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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 73. La compulsión a recrear y superar las heridas de la infancia

Saludos, mis queridísimos amigos. Que Dios los bendiga a todos. Que las bendiciones divinas que se extienden a cada uno de ustedes les ayuden a asimilar las palabras que diré esta noche, para que ésta sea una sesión fructífera.

Nuestra última conversación fue sobre el miedo a amar. El tema del amor se presentó muy extensamente y desde varios ángulos en las sesiones pasadas. Recordarán que muchas veces dije que el niño desea ser amado exclusivamente y sin límites. En otras palabras, el deseo del niño de ser amado es poco realista. Sin embargo, también es cierto que el niño estaría muy satisfecho con un amor real y maduro. De hecho, si este amor se le diera, la demanda poco realista de un amor exclusivo disminuiría considerablemente. Sin embargo, la capacidad de brindar un amor genuino y maduro es rara.

Como los niños rara vez reciben suficiente amor y calor maduros, siguen teniendo hambre de ellos a lo largo de su vida, a menos que esta carencia y esta herida se reconozcan y se resuelvan apropiadamente. Si no es así, como adultos irán por la vida clamando por lo que no tuvieron en la infancia. Esto les impedirá amar en forma madura. Pueden ver cómo esta condición continúa de generación en generación.

El remedio no puede encontrarse deseando que las cosas fueran diferentes y que las personas aprendieran a practicar el amor maduro. El remedio reside únicamente en ustedes. Es cierto, si hubieran recibido un amor así de sus padres, no tendrían este problema del que no están real y plenamente conscientes. Pero esta falta de amor maduro no tiene que perturbarlos ni a ustedes ni a su vida si se vuelven conscientes de ella, la ven y reordenan sus antiguos deseos, pesares, pensamientos y conceptos, alineándolos con la realidad de cada situación. En consecuencia, no sólo se volverán personas más felices, sino que también podrán ofrecer amor maduro a otros—a sus hijos, si los tienen, o a otras personas de su ambiente—para que pueda iniciarse una reacción en cadena benigna. Esta autocorrección realista es muy contraria a su actual conducta interior, que ahora consideraremos.

Todas las personas, incluidas las pocas que han empezado a explorar su propia mente y emociones inconscientes, habitualmente pasan por alto el fuerte vínculo entre el anhelo y la insatisfacción del niño y las dificultades y problemas del adulto, porque sólo unas cuantas personas experimentan personalmente—y no sólo reconocen en teoría—lo fuerte que es este vínculo. Es esencial tener una conciencia plena de él.

Puede haber casos aislados y excepcionales en que uno de los padres ofrece un grado suficiente de amor maduro. Incluso si un padre lo brinda en cierta medida, es muy probable que el otro no lo haga. Como el amor maduro en esta Tierra está presente sólo en determinado grado, el niño sufrirá las fallas aun de un padre amoroso.

Sin embargo, es más frecuente que ambos padres sean emocionalmente inmaduros y no puedan dar el amor que el niño ansía, o lo den sólo en una medida insuficiente. Durante la infancia, esta necesidad rara vez es consciente. Los niños no tienen manera de traducir sus necesidades en pensamientos. No pueden comparar lo que tienen con lo que otros tienen. No saben que podría existir algo más. Creen que así es como debe ser. O, en casos extremos, se sienten especialmente aislados, en la creencia de que su suerte no es como la de nadie más. Ambas actitudes se desvían de la verdad. En ambos casos, la emoción real no es consciente y, por lo tanto, no puede ser evaluada adecuadamente y aceptada. Así pues, los niños crecen sin entender bien a bien por qué son infelices, y ni siquiera que son infelices. Muchos de ustedes recuerdan su niñez convencidos de que tuvieron todo el amor que deseaban porque, en realidad, sí tuvieron algo de amor.

Hay muchos padres que ofrecen grandes demostraciones de amor. Tal vez sean demasiado complacientes con sus hijos. Semejante consentimiento y mimos pueden ser una compensación y una especie de disculpa por una incapacidad profundamente intuida de amar con madurez. Los niños sienten la verdad muy intensamente. Tal vez no piensen en ella, ni la observen conscientemente, pero por dentro sienten profundamente la diferencia entre el amor maduro y genuino y la variedad inmadura y excesivamente demostrativa que se les ofrece en su lugar.

La seguridad y una guía adecuada son responsabilidad de los padres y exigen autoridad de su parte. Hay padres que jamás se atreven a castigar ni a ejercer una autoridad sana. Esta falla se debe a la culpa, porque el amor real, generoso, cálido y reconfortante está ausente de su propia personalidad inmadura. Otros padres pueden ser demasiado severos, demasiado estrictos. De este modo ejercen una autoridad dominante acosando al niño y no permitiendo que su individualidad se desarrolle. Ambos tipos se quedan cortos como padres, y sus actitudes incorrectas, absorbidas por el niño, causarán dolor e insatisfacción.

