J

Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 102. Los siete pecados capitales

Saludos. Que Dios los bendiga, mis queridísimos amigos. Bendita sea esta hora.

He prometido darles una explicación psicológica del significado de los siete pecados capitales. Lo que se llama pecado es la manifestación exterior, ya sea en obra o en pensamiento, de la desviación y la inmadurez psicológicas. En otras palabras, el resultado de la distorsión interior produce lo que se llama “pecado”. El común denominador de cualquier pecado es la inmadurez del alma, que la vuelve incapaz de relacionarse, comunicarse y amar. En sus términos más amplios, el pecado es la falta de amor. Una persona inmadura nunca es capaz de amar. Cualquiera que esté en esta situación es egoísta, egocéntrico, ciego e incapaz de entender a otros. La inmadurez significa separación. En la separación uno no ama y, por lo tanto, está “en pecado”. El pecado, en términos psicológicos, es neurosis. La única diferencia entre el enfoque espiritual y el psicológico es que el primero hace énfasis en el resultado, mientras que el segundo muestra las causas subyacentes y las diferentes corrientes y componentes que llevan a la separación, la neurosis, o pecado.

El primer pecado capital es el ORGULLO. Ya he hablado de esto en el pasado. [cf. Conferencia 30] Todos ustedes conocen su origen, su razón, sus efectos y sus efectos secundarios. Brevemente: el orgullo siempre es una compensación por sentimientos de inferioridad e insuficiencia. El hecho de que los efectos de su orgullo deban llevar a la separación se explica por sí solo.

El segundo pecado capital es la CODICIA… la avaricia. También conocen su significado más profundo por las conferencias anteriores. Si codician algo que no poseen, se ciegan, porque creen que tener lo que quieren les daría felicidad, cuando, de hecho, la felicidad es un estado interior que jamás puede alcanzarse por medios externos. También están ciegos cuando ignoran las causas interiores por las que no tienen lo que desean tener.

En su búsqueda de la autocomprensión han llegado a entender que cualquier cosa de la que carecen en su vida, con tal de que su deseo de tenerla sea sano, tiene su causa en un conflicto interior. Este conflicto es su miedo—tal vez inconsciente—de la cosa misma que más anhelan. Pueden tener deseos y no ser conscientes de muchos obstáculos para su realización. Finalmente, es posible incluso que no estén conscientes de lo que realmente desean. En estas circunstancias, pueden envidiar a otros y codiciar lo que tienen, porque no pueden resolver sus propios problemas que les impiden realizarse. Lo que codician puede ser un sustituto de sus necesidades reales, de las cuales pueden no estar conscientes.

La codicia, así como el orgullo, los separa de otros y de su ser real. Ambos conducen a, y proceden de, la autoenajenación; ambos son lo opuesto del amor, de la comunicación y de la relación con otros. Estos vicios no unen, sino que los ponen aparte y por encima, en un lugar especial y aislado que creen que otro tiene. Todo esto es ceguera interior que conduce al egoísmo exterior y a la separación.

El tercer pecado capital es la LUJURIA. La lujuria suele malinterpretarse a menudo. Se cree que se refiere a la sexualidad, pero no es necesariamente así. Entonces, ¿qué significa la lujuria? Significa cualquier tipo de deseo apasionado, tenga o no que ver con la sexualidad, que se satisface con un espíritu de egocentrismo o aislamiento. Es la actitud infantil de “Quiero tener, obtener”, sin un espíritu verdadero de mutualidad. Uno puede estar dispuesto a dar, siempre que uno reciba lo que uno quiere, y sin embargo el énfasis básico se pone sutilmente en el ser, y no en la mutualidad. La verdadera mutualidad no es posible sin la capacidad de renunciar y de tolerar que no siempre se haga la voluntad de uno. La madurez para soportar la frustración y renunciar a la propia voluntad es un requisito de la verdadera mutualidad. Cuando la necesidad de recibir es una fuerza codiciosa que es intrínsecamente egoísta, entonces se puede hablar de lujuria.

Como he dicho muchas veces, es fácil engañarse, porque cuanto más fuerte sea esta necesidad egoísta, más puede la persona sacrificarse, someterse y convertirse en mártir. Todo esto es una manipulación inconsciente a fin de salirse con la suya. Como esta tendencia es sutil y está oculta, y muchas veces no tiene nada que ver con las pasiones sexuales, puede no ser obvio que sea lujuria. Sin embargo, todos los seres humanos tienen algo de ella. Allí donde hay una corriente forzante y una necesidad imperiosa, hay lujuria. Todos ustedes la tienen, y es todavía más fuerte cuando aún no la experimentan conscientemente. Pueden engañarse porque lo que tan arduamente desean puede ser en sí algo constructivo. No obstante, son el niño antojadizo y necesitado que quiere ser el centro del universo. La necesidad rabiosa, de la que pueden ser conscientes o no, está desconectada de las causas que produjeron la insatisfacción original. En su ignorancia, la necesidad—o lujuria—crece hasta dimensiones insoportables y ustedes se frustran más porque no ven el remedio, que es un cambio de dirección interior.

