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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 83. La imagen idealizada de sí mismo

Saludos. Dios los bendiga a todos, mis muy queridos amigos. Bienvenidos sean todos mis viejos y nuevos amigos aquí reunidos.

Continuemos con la serie de conferencias concebidas para ayudarles a tener una mayor percepción interna de ustedes y, por lo tanto, de la vida. Las dos conferencias anteriores se ocuparon de la gran dualidad, la lucha entre la vida y la muerte, la ilusión de que es una cuestión de “esto o lo otro”. Cuanto más involucrado está uno en la dualidad, más ve uno la vida en términos de extremos, como felicidad versus infelicidad, en donde la felicidad representa la vida y la infelicidad la muerte.

Mientras todavía se lucha en esta dualidad, es imposible aceptar que la vida necesariamente contiene ambas cosas. Intelectualmente quizás acepten y crean esto, pero emocionalmente no. Lo que sienten es que si son infelices ahora, seguirán siéndolo para siempre. Entonces empieza la trágica, innecesaria y destructiva lucha contra la muerte o la infelicidad.

El nacimiento es una experiencia dolorosa para el bebé. Inevitablemente le siguen otras experiencias dolorosas, aunque las experiencias placenteras también ocurren. Pero como el conocimiento de las experiencias desagradables, o su posibilidad, siempre está presente, el miedo a ellas crea un problema básico.

La medida más importante a la que recurren las personas para enfrentar este miedo, en la falsa creencia de que sorteará la infelicidad, el displacer y la muerte, es la creación de una imagen idealizada de sí mismas como seudoprotección universal. Nunca se dan cuenta de que la misma medida no sólo no evita, sino que produce la cosa que más temen y combaten. No obstante, si no entienden plenamente su lucha con la dualidad, de la que hablé en las dos conferencias anteriores, no podrán entender bien la creación y la función de la imagen idealizada de sí mismos.

Ocasionalmente he usado el término ser de la máscara en el pasado. El ser de la máscara y la imagen idealizada de sí mismo son en realidad una y la misma cosa. La imagen idealizada enmascara al ser real.

Finge ser algo que no es. Se supone que la imagen idealizada de sí mismo es un medio para evitar la infelicidad. Como la infelicidad automáticamente despoja al niño de seguridad, su confianza en sí mismo disminuye en proporción a su infelicidad, aunque esta infelicidad no puede medirse objetivamente. Con lo que un tipo de personalidad puede lidiar bastante bien sin experimentarlo como una infelicidad drástica, otro temperamento y carácter siente que es un infortunio funesto.

De cualquier modo, la infelicidad y la falta de creencia en uno mismo están interconectadas. La creación de la imagen idealizada de sí mismo sirve para suplir la falta de confianza en uno mismo y para, de este modo, obtener el placer supremo. Por lo menos éste es el proceso inconsciente de razonamiento, y no se aleja completamente de la verdad.

En la verdad y la realidad, la confianza en uno mismo sana y genuina equivale a la tranquilidad de espíritu. Es seguridad e independencia sana, y le permite a uno alcanzar un máximo de felicidad a través del desarrollo de sus talentos inherentes, vivir una vida constructiva y entablar relaciones humanas fructíferas con una interdependencia sana. Pero como la confianza en sí mismo que se establece por medio del ser idealizado es artificial, el resultado no puede ser el que se esperaba. En realidad, la consecuencia es todo lo contrario y es frustrante porque la causa y el efecto no son obvios para ustedes. Se necesita mucha experiencia de vida y voluntad interna para encontrar la verdad. Entonces, y sólo entonces, descubrirán lentamente los vínculos entre su infelicidad y su imagen idealizada de sí mismos.

Necesitan entender el significado, los efectos y los daños que se dan como consecuencia de la imagen idealizada de sí mismos y reconocer plenamente su existencia, en la forma específica en que se manifiesta en su caso individual. Esto exige mucho trabajo, para el cual era necesario todo el trabajo anterior. La disolución del ser idealizado es la única manera posible de que encuentren su ser real, de que encuentren serenidad y respeto por sí mismos, y de que vivan su vida plenamente.