En el caso de los hijos de padres estrictos, el resentimiento y la rebeldía serán abiertos, y por lo tanto más fácilmente detectables. En el otro caso, la rebeldía es igual de fuerte, pero está oculta, y por lo tanto es infinitamente más difícil de detectar. Si ustedes tuvieron un padre o una madre que los asfixiaba de afecto o seudoafecto, pero carecía de una calidez genuina, o si tuvieron un padre que hacía todo meticulosamente bien pero también carecía de una calidez real, como niños lo sabían inconscientemente y lo resentían. Conscientemente pueden no haberse dado cuenta de nada, porque, cuando eran niños, en realidad no podían identificar con precisión qué les faltaba. En lo exterior, se les dio todo lo que querían y necesitaban. ¿Cómo podían, con su intelecto de niños, trazar la fina y sutil frontera entre el afecto real y el seudoafecto? El hecho de que algo les molestara sin que pudieran explicarlo racionalmente los hacía sentir culpables e incómodos. Por lo tanto, lo apartaron de su vista tanto como les fue posible.

Mientras el dolor, la decepción y las necesidades insatisfechas de sus primeros años sigan siendo inconscientes, no pueden aceptarlas ni reconciliarse con ellas. No importa cuánto amen a sus padres, existe en ustedes un resentimiento inconsciente que les impide perdonarlos por las heridas infligidas. Sólo pueden perdonar y soltar si reconocen su dolor y su resentimiento profundamente ocultos. Como humanos adultos verán que sus padres también son sólo seres humanos. No fueron tan impecables y perfectos como el niño pensaba y esperaba, pero no deben rechazarlos ahora porque ellos tenían sus propios conflictos e inmadureces. La luz del razonamiento consciente tiene que aplicarse a estas emociones que ustedes jamás se permitieron ver con plena conciencia.

Mientras no sean conscientes de este conflicto entre su anhelo de un amor perfecto de sus padres y su resentimiento hacia ellos, inevitablemente tratarán de remediar la situación en sus años posteriores. Este empeño puede manifestarse en varios aspectos de su vida. Constantemente se meten en problemas y patrones repetidos que tienen su origen en su intento de reproducir la situación de su infancia y así corregirla. Esta compulsión inconsciente es un factor muy fuerte, pero está muy profundamente oculta de su comprensión consciente.

La manera más frecuente de tratar de remediar la situación reside en su elección de parejas amorosas. Inconscientemente sabrán cómo escoger en la pareja aspectos del padre que se ha quedado especialmente corto en su expresión del afecto y el amor reales y genuinos. Pero también buscan en su pareja aspectos del otro padre que se ha acercado más a satisfacer las demandas de ustedes. Así como es de importante encontrar a ambos padres representados en sus parejas, es aún más importante y más difícil encontrar los aspectos que representan al padre que más los ha decepcionado y lastimado, el más despreciado o rechazado, por el cual sentían poco o nada de amor. Así que buscan a los padres de nuevo; de una manera sutil que no es siempre fácil de detectar, en sus cónyuges, en sus amistades o en otras relaciones humanas. En su subconsciente tienen lugar las siguientes reacciones: como su niño interior no puede soltar el pasado, no puede reconciliarse con él, no puede perdonar, no puede entender y aceptar, este niño mismo que vive en ustedes siempre crea situaciones similares, tratando de salir victorioso al final con el propósito de dominar por fin la situación en vez de sucumbir a ella. Salir perdiendo significa ser aplastado; esto debe evitarse a toda costa. El precio es alto efectivamente, pues toda la estrategia es inviable. Lo que su niño interior se propone lograr jamás podrá realizarse.

Todo este procedimiento es totalmente destructivo. En primer lugar, pensar que ustedes fueron derrotados es una ilusión. Por lo tanto, también es una ilusión que ahora puedan salir victoriosos. Además, también es una ilusión que la falta de amor, por triste que haya sido cuando eran niños, sea la tragedia que su subconsciente todavía cree que es. La única tragedia reside en el hecho de que obstruyen su felicidad futura al seguir reproduciendo la situación y luego tratando de dominarla. Amigos míos, este proceso es profundamente inconsciente. Desde luego, nada está más lejos de su pensamiento cuando se concentran en sus objetivos y deseos conscientes. Tendrán que excavar mucho para descubrir las emociones que los llevan una y otra vez a situaciones en las que su objetivo secreto es remediar sus aflicciones de la infancia.

