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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 81. Conflictos en el mundo de la dualidad

Saludos. Dios los bendiga a todos, mis muy queridos amigos. Bendita sea esta hora.

En este Pathwork pasan por varias fases. Hablando en términos amplios, hasta ahora hemos investigado el primer nivel de su mente inconsciente. Se trata del nivel en el que albergan impresiones y conclusiones equivocadas que se han convertido en generalizaciones rígidas acerca de diferentes aspectos de la vida. Llamamos a estas formas rígidas las imágenes del alma. Algunas de éstas pueden ser en sí insignificantes, pero son lo suficientemente importantes para distorsionar su vida.

Hemos penetrado en el mundo de la dualidad, que está por debajo de este nivel superficial de su mente subconsciente. En este nivel más profundo es donde se libra la batalla entre los opuestos. Esta batalla crea una enorme confusión en su vida. Esta confusión atañe tanto a los temas importantes como a los aparentemente menores. Los grandes opuestos son la vida y la muerte, la felicidad y la infelicidad, el amor y el egoísmo, la luz y la oscuridad. La confusión de ustedes se produce porque cierta actitud hacia la vida, que supuestamente debe conducir a la meta deseada, muchas veces arrastra con ella, por lo menos hasta cierto grado, la meta no deseada. Se necesita mucha autohonestidad y conciencia para entender este fenómeno y detectar el error interno de la acción y reacción responsables de este confuso resultado.

La religión simboliza la lucha entre opuestos como la lucha entre Dios y el demonio. Se dice que las confusiones que se originan de esta dualidad son un truco de Satanás para engañar a la Humanidad de manera que ya no pueda distinguir entre la senda de Dios y la senda del demonio. Lo que es intrínsecamente egoísta y destructivo suele aparecer en un nivel superficial como recto y virtuoso, y viceversa. La distorsión de la verdad en falsedad es parte de la gran batalla entre las fuerzas de la luz y las fuerzas de la oscuridad, que los seres humanos erróneamente imaginan que se libra fuera de ellos; tienden a creer que son simples víctimas atrapadas en medio.

Tener que escoger entre las alternativas cotidianas que los confrontan muchas veces genera confusión. Estas alternativas no son burdamente “buenas” o “malas”; ambas parecen proceder de la misma lucha básica que se desarrolla en el alma humana.

La psicología moderna ha reconocido el mismo problema fundamental, y lo ha llamado instinto de vida versus instinto de muerte, o principio de placer versus principio de realidad. Sin embargo, en relación con el principio de realidad también hay confusión. Muchas veces las personas no saben con claridad qué principio representa a Dios, y cuál al demonio. ¿El principio de placer es egoísta y por lo tanto destructivo? ¿Pueden ustedes entregarse a él sin lastimar a otros? ¿Y representa el principio de realidad el deber, la responsabilidad, el trabajo, el logro y por lo tanto es constructivo? Por otra parte, se les dice a ustedes que Dios es felicidad, dicha, luz, y el principio de placer los hace anhelar eso. Lo sepan o no, en este punto están sumidos en una de las más grandes confusiones de la Humanidad.

Debajo de todos los conflictos que han descubierto a través de su trabajo en este camino hay un conflicto mayor relacionado siempre con su mundo de dualidad. Detrás de sus imágenes y sus conceptos erróneos siempre encuentran un conflicto. De un modo u otro, descubren que están desgarrados entre varias alternativas. Al despojarse de cualesquiera motivaciones sobreimpuestas, en el centro encontrarán los opuestos básicos.

Pero este nivel de dualidad en el que están desgarrados entre los opuestos no es todavía el centro. Detrás de él está el origen del mundo de la dualidad, así como el mundo de la dualidad es donde se originan sus imágenes. Extrañamente, esta fuente subyacente se convierte en el siguiente nivel en un lado de los dos opuestos. En otras palabras, la fuente, que es un centro unificado, se divide en el siguiente nivel de consciencia en dos opuestos. Este centro subyacente es el anhelo de ustedes de felicidad completa, luz, amor, dicha suprema, paz. El anhelo original es de felicidad suprema, pero la vida en la Tierra prohíbe esta realización. Esta prohibición crea el mundo de la dualidad, y de ahí su conflicto. Sin embargo, es igualmente cierto que el mundo de la dualidad creó la prohibición. Creó condiciones de vida en la Tierra que hicieron de la “realidad” algo que se oponía al principio de placer, para hablar en términos psicológicos; en términos espirituales, esa “realidad” en la Tierra se opone al principio divino de la dicha suprema.

