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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 82. La conquista de la dualidad simbolizada en la vida y la muerte de Jesús

Saludos, mis muy queridos amigos. Dios bendiga a cada uno de ustedes. Bendita sea esta hora.

La conferencia de hoy es una continuación así como una ampliación de la última conferencia: “Conflictos en el mundo de la dualidad”.

En este día, muy apropiadamente, se conmemora un acontecimiento muy importante en su historia humana, que está estrechamente ligado a la dualidad, el tema de mi última conferencia. En este día, Viernes Santo, Jesucristo llevó su vida a una culminación en medio del mayor sufrimiento y la mayor alegría. Digo esto no sólo en un sentido espiritual abstracto o remoto, sino también en un sentido muy humano y concreto. El sufrimiento y la alegría, el placer y el dolor son dualidades que, a final de cuentas son sólo subdivisiones de la gran dualidad: vida y muerte; nunca vida o muerte.

Una enseñanza espiritual, a menudo malentendida, dice que uno debe elevarse sobre el placer y el dolor. Desde luego, esto es cierto en el sentido final. Sin embargo, no puede producirse huyendo de lo desagradable de la dualidad. Más bien, la trascendencia del placer y el dolor sucede sólo aceptando y enfrentando plenamente la dualidad: vida y muerte. Los que no entienden el significado de elevarse por encima del placer y el dolor desean evitar, y no atravesar, esas experiencias profundas.

Sin embargo, sólo cuando acepten la muerte en su abierta desnudez, sin huir de ella, podrán vivir verdaderamente; sólo entonces descubrirán que no hay muerte ni dualidad. Aceptarán esto, no como fe consoladora a la que se aferren por debilidad y miedo, sino como una experiencia real. Y podrán experimentar esto sólo en los asuntos infinitamente grandes y decisivos cuando aprendan a experimentarlo primero en sus pequeñas “muertes” diarias. Cuando no se obedece su voluntad y rehúyen el sufrimiento de la manera equivocada y malsana, aumentan la trágica dualidad. Rechazan la muerte y, por lo tanto, en el sentido último, rechazan la vida.

La huida de la muerte y el sufrimiento causa la huida de la vida y el placer, a menudo inadvertidamente. No importa cuánto se esmeren por lograr una participación alegre en la vida y el placer, cuando, consciente o inconscientemente, evitan hacer frente a la muerte y al sufrimiento, el escape será también una huida de la vida y el placer. La verdad es que estos dos escapes siempre van de la mano, y esto naturalmente tiene un efecto muy dañino sobre el alma.

La frase de Jesús: “Volveos como niños pequeños” tiene significados en muchos niveles. Uno es que los niños viven y experimentan muy intensamente. Todos sus sentidos y facultades son nuevos y frescos, y todas las experiencias de vida, en cualquier nivel de su ser, son mucho más intensas que las impresiones, reacciones y experiencias del adulto. Esto es bueno, pues el alma que va por la vida rechazando la experiencia de la vida con todos sus significados, insensibiliza sus facultades de vivir. Es mucho mejor para el desarrollo y el crecimiento de una entidad atravesar muchas alturas y profundidades que construir falsamente una serenidad que rara vez es un desapego verdadero. El desapego se alcanza sólo después de que uno ha aceptado todo lo que la vida tiene que ofrecer, incluida la muerte. Algunas personas creen que han llegado a la aceptación genuina cuando en realidad simplemente rechazan el dolor y el sufrimiento, y por lo tanto también el placer y la alegría. Estas personas encontrarán en alguna coyuntura de su evolución, sea en esta vida o después, que tienen que regresar al punto en el que huyeron de su experiencia del alma, para que puedan aprender la vivencia que han evitado atravesándola completamente.

Sólo aquellos que han atravesado la experiencia temida llegarán a la verdadera serenidad. El alma cuya serenidad no es real, o es artificialmente cultivada, está mucho menos desarrollada que la de aquellos que son lo suficientemente valerosos para no huir de la experiencia de vida. Pero suele suceder que los primeros creen estar por encima de los segundos, a quienes desprecian por sus altibajos. En efecto, estos altibajos indican que esas personas todavía están profundamente inmersas en la ilusión de los opuestos y de la dualidad; sin embargo, se enfrentan a la ilusión y batallan con ella, lo cual es honesto y promueve el crecimiento.

El valor y la honestidad son tal vez los recursos más importantes en el desarrollo de uno. Si hacen frente a su sufrimiento y alegría, crecerán. La persona que rehúye el sufrimiento—negándolo, jamás enfrentándolo, y temiéndolo de manera irracional más allá de sus verdaderas dimensiones—tiene inevitablemente el mismo miedo de la felicidad y la realización.

