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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 105. La relación de la Humanidad con Dios en varias etapas de desarrollo

Saludos, mis amadísimos amigos. Dios los bendiga a todos. Bendita sea esta hora. Benditos sean sus esfuerzos. Bendito sea su trabajo.

Antes de dar comienzo a la conferencia de esta noche, deseo expresar nuestras gracias, desde el mundo espiritual, a todos mis amigos que han trabajado en este Pathwork de autorreconocimiento. Esto es, efectivamente, algo que hay que agradecer. Nada ayuda más en todo el mundo como cada pequeño paso hacia la mayor conciencia de cada individuo. Nada puede ayudar tanto a eliminar el sufrimiento y la confusión como sus propios esfuerzos en esta dirección. El deseo sincero de hacer frente a la verdad que hay en ustedes, a la realidad que albergan en su interior en este momento, es la única manera, no sólo de ayudarse, sino de ayudar a mejorar las condiciones en todas partes. Ninguna otra cosa eliminará los conflictos. Todos ustedes han hecho progresos en este sentido en el último año. Cada uno de ustedes ha adquirido un poco más de percepción interior. Todos ustedes, algunos más, algunos menos, son un poco más capaces de enfrentarse tal como son. Tal vez no por completo—es cierto—pero seguramente más que hace un año. Así que ha sido un año fructífero, más de lo que pueden imaginar. Creemos que, después de esta breve interrupción de actividades, el año venidero les traerá aún más progreso en esta dirección: la capacidad de encararse tal como son ahora. Cuando digo progreso, me refiero a la eliminación de barreras para ver lo que es, en vez de alejarse de ellas con la falsa creencia de que el progreso espiritual es tratar de ser lo que todavía no pueden ser.

En su vida diaria se les ofrecen muchas posibilidades de verse como realmente son; de verificar lo que realmente sienten, y no lo que tratan de sentir. Todo lo que tienen que hacer es recordarse constantemente que deben estar alerta a esta realidad suya; cultivar esta conciencia. Después de este año tan fructífero, es de esperarse que la mayoría de mis amigos, después, quizás, de superar una defensa aquí y una resistencia allá, penetren más profundamente en los niveles emocionales, para volverse conscientes de su existencia, y luego de su importancia. Este mayor conocimiento los liberará más y más, después de que el miedo inicial de él haya resultado ser irrazonable; si tan sólo continúan y no permiten que este miedo los detenga, sino que lo enfrentan, lo examinan, lo entienden, en lugar de reprimirlo, entonces podrán lidiar con él.

Y ahora, amigos míos, abordemos el tema de esta noche. Quiero hablar de la relación del ser humano con Dios en el ciclo del desarrollo, en las diversas etapas de este ciclo por el que pasa la Humanidad. En la última conferencia hablé del estado de ser sin conciencia, como la primera etapa del gran ciclo. El individuo primitivo, durante sus primeras encarnaciones, todavía está cerca de este estado de ser sin conciencia. Vive al día y se ocupa de sus necesidades inmediatas. La mente aún no está desarrollada ni, por lo tanto, equipada para hacer preguntas, para dudar, para pensar, para distinguir. Vive en el ahora, pero sin conciencia. A fin de vivir en el ahora con conciencia, hay que pasar por diversas etapas.

A medida que el ser humano sigue desarrollando su mente, usará ésta primero para satisfacer sus necesidades inmediatas, que se vuelven más apremiantes en una civilización en crecimiento. En otras palabras, primero usa la mente concretamente. Pero después, empieza a usarla en forma abstracta. Empieza a hacer las preguntas importantes que han preocupado a la Humanidad desde el principio de los tiempos. Estas preguntas son: “¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Cuál es el significado de este universo?” El ser humano empieza a percibir la naturaleza, sus leyes. Observa la magnificencia de las leyes de la naturaleza. Y empieza a asombrarse. Este primer asombro representa los primeros pasos conscientes hacia su relación con el Creador. “¿Quién creó estas leyes? ¿Quién hizo todo esto? ¿Hay una mente superior responsable de esta creación?” Con estas preguntas empiezan a existir las primeras ideas sobre Dios. Así, cuando concluye entonces que debe de haber alguien de tan infinita superioridad, sabiduría e inteligencia, siente que debe relacionarse con este Ser supremo.

Pero al mismo tiempo, la inmadurez espiritual y emocional del ser humano, que produce miedo y muchas otras emociones problemáticas, matiza este concepto de un Creador superior. Por una parte, desea una autoridad que piense por él, que decida por él y que sea, por ende, responsable de él. Se aferra a esta autoridad con la esperanza de ser descargado de su propia responsabilidad. Por otra parte, sus miedos a la vida y su deficiencia para lidiar con ella se proyectan en este Dios. Siente el poder de este inmensamente sabio e ingenioso Creador de todas las leyes naturales que él puede ver. Como todavía no puede separar el poder de la crueldad, empieza a temer a este Dios de su propia proyección. Así, empieza a apaciguar, a adular, a someterse y a ser refrenado por esta imaginaria imagen de Dios.

Para recapitular: el primer estado de despertar lleva al ser humano a asombrarse. En esta experiencia espontánea de asombro y percepción, muchas veces tiene una vivencia y una relación genuinas con Dios. Pero, entonces, a medida que entra en conflicto y se siente temeroso, después de que sus deseos se vuelven más urgentes, todas estas emociones y actitudes matizan esta primera experiencia de Dios y ya no se relaciona con Él por medio de una experiencia genuina, espontánea y creativa, sino por medio de una proyección de sí mismo.