Al tratar de reproducir la situación de la niñez, inconscientemente escogen a una pareja con aspectos similares a los del padre. Sin embargo, son estos mismos aspectos los que volverán imposible recibir el amor maduro que legítimamente anhelan ahora como sucedió antes. Ciegamente, creen que con desearlo más intensa y enérgicamente, el padre-pareja cederá ahora, aunque en realidad el amor no puede llegar así. Sólo cuando se liberen de esta continua repetición dejarán de clamar para que el padre los ame. En vez de ello, buscarán una pareja u otras relaciones humanas con el propósito de encontrar la madurez que realmente necesitan y desean. Al no exigir que se les ame como si fueran niños, estarán igualmente dispuestos a amar. Sin embargo, para su niño interior esto es imposible, no importa lo capaces que puedan ser de amar de otro modo gracias a su desarrollo y su progreso. Este conflicto oculto eclipsa su alma, aunque ésta crezca en otros sentidos.

Si ya tienen una pareja, el descubrimiento de este conflicto puede mostrarles como ella o él es similar a sus padres en ciertos aspectos inmaduros. Pero como ahora saben que hay muy pocas personas realmente maduras, estas inmadureces de su pareja no serán lo trágicas que eran mientras constantemente trataban de encontrar de nuevo a su padre o madre, lo que desde luego nunca podría suceder. Con todo y su actual inmadurez e incapacidad, pueden sin embargo construir una relación más madura, libre de la compulsión infantil de recrear y corregir el pasado.

No tienen idea de lo preocupado que está su subconsciente con el proceso de recrear el drama, por decirlo así, con la esperanza de que “esta vez será distinto”. ¡Y nunca lo es! Al transcurrir el tiempo, cada desilusión les pesa más y su alma se desanima más y más.

Para aquellos de mis amigos que no han alcanzado todavía ciertas profundidades de su subconsciente inexplorado, esto puede sonar muy absurdo y artificioso. Sin embargo, quienes han llegado a ver el poder de sus tendencias, sus compulsiones y sus imágenes ocultas no sólo lo creerán, sino que pronto experimentarán la verdad de estas palabras en su vida personal. Ya saben, gracias a otros hallazgos, lo potente que es el funcionamiento de su mente subconsciente, y lo astuta que es para ejercer su destructividad y su falta de lógica.

Si aprenden a ver sus problemas y sus insatisfacciones desde este punto de vista y siguen el proceso usual de permitir que sus emociones afloren, adquirirán muchas más percepciones internas. Pero será necesario, amigos míos, que reexperimenten el anhelo y la herida del niño dolido que fueron una vez, aunque también se sintieran felices. Su felicidad puede haber sido válida y sin autoengaño, pues es fácil ser tanto feliz como infeliz. Ahora pueden estar perfectamente conscientes de los aspectos felices de su niñez, pero de aquello que les dolió profundamente y de ese algo que tanto añoraban—ni siquiera sabían qué era—no eran conscientes. Veían la situación como algo de lo más natural. No sabían qué les faltaba ni que algo les faltaba. Tienen que volver consciente esta infelicidad básica ahora, si realmente quieren avanzar en su crecimiento interno. Tienen que reexperimentar el dolor agudo que una vez sufrieron pero apartaron de su vista. Ahora tienen que ver este dolor conscientes de la comprensión que han adquirido. Sólo haciendo esto entenderán el valor real de sus problemas actuales y los verán bajo su verdadera luz.

Ahora bien, ¿cómo logran experimentar las heridas de hace tanto tiempo? Sólo hay una manera, amigos míos. Piensen en un problema actual. Despójenlo de todas las capas sobreimpuestas de sus reacciones. La primera capa y la más accesible es la de la racionalización, la de “demostrar” que otros, o las situaciones, son los responsables, y no sus conflictos más íntimos que los hacen adoptar la actitud equivocada frente al problema real al que se enfrentan ahora. La siguiente podría ser el enojo, el resentimiento, la ansiedad, la frustración. Detrás de todas estas reacciones descubrirán la herida de no ser amados. Cuando experimenten la herida de no ser amados en su dilema actual, esto servirá para reavivar la herida de la infancia. Mientras hacen frente a la herida actual, recuerden y traten de reconsiderar la situación con sus padres: lo que éstos les dieron, lo que realmente pensaban ustedes de ellos. Se darán cuenta de que en muchos sentidos carecían de algo que nunca vieron claramente antes… no querían verlo. Descubrirán que esto debe de haberles lastimado cuando eran niños, pero tal vez hayan olvidado esta herida en un nivel consciente. Sin embargo, no está olvidada en absoluto. La herida de su problema actual es la misma herida. Ahora, reevalúen su herida actual comparándola con la herida de la infancia. Por fin verán claramente que es una y la misma. No importa lo verdadero y comprensible que sea su dolor actual, lo cierto es que es el mismo dolor de la niñez. Un poco después llegarán a ver cómo contribuyeron a producir el dolor actual a causa de su deseo de corregir la herida de la infancia. Pero al principio sólo tienen que sentir la similitud del dolor. Sin embargo, esto requiere un esfuerzo considerable, pues hay muchas emociones que se sobreimponen al dolor actual, así como al pasado. Antes de que hayan logrado cristalizar el dolor que están experimentando, no podrán entender nada más a este respecto.