Algunas veces en el pasado hablé del miedo a la felicidad y la realización. Desde entonces, muchos de mis amigos han visto que esto es cierto. Cuando la felicidad está lejos y parece inalcanzable, pueden anhelarla sin peligro. Empero, si se observan atentamente, verán que cuando se acercan a ella la rehúyen, así como rehúyen el sufrimiento. Y como el sufrimiento y el dolor, o la vida y la muerte, están conectados y son en realidad una y la misma cosa, su felicidad y su placer también están conectados con su actitud hacia la muerte y el sufrimiento. Al aceptar una cosa, también aceptarán la otra. Y a medida que se eleven y crezcan por medio de una, también se elevarán y crecerán por medio de la otra.

Su actitud hacia el sufrimiento determina si su alma se beneficia o no durante la experiencia o sólo mucho después. Incluso una actitud ciega y rebelde hacia el sufrimiento finalmente beneficiará al alma, y es mejor que una huida del sufrimiento mediante la paralización y la insensibilización de la capacidad de sentir y experimentar. Sin embargo, una actitud ciega e ignorante hacia el sufrimiento los hará sufrir más y durante más tiempo del necesario; el proceso de crecimiento puede comenzar sólo cuando su conciencia haya aprendido a no evitarlo. A la inversa, una actitud sana que retiene la conciencia producirá un crecimiento y una liberación inmediatos. Eso que antes los hizo sufrir dejará de ser un elemento de dolor en el momento en que reconozcan la lección que puede enseñarles.

De ninguna manera significa esto que deben escoger delieradamente el sufrimiento y rechazar la felicidad en la falsa creencia de que el placer y la alegría son contrarios a la voluntad de Dios. Muchas religiones enseñan este error. La manera sana de enfrentar el sufrimiento es quizás la clave más importante de la vida. Si lo encaran de manera abierta y de todo corazón, y si están dispuestos a aprender de él, manteniendo al mismo tiempo su razón y sus facultades intactas—aunque emocionalmente estén sumidos en la oscuridad, la rebeldía, la cobardía y la autoconmiseración—el resultado será la felicidad en la medida en que hayan crecido gracias al sufrimiento que atravesaron. Si el sufrimiento insensibiliza su alma, deberá seguirle más sufrimiento—aunque tal vez en una forma diferente—, hasta que ya no permitan que su alma se insensibilice por él. Entonces toda su personalidad se reavivará gracias a una mayor conciencia de ustedes mismos.

En su manera de enfocar el sufrimiento, el espíritu que busca crecer se enfrenta a una confusión específica. Muchas personas conscientes de sí mismas entienden que el sufrimiento es autocreado. Su comprensión de esto, ya sea vaga o profunda, los hace desesperarse siempre que se topan con el sufrimiento, aunque sólo sea por la frustración de no saber al instante mediante qué actitud o acción específica lo crearon. No tener este conocimiento los hace temer que esta causa oculta pueda traerles más sufrimiento. Como se impacientan, ya sea consciente o inconscientemente, porque no saben, sabotean todos sus intentos de identificar la causa. Lo que se hace con impaciencia, prisa, frustración o miedo inevitablemente retrasa el proceso de la actividad. A los que creen que Dios causó su sufrimiento, mismo que tienen que aceptar sin entender la razón, a menudo les va mejor. Tal vez no descubran sus causas subyacentes autocreadas—y es una lástima, pues esto también debe hacerse—pero su actitud es mucho más relajada y abierta. No obstante, la creencia de que Dios es el causante del sufrimiento está determinada por un fatalismo perezoso y conduce a la conclusión lógica de que Dios es sádico y cruel.

La mejor manera de lidiar con el sufrimiento combina el espíritu activo de buscar las propias causas internas ocultas con la actitud relajada de aceptar, por el momento, el dolor no deseado, y de entender completamente que la aflicción autoinfligida tiene un valor terapéutico. Aquí de nuevo se necesita una combinación adecuada de actividad sana y pasividad, que es lo contrario de una mezcla de actividad y pasividad distorsionadas.

No pueden resolver verdaderamente el aparente misterio del sufrimiento en la vida si no resuelven sus propios problemas producidos por una actitud defectuosa hacia la vida y la muerte, el placer y el dolor. ¿Cómo pueden enfrentar las condiciones de la vida a menos que se encaren en sus conflictos, actitudes y creencias más íntimos y ocultos, y entiendan el verdadero significado de sus reacciones? Cada vez que se sientan perturbados, averigüen qué quieren o qué temen. Vayan más allá del razonamiento superficial, de los deseos y temores superficiales, que son, en realidad, sólo un síntoma de su manera específica de huir de la muerte y el sufrimiento, y por lo tanto de la vida y la felicidad.

