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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 88. Religión: verdadera y falsa

Saludos, mis queridos amigos. Bendiciones para todos ustedes.

A lo largo de las eras el esfuerzo divino se concentró en transmitir la verdadera religión a la Humanidad. Sin embargo, ese esfuerzo estuvo acompañado de una reacción inevitable, no tanto antirreligiosa, como podrían creer, sino de falsa religión. Esta distorsión se promueve dando a la falsedad la apariencia de verdad. Si estudian la historia de la religión, podrán identificar una tendencia obvia aunque gradual, con muchos retrocesos, que llevan de la religión falsa a la verdadera. Particularmente en tiempos recientes, a pesar de, o tal vez debido a toda la turbulencia y la confusión, es más fuerte que nunca la tendencia hacia la religión verdadera.

¿Cuáles son las principales diferencias entre la religión verdadera y la falsa? Uno de los principales determinantes es que en la religión falsa la obediencia a la autoridad es uno de los grandes bastiones. En todas las religiones—en unas más y en otras menos—el concepto de obediencia desempeña un papel importante. La verdadera religión no obedece. Es libre. La verdadera religión es un proceso voluntario; una acción libre y autodeterminada que se deriva de la comprensión. Hace que las personas actúen desde su propia convicción y nunca por temor, ni por el deseo de complacer y apaciguar a una persona, ser o autoridad más poderosa.

La obediencia a la autoridad ha sido alentada por exponentes de la religión con la verdad a medias y el argumento, sólo parcialmente válido, de que la Humanidad estaba demasiado esclavizada a sus pasiones para que se le dejara libre. Por lo tanto, tenía que insistirse en la obediencia a fin de proteger a la sociedad.

Superficialmente esto puede parecer correcto; en realidad no lo es. Aunque es cierto que el desarrollo general de la Humanidad no está lo suficientemente avanzado para estar libre de impulsos destructivos, las leyes para evitar esta destrucción no necesitan combinarse con la religión. En otras palabras, la religión no tendría que transmitir la idea de una autoridad divina severa a fin de evitar los crímenes. Hay otros medios para efectuar eso a través de las leyes civiles. La religión no necesita distorsionarse ni la verdad oscurecerse alentando las tendencias más débiles, más enfermas y más inmaduras de la Humanidad. Son esas tendencias las que se explotan a fin de mantener la religión falsa.

Ya saben a estas alturas, debido a su trabajo en este Pathwork, que una de sus grandes luchas es superar el deseo inconsciente de seguir siendo niños aferrados y protegidos, de rechazar las aparentes adversidades de la adultez, la autorresponsabilidad y la independencia. Al niño que hay en ustedes le parece mucho mejor permanecer impotente, obligar al poderoso mundo adulto, a Dios, o a cualquier sustituto de estos dos, a asumir la responsabilidad de su vida que ustedes mismos deben aceptar. Los efectos tremendamente dañinos que esta actitud oculta tiene sobre la personalidad sólo pueden descubrirse cuando se vuelven conscientes. Pero inconscientemente batallan contra esta misma conciencia, fantaseando en su inconsciente que las desventajas de la adultez puedan evitarse permaneciendo como niños, que al mismo tiempo se niegan a enfrentar las trágicas desventajas de una niñez prolongada. Esta actitud que incapacita al alma finalmente logra volverlos en verdad impotentes, mientras que la autoridad divina que desean que asuma su responsabilidad no está ahí. Esto, a su vez, causa amargura, rebeldía y un profundo sentimiento de injusticia. Se sienten timados. Después de todo, han obedecido, muchas veces al pie de la letra. Pero la obediencia de este tipo siempre tiene el motivo equivocado: “Si te obedezco, me protegerás. Tomarás decisiones por mí. No se me hará responsable y seré recompensado con la felicidad por ser un niñito obediente”. Como Dios no “recompensa” estas actitudes malsanas, se sienten timados. No pueden evitar sentir que hay injusticia en el mundo.