Hay mucho que decir sobre este tema, pero ahora sólo hablaré de lo más fundamental. Al transcurrir el tiempo seré más específico y entraré en mayores detalles, pero los resultados y los hallazgos de su trabajo personal a este respecto son más importantes.

De niños, independientemente de lo que fueron sus circunstancias específicas, fueron adoctrinados con advertencias sobre la importancia de ser buenos, santos y perfectos. Cuando no lo eran, solían ser castigados de un modo u otro. Tal vez el peor castigo era que sus padres les retiraran su afecto; se enojaban, y ustedes tenían la impresión de que ya no eran amados. No es sorprendente que la “maldad” se asociara con castigos e infelicidad, y la “bondad” con recompensas y felicidad. De ahí que ser “bueno” y “perfecto” fuera una necesidad absoluta; se volvió una cuestión de vida o muerte para ustedes. Con todo, sabían que no eran tan buenos ni tan perfectos como el mundo esperaba que lo fueran. Esta verdad tenía que ocultarse; se convirtió en un secreto vergonzoso, y ustedes empezaron a construir un ser falso. Esto, pensaron, era su protección y su medio para alcanzar lo que deseaban desesperadamente: vida, felicidad, seguridad, confianza en sí mismos. La conciencia de este frente falso empezó a desvanecerse, pero ustedes estaban y están permeados con la culpa de fingir que son algo que no son. Se esfuerzan más y más por convertirse en este ser falso, este ser idealizado. Estaban convencidos, e inconscientemente todavía lo están, de que si se esfuerzan lo suficiente, un día se convertirán en ese ser. Pero este proceso artificial de forzarse a ser algo que no son nunca puede garantizar un automejoramiento, una autopurificación y un crecimiento, porque empezaron construyendo un ser irreal sobre cimientos falsos y dejaron fuera su ser real. De hecho, lo ocultan desesperadamente.

La imagen idealizada de sí mismo puede tomar muchas formas. No siempre dicta normas de perfección reconocida. Es cierto que la imagen idealizada de sí mismo dicta normas altamente morales, lo que hace mucho más difícil cuestionar su validez. “Pero, ¿no está bien querer ser siempre decente, amoroso, comprensivo, jamás enojarse y no tener defectos, sino tratar de alcanzar la perfección? ¿No es eso lo que se supone que debemos hacer?” Estas consideraciones les dificultarán descubrir la actitud compulsiva que niega la imperfección presente, el orgullo y la falta de humildad que les impide aceptarse tal como son ahora, y sobre todo, la simulación con su resultante vergüenza, miedo de ser descubiertos, sigilo, tensión, esfuerzo, culpa y ansiedad. Tendrán que hacer progresos en este trabajo antes de que empiecen a experimentar la diferencia de sentimientos entre el deseo genuino de trabajar gradualmente hacia el crecimiento, y la simulación poco genuina que les imponen los dictados de su ser idealizado. Descubrirán el miedo profundamente oculto que dice que su mundo llegará a su fin si no viven a la altura de sus normas. Sentirán y conocerán muchos otros aspectos y diferencias entre el ser genuino y el falso. Y también descubrirán lo que les demanda su ser idealizado específico.

También hay facetas del ser idealizado, según la personalidad, las condiciones de vida y las influencias tempranas, que no son ni pueden considerarse buenas, éticas ni morales. Las tendencias agresivas, hostiles, orgullosas, exageradamente ambiciosas se glorifican o se idealizan. Es cierto que estas tendencias negativas existen detrás de todas las imágenes idealizadas. Pero están ocultas, ya que contradicen crasamente las normas moralmente elevadas del ser idealizado específico y causan angustia adicional, en el sentido de que el ser idealizado será expuesto y se sabrá lo fraudulento que es. La persona que glorifica estas tendencias negativas, en la creencia de que demuestran fuerza e independencia, superioridad e indiferencia, se avergonzaría profundamente de la “bondad” en la que insiste el ser idealizado de otra persona y la consideraría debilidad, vulnerabilidad y dependencia en el sentido malsano. Esta persona pasa por alto completamente el hecho de que nada vuelve a una persona tan vulnerable como el orgullo; nada causa tanto miedo.