Una vez que puedan sincronizar estos dos dolores y se den cuenta de que son uno y el mismo, el siguiente paso es mucho más fácil. Luego, al examinar el patrón repetitivo de sus diversas dificultades, aprenderán a reconocer las similitudes entre sus padres y las personas que les han causado dolor o se lo está causando ahora. Experimentar emocionalmente estas similitudes los llevará más lejos en el camino específico que lleva a disolver este conflicto básico. La mera evaluación intelectual no producirá ningún beneficio. Cuando sientan las similitudes, mientras al mismo tiempo experimenten el dolor de ahora y el dolor de entonces, poco a poco llegarán a entender cómo pensaron que tenían que escoger la situación actual porque, en lo más profundo de ustedes, no les era posible admitir la “derrota”.

No hace falta decir que muchas personas ni siquiera son conscientes de ningún dolor, pasado o presente. Se afanan en hacerlo a un lado. Sus problemas no les parecen un “dolor”. Para ellos, el primer paso es volverse conscientes de que este dolor está presente y que duele infinitamente más mientras no se den cuenta de él. Muchas personas tienen miedo de este dolor y les gusta creer que al ignorarlo pueden hacerlo desaparecer. Escogen este medio de alivio sólo porque sus conflictos se han vuelto demasiado grandes para ellos. Es mucho más maravilloso que una persona escoja este Pathwork con la sabiduría y la convicción de que, a la larga, un conflicto oculto hace tanto daño como uno manifiesto. No tendrá miedo de descubrir la emoción real y sentirá, aun en la experiencia temporal del dolor agudo, que en ese momento se convierte en un dolor sano de crecimiento, libre de amargura, de tensión, de angustia y de frustración.

También existen aquellos que toleran el dolor, pero de una manera negativa, esperando siempre que el remedio venga del exterior. En cierto sentido, estas personas están más cerca de la solución porque para ellas será muy fácil ver cómo opera todavía el proceso infantil. El exterior es el padre ofensor, o los dos padres, proyectados en otros seres humanos. Sólo tienen que redirigir el enfoque a sus dolores. No tienen que encontrarlos.

Sólo después de experimentar todas estas emociones y de sincronizar el “ahora” y el “entonces” podrán entender cómo trataron de corregir la situación. Verán además la insensatez del deseo inconsciente de recrear la herida de la infancia, la frustrante inutilidad de hacerlo. Contemplarán todas sus acciones y reacciones con esta nueva comprensión y percepción interna, con lo cual liberarán a sus padres. Dejarán su infancia verdaderamente atrás y comenzarán una nueva pauta de comportamiento que será infinitamente más constructiva y gratificante para ustedes y para otros. Ya no buscarán dominar la situación que no pudieron dominar de niños. Seguirán adelante a partir de donde están, olvidando y perdonando verdaderamente dentro de ustedes, sin siquiera pensar que lo han hecho. Ya no necesitarán ser amados como lo necesitaron cuando eran pequeños. Primero se dan cuenta de que esto es lo que aún desean, y después ya no buscan este tipo de amor. Como ya no son niños, buscarán el amor de manera diferente, dándolo en vez de esperándolo. Hay que hacer hincapié, no obstante, en que muchas personas no son conscientes de que sí lo esperan. Como la expectativa infantil e inconsciente fue frustrada tantas veces, se obligaron a renunciar a todas las expectativas y a todo deseo de amor. Sobra decir que esto no es ni genuino ni sano, pues es un extremo equivocado.

Para ser fructífero y producir resultados reales, el proceso de renunciar a la recreación de la situación infantil debe ir más allá del conocimiento intelectual. Tienen que permitirse sentir el dolor de ciertas insatisfacciones ahora y el dolor de la insatisfacción de su infancia, luego comparar los dos hasta que, como dos diapositivas separadas, gradualmente entren en foco y se vuelvan una. Una vez que esto sucede, la percepción interna que adquieren, la experiencia que viven exactamente como lo digo aquí, les permitirá dar los siguientes pasos indicados.