La religión falsa ha alentado y sacado provecho de esta tendencia tan enfermiza. Ha establecido reglas y dogmas, y ha distorsionado la ley hasta convertirla en un concepto tan rígido que los humanos cayeron fácilmente en esta actitud sumisa y dependiente. La religión falsa alentó el miedo, la dependencia, la impotencia y una tendencia humillante, aunque a veces muy sutil, de apaciguar. Esto tiene el efecto incapacitante adicional de provocar el autodesprecio y la vergüenza, los que a su vez tienen que encontrar salidas que se vuelven destructivas hacia los demás, así como hacia el ser. La rebelión inevitablemente sigue este conjunto de emociones.

Siempre que el miedo, la timidez, la no afirmación, el apaciguamiento y la obediencia predominan en una personalidad, también debe existir la rebelión. Tal vez no esté en la superficie, ¡pero existe! No puede haber duda de ello. Será toda una batalla encontrar este nivel de rebelión, amargura, hostilidad y agresividad. Esta batalla es provocada por la resistencia a renunciar a la autoimagen tan preciada de la persona “buena”. La necesidad de esta “bondad” surge en su mayor parte del empeño oculto de seguir siendo un niño impotente a fin de hacer que el mundo adulto—o Dios, o la vida o la autoridad humana—vea la necesidad de cuidar al niño. Y el niño sólo “merece” un cuidado tan benigno si conserva su “bondad”.

Del mismo modo, si encuentran en un ser humano un énfasis excesivo en la independencia, las tendencias dominantes hostiles, la rudeza y la negación de todas las leyes y reglas, pueden estar seguros de que el miedo, al apaciguamiento y la impotencia también existen, aunque están ocultas de la conciencia. La vergüenza que rodea a estas tendencias es tan fuerte que la personalidad exterior asume una falsa libertad e independencia como imitaciones pobres de las cualidades reales. Como estas personas desean tan intensamente evitar la lucha de la vida, se encogen como el tipo predominantemente temeroso y apaciguador, pero se avergüenzan de esta debilidad, así como de la decepción de no salirse con la suya. Inconscientemente, se sienten solos. Se sienten rechazados por Dios, por la vida, por la autoridad humana, y esta vergüenza debe ocultarse a toda costa.

Ambos tipos burdos—que suelen aparecer en mezclas y combinaciones más sutiles—representan, desde luego, desviaciones psicológicas que siempre pueden rastrearse a influencias paternas y experiencias tempranas. Sin embargo, también es importante considerar estas manifestaciones desde el punto de vista espiritual y religioso. Una conciencia y una comprensión completas de estas actitudes les mostrarán cómo se desvían por dentro de sus creencias conscientes.

Así pues, cuando hay fe, obediencia y apaciguamiento religiosos exteriores, traten de encontrar no sólo la impotencia dependiente, sino también el resentimiento oculto de que Dios no ha acudido a proveerlos de lo que necesitan y desean, de llevarlos de la mano, de hacer que la vida sea buena para ustedes, de eliminar de esta Tierra la crueldad, la injusticia, el sufrimiento y el dolor. Estas quejas generales suelen ser motivadas por la decepción subjetiva interior de no ser “cuidados”. Cuando encuentren una rebelión y una agresividad manifiestas, un impulso de independencia excesiva, traten de descubrir en lo más profundo de ustedes el deseo de la mano fuerte de una autoridad que sea completamente buena con ustedes, y su desilusión de no haberla encontrado.

Parte de su tarea de autobúsqueda es determinar dónde existe la falsa religión en lo profundo de su alma; dónde toman prestados, por decirlo así, preceptos religiosos detrás de los que se esconden y que justifican sus tendencias infantiles a negarse a crecer.

