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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 77. La confianza en uno mismo: su verdadero origen y lo que impide tenerla

Saludos, mis muy queridos amigos. Traigo bendiciones para cada uno de ustedes. Bendita sea esta hora.

El tema de esta noche es la confianza en uno mismo. ¿Qué es la confianza en uno mismo? Cuando su ser real y su naturaleza intuitiva se manifiestan, no hay incertidumbre en ustedes, no hay ninguna duda acerca de su reacción o acción correcta, y tampoco hay titubeo. Su reacción instantánea y espontánea es de una naturaleza tal que saben, en lo más profundo de su ser: “Esto es correcto, esto es así”. Esto les ha sucedido a todos ustedes, por lo menos ocasionalmente. En ciertas circunstancias, su ser real pudo expresarse y manifestarse, sin que se lo impidieran las perturbadoras capas que generalmente lo cubren. Cualquiera que haya sido la ocasión, estuvieron ustedes a la altura de ella. Lidiaron con la situación de la única manera posible, y supieron sin sombra de duda que así era.

El humano verdaderamente sano y maduro casi siempre reacciona de esta manera, y cuando esto ocurre se establece automáticamente la genuina confianza en sí mismos, pues sólo cuando los guía su naturaleza intuitiva pueden confiar en sí mismos. Desde esta parte de su ser no tienen nada que temer de las capas de error, ilusión y compulsión que tienen. Estas sólo pueden llevarlos más a la ilusión y al error, y por lo tanto a la intranquilidad.

El propósito último de este trabajo de autobúsqueda es liberarlos de las capas sobreimpuestas para que su ser real pueda tomar las riendas y gobernar su vida. Así, es fácil ver que sus conflictos, imágenes, errores conceptuales y problemas internos le impiden a su ser real manifestarse. En este punto tenemos que entender la causa básica de los problemas.

En el transcurso del trabajo que están haciendo tal vez se hayan preguntado muchas veces: “¿Dónde está mi ser real? ¿Qué es?” Y piensan en este ser real como si fuera algo remoto que sólo puede pasar a un primer plano después de buscarlo en lugares lejanos… dentro de ustedes, desde luego. Es un misterio para ustedes; se sienten un poco intimidados y se imaginan que el ser real es algo sumamente extraño y nuevo. Por lo tanto, le tienen un poco de miedo. Pero no hay nada más alejado de la verdad. Ustedes conocen a su ser real. No tienen por qué temerle. No está muy lejos; de hecho, está cerca, enfrente de su nariz, por decirlo así, sólo que la mayor parte del tiempo no se dan cuenta. No lo usan y prefieren expresar el otro ser al que se han acostumbrado, pero que no es su ser real. Ese otro ser consta de los impulsos compulsivos que ustedes inconscientemente tienen que expresar a fin de ser felices, o sólo para sobrevivir. Cualquier cosa que surja de este nivel no expresa sus sentimientos reales. Éstos provienen de su ser real, que está justo debajo del patrón de comportamiento tenso, compulsivo y emocional. Una vez que dejen de creer, como lo hacen ahora inconscientemente, que el impulso compulsivo es necesario, y usen en su lugar sus sentimientos reales, surgirá su naturaleza intuitiva.

Después de que hagan un poco de trabajo constructivo y tengan percepciones internas válidas, sin duda se volverán conscientes de esta corriente compulsiva y la sentirán claramente, casi como una sustancia extraña y separada dentro de ustedes. Entonces entenderán que todas sus conclusiones equivocadas e imágenes son producto de esta corriente, a la también he llamado la corriente forzante. Esta se basa en un malentendido fundamental sobre la vida.

A fin de tener una visión amplia del tema, es necesario que repita ciertos puntos. Para aquellos de mis amigos que ya han encontrado en su interior lo que discuto aquí, mis palabras reforzarán sus hallazgos y los resaltarán con mayor claridad. A otros que no han encontrado esta corriente, y que ignoran lo fundamental que es este aspecto, se les ayudará a llegar al punto que es tan necesario para obtener libertad, para perder inhibiciones e incertidumbres, y para permitir al ser real salir a la superficie. Pero de nuevo insisto; el mero conocimiento intelectual jamás traerá libertad.