Cuanto más crece la mente en una sola dirección, sin ser usada para resolver sus problemas y conflictos que permanecen ocultos de la conciencia, más falsa se vuelve su relación con Dios. Falsa, porque se basa en necesidades personales, en deseos fantasiosos y en miedo. Cuanto más avanza esto, más falso se vuelve el concepto de Dios, consciente o inconscientemente. Al final, se volverá una superstición, con menos verdad y más dogma.

Cuando esto continúa y continúa, el humano llega a un punto—después de que su experiencia y percepción originales y genuinas se convierten en superstición—en que hace una farsa de Dios; cuando ya no puede seguir con esta tendencia, su inteligencia, que ha crecido mientras tanto, le impedirá seguir de esta manera indefinidamente. La inteligencia dirá entonces “no es posible que haya un Padre que viva nuestra vida. Eso depende de nosotros. Es nuestra responsabilidad. Tenemos libre albedrío”. Y entonces surge una reacción contraria; el ser humano suele inclinarse al otro extremo y se vuelve ateo.

El estado de ateísmo existe de dos maneras: 1) una absoluta falta de conciencia y percepción de la vida y la naturaleza, de sus leyes y del significado de la creación. 2) una reacción a la Imagen de Dios supersticiosa y a la autoproyección del ser humano, que niega su propia responsabilidad. Este último estado de ateísmo, erróneo en sí como es, todavía indica un estado más avanzado de desarrollo aparte de una creencia en Dios. Esto procede predominantemente del miedo, la evasión, el escapismo, el pensamiento fantasioso, la negación de la autorresponsabilidad. Este último estado suele ser un periodo transitorio necesario en el camino a una experiencia más realista y genuina de Dios y la relación con Él. Durante esta etapa, se cultivan facultades en el humano que son de suma importancia para su crecimiento individual. Esto no significa que yo defienda el ateísmo, como tampoco defendería una creencia infantil y aferrada en Dios. Ambas son etapas. En cada una hay algo importante que el alma aprende. Algo se imprime en el alma que es productivo y duradero, mucho después de que las capas superficiales de la mente se han deshecho de la falsedad de ambos extremos.

En esta segunda etapa del ateísmo, el ser humano aprende a asumir su propia responsabilidad. Suelta la mano tan deseada que viva la vida por él, y la absuelve de las consecuencias de sus propios errores. Lo lleva a renunciar a la expectativa de ser recompensado por obedecer las leyes. Al mismo tiempo, lo libera del miedo a ser castigado. En algunos sentidos, lo trae de regreso a sí mismo.

Pero cuando se pasa cierto punto en esta etapa, ya no es posible mantener el concepto de ateísmo. Cuanto más cualquier pensamiento, concepto, hecho científico o filosofía se lleven a su fin y conclusión lógicos, menos posible es sostener una falsedad o una media verdad; ni siquiera un estado temporal que tuvo su función sana en cierto periodo. Cuando el ser humano pasa por estas diversas etapas examinadas brevemente aquí, es inevitable que llegue al punto en que use su mente para cuestionar sus propios motivos; para verse y examinarse por dentro. Así, cultiva la conciencia haciendo frente a su realidad interior. Al hacer esto se liberan niveles cada vez más profundos de su psique. En esta liberación, la genuina experiencia de Dios es el resultado inevitable. Esta genuina experiencia de Dios es muy distinta de la creencia infantil en un Dios autoproyectado que la mente ha creado por miedo, debilidad y pensamientos fantasiosos. Ya no actúa porque piensa que Dios lo demanda o espera de él. Vive en el ahora. No tiene miedo de su imperfección ni de que Dios lo castigue por ella. Puede verla sin ponerse frenético. Sin embargo, al entender su daño, pero sin temerlo, verá entonces que no es la imperfección la que resulta tan dañina, sino la falta de conciencia de ella; el miedo de ser castigado por ella; el orgullo de querer estar por encima de ella. Al no querer frenéticamente superarla, tendrá la calma de observarla, entendiendo así su origen y la razón de su existencia. En este proceso, la supera. Conforme el ser humano cultiva esta actitud, vuelve posible una experiencia genuina de Dios. Por otra parte, la ocasional vislumbre y sentido de ella facilita la actitud correcta hacia uno mismo.

Esta experiencia genuina de Dios es ser. Dios no se percibe como un actor que castiga, o recompensa, o guía de ciertas maneras para robarle el esfuerzo al ser humano. Éste se da cuenta de que Dios es. Esto es muy difícil de explicar con palabras, amigos míos. Pero es la única manera en que puedo decirlo. No pueden llegar a este sentimiento de que Dios es, si no enfrentan primero lo que hay en ustedes en este momento, por imperfecto, defectuoso e infantil que pueda ser.

Sería engañoso suponer que cada una de estas etapas que describí aquí grosso modo, se sigan una a la otra impecablemente. Más bien, se traslapan. No siempre se siguen en este orden, porque la personalidad humana no está compuesta de un nivel. Como ya lo saben, es conflictiva. Diferentes capas de la personalidad expresan diferentes actitudes en cualquier momento dado, aun en este sentido específico. Por lo tanto, es posible que en un periodo de la vida de una persona, ésta pueda estar conscientemente en una etapa e inconscientemente en otra. Sólo después de que emprenda un camino de autoconocimiento como éste sale a la superficie esta etapa inconsciente oculta. De esta manera, suele suceder que en un periodo posterior surja algo que parece pertenecer a una etapa anterior. Esto se debe también al hecho de que cierta etapa necesaria no se vivió plenamente, sino que se reprimió debido a influencias y presiones exteriores. Así que mi descripción es sólo un esbozo general vago. Cuídense de juzgarse a sí mismos o a otros de acuerdo con lo que ven. Pero hablando en forma general, éste es el ciclo por el que pasa la Humanidad.