Esto los coloca a ustedes en un círculo vicioso. La pregunta que hay que hacerse aquí es cómo salir de él y encontrar el camino a la luz de la verdad. En primer lugar, tienen que entender a qué se debe, al menos en parte, la creación, por parte del ser humano, de la dualidad a partir de un solo centro.

La vida en la Tierra entraña necesariamente la muerte física. Aun si eliminamos muchos de los sufrimientos de la Tierra por ser innecesarios, por haberse creado a causa de la confusión, la muerte física sigue existiendo. Y sigue siendo un misterio, algo desconocido y por lo tanto aterrador, a pesar de la fe religiosa. Parece ser un final; como tal, está en crasa oposición al anhelo de vida. Y la vida, en esencia, significa dicha suprema. Todas las explicaciones religiosas, por ciertas que sean, siguen siendo conjeturas. Así pues, si seguimos estos pasos lógicos, veremos que el miedo a la muerte crea el mundo de la dualidad, y el mundo de la dualidad crea una realidad que dice “no” al anhelo de la Humanidad de realizarse por completo. Esto nos deja con el problema de la muerte. Es lidiando con ella como podemos romper el círculo vicioso.

La Humanidad ha tratado de hacer frente a la muerte durante todo el tiempo que ha existido. Por desgracia, estos intentos fueron insatisfactorios y estaban condenados al fracaso, así como sus intentos inconscientes de resolver sus problemas psicológicos por medio de atajos y evasiones están condenados al fracaso. En vez de confrontar el tema de lleno, ustedes sobreimponen respuestas prefabricadas que tal vez sean ciertas como tales, pero que no lo son para ustedes personalmente porque no han llegado a ellas usando la fuerza y el valor que proceden sólo de hacer frente al tema. Más bien escogen el camino de la evasión por miedo y debilidad. Esta es una manera de tratar de lidiar con el problema. Muchas personas religiosas que se aferran a la fe por miedo son ejemplos de aquellos que quieren evitar confrontar la realidad de la muerte en esta Tierra.

Otro intento de lidiar con el problema de la muerte es a través de la negación de lo mismo que uno anhela más profundamente. La Humanidad añora la dicha suprema y la vida eterna, pero muchos que las desean están aterrorizados de no poderlas tener. Por lo tanto se apresuran a negar lo que más anhelan. Esta autodestructividad puede encontrarse en todos los niveles. Se manifiesta en la actitud de ustedes hacia aspectos menos importantes de la vida, pero es básicamente su manera de hacer frente al problema de la muerte. El ateo/materialista y la persona superficialmente religiosa que quiere evitar la muerte por medio de la fe sobreimpuesta son dos prototipos. Ninguno de ellos se da cuenta de que cada uno está haciendo esencialmente lo mismo, es decir, desechar lo que más desean. Se oponen violentamente entre sí, porque para cada uno el otro representa lo opuesto de lo que él cree que es la solución al gran problema. Sin embargo, ninguno ha encontrado la respuesta, ya que ésta debe llegar del ser, de dentro. Y llega sólo cuando se enfrentan valientemente a estos problemas, preguntas, confusiones y temores, y examinan cómo han tratado hasta ahora, en su manera específica, de lidiar con ellos.

Mis palabras sobre el anhelo de Dios pueden sonar distantes y abstractas. Cuando tratan ustedes de imaginar la dicha divina de la que gozan los espíritus, su asociación automática produce algo que generalmente es muy distinto de la felicidad que ustedes como humanos anhelan. Se imaginan la dicha del paraíso como algo aburrido, estéril, poco interesante. Hay muchas personas que creen que la presencia misma de la infelicidad es lo que da a la felicidad su sabor. Desde luego que eso no es cierto. Como la palabra “felicidad” tiene para la mayoría de ustedes la connotación de una espiritualidad vaga y distante, usemos mejor la frase “placer supremo en todos los niveles de su ser”. Su anhelo muy arraigado de este “placer supremo” está en constante conflicto con la realidad tal como la conocen en la Tierra. Esto es el resultado de su incapacidad de reconciliarse con la muerte.