Sus opiniones correctas conscientes valen muy poco cuando son debilitadas por sus creencias inconscientes. Si no viven, experimentan y sienten las ideas correctas, éstas pierden su poder. Están vacías. Sólo cuando las creencias se incorporen en el nivel emocional, se integren en toda la estructura de carácter, tendrán poder. Siempre que se preguntan por qué les ocurren cosas que van en contra de sus creencias y de las leyes espirituales que conocen tan bien, pueden estar seguros de que, al menos en un aspecto, se desvían interiormente. Su tarea será descubrir cómo y cuánto se desvían inconscientemente de sus opiniones conscientes correctas. Aunque sepan perfectamente bien que Dios no es una autoridad ni benigna ni hostil, que Dios nos ha liberado y nos corresponde a nosotros desarrollarnos, podrían encontrar con frecuencia que sus emociones se desvían completamente de este conocimiento.

Los problemas que acarrean a través de muchas encarnaciones y a lo largo de su niñez son fundamentales para traer estos conflictos inconscientes a la superficie. Pero también lo es la tendencia de la religión a alentar la obediencia ciega. Ambas causas producen personalidades distorsionadas por la impotencia, la falsa bondad y el apaciguamiento; o la independencia exagerada, la rebelión y la falsa rudeza; o una combinación de las dos. En ambos casos ocultan algo y ardientemente tratan de demostrarse a sí mismos y a otros que lo oculto no existe. En un caso ocultan la rebelión y la hostilidad; en el otro, ocultan la impotencia y el deseo de protección, la tendencia a apaciguar y a ser falsamente “buenos”.

Al encontrar, entender y resolver estas distorsiones, no sólo crecen y se convierten en seres humanos más fuertes y felices, sino que también contribuyen mucho más de lo que pueden percibir en el momento a la eliminación de la religión falsa y su sustitución por la religión real en el mundo en general.

La obediencia, como la religión falsa propone y enseña, es completamente incompatible con la idea de que un ser humano libre puede alcanzar la divinidad. Una vez que la obediencia ciega es eliminada de la religión y del alma del individuo, la rebelión contra lo que es verdaderamente bueno, sabio y amoroso en la religión cesará porque ésta perderá ese matiz de hipocresía y mojigatería que muchas veces tiene para muchos individuos. La verdadera religión, la genuina espiritualidad, tiene como propósito principal hacerlos libres, hacerlos fuertes, hacerlos responsables para que no esperen que la justicia se les imparta, sino que descubran su propia justicia. Con la actitud equivocada, no sólo no eliminan su impotencia autoimpuesta, sino que la fomentan, así como fomentan la falsa religión, aun si la debilidad y el aferramiento a la autoridad toman una forma conscientemente secular. De este modo deben ver que esta inmadurez y estas desviaciones del alma van de la mano con la religión autoritaria falsa. Todo lo demás siempre trae una contramedida igualmente falsa.

Así, encuentren en qué recovecos sutiles y profundamente ocultos de su alma esperan que Dios viva por ustedes; que tome decisiones por ustedes; que les traiga los resultados deseados; que les dé lo que ustedes podrían obtener para ustedes mismos si tan sólo decidieran volverse libres y maduros. Encuentren en ustedes este elemento que es más dañino de lo que ahora se imaginan. Se incapacitan con esta actitud oculta. Y hacen de la verdad una muleta falsa.

La religión falsa hace más daño a la religión verdadera que el ateísmo y el materialismo completos porque hace una farsa de la verdad, de la dignidad de la libertad y de la fuerza divina de la Humanidad. Da un argumento poderoso a los antirreligionistas. Así que se vuelve muy importante que encuentren dónde siguen aferrándose porque tienen miedo de pararse sobre sus dos pies. Tal vez al principio se pregunten cómo encontrar este elemento en ustedes. Yo les digo que no importa dónde empiecen si se concentran en esta meta. Tomemos por ejemplo cualquier emoción negativa; envidia, amargura, miedo, impotencia…y lo más indicativo de todo, la autoconmiseración. Una vez que determinen estos sentimientos, no será tan difícil encontrar dónde se aferran a la infancia espiritual y emocional. Busquen en esta dirección aun si creen que esto no se aplica a ustedes. Si realmente quieren encontrar la verdad, lo harán. Siempre lo han hecho. Una vez que hayan encontrado esta insistencia inconsciente en seguir siendo niños indefensos, pronto llegarán a ver que ella es la culpable de su debilidad, su impotencia, su perenne miedo a la vida. Pero combaten este descubrimiento volviéndose aún más indefensos, más temerosos y más débiles. Una vez que verdaderamente vean y entiendan esto, empezarán a cambiar… y su fuerza crecerá. Ya no esperarán que Dios les dé lo que deberían y podrían ser suficientemente fuertes para obtener por sí mismos. Y esto les dará seguridad y respeto por sí mismos. Mientras se aferren a una autoridad más fuerte que ustedes mismos a fin de evitar el esfuerzo y la responsabilidad, no podrán evitar odiarse y despreciarse, y se volverán más débiles y más impotentes.

