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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 107. Tres aspectos que impiden amar

Saludos, mis muy queridos amigos. Que Dios los bendiga. Bendita sea esta hora.

Cuando les ofrezco bendiciones, ¿qué significan estas palabras para ustedes? ¿Las oyen tal vez como simples palabras sin significado, sin realidad? Las bendiciones tienen una realidad muy precisa, amigos míos. Si tan sólo fueran libres, realmente libres de todas sus barreras, de todas las capas que les impiden sentir, vivir y experimentar la vida plenamente, estas bendiciones serían una realidad para ustedes. Sentirían la corriente real, la corriente de amor que fluye a todos y cada uno de ustedes desde un mundo de luz y libertad, desde un mundo de armonía y verdad, desde un mundo de amor. Pero esta corriente de amor muchas veces no puede alcanzarlos y penetrarlos. Es posible que no la perciban ni experimenten porque los sentidos que están destinados a estas percepciones están embotados por sus miedos, su vergüenza y sus deseos urgentes, y por sus defensas, todas ellas basadas en el error, la confusión y los errores conceptuales.

¡Cuántas veces he hablado de esto en los momentos que hemos pasado juntos! Pero con demasiada frecuencia sólo oyen y no entienden ni experimentan verdaderamente mis palabras. Estas pueden volverse reales sólo cuando encuentren su verdad específica dentro de ustedes. Y, amigos míos, esto no puede hacerse por deducciones y hallazgos intelectuales, sino sólo cuando se permitan sentir, vivir a través de sus emociones y, por lo tanto, determinar los errores conceptuales específicos que han albergado toda su vida. La conciencia de su falsedad los acerca mucho más a la corriente de amor que llega a ustedes desde afuera y a la corriente de amor dentro de ustedes.

Dentro de cada individuo existe un pozo de sabiduría y amor. Es un tesoro que existe en lo más profundo de ustedes y que puede salir a la superficie sólo a medida que se den cuenta de todos esos aspectos de ustedes mismos que les impiden el acceso al tesoro. Están acostumbrados a buscar la verdad, la guía y las soluciones a sus problemas fuera de ustedes; tal vez por medio de enseñanzas sabias o una mano amiga. Pero las respuestas más confiables y realistas vienen de dentro de ustedes. A fin de abrir el pozo se necesita ayuda externa, pero ésta es valiosa sólo si logra llevarlos a la fuente interna.

Aparte de este camino de autoconfrontación, ¿existe otra manera de abrir el pozo? Sí, sí la hay. Deben buscar la calma, exterior e interior. Todos los días, entren en meditación para aquietarse de modo que conozcan de manera precisa el ruido interior que tapa el pozo de sabiduría y amor. Después de traducir este ruido en pensamientos concisos, esta meditación finalmente sacará de ese pozo de guía sabia sentimientos cálidos de amor, afecto y comprensión, sin que sus propias necesidades urgentes borren la percepción realista de otros.

Si quieren ignorar y evitar el ruido interno de miedos, vergüenzas, defensas y necesidades urgentes, y acuden directamente al pozo de calma, no alcanzarán en realidad el tesoro interno. Pueden creer que lo hacen, pero esto no lo vuelve real. La existencia momentánea de la barrera y el ruido tiene que reconocerse con una apertura relajada y luego traducirse en significado. Esta es la manera, amigos míos. Estos periodos diarios de entrar en calma, para determinar el significado de la barrera a la calma, los ayudará mucho, y esta práctica definitivamente no puede descuidarse.

Hemos hablado de lo nocivas que son las barreras. El énfasis entonces era sobre ustedes mismos y no en su relación con otros. Sin embargo, como bien saben, su infelicidad y su confusión siempre se conectan con la dificultad de lidiar con sus congéneres. Por lo tanto, usaremos ahora el conocimiento que han adquirido acerca de ustedes mismos mediante su trabajo en este Pathwork y lo aplicaremos a su relación con otros.