En otras palabras, una necesidad insatisfecha que no se reconoce en su forma primaria y original produce lujuria. En la medida en que se dan cuenta de sus necesidades reales, automáticamente aumentan su madurez. Cuando una necesidad es inconsciente, ocurre un desplazamiento y entonces se persigue lujuriosamente una necesidad sustituta. No importa lo legítima, constructiva o racional que pueda ser en sí, esa persecución indica inmadurez. Cuanto más fuerte es la urgencia, mayor debe ser la frustración. No importa si esto se refiere al deseo sexual, o al anhelo de poder, de dinero, de gustarles a todos, o de una cosa en particular. Cuando estas emociones se investigan y se encuentra la necesidad original, pueden empezar a disolver la lujuria. Si esta necesidad original sigue siendo infantil y destructiva, sólo puede madurar haciéndola aflorar. Una necesidad consciente puede madurar hasta un estado de mutualidad en que dos personas reconozcan y expresen sus propias necesidades respectivas de tal manera que se ayuden uno al otro a encontrar una satisfacción. Una necesidad inconsciente debe ser siempre por fuerza unilateral y egoísta.

Suponer que el impulso sexual per se es una lujuria pecaminosa es una distorsión total. Como he dicho tantas veces, la sexualidad es un instinto natural y sano. Si madura apropiadamente, se combina con la mutualidad y conduce al amor y a la unión. Si permanece separada, es lujuria, pero no es peor que la codicia del poder, del dinero, de la fama, de tener siempre la razón o de cualquier otra cosa.

El cuarto pecado capital es la IRA. ¿Qué es la ira, amigos míos? La ira siempre es, en cierto sentido, una mentira. El sentimiento original suele ser el dolor. Si se hicieran responsables del sentimiento original, no necesitarían estar iracundos. En el orgullo, debido a la inferioridad, se sienten humillados cuando son lastimados porque le dan a alguien más el poder de herirlos. Por lo tanto, sustituyen el dolor original con la ira. Esta les parece menos vergonzosa, pues los coloca por encima de la otra persona, en vez de sentir su vulnerabilidad, que les parece un lugar inferior. La ira los eleva sobre la verdadera posición en la que se encuentran… la de estar heridos. En el orgullo, mienten acerca de su sentimiento real. Así, la ira y el orgullo están conectados. La mentira es el autoengaño y, por lo tanto, la autoenajenación. Es un desplazamiento. Así, la mentira causa efectos negativos, pero admitir sus sentimientos, no.

El dolor, libre de la ira, no puede afectar negativamente a otros: por lo tanto, no regresará al ser. Si la emoción primaria—el dolor o la herida—ya no es consciente, o si se entremezcla con la emoción secundaria de la ira, se vuelve destructiva. Que la ira se manifieste en obras o palabras, o que sea simplemente una emanación, no representa una diferencia. Cuando ustedes admiten que se sienten heridos, no cortan el puente a la otra persona; en la ira, sí lo hacen. La emoción genuina y primaria no es contraria al amor y la comunicación, mientras que la emoción sustituta sí lo es.

Ustedes saben que por lo general evito usar la palabra “pecado” porque fomenta la culpa autodestructiva e improductiva. En vez de ello me concentro en las condiciones subyacentes. Sin embargo, en este contexto tengo que usar esta palabra. La ira que los aleja de la comunicación, de tender puentes entre los seres humanos, es un pecado

Desde luego, existe la ira sana, pero no estamos hablando de eso. Realmente debería haber otra palabra para ella.

PREGUNTA: Me gustaría hacer una pregunta aquí. ¿Por qué en el Bhagavad Gita la ira se considera el peor de todos los pecados, ya que produce una confusión completa?

RESPUESTA: Porque en la ira, cuando es una reacción secundaria, ya no sabes lo que realmente sientes. Estás en el error acerca de ti mismo, y, por lo tanto, no puedes percibir y entender a la otra persona. En muchos de los otros llamados pecados, puedes estar muy consciente del sentimiento original. Debido a ciertos eslabones que faltan, puedes ser incapaz de sentir de una forma diferente, pero sabes lo que sientes. Pero cuando estás iracundo, no sientes la emoción primaria. Sólo con conciencia puedes penetrar más y encontrar la herida o el dolor subyacente.

También podría añadir que muchas otras emociones destructivas, como los celos, la envidia o la lujuria, también contienen ira. Esta puede ser un estado permanente del alma que es demasiado sutil, insidioso y oculto para ser siquiera reconocido. Ahora entenderán la razón por la que los exhorto a volverse conscientes de lo que realmente sienten. No importa que lo llamen resentimiento u hostilidad, ira u odio; todos son lo mismo. La mayoría de los seres humanos ni siquiera son conscientes de que sienten ira, enojo. Una vez que se dan cuenta, les es más fácil encontrar la emoción original subyacente.

PREGUNTA: ¿Qué es la ira sana?