Trabajar en este conflicto interior es de gran importancia para algunos de mis amigos que han hecho suficientes progresos en este Pathwork. Necesitan estas instrucciones para tener una perspectiva nueva y mayor claridad, más allá del punto al que han llegado. Mis palabras les permitirán proceder en la dirección correcta. Para otros que no están tan avanzados o para los que no han iniciado una autobúsqueda, estas palabras sonarán tal vez un poco oscuras. Intelectualmente podrán entenderlas muy bien, pero todavía no serán capaces de aplicarlas a sus propias emociones y problemas de vida. Con todo, los apremio a pensar en esto: llegará el tiempo en que adquieran una nueva comprensión de ustedes gracias a estas palabras. Tal vez una vislumbre ocasional incluso ahora, o una emoción intermitente y temporal que estas palabras pueden causar en ustedes, serán útiles y les abrirán una puerta a conocerse mejor, a evaluar su vida con una perspectiva más realista y madura.

¿Hay preguntas en relación con esta conferencia?

PREGUNTA: Es muy difícil para mí entender que uno elige continuamente un objeto amoroso que tiene exactamente las mismas tendencias negativas que tuvo el padre o la madre. ¿Es una realidad que esta persona en particular tiene estas tendencias? ¿O es una proyección y una respuesta?

RESPUESTA: Puede ser ambas cosas o ninguna. De hecho, la mayor parte del tiempo es una combinación. Ciertos aspectos se buscan inconscientemente y se encuentran, y resulta que son similares. Pero las similitudes existentes son realzadas por la persona que hace la recreación. No son sólo cualidades proyectadas, “vistas” aunque no estén realmente allí, pero están latentes en cierto grado sin ser manifiestas. Estas son alentadas y traídas a la superficie por la actitud de la persona con el problema interior no reconocido. Este individuo fomenta algo en la otra persona provocando la reacción que es similar a la del padre. La provocación, que desde luego es enteramente inconsciente, es un factor muy fuerte aquí.

La suma total de una personalidad humana consta de muchos aspectos. De éstos, digamos que tres o cuatro pueden ser similares a algunos rasgos del padre o de la madre del recreador. El más sobresaliente sería un tipo especial de inmadurez e incapacidad de amar. Eso por sí solo es lo bastante poderoso y suficiente en esencia para reproducir la misma situación.

La misma persona no reaccionaría ante otros como reacciona ante ustedes, porque son ustedes los que provocan, y de esta manera reproducen condiciones similares a las de su infancia con el fin de corregirlas. Su miedo, su autocastigo, su frustración, su enojo, su hostilidad, su negativa a dar amor y afecto, todas estas tendencias de su niño interior constantemente provocan a la otra persona y suscitan una respuesta de esa parte que es débil e inmadura. No obstante, una persona más madura afectará a otros de manera diferente y sacará a relucir su madurez y su integridad, pues no existe una persona que no tenga algunos aspectos maduros.

PREGUNTA: Me siento muy confundido acerca del control de los pensamientos. Siento que es terriblemente cansado estar siempre alerta durante todo el día y vivir en el aquí y el ahora inmediatos. Sin embargo, en mi trabajo estoy completamente inmerso, absorto y concentrado. Puedo concentrarme durante horas. Pero después siento que es relajante dejar que mi mente divague y no usarla como el rayo de luz de una lámpara para fijarme en todo lo que pasa a mi alrededor.

RESPUESTA: Éste es un enorme malentendido. Nunca quise decir que constantemente debas tener la mente serena, y menos aun tensa. No tienes que concentrarte de forma ininterrumpida en un tema en particular. Esa no es la forma de hacer las cosas. Si consigues hacer este ejercicio de cinco minutos todos los días de la manera más relajada posible, descubrirás que poco a poco estarás más alerta y más despierto de una manera natural. Es un proceso gradual de crecimiento que ocurre sin intención, sin forzarlo. Si te relajas y dejas que tu mente divague después de un periodo de tensión, eso está bien. No hay nada de malo en ello. Nunca dije que deberían hacer estos ejercicios de concentración 24 horas al día. Dije que deberían intentarlo durante cinco minutos al día. Hay una gran diferencia. Después de volverte un poco más competente, automáticamente y sin tensión estarás más alerta y concentrado sin fatigarte. Entonces empezarás a funcionar mejor de muchas maneras. El hecho de que te canse estar “aquí, en el ahora”, y de que tu espíritu tenga que divagar durante las horas de vigilia a fin de relajarse es señal de algún mal manejo de tu naturaleza interna. Todas las personas necesitan un descanso ocasional durante el cual el espíritu abandona el cuerpo. Esto ocurre regularmente durante el sueño. Pero si el espíritu tiene que medio divagar durante las horas de vigilia a fin de relajarse, significa que hay algo que no está bien manejado entre el espíritu, el cuerpo y la mente. Esto tiene muchos efectos nocivos en el sentido de que te impide vivir plenamente la vida, y ver y percibir la realidad y a las personas que te rodean. A fin de remediar la situación, no debes forzarte a concentrarte durante todas tus horas de vigilia.