Cuando observen con calma sus reacciones a otros, seguramente se darán cuenta con precisión de una tensión interior, de una cerrazón apretada. Esto les impide reunirse con otros libre y abiertamente, sin restricciones. Entonces no pueden tratar de comunicarse sin arrebatar y sin demandas urgentes. No pueden dar sin miedo. Cuando estén dispuestos a comunicarse con otros con amor, entonces, y sólo entonces, puede ser realmente plena su vida, no importa lo valiosas que sean sus diversas actividades en otro sentido. El miedo siempre dice: “Pero, ¿y qué hay de todas las personas que se aprovechan de estos sentimientos cálidos y amorosos? Si no estoy en guardia y me permito sentir, sufriré”. Es cierto que su pozo interior, con su sabia guía, su intuición confiable, no puede funcionar cuando está espesamente cubierto de capas de falsedad. Al taparlo aún más espesamente cuando se impiden sentir, no abren el pozo de verdad que hay dentro de ustedes. Así que el remedio debe buscarse permitiendo que las capas que cubren este pozo sean penetradas por su comprensión consciente.

Cuando esta profunda comunicación con otros, basada en la comprensión de sus propios bloqueos del pozo de verdad, no tiene lugar, están aislados. No es posible que sean felices. Hemos hablado de muchos aspectos que impiden la comunicación profunda con otros. Examinemos ahora tres aspectos más que necesitan una comprensión más honda, porque constituyen un “no” interno al amor. Como verán, este “no” interno no se debe sólo al miedo al sufrimiento, al dolor y a la decepción.

Los tres aspectos que tenemos que considerar pueden encontrarse en casi todos los seres humanos en algún grado. Sin embargo, uno de estos tres aspectos podría ser predominante, mientras que los otros dos pueden tener menos importancia. No importa lo poco que sientan que se aplican a ustedes, mírense y observen de cerca sus reacciones emocionales. Cuando las traduzcan en significado, sin duda descubrirán que uno, o el otro, o los tres aspectos existen en ustedes en diversos grados.

El primer aspecto es el miedo de que se les fuerce a hacer algo que no quieren hacer si se permiten sentir como naturalmente tienden a hacerlo. Tienen miedo de tener que hacer un sacrificio cuando no tienen deseos de hacerlo, o de ceder cuando esto es desventajoso o inconveniente. Creen que la única manera de protegerse contra las demandas excesivas y tal vez incluso infantiles de otros es refrenando sus sentimientos naturales, y por ende, interrumpiendo la corriente del amor desde dentro.

A la inversa, creen que si se permitieran estos sentimientos naturales, se verían obligados a ceder. No ven otra alternativa. Por lo tanto, al ver sólo estas dos alternativas, minan el proceso orgánico del crecimiento emocional, manipulando sus sentimientos de la manera más negativa y destructiva, con graves repercusiones en su vida psíquica y en su relación con otros. Menciono sólo dos de estas repercusiones: una es una culpa profunda por esta prohibición deliberada de amar; y otra es una subsecuente falta de confianza y respeto por sí mismos. Para expiar la falta de amor, uno suele hacer mucho más por otros de lo que sería normal, y entonces, como consecuencia, realmente se aprovechan de uno. Como todo lo que hacen es sin amor, como sustitución del amor negado, sus acciones no eliminan su culpa.

Esto demuestra, una vez más, cómo no pueden evitar caer en la misma situación que se esfuerzan por evitar por medios falsos y poco realistas, basados en conclusiones equivocadas. Todas las emociones que se originan en el error conceptual de que sus verdaderos sentimientos los meterán en problemas—culpa, resentimiento por hacer lo que ahora hacen compulsivamente como sustituto del amor, la falta de respeto por sí mismos—crean confusión y los vuelven incapaces de manejar las relaciones estrechas. O están constantemente involucrados de una manera negativa, o se retraen y viven en un amargo aislamiento que, a su vez, da lugar a la frustración. Estas, entonces, son las barreras a su pozo de sabiduría, amor e intuición: la fuente de su verdadera guía interior.