RESPUESTA: La ira sana es objetiva, cuando está en juego la justicia. Te hace afirmarte. Te hace pelear por lo que es bueno y verdadero; ya sea que el problema sea tuyo o de otro, o para defender un principio. Puedes incluso sentir una ira objetiva acerca de un tema muy personal, y al mismo tiempo proyectar una emoción subjetiva a propósito de un tema general. Es imposible determinar si la emoción es o no una ira sana sólo considerando el tema mismo. El enojo sano se siente muy diferente del tipo malsano. La ira malsana envenena tu sistema. Hace aflorar tus defensas y, al mismo tiempo, es producto de ellas. La ira sana jamás te hará sentir tenso, culpable e incómodo. Tampoco te obligará a justificarte. La ira sana nunca te debilitará.

Cualquier sentimiento sano te dará fuerza y libertad, incluso si el sentimiento exterior parece ser negativo, mientras que un sentimiento aparentemente positivo podría debilitarte si es deshonesto, y si el desplazamiento y el subterfugio entran en acción. Si tu enojo te deja sintiéndote más libre, más fuerte y menos confuso, entonces es un enojo sano. El enojo malsano siempre es un desplazamiento de una emoción original. La ira sana es una emoción directa.

PREGUNTA: ¿Se trata de la ira de Dios en el Viejo Testamento?

RESPUESTA: Sí, es correcto.

PREGUNTA: ¿Tiene esto algo que ver con la indignación moral, es decir, justificada?

PREGUNTA: También esa es ira sana. Pero, amigos míos, sean muy cuidadosos cuando se autoexaminen. Cuando confrontan un asunto con respecto al cual podrían tener toda la razón de sentirse enojados, de todos modos esto podría no significar que lo que sienten es ira sana. La única manera de determinar eso es por el efecto que su ira tiene sobre ustedes y otros. Sólo ustedes pueden determinar la verdad. Sólo una absoluta honestidad con ustedes mismos les permitirá distinguir entre ellas.

El quinto pecado capital es la GULA. El significado más profundo de la gula tiene que ver con la necesidad. Una necesidad insatisfecha durante un periodo largo, que se frustra una y otra vez, buscará salidas. Una de estas salidas, entre muchas otras posibilidades, puede ser la gula. ¿Por qué se referiría la sabiduría antigua a esto como un pecado? No sólo porque destruye su salud física. Eso ciertamente no sería razón suficiente para llamarla pecado. Hay muchas actividades en la vida de una persona que son indeseables y dañinas para la salud, sin embargo, no se les considera pecaminosas. Algo mucho más importante y vital está en juego aquí. Si no son conscientes de sus necesidades originales y, por lo tanto, no pueden hacer nada para satisfacerlas mediante la eliminación de sus obstrucciones internas, entonces no pueden satisfacerse a sí mismos. No pueden realizar sus potenciales. No pueden volverse felices y dar felicidad. No pueden desarrollar sus capacidades creativas. No pueden contribuir, así sea en una medida muy pequeña, a la sociedad humana y su desarrollo.

Todos los seres humanos, no importa cuánto los menosprecien ustedes o los consideren insignificantes, tienen la posibilidad de contribuir de alguna manera al plan de evolución. Pero sólo pueden hacerlo si se realizan. No pueden realizarse cuando no conocen sus necesidades reales y por qué éstas permanecen insatisfechas. A medida que entiendan las razones, y, por ende, se acerquen más y más a su realización, pueden aportar algo a la vasta reserva de fuerzas cósmicas e influir en la evolución y en el desarrollo espiritual general. La realización y la felicidad de todos los seres humanos es una necesidad para toda la evolución.

Sería injusto decir que la falta de realización se debe siempre al egoísmo. Puede ser el egoísmo, o puede ser un egocentrismo infantil. Sin embargo, hay otra parte de la psique que entiende que sólo en la felicidad se puede contribuir, y que uno sale perdiendo al no contribuir. Este insistente sentimiento de pérdida los hace esforzarse, y si hacen esto en la dirección correcta, finalmente se volverán a su interior y buscarán la razón de su insatisfacción. Sin embargo, hay muchas maneras equivocadas de esforzarse que traen sólo un alivio temporal de la presión interna. Una de ellas es la gula. Como lo he indicado antes, también hay muchas formas de adicción, como el alcoholismo.

PREGUNTA: Algunos psicólogos dicen que la masturbación es una adicción primaria. ¿Se relaciona esto con la gula?

RESPUESTA: Yo diría que esto depende mucho de la frecuencia y de la edad de la persona. Hasta cierto grado, la masturbación es normal. Si constituye una práctica constante en la adultez, ciertamente se relaciona con la gula, aunque el desplazamiento de la necesidad real no es tan grande. Es más fácil ver que la necesidad real es el anhelo de una relación gratificante sobre una base de madurez. En el caso de la gula, el desplazamiento está tan alejado que es más difícil reconocer la necesidad real subyacente. No obstante, la masturbación también es una sustitución. Puede ser una manera fácil de conseguir alivio y liberación sin correr el riesgo de comprometerse y responsabilizarse de una relación personal.