Si empiezan por abordar los grandes temas generales nunca llegarán a ningún lado. El verdadero crecimiento ocurre sólo cuando abordan sus aparentemente insignificantes reacciones diarias de deseo y miedo. Sólo entonces aprenderán la actitud correcta hacia la vida y la muerte. Vean cómo huyen de la muerte en las pequeñas cosas y retroceden ante el sufrimiento en los detalles mínimos de la vida que en sí mismos podrían parecer poco importantes. Primero pregúntense qué encierran los temas más mundanos e insignificantes que les causan la más leve desarmonía.

Cuando se interrogan así hasta el punto de preguntar: “¿Por qué quiero esto? ¿Por qué tengo miedo de no obtenerlo?”, llegarán al amor que desean y a su miedo de no conseguirlo. Cuando huyen del amor, temerosos de no obtenerlo de todos modos, o de volver a perderlo, están atrapados en la actitud incorrecta hacia la muerte que esbocé en la última conferencia y que se manfiesta en cortejar a la muerte porque le temen. De una manera similar, rechazan el amor, temerosos de ser lastimados, de no conseguirlo o de perderlo otra vez. Tratan de convencerse de que no quieren el amor. Lo mismo pasa cuando interiormente tratan de convencerse de que no quieren la vida, porque saben que un día la vida en el cuerpo cesará.

Todos los pequeños temas conducen a la cuestión de ser amado versus no ser amado, y por lo tanto, a la de la vida versus la muerte. Cuando, por el temor de no obtener lo que realmente quieren escogen deliberadamente lo que no quieren, crean una condición malsana y de insensibilidad en su alma. Es malsana porque no reconocen abiertamente ante ustedes mismos que realmente desean el amor y la vida, y que en realidad tienen miedo de no obtener ni el amor ni la vida eterna. Esta condición es malsana porque se niegan a sí mismos lo que podrían tener, aunque no sea en el grado en que lo desean. Tal vez no obtengan el tipo de amor que desean, exclusivo, ilimitado, garantizado con la certeza absoluta de que jamás volverán a perderlo. Pero como cualesquiera limitaciones de su deseo crearían una frustración insoportable de su creencia exagerada de que la no realización de su deseo es insoportable, pierden el amor que sí podrían tener rechazándolo por completo. Así que empeoran las cosas. De la misma manera, su deseo de no morir nunca los hace rechazar la vida.

Puede encontrarse el origen de todas sus recciones y problemas cotidianos en estos temas básicos. Por lo tanto, estos temas básicos tendrán un significado y una aplicación personales para ustedes. Éste es el paso importante que necesitan dar en su desarrollo.

A este respecto, lo más importante es que con mucha frecuencia no se dan cuenta de que a lo que temen es a la muerte y al sufrimiento. El rechazo del amor significa ambas cosas. Y esto es lo que tienen que descubrir primero. Sólo entonces pueden adoptar una actitud sana hacia la muerte. Hacia afuera pueden no estar conscientes de este miedo, pero en lo más profundo de su interior tal vez todavía esté presente, aunque sólo sea en una pequeña medida. Enfréntense en ustedes mismos a ese lugar donde aún temen. Sean conscientes de él y entonces aprenderán a morir... y por ende ¡a vivir! Conforme se den cuenta de su temor real a la muerte en cualquier forma—la muerte física misma, o una ocurrencia negativa—liberarán la fuerza de vida que hay en ustedes, lo que luego los vigorizará para hacer frente a lo que temen.

La vida de Jesucristo simboliza esta antiquísima verdad de una manera maravillosa. Ha sido conocida por todos los sabios y los grandes buscadores de la verdad de todos los tiempos. Está representada en muchas filosofías, religiones y mitos. Cristo la ha simbolizado en su vida y su muerte, pues Jesús se enfrentó a su muerte con el mismo espíritu que he explicado aquí.

Muchos de los dichos y declaraciones de Jesús no fueron registrados y transmitidos a la posteridad, especialmente los que no entendían las personas, porque, dada la limitada comprensión de la Humanidad, parecían contradecir sus otras enseñanzas. Sin embargo, no es mera coincidencia que sus útimas palabras fueran registradas y transmitidas a la Humanidad, a pesar de que parecían tan enormemente contrarias a lo que las personas creían de Jesús y querían ver en él. Las últimas palabras de Jesús en la cruz expresaban su duda y su temor de haber sido abandonado por Dios. Esto ha desconcertado a muchas personas. ¿Cómo podía dudar y temer ese gran espíritu? La ilusión y la idealización humanas habrían preferido que Jesús muriera en una gloria de fe sin las dudas y temores humanos que expresó en la hora de la culminación de su sufrimiento. Fue muy importante que estas palabras se transmitieran a la Humanidad. Como cada faceta de la vida y la muerte de Jesús tiene un profundo significado simbólico para los problemas personales de la Humanidad, también estas palabras deben de tener importancia. Sólo pueden entenderse plenamente si se comprende el significado de esta conferencia y de la anterior.