Hay muchos factores psicológicos que desempeñan un papel y producen este mal manejo. Será sumamente importante que te desarrolles más en esa dirección. Pero, además, el ejercicio de cinco minutos será útil.

Uno de los factores psicológicos causantes de la tendencia a permitir que el espíritu divague es el miedo: el miedo a la vida, y por lo tanto el miedo de estar en la realidad presente de la vida, y el temor de lidiar con ella. Otro factor es cierto egocentrismo, una falta de interés en lo que está sucediendo realmente y el sentimiento de que es más agradable divagar en las nubes. Pero, repito, este proceso no debe ni puede cambiarse forzándose constantemente a ocupar los pensamientos y la mente con cosas que no les interesan. Éste debe ser un proceso natural que se desarrolle orgánicamente. Al hacer los ejercicios de concentración descubrirás a la larga un cambio muy gradual y lento. Estarás naturalmente más alerta al presente y serás más observador. Te interesará lo que te rodea sin sentir tensión dentro de ti.

PREGUNTA: Usted ha dicho que la madurez emocional es la voluntad y la capacidad de amar. A mí me parece que la madurez intelectual debe significar otra cosa. ¿Cómo interactúan ambas y cómo influye una en la otra?

RESPUESTA: Ambas son funciones necesarias del individuo sano. Como dije una vez, son como las dos piernas que necesitas para caminar por la vida. La madurez intelectual es tu capacidad de pensar, de juzgar, de evaluar, de discriminar, de formar conceptos, de planear, de usar tu voluntad, de usar tu mente, de tomar decisiones, de utilizar tus virtudes, de dirigir tu vida y, por último pero no menos importante, de educar o reeducar las emociones infantiles implantando en ti los conceptos a los que hayas llegado independientemente, después de pensar las cosas muy bien. No porque otros hayan dicho que son de un modo o de otro, sino porque reflexionaste sobre ellas y de ese modo las hiciste propias. Así, tu intelecto puede influir sobre tus emociones a través de tu capacidad de pensar. Por otra parte, las emociones infantiles y no atendidas pueden influir en tu capacidad de pensamiento matizando tus puntos de vista y haciéndote perder objetividad. Tu capacidad de pensar es madurez intelectual. Y la manera en que manejas tus reacciones emocionales, tus sentimientos y tus instintos determina tu madurez emocional o la falta de ella.

PREGUNTA: ¿Puede uno estar mucho más desarrollado en una dirección que en la otra?

RESPUESTA. Efectivamente, muchas veces hay un desequilibrio entre estas dos piernas, y una está más desarrollada que la otra. Este desequilibrio impide la integración del ser humano. Entre otros aspectos, el propósito y objetivo de este trabajo es lograr un equilibrio adecuado. En muchos casos, una persona está más desarrollada en una dirección y un área de la personalidad, y es débil en otra. Muchos que no siguen un camino como el de ustedes siguen alimentando y cultivando el aspecto ya sobredesarrollado. Eso, desde luego, no es sano; no trae la armonía y el equilibrio deseados. La gente lo hace porque prefiere pensar en sus fortalezas más que en sus debilidades.

PREGUNTA: ¿Diría usted que la inmadurez emocional se caracteriza por un énfasis en fuertes gustos y disgustos sin distinguir cuáles son los valores? Usamos la vara de medir equivocada. En vez de medir y discriminar, estamos a favor o en contra de algo porque nos gusta o nos disgusta, independientemente de su mérito intrínseco.

RESPUESTA: Exactamente. Esa es la subjetividad que surge de las emociones infantiles. Desde luego, una persona intelectualmente medio madura encontrará razones adecuadas para ocultar esta reacción emocional y esta subjetividad. Eso es lo que se llama racionalización. Así, la persona intelectualmente inmadura encontrará razones y explicaciones para su comportamiento o actitud irracional, emocional y subjetiva.

PREGUNTA: En una ocasión dijo usted que podía escuchar al alma gritar. ¿Eso también sucede entre las diferentes mentes subconscientes de dos seres humanos distintos? ¿Un subconsciente escucha los gritos del otro? ¿Por eso siente uno la hostilidad que emana de la otra persona?