El sexto pecado capital es la ENVIDIA. No tengo que profundizar más en esto porque ya lo he tratado. Lo que dije sobre la codicia se aplica a la envidia. He hablado de la envidia en muchas ocasiones anteriores.

PREGUNTA: ¿Existe la envidia sana?

RESPUESTA: No, no existe, aunque la envidia podría, en ciertas circunstancias, conducir a una actividad sana. Digamos que a alguien le falta ambición—y sí existe la ambición sana—, y es un individuo letárgico, retraído, apático e indiferente. Esta persona entra en contacto con alguien a quien no puede evitar envidiar, y, de este modo, podría salir de su estado letárgico y, tal vez, incluso ubicarse en el camino correcto. Un sentimiento destructivo puede tener un resultado constructivo, así como un sentimiento, en sí constructivo, puede tener un resultado malsano. Depende de las muchas complejidades de la personalidad humana en relación con las circunstancias de la vida. Pero el hecho de que un sentimiento destructivo pueda producir resultados positivos en ciertos casos no hace que el sentimiento en sí sea positivo, sano o productivo.

El séptimo pecado capital es la PEREZA. Esta es la indiferencia y la apatía que acabo de mencionar. La pereza representa la seudosolución del retraimiento ante la vida y el amor. Donde hay apatía, hay rechazo de la vida. Donde hay indiferencia, hay pereza del corazón que no puede sentir y entender a otros… y no puede, por lo tanto, relacionarse con ellos. Nada produce más desperdicio que la pereza, o la apatía, o el retraimiento, cualquiera que sea el nombre que le den. Una persona que tiene una actitud positiva y constructiva hacia la vida no será perezosa. Alguien que está preocupado por su seguridad personal no se retraerá, y por lo tanto, no será apático. La pereza siempre indica egoísmo. Si temen demasiado por sí mismos, no se arriesgarán a ir hacia delante y buscar a otros. Quien tiende la mano a otros corre el riesgo de ser lastimado y acepta el riesgo porque sabe que vale la pena.

Cuando son perezosos, no le dan una oportunidad a la vida, ni a ustedes mismos. Esta negación de la vida no puede resolverse nunca a menos que lleguen a ver este egoísmo y egocentrismo básicos como algo enfermizo. La pereza es uno de los mecanismos de defensa que he examinado. En su miedo de ser lastimados, se defienden volviéndose perezosos e indiferentes hacia todo lo que produce vida. Por lo tanto, la pereza se llama acertadamente un pecado.

PREGUNTA: ¿Qué sucede, desde un punto de vista espiritual, con una vida que se ha desperdiciado en la pereza?

RESPUESTA: La vida tiene que repetirse una y otra vez hasta que la persona finalmente salga de ella. Aquí se aplica una ley que ustedes observan muy a menudo en su entorno: cuanto más atrapados están en un círculo vicioso, más difícil es romperlo. Cuanto más profundamente involucrados están en sus propios conflictos y problemas—que, a final de cuentas, surgen sólo porque no quieren salir de ellos y cambiar—más difícil resulta el cambio. Cuanto más huyen de encararse y siguen resistiéndose al cambio, mayor se vuelve la dificultad. Esto continúa hasta que su vida exterior se vuelve tan insostenible que la infelicidad misma finalmente los hace querer encararla y cambiar.

Si puede hacerse acopio de la voluntad de cambiar antes de que la vida se vuelva tan insoportable, podrá evitarse mucha infelicidad. Por eso es por lo que muchas veces ven a personas que permanecen atrapadas en sus problemas internos mientras de alguna manera “se las arreglen”. Se deciden seriamente a cambiar sólo cuando la vida les resulta ya insoportable. Lo mismo vale decir en una escala más grande. Si una vida se desperdicia en la pereza, vez tras vez, finalmente las circunstancias de una encarnación pueden volverse tan desagradables que la entidad reúne sus fuerzas y lucha por salir adelante.

Por desgracia, muy a menudo la pereza toma el camino del menor esfuerzo mientras las circunstancias no sean demasiado malas. Esto crea para la siguiente vida las condiciones psicológicas que hacen más difícil vivir en la pereza, porque finalmente el instinto de conservación se impone cuando las circunstancias se vuelven lo suficientemente malas. Cuándo se alcanza ese punto decisivo depende de la persona. Ese punto decisivo puede llegar en una encarnación nueva y más difícil, o puede ocurrir en el curso de la vida presente.

PREGUNTA: Me estaba yo preguntando por qué algunos de estos pecados mortales son efectos en lugar de causas. Asimismo, el odio y el miedo no se mencionan. También ellos son causas y efectos al mismo tiempo.