¿Cómo se ve entonces la situación cuando se le observa honestamente? De hecho, es muy posible amar sin tener que satisfacer todas las demandas, sin tener que ceder. ¿No es mejor ser egoísta—si eso es lo que quieren ser—en sus acciones, sin dejar de amar y sentir? ¿No es esto mucho mejor y en realidad mucho menos egoísta que hacer todo lo posible, pero sin amar? Es mucho más fácil que afirmen sus derechos y sus deseos, estén bien o mal, sean egoístas o generosos, si aman. Cuando no aman, la autoafirmación se vuelve muy difícil, porque su insistente culpa, o los paraliza, o, si logran dar voz a sus objeciones, saldrán de una manera muy hiriente. Su negativa a obedecer una demanda no puede en realidad herir a otro, con tal de que lo amen. Por lo tanto, estar en desacuerdo o negarse a obedecer ya no resultará amenazante. Podrán hacerlo de una manera relajada, fácil y sin problemas. Su capacidad de amar los hará sentirse más dignos de amor, y así serán capaces de decir “no” afuera, porque el “no” interno a amar y sentir se ha eliminado.

Todo esto no significa que deberían tratar artificialmente de forzar el amor donde no existe en forma natural. Esto sería inútil, ya lo saben. Esfuércense por detectar esa corriente fina y sutil, al principio muy tapada, en la que se retraen de sus sentimientos orgánicos y naturales, atrofiándolos deliberadamente, por decirlo así. Una vez que se topen con esta corriente y se vuelvan más conscientes de ella, podrán dejarla ir. El conocimiento y la comprensión de que las dos alternativas, forzar el amor o retraerse de sus sentimientos naturales, no son las únicas que detendrán la prohibición. Adquirirán ustedes una libertad nueva, con los resultados más gozosos, fortalecedores y liberadores.

Si no hay sentimientos cálidos y amorosos para empezar, sólo vean qué sentimientos sí hay. Encontrarán todas las emociones negativas que hemos examinado. Estas tienen que reconocerse y entenderse, no alejarse por la fuerza ni suprimirse. Cuando las entiendan de manera suficiente, los sentimientos cálidos y naturales de afecto saldrán finalmente, pues esos sentimientos amorosos ya están en ustedes. No les tienen que ser dados. Sólo están enterrados debajo de las emociones negativas que no permiten que las emociones positivas fructifiquen, porque ustedes albergan el simple malentendido de que no deben experimentar sus sentimientos naturales. Como este malentendido no ha surgido a la superficie, no es posible corregirlo. Por esto debe conocerse primero el malentendido. Deben ver claramente por qué es un malentendido. Entonces pueden proceder. Si verdaderamente experimentan el flujo de sentimientos conforme van surgiendo, probablemente pasarán por la siguiente secuencia: El malentendido provoca la deliberada amputación de los sentimientos que surgen de manera natural; esto, a su vez, resulta en culpa, miedo, incertidumbre, enojo, resentimiento, rabia impotente y una fluctuación confusa entre ceder demasiado y ser excesivamente severo. Tienen que experimentar plenamente todos estos sentimientos y confusiones antes de que puedan sentir verdaderamente la realidad del amor que hay en ustedes.

Al principio, el amor se manifestará sólo ocasional y débilmente, no en forma dramática. Cuando esto suceda, dense cuenta de ello, déjenlo fluir y vean el maravilloso efecto que tiene en ustedes y en quienes los rodean. Por ejemplo, sus demandas excesivas podrían disminuir inmediatamente cuando sientan una corriente de amor que fluye de ustedes, ya que sus demandas suelen ser una súplica inconsciente y ciega de amor. Sus demandas son en realidad un sustituto de lo que realmente buscan. Una vez que se brinda el amor genuino, las demandas disminuyen.