La conciencia de sí mismo debe conducir a la postre al estado de ser en conciencia. Simultáneamente empieza a existir una relación nueva con Dios. Dios se experimenta como el que es. Repito, no pueden llegar a esto si no experimentan primero, de una manera negativa, lo que es, ahora. Y tampoco pueden llegar a esto por medio de conceptos que aprendan; de filosofías y prácticas que observen; de doctrinas que sigan. Si no están dispuestos a atravesar y a estar en sus confusiones, errores y dolores presentes, enfrentándolos y entendiéndolos, jamás podrán estar en Dios. O, para decirlo de otra manera: no podrán experimentar un estado de felicidad, paz y creatividad sin conflicto, si no encaran la realidad temporal y muchas veces desagradable. Sólo entonces podrán vivir la gran Realidad. Esta última llegará primero ocasionalmente y en vislumbres vagas. Pero esto les dará un enfoque y una relación nuevos con Dios. No sólo transformará sus actitudes y conceptos de Dios, sino también los conceptos de ustedes mismos, de su lugar en la vida.

No hace falta decir que en la relación del ser humano con Dios, su oración—me refiero a sus conversaciones con Él—también pasa por estas fases. Las oraciones son la expresión de las diversas fases. Suele suceder, como con todas las cosas de la Tierra, que el ser humano está ya en realidad interiormente en una etapa nueva, pero exteriormente se sigue aferrando a viejos patrones de hábitos; patrones que adoptó en una etapa anterior. Esto puede no sólo aplicarse a la manera en que las personas oran, sino también a ciertos conceptos a los que se aferran, en su mente consciente, aunque por dentro ya los hayan rebasado. La mente forma hábitos. El hábito es una cualidad intrínseca de la mente. La experiencia que proviene de ser jamás forma hábitos. Sólo la mente lo hace. La memoria, combinada con la tendencia a formar hábitos, es el peligro de la mente con respecto a la verdadera experiencia espiritual. Cuanto más flexibles son ustedes, menos caerán en la trampa de los patrones fijos de hábitos; del aferramiento a conceptos e ideas viejos que alguna vez les produjeron una experiencia que desean recrear aferrándose a ellos.

Si cada vez se entrenan más para encarar lo que hay en ustedes ahora, se liberan de patrones de hábitos que les impiden vivir productivamente; tener experiencias verdaderas, trátese de Dios, de la vida, de ustedes mismos… todo es lo mismo, es ser. ¿No es el hábito lo que abrió surcos tan profundos en su mente de cierta experiencia, de modo que esta experiencia se convirtió en una imagen rígida? ¿No es el hábito lo que los lleva a adherirse a errores conceptuales, conclusiones equivocadas, generalizaciones que siempre son medias verdades, en el mejor de los casos? Esto se aplica a muchas cosas, amigos míos.

De nuevo quiero insistir en que siempre que descubran estas maneras erróneas en ustedes, cuídense de sentirse culpables, de ponerse frenéticos, de sentir “No debo”. Esta actitud es la barrera más grande de todas, ¡la más grande!

Y ahora, amigos míos, escuchemos sus preguntas.

PREGUNTA: Traté de explicar lo que usted nos dijo sobre el espíritu y el libre albedrío a dos personas: una muy religiosa, y la otra, un científico. Ellos dijeron que si Dios es omnisciente y amoroso, entonces Él también conoce el futuro. Si Él conoce el futuro, y al mismo tiempo nos dio libre albedrío, Él debe de saber lo que vamos a hacer con él. Y esto no lo puedo responder.

RESPUESTA: En primer lugar, el futuro es un producto del tiempo. Y el tiempo es un producto de la mente. Por lo tanto, en realidad, el futuro no existe. Así como el pasado no existe. Me doy cuenta de que es imposible que la mayoría de las personas entiendan esto. Fuera de la mente está el estado de ser; es decir, no hay pasado, ni presente, ni futuro, sólo el ahora. En el mejor de los casos esto puede entenderse vagamente con el sentimiento, no con el intelecto.

Además, esta pregunta surge del completo error conceptual que esbocé en esta misma conferencia, en el sentido de que muestra el concepto de un Dios que actúa y hace. La Creación no es, en su verdadero sentido, una acción, ni ciertamente una acción limitada por el tiempo. Cuando Dios creó el espíritu, no lo hizo en el tiempo ni en la mente, sino en el estado de ser. En este sentido, cada espíritu es divino y crea su propia vida. Dios no quita ni añade.