La psicología moderna afirma que este anhelo tan arraigado procede del deseo de regresar al vientre materno, donde el feto vivía en un estado de ser, sin preocupaciones, responsabilidades ni sufrimientos. Cuanto más crece la entidad, más tiene que enfrentarse a las realidades de la vida; por lo tanto, la lucha se vuelve más intensa. Pero el anhelo del ser humano se remonta a un tiempo anterior al que estuvo en el vientre materno. La verdad es que todos ustedes tienen incrustado en su espíritu el vago recuerdo de una vida en otro estado de conciencia, cuando no conocían nada salvo la dicha suprema sin ninguna alternativa contraria. Pueden recapturar este estado gradualmente, por etapas, y hasta cierto grado, aunque todavía sean entidades encarnadas. No basta con que eliminen sus imágenes y conclusiones erróneas. Sin embargo, conforme lo hagan, irán descubriendo el nivel del mundo de la dualidad. Una vez que lo comprendan en su centro más profundo, se verán cara a cara con su lucha contra la muerte, o contra el “antiplacer”, si me permiten decirlo así.

Como lo indiqué antes, existen dos manera principales en las que el inconsciente trata de lidiar con la muerte. Ambas se basan en la negación: una por evasión, y la otra entrando deliberadamente en lo que más temen. En ambas alternativas luchan con desesperación contra la muerte. No luchan menos cuando deliberadamente escogen la muerte por un miedo atroz, con un espíritu negativo de debilidad. Es una elección completamente diferente aceptar la muerte de una manera sana, nacida de la fuerza.

Cuando uso la palabra “muerte” no me refiero sólo a la muerte física. Me refiero a todos los aspectos negativos de la vida, a todo lo que se opone a su impulso de placer. En ese sentido muerte significa también pérdida, cambio y lo desconocido que tal vez contenga algo mejor que el estado en que se encuentran, pero que, por el hecho mismo de ser desconocido, se vuelve aterrador. No existe un ser humano que no muera muchas pequeñas muertes todos los días.

Su actitud hacia la muerte en todos sus aspectos determina su capacidad de vivir y experimentar el placer. Cuanto más sana es su actitud hacia la muerte, más puede fluir a través de ustedes la fuerza de vida, y por lo tanto más sana y duradera será la gratificación de su impulso de placer.

Su primer paso es detectar cuánto luchan contra la muerte. Vuélvanse plenamente conscientes de esto, así como necesitan volverse plenamente conscientes de su constante anhelo de experimentar el placer supremo. Ambos pueden estar muy ocultos. Encuentren de cuál de las dos maneras han elegido hacer frente a la muerte: evadiéndola o corriendo hacia ella. Ambas están presentes en todos los seres humanos, pero una o la otra puede predominar.

En la segunda manera, sabotean la felicidad que podrían tener porque sienten demasiado miedo de perderla otra vez, o de no alcanzarla en el grado en que desean hacerlo. Dicen: “La muerte o la pérdida son inevitables de todas maneras, así que mejor le pongo fin a todo”. Un ejemplo extremo de esto es el suicidio.

Están ustedes desgarrados entre dos intentos insatisfactorios y dañinos de negar la muerte. Estos intentos artificiales, contundentes y estrechos los acercan mucho más a lo que quieren evitar, y frustran lo que desean obtener. Así que no es en la aceptación misma donde encuentran fuerza y sanación, sino en la forma en que eligen aceptar la muerte. La aceptación mezclada con miedo y negatividad—los cuales llevan a la autodestrucción—es muy diferente de una aceptación sana y fuerte de lo inevitable. Enfrentando de lleno la muerte, sin encogerse, llegarán a reconciliarse con ella, liberando así la fuerza vital que hay en ustedes y que permanece reprimida mientras no aprendan a lidiar con la muerte de una manera sana.

Ustedes intuyen que la solución está en la aceptación. Pero también creen que en la aceptación radica la aniquilación. Mientras no traigan a la conciencia esta confusión, no podrán empezar a abrirse camino a través del laberinto.