En la mayoría de los casos estas dos tendencias se combinan; normas morales demasiado exigentes a cuya altura es imposible vivir y el orgullo de ser invulnerable, indiferente y superior. La coexistencia de estas actitudes mutuamente excluyentes presenta una dificultad particular para la psique. Huelga decir que la conciencia de esta contradicción está ausente hasta que este trabajo específico ha avanzado.

Hay muchas más facetas, posibilidades y seudosoluciones individuales que combinan todo tipo de tendencias mutuamente excluyentes. Todo esto tiene que encontrarse individualmente.

Consideremos ahora algunos de los efectos generales de la existencia del ser idealizado y algunas de sus implicaciones. Como las normas y los dictados del ser idealizado son imposibles de cumplir, y pese a ello ustedes nunca renuncian al intento de sostenerlos, cultivan dentro de ustedes una tiranía interior de la peor clase. No se dan cuenta de la imposibilidad de ser tan perfectos como lo exige su ser idealizado, y nunca dejan de flagelarse, castigarse y sentirse como el peor de los fracasos siempre que se demuestra que no pueden vivir a la altura de sus exigencias. Los invade una sensación de abyecta minusvalía siempre que se quedan cortos frente a estas fantásticas demandas, y esta sensación los envuelve en una gran tristeza. Esta tristeza puede ser consciente en ocasiones, pero la mayor parte del tiempo no lo es. Y aun si lo fuera, no se dan cuenta de todo su significado, de la imposibilidad de lo que esperan de ustedes mismos. Cuando tratan de ocultar sus reacciones a su propio “fracaso”, recurren a medios especiales para evitar verlo. Uno de los mecanismos más comunes es proyectar la culpa del “fracaso” al mundo exterior, a otros, a la vida.

Cuanto más tratan de identificarse con su imagen idealizada de sí mismos, más fuerte es la desilusión cuando la vida los pone en una posición en la que esta mascarada ya no puede sostenerse. Muchas crisis personales se basan en este dilema, más que en dificultades exteriores. Estas dificultades se convierten entonces en una amenaza más allá de su adversidad objetiva. La existencia de las dificultades es una prueba para ustedes de que no son su ser idealizado, y esto los despoja de la falsa confianza en sí mismos que trataron de establecer con la creación del ser idealizado. Hay otros tipos de personalidad que saben perfectamente bien que no pueden identificarse con el ser idealizado. Pero no saben esto de una manera sana. Se desesperan. Creen que deberían estar a la altura de él. Toda su vida está permeada de un sentimiento de fracaso, mientras que el primer tipo experimenta esto en niveles más conscientes cuando las condiciones exteriores e interiores terminan por manifestar el fantasma del ser idealizado por lo que realmente es: una ilusión, una simulación, una deshonestidad. Equivale a decir: “Sé que soy imperfecto, pero finjo que no soy así”. No reconocer esta deshonestidad es comparativamente fácil cuando se le racionaliza mediante la meticulosidad, las normas y metas honorables, y el deseo de ser bueno.

El deseo genuino de ser mejor lleva a uno a aceptar la personalidad tal como es ahora. Si esta premisa básica es la fuerza principal que gobierna su motivación de ser perfectos, cualquier descubrimiento de dónde se quedan cortos en sus ideales no los arrojará a la depresión, la angustia y la culpa, sino que más bien los fortalecerá. No necesitarán exagerar la “maldad” del rasgo en cuestión, ni se defenderán de él con la excusa de que es culpa de otros, de la vida, del destino. Adquirirán una visión objetiva de ustedes mismos a este respecto, y esta visión los liberará. Asumirán plenamente la responsabilidad de la actitud defectuosa y estarán dispuestos a aceptar las consecuencias que les lleguen. Cuando actúan desde su ser idealizado, no hay nada que teman más que eso, ya que asumir la responsabilidad de sus fallas equivale a decir: “No soy mi ser idealizado”.