El segundo aspecto es éste: Como saben por nuestro trabajo en el pasado, casi todo el mundo tiene el deseo de ser aceptado y pertenecer a un mundo superior simbólico. Cuando este mundo aparentemente superior resulta ser insensible, poco demostrativo o incluso duro, no se atreven ustedes a sentir sus sentimientos naturales por miedo a ser despreciados por las personas cuya aprobación buscan. Este miedo es especialmente fuerte cuando tienen sentimientos naturales cálidos hacia alguien a quien ustedes están convencidos de que deberían rechazar de acuerdo con el código imaginado o real de este mundo superior. Si hacen eso, el daño que se infligen tiene gravísimas consecuencias.

Lo más probable es que esas personas piensen en realidad de una manera muy distinta de lo que ustedes creen. Tal vez los respetarían, los querrían y los aceptarían mucho más si ustedes fueran personas bondadosas y amorosas que no niegan ni traicionan lo mejor de ustedes con el fin de obtener su aprobación. Quizás ellos no estén conscientes de estas reacciones, pero como las corrientes inconscientes son una realidad, su respuesta demostraría que es así. Sólo cuando tengan el valor de ser ustedes mismos podrán descubrir la verdad. Algunos necesitan mucho más valor para manifestar sus seres amorosos que sus seres asertivos y “fuertes”.

Pero supongamos que el mundo superior de sus aspiraciones es realmente como ustedes creen que es. ¿No significa esto que esas personas son tan inmaduras a este respecto como ustedes? Emular esa inmadurez jamás puede producir el respeto por sí mismos ni la certidumbre en su personalidad. Lo único que puede hacer es crear autodesprecio y culpa, que les robarán el terreno firme bajo sus pies que sólo puede darles el ser ustedes mismos. Simular fuerza traicionando a su ser real, negando su amor a los más débiles a quienes creen que deben rechazar, produce el mismo odio por sí mismos que sienten cuando carecen de valor y autoafirmación, cuando se someten por evidente debilidad. Esta seudofuerza manifiesta, en realidad y en esencia, la misma debilidad que cuando se someten. Aquellos de ustedes que pertenecen a esta categoría niegan lo mejor de ustedes en favor de la aprobación. Deliberadamente establecen un proceso de autoenajenación por el simple acto de desalentar sus sentimientos naturales y cálidos, y producir una rudeza artificial.

De nuevo les digo que todo esto no es consciente. Tal vez no se den cuenta para nada de estos procesos internos, pero si miran de cerca algunas de sus reacciones, bien podrían descubrir que lo que digo es cierto en su caso. Tal vez sean conscientes ya de esto en algún grado, pero nunca han pensado mucho en ello en estos términos. Hacerlo, llevar más allá el significado de estas reacciones, les dará una visión más amplia, y así transformará estas actitudes tan infantiles. Cuando tengan el valor de ser fieles a su ser real, cuando se atrevan a amar a una persona que el “mundo superior” decreta que deben despreciar, descubrirán que toda la división de un “mundo superior” y un “mundo inferior” es una ilusión. Este descubrimiento los hará libres y les dará una fuerza que no pueden imaginar ahora.

A aquellos que todavía no han explorado profundamente el laberinto de su ser lo que digo podría sonar muy descabellado, o incluso tonto. Pero a algunos de mis amigos estas palabras les ayudarán a disolver algunos malentendidos muy paralizantes acerca de la vida y la gente.

El tercer aspecto del “no” interno contra el amor puede sonar paradójico al principio. Las personas que poseen este aspecto en forma predominante tienen una necesidad tan grande de realización y amor que la no realización presenta un miedo y una amenaza especiales. Su “remedio” es una fuerte corriente forzante. No necesito decir que este remedio es improductivo e incluso destructivo. La corriente forzante impide brindar libremente el amor. A su propia manera tortuosa provoca un “no” interno a dar de una manera relajada y tranquila. Arrebata y exige. Esta persona quiere dar, pero lo hace de una manera compulsiva, para que se satisfagan sus demandas, no sabiamente ni con una conciencia sensible de lo que el otro necesita y quiere. Por lo tanto, el dar no es libre ni genuino.