Enfrentadas a esta confusión, las personas suelen recurrir a la religión en cualquiera de sus varias formas. Pero lo hacen con un espíritu de evasión y miedo. Así, la religión, no importa cuán verdaderas sean sus enseñanzas, no ayuda en realidad, así como el tipo equivocado de aceptación tampoco ayuda. Este tipo de religiosidad no ayuda porque se le acepta por debilidad, lo que contamina las motivaciones de las personas. Al intuir profundamente la falsedad de sus motivos, se desprecian por ello. Además, la fe sobreimpuesta no tiene el poder real de ayudarlas. Aceptan a Dios, y todo lo que implica la creencia en Dios, no por verdadera convicción, ni por una percepción profunda y genuina, sino porque tienen miedo. Así, los enemigos de la religión suelen decir que la religión es un opiáceo. De la misma manera, los enemigos del materialismo tienen razón cuando rechazan el punto de vista materialista, no sólo porque no es cierto, sino también porque el motivo para aceptarlo es el miedo.

Cuanto más examinamos este tema, más nos convencemos de que la solución reside en hacer frente a lo desconocido y confrontar el miedo que produce. La tarea es aprender la fuerza para morir, pues sólo la persona que sabe cómo morir sabe cómo vivir.

Sobra decir que no tienen ustedes que esperar a experimentar la muerte física real para aprender a morir. No sólo puede ayudarles su miedo consciente ocasional a todo lo que signifique muerte, sino también todos los demás aspectos de la muerte que comprenden el diario vivir. Si no saben cómo morir, no pueden vivir porque no pueden reconciliar los opuestos que constituyen la dualidad en su propia alma. Por consiguiente, no pueden liberar la fuerza de vida que reside, inutilizada, dentro de ustedes.

Así que examinen también su fe, amigos míos. No teman reconocer que, en el grado que sea, es también una sobreimposición intelectual a la que se aferran por debilidad y miedo. Esta franca admisión les dará la fuerza misma que necesitan para construir una fe genuina que también sea una convicción y un conocimiento. Vendrá de una experiencia interna de las verdades que hasta ahora sólo han conocido intelectualmente. Esta certidumbre les llegará después de que hayan aprendido a lidiar con la muerte en el sentido más completo. Mientras su capacidad para aceptar la muerte se base en el conocimiento sobreimpuesto de que la vida continúa y la muerte es una ilusión, su fe estará construida sobre arena. Pero si dan el gran paso valeroso de hacer frente a su incredulidad, a su incertidumbre y a su miedo, y a reconciliarse con ellos aceptando lo desconocido, incrementarán su fuerza y abrirán un espacio a la verdadera convicción y a la experiencia de la verdad espiritual. Entonces éstas se volverán parte de ustedes porque aprenderán a vivir. La fuerza vital se liberará y una gran medida de su anhelo de dicha suprema se realizará mientras todavía estén en la Tierra.

Busquen y encontrarán un área de su ser que se aferra a la vida sólo a fin de evitar la muerte. Esta motivación es negativa y niega la fuerza vital misma. Pero si se enfrentan a la muerte y se reconcilian con ella, su abrazo a la vida tendrá un espíritu positivo. Sólo esto puede resolver el problema de la dualidad, ya que la dualidad surge de la negación.

El problema de la dualidad tiene que enfrentarse finalmente a lo largo del camino del desarrollo y el crecimiento. Para algunos saldrá a la superficie más temprano, para otros más tarde, pero debe llegarles a todos.

No teman ser desleales a su fe cuando se enfrenten a esa parte de ella que está sobreimpuesta a su terror a la muerte. Sólo entonces podrán fortalecerse verdaderamente, pues conocerán y aceptarán la incertidumbre de la muerte de pequeñas maneras, todos los días. Esta fortaleza no procede de la evasión, ni de nada negativo. Sabrán que la muerte es parte integral de la vida. En la medida en que crezcan en esta dirección, la fuerza vital fluirá a través de ustedes y les dará un anticipo de lo que son la verdadera felicidad, el placer supremo y la seguridad real, aunque todavía estén en el cuerpo.