No obstante, quiero agregar esto: el ser humano es completamente iluso al creer que el dolor y el sufrimiento son terribles en sí mismos. Por favor, trata de entender lo que digo. El excesivo miedo del género humano al sufrimiento es muy poco realista, y, de nuevo, un producto de la mente, en el error. El ser humano teme al dolor y al sufrimiento principalmente porque cree que él no tiene nada que ver con ellos; que pueden llegarles sin que sean responsables de ello. En otras palabras, o son injustos, o son una coincidencia caótica. Pero una vez que se da cuenta de que todos los dolores que sufre se deben a su propia evasión de la verdad y la realidad; una vez que no sólo entiende esto como principio, sino que realmente conecta los eslabones, ya no los temerá. Verá la clave, mucho antes de que pueda siquiera empezar a usarla. Ya no se mantendrá en guardia contra la supuesta arbitrariedad de la vida, contra la cual se siente indefenso. Así, su sufrimiento adquirirá un aspecto enteramente nuevo y será productivo.

Esto, entonces, hará que el ser humano vea que el sufrimiento real no es ni la mitad de aterrador que su miedo y su actitud hacia él. En un grado leve, muchos de ustedes han experimentado esto. Han visto que cuando tienen miedo de algo antes de que suceda, es mucho peor que cuando realmente sucede. Y también han visto que sus dolores adquieren un aspecto nuevo una vez que entienden a fondo cómo los crearon. Si observan esta cadena de eventos dentro de ustedes, absteniéndose del perfeccionismo, de la moralización y de la justificación, el dolor instantáneamente se esfumará, aun cuando la situación exterior siga siendo la misma. Cuando aceptan verdaderamente su realidad, también pueden aceptar la imperfección de la vida como tal. Sin la rebeldía contra la imperfección, muchos patrones se transforman y se causan ustedes menos sufrimiento. Pero su expectativa consciente o inconsciente de que la vida debería ser perfecta, los lleva a rebelarse, a resistirse, a erigir barreras que causan más imperfección y sufrimiento de los que la vida de otro modo contendría. Así pues, su actitud hacia el sufrimiento, hacia la vida, hacia su posición en la vida y hacia ustedes mismos, es lo que determina cómo experimentan el sufrimiento. Si la actitud de los humanos hacia el sufrimiento no fuera tan distorsionada como suele serlo, encontrarían que los problemas que tienen que resolver para conquistar la mente y la materia son bellos. Son las cosas más hermosas de su vida terrenal. Sólo conquistando su propia resistencia y su ceguera, su falta de conciencia de ustedes mismos, experimentarán la belleza de la vida, ya sea que en un momento atraviesen periodos difíciles, y en otros experimenten felicidad y realización.

Cuando el ser humano se acerca a esta comprensión, jamás debería hacer una pregunta como ésta. Encierra tanta confusión, contiene tanta ceguera y falta de conciencia de la realidad; muestra tanta inmadurez espiritual, que si siquiera puede ser respondida de alguna manera que tenga sentido para el interrogador. No pueden entender con la mente lo que hay más allá del ámbito de la mente. Para eso se necesita otra facultad, pero mientras se niegue la existencia de esa facultad, ¿cómo pueden siquiera hacer que la persona llegue finalmente a una comprensión?

Esta pregunta también contiene un conflicto eterno en la Humanidad, un conflicto de conceptos religiosos. Por una parte, el ser humano postula que Dios es un Padre omnipotente que actúa cuando quiere; que los recompensa si obedecen Sus leyes; que los guía sin la participación activa de ustedes en su propia vida interior, con tal de que se lo pidan humildemente. Por otra parte, se postula que el hombre tiene libre albedrío; que moldea su propio destino; que es responsable de su vida. Mientras la religión enseña esto último, simultáneamente paraliza la libre decisión y la autorresponsabilidad, forzando al hombre a obedecer ciertas reglas prescritas. Entre estos dos conceptos, mutuamente excluyentes, el hombre está confundido. La pregunta que hiciste es un ejemplo típico de esta confusión.

Un Creador omnipotente y la autorresponsabilidad del ser humano sólo son mutuamente excluyentes cuando se ven en el tiempo, y desde la mente; cuando se percibe que este creador omnipotente actúa como el humano, en el tiempo, desde la mente. No tienen que estar todavía en el estado de ser en conciencia antes de que puedan sentir que, en realidad, en el estado de ser, no hay conflicto entre ambos. Todo lo que tienen que hacer es encararse sin resistencia, sin simular que son más de lo que realmente son, sin esforzarse por ser más perfectos de lo que son en este momento. Cada aspecto individual que ven en ustedes con esta libertad, los pone, en ese momento, en un estado de ser y perciben interiormente la verdad de Dios como Ser sin contradicciones del tipo que expresaste en tu pregunta. Entonces sabrás, profundamente, que la autorresponsabilidad completa no es exclusiva de un Ser Supremo. Una persona que no está lista por dentro no puede entender lo que digo aquí.