En su última hora, Jesús olvidó todo lo que había sabido, todas las revelaciones y las percepciones que había adquirido. ¿No les ha ocurrido a cada uno de ustedes, en cierto grado, en horas de depresión y ansiedad, que aun cuando su memoría intelectual retenía lo que han aprendido y conocido, no tenían el dominio de este conocimiento? Su alma estaba en una noche oscura de incredulidad y duda. Engañarse acerca de este estado de ánimo, y no reconocer cómo se sentían verdaderamente, no es la solución correcta. Sentir culpa y orgullo mientras piensan: “No debería sentirme y pensar así” sólo conduce a un autoengaño que retrasa su salida de la oscuridad.

Jesús ilustró esto muy claramente. Él, el más grande de todos los espíritus creados, también tuvo dudas. También perdió la fe por un momento. Pero lo reconoció y no lo ocultó ni de sí mismo ni de los demás. ¿Qué significa eso? Significa el miedo escueto y crudo de lo desconocido—la muerte—y el intenso sufrimiento del dolor físico, mental y espiritual. Jesús los enfrentó de lleno, sin simulación, sin autoengaño, sin mentir a los que tenían fe en él. Fue veraz hasta en su último momento. Muchos maestros o autoridades espirituales vacilarían para admitir momentos de miedo y duda, se sentirían avergonzados y temerosos de desprestigiarse con los discípulos.

Este miedo básico suele racionalizarse mediante explicaciones “aceptables”. El maestro puede justificar esta falsedad con la actitud aparentemente encomiable de que no quiere decepcionar ni debilitar a sus discípulos. Pero, de hecho, la falta de veracidad es lo que decepciona a otros. La veracidad de Jesús no decepcionó a nadie, aun cuando no podían entender cómo era posible que el maestro experimentara dudas en su hora de muerte. Muchos no sabían no sabían que en esta misma duda y miedo había una importante directiva y lección para todos. Pero aunque no entendieron conscientemente, por dentro se sintieron más fortalecidos que nunca, porque la verdad va directamente al corazón y al alma, aun si en ocasiones elude al cerebro.

Cuando las explicaciones intelectuales no oscurecen lo que el corazón y el alma perciben, y la personalidad permite a la intuición funcionar a pesar de consideraciones intelectuales aparentemente contradictorias, la persona tiene una profunda pureza e inocencia que no tiene nada que ver con las palabras “inocencia” y “pureza” tal como las usan los fanáticos religiosos. La persona que tiene esta inocencia y pureza adopta la actitud del niño que Jesús recomendó.

El consejo de Jesús de volverse como niños pequeños alaba la disposición de los niños de experimentar la vida intensamente. Los discípulos de Jesús tienen esta cualidad; también experimentan con plenitud. Y Jesucristo mismo mostró esto ampliamente en su vida y en su muerte. Atravesó su sufrimiento al máximo, sin restricciones, sin vergüenza de admitir sus dudas y su miedo, su dolor y su vulnerabilidad. Sólo los que tienen esta gran apertura infantil pueden experimentar la verdadera alegría. Jesús demostró esto no sólo durante su vida, sino también mediante su reaparición en espíritu... pero de eso, muy poco quedó registrado.

De nuevo, como ocurre tan a menudo, este factor se malentiende o no se entiende por completo. Incluso los que entienden que la resurrección y la aparición de Jesús indican la continuación de la vida espiritual, no llegan al grado de entender este fenómeno desde un punto de vista mundano. Creen que Jesús simplemente demostró que la vida continúa, y eso es todo. No se suponía que este fenómeno demostrara sólo que la vida sí continúa en el espíritu. Significará algo más para ustedes aquí y ahora, mientras todavía están en esta encarnación. Si Jesucristo en su hora de desesperación olvidó lo que había conocido, es aún más seguro que otras personas hagan lo mismo cuando pasen por dificultades. La convicción intelectual tiene sus límites en tiempos así; Jesús sabía esto mejor que nadie.