Lo que causa todos los conflictos y desviaciones es su deseo de ser felices, o de ser amados. Ser amados es un requisito necesario para ser felices y, por lo tanto, constituye una parte importante de sus impulsos compulsivos. Las subdivisiones y las divisiones de este impulso, como el deseo de ser aprobados y admirados, pueden tomar el lugar de su deseo de ser amados; también puede ser un factor adicional. Además hay un segundo aspecto. Su niño interior imagina que sólo puede ser feliz si se hace su voluntad. En ocasiones esto puede significar simplemente que su voluntad es ser amado y admirado. En otras ocasiones pueden sentirse infelices si sus seres queridos tienen defectos que ustedes desaprueban, o si sus opiniones son distintas de las de ustedes, o si les prohíben ir en pos de cierto objetivo. El niño que vive en ustedes cree que esto evita su felicidad.

Ustedes salen de la infancia con la convicción raramente consciente de que: “Para que yo sea feliz, debe hacerse mi voluntad”. Mientras no hayan reconocido esta convicción oculta, no pueden alcanzar la liberación que desean. Cuanto más entren en conflicto su intelecto con sus emociones ocultas, más difícil será desenterrar este error conceptual tan firmemente arraigado, que crea una corriente apretada y tensa: la corriente forzante. Esta crea una lucha, una tensión y una ansiedad constantes. Mientras menos conscientes sean de ella, más poderosa será dentro de su psique. Inconscientemente sienten que el que no se haga su voluntad es un asunto de vida o muerte. No lograrlo representa el abismo; no lograrlo significa la aniquilación para ustedes; inconscientemente, desde luego. Este miedo es tan fuerte que con frecuencia no se permiten reconocer que no se ha hecho su voluntad: tratan de fingir que lo que realmente querían ya no es deseable. Esto no sólo es orgullo, sino que se basa en el concepto equivocado de que no obtener lo que se desea significa terror, oscuridad e infelicidad.

Simultáneamente, la parte consciente que evoluciona se ha dado cuenta de que no siempre se puede tener lo que se quiere, y esto crea un elemento adicional de conflicto. Buscan maneras de vencer la amenaza de no lograr que se haga su voluntad, pero como los medios se buscan inconscientemente y no a la luz de la conciencia, y se buscan con el concepto equivocado de que hacer su voluntad y ser felices son una y la misma cosa, estos esfuerzos inconscientes no sólo son ineficaces, sino que traen más conflictos.

Por una parte, estos esfuerzos interiores van dirigidos a encontrar la realización. Por la otra, ustedes tienen el miedo constante de no tener éxito e inconscientemente trabajan para ocultar el “fracaso” de sí mismos. Así se crea una corriente que fluye en dos direcciones. Una pide que empujen, que traten de forzar a la vida, a las personas y a las circunstancias a rendirse a su voluntad, a conquistar la realidad en la que no todo puede suceder a la medida de sus deseos. Hay diversas maneras en las que tratan de hacer eso. Con frecuencia eligen varias cosas al mismo tiempo, sin darse cuenta de que son mutuamente excluyentes y frustrarían su propósito, aun si fuera posible que siempre obtuvieran lo que desean. Por eso, con frecuencia tienen mucho menos de lo que la vida en realidad podría darles, lo que crea la absurda situación de que los medios de que se valen para obtener siempre lo que quieren hacen que reciban menos de lo que obtendrían sin esta lucha. La segunda dirección de esta corriente tiene que ver con su miedo de no obtener lo que desean, e incluso la convicción de que nunca lo obtendrán, y los lleva a adoptar medios que son tan derrotistas y negativos que, de nuevo, sabotean lo que normalmente tendrían.

Tanto la creencia subyacente de que, o siempre deben obtener lo que quieren, o de que nunca pueden obtenerlo, así como los diversos medios por los que tratan de defenderse de estas conclusiones equivocadas, son irreales. Todos los impulsos que emplean a su servicio son igualmente irreales, imaginarios y, por lo tanto, ineficaces y dañinos. Son las capas sobreimpuestas, que cubren a su ser real. Su ser real funciona en la realidad. No puede manifestarse en un mundo autocreado de ilusión, en un mundo basado en suposiciones equivocadas. Por eso, siempre que su naturaleza intuitiva se ha manifestado en su vida y han experimentado una certidumbre profunda y serena, en ese momento seguramente estaban libres de la corriente forzante.