Esta relación con la autoridad puede tomar la forma de un vago sentimiento de que el mundo en general debe ser apaciguado. Esto también puede sentirse hacia ciertas personas, o puede ser realmente su concepto de Dios, que entonces lleva a la imagen de Dios de la que he hablado antes. [cf. Conferencia 52] La religión falsa y su insistencia inconsciente en seguir siendo un niñito se combinan para producir esta imagen de Dios.

En el estado de transición entre renunciar a la religión falsa y abrazar la religión verdadera, llega una etapa de vacío. Es efectivamente una fase difícil. Es una fase en la que se sienten solos porque el falso dios se está disolviendo y el Dios verdadero todavía no puede arraigarse en su ser. En esta fase toda su fe puede empezar a derrumbarse. Pueden estar llenos de dudas acerca de la existencia misma de Dios. Esta es la consecuencia de eliminar la seguridad falsa, el escape, las muletas que son parte de la infancia espiritual. Como el dios de su concepto infantil no existe, Dios mismo parece temporalmente no existir en absoluto.

Pero a medida que la falsa religión y su imagen de Dios se desvanezcan, aun cuando se sientan temporalmente solos, una fuerza interior empieza a crecer en ustedes, mucho antes de que se den cuenta de ello... con la condición, desde luego, de que este estado temporal no los desanime, sino que sigan trabajando. Necesitan estar dispuestos a aceptar la tarea de volverse íntegros, fuertes y autosuficientes. Tienen que decidir no permitir que este estado temporal los aplaste al grado de abdicar de la vida y de la lucha. Si caen en un estado así, no llegarán a ser individuos libres y fuertes. Pueden recaer en la comodidad engañosa y superficial de la religión falsa. Si desarrollan su propia fuerza por la razón misma de que se sienten solos, entonces saldrán victoriosos, y el camino hacia la religión verdadera estará pavimentado por su propia actitud y esfuerzo. Esta es la única manera en que pueden soltar el dios fantasma y desarrollar el Dios real: la libertad interior. El camino hacia Él es mediante la aceptación de la soledad. Esta aceptación fortalecerá la independencia y la autorresponsabilidad que es esencial para la criatura divina en la que desean convertirse.

Si entienden estas palabras, no sólo intelectual y superficialmente, sino después de trabajar un tiempo y encontrarse con emociones, tendencias y reacciones correspondientes dentro de ustedes mismos, entenderán dos cosas mucho mejor que antes. Una es la conferencia sobre la dualidad. [cf. Conferencia 81] Aceptar la muerte y lo desconocido es el único requisito para aceptar la vida y la felicidad; no aceptando la muerte con una espiritualidad fantasiosa, evitando sus miedos y sus dudas; no usando la religión como una muleta que los sostenga frente al miedo y la soledad, sino reconociéndolos y enfrentándolos valientemente. Sólo entonces podrán la religión y el conocimiento verdaderos reemplazar la falsa religión del escape y las creencias vagas que sólo sirven para ocultar su miedo.