En conexión con esto, me gustaría decir que algunos de ustedes podrían preguntar a qué se debe que algunos grandes espíritus, ya sea encarnados o desencarnados a través de canales humanos, han transmitido una gran sabiduría, pero sus enseñanzas en realidad parecen alentar una de esas etapas temporales que mencioné como una fase del gran ciclo. Sus enseñanzas estaban adaptadas a esta etapa aún inmadura, y no a sacar a las personas de ella. Se preguntarán con razón por qué es así. La respuesta es que cada etapa tiene que atravesarse completamente. Uno no puede ser forzado a saltarse una etapa; de lo contrario, algo no asimilado permanecerá en el alma y se manifestará en un periodo posterior. Supongamos que tuviéramos un grupo de personas aquí que no han pasado por el desarrollo que ustedes han tenido en los últimos cuantos años. Lo que yo diría ahora, por ejemplo, acerca de la relación con Dios, no tendría ningún sentido. Una persona que no ha experimentado, al menos en cierto grado, la paz de la verdadera conciencia de sí mismo, sin autocondena ni autojustificación, por rara que sea la vez que esto les ocurre a ustedes, no puede conocer el significado del estado de ser. Si un grupo se encuentra, tal vez, entre la segunda y la tercera etapa de este gran ciclo, un espíritu tendrá que hablar de tal manera que pueda ser entendido. Sin embargo, no miente. Pero para este grupo es humanamente imposible entender más. Sólo al sacar gradualmente a un grupo de esta etapa para que empiece a encararse podrán las almas de estas personas empezar a absorber más verdad, aun si la mente no puede seguirla. Por esto puede ocurrir con frecuencia que los ayudantes espirituales, de éste o del otro mundo, parecen alentar una etapa que ustedes ya dejaron atrás.

COMENTARIO: Sé que si hubiera escuchado esta conferencia hace un año, no me sentiría como me siento ahora.

RESPUESTA: Desde luego que no. Ahora, por lo menos, tienes la oportunidad de entender, de captar, de sentir, aunque sea en momentos raros.

De una manera más pequeña, el ser humano repite estos ciclos una y otra vez en diversos niveles. No pasa sólo una vez por cada una de estas etapas. Incluso pueden observar que las conferencias que les he dictado en todos estos años, pasan, de cierta manera, por estas etapas. Cada una de las fases que pasamos los prepararon para la clave: la conciencia de sí mismos. La capacidad, la voluntad, el valor, el incentivo y la razón para lograr esto tienen que cultivarse y esto no es fácil. Por eso existen estas fases. Pero no existen como leyes prefabricadas. Existen debido al ritmo inherente de crecimiento del ser humano, que no puede apresurarse. Pero necesita aliento y preparación. Necesita ayuda para dirigir su atención a sus resistencias.

PREGUNTA: ¿Podría hablarnos más detalladamente del significado de la oración en las diferentes etapas?

RESPUESTA: Creo que esto es muy evidente en la conferencia misma. La oración se adaptará a la actitud y al concepto conscientes de cualquier fase dada. En la primera etapa, cuando el hombre se encuentra todavía casi en la etapa de ser sin conciencia, no hay oración, porque no hay concepto de Dios. En la siguiente etapa, cuando el ser humano empieza a hacer preguntas y a asombrarse, y en esta experiencia espontánea de asombrarse y permitir que lo llenen consideraciones nuevas, esto, en sí, es la oración o la meditación. La siguiente etapa puede ser el darse cuenta de que hay una Inteligencia Suprema. En esta etapa, la oración toma la forma de admiración ante la maravilla del universo y la naturaleza. Es adoración. En la siguiente etapa, cuando la confusión de la mente, la inmadurez y el sentimiento de insuficiencia causan miedo, aferramiento, impotencia y dependencia; cuando el pensamiento fantasioso y la codicia, y la no aceptación de la realidad provocan súplicas, la oración se expresará en concordancia con esto. Cuando las oraciones parecen responderse en este estado, no es porque Dios actúe, sino porque, de alguna manera, el hombre es sincero pese a todos sus autoengaños y evasiones, y ha abierto de este modo un canal dentro del cual las leyes de ser pueden penetrar hasta él. Esta es una distinción importante que sólo se percibirá en una etapa posterior. Cuando el ser humano se da cuenta de su participación en el hecho de que una oración sea respondida o no, perderá el sentimiento de indefensión y de la arbitrariedad de un Dios voluntarioso al que tiene que apaciguar mediante reglas humanas y sobreimpuestas. Pero también podría añadir que lo que muchas veces parece una oración respondida es la fuerza de una mente sin conflictos en el área específica donde la oración se respondió, por lo menos esa vez.

Cuando el hombre llega al estado de independencia, cuando deja ir a este Dios imaginario que castiga, recompensa y vive la vida por él, cuando se encuentra en el estado de ateísmo, de negación de algún ser superior, no ora, desde luego. Por lo menos, no en el sentido convencional. Puede meditar sobre sí mismo, puede verse con sinceridad, y esto, como todos ustedes lo saben ya, es la mejor oración en el sentido verdadero. Pero también puede suceder que el hombre, en el estado ateo, sea completamente irresponsable y no piense ni se vea. Puede escaparse de sí mismo de la misma manera que la persona que usa a Dios como un escape de ella misma.