Su ser real y sus sentimientos reales son lo mismo que la creación, Dios, la vida, el destino, la fuerza vital cósmica, la corriente de la vida, o la realidad. En la realidad no son infelices si no siempre se hace su voluntad, no son infelices si no todos los aman y admiran, no son infelices si los demás no siempre están de acuerdo con ustedes, o tienen defectos que no pueden tolerar. Tampoco es real que nunca pueden obtener lo que realmente desean, que nunca pueden ser amados y respetados, que la vida y el mundo son hostiles con ustedes y les impiden cultivar lo mejor que tienen que ofrecer. No tienen que pelear; tampoco tienen que retraerse y alejarse para evitar los peligros de la vida. No tienen que rogar, llorar, someterse y vender su alma a fin de tener lo que quieren. Tampoco tienen que defenderse de la derrota constante: otro hecho supuesto que su subconsciente muchas veces da por sentado. Su ser real sabe todo esto. Pero mientras repitan su lucha inútil, no puede evolucionar. En su mundo de irrealidad operan impulsos irreales y falaces. Éstos no pueden funcionar más en la realidad que los sentimientos reales en un mundo de irrealidad.

¿Es sorprendente entonces que les falte confianza en sí mismos? Su ser más interno sabe perfectamente bien que en este nivel no pueden confiar en sí mismos. Esta confianza no estaría justificada, pues la capa sobreimpuesta, basada en la falsedad, sólo puede conducirlos a seudosoluciones insatisfactorias. Sólo si se liberan de la idea de que siempre tiene que hacerse su voluntad para que sean felices, se liberarán de la corriente de “yo quiero”. Y sólo cuando esa desaparezca funcionarán en el nivel que es real. Sabrán que la felicidad puede ser suya, pero no siempre de la manera en que lo desean, y cuando lo desean. En la realidad no son infelices si tienen que esperar y ocasionalmente darse por vencidos. Su infelicidad es una ilusión.

Si están en armonía con la corriente de la vida y se entregan a ella, lo que les llegue los llevará suavemente hacia delante. Mientras están en la irrealidad, conocen dos alternativas y ambas están igualmente equivocadas. Una es: “Sólo puedo ser feliz si todo ocurre cómo y cuándo lo quiero”. La otra alternativa es: “Como tantas veces no pude obtener lo quería, esto significa que jamás podré obtenerlo; por lo tanto, nunca podré ser feliz”. Operan en un nivel de ilusión, y donde hay ilusión, o falsedad, debe de haber incertidumbre, tensión, angustia, lucha y duda constantes. Parte de ustedes siente profundamente que no tienen nada seguro a lo cual aferrarse. Y, de alguna manera, tienen razón: mientras permanezcan en la ilusión no pueden asirse de la realidad, que es lo único seguro. La única seguridad reside en la verdad eterna y flexible de la corriente de la vida, que es eternamente independiente de las pequeñas realizaciones de deseos.

Si no pueden confiar en ustedes, no pueden confiar en la vida, en el mundo ni en Dios. Así que, amigos míos, una vez que hayan establecido esta realidad interna eliminando la premisa falsa y alejándose para siempre de ella, sin duda confiarán en ustedes, y por lo tanto en la corriente de la vida. Sólo entonces entenderán que esta corriente los provee exactamente de lo que necesitan en cada etapa de su vida. Se entregarán a ella, ya que ella y su ser real son uno. Esto no representa una actitud fatalista y pasiva en la que esperan sin hacer nunca nada. La corriente de la vida automáticamente crea el equilibrio correcto entre la actividad y la pasividad.

Aquellos de ustedes que han encontrado el tenso núcleo que pide a voz en cuello: “Yo quiero” sentirán mis palabras; entenderán su significado profundo y les darán una perspectiva nueva. Los que aún no han encontrado el núcleo lo harán tarde o temprano, si perseveran en este trabajo. Encuentren la áspera, tensa, rígida y al mismo tiempo vacilante corriente de “Yo quiero”. Encuentren también todos los medios a los que recurren, ya sea para obtener algo o para protegerse a sí mismos del horror de no obtenerlo.