Muchos aspectos de la vida civilizada se interponen en el camino de la dicha suprema que podría tenerse en cierto grado, aun en la Tierra. Son resultado directo de la dualidad interna, que a su vez proviene de la incapacidad de morir. La vida civilizada constantemente les impone a ustedes las alternativas de placer y displacer. Consideremos, por ejemplo, el trabajo que no siempre va de acuerdo con sus habilidades e inclinaciones creativas, y que por lo tanto no corresponde a sus gustos ni a su placer. Además, las condiciones del trabajo, con todos sus “debes” que se originan en factores políticos, económicos y sociológicos, que son, ellos mismos, el resultado de la dualidad interna, vuelven necesaria la lucha por la vida. Esto fomenta la ambición, los impulsos y las compulsiones. Además, éstos suelen confrontarlo a uno con obligaciones que tal vez sólo sean necesarias dentro del marco de su vida presente en la Tierra. De estas maneras se crea un principio de realidad que se opone claramente al anhelo y la realización de la felicidad que podría ser suya. Aquí los problemas internos individuales han producido colectivamente un estado de civilización que vuelve la vida innecesariamente difícil. Así, su realidad a menudo desagradable es en muchos sentidos innecesaria, y se manifiesta como una expresión colectiva de la dualidad interna. A medida que cada persona empieza a hacer frente a este problema en su interior, ayuda a cambiar el mundo y estas condiciones de maneras muy sutiles pero, sin embargo, decisivas. Conforme se concentran en este problema dentro de ustedes, se vuelven capaces de lidiar con la innecesaria dualidad de una manera mucho más sana. Al mismo tiempo, también ayudan a cambiar el principio colectivo de realidad exageradamente severo.

Ahora quiero hablar de otro conflicto y confusión. En el curso de este trabajo quizás se hayan vuelto sumamente conscientes del deseo de felicidad, amor, realización o—para emplear las palabras que he pronunciado esta noche—placer supremo. Han descubierto que gran parte de este anhelo viene de su insatisfacción como niños, que hoy se manifiesta como un ansia exagerada. Aprenden a distinguir entre el deseo sano de amar de manera madura y el ansia de ser amados. Con ayuda de esta conciencia se liberan hasta cierto grado del ansia. No obstante, es necesario que entiendan también el origen de la demanda excesiva. La necesidad proviene de un vago recuerdo arraigado en el espíritu.

Ahora bien, podrían preguntar: “Si este deseo tiene un origen espiritual, ¿entonces por qué es malsano?” Parte de la respuesta es que resulta imposible gratificar expectativas tan excesivas en esta Tierra dada la realidad que la Humanidad ha creado. Tampoco es suficiente decir que el ansia infantil es unilateral, mientras que el amor maduro está dispuesto a dar y amar tan completamente como desea recibir. En el adulto, el ansia infantil se fusiona sutilmente con la capacidad de amar madura, de manera que la justificación del individuo sigue siendo que: “Si tan sólo pudiera encontrar un amor tan completamente satisfactorio, estaría yo dispuesto a dar todo lo que tengo”. Esto suele ser cierto. Pero la respuesta reside en profundidades aún mayores.

La diferencia entre el deseo inmaduro y el ansia por una parte, y el deseo maduro de tener amor y placer supremo por la otra, no está determinada por la intensidad del sentimiento, sino por el elemento del tiempo, y la ilusión imperante del ser versus el otro. A menudo la gratificación de un instinto o la realización de un deseo puede producir un conflicto porque tal vez simultáneamente resulte dañina para otra persona. Puede volver a uno egoísta. Así, ustedes sienten que tienen que decidir entre el placer y la generosidad, los cuales son, ambos, parte del propósito divino. ¿Cómo ha de resolver uno esta dualidad? Tal vez recuerden una conferencia reciente que dicté sobre la gran transición en el desarrollo humano. [cf. Conferencia 75] En esa conferencia les mostré la ilusión del ser versus el otro. No existe una verdadera experiencia de dicha a expensas de otro. La comprensión de esta verdad les llegará sólo mientras avancen en este camino, a través de todos los pasos en que los dirijo.

Esta visión más amplia la alcanzarán sólo por medio de una reflexión sobre el elemento del tiempo. La gratificación instantánea—a la manera del niño—con frecuencia contrapone el propio placer al de otro. Sin embargo, desde una visión expandida, esto deja de ser cierto. Cuanto más maduro es uno, mejor puede conectar causa y efecto, aunque no estén juntos. El tiempo es un producto de su mundo de ilusión, y por lo tanto la duración del tiempo entre la causa y el efecto reviste gran importancia en su comprensión y evaluación de las cosas. Cuanto más madura una persona espiritual y emocionalmente, más supera los aspectos de la ilusión. Aunque aún viva en el tiempo, esa persona empieza a intuir el carácter ilusorio de éste. Prácticamente, esto se manifiesta en la capacidad de ver causa y efecto aun si éstos no se siguen en secuencia directa. Cuando sí lo hacen, hasta un niño muy pequeño empieza a hacer la conexión y aprende de ella. Por lo tanto, el proceso de crecimiento también está determinado por la capacidad de conectar causa y efecto incluso cuando estén separados en el tiempo.