Hay aquí una mutualidad. Aceptar la muerte y lo desconocido se conecta con la aceptación de la independencia y la autorresponsabilidad. Ambas indican una adultez espiritual y emocional, libertad, crecimiento, creatividad, fuerza, autoconfianza y seguridad real. El clima emocional de la religión falsa puede expresarse con estas palabras: “Soy un pecador débil e indefenso. No puedo hacer nada sin Dios, sin una autoridad que me permita ser feliz. Este Dios tiene el derecho de ser bueno o malo conmigo. Pero si lo obedezco y apaciguo, es probable que Él esté bien dispuesto hacia mí, o al menos eso espero”.

De un sentido de humillación desarrollarán la humildad. De un apaciguamiento aferrado y una obediencia ciega—muchas veces sin entender—se convertirán en seres autorresponsables que confían en su propia capacidad para obtener lo que necesitan en la vida. Les hace falta ahora soltar la ilusión de la falsa religión, del falso consuelo. Y en este estado transitorio, si lo atraviesan, su fuerza vendrá de la verdad.

El segundo punto es la razón por la que muchas veces he hecho hincapié durante un buen tiempo en el punto de vista psicológico más que en el espiritual. Ninguno de ustedes está libre de la distorsión de la espiritualidad; a saber, su uso como escape, como sustituto de su debilidad, como consuelo de sus temores, como un intento de apaciguar a Dios para obtener lo que fácilmente podrían obtener con su propio esfuerzo. Como la religión es un sustituto, puede ayudar durante un tiempo. Puede aliviar el miedo irracional. Pero a la larga los incapacita a ustedes y frena su crecimiento. A veces tengo que abstenerme de afirmar una verdad espiritual directamente porque su subconsciente lo malinterpretaría y le daría un mal uso. Pero cuantos más problemas resuelvan, menos peligroso se vuelve decirles la verdad sin el peligro de reforzar en ustedes la tendencia a sucumbir a la religión falsa. Entonces la religión verdadera saldrá de su propia fuerza, no del dogma. Vendrá de dentro y no, como ahora lo esperan inconscientemente, de fuera.

Desarrollar sus propios recursos y fortalezas en lugar de obtenerlas de un ser fuera de ustedes no es menos divino. Todo lo contrario. Con esta comprensión, no les importará que yo regrese ocasionalmente a un enfoque más espiritual para ver dónde las desviaciones psicológicas—las imágenes, las distorsiones, las conclusiones equivocadas, las soluciones falsas—contradicen directamente la espiritualidad que todos ustedes buscan. Entonces, y sólo entonces, entenderán plenamente que éstos no son dos temas inconexos: uno es parte integral del otro.

Ahora, amigos míos, ¿tienen preguntas sobre este tema?

PREGUNTA: ¿Podría explicarnos lo que es la religión verdadera, comparada con la actitud equivocada? ¿Dónde entra Dios si no siento que Él sea una ayuda? No entiendo bien esto.

RESPUESTA: Sentirás que Dios es una ayuda cuando llegues a la religión verdadera después de abandonar las muletas, pero en un sentido completamente diferente. Ahora necesitas la ayuda de Dios porque tú mismo te haces sentir impotente. Luego sentirás la ayuda de Dios porque percibirás la perfección del universo y sus leyes, de las cuales eres una parte integral y contribuyente. Sentirás que eres la fuerza impulsora de tu vida. Te puedes ayudar si realmente quieres hacerlo, si estás dispuesto a sacrificar algo.

Digamos que deseas la felicidad en cierto sentido; y éste no es un sentimiento vago, sino una meta claramente definida. Buscarás y encontrarás cómo has evitado esta felicidad hasta ahora y lo que puedes hacer hoy para obtenerla por tus propios esfuerzos. Entenderás lo que esto exige de ti, y será tu responsabilidad o satisfacer estas exigencias porque decides que valen la pena, o abstenerte de ellas. Pero no tendrás en el alma un sentimiento constante de que eres un niño abandonado e injustamente tratado. La verdadera religión es la madurez espiritual y emocional. El papel de Dios no es proveerte de las cosas que no deseas obtener por ti mismo. Pero la conciencia divina te revelará que Su mundo es maravilloso y que tienes mucho más poder del que has reconocido hasta ahora, si tan solo lo activas eliminando tus propios obstáculos a tu realización.