La reaparición de Jesús no podía ser más que una teoría para los que no estaban presentes, y para las generaciones sucesivas, si no entrañaba un significado más profundo. Su reaparición dice claramente: “Después de haber enfrentado por completo mi calvario, sin simulación ni autoengaño, y de haberlo atravesado hasta su fin último, ahora vivo en el sentido verdadero y pleno de la palabra. Ustedes también pueden hacerlo. No tienen que esperar a la muerte física, porque mueren muchas muertes todos los días, en todos sus pequeños calvarios y luchas. La manera en que vivan éstos determina la vida subsecuente y la plenitud de la alegría que puede ser de ustedes. Si se enfrentan a estos calvarios y luchas con un espíritu similar de veracidad, experimentarán la vida y la alegría en la misma medida mientras aún están encarnados”. Éste es el mensaje, el significado último de la reaparición de Cristo, aparte de todos los demás significados. Aquí está el más grande simbolismo vivido jamás demostrado.

La vida en la Tierra es un símbolo de la realidad, y no al revés. Y lo mismo ocurre con la vida y la muerte de Jesús. Significó mucho más que una lección para cada individuo acerca de la historia de la evolución, la vida después de la muerte y la promesa después de la muerte. Para descubrir lo que realmente significa no tienen que esperar hasta el momento en que dejen su cuerpo terrenal. Tienen oportunidades diarias. Realmente no es importante que ahora puedan creer en una vida después de la muerte. Todos los días ofrecen una oportunidad a todos, independientemente de lo que crean o no crean, para aprovechar la vida al máximo dándose cuenta de lo que es la pequeña “muerte” cotidiana, enfrentándola, y al hacerlo, aprendiendo a discriminar entre lo que es inevitable y lo que no lo es. Si enfrentan lo que es inevitable—la muerte física así como los resultados de sus pasadas actitudes equivocadas—con un espíritu de pasividad relajada, mientras que al mismo tiempo desean crecer y aprender de la experiencia, reconocerán dónde y de qué manera escogen dificultades que no son inevitables. Cuanto más escojan estas últimas, más invitan y se exponen a extremos que deben ser evitados.

Sólo mediante una autobúsqueda muy personal pueden determinar cómo reaccionan tanto a lo inevitable como a lo que no lo es. Esta cuestión plantea un problema similar al de la independencia y la interdependencia. Sólo el autoanálisis personal puede dar la respuesta a cada indidividuo. No hay otra manera, ninguna regla general a la que uno pueda adherirse rígidamente.

Recapitulo: Como el aislamiento y la soledad provienen de una dependencia interna y no reconocida, en contraposición a la interdependencia sana que resulta de la confianza en el ser interior, así sucede también con la cuestión de la inevitabilidad. Al huir de lo que es inevitable, atraen a ustedes desventajas evitables. Tienen tanto miedo de las dificultades inevitables que se autoimponen más dificultades. Encuentren este patrón y seguramente descubrirán que las dificultades inevitables cesan después de que las han reconocido y atravesado.

¿Tienen alguna pregunta?

PREGUNTA: ¿Cómo pueden las dificultades no ser dificultades? Pensemos en la tortura, por ejemplo. No tengo miedo de la muerte, pero sí de la agonía de morir.

RESPUESTA: Mientras no se le ha atravesado, sí es una dificultad. No se espera de ti que te digas lo contrario. Al revés: negar tu miedo sería una forma de huir o negar la muerte, y por lo tanto la vida. Sólo los que han atravesado la muerte tienen la certeza de que no hay muerte. Para descubrir esto, deben atravesarla. Los grados menores de la muerte, como lo son todas las formas de sufrimiento, también deben experimentarse a fin de descubrir que no son los extremos de la muerte o del sufrimiento que se temía que fueran. Muchas veces no son ni dolorosos ni aniquiladores.

Encontrarás muchos ejemplos de esto si pasas revista a tu vida. Cuando repases algunas de tus experiencias, descubrirás que aquello que te producía aprensión, y que te parecía desproporcionadamente horrible cuando lo tenías enfrente, dejó de ser temible una vez que lo experimentaste. A final de cuentas, esa experiencia no te tocó, salvo en el sentido positivo, porque te hizo crecer. Realzó toda tu personalidad, no sólo tu proceso de pensamiento, sino también tu vida emocional. Si te interrogas con mucha sinceridad, al mirar retrospectivamente admitirás que la experiencia ya no es un horror. Por lo tanto, el horror debe de haber sido irreal, ya que una realidad es permanente e inmutable. Sólo las ilusiones pierden intensidad con el paso del tiempo.

Sin embargo, mientras experimentes algo que es irreal como una realidad, el remedio no está en tratar de convencerte de lo contrario. Tratar de evitar lo inevitable es inútil; lo que realmente ayuda es que reconozcas tu miedo y tu sufrimiento y los vivas relajadamente. No puedes evitar la ilusión del sufrimiento diciéndote que es una ilusión; para ti es real, y por lo tanto tienes que atravesarlo. Permanece consciente todo el tiempo de tu conocimiento intelectual, sin tratar de imponerlo a tu reacción emocional. Permite que ambos existan libremente, lado a lado, mientras observas tus pensamientos y tus sentimientos. Esto podría facilitarte atravesar el sufrimiento y realmente experimentarlo. Sólo una entrega sin reservas a la experiencia de vida con todos sus componentes te ayudará a elevarte por encima de las dualidades.