Una sensación de fracaso, frustración y compulsión, así como de culpa y vergüenza, son las señales más sobresalientes de que su ser idealizado está en acción. Estas son las emociones que se sienten conscientemente y que provienen de todas las que yacen ocultas por debajo.

Han llamado al ser idealizado a existir a fin de alcanzar la confianza en sí mismos y, por lo tanto, finalmente, la felicidad y el placer supremo. Cuanto más fuerte es su presencia, más se desvanece la genuina confianza en uno mismo. Como no pueden estar a la altura de las exigencias de este ser idealizado, tienen una opinión aun más pobre de ustedes de la que tenían originalmente. Por lo tanto, es obvio que la genuina confianza en sí mismos sólo puede establecerse cuando eliminan la superestructura que es este despiadado tirano, su ser idealizado.

Sí, podrían tener confianza en sí mismos si el ser idealizado fuera realmente ustedes; y si pudieran estar a la altura de estas normas. Como esto es imposible y como, en lo más profundo de ustedes, saben perfectamente bien que no se parecen en nada a lo que creen que deben ser, con este “superser” crean una inseguridad adicional, y dan origen a más círculos viciosos. La inseguridad original que supuestamente se borró con la creación del ser idealizado, aumenta constantemente. Crece como bola de nieve y se vuelve peor y peor. Cuanto más inseguros se sientan, cuanto más estrictas sean las demandas de la superestructura o ser idealizado, menos capaces serán de estar a su altura y más inseguros se sentirán. Es muy importante que vean cómo funciona este círculo vicioso. Pero no pueden hacer esto a menos que se vuelvan plenamente conscientes de las maneras tortuosas, sutiles e inconscientes en que esta imagen idealizada existe en su caso particular. Pregúntense en qué áreas específicas se manifiesta. ¿Qué causas y efectos se conectan con ella?

Otro resultado drástico de este problema es el creciente alejamiento de su ser real. El ser idealizado es una falsedad. Es una imitación rígida, artificialmente armada, de un ser humano vivo. Tal vez le adjudiquen muchos aspectos de su ser real; sin embargo, sigue siendo una construcción artificial. Cuanto más inviertan sus energías, su personalidad, sus procesos de pensamiento, sus conceptos, ideas e ideales en ella, más fuerza le roban al centro de su ser, el único que está dispuesto a crecer. Este centro de su ser es la única parte de ustedes, su ser real, que puede vivir, crecer y ser. Es la única que puede guiarlos correctamente. Sólo ella funciona con todas las capacidades de ustedes. Es flexible e intuitiva. Sólo sus sentimientos son verdaderos y válidos aun si, por el momento, no están completamente en la verdad y la realidad, en la perfección y la pureza. Pero los sentimientos del ser real funcionan a la perfección en relación con lo que son ahora, pues no pueden ser más, en cualquier situación dada de su vida. Cuanto más le quitan a ese centro vivo a fin de invertir en el robot que han creado, más se alejan del ser real y más lo debilitan y empobrecen.

En el curso de este trabajo, a veces se han topado con la desconcertante y a veces aterradora pregunta: “¿Quién soy yo en realidad?” Esto es el resultado de la discrepancia y la lucha entre el ser real y el falso. Sólo resolviendo esta tan vital y profunda cuestión responderá y funcionará su centro vivo a toda su capacidad, empezará su intuición a funcionar también a toda su capacidad, se volverán espontáneos, sin compulsiones, confiarán en sus sentimientos porque tendrán la oportunidad de madurar y crecer. Los sentimientos les serán tan confiables como su poder de razonamiento y su intelecto.