Frecuentemente he mencionado ciertas actitudes que también se aplican aquí. Hasta ahora quizás no han entendido que estas actitudes son el resultado de la corriente forzante. Una de ellas es la sumisión. Cuando son sumisos se aferran y esperan el amor de otros. Para obtenerlo, renuncian a su propio ser y a sus propias opiniones, y no se alzan en su defensa. Siempre se ponen en desventaja, y pierden su dignidad y el respeto por sí mismos. Todo esto está cubierto con la racionalización de la generosidad, el sacrificio y su capacidad de amar. En realidad sólo usan la corriente forzante de la manera más abiertamente egocéntrica. Simplemente tratan de negociar y decir: “Si me someto a ti, debes amarme y hacer mi voluntad”. Aunque por fuera parecen humildes y flexibles, por dentro es todo lo contrario. Es indispensable que encuentren este aspecto en ustedes, no importa lo oculto que esté. También es necesario que lo entiendan. La sumisión nunca debe confundirse con el amor. Puede parecérsele, pero el contenido interior es muy diferente. Cuando tratan de apaciguar a la otra persona, es porque desean algo. De hecho, lo arrebatan y no esperan a que se les dé libremente. Cuanto más fuerte es la sumisión, más fuerte es la corriente forzante, que expresa su deseo de salirse con la suya.

Hay otra actitud, que suelen escoger las personas que se inclinan más a perder la esperanza de algún día obtener de otros lo que consideran necesario. La única esperanza que ven es usar todo su poder, todos sus impulsos egoístas e implacables para derrotar al enemigo que siempre se interpone en su camino. Se vuelven hostiles porque creen que todo el mundo es hostil y que la agresión es el único medio de conseguir la felicidad que desean. No hace falta decir que el resultado es el efecto opuesto: se enemistan con las personas de modo que éstas sí responden con hostilidad. Esto sólo refuerza sus conclusiones equivocadas. No ven que ellos han provocado esta situación y constantemente la agravan. Esto puede estar tan oculto que al principio parecería imposible rastrearlo. De hecho, muchas veces cuanto más fuerte es la actitud hostil, más oculta está. También es posible que esta actitud exista sólo en partes aisladas de la personalidad. Tal vez sea necesaria una gran cantidad de autobúsqueda y análisis de sus reacciones reales, yendo hasta las raíces de su significado, hasta que encuentren la existencia de esta actitud. Cuando encuentren una actitud de batallar temerosamente contra la aniquilación, por ejemplo, pueden estar seguros de que esta tendencia debe de existir en su psique. En otros casos, este temor puede ser inconsciente y aplicarse sólo a ciertos aspectos de su vida, mientras que en una parte más grande de su personalidad se sienten a gusto con el mundo. También eso puede ser difícil de rastrear.

Mientras que una persona sumisa es obviamente dependiente, la que tiene la actitud hostil se engaña al creer que es independiente, que está sola y lucha sola, y que jamás se doblega ante la voluntad de otros. Estos individuos nunca se dan cuenta de que son tan dependientes como el tipo sumiso, sólo que escogen medios diferentes para expresar su convicción de que deben obtener lo que quieren a fin de ser felices. Su estilo es rechazar las emociones, el afecto y lo que pueden considerar suavidad. Para ellos todo esto representa peligro. En vez de emociones reales o seudopositivas, fabricarán una dureza y una agresividad dentro de ellos que no es más real que el tipo sumiso de “amor”.

Otra manera de manejar la voluntad básica de ser feliz es la actitud que con tanta frecuencia he llamado retraimiento. En este caso, las personas están convencidas de que nunca alcanzarán la felicidad, y esto parece ser tan trágico que se protegen fingiendo que no desean nada de otros, de la vida ni del mundo. Se aíslan, jamás experimentan la temida derrota, y nunca se dan cuenta del negocio tan malo que han hecho con la vida. Quizás se protejan de las desilusiones y los fracasos, que en realidad no les dolerían ni la mitad de lo que ahora imaginan. Podrían experimentar la felicidad y la alegría que piensan que no les hacen falta, mientras que ahora vegetan sin ninguna experiencia real de vida. Aunque una persona con esta actitud predominante puede parecer más alegre y bien adaptada que otra, en lo más profundo de su ser hay una enorme desesperanza. De otro modo, no habría recurrido a estos medios tan drásticos. He señalado antes que los tres aspectos existen en la mayoría de las personas en alguna combinación, y esto crea conflictos adicionales en el alma. Si las personas recurren a varios medios, con la esperanza de estar completamente protegidas sin arriesgar nada, serán jaladas en direcciones opuestas.