La actitud de la religión falsa surge cuando le pides ayuda a Dios para que te ayude a superar una dificultad en tu vida y luego te sientas a esperar. No examinas suficientemente por qué tienes esta dificultad. Tal vez lo hagas de manera perentoria porque alguien más que tiene autoridad te ha dicho que lo hagas. Pero aun cuando intentes este examen, tiendes a demostrar que no tienes nada que ver con la dificultad. Te cayó del cielo sin merecerla, y no hay manera de salir de ella a menos que Dios intervenga con un acto de gracia. No haces acopio de tu voluntad interior ni de tu fortaleza para descubrir cómo puedes realmente obtener lo que deseas con tu propia creatividad.

Dios está en ti. Las fuerzas divinas están en ti si las movilizas en vez de esperar que vengan del exterior. Y la movilización de estas fuerzas sólo puede suceder si sueltas alguna actitud dañina, algo destructivo que, de nuevo, te corresponde a ti encontrar. La fuerza y la seguridad que provienen de esta actitud te darán una relación completamente diferente con Dios, así como un concepto de Dios por entero distinto. Emocionalmente, las palabras pueden ser con frecuencia las mismas, pero el concepto y el clima interior serán diferentes.

Las palabras suelen ser las mismas tanto para la religión verdadera como para la falsa, pero la experiencia interior es muy diferente. Las dos religiones dicen que la gracia de Dios existe. Aunque estés solo, la gracia sigue existiendo. Pero esta comprensión no te llegará hasta que asumas la responsabilidad de ti mismo. Mientras esperes que la gracia de Dios compense tu pereza y tu avaricia humanas, te decepcionarás, te lo reconozcas o no. Así que te sientes lastimado, enojado y rebelde. Entonces o te alejas de Dios por completo, negando Su existencia misma en el universo, o te consideras un caso aislado de abandono, en parte indigno de Su gracia y Su ayuda, y en parte injustamente tratado. Así que te regodeas en tu culpa y tu autoconmiseración. Esto te vuelve más dependiente e impotente; y así continúa el círculo vicioso: expías tu rebelión contra Dios apaciguándolo aún más con una obediencia temerosa que está enteramente en la superficie y es provocada por las motivaciones más enfermizas.

PREGUNTA: Entiendo. Pero, ¿cómo lo hacemos? Esta imagen de Dios está tan arraigada en nosotros después de tantas décadas de aprender la actitud falsa. ¿No cambiaría también la oración si descartáramos este concepto? ¿No cambiaría todo?

RESPUESTA: Desde luego que sí. Pero mira, hijo mío, no puedes decir “Ahora descartaré mi imagen de Dios”. No es algo que simplemente puedas decidir en tu mente. No funciona así. Su impacto emocional permanecería si trataras de cambiarlo por una mera decisión exterior. A fin de tomar una decisión interior, el procedimiento tiene que ser el mismo que siempre ha sido en este trabajo. Encuentra estas actitudes y entiéndelas más plenamente. Si haces esto con profundidad, no sólo superficialmente, te sorprenderá lo lejos que has llegado para perpetuar por la fuerza tu infancia. Una vez que analices y entiendas ciertos patrones de conducta emocional, te darás cuenta de lo absurdos que son; de cuán incompatibles son con tu creencia consciente; de lo contrarios que son a tu propio beneficio; de cuán lógicamente imposibles son. Después de ver y entender todo esto, el cambio ocurre orgánicamente, por sí mismo. Es necesario cierto periodo de autoobservación a fin de tener una percepción completa y luego poder cambiar.

Debes encontrar estas reacciones emocionales sutiles y discretas. No son obvias ni fuertes. Tampoco son completamente inconscientes. Están allí, pero son sutiles, y estás tan acostumbrado a ellas que ni siquiera ves que haya algo incorrecto. Encontrarlas y analizarlas es el primer paso, y luego verlas a la luz de esta discusión. Esto ayudará a disolver la imagen de Dios porque tu actitud cambiará de manera natural. Por ejemplo, descubrirás cuáles son en realidad tus expectativas, cómo te quejas por dentro. Descubrirás lo que tú mismo puedes hacer para volver realidad estas expectativas, y entenderás por qué no lo has hecho. Éste debe ser el procedimiento.