RESPUESTA: Sí. Por eso siempre digo que tu subconsciente afecta el subconsciente de la otra persona. Vas por la vida ofendiéndote con otros porque no responden a tus acciones exteriores. Tú mismo no te das cuenta de cuáles son tus acciones interiores. Tus acciones o reacciones interiores son percibidas de manera precisa por tus congéneres y ellos reaccionan a esa parte de ti. Sus almas escuchan esa voz o la perciben con otros órganos sensoriales internos que oyen, ven, huelen y gustan. Por esto el subconsciente de uno afecta el subconsciente del otro.

Muchas veces, las personas se sienten injustamente tratadas cuando saben que sus acciones fueron buenas. Se concentran en todas sus acciones exteriores correctas pero dejan fuera las motivaciones inconscientes interiores que existen además de las exteriores, conscientes y correctas. Si aprendes a ser completamente honesto contigo mismo y reconoces tus motivaciones y sentimientos ocultos, entenderás por qué reaccionan otras personas a ti como lo hacen, y ya no te considerarás una víctima de la injusticia.

PREGUNTA: ¿Cómo puedo distinguir si la otra persona me provocó o yo la provoqué?

RESPUESTA: No es necesario saber quién empezó, pues ésta es una reacción en cadena, un círculo vicioso. Es útil que empieces por encontrar tu propia provocación, quizás en respuesta a una provocación abierta u oculta de la otra persona. Así te darás cuenta de que como fuiste provocado, tú provocas a la otra persona. Y porque lo haces, el otro de nuevo te responde con la misma moneda. Pero cuando examinas tu razón real, no la superficial, la razón por la que fuiste lastimado en primer lugar y, por lo tanto, provocado, ya no considerarás que esta herida es desastrosa si escuchaste bien la conferencia de esta noche. Tendrás una reacción diferente ante la herida, y, en consecuencia, la herida disminuirá automáticamente. Por lo tanto, ya no sentirás la necesidad de provocar a la otra persona. Asimismo, conforme disminuya la necesidad de reproducir la situación de la infancia, te retraerás menos y lastimarás a otros con mucha menor frecuencia para que ellos no tengan que provocarte. Si lo hacen, ahora también entenderás que reaccionaron a causa de las mismas necesidades infantiles y ciegas que tienes tú. Ahora puedes ver que atribuyes diferentes motivaciones a la provocación de la otra persona que a la tuya, aun si realmente te das cuenta de que tú iniciaste la provocación. A medida que adquieras una visión diferente de tu propia herida, y entiendas su origen real, lograrás tener el mismo desapego con respecto a la reacción de la otra persona. Encontrarás exactamente las mismas reacciones en ti que en el otro. Mientras no resuelvas el conflicto del niño, la diferencia parecerá enorme, pero cuando percibas la realidad, empezarás a romper el círculo vicioso repetitivo.

Cuando verdaderamente perciban esta interacción mutua, se liberarán del aislamiento y la culpa que todos ustedes cargan. Constantemente fluctúan entre su culpa y la acusación de injusticia que lanzan a quienes los rodean. Su niño interior se siente completamente diferente de otros, en su propio mundo. Vive en esa dañina ilusión. Cuando resuelvan este conflicto crecerá su conciencia de otras personas. En este momento son muy inconscientes de la realidad de otras personas. Por una parte, las acusan y se sienten desmesuradamente heridos por ellas porque no se entienden a sí mismos y, por ende, no entienden a la otra persona. Por otra parte, y al mismo tiempo, se niegan a tomar conciencia de cuando son lastimados. Esto parece paradójico, pero no lo es. Conforme experimenten por sí mismos las interacciones de las que he hablado esta noche, verán que esto es cierto. Aunque a veces pueden exagerar una herida, en otras ocasiones no se permiten saber que ésta ocurrió, porque esa herida tal vez no encaje en la imagen que tienen de la situación. Podría echar a perder la idea que se han construido, o tal vez no corresponde a su deseo del momento. Si la situación parece favorable en otros sentidos y encaja en su idea preconcebida, dejan fuera todo lo que los incomoda y permiten que se encone por debajo y cree una hostilidad inconsciente. Toda esta reacción inhibe sus facultades intuitivas, por lo menos en este sentido específico.

La constante provocación que ocurre entre los seres humanos, aunque ahora no son conscientes de ella, es una realidad que llegarán a percibir muy claramente. Esto tendrá un efecto muy liberador en ustedes y en su ambiente. Pero no pueden percibirla a menos que entiendan los patrones de los que hablé esta noche.