Para hacer esto, tienen que conectar causas y efectos pasados y presentes. De todas maneras aprenden esto en su trabajo en el Pathwork. Pero también tienen que cultivar la paciencia en lo que concierne al presente. Si su impulso instintivo hacia la satisfacción de deseos interfiere en la felicidad de otra persona, o si por otras razones no pueden recibir de inmediato la gratificación que anhelan, pueden cultivar esta perspectiva más amplia. Eliminen la instantaneidad del deseo que en sí es sano, y empezarán a ver que la ley sigue su curso natural, y descubrirán que pueden elevarse sobre el tiempo por lo menos en cierto grado. Así que la difícil elección entre la felicidad y la generosidad existe sólo en el elemento del tiempo relativo.

Cuando su anhelo de felicidad no es gratificado instantáneamente, esto parece también una especie de muerte. Muchas veces puede sentirse como un sufrimiento desolador, y en ese sentido les parece una muerte. Cuando renuncian a la gratificación instantánea pero conservan la actitud de mantener vivo, en principio, el deseo de obtener lo que buscan, están usando la manera sana de hacer frente a la muerte. La renuncia al deseo mismo es en realidad una aceptación malsana de la muerte. A medida que se fortalecen de la manera sana, llegan a experimentar que con el tiempo sí obtienen lo que quieren. No pueden evitar volverse conscientes también de la ilusión de la muerte física, no por sobreimposición intelectual, sino por la fuerza que da lidiar con la muerte todos los días, poco a poco, y confrontarla de la manera sana.

Una vez que superen este conflicto, se allanará el camino hacia esa fuerza real de vivir que reside en la fuerza de morir.

¿Hay preguntas sobre este tema?

PREGUNTA: ¿Nos puede mostrar como enfocar este tema en nuestra vida cotidiana y en este trabajo? ¿Cómo podemos aprender a eliminar el tiempo?

RESPUESTA: Ese es un malentendido. No puedes eliminar el tiempo mientras vivas en la Tierra. Sólo puedes desarrollar una comprensión distinta, una visión más amplia. La causa y el efecto se acercan más, y por lo tanto el carácter ilusorio del tiempo disminuye en tu percepción. Empiezas a intuir algo detrás del tiempo.

El mejor enfoque práctico con el cual empezar es el proceso que estás usando en este trabajo. Todos ustedes empezaron a transitar este camino con la convicción de que muchos contratiempos de su vida eran causados por los defectos de otras personas, o por un destino cruel. Conforme avanzaron, descubrieron, no como teoría sino como verdad, que sus propias reacciones o actitudes eran las responsables de dichas ocurrencias. Esto les llegó como una maravillosa revelación. Tal vez aún no tengan tanto éxito en otras áreas de su vida, pero han empezado y ahora pueden conectar causa y efecto. Eran incapaces de hacer esto antes, ya que la causa y el efecto no estaban juntos. Sin embargo, una cuidadosa investigación ha revelado la conexión. Cuantos más problemas encuentren, y por lo tanto resuelvan, más cerca estarán de intuir la naturaleza ilusoria del tiempo.

Así que a este respecto tienen una nueva tarea, y cuanto más trabajen en ella más cerca estarán de intuir automáticamente otra dimensión detrás del tiempo. No quiero usar la palabra eternidad. Esta otra dimensión detrás del tiempo todavía no es la final, pues detrás de ella hay todavía algo más, y más allá de eso hay aún algo más, para lo que no dispongo de palabras.