RESPUESTA: Suele suceder con frecuencia en las enseñanzas religiosas que se habla del efecto y no de la causa. En un tiempo, la Humanidad no estaba lista para ahondar profundamente en las causas. Lo más que podía esperarse era impedir que la gente cometiera actos destructivos, aun si las causas subyacentes no se eliminaran en el individuo. Por lo menos, el contagio y los efectos exteriores directos de los actos destructivos disminuyeron, si bien no se eliminaron por completo. Ya saben lo contagioso que es el comportamiento humano. Los pensamientos y las emociones también son contagiosos. En otras palabras, la conducta exterior influirá en la conducta exterior, mientras que el pensamiento influye en el pensamiento, y los sentimientos inconscientes influyen en los sentimientos inconscientes. Las acciones contagiosas, por lo menos en sus formas más burdas, se mantuvieron bajo control. Por ello, en un tiempo, la Humanidad se concentraba más en el efecto que en la causa. Ahora que la Humanidad está evolucionando, debe prestarse más atención a las causas internas.

PREGUNTA: ¿Y por qué no se menciona el miedo?

RESPUESTA: Porque el miedo no es un acto. Es una emoción involuntaria. Es el resultado de muchas otras emociones y no puede eliminarse por medio de una amonestación directa de evitar el miedo. Éste sólo puede atacarse mediante un proceso de comprensión psicológica y disolución de la causa subyacente. Si le dicen a la gente: “No deben tener miedo porque es un pecado”, esto no impedirá que se asusten. Se asustarán todavía más. Pero si lentamente desenrollan los procesos de sus desviaciones emocionales, entendiéndolas y corrigiendo los conceptos falsos, entonces verán que el miedo irracional siempre es egoísta y divisor, y ya no encontrarán causas para tener ese miedo irracional. Más o menos sucede lo mismo con el odio y la ira.

PREGUNTA: La conquista del miedo en Mateo es por medio de la fe en Dios. ¿Cómo relacionaría eso con nuestras enseñanzas?

RESPUESTA: Como todos ustedes ya saben, la fe en Dios, de una manera genuina, segura, profunda y sincera, sólo puede existir si primero tienen fe en sí mismos. En el grado en que les falta fe en sí mismos, no pueden tener fe en Dios. Sí, claro, se la pueden sobreimponer y engañarse, debido a la necesidad de aferrarse a una autoridad amorosa, pero no puede ser una fe verdadera a menos que hayan adquirido la madurez de la fe en sí mismos. Entonces, ¿cómo pueden tener fe en sí mismos a menos que se entiendan lo más que sea posible? Mientras estén perplejos y se muevan a tientas en la oscuridad para tratar de saber qué efecto tienen en otros y el efecto que la vida y otros tienen en ustedes, ignoran información vital acerca de su propia vida psíquica. La ignorancia es el resultado de su falta de voluntad interna de descubrir la verdad, una falta de voluntad que suele ser inconsciente. Vencer la resistencia oculta los hará entenderse mejor y tener una fe creciente en ustedes, y por ende en Dios. Sólo de esta manera pueden conquistar el miedo.

PREGUNTA: Me parece que los siete pecados capitales son una explicación más sutil de los Diez Mandamientos, que definitivamente se basan en el miedo, o crean miedo en su aplicación.

RESPUESTA: Sí. Todas las enseñanzas, si se aplican y se entienden mal, crean miedo. Un mandamiento rígido, si se pronuncia sin la posibilidad de encontrar las obstrucciones subyacentes a la obediencia de esos mandamientos, producirá miedo y culpa, y, por lo tanto, odio.

Hoy ya no es posible ni constructivo que los seres humanos simplemente obedezcan un mandamiento en sus actos. Como esto no es lo suficientemente bueno, su ser más íntimo tendrá miedo, aun si sus actos son enteramente adecuados y se ajustan a los mandamientos. La autoridad final no está fuera de ustedes mismos, sino arraigada en su propia psique. Hay una enorme diferencia entre las demandas perfeccionistas de su ser idealizado, y la vida productiva que su ser real desea que lleven.

PREGUNTA: Observé que estos pecados son líquidos. Parecería que fluyen entre sí. A veces parecen opuestos, como la pereza en comparación con la codicia o la gula. No son opuestos exactos, pero en algunos sentidos sí lo son. Y sin embargo, pueden existir al mismo tiempo. ¿Hay alguna conexión clara, digamos, entre la pereza y la gula?

RESPUESTA: Los dos son opuestos, porque la gula es una búsqueda codiciosa, que surge de una necesidad frustrada, mientras que la pereza es un retraimiento indiferente y no hace el esfuerzo de buscar. Sin embargo, tanto la pereza como la gula tienen el mismo denominador común: un desconocimiento de la necesidad original. Ambas contienen la cobardía que impide que las personas encuentren esa necesidad y cambien las condiciones que evitan su realización, es decir, el egocentrismo y el egoísmo infantiles. Como tanto la pereza como la gula provienen de la confusión y la distorsión, crean más de lo mismo.