PREGUNTA: Dijo usted que uno podía decepcionar a las personas sólo mediante la falsedad, y no de ninguna otra manera. ¿Podría explicar esto un poco más, por favor?

RESPUESTA: Cuando uso la palabra verdad, no me refiero a las pequeñas verdades que las personas suelen expresar de una manera irreflexiva y cruel, y que no tienen nada que ver con la verdad. En ocasiones, la gran verdad puede no contradecir la pequeña verdad. Sin embargo, otras veces la pequeña verdad puede ser muy contraria a la gran verdad. No existe una regla que pueda guiarte aquí. Como sucede con todas las verdades, cada caso es individual. La discriminación y un proceso de pensamiento activo son necesarios en todo el proceso, a fin de darse cuenta de cuándo una pequeña verdad corresponde a la gran verdad, y cuándo no.

Las propias motivaciones brindan la respuesta real a esta pregunta. Si uno es honesto consigo mismo, puede detectar que las pequeñas verdades proceden de un defecto o debilidad personalidad, sea ésta el orgullo, la vanidad, el voluntarismo, la rebeldía, la inseguridad, la frustración o cualquier otra cosa. Aun si estos motivos internos están tapados por razones más válidas, eso no elimina la existencia de la corriente subyacente, que determina el resultado. Pero cuando eres veraz contigo mismo, no puedes, a final de cuentas, decepcionar a nadie. Adquirir esta veracidad con el ser es, después de todo, el objetivo de tu autobúsqueda en este Pathwork.

PREGUNTA: Me gustaría preguntar por qué la Iglesia hace tanto énfasis en la resurrección corporal de Jesucristo. ¿Cuál es su opinión de esto?

RESPUESTA: Aquí hay dos aspectos, uno de los cuales comenté en el pasado. Acerca del primer aspecto, repito, brevemente, que es un concepto erróneo que nace del temor inherente a la muerte física. La gente quiere creer en una continuación física de la vida. Por lo tanto, necesitan interpretar la reaparición de Jesucristo como resurrección física.

El otro aspecto tiene un significado mucho más profundo y amplio. Contiene la sabiduría y la verdad más profundas, pero en forma simbólica. Ya expliqué este simbolismo extensamente en la conferencia anterior. La resurrección de Jesucristo enseña simbólicamente que si no huyes de tu miedo a la muerte, el sufrimiento y lo desconocido, sino que los atraviesas, verdaderamente tendrás vida en su sentido más profundo mientras estés aún en el cuerpo. La vida pura y auténtica sólo puede tenerse si se enfrenta de lleno la muerte. Al usar la palabra “puro” no sugiero lo que generalmente se entiende por pureza: un estado insípido que rechaza el cuerpo. El cuerpo es parte del espíritu, y el espíritu es parte del cuerpo. Ambos forman un todo. Por eso, Jesucristo apareció como cuerpo humano, para mostrar que el cuerpo no debe ser rechazado ni negado. Si aceptas la muerte resucitarás en la vida—en el cuerpo—por la fuerza vital fluida que te hará experimentar verdaderamente el placer y la alegría, en todos los niveles de tu ser, incluido el nivel físico. ¿Te queda claro?

PREGUNTA: Sí, pero lo que dice usted de la falacia de esta manera de pensar lo llevaría a uno a concluir que las partes del Evangelio que describen la llegada de los discípulos a la tumba como una historia de promesa son enteramente falsas, y no un relato verídico.

RESPUESTA: No, de ninguna manera. Cuando Jesús se apareció a sus discípulos, sus amados, ocurrió un fenómeno que siempre se ha conocido y seguirá conociéndose, si se dan ciertas circunstancias. En el tiempo y la edad de ustedes se llama, creo, materialización de la sustancia espiritual. Es una condensación de la materia espiritual, como también lo es toda la vida física. Pero el hecho de que esto haya ocurrido encierra un profundo significado filosófico y psicológico, que generalmente se ignora. El significado es, como lo he explicado, que si enfrentas la vida y la muerte, no puedes morir. Entonces vivirás en el verdadero sentido de la palabra. Por lo tanto, lo que los discípulos vieron fue real, aunque la mayoría de ellos no entendieron el significado y el propósito del evento, aun cuando Jesús trató de explicarlo entonces, como lo había hecho muchas veces antes. Hubo algunos que entendieron, aunque no todos. Los que no, lo tomaron simplemente como un fenómeno, que en sí no era único.