Este tipo de persona suele ser lo contrario del tipo que examiné antes, que reprime sus sentimientos. Los dos tipos suelen entrar en conflicto uno con el otro. Las demandas y la corriente forzante asustan y alejan a la otra persona, aun si las demandas se pasean con el disfraz de “dar”.

Los que están hambrientos y, por lo tanto, aterrados por la negativa, son ciegos a otros. Lo único que sienten es su propia necesidad. No tienen un espacio para mirar serenamente a la otra persona y sentir sus necesidades. La idea de ser rechazados es devastadora para ellos; sin embargo, atraen el rechazo por su urgencia. Cuando ésta llega, lo único que experimentan es la confirmación de su poca valía. Su visión distorsionada impide una verdadera evaluación de la situación en cuestión, pero su derrota no tiene nada que ver con su poca valía. Los miedos y los problemas de la otra persona pueden ser tan responsables de ello como la propia ceguera de ustedes cuando ven al mundo y a los demás sólo en términos de su valía o falta de ella. La subsecuente y poderosa corriente forzante, empleada para disipar la tan temida falta de valía, se convierte entonces en el medio para confirmar sus peores temores.

El verdadero remedio para aquellos que pertenecen predominantemente a esta categoría es triple. Primero necesitan enfrentar su falta de creencia en ellos mismos y descubrir las verdaderas razones de esto, tales como su falta de amor, que suele disfrazarse de una exagerada ansia de dar con el propósito de recibir amor de la misma manera en que un niño quiere ser amado. En segundo lugar, tienen que encontrar los conceptos distorsionados y entender el porqué de la distorsión. En tercer lugar, deben permitirse experimentar todos los sentimientos a medida que surjan en el proceso de su autobúsqueda.

Lo más probable es que debajo de la necesidad urgente y consciente encuentren una razón para no reconocer sus sentimientos reales de afecto y amor. Esto puede estar tan oculto que, a primera vista, pueden negarlo por completo. Lo único que sienten es su necesidad de ser amados, la cual confunden con sentimientos genuinos de afecto por otros. Estos últimos son emociones mucho menos urgentes, más serenas, no egocéntricas en lo más mínimo, como sí lo es la necesidad. Estos sentimientos maduros existen, pero se les ha impedido desarrollarse y esto debe volverse consciente. La no satisfacción repetida duele mucho más de lo que debería debido a la incapacidad infantil de tolerar la frustración. Antes de que llegue la realización o satisfacción, es necesario llevar a cabo los diversos pasos que he esbozado.

Todo esto toma tiempo. Pueden llegar más decepciones, pero ahora pueden utilizarse para el trabajo y servir como un medio maravilloso para descubrir más cosas sobre el ser. Mientras tanto, lo que uno puede aprender, con plena conciencia, es a nadar con la corriente y no resistirse a ella mediante una lucha salvaje de las fuerzas de su alma. La madurez les llegará cuando enseñen a su alma a poder tolerar la frustración sin represión ni enojo. Esto tiene el efecto sanador de llevar el péndulo a una posición más equilibrada. De la hiperactividad de la corriente forzante, de la lucha salvaje, se genera una serenidad que acerca más a la persona al estado de ser.

No puedo insistir demasiado en que hay que permitir que todas las emociones frustradas, que causan la urgencia y el hambre, bullan en la superficie, y en que hay que traducirlas en palabras concisas y significativas. En los individuos de la variedad de los “hambrientos de amor” existe otra reacción que también debe hacerse consciente y enfrentarse. A veces, cuando las necesidades son satisfechas, el “amor” se desvanece. Esto debe ser prueba de que lo que pensaban que era amor, no lo es, sino una necesidad urgente… ¡ciertamente una diferencia! Estas personas son tan incapaces de satisfacer las necesidades de otros como aquellas que pertenecen a los otros dos tipos. Se sienten invadidas por otras y se retraen. El reconocimiento de este hecho es de primordial importancia. En esta contracorriente oculta, tienen el mismo miedo de bajar la guardia, como los tipos represivos y “superiores”, sólo que su miedo está tapado por la necesidad manifiesta. Lo único que pueden ver es lo que quieren, o lo que temen que les suceda, nada más. Están desgarrados entre estas dos alternativas, e interpretan todos los sucesos exteriores en términos de necesitar o temer. En ninguna de las alternativas ven la realidad.