Otra manera más de tratar de resolver las cosas es paralizando sus sentimientos reales. Esto sucede también con las tres actitudes antes descritas. Nunca permiten que sus sentimientos funcionen libre o naturalmente. O los meten en cintura artificialmente para crear un estado más dramático, exagerándolos por razones que les parecen a ustedes convenientes. La conveniencia, desde luego, es otra manera de manipular a la otra persona para que se sienta obligada a amarlos y obedecerlos. O bien, si temen la derrota, no permiten ni a su intuición ni a sus sentimientos reales guiarlos y llevarlos cuidadosamente por la corriente de la vida. En vez de eso, coartan, prohíben y aplastan sus sentimientos naturales. Tal vez su ser real haría que sus sentimientos reales se esfumaran también en una situación específica. Pero éste es un procedimiento muy diferente y tiene un efecto muy distinto sobre su personalidad que la manipulación artificial, aun si la meta es la misma. En otras ocasiones, la meta puede no ser la misma y lo que hacen con base en su visión limitada no sólo es innecesario, sino también perjudicial.

Su ser real sabe. Confíen en él. Su patrón de comportamiento compulsivo y sobreimpuesto está completamente ciego. Uno es aleatorio. Puede ser correcto o incorrecto, pero ustedes siguen estando inseguros. Es un procedimiento poco natural y autoritario. El otro está en armonía con su naturaleza y su vida. Por lo tanto, cualquier cosa que ocurra es orgánica y correcta. Si es correcto tener sentimientos por alguien, no necesitan aumentar sus emociones de manera artificial. Sentirán tan fuertemente como deberían hacerlo cuando le permitan a su personalidad desarrollarse libremente. Esto no puede suceder con todas las desviaciones y las premisas básicas falsas.

En una manipulación artificial le impiden a su alma crecer en armonía con su ser más interno. Le impiden a éste evolucionar. Impiden que sus sentimientos maduren y se manifiesten. Es posible que todavía no estén conscientes de todo esto, pero en el curso de este trabajo verán que es cierto. Es importante que entiendan las implicaciones de la manipulación artificial de sus sentimientos, ya sea agrandándolos o empequeñeciéndolos aún más. El resultado negativo es que impiden el crecimiento de un organismo vivo, pues eso son los sentimientos. Cualquier organismo vivo al que no se deja solo, sino que se le manipula constantemente, sufrirá un efecto muy paralizante. Eso es lo que hacen ustedes con sus sentimientos reales. Lo hacen cuando exageran y dramatizan un sentimiento positivo hacia alguien. Y lo hacen cuando se convencen a sí mismos de que sienten resentimiento y desprecio hacia una persona porque creen que esto es una protección contra la tragedia de ser rechazados. Finalmente, no es sorprendente que ya no sepan lo que realmente sienten y quieren, y quiénes son realmente. Sus sentimientos son la expresión de su ser. Si constantemente impiden a sus sentimientos reales funcionar y sustituir a los artificiales, no pueden conocerlos, y por lo tanto no pueden conocer a su ser real.

Sólo hay una manera de encontrar al ser real que tan ardientemente buscan en su trabajo. Primero tomen conciencia de la corriente forzante, la corriente de “yo quiero”, por una parte, y “tengo miedo de no recibir lo que quiero”, por la otra. Una vez que se den cuenta claramente de cómo se manifiesta esta corriente en ustedes, podrán soltarla. Entonces, y sólo entonces, podrán renunciar a ella. Si hacen eso una y otra vez, pronto se volverán conscientes de los sentimientos de su ser real que lentamente suben a la superficie después de que los han proscrito durante tanto tiempo porque les tenían miedo. No confiaban en ellos; por lo tanto, no podían confiar en ustedes mismos. Sólo pueden revertir el proceso volviéndose conscientes y luego eliminando el elemento al que sustituyeron.