El hecho mismo de que estés consciente de esta imagen de Dios te hace muy afortunado; muchos otros ni siquiera están conscientes de ella. Están convencidos de que no tienen ninguna distorsión a este respecto. No conectan ciertas reacciones emocionales con esta imagen de Dios, con la actitud religiosa falsa. Están llenos de sus creencias conscientes correctas, mientras sus conceptos inconscientes están demasiado lejos de su percepción.

PREGUNTA: ¿Qué religión está más lejos de la verdad?

RESPUESTA: Uno no puede hacer una afirmación así. Puede ser que una confesión religiosa tenga más enseñanzas verdaderas, pero otra que tenga menos podría, en su actitud general, estar más cerca de la verdad. Aparte de que es peligroso hacer estas comparaciones, la cuestión no es importante.

PREGUNTA: Una de las últimas palabras de Cristo fue: “Padre, hágase Tu voluntad”. Tomada como ejemplo, esta frase podría haber significado obediencia, o podría haber significado libertad.

RESPUESTA: Exactamente. Como dije antes, las palabras suelen ser las mismas. La verdad puede malinterpretarse muy fácilmente porque la esencia de la verdad es la voluntad y la capacidad de entender. Por ejemplo, de lo que he discutido esta noche, fácilmente podrían inferir que no puede haber gracia de Dios. Si se supone que deben ser libres e independientes, ¿dónde interviene la gracia? Ni siquiera la necesitarían. Esto no es cierto. La gracia sí existe. Pero no hay palabras que puedan transmitir el concepto de la gracia a menos que primero hayas alcanzado esta verdadera experiencia religiosa interior. Cuando ya no necesites la gracia como sustituto de tu propia debilidad, cuando no conviertas ésta en una ventaja o un recurso, entonces serás fuerte. Durante un tiempo vivirás sin ninguna comprensión de la gracia, pero entonces entenderás el verdadero concepto. En otras palabras, este estado temporal de soledad debe experimentarse primero. Los místicos lo llaman “la noche oscura del alma”.

Las palabras que acabas de mencionar: “Que se haga Tu voluntad”, significan, correctamente entendidas: “Suelto mi pequeño voluntarismo, mi perspectiva limitada, y me abro para que la divinidad pueda llegar a mí”. No vendrá de fuera, sino de dentro, como un conocimiento y una certidumbre profundos, pero sólo si no te disocias de esta comprensión. La experiencia de la unidad con lo divino sólo puede suceder si aprendes a soltar, si dejas de ser rígido.

El significado falso de: “Que se haga Tu voluntad” hace que la Humanidad parezca débil y estúpida, de manera que necesitas que otro ser actúe y decida en vez de ti. Este otro ser suele ser una autoridad humana o una autoridad eclesiástica que pretende actuar en el nombre de Dios. “Que se haga Tu voluntad” no significa obediencia; significa abrirte en la mayor medida posible para que la sabiduría mayor se vuelva parte de ti.

PREGUNTA: De lo que dice usted, se vuelve claro que la religión se trata de que cada alma individual se desarrolle hasta su punto óptimo por medio de la búsqueda y la autorrealización. Sin embargo, las Iglesias han desempeñado un papel dominante por muchos años, así que parecería que su función a la larga desaparecerá.

RESPUESTA: Si, claro que desaparecerá. Cuando más personas sigan un camino de autorreconocimiento, creciendo y desarrollando sus propios recursos, ya no necesitarán una autoridad. En cuanto a los que no hayan avanzado lo suficiente en su desarrollo, la ley humana bastará para proteger a la sociedad de sus impulsos desenfrenados y destructivos. Lo verdaderamente divino puede funcionar sólo en las almas libres, y esto sucederá. Toda la tendencia de la historia apunta en esta dirección.