Ahora bien, amigos míos, esto es motivo de reflexión y material para un mayor trabajo, para todos y cada uno de ustedes. Me aventuro a decir que, en la mayoría de las personas, existe de alguna manera una combinación de estos tres aspectos, pero en muchos un aspecto es muy obvio y no difícil de verificar. No hay nadie aquí, o que lea estas palabras, para quien uno de estos aspectos no sea inmediatamente aplicable. Si trabajan con estos aspectos no podrán evitar darse cuenta de mayores resultados. Estas conferencias están dirigidas a los niveles de su ser donde existen estas actitudes irracionales. No van dirigidas a su pensamiento racional.

Y ahora, amigos míos, ocupémonos de sus preguntas.

PREGUNTA: ¿Puede usted explicar con detalle la diferencia entre lástima y compasión? Al ir uno envejeciendo y ver a tantos amigos sufrir, ¿cuál es la actitud correcta?

RESPUESTA: Con gusto te daré ayuda adicional sobre este tema, si puedo, aunque ha sido examinado muchas veces en el pasado. Sin embargo, si te dijera cuál debe ser en teoría el sentimiento correcto, no te ayudaría en absoluto. Todo lo que harías sería manipular más tus sentimientos y sobreimponer actitudes que no son genuinamente tuyas. Tú sabes que éste no puede ser un procedimiento sano. Es importante que reconozcas lo que realmente sientes, esté bien o mal.

Además de lo que dije sobre la diferencia entre la lástima y la compasión, ahora quiero presentar una explicación que indique por qué uno siente lástima en lugar del sentimiento mucho más productivo de la compasión. Siempre que te sientes aplastado por la devastadora emoción de la lástima, que inhibe tu fuerza y la ayuda que puedes brindar, puedes estar muy seguro de que en algún lugar de ti estás negativamente involucrado. Por ejemplo, la lástima puede ser una proyección de tu miedo de que te llegue la suerte que el otro sufre. O tal vez te sientas culpable de algo de lo que no eres consciente.

Una actitud universal es la de sentir cierta satisfacción por la desgracia de otro, no sólo por no tener que soportar esa misma suerte, sino también porque el otro es castigado y tiene dificultades. Esto, desde luego, es enteramente irracional, pero la actitud contiene consideraciones como ésta: “Si otros también sufren penalidades, no soy tan malo, no soy el único que sufre; por lo tanto, me da gusto que otros sufran también. Esta reacción suele producir tal impacto y culpa que se reprime por completo y se compensa con una lástima debilitante e improductiva. Entonces, la lástima te hace sentir absuelto porque, al tenerla, sufres con la otra persona, aunque de una manera destructiva.

Si puedes descubrir y experimentar tus reacciones genuinas, reconociendo que eres un ser humano con muchas emociones no purificadas, con muchas actitudes infantiles, egoístas y miopes—y aprendes a aceptarlas sin condenarte, condonarte o justificarte—entonces entenderás los errores conceptuales que hay detrás de estas actitudes irrazonables. Y entonces se disolverán gradualmente en el grado en que verdaderamente los entiendas. La lástima se transformará en compasión y te será posible dar ayuda constructiva a las personas dolientes, ya sea por medio de la acción o sólo comunicándoles tus verdaderos sentimientos.

PREGUNTA: En el pasado usted habló de la estrecha conexión entre causa y efecto. ¿Debemos creer entonces que vivimos en un mundo de causalidad en el que efectos idénticos se originan en causas idénticas?

