede usarse constructivamente para descubrir y eliminar esas razones.

El tiempo que uno tiene que pasar esperando lo usará para lograr la percepción, la capacidad o la comprensión que aún le falta. Así, la paciencia, si es puramente constructiva—no la inercia, la inactividad ni la pereza—, sólo puede ser una ventaja. La verdadera paciencia siempre sabrá cómo discriminar. En un momento dado, sólo la espera será lo indicado; en otro momento, la acción será lo correcto. Pero la paciencia prevalecerá también durante los momentos de la mayor actividad concentrada, porque en realidad es un estado interior y no tiene nada que ver con la manifestación exterior. La persona que actúa puede ser paciente por dentro. La persona que es completamente inactiva por fuera puede estar es un estado interno de impaciencia. ¿Está claro?

PREGUNTA: Sí, gracias. Me gustaría oír una definición de paciencia.

RESPUESTA: Son posibles muchas definiciones. Pero en el marco de nuestra plática me gustaría expresarlo así: La paciencia sabe que uno no puede tener siempre exactamente lo que quiere y cuando lo quiere. La paciencia no se ve entorpecida por la presión y la tensión y la ansiedad del alma. Si lo analizas, descubrirás a través de la experiencia de tus emociones que la impaciencia, siempre que se siente, va acompañada de sentimientos como la tensión, la ansiedad, la presión interna… todos los cuales se basan en un sentimiento de insuficiencia y están estrechamente conectados con la sensación de “No voy a poder lograr esto”, sea lo que sea “esto”. Esta es la impaciencia. La paciencia sólo puede existir en una persona madura que conoce sus limitaciones, pero también sus potenciales, y confía en el ser. El estado de madurez que es tu objetivo te traerá, entre muchas otras ventajas, la paciencia.

PREGUNTA: Me gustaría volver a la pregunta que se hizo acerca del miedo y el mal manejo del instinto a ese respecto. El instinto es natural en el ser humano que funciona normalmente. ¿Quisiera hablarnos del mal manejo del instinto a ese respecto?

RESPUESTA: Está conectado con la cuestión de la confianza en el ser que discutimos antes. Si frustras tus instintos, debido a las desviaciones de las que estamos hablando, es que no confías en ellos. Muchas veces has descubierto que tus temores eran infundados. En consecuencia, dejas de prestarles atención cuando tal vez exista una buena razón para hacerlo. Entonces te abruma más el miedo, pues nunca sabes cuándo confiar en tu intuición o instinto, y cuándo no. Conforme dejes de sentirte sepultado por el miedo por razones no realistas, cuando surja éste lo cuestionarás inteligentemente en vez de enterrarlo.

La última conferencia, así como ésta, deberían darles mucho material para seguir trabajando, y también para sus preguntas y discusiones.

Sean benditos todos ustedes, queridos míos. Que encuentren el camino hacia la madurez y el amor descubriendo dónde, cómo y por qué no aman ahora. Que encuentren el valor para liberarse de esta carga innecesaria de tenerles miedo al amor y a la vida. Vayan en paz, mis muy queridos amigos. Queden con Dios.

Dictada el 28 de octubre de 1960.