PREGUNTA: Usted habló de la compañía. A veces uno tiene que estar solo. ¿Cómo se puede saber cuando eso es apropiado?

RESPUESTA: Hay una respuesta sencilla a esa pregunta, aunque no siempre es fácil saber. Cuando investigas tus reacciones emocionales y descubres que deseas compañía por temor de estar solo, entonces la necesidad de compañía surge, al menos en parte, de un motivo pobre. En otras palabras, cualquier tendencia puede ser tanto sana como malsana. Un ser humano integrado necesita tanto la compañía como la soledad, y ambas por razones constructivas, más que para evitar algo que temes. La respuesta correcta sólo puede provenir de un riguroso autoexamen.

Más y más, descubrirás que la verdad no constituye una ley rígida. Siempre depende de cómo te sientes y cuáles son tus motivos subyacentes.

PREGUNTA: Trato de encontrar palabras para expresar mis conflictos interiores. Las palabras parecen exageradas. ¿Cómo puedo alinear mis palabras con lo que encuentro en mi búsqueda?

RESPUESTA: En primer lugar, tendrás que entender mejor la razón de tu dramatización. Una vez que entiendas eso, la necesidad disminuirá. Habrá una relación más equilibrada entre tus palabras y tus sentimientos. Aquí de nuevo, el remedio no es usar la autodisciplina para detener esto. Aunque lo lograras, otro síntoma, quizás más dañino, aparecerá. Mejor usa estas manifestaciones como los síntomas útiles que son.

PREGUNTA: ¿Puedo hacerlo tratando de evaluar las palabras?

RESPUESTA: Desde luego. Esa sería una parte de tu trabajo privado: qué palabras usas y por qué.

PREGUNTA: Muchas veces es muy fácil que un subconsciente se comunique con otro. Pero hay ocasiones en que existe una barrera tan fuerte que uno no puede penetrarla. La otra persona pide la respuesta, pero no escucha, y uno no logra transmitir su mensaje.

RESPUESTA: Estas personas quieren sólo una respuesta calificada; es decir, una respuesta compatible son sus defensas. No desean una respuesta que pueda resultarles desagradable. Esto les provocaría una resistencia interna tan fuerte que no podrían escuchar tu llamado. No pueden absorber lo que se les está diciendo. La actitud hacia una persona con esta actitud mental es no tratar de forzar la cuestión. Cuanto más quieras penetrar la resistencia, más frustración e impaciencia sentirás. Y esto seguramente afectará a la otra persona e incrementará la resistencia. Además, será sumamente útil que analices la razón de tu propia frustración e impaciencia. Puede ser algo más que la buena voluntad de ayudar. En cierto sentido puede entrar aquí tu deseo de competir. O la aceptación de la verdad por parte del otro puede tener para ti una urgencia que no es realista. Siempre que existen estas corrientes se establece un efecto mutuamente negativo que empeora los problemas internos de ambas partes. Pero encontrar qué papel oculto desempeñas será benéfico, quizás incluso para ambas partes. Si no tuvieras tendencias negativas o problemáticas, fácilmente aceptarías la limitación de la otra persona. Ya sabes eso. Esta es una respuesta general que se aplica a muchos.

Si hay algo que no quedó claro en lo que dije esta noche, tendré mucho gusto en hablar con más detalle la próxima vez.

Que estas palabras resuenen en sus emociones. Conforme permitan que esta conferencia los afecte, ¡se avivarán tantas cosas en ustedes! Esto es bueno. Me despido de ustedes con todas nuestras bendiciones para el próximo año y el trabajo que les aguarda. Sí, se les brinda ayuda, pero traten de reconocer que podrían percibirla como si viniera del exterior, sin relación alguna con sus propios esfuerzos, y no como algo que ustedes ponen en marcha, antes que nada, en ustedes mismos.

Con esto, queridos míos, ¡sean benditos! Que el amor y la paz los inunde. ¡Queden con Dios!

Dictada el 15 de septiembre de 1961.