Cuando el hombre alcanza la etapa de la búsqueda activa de la conciencia de sí mismo, de encararse como realmente es, puede, al principio, estar acostumbrado todavía a la vieja oración de súplica, de pedirle a Dios que haga por él lo que antes se negaba a hacer él mismo. Sin embargo, a pesar de este hábito de oración, empieza a enfrentarse a sí mismo. Sólo después de alcanzar niveles más profundos de esta autoconfrontación, gradualmente evitará el tipo de oración al que estaba acostumbrado. Puede pasar incluso por una etapa de no orar para nada activamente, en el sentido usual. Pero medita… ¡y esa suele ser la mejor oración! Medita contemplando sus motivaciones reales; permitiendo que sus sentimientos reales salgan a la superficie; cuestionando su razón de ser. En este tipo de actividad, la oración en el viejo sentido carece cada vez más y más de sentido y de congruencia. Su oración es el acto de darse cuenta de sí mismo y de verse en la verdad. Su oración es su intención sincera de encarar lo que puede ser más desagradable. Es oración porque contiene la actitud de que la verdad por la verdad misma es el umbral del amor. Sin verdad y sin amor, no puede haber experiencia de Dios. El amor no puede surgir de tratar de fingir una verdad que no se siente. Pero sí puede surgir de hacer frente a una verdad, no importa lo imperfecta que sea. Esta actitud ES oración. La sinceridad consigo mismo ES oración; darse cuenta de la propia resistencia ES oración; admitir algo que uno ha ocultado por vergüenza ES oración. Cuando esto continúa, el estado de ser gradualmente se hace presente, poco a poco, con interrupciones. Entonces, en el estado de ser, la oración deja de ser una acción de palabras pronunciadas o de pensamientos. Es un sentimiento de estar en el eterno ahora; de fluir en una corriente de amor con todos los seres; de entender y percibir; de estar vivo. Es imposible transmitir que estos cuantos aspectos que mencioné aquí, además de muchos sentimientos indescriptibles más, comprenden la oración en el sentido más elevado. Es la conciencia de Dios en Su Realidad. Pero este tipo de oración no puede imitarse ni aprenderse por medio de enseñanzas, prácticas prescritas ni disciplinas. Es el resultado natural del valor y la humildad de enfrentarse por completo y sin reservas. Antes de que hayan alcanzado este estado, el más elevado para relacionarse con Dios, el estado de ser, donde la oración y ser son una sola cosa, lo único que pueden hacer, la mejor oración del mundo, es la intención renovada y constante de encararse sin reservas; de eliminar todas las simulaciones entre su mente consciente y lo que hay en su interior; y después, eliminar la simulación entre lo que hay en ustedes, y otros. Éste es el camino, amigos míos.

PREGUNTA: Hace poco me enteré de que un joven primo mío tiene un tumor maligno. Y me gustaría pedir al grupo que ore por su recuperación, y también quisiera saber si hay algo que yo pueda hacer, o que pueda hacerse para ayudarlo.

RESPUESTA: Querido mío, esta pregunta es tan contradictoria con todo lo que he dicho esta noche, y antes también. Ciertamente es comprensible que te sientas así. Desde luego que tú, y todo el grupo, pueden orar. La validez de esta oración es la voluntad sincera de que deseas lo mejor para otra persona; de que no quieres que sufra; de que harías lo que pudieras para ayudar a aliviar este sufrimiento. Si tal es tu intención, ábrete a la inspiración. Si hay alguna manera de brindar fuerza y consuelo, puede llegar con esta apertura. Pero desde nuestro punto de vista, las cosas son muy diferentes. El sufrimiento temporal, la partida y la muerte no son, en realidad, lo que significan para ti. Sé que esto es doloroso, en el momento, en el tiempo. No hay duda de que los pensamientos y sentimientos puros, la intención pura, deben tener un efecto. No necesariamente de la manera exacta en que lo deseas, pero, de todos modos, tienen un efecto muy bueno.

PREGUNTA: No es su muerte lo que resulta tan doloroso, sino que deja a hijos pequeños y muchas cosas por hacer, su brillantez y su talento.

RESPUESTA: En realidad, lo que piensas que está inevitablemente perdido porque no se concluyó en esta vida, no es así. Nadie se va de esta esfera terrenal si no es un paso correcto y bueno, a menos que se quite la vida. Nada sucede en todo el universo que no tenga sentido, que no pueda ser productivo. No hay desperdicio. El desperdicio existe sólo temporalmente cuando no aprovechas la vida al máximo mientras la tienes. Pero dejar la vida terrenal, como tal, jamás es un desperdicio, independientemente de lo joven que sea la persona que deja su cuerpo. Si verdaderamente piensas y meditas acerca de estas palabras, te serán de mucha más ayuda, y por lo tanto más consoladoras, que si yo te dijera que existe algún medio que pueda interrumpir las leyes de causa y efecto, que Dios puede protegerte de ciertas etapas que el hombre tiene que atravesar, y que pueden ser tan fructíferas para todos los involucrados. Por otra parte, no estoy diciendo aquí que no se le pueda ayudar. Esto no está dentro de mi alcance. El resultado puede no ser necesariamente lo que temes. Pero lo sea o no, el desperdicio no existe. Hay un sentido incluso para los que se quedan atrás.

PREGUNTA: ¿Podría hacer algún comentario, por favor, sobre el progreso de nuestro trabajo de grupo y mostrarnos la manera de que sea una experiencia todavía más dinámica para nosotros, de que sea verdaderamente un trabajo de grupo?