En lo que se refiere al enfoque práctico para aprender a enfrentar la muerte en tu vida cotidiana, es tan evidente que casi no necesito explicarlo. Trabaja primero con el reconocimiento y la conciencia de la corriente básica de tu anhelo de experimentar el placer supremo, así como con la aprensión de la muerte en todas sus facetas. Esto no es tan difícil; es cuestión de concentrar tu atención. Al examinar tus diversos estados de ánimo, emociones, miedos, aprensiones y ansiedades—todos los cuales representan una forma de muerte personal—verás cómo reaccionas realmente a la muerte. Descubre cuál de las dos maneras equivocadas de lidiar con ella usas en tu respuesta emocional. Aprende a volverte consciente de todo lo que te hace encogerte; no reprimas este miedo.

Entonces empezarás a ver que temes no sólo lo negativo, sino también el cambio, porque te es desconocido.Esta es la gran batalla entre otro par de opuestos. Uno es el espíritu que va siempre hacia delante, el otro es la supuesta seguridad de la monotonía. El estancamiento es una distorsión del elemento eterno de ser.

Amigos míos, podrían decir que están conscientes de su anhelo de felicidad así como de su miedo de lo negativo. No, queridos míos, ni uno solo de ustedes está consciente ni del menor grado en que estas dos corrientes existen entre ustedes. Hay muchas cosas que descartan por condicionamiento. Este trabajo los hace enfocar con mayor claridad la conciencia de aquello que básicamente anhelan, y también lo que temen. A medida que esta conciencia crezca, entenderán de lo que les he estado hablando.

PREGUNTA: No entiendo lo que usted quiere decir cuando habla de que nuestra realidad nos resulta negativa, así que nos encogemos ante ella.

RESPUESTA: Hay muerte física y enfermedad, y el mundo de la materia, sujeto al deterioro. Hay lucha y trabajo por la subsistencia diaria, y obligaciones que les son impuestas y que tal vez no les gusten. La vida es cambio constante y trae pérdidas y factores desconocidos que crean ansiedad en ustedes. Todas estas cosas parecen bloquear el camino hacia la gratificación de su deseo de placer supremo. No les gusta, pero ésta es su realidad en esta etapa de la evolución.

PREGUNTA: ¿Puede explicar un poco más claramente en qué difiere la aceptación sana de la malsana, por ejemplo en un mártir.

RESPUESTA: La manera malsana contiene, sobre todo, un espíritu de derrotismo. Como lo dije antes, el miedo mismo de algo los hace correr hacia ello. Su deseo reprimido de lo opuesto a lo que temen, sea o no evitable, los hace abandonar el deseo mismo. La manera sana es decir: “Sí, la muerte es inoportuna. Realmente no sé lo que va a suceder y por lo tanto no me gusta. Pero es parte de la vida, y cuando me llegue, seré lo suficientemente fuerte para aceptarla. Otros han pasado por ella, y yo también lo haré. La enfrentaré con la conciencia plena de mi incertidumbre. Ahora sé que todavía le temo, pero aprenderé a aceptar lo que no puede evitarse, y así con el tiempo perderé mi miedo”. Esto se aplica también a todas las demás facetas negativas de la vida, y puede practicarse diariamente. Es muy difícil ponerlo en palabras. Tal vez les ayude a entender que visualicen un movimiento del alma de tensar y soltar. Cuando se esfuerzan por retraerse de algo que los asusta, se tensan y se sueltan. Este mismo acto de soltarse en tensión, los empuja a aquello que los asusta. La valentía, un honesto enfrentamiento con el ser y una actitud relajada producirán la fuerza necesaria. La falta de estos atributos los empujará a lo que temen o les hará huir de ello. Ambas conductas tienen el mismo resultado, a saber, la negación.

PREGUNTA: ¿Cuál es su actitud hacia el asceta? ¿Huye de todo? ¿Se enfrenta a la realidad o la evita?

RESPUESTA: En general, el asceta hace lo que hace para evitar lo que teme. Se niega el derecho al placer y a la felicidad mediante privaciones autoimpuestas. En otras palabras, escoge la privación innecesaria porque tiene un enorme miedo de otra privación.

PREGUNTA: ¿Y el asceta espiritual?

RESPUESTA: Es exactamente lo mismo. El ascetismo muchas veces es un gran autoengaño y una negación completa de la fuerza vital. El principio de muerte se teme tanto que la fuerza vital se niega por completo. Es una manera muy autodestructiva y dañina de lidiar con la muerte.

PREGUNTA: ¿Cómo explica usted el placer supremo que se deriva de lograr el dominio de los llamados problemas desagradables?