Distinguirán claramente entre los sentimientos reales que hay debajo y las manipulaciones e impulsos que confunden con sus sentimientos. Los sentimientos reales son serenos. No les molesta ser pacientes. Cuando se expresan, no habrá duda ni titubeo. Como son uno con la corriente de la vida, los llevarán en la dirección correcta y no tendrán duda si están dispuestos a confiar en ellos.

¿Cómo pueden tener confianza en sí mismos si a lo único que puede dársela—su ser real, sus sentimientos reales—no le permiten funcionar, y en vez de ello recurren a sustitutos que los dejan en un estado de frenesí interior? Los que por fuera se ven tranquilos y bien equilibrados no están necesariamente libres de este aspecto. De hecho, puede estar sólo más oculto y ser tal vez más dañino. Pero me aventuro a decir que ese frenesí existe en todas las personas, a menos que lo encuentren y lo disuelvan en su trabajo. Si no se dan cuenta de él y lo sienten como un elemento separado de ustedes, no podrán renunciar a él.

Una vez que alcancen ese estado, experimentarán sentimientos que son casi imposibles de transmitir con palabras. El alivio de una carga que han llevado innecesariamente será tan enorme que su alegría y liberación serán una realidad intensamente sentida. Lo que hasta ahora han experimentado sólo en ocasiones aisladas, la manifestación de su naturaleza intuitiva, será cada vez más una reacción constante. Tendrán el conocimiento interno profundo—no en su cerebro, sino en su plexo solar—de que su reacción, o su conocimiento, o su decisión es correcta, y no sentirán ni culpa ni orgullo ni duda. Serán espontáneamente lo mejor que pueden ser: serenos y desinhibidos. Dirán lo correcto en el momento correcto, y sabrán cuándo no hablar. Estarán relajados y concentrados al mismo tiempo, plenamente conscientes y atentos al momento que están viviendo y sus requisitos. Sabrán que nada que debe ser suyo les faltará. No tendrán que entrar en un frenesí ni preocuparse de si hacen demasiado o demasiado poco. Harán lo que es necesario y eliminarán lo que es innecesario, sin miedo ni desasosiego.

Esta serenidad parece un ideal imposible de alcanzar en la Tierra, y no digo que se puede lograr de la noche a la mañana. Pero gradual e indudablemente la harán crecer y experimentarán con menos y menos frecuencia los inevitables contratiempos. A la larga ésta pasará a ser su verdadera naturaleza, como ciertamente lo es, una vez que disuelvan el clamor interno temeroso y tenso de: “Yo quiero, yo tengo que”. Cuando la tensión se relaja, flotan, no tienen miedo, no dudan y reconocen claramente lo ilusorio de su lucha. Ya no la necesitarán. La desecharán como una capa vieja, sucia y pesada que ya no les sirve. No necesitarán exagerar. No creerán que deben tenerlo todo o no tener nada. Hallarán la felicidad, pero sabrán que no todo tiene que suceder a la medida de sus deseos. No creerán que las personas son “buenas” o “malas”, y no dependerán de ellas demasiado ni desconfiarán de ellas, ni se quedarán solos en un mundo aparentemente hostil. Harán juicios basados en la realidad, viendo lo que es valioso y digno de confianza, pero sin “necesitarlo”. Y también verán las debilidades de las personas, sin sentirse personalmente amenazados y sin generalizar este aspecto humano. En este momento están haciendo todo esto constantemente, no importa cuánto lo disfracen.

Su expresión correcta, espontánea y desinhibida depende únicamente de si toman conciencia o no, o hasta qué grado, de la corriente forzante de “yo quiero” y la dejan ir. Este trabajo es un camino dentro del camino. Una vez que tengan una conciencia clara de la corriente y la sientan, visualizándola como una sustancia extraña, habrán llegado a la mitad de este aspecto de su desarrollo. Entonces el siguiente paso no será tan difícil.

¿Tienen preguntas que hacer?

PREGUNTA: Siento esta corriente forzante en mí. Sé que quiero cierta situación, aunque intelectualmente sé que no puedo tenerla. ¿Cómo puedo renunciar a la corriente forzante? ¿Cómo debo trabajar?