Todo esto es el hallazgo final del ser. Antes de que puedan hacer esto, tendrán que superar muchos obstáculos. Les parecerá que ésta es una lucha de vida o muerte. Todavía creen que necesitan al ser idealizado a fin de vivir y ser felices. Una vez que entiendan que no es así, serán capaces de renunciar a la seudodefensa que hace que parezca necesario mantener y cultivar al ser idealizado. Una vez que entiendan que la misión del ser idealizado era resolver los problemas específicos de su vida, más allá y por encima de su necesidad de felicidad, placer y seguridad, llegarán a ver la conclusión equivocada de esta teoría. Una vez que den un paso más y reconozcan el daño que el ser idealizado ha traído a su vida, lo desecharán por la carga que representa. Ninguna convicción, teoría o palabras que escuchen les hará renunciar a él, pero el reconocimiento de lo que debía resolver específicamente y el daño que ha causado y sigue causando les permitirá disolver esta imagen de imágenes.

Ni siquiera necesito decir que también tienen que reconocer muy particularmente y en detalle cuáles son sus demandas y normas específicas, y, además, tienen que ver su irracionalidad, su imposibilidad. Cuando tengan un sentimiento de angustia y depresión agudas, consideren el hecho de que su ser idealizado tal vez se sienta cuestionado y amenazado, ya sea por sus propias limitaciones, por los otros o por la vida. Reconozcan el autodesprecio que subyace a la angustia o a la depresión. Cuando estén compulsivamente enojados con otros, consideren la posibilidad de que ésta no sea más que una externalización de su enojo hacia ustedes por no vivir a la altura de las normas de su ser falso. No se engañen con la excusa de los problemas exteriores para explicar la depresión o el miedo agudos. Examinen la cuestión desde este ángulo nuevo. Su trabajo privado y personal les ayudará en este sentido, pero es casi imposible que lo hagan solos. Sólo después de que hayan hecho un progreso considerable reconocerán que muchos de estos problemas exteriores son directa o indirectamente el resultado de la discrepancia entre sus capacidades y las demandas de su ser idealizado, y de cómo lidian con este conflicto.

Así, conforme procedan en esta fase particular del trabajo, llegarán a entender la naturaleza exacta de su ser idealizado: sus demandas, sus requerimientos de sí y de otros a fin de conservar la ilusión. Una vez que vean plenamente que lo que consideraban encomiable es en realidad orgullo y simulación, habrán adquirido una percepción muy sustancial que les permite debilitar el impacto del ser idealizado. Entonces, y sólo entonces, se darán cuenta del tremendo autocastigo que se infligen, ya que siempre que se queden cortos, como inevitablemente sucederá, se sentirán tan impacientes, tan irritados, que sus sentimientos, como una bola de nieve que crece, se transformarán en furia e ira contra ustedes. Esta furia e ira suele proyectarse a otros porque es demasiado insoportable ser conscientes del odio que sienten por ustedes, a menos que desplieguen todo el proceso y lo vean completo, a la luz. No obstante, aun si este odio se descarga en otros, el efecto en el ser sigue estando allí y puede causar enfermedades, accidentes, pérdidas y fracasos exteriores de muchas maneras.

Cuando den los primerísimos pasos para renunciar al ser idealizado, experimentarán una sensación de liberación como nunca antes. Entonces verdaderamente renacerán; su ser real surgirá. Entonces descansarán dentro de su ser real, y estarán centrados por dentro. Entonces verdaderamente crecerán, no sólo en la periferia que acaso esté libre de la dictadura del ser idealizado, sino total y completamente en todas las partes de su ser. Esto cambiará muchas cosas. Primero ocurrirán cambios en sus reacciones a la vida, a los incidentes, a ustedes mismos y a otros. Esta nueva reacción será bastante asombrosa, pero poco a poco, las cosas de afuera inevitablemente cambiarán también. Su actitud distinta tendrá efectos nuevos. Vencer a su ser idealizado significa vencer un aspecto importante de la dualidad entre la vida y la muerte.