Es perfectamente cierto que todos estos pecados se entremezclan y se traslapan. Pueden contradecirse entre sí, y, a pesar de ello, existir simultáneamente. Esto se debe a que todos tienen el mismo denominador común. Como la personalidad humana está en conflicto y no es unidimensional, un nivel de la personalidad puede adoptar una actitud que es contradictoria con otro nivel. Todos ustedes han encontrado estas contradicciones en ustedes y en otros. Por ello, los individuos maduros jamás piensan que una persona es “o esto o aquello”. Percibirán las contradicciones del ser humano y podrán aplicar este conocimiento a casos individuales en su ambiente.

Los pecados, así como cualesquiera mandamientos, representan tendencias universales. La psique humana no está separada en compartimentos estancos, donde un compartimento no tiene nada que ver con el otro, sino que uno afecta e influye en el otro. Así sucede con estos pecados.

PREGUNTA: Entonces, por lo que usted dijo, ¿realmente no hay diferencia alguna de peso entre los siete pecados mortales? A veces se dice que la pereza es peor que el orgullo.

RESPUESTA: Evaluar esto es difícil y puede ser engañoso. Tal vez la pereza sea más difícil de vencer porque es inactiva. La pereza paraliza las facultades, y, por lo tanto, dura más. Pero todos los siete pecados son síntomas de las mismas causas subyacentes.

PREGUNTA: Quiero preguntar algo acerca del temor de Dios. En la Biblia dice que “el temor de Dios es el principio de la sabiduría”. ¿Hemos entendido correctamente el temor? ¿Hemos evolucionado más allá de esto?

RESPUESTA: Esta pregunta ya se respondió anteriormente. Es una cuestión de semántica y de mala traducción. La palabra “temor” es sumamente engañosa y dañina. El significado original es “respeto” o “asombro” ante la grandeza del Creador. La infinita grandeza de Dios es tal que ningún ser humano puede ni remotamente entenderla. A medida que adquieres madurez emocional y espiritual, te das cuenta de tu propia limitación para entender la grandeza de la Creación y del Creador. Ese es el asombro o el respeto que nace de la sabiduría. Esta, sin embargo, no reside en la actitud enfermiza de sentirte un insignificante “pecador”, de flagelarte o de disminuir tu propio valor. Al hacerlo, disminuirías el valor del Creador. Sólo el niño espiritual muy inmaduro se tratará mal, sin saber que le es imposible entender la mente universal: Dios. Saber eso es sabiduría. A medida que crezcan, a veces, tal vez en unos breves momentos en una vida, sentirán su incapacidad de comprenderlo. En el momento en que se den cuenta de esta incapacidad, ya serán mucho más grandes de lo que eran cuando lo ignoraban.

PREGUNTA: ¿Acaso el temor de Dios no es un elemento tomado de las religiones antiguas, cuando la religión tenía un carácter punitivo?

RESPUESTA: Sí, en parte viene de esos tiempos. Pero también está la cuestión de la mala traducción, tal vez debido a los restos de esa época anterior.

PREGUNTA: ¿Qué nos dice del pecado desde el punto de vista espiritual? Si no comete uno en realidad el pecado, aunque piense en él, pero por miedo o por cualquier otra razón no lleva a cabo el acto pecaminoso, ¿de todos modos cuenta esto como pecado?

RESPUESTA: Jesús dijo todo lo que hay que decir sobre ese tema. La diferencia entre acción, sentimiento o pensamiento no es ni la mitad de grande como quieren creer los seres humanos. Esto sucede especialmente cuando no cometer el acto se debe al miedo, y no al amor y la comprensión. Tú sabes que todos tienen un aura. Lo que sientes y piensas emana de ti y, de alguna manera, siempre es percibido por otros. Cuanto más alto sea el nivel de conciencia de otras personas, más sentirán tu emanación. Cuanto más bajo sea, menos la sentirán, pero inconscientemente lo sabrán de todos modos. Por ende, tu “pecado” afecta a otros, aunque no lo cometas de obra.

Por otra parte, si reprimes estos sentimientos y deseos por miedo y culpa, los resultados serán aún peores. Nunca llegarás a las raíces y no entenderás qué te hace sentir así. No te aceptarás tal como eres ahora, y te engañarás al pensar que eres una persona más evolucionada de lo que en realidad eres. Pero si admites libremente tus sentimientos y deseos, si los reconoces dentro de ti y los encaras, entonces podrás encontrar las causas subyacentes. Entonces harás lo único que puede liberarte del miedo y la culpa.

PREGUNTA: En la revista Post de hoy, Harry Golden escribió algo en el sentido de que amoldarse a los criterios convencionales no es vivir en una casa similar a la del vecino, sino más bien vivir en esa casa a fin de impresionar al vecino, o hacer que éste lo aprecie a uno. Creo que ésta es quizás una explicación adecuada de este tipo de amoldamiento. Me gustaría saber ahora en qué medida se amoldan las personas maduras a la sociedad en la que viven.