PREGUNTA: Bueno, a quienes no creemos conscientemente en la existencia después de la muerte, y no deseamos mucho esa existencia después de la muerte, nos gusta disfrutar y gozar de esta vida física presente; me refiero al cuerpo y a los placeres y sensaciones del cuerpo. Me gustaría hacer una pregunta con respecto a personas así: Dado el talento y cierta personalidad, incluida la necesidad de sublimar, ¿es el deseo de producir arte, y mediante esa creación inmortalizarse, lo mismo que una creencia en la vida después de la muerte? No estoy preguntando si hay vida después de la muerte.

RESPUESTA: Sé que no lo estás haciendo, y no voy a tratar de responder a eso, porque lo que yo o cualquiera pudiera decir no sería relevante. Puedes llegar a una respuesta sólo por medio de tu propia experiencia. Si sobreimpones una creencia que no es genuinamente tuya, eso es mucho menos sano que admitir una incredulidad. Ese es sólo uno de los puntos en los que hice hincapié en la última conferencia. Ahora responderé otros aspectos de tu pregunta.

En primer lugar, quiero que quede claro que el verdadero conocimiento y la experiencia de la continuidad de la vida después de la muerte física—si se llega a ellos genuinamente a través del desarrollo—y la actitud correcta y sana descrita en estas conferencias no sacrifica, ni puede sacrificar, ni pretende sacrificar, los placeres corporales en favor de una vida espiritual que vendrá después de la física. Todo lo contrario. Sólo quienes se aferran a la fe religiosa por miedo y debilidad llegarán a la conclusión de que una se opone a la otra. De hecho, si estas dos conferencias se entienden bien, esto será evidente. Como la fuerza vital liberada debe fluir por el cuerpo, hace que la persona entera sea más receptiva y capaz de experimentar placer en todos los niveles, incluido el físico. Sin embargo, este placer completo sólo puede experimentarse si el alma está sana. Un alma enferma es incapaz de experimentar placer.

Al mismo tiempo, si una persona sana los aspectos y actitudes malsanos de la personalidad, esa persona no sólo se vuelve capaz de experimentar mayor placer, sino que también vive una vida más plena. Casi como subproducto, también hay un incremento de la creatividad. Las personas así empiezan a vivir la realidad de las leyes espirituales y la verdad. No es coincidencia que las personas que pasan por un buen análisis muchas veces llegan a creer en la realidad de las leyes espirituales y la verdad. Esto rara vez indica la aceptación de una religión confesional, sino, más bien, la presencia de su propia comprensión, experiencia, evidencia interna y conocimiento. Todos éstos son subproductos de sanar al alma de sus conceptos erróneos, distorsiones y desviaciones. La verdadera experiencia del placer en todos los niveles, el desarrollo de las capacidades creativas y el conocimiento interno de la verdad espiritual son, todos ellos, subproductos de la salud interna.

Al mismo tiempo, cuanto más enferma o distorsionada está el alma, menos capaz es de experimentar el placer verdadero, y más se paralizarán sus habilidades creativas inherentes. El hecho de que algunas personas sean muy creativas a pesar de tremendos conflictos internos no contradice lo anterior. En estos casos, el talento creativo es tan grande que se expresa a pesar de los problemas del alma, y muestra cuánto está separada una persona así de la realidad en todos los niveles. Esto significa no sólo que se hace caso omiso de las leyes cósmicas y la verdad espiritual, sino que la realidad, tal como se manifiesta en este plano terrenal, también se ignora.

El deseo de inmortalidad a través del arte es sólo otra variación del anhelo de la entidad humana de una vida eterna y su lucha contra la muerte. Una persona será un fanático religioso que ha aceptado una creencia por miedo y debilidad, y no por medio del conocimiento interno. Otra cree ser más fuerte que la primera porque no “necesita” una fe así. Pero esta forma de expresión, a través del trabajo producido, surge de la misma raíz: el deseo de inmortalidad. Ninguna de ellas quiere soltar; quieren aferrarse a la vida. No pueden rendirse. Este aferramiento, esta incapacidad de rendirse, ya sea que se manifieste en la gran pregunta, o en pequeños asuntos cotidianos, mantiene al alma prisionera. Evita el crecimiento, produce alguna forma de estancamiento en todos los niveles de la personalidad. Sólo la generosa libertad que nace de rendirse y caminar hacia lo desconocido, sin ninguna garantía de conservar lo que uno aprecia, puede producir un verdadero crecimiento.