En el momento actual ni siquiera son conscientes de la presión de su ser idealizado, ni de la vergüenza, la humillación y el desenmascaramiento que temen y a veces sienten, de la tensión, la presión y la compulsión. Si tienen una vislumbre ocasional de estas emociones, todavía no las conectan con las fantásticas demandas de su ser idealizado. Sólo después de ver plenamente estas expectativas fabulosas y sus imperativos muchas veces contradictorios, renunciarán a ellas. La libertad interna inicial que se adquiere de esta manera les permitirá lidiar con la vida y estar de pie en la vida. Ya no tendrán que aferrarse frenéticamente al ser idealizado. La sola actividad interior de aferrarse tan frenéticamente genera un clima generalizado de aferramiento. Esto a veces se expresa en actitudes externas, pero con más frecuencia es una cualidad o actitud interior. A medida que procedan en esta fase nueva de su trabajo, intuirán y sentirán esta estrechez interna, y gradualmente reconocerán el daño básico que causa. Vuelve imposible soltar muchas actitudes. Y vuelve excesivamente difícil hacer cualquier cambio que permita a la vida producir gozo y un espíritu de vigor. Se mantienen contenidos dentro de ustedes y, por lo tanto, van contra la vida en uno de sus aspectos más fundamentales.

Las palabras son insuficientes; más bien tienen que sentir lo que quiero decir. Sabrán exactamente cuándo han debilitado a su ser idealizado en el momento en que entiendan plenamente su función, sus causas y sus efectos. Entonces obtendrán la gran libertad de darse a la vida porque ya no tendrán que ocultarse algo ni a ustedes mismos ni a otros. Podrán entregarse con profusión a la vida, no de una manera malsana e irracional, pero de la manera tan sana como la naturaleza se prodiga. Entonces, y sólo entonces, conocerán la belleza de vivir.

No pueden enfocar esta parte tan importante de su trabajo interior con un concepto general. Como de costumbre, sus más insignificantes reacciones diarias, consideradas desde este punto de vista, arrojarán los resultados necesarios. Así que sigan con su autobúsqueda con estas nuevas consideraciones y no se impacienten si les exige tiempo y esfuerzo relajado.

Una palabra más: La diferencia entre el ser real y el idealizado muchas veces no es cuestión de cantidad, sino de calidad. Es decir, la motivación original es distinta en estos dos seres. Esto no será fácil de ver, pero a medida que reconozcan las demandas, las contradicciones y las secuencias de causa y efecto, la diferencia en la motivación les quedará clara gradualmente. Otra consideración importante es el elemento del tiempo. El ser idealizado quiere ser perfecto, de acuerdo con sus demandas específicas, ahora mismo. El ser real sabe que esto no puede ser, sabe que es imperfecto y no sufre por este hecho.

El ser real es un complejo de todo lo que son en el momento. Desde luego que tienen su egocentrismo básico, pero si lo reconocen responsablemente, pueden lidiar con él. Pueden aprender a entenderlo y, por lo tanto, disminuirlo con cada percepción nueva. Entonces verdaderamente experimentarán la verdad de que cuanto más egocéntricos son, menos confianza tienen en sí mismos. El ser idealizado cree exactamente lo contrario. Sus pretensiones de perfección están motivadas por razones puramente egocéntricas, y este mismo egocentrismo vuelve imposible la seguridad en uno mismo.

La gran libertad de llegar a casa, amigos míos, es encontrar su camino de regreso a su ser real. La expresión “llegar a casa” se ha usado con frecuencia en la literatura y las enseñanzas espirituales, pero ha sido muy malentendida. Suele interpretarse como el regreso al mundo espiritual después de la muerte física. Llegar a casa quiere decir mucho más. Pueden morir muchas muertes, vivir una vida terrenal tras otra, pero si no han encontrado su ser real, no pueden llegar a casa. Pueden estar perdidos y permanecer perdidos hasta que encuentren el camino al centro de su ser. Por otra parte, pueden encontrar su camino a casa aquí y ahora, mientras todavía habitan su cuerpo. Cuando se armen de valor para convertirse en su ser real, aun cuando les parezca que es mucho menos que el ser idealizado, descubrirán que es mucho más. Entonces tendrán la paz de estar en casa con ustedes mismos. Entonces encontrarán la seguridad. Entonces funcionarán como un ser humano completo. Entonces habrán roto el látigo de hierro de un capataz al que es imposible obedecer. Entonces sabrán lo que significan en realidad la paz y la seguridad. Dejarán de una vez y para siempre de buscarlas por medios falsos.