RESPUESTA: El primer requisito es sentir su existencia. Sólo verifícala. Luego hazte preguntas específicas. ¿Qué quiero? ¿Por qué? Es sumamente importante tener una respuesta clara y precisa a estas preguntas. Sabe lo que quieres en cualquier momento dado, y por qué. Además, ¿por qué es tan importante tener eso? Considera si en realidad es tan importante como lo crees ahora. Pregúntate qué pasaría si no lo tuvieras. Considera esta alternativa con una actitud nueva. A veces puede ser necesario que te concentres temporalmente en otra cosa que parezca no tener relación con el tema, pero al final verás la conexión. El trabajo mismo te guía en la dirección correcta, como mis amigos lo han observado muchas veces.

Cuando hayas considerado lo ilusorio de la importancia de que se realice tu deseo, y tus sentimientos sigan siendo tan tensos y poco libres como antes, debe de haber algo oculto que todavía no encuentras. Verás que la intensidad de tus sentimientos está fuera de proporción con tu visión intelectual de su importancia. Emocionalmente, parece que tu vida depende de ello, si bien sabes a la perfección que no es así. Esto te mostrará la discrepancia entre el tema y la intensidad de tus sentimientos. Cuando te des cuentas de ello, quizás te quedes azorado.

Si después de ver que hay una discrepancia entre la realización de tus deseos y tus necesidades reales, sigues sintiendo la misma intensidad, considera si la realización del deseo significaría para ti una protección imaginaria contra un peligro también imaginario. No es necesario que te diga que tienes que encontrar tu propio peligro imaginario. A menos que te des cuenta de esto, no puedes dejar ir el “arma” de tu corriente forzante.

No puedo insistir demasiado en que en este trabajo no puedes obtener resultados reales absorbiendo un conocimiento general. No basta que sepas, e incluso sientas, que hay en ti una corriente forzante. Tienes que encontrar la manera exacta y específica en la que ésta opera, cuáles son los temas y de qué manera tratas de superar los obstáculos a tu concepto infantil de felicidad. Esto puede no sólo variar con cada persona, sino que también varía en la misma persona. Un día tu corriente forzante se manifiesta de una manera, y al día siguiente de otra. Es posible que encuentres dos o tres maneras simultáneas, que se contradicen entre sí. Todo esto es muy individual, y necesitas encontrar cómo se expresan en ti estas diferentes maneras. De hecho, cuando tengas una percepción interna real, probablemente incluso olvides en el momento identificarla como la corriente forzante. Sólo después verás lo que fue. Tal vez ésta sea una manera de distinguir los reconocimientos reales de los falsos. En los primeros, apenas te das cuentas de lo que buscas y encuentras en el momento. En los segundos, luchas por usar el conocimiento que has escuchado y tratas de aplicarlo artificialmente.

Cuando descubras una obstinación emocional en el curso de este trabajo y estés perfectamente consciente de su irracionalidad sin poder evitarlo, entonces, como dije antes, seguramente tienes miedo de soltar la actitud porque supones que es una protección contra algo que temes. Es una armadura. Así, se vuelve imperativo que encuentres específicamente cuál es el peligro del que supuestamente debe salvarte el obstinado aferramiento a la “corriente de yo quiero”.

Desde luego que la respuesta es que tu niño interior cree que evitará el abismo de la infelicidad si se aferra a esta corriente. Pero, de nuevo, esta respuesta general no es suficiente porque puede haber muchas variaciones individuales en las que esto puede experimentarse en el subconsciente. Quizás la única manera en que puedas descubrir la verdad es usando palabras completamente diferentes. Tienes que encontrarlo todo de nuevo. Y entonces tal vez puedas ver que se reduce precisamente a lo que digo aquí. Inconscientemente puedes pensar en tu corriente forzante en términos diferentes, de modo que, emocionalmente, mis palabras acaso no signifiquen nada para ti.

Por cierto, amigos míos, me daría mucho gusto que me hicieran preguntas, de manera especial mis amigos que todavía no han tenido la oportunidad de recibir ayuda privada en su trabajo individual, que aún tienen que esperar… y el tiempo llegará si perseveran. La necesitan más que los demás que ya están bien encauzados en este Pathwork; pueden hacer mucho para prepararse para recibir una ayuda más intensa. Sería constructivo para todos ustedes, incluso para los que ya trabajan con un helper, preguntar qué sería bueno hacer como trabajo preparatorio. Esto será benéfico también para los amigos que no pueden asistir personalmente, pero leen estas conferencias. Así que renuncien a su timidez y a sus inhibiciones. Cuanto más participen con preguntas, mejor será para su preparación interna y la pérdida de sus inhibiciones. Esto será de un beneficio sustancial que todavía no pueden evaluar.