Así que el deseo de inmortalidad a través del arte, la ciencia o cualquier otra expresión es, en esencia, no muy diferente de la del fanático religioso que se aferra a la fe por miedo. Como lo expliqué en la última conferencia, el ateo también se desvía y se enfrenta a la muerte de manera equivocada, así como lo hace la persona falsamente religiosa. Esta última dice: “Quiero creer porque le tengo miedo a la muerte. No quiero soltar, no quiero rendirme”. Y el ateo dice: “La persona que cree es débil. Yo soy mucho más fuerte; no necesito todo eso”. Pero esta persona también desea la inmortalidad y cree que una demostración de fuerza es buscar la inmortalidad a través de la creación. Es otra manera de aferrarse a la vida y luchar contra la muerte. Este tipo de persona tiene tanto miedo de dejar de existir que no se arriesga a creer y después decepcionarse si los fanáticos religiosos están equivocados. Ambos tipos son incapaces de reconocer que no saben y que tienen que aceptar lo desconocido.

Ahora bien, amigos míos, las muchas personas que hacia afuera admiten esta ignorancia no necesariamente lo dicen en serio, lo sienten ni lo viven. Ellas también pueden manifestar la huida de la muerte en sus actitudes más íntimas. No es lo que uno profesa y lo que cree lo que determina una actitud sana; esa es sólo una indicación. El deseo de morir, por ejemplo, no necesariamente indica una creencia verdadera en la vida después de la muerte, ni la propia reconciliación con la no existencia. Simplemente puede ser la expresión de estar cansado de lidiar con la vida, que es, desde luego, el resultado de no saber como lidiar con la muerte.

Y ahora llegamos al asunto de la sublimación. La sublimación puede ser, y con mucha frecuencia es, malentendida, y es un fenómeno muy malsano. Puede ser un proceso distorsionado y dañino en el concepto tanto del fanático religioso como del psicoanalista. El primero sublima cuando dice: “La vida de la carne es pecaminosa. Es contraria al espíritu. Representa al demonio y por lo tanto debo sublimar los impulsos de la carne y espiritualizarlos”. Esto conduce a la represión, y cuando ustedes ven la represión con ojos nuevos, verán que no es nada más que deshonestidad, autoengaño, una actitud de “avestruz” y una falta de autoconciencia.

Por otra parte, el psicólogo afirma que “la realidad es tan deprimente, tan desesperada, y contradice tanto mis impulsos de placer que no tengo más opción que sublimar. Escojo esto como un arreglo, un mal menor. Por una parte, tendría que vivir de acuerdo con los instintos primitivos más irrefrenables y primitivos si quisiera satisfacer mis impulsos de placer. Pero, por la otra, esto me haría entrar en conflicto con mi ambiente y por lo tanto se me impediría experimentar el placer a priori. Así que la situación no tiene remedio”.

Estos instintos irrefrenables y primitivos no son más conducentes al principio de placer que el rechazo “espiritualizado” del placer corporal. En un alma madura y sana, el impulso del placer jamás entra en conflicto con el propio ambiente. Esto no se debe a la sublimación, la resignación ni la represión. Sucede porque los instintos crecen dentro del resto de la personalidad y por lo tanto se vuelven, al avanzar el desarrollo, tanto más receptivos al placer en una forma mucho más elevada que los instintos irrefrenables y primitivos. El placer acrecentado incluye el nivel físico. Esta inclusión proviene, a su vez, de enfrentarse a la muerte y al sufrimiento. Sucede eliminando la negación, y luego, lentamente, poco a poco, derritiendo la dualidad. Al hacer esto, la realidad, tal como la conocen en la Tierra, empieza a cambiar, primero sutilmente en su propio mundo interior, y después lentamente en el mundo exterior.

Es completamente erróneo decir que la capacidad creativa es el producto de la sublimación o, para decirlo de un modo diferente, que viene de trasladar el impulso del placer a otra área de la personalidad. La personalidad humana sana, tal como se le concibió, es lo suficientemente rica para contener ambas cosas, así como muchos otros modos de expresión en la vida. Sólo el alma limitada y distorsionada tiene que escoger uno. Es muy cierto que si reprimen su impulso de placer, éste debe expresarse en otra parte, y a menudo lo hace en el área de la creatividad. Pero eso no significa que no podría expresarse de manera más clara y poderosa si su personalidad estuviera integrada y funcionara saludablemente en todos los niveles. Se manifestaría de una manera más constructiva y plena, no como un sustituto de la vida, sino como la plena realización de ella.

Mis muy queridos amigos, en este día muy especial he tratado de mostrarles como encaja la fase actual de nuestro trabajo, de su desarrollo interno, en los grandes eventos de la historia de la evolución, cósmica y humana. Sean benditos todos ustedes. Reciban nuestra fuerza, amor y bendiciones. Tomen esta fuerza y utilícenla de la mejor manera para cada uno de ustedes. Queden en paz. ¡Queden con Dios!

Dictada el 31 de marzo de 1961.