¿Tienen preguntas que hacer?

PREGUNTA: ¿Así que el ser real no tiene dos almas, no tiene dualidad?

RESPUESTA: Desde luego que no. La dualidad deja de existir una vez que se aceptan como parte buenos y parte malos, cuando saben que constan en parte del Ser Superior y en parte del Ser Inferior. Estos dos lados se integrarán y vivirán en paz uno con el otro una vez que acepten que tienen los dos. Y sólo entonces puede el lado inferior desarrollarse gradualmente y salir de su ceguera. Pero mientras no se reconcilien con el hecho de ser tanto buenos como malos, mientras batallen contra esta “maldad” y crean que no pueden tolerarla, existirá la dualidad. Al aceptar su Ser Inferior podrán vencerlo gradualmente, así como la dualidad entre el Ser Superior y el Ser Inferior. Al no aceptarlo, aumentan la dualidad. Así es también cuando se trata de la vida y la muerte. Al aceptar la muerte, la dualidad entre la vida y la muerte gradualmente decrece hasta que desaparece por completo. Al luchar contra la muerte, al luchar contra su Ser Inferior, la dualidad aumenta.

PREGUNTA: ¿Podría explicarnos lo que Goethe quiso decir con: “Dos almas residen en mi pecho”?

RESPUESTA: Puede interpretarse como el Ser Superior y el Ser Inferior. Y también puede interpretarse como la dualidad entre el ser idealizado y el ser real. La falta de paz entre el Ser Superior y el Ser Inferior invita a existir al ser idealizado. Estas dos dualidades son interdependientes. Mira, cuanto más se interpone el ser idealizado entre el ser real y la vida, menos puede crecer esta última, más se encoge y se le impide funcionar.

PREGUNTA: En la psicología moderna frecuentemente oímos la palabra esquizofrenia aplicada a las personas psicóticas. De acuerdo con sus pláticas, esta noche y anteriormente, todos estamos fragmentados y escindidos. ¿Es esta dualidad sólo una cuestión de grado?

RESPUESTA: Sí, es cuestión de grado, de intensidad y de cuántas áreas de la personalidad incluye. Para el psicótico clínico, las áreas donde el ser no se acepta son abrumadoras. Para una persona más normal que puede funcionar en la vida, el ser idealizado puede permear toda la personalidad, pero sigue habiendo cierto sentido de realidad.

PREGUNTA: En la última conferencia aprendimos que es importante que hagamos frente a la muerte a fin de vivir plenamente. En este momento se está dando mucha publicidad al juicio de Adolf Eichmann. Mis preguntas son, una, ¿podemos y debemos hacer frente a la muerte de estos millones de desventurados a fin de aprender algo para nosotros en lo individual? Dos, ¿es sano revivir una era de muerte y destrucción? Tres, ¿puede la Humanidad aprender una lección positiva reviviendo esto?

RESPUESTA: Para responder la primera pregunta: ¿Puede aprenderse cualquier lección sobre la vida y la muerte, o, si vamos al caso, sobre cualquier otro tema? Eso depende enteramente de ti, el individuo, de si puedes o quieres aprender una lección. Pero en lo que se refiere a la lección de la muerte, me aventuro a decir que todos los individuos tienen que pasar por eso personalmente, ya sea que se trate de la muerte física, o de las muchas y pequeñas muertes cotidianas de las que hablé recientemente.