RESPUESTA: Todo depende del motivo y de la manera en que se haga. Si es genuino y sano, entonces se ha vivido el proceso que he descrito. Como la dualidad es el resultado de la negación, sólo se puede encontrar la manera de salir de ella dejando de negarla y enfrentándola. Esto mostrará entonces la unidad detrás de la dualidad, para que el placer y el dolor se vuelvan uno. Pero también hay maneras imaginarias, sobreimpuestas y, por lo tanto, malsanas de hacer esto, y éstas son ilusiones.

PREGUNTA: ¿Acaso no niega el estado sano el énfasis desagradable?

RESPUESTA: No, yo diría que es al revés. La muerte deja de ser, pero esto sucede de una manera genuina sólo cuando has trabajado encarando el hecho de que todavía existe para ti. Al negarla, puedes tropezar con el peligro de la negación y la evasión. Si te aferras artificialmente a la creencia en el resultado final, entonces tiene el efecto opuesto. No puedes negar aquello que todavía existe para ti.

PREGUNTA: ¿Es vida y muerte, o vida o muerte?

RESPUESTA: Es vida y muerte.

PREGUNTA: Por lo tanto no podría ser desagradable, pues en ese caso sería vida o muerte. Así que la muerte debe de ser un placer. Por lo tanto, ¿la actitud sana no niega el énfasis desagradable?

RESPUESTA: No confundamos el resultado final con el proceso de llegar a él. Muchas filosofías religiosas han enseñado esta verdad. Pero el resultado final se ha usado para evitar enfrentar lo que todavía parece desagradable, aunque sea por la sola razón de que es desconocido. Antes de que puedas experimentar de una manera sana que la muerte es placer, primero tienes que experimentar tu propia distorsión, en la que la muerte parece desoladora y aterradora. Sólo después de pasar por eso llegarás a la comprensión de que la vida y la muerte son una sola cosa, y de que el placer y el dolor son también una sola cosa.

PREGUNTA: ¿No es igualmente ilusorio pensar que los problemas de la vida cotidiana y las cosas odiosas con las que nos topamos son igualmente desagradables? ¿No son agradables para aquel que ha llegado a dominarlas? Por lo tanto, esto sí niega el principio del displacer, salvo en términos de una actitud malsana.

RESPUESTA: Una vez que hayas llegado a ese estado, verás que es así. Pero hasta que la persona llegue allí, sería peligroso tratar de convencerla. Esto ya se ha hecho demasiadas veces. Uno tiene que ser muy cuidadoso, ya que la evasión y el autoengaño siempre están muy a la mano. La tentación es muy grande porque la Humanidad tiene miedo de hacer frente a la verdad. La verdad nunca es desagradable, pero muchas veces puede parecerlo en el estado en que viven ustedes de realidad temporal y visión distorsionada. Las personas tienen que dejar de aferrarse a una verdad que ellas mismas no han descubierto aún, y al mismo tiempo encarar la falsedad que todavía vive dentro de ellas. Tienen que mirar dentro del muy difícil abismo de la ilusión, mientras siga siendo un abismo para ustedes.

COMENTARIO: Creo que tiene que ver con la interpretación de la palabra “negar”. Si uno se refiere a algo que no existe, entonces está equivocado. No obstante, si por negación uno quiere decir que algo no es real, que es una ilusión, eso es diferente.

RESPUESTA: Sí, eso es muy cierto. Pero hay muchas religiones que originalmente poseían esta verdad cuando enseñaron la negación de la muerte. Sin embargo, debido a una inclinación a llegar al resultado mediante atajos a fin de evitar lo desagradable de hacer frente al abismo ilusorio, la Humanidad se aferra a palabras como “no existe la muerte” y las emplea mal. El resultado es una fe sobreimpuesta que se abraza por temor y debilidad. Así que seamos cuidadosos y tengamos siempre en mente que lo que parece más aterrador—la muerte en todos sus aspectos—debe ser enfrentado antes de que se niegue a sí mismo.

Esta no fue una conferencia fácil, amigos míos. Les dará mucho sobre lo cual reflexionar y material para su progreso.

Sean benditos, cada uno de ustedes. La fuerza y el amor divino los envuelve. Este amor es una realidad. Siéntanlo y llévenlo a su vida. Sean benditos. Queden en paz. ¡Queden con Dios!

Dictada el 3 de marzo de 1961.