RESPUESTA: Desde luego que éste es un mundo de causalidad. En cuanto a que causas idénticas produzcan efectos idénticos, eso depende de a qué te refieres exactamente con idéntico. Lo que parecerían causas idénticas pueden, en realidad, no ser idénticas en absoluto. El acto puede ser el mismo, pero los individuos son diferentes. Tomemos un ejemplo extremo, como el asesinato. Supongamos que dos personas asesinan, aun por el mismo motivo. Sin embargo, sus antecedentes, los que los llevaron a estos sentimientos, a esta acción, así como su desarrollo general, su personalidad y sus rasgos de carácter pueden ser distintos. Sus reacciones después del acto pueden no ser idénticas. En consecuencia, el efecto—no necesariamente el efecto exterior, sino el efecto en los dos individuos en cuestión—puede no ser idéntico en absoluto.

Pero si lo que quieres decir es que esta ley de causa y efecto es, hasta su más fino detalle, un proceso orgánico, infinitamente justo y armonioso, un factor de equilibrio en todo el universo, tan preciso en su funcionamiento que el error o la injusticia son completamente imposibles, en ese sentido causas idénticas provienen de efectos idénticos.

No es fácil entender por qué debería ser tan difícil para los seres humanos aceptar que viven en un mundo de causalidad. Cuando miran de cerca el mundo y los eventos que en él suceden, constantemente se enfrentan a la realidad viva de causa y efecto. En las cuestiones cotidianas más pequeñas operan la causa y el efecto, pero están tan acostumbrados a ello, es una parte tan grande de su vida diaria, que lo dan por hecho. Han perdido la capacidad de ver la operación de causa y efecto con la frescura que es necesaria a fin de adquirir una comprensión más profunda.

Si los humanos fueran capaces de ver lo que ocurre constantemente, no les resultaría tan difícil entender que la misma ley también debe de existir en un contexto más amplio. No supondrían que una ley distinta opera sólo porque en un caso la causa y el efecto están cerca, mientras que en otros casos están separados por el tiempo. El tiempo no influye en esto; sólo les revela la causa o el efecto. Algunas veces los seres humanos pueden ver ambos. Otras veces sólo pueden ver una o el otro. Si las personas dieran un seguimiento lógico a esto y vieran las consecuencias finales de este fenómeno, comprenderían que su incapacidad de ver la causa o el efecto no cambia el hecho de que la causa y el efecto son interdependientes.

Cuando descubren la causa y el efecto suficientemente en su propia vida personal, entonces empieza a existir lo que se llama fe, que en realidad es la experiencia de una verdad. Entonces ya no es cuestión de sobreimponer doctrinas o postulados. Diversos eventos y resultados los han desconcertado cuando no veían la causa de ellos. Al aprender a conocerse mejor descubren las causas de muchos efectos. Descubren las conexiones como hechos indiscutibles. Esto les da no sólo libertad y fuerza, sino que les muestra la causalidad bajo su verdadera luz. Entonces saben que la misma ley de la causalidad también debe de operar cuando no pueden conocer las causas, ya sea en su propia vida, o en la vida de otros, o en el mundo, o en la creación en general.

Mis muy queridos amigos, que estas palabras caigan en tierra fértil. Que todos ustedes den otro pasito más para ver sus propias barreras que excluyen la verdad, el amor y la realidad, pues ese es el paso más constructivo para eliminarlas. El error humano siempre es que quieren negar la existencia de la barrera y la resisten, lo que sólo refuerza el bloqueo. Quieren deshacerse de ella sin ver lo que realmente es ese obstáculo. Una vez que se vuelvan conscientes de ella y vean de qué está hecha, se darán cuenta de que no pueden eliminarla por la fuerza. Sólo puede disolverse gradualmente, dependiendo por entero del grado en el que se entienda esta barrera.

De nuevo, una corriente cálida de amor llega a cada uno de ustedes. Aquiétense interiormente. Detecten sus miedos, sus protecciones, sus vergüenzas, su resistencia a sentir. Al hacerlo, esta corriente podrá llegarles mucho mejor. Enviará algún aspecto de su fuerza a su corazón, donde los llenará de luz, fuerza y esperanza. ¡Queden en paz, queden en Dios!

Dictada el 12 de octubre de 1962.