Creo que sería muy peligroso suponer que una persona puede aprender a través de la tragedia de otro en este sentido específico. Sería peligroso porque daría lugar a un engreimiento en el individuo, que posiblemente redundaría en una crueldad pasiva, o incluso a la postre, activa. Una persona así podría condonar la crueldad de una manera insidiosa y sutil. Hay ciertas cosas que uno puede aprender sólo experimentándolas en carne propia. Existen otras maneras en las que uno podría, al menos teóricamente, aprender a través de las experiencias de otras personas, si uno está abierto. Sin embargo, la experiencia muestra que la mayoría de los individuos tienen que aprender sus propias lecciones a través de sus propios errores, no por medio de los errores que otros cometan, y no mediante las experiencias que otros tengan. Si en casos aislados esto ocurre, tanto mejor. Pero no hay una ley general que pueda proclamar que un suceso específico es más conducente a aprender que otro. Teóricamente, uno podría aprender de cualquier suceso de la vida. En su mayor parte, es más fácil aprender una lección de nuestras pequeñas e insignificantes decepciones que de la tragedia de otra persona.

En cuanto a la segunda pregunta, mis queridos amigos, no puedo responderla con un sí o un no. Nuevamente, depende del individuo. Tanto los individuos como la Humanidad en general podrían aprender una lección positiva, si recuerdan esta era de destrucción y crueldad. Y también podrían aprender a través de ella una lección negativa. Del mismo modo, podría aprenderse una lección tanto positiva como negativa al no revivirla. No hay aquí un “sí” ni un “no”. No hay una respuesta fácil a ninguna de estas dos alternativas.

Mientras las personas estén gobernadas en su mayor parte por el deseo de venganza, el odio y la revancha, y estas emociones predominen, no habrá lección. Si, por otra parte, las motivaciones principales son verdadera y genuinamente más constructivas que destructivas—no sólo proclamadas, sino realmente sentidas—la lección será positiva. Por otra parte, no revivir los sucesos podría ocurrir también por motivos negativos, como la cobardía, el miedo, la indiferencia, el oportunismo y la resignación. Esta sería entonces una lección negativa. No revivir el asunto podría suceder también por una verdadera sabiduría que está convencida de que las leyes del mundo divino se encargan de todo. Pero esto ciertamente no significa que los criminales no deban sufrir las consecuencias. El enfoque de hacerse cargo de la tarea de castigar a otro ser humano es muy diferente del enfoque de hacer imposible que haya más crueldad, además de curar a los criminales de su enfermedad… en caso de que estén dispuestos a aceptar la ayuda necesaria.

PREGUNTA: ¿Hasta qué grado deben los humanos castigar a un criminal por sus propias manos?

RESPUESTA: No corresponde a los seres humanos castigar. Su modo de proceder debería ser, y un día será, también asumir la responsabilidad de que cualquier crimen puede ocurrir a causa de los valores equivocados, los sistemas equivocados, la educación equivocada y las actitudes equivocadas. Con ese reconocimiento, el peso se desplazará del castigo a la sanación. Pero la posibilidad de que estas personas perpetren más crímenes debe evitarse estrictamente restringiendo su libertad exterior, y ayudándoles al mismo tiempo a obtener su libertad interior a través de un tratamiento. El criminal de todos modos sentiría esto como un castigo, ya que la violación de la libertad personal, así como el doloroso proceso de sanar el alma, pueden ser tan difíciles como la muerte o la vida en prisión, sólo que mucho más constructivos. Todo esto llegará un día.

Que todos encuentren verdad, ayuda y más iluminación con las palabras que les di esta noche. No obstante, deben entender y esperar que una comprensión teórica, especialmente ahora, no les dejará nada. Mientras estas palabras sean pura teoría, no recibirán ayuda de ellas. Cuando empiecen o continúen su trabajo en esta dirección y se permitan sentir y observar sus reacciones emocionales conectadas con su ser idealizado, entonces harán un progreso considerable en su propia liberación y autobúsqueda en el sentido más verdadero de la palabra.

Ahora, queridos míos, reciba cada uno de ustedes nuestro amor, nuestra fuerza y nuestras bendiciones. ¡Queden en paz, queden en Dios!

Dictada el 14 de abril de 1961.