RESPUESTA: Si usamos la palabra “amoldarse” en el sentido en que se le usa normalmente, el de vivir a la altura de las expectativas de otros, ya sea por una necesidad de impresionar, o por miedo al rechazo, los individuos maduros no se amoldarán en modo alguno. Pero eso no significa que se rebelen. Tampoco significa que hagan todo en forma distinta de otros. Pueden hacer ciertas cosas de la misma manera que sus vecinos, pero sólo porque eligen libremente hacerlo así. El hecho de que sean libres no significa que tengan que montar todo un espectáculo para demostrar que no se amoldan. Quienes se amoldan suelen sentir que es necesario rebelarse y hacer todo lo contrario de lo que quieren hacer sólo para demostrar que son distintos. Éste es el otro lado de la moneda y procede de la misma raíz que el comportamiento de los individuos que no pueden hacer una elección independiente porque no quieren arriesgarse a ser diferentes. La manifestación exterior no muestra si una persona se amolda o no. Eso lo determina el espíritu interior, el motivo. Las personas que viven de la misma manera que quienes las rodean podrían hacerlo por su inseguridad, su necesidad de amoldarse, o por su libertad de elegir este modo de vida independientemente, porque les gusta. Cuando los individuos hacen todo de manera diferente por rebeldía, su necesidad de amoldarse queda a ojos vistas. Se rebelan contra su necesidad e inseguridad, más que contra la sociedad. Esta rebeldía no es libre. Muchas veces hace que las personas actúen de manera totalmente contraria a lo que realmente desean hacer. Pero también es posible que quienes tienen el valor de ser diferentes lo hagan con un espíritu libre.

PREGUNTA: Esta pregunta tiene que ver con “el único y solo amor”. La persona madura, al parecer, brinda su amor muy fácilmente y, desde luego, desearía algo a cambio. Si una persona, digamos, es setenta y cinco por ciento madura y experimenta un sentimiento maravilloso al dar su amor, entonces parece que el objeto del amor no es tan importante. ¿Cómo podría esta persona madura que necesita y quiere dar amor, que es capaz de darlo, reconciliar esto con lo que los románticos dicen acerca de dos personas que se juntan, y entonces, de pronto, ¡esto es lo que quiero!

RESPUESTA: Hay aquí mucha confusión. En primer lugar, hay muchos tipos diferentes de amor. Es perfectamente cierto que una persona madura puede amar de muchas maneras diferentes. Por un afán de claridad, usemos las palabras “calidez” y “comprensión”. Pueden tenerse estos sentimientos incluso hacia las personas que no aman a su vez a esta persona madura. No obstante, esta misma persona madura ciertamente no albergará un amor erótico, el amor entre los sexos, cuando no es correspondida. Una relación madura y gratificante es mutua. No puede ser unilateral. Sería un malentendido mayúsculo creer que las mujeres y los hombres maduros pueden amar cuando son odiados. Lo más que se puede esperar es que no odien a cambio porque no están a la defensiva. No se involucran y son objetivos, y, por lo tanto, sienten por qué los odia la otra persona. Sin embargo, no buscarán una relación en este caso, ni siquiera una de amistad informal. Las mujeres y los hombres maduros tendrán comprensión y calidez en diversos grados hacia diferentes personas. Se relacionarán con muchas personas de maneras diferentes. Pero en el amor conyugal y comprometido, la mutualidad es un requisito para tener una relación madura. Esto no significa que ambos sientan siempre igual y con la misma intensidad; el amor conyugal no puede medirse en estos términos. Las relaciones cambian y fluctúan, pero, en su conjunto, debe hacer reciprocidad. Tú presentas aquí juntos dos tipos distintos de amor—la relación humana general y el amor erótico—y por eso estás confundido.

PREGUNTA: En el amor conyugal, ¿es posible que tal vez el esposo ame más al principio, y luego la esposa, y luego la cosa vuelva a cambiar?

RESPUESTA: Desde luego. Pero esto también puede tener que ver con algo distinto del amor en su sentido verdadero. Puede ser que en un momento dado la necesidad y la inseguridad de una persona sea mayor, y entonces esa persona manifiesta dependencia. Cuando la necesidad es satisfecha, el cuadro puede cambiar.

PREGUNTA: ¿Acaso no es el factor más grande y de mayor adaptación en una relación conyugal la capacidad de llegar con el tiempo a ver a Dios en la pareja?

RESPUESTA: Esto se aplica a cualquier tipo de relación humana.

PREGUNTA: Me estoy volviendo consciente de un nuevo sentimiento. A medida que las depresiones, los miedos y las represiones se disuelven, surge una personalidad que no tiene ningún involucramiento ni sentimientos personales, de manera que uno al principio se da cuenta de que el amor tiene dos lados: una especie de negación y una positividad, ambas en un involucramiento personal con el ser como el objeto. De este modo, el amor se convierte en una comprensión y un involucramiento no personal, como el que puede uno sentir por un desconocido que no nos gusta particularmente y con el que no tiene uno un involucramiento personal. Es sólo una aceptación. En una relación personal, esto se convierte en un proceso de crecimiento entre dos personas, sin preguntas como “¿Quién ama más?” Es un dar personal profundo, un sentimiento muy interesante. Se siente uno como si hubiera perdido el cuerpo.