PREGUNTA: ¿Es posible de alguna manera establecer una tregua, aunque sea por dos o tres minutos, entre nuestro propio subconsciente y el de la otra persona? A veces vemos la realidad intelectualmente, pero para cuando le ordenamos al subconsciente hacer algo, ya está en rebeldía y ha hecho infeliz a la otra persona, y entonces también nosotros nos sentimos infelices. Todo podría haberse evitado si hubiera habido unos minutos de tregua.

RESPUESTA: Mira, querido mío, en primer lugar no se trata de darle órdenes al subconsciente. Es imposible hacer eso. Mientras intentes darle órdenes, se resistirá mucho. O podría engañarte, de manera que tú te engañes. El subconsciente sólo puede reeducarse mediante el proceso lento y gradual que seguimos en nuestro trabajo. Es más importante que te des cuenta plenamente de lo que sientes. En realidad, sólo estás medio consciente de lo que sientes la mayor parte del tiempo, y recurres a la sobreimposición de otro conjunto de sentimientos a tus reacciones reales. Éstos pueden ser otras emociones negativas; si son positivas, te estás engañando todavía más. Sólo despojándote de todas estas sobreimposiciones puedes entender la razón por la que tu subconsciente suele ser tan obstinado. Si sigue resistiéndose a tus buenos esfuerzos, debe de haber algo que no has entendido y con lo que no te has conectado. Entonces se trata de encontrar el bloqueo que causa esta obstrucción específica. Cuando esto suceda, no necesitarás una tregua breve. Estarás verdaderamente en paz contigo mismo, y por lo tanto con otros. Aunque puedas ordenar una tregua en tus acciones exteriores, con tus palabras, e incluso con tus pensamientos, el subconsciente no responde a esta disciplina. La tregua, como ves, no funciona en realidad. Es tan irreal como lo sería el efecto de tratar de ordenarle.

PREGUNTA: Suponga que somos capaces de poner nuestra propia casa en orden. ¿Eliminaríamos entonces las provocaciones en la otra persona?

RESPUESTA: Ni siquiera tienes que poner tu casa en orden hasta el grado de ser plenamente maduro y más o menos perfecto. Esta perfección casi nunca existe en la esfera humana. Pero la conciencia de tu inmadurez, una percepción y comprensión reales de tus reacciones y sentimientos que causan la provocación debilitarán el hábito de ésta lo suficiente para que finalmente dejes de provocar y ser provocado por otros. A medida que logres cierto desapego de ti de una manera muy sana, el impulso y la fuerza latentes y malsanos desaparecerán de tus reacciones emocionales. De hecho, diría incluso que éste es el único tipo de tregua válida que puedes alcanzar.

Permítete ver lo que realmente sientes y por qué. Y cuando tengas una visión general, sin más subterfugio ni autoengaño, este conocimiento ya no te inquietará. Tendrá un efecto muy calmante. Habrás hecho las paces contigo mismo mediante la aceptación de tus imperfecciones todavía existentes y dejarás de torturarte buscando una perfección que no puedes alcanzar en este momento. Una vez que aceptes la realidad de tu ser imperfecto, las heridas resultantes ya no serán tan serias y trágicas. Las aceptarás como consecuencia de tus imperfecciones aceptadas que ahora puedes observar con calma, y al mismo tiempo entenderlas más y acercarte así a la perfección y a la madurez. De esta manera, tu hostilidad se desvanecerá, lo mismo que tus provocaciones. Seguramente tendrás recaídas, pero las aceptarás con una perspectiva realista. Aprenderás más de ellas, en el entendido de que son posibles porque algo no ha penetrado con la suficiente profundidad y tiene que descubrirse de nuevo para que pueda ser asimilado en niveles más profundos de tu ser.

La hostilidad existe en ti porque no sabes que estás herido ni por qué lo estás. Recuerda las ocasiones en que realmente estabas consciente de una herida sin sentir enojo ni hostilidad. Tal vez te sientas triste, pero sentirse triste les parece a muchas personas tan humillante que prefieren enojarse y, por lo tanto, mostrarse hostiles. Ese es un tipo particular de infantilismo que existe en todos. Tú crees que es mucho mejor sentir enojo y hostilidad que tristeza, así que suprimes la herida real. Pero la hostilidad también tiene que ocultarse, porque te hace sentir culpable por otras razones, así que se manifiesta de una manera tortuosa y oculta, lo que a su vez produce más provocaciones. La provocación es el resultado de la hostilidad inconsciente y suprimida, y ésta es el resultado de la herida inconsciente y suprimida.

Sigan su camino, queridísimos míos, y que las bendiciones que les traemos a todos los envuelvan y penetren su cuerpo, su alma y su espíritu, para que puedan abrir su alma y convertirse en su ser real, su propio ser real.

Dictada el 11 de noviembre de 1960.