RESPUESTA: Sí, amigo mío. Creo que la mayoría de ustedes puede empezar a sentir y experimentar que este trabajo de grupo es de una inconmensurable importancia. ¿De qué otra manera pueden permitir de una forma segura que sus emociones negativas afloren? ¿Permitirles una salida que no sólo sería destructiva para un ambiente que no entiende, sino que sería incluso fructífera para la percepción interior de todos los demás? ¿De qué otra manera pueden liberarse de la presión de las represiones, aprender a entenderse en el espejo del otro? ¿Cómo podrían, de la manera mejor y más rápida, aprender a comunicarse en un nivel más profundo de su ser, y no en los superficiales? Todo esto ha empezado y puede progresar en los años venideros si tienen esto presente. Con tal de que sigan creciendo en el futuro, como lo han hecho en este último año, su trabajo de grupo resultará más y más fructífero, además del trabajo privado que es una de las mayores ventajas que no querrán perder en ninguna circunstancia. El progreso de los diversos grupos depende principalmente de la participación y la voluntad del individuo de penetrar las defensas superficiales; de su voluntad de soltar la resistencia; de su voluntad de ver su verdad interior; de su voluntad de dejar de lado la justificación, la moralización, la racionalización y la intelectualización. Ya saben todo eso. Han hecho comienzos tentativos en este sentido, en algunos casos muy buen progreso en esta área específica. Pero todavía hay muchas reticencias y mucho orgullo que impide la verdadera apertura de los canales que arrojen los resultados que finalmente arrojarán. Con demasiada frecuencia no se pueden ver. No quieren exponerse. Esto mejorará sin duda, si su voluntad sincera no flaquea; si encaran estas emociones interiores con la honestidad que tanto propugno. Así que deseo recordarles, una vez más, y también en lo que se refiere al trabajo de grupo, que aprendan más y más a sacar sus sentimientos. Aprendan a observar sus propias reacciones. Observen su subjetividad. Y poco a poco llegarán al punto en que sean capaces de expresar emociones poco razonables, infantiles e imperfectas sin dar explicaciones. Entonces, y sólo entonces, podrán empezar a examinarlas y entenderlas bajo su verdadera luz. Mientras estén preparados con una explicación antes de expresarlas claramente, no podrán adquirir la autoconciencia que desean y que es tan esencial para su liberación. Al darse cuenta de sus propias defensas, aprenderán a no esforzarse por negarlas, sino por experimentar, en conciencia, su propia actitud defensiva. Éste, entonces, es el enfoque correcto. Esto es más progreso. En el sentido real, es más iluminador y constructivo que tratar de eliminar por la fuerza algo que no pueden sentir. Sé, amigos míos, que me repito mucho. Pero no puedo insistir demasiado en ello. Siempre se olvida y necesita un recordatorio constante. Esta experiencia emocional, la de estar en lo que sienten, la de verlo por lo que significa, también es el camino del trabajo de grupo. Esto traerá consigo entonces una interrelación más fructífera. Contribuirá más a su progreso individual que cualquier cosa que sean capaces de imaginar en este momento.

Han tenido un muy buen principio en esta dirección. El primer año de este trabajo específico de grupo ha sido mejor de lo que se esperaba. Pero eso no significa que no puedan hacer mucho más. En el próximo año habrá muchos más beneficios para cada uno de ustedes que sea sincero en este esfuerzo. Se establecerá más interacción de un alma a la otra, no de un intelecto al otro.

PREGUNTA: ¿Puedo hacerle una pregunta sobre el desarrollo del hombre, como lo expuso usted la vez pasada y ésta también? Me parece que nuestra cultura occidental sufre por aferrarse al intelecto y a la voluntad, en vez de enfocarse en el estado especial de ser. Y, si es así, ¿qué podemos hacer para contrarrestar esta tendencia, en la educación, digamos, o en la vida cultural?

RESPUESTA: Es muy cierto que ésta es una tendencia general, desde luego, como todos ustedes lo saben. ¿Qué pueden hacer? Sólo hay una respuesta. A riesgo de ser repetitivo, tengo que decir otra vez que no hay otra manera más que cultivar la autoconciencia de la manera en que lo están haciendo. Cuanto más maduren emocionalmente, cuanta más conciencia adquieran, más emanará esto de ustedes y, de alguna manera, encontrará expresión, espontánea y creativamente, en sus actividades, cualesquiera que éstas sean. No importa que sean médicos, maestros o zapateros. Influirán en su ambiente, no tanto por lo que digan o prediquen, sino por su simple estado de ser, por sus emanaciones. Cada individuo que pasa por un camino de autobúsqueda inevitablemente contribuye a este gran cambio. El mundo no puede cambiar a menos que un número suficiente de personas hagan precisamente lo que ustedes hacen. Pero cada ser humano ayuda a avanzar hacia ese fin. Los esfuerzos de honestidad de nadie lo benefician sólo a él. Incidentalmente, este cambio ya ha empezado a ocurrir, aquí y allá. Un grupo como el de ustedes contribuye más que enormes masas de personas que predican doctrinas, que se fuerzan a eliminar sus emociones, que sienten que deben ser buenos, mientras que su verdadero estado de ser está lejos de esa bondad. Un grupo de sólo cinco personas, que se enfrentan a la realidad como es ahora, contribuye más al mundo entero, no sólo a su esfera terrenal, sino a todas las esferas, que las enseñanzas e ideales mejor intencionados que llegan sólo al intelecto superficial.

PREGUNTA: Cuando nos enojamos y nos perturbamos por la perversidad, el egoísmo o el cinismo de otros, o nos molesta la corrupción de las altas esferas, ¿es esto un defecto? ¿Acaso la luz del camino nos ciega a los males del organismo social, del cual todos somos miembros? ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia los problemas sociales?

RESPUESTA: Si consideras tu pregunta, descubrirás la dependencia emocional y el carácter moralizador que la subyace. Moralizar contigo (¿cuál debe ser nuestra actitud? ¿Es un defecto?) y moralizar con otros. Como suelo decir, no puedes encontrar ninguna respuesta verdadera mientras la actitud subyacente tenga este matiz. No, desde luego que no debes estar ciego porque estás en un camino de autobúsqueda. No puedes estarlo. La condonación y la ceguera ante lo que existe no es la respuesta. Tampoco lo es una aceptación perezosa del mal. Pero tampoco es la respuesta la rebelión contra el mal. No puedes transformarlo cuando te rebelas. Puedes, en el mejor de los casos, hacer ciertas reformas superficiales que no tienen un sustento sólido y que, por lo tanto, desembocarán en un opuesto igualmente equivocado… y así volverse malas de nuevo.