PREGUNTA: ¿No es verdad que a veces queremos alimentar nuestros resentimientos hacia ciertas personas y por eso buscamos sus defectos? ¿Qué podemos hacer al respecto?

RESPUESTA: Esta es una pregunta muy constructiva. Cuando quieres tener resentimientos, la primera y más obvia pregunta sería: ¿por qué? Una vez que te des cuenta de que quieres tener esos resentimientos, no será tan difícil descubrir por qué. Como siempre, debes hacer esto tan desapasionadamente y con una actitud tan nueva como si jamás se hubieran hecho preguntas de este tipo. Ignora la respuesta fácil que sería: por éste o aquel defecto de la otra persona. Esa no es la razón. Tienes que descubrir cuál es tu ventaja imaginada cuando eres agresivo y hostil.

PREGUNTA: ¿Una armadura, para no estar a la defensiva?

RESPUESTA: Si tienes miedo de estar a la defensiva, debes de sentirte culpable, de otro modo no tendrías que protegerte poniéndote a la ofensiva.

PREGUNTA: Sí, pero también le da a uno confianza en sí mismo.

RESPUESTA: En realidad no te da confianza en ti mismo estar resentido con otra persona y atrapado en el resentimiento sin poder hacer nada. Tus emociones se vuelven tan fuertes que ya no puedes manejarlas. Esto no produce confianza en ti mismo. Pero en tu irrealidad tal vez creas que sí, simplemente evitando averiguar de qué te sientes culpable. Si atacas a fin de ocultar algo, esto te volverá tan impotente como el objeto de tu ataque. Así, estás atrapado en un remolino y pierdes el gobierno de ti mismo.

Muchas veces sucede que uno resiente en el otro lo que realmente resiente en uno mismo. Si miras bien lo que te irrita de manera especial, inevitablemente descubrirás, tal vez de una manera distorsionada o modificada, que tú tienes un aspecto o actitud muy similar. Cuanto más te disgusta en ti, más proyectas tu disgusto en otros. Cuanto más oculto está, más lo compensas yéndote al otro extremo por fuera. Pero como cualquier solución no genuina tiene un efecto negativo, es inevitable que también ésta lo tenga. Uno de los síntomas es que resientes específicamente lo mismo en otros. Por lo tanto, el remedio reside en encontrar lo que hay en ti que todavía está oculto, y luego, al entender tu necesidad imaginada, disolverlo. En ese momento, ya no tendrás reacciones tan fuertes hacia otros. ¿Está claro?

PREGUNTA: Sí. También creo que es una excusa para el procedimiento que dice: “Si alguien va a salir lastimado, prefiero lastimarme yo a que otro me lastime”.

RESPUESTA: Sí, eso suele suceder también. He hablado del tema de la autodestructividad en el pasado, pero a la luz de nuestro nuevo conocimiento me gustaría discutir este asunto otra vez. Por favor, retómalo en otra ocasión.

Mis muy queridos amigos, permítanme despedirme de ustedes esta noche con la promesa, una vez más, de que éste es un universo benigno, de que no tienen nada que temer si salen de su ilusión, si renuncian al miedo, así como al error, de que su pequeño ser puede ser el juez de lo que les trae felicidad. Dejen que su ser grande, su ser real que está mucho más cerca de lo que ustedes creen, los guíe en la corriente de la vida. Todas las personas de esta Tierra que han encontrado maneras de explorar los reinos del subconsciente, ya sea en el psicoanálisis o en cualquier otra forma de psicoterapia, si en verdad tienen éxito, descubrirán las muy viejas verdades de la metafísica y la espiritualidad. Cuanto más éxito tengan sus métodos terrenales, más se integrarán con la base de todas las religiones, ya que las leyes divinas operan eternamente dentro de la psique, y esto se irá descubriendo más y más.

Vayan en paz, amigos míos. Regocíjense con el conocimiento de que la realidad debe hacerlos felices. ¡Sean benditos, queden con Dios!

Dictada el 6 de enero de 1961.