RESPUESTA: Sí, es como si alguien más hubiera difundido este sentimiento a través de ti. Como si un ser nuevo se hubiera apoderado de ti por dentro. Tal vez experimentes lo mismo con los pensamientos, como si un pensamiento se pensara en ti, como si no fuera tu propio proceso de pensamiento el que piensa, y sin embargo sí es muy tuyo, pero viene de un área nueva y desacostumbrada de tu ser. Es algo mucho más sereno y sabio lo que piensa y siente a través de ti.

De esto hablo una y otra vez. Es el ser real el que lentamente surge a la superficie, dejando atrás todas las capas de perturbación. A medida que aprendes a entenderte y aceptarte tal como eres, y por lo tanto resuelves conflictos—no por medio de la represión y el escapismo, no mediante las seudosoluciones y las defensas, sino encarando honestamente todo lo que hay en ti, entendiéndolo y comparándolo con la realidad y los conceptos verdaderos; a medida que transitas este Pathwork—este ser real empieza a manifestarse. Lo que describes es la manifestación del ser real. Ahora bien, esto no llega en todas las áreas de vivir y ser al mismo tiempo. Puede aparecer primero en las áreas donde has resuelto conflictos de menor gravedad. El siguiente paso será resolver los problemas más serios que revelan la existencia de un involucramiento profundo, subjetivo y destructivo, aun cuando el no involucramiento se use como una seudosolución superficial. En el estado nuevo del ser real hay, en efecto, un involucramiento profundo, pero de una manera enteramente diferente, que no debilita ni confunde. Este involucramiento es productivo para todos los interesados, y te llena a ti y a los que entran en contacto contigo con una significación que no podrías experimentar en el no involucramiento, ni en la dependencia infantil, ni en el involucramiento excesivo.

A partir de cierto punto en este camino, podrías encontrarte en una meseta donde experimentes, como resultado de tus esfuerzos, la manifestación del ser real. Sin embargo, podrías tener que alejarte de él de nuevo, conforme lidies con los problemas todavía no resueltos, repitiendo los ciclos que has atravesado en un nivel más profundo, hasta que llegues a la siguiente meseta. En un momento como éste, como lo describes, los sentimientos de los que hablé antes, el asombro ante Dios, y la comprensión de tu propia limitación para entender al Creador, pueden llegar simultáneamente. Un aspecto divino en ti empieza a llenarte, primero con un sentimiento de que es otra cosa, y después penetrándote, envolviéndote de dentro hacia fuera, hasta que sepas que es una parte integral de ti: tu ser real.

PREGUNTA: Si un hombre se casa sin estar profundamente enamorado de una mujer; primero, ¿está mal esto? Segundo: ¿es posible que con una guía adecuada este matrimonio resulte bueno? ¿Es posible que luego se enamoren, que esta relación llegue a ser de verdadero amor, aunque haya empezado con cierta frialdad?

RESPUESTA: Es muy difícil contestar con una respuesta clara de sí o no. Depende de muchas circunstancias. Depende de la motivación, del tipo de sentimientos que tengas, y de la voluntad y el esfuerzo que se inviertan en la relación. Pero, en general, puedo decir que si la motivación es sincera y si hay sentimientos de afecto, respeto y aprecio por el otro ser humano, junto con ciertos intereses comunes básicos, éste puede ser, efectivamente, un matrimonio mejor que el que se basa sólo en la pasión. En este último, los valores reales pueden pasarse por alto. Sin embargo, no quiero decir que si dos personas están enamoradas, necesariamente pasen por alto los valores reales. Pueden haberse enamorado precisamente por ellos.

Lo que dices no es ciertamente una regla, pero es posible en ciertas circunstancias, si se perciben los valores reales. Sin embargo, debe hacerse un examen cuidadoso, en un caso así, de la motivación en ambas personas. Esto no puede hacerse rápida y fácilmente, porque los factores profundos y ocultos pueden desempeñar un papel. Incluso los motivos distorsionados y malsanos, cuando finalmente salen a la luz, pueden no tener un efecto dañino. Pero serán sumamente dañinos si uno no se da cuenta de ellos, o no está dispuesto a lidiar con ellos.

Mis muy queridos amigos, que logren absorber y volver parte integral de ustedes el material que les he dado en todas estas conferencias. No han absorbido todavía gran parte de él, y sólo su voluntad de seguir adelante en este trabajo de autobúsqueda les permitirá hacerlo. Que las palabras de esta noche fortalezcan su comprensión, tanto en su intelecto como en sus emociones. Sean benditos, cada uno de ustedes, en su camino, en su trabajo, en sus actividades, en sus relaciones humanas. Que aprendan todos a aceptarse como son sin sentimiento de pecado, y que en esta aceptación resuelvan las condiciones llamadas “pecado”. Queden en paz. Queden con Dios.

Dictada el 27 de abril de 1962.