El enfoque productivo sería, después de descubrir y eliminar la actitud automoralizante, preguntarte: “¿Es mi enojo verdaderamente objetivo? ¿O estoy involucrado?” Entonces percibirás la diferencia entre el enojo objetivo y el subjetivo. El primero no tiene urgencia, es desapegado, no te hace sentir inquieto ni frustrado. Cuando te sientes frustrado y el enojo te duele personalmente, siempre oculta algo que no has encarado en ti mismo. Esta falta de paz, esta perturbación, siempre es señal de un enojo subjetivo, que a su vez es una señal de que no estás consciente de lo que realmente pasa en ti.

Lo he dicho muy a menudo, y tengo que repetirlo: ningún medio colectivo podrá jamás, jamás, cambiar el mundo, a menos que esté sustentado por el crecimiento y la transformación internos, que son el producto de la conciencia de uno mismo. Mientras el hombre no enfrente su propia injusticia, su codicia, su egoísmo, sus prejuicios, su orgullo y sus miedos, todos ellos ocultos en un nivel psicológico profundamente oculto, estas mismas actitudes continuarán en el mundo, independientemente de las reformas sociales que se instituyan. Las reformas sociales son el producto del hombre, son mantenidas por él. Si éste, generalmente, esconde en su interior lo que exteriormente desea que desaparezca, ésta es una discrepancia que no tiene posibilidades de realización. Pero esto no significa que uno no deba hacer lo que pueda a fin de eliminar el mal. Sólo que debes entender lo que es realmente necesario a fin de cambiar el mundo. Mientras estés en guerra contigo mismo, la guerra exterior es el resultado. Mientras seas interiormente codicioso y egoísta y ni siquiera lo sepas, la codicia y el egoísmo exteriores no pueden eliminarse. Si verdaderamente quieres contribuir al mejoramiento de las condiciones generales, aparte de las obras que puedas hacer, trata de encontrar en tu interior las condiciones similares a las que te opones tan enérgicamente por fuera. Pueden existir de una manera mucho más sutil o modificada, pero esencialmente deben de estar allí. Cuando te vuelvas consciente de ellas, sabe que tú y millones de otras personas como tú, son responsables de los males del mundo. Que no haya culpa ni autoflagelación, sólo el reconocimiento de un hecho. Las reformas exteriores, no importa cuán eficientes sean, funcionarán duraderamente sólo cuando más personas hagan lo que les aconsejo hacer aquí, amigos míos. Cuando revisen la historia, verán que es así. Las reformas y las mejoras generales existen de una manera más genuina y duradera exactamente en el grado en que el hombre se ha vuelto más responsable y consciente de sí mismo, más maduro. Pero cuando las reformas sociales fueron mucho más adelantadas que el crecimiento interior de los seres humanos, tuvieron un efecto temporal, sólo para evaporarse, o para terminar en un extremo igualmente malo en el otro lado de la escala. El mundo, en general, no es otra cosa que el afloramiento de los individuos, de su estado interior, de su verdad interior presente. Ya dije esto hace años. Tal vez, ahora, serás más capaz de verificarlo. El desequilibrio que se produce de ir de un extremo al otro, en el intento de eliminar un mal, es exactamente lo que ocurre en el alma individual. Cuando el ser humano trata de cambiar superficialmente, oscila de un extremo al otro. Cuando adopta una regla, por buena que sea, a cambio de otra que no le gusta en sí mismo, no es profundo. No ha tratado de investigar lo que realmente siente. Esto, que encuentran con tanta frecuencia en este trabajo, es lo que experimentan en el mundo en general.

Mis amadísimos amigos, los dejo sólo por un breve tiempo. Esto no significa que el proceso continuo del crecimiento interior tenga que interrumpirse. Depende de cómo se enfoquen a sí mismos, de sus experiencias, reacciones y sentimientos diarios. Continúen con esta autoobservación, cualesquiera que sean las circunstancias. No se detengan, no huyan de sí mismos. Lleven paz a su corazón viéndose tal como son ahora. No existe otra manera real de tener paz, pero sí hay muchas maneras falsas e ilusorias. La mayoría de ustedes ha experimentado esto, por lo menos ocasionalmente. Su falta de paz siempre se debe a no querer encararse en algún área. Recuerden esto, y a medida que lo hagan, y disuelvan más y más su orgullo, su simulación y su resistencia, percibirán lo que significa estar en la realidad, estar en el estado de ser en conciencia. Incluso la realidad desagradable del momento, producto de sus conflictos y confusiones, si verdaderamente la encaran y la viven, en vez de huir de ella, aun esa realidad encerrará paz; es Dios. Sólo eso puede ser la puerta a una Realidad finalmente más grande.

Con esto bendigo a todos y cada uno de ustedes, a todos y cada uno de sus seres queridos. Traten de sentir el amor, el calor y la verdad que viene del mundo de ser; ese mundo que puede ser suyo con tan sólo pedirlo. Ahora tienen una llave. ¡Úsenla! ¡Queden en paz, sean en Dios!

Dictada el 8 de junio de 1962.