J

Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 108. La culpa fundamental de no amar. Las obligaciones

Saludos, mis muy amados amigos. Dios bendiga a cada uno de ustedes. Bendita sea esta hora. Les doy la bienvenida a todos, tanto a mis viejos amigos como a los nuevos. Que esta noche les dé una fuerza y una percepción renovadas de su vida y sus problemas, y les muestre el camino. Que les dé un poco de luz si están desesperanzados y un nuevo influjo de fuerza si se sienten débiles.

El universo está en constante expansión. Todas las fuerzas cósmicas, la fuerza vital, tienden a la expansión, al crecimiento, a la unión y a la integración. Cada entidad individual, por ser un universo en sí misma, sigue este movimiento hacia el crecimiento y la extroversión. Si estas fuerzas se perturban o se sacan de sus canales naturales, el amor no puede prevalecer. Todas las religiones han enseñado siempre que el amor es la clave de la vida. Sin amor, nada cuenta.

En nuestro camino juntos hemos hecho más que sólo enseñar esta verdad. Juntos, hemos tratado de entender qué errores conceptuales y desviaciones les impiden estar en armonía con las fuerzas universales, moverse hacia la expansión y la unión. Su mundo terrenal es, efectivamente, un mundo atribulado. La vida es difícil, no sólo por la lucha por la supervivencia física, sino más aun en estos tiempos debido a la lucha por la supervivencia del alma. Este mundo está lleno de seres humanos cuyas fuerzas del alma están más o menos perturbadas. Si el grado de la perturbación es alto, uno se refiere a estas personas como mentalmente enfermas; si el grado es menor, uno se refiere a estas almas perturbadas como neuróticas. Las palabras no importan, las terminologías cambian con los tiempos, pero la causa subyacente es siempre la misma. Las fuerzas cósmicas internas no pueden fluir orgánicamente porque las personas no se atreven a amar, a liberar estas fuerzas interiores para crecer a su propia manera natural y orgánica.

Para la Humanidad en su conjunto el resultado es el conflicto, la incertidumbre, la inquietud y la ausencia de paz. Lo mismo pasa con el individuo. A menudo las personas se enferman físicamente. Tienen problemas en sus relaciones, en su trabajo. No pueden lidiar con la vida y buscan todo tipo de soluciones, pero rara vez descubren la causa real y, por lo tanto, la cura real. Una culpa que los permea profundamente roe su alma. Éste es un tipo diferente de culpa que las culpas más específicas, a menudo injustificadas, que bullen más cerca de la superficie de la psique.

Estas pequeñas culpas injustificadas sustituyen a la culpa real del retraimiento, la falta de amor y el aislamiento. En otras palabras, estas pequeñas culpas tienen la finalidad de expiar la violación de las grandes fuerzas cósmicas internas, rompiendo el flujo, por decirlo de alguna manera. Esta culpa, tan profundamente arraigada, les impide reclamar su libertad, afirmarse, sentir que merecen ser felices. Siempre que se sientan inmerecedores de la felicidad, necesitan, amigos míos, descubrir específicamente dónde y cómo no aman; dónde sucede que su orgullo, su voluntarismo y su miedo, su separación, sus mezquinos mimos con ustedes mismos y su cobardía los rodean de un muro de aislamiento cuando podrían fluir y flotar libremente con la corriente del amor universal. La infelicidad consiguiente se debe no sólo al vacío exterior de su vida en las áreas donde no prevalece el amor, sino aún más a la culpa profunda y oculta por este hecho. No es fácil desenterrar esta culpa específica, pero si verdaderamente quieren encontrarla, lo harán. Mientras no encuentren, verifiquen, reconozcan y experimenten esta culpa, el otro trabajo sobre las imágenes y los errores conceptuales no les ayudará en realidad.

Hemos hablado mucho sobre el daño de las defensas; el daño de una actitud hipócrita o moralizante con ustedes mismos y con otros; el daño del perfeccionismo, las normas rígidas que obedecen, muchas veces al pie de la letra, pero rara vez en espíritu. Todas estas cosas conducen, a menudo tan innecesariamente, a una vida dura y ascética que niega la alegría. ¿Por qué creen que existen estas defensas? Existen porque la psique perturbada busca una solución, pero el mensaje es mal entendido por la mente consciente. La psique dice: “¡Renuncia a tus defensas contra el amor! ¡No te separes! ¡No seas tacaño con tus sentimientos! Estás equivocado; pecas contra la ley de la vida. Remedia esto, cambia, conviértete en una persona amorosa”. La mente consciente no traduce este mensaje correctamente y lucha por ser “apropiada”, “buena”, y “correcta”. Pero, ¿qué significa correcta sin amor? Nada. El perfeccionismo como sustituto y expiación tiene, de hecho, el efecto opuesto porque no ama y se aísla. Hace hincapié en el ser y en cómo aparece a los ojos de otros, en vez de hacer hincapié en la otra persona. Por lo tanto, el alma se entrampa más profundamente en la confusión, la inquietud, la ansiedad y la culpa. Sus mensajes se tornan más difíciles de descifrar porque estas seudosoluciones sólo incitan a la autoenajenación.

Es ahora necesario que adquieran una visión global de cómo se conecta este proceso con su arraigada culpa por no amar, por perturbar el flujo cósmico. El trabajo que hacemos debe conducir finalmente a esto, pues entonces el camino o la curva ascendente puede comenzar. Hasta que encuentren este impedimento particular para amar tal como existe en ustedes, su búsqueda y su hallazgo dentro de su alma parecerán muchas veces una curva descendente. El camino parecerá a menudo imposible, pese a victorias ocasionales. Se preguntarán: “¿A dónde me conduce todo esto? ¿Para qué me sirve? ¿Cómo puedo cambiar?” Cuando finalmente vean—no teórica ni intelectualmente, sino en realidad—su egoísta retraimiento del amor, no importa lo bien que lo oculten, muchas veces por medio del superperfeccionismo y las acciones “correctas”, entonces y sólo entonces, podrán reconciliarse con ustedes mismos. Entonces puede haber una reparación. Entonces pueden expiar su falta de una manera veraz y constructiva y empezar a cambiar a este respecto. ¿Cómo? Lo sabrán si verdaderamente desean hacerlo. Deben expiar esta culpa interior, que es mucho más profunda que todas las pequeñas culpas que suelen ser tan injustificadas y funcionan sólo para ocultar las reales. Necesitan reparar a fin de que su alma sane y encuentre la paz, para que puedan gustarse, respetarse y estar cómodos con ustedes mismos. El conocimiento teórico no les ayudará, salvo para inspirarlos a emprender el descubrimiento de su culpa oculta por no amar.

Repito esto porque mis amigos lo olvidan constantemente: Una acción, un pensamiento o una actitud rara vez son buenos o malos, correctos o incorrectos en sí mismos. Esto sólo puede decirse de las acciones más extremas, e incluso entonces suele ser engañoso etiquetarlas como tales. El valor de una acción, de un pensamiento o de una actitud sólo puede determinarse descubriendo si está motivada por el amor o por la separación, el egoísmo, el miedo o el orgullo. Todavía se evalúan a ustedes mismos o a otros por un acto, por una manifestación exterior, y pasan por alto lo que hay detrás de ella.

El mismo acto o actitud, viniendo de dos personas diferentes, o tal vez incluso de la misma persona en distintos momentos, puede ser en un caso un acto amoroso… y una experiencia liberadora para todos los interesados; en otro caso, sin embargo, la misma acción puede ser mezquina y degradante. El acto amoroso proviene de un verdadero interés por otro, o de un asunto espiritual que está en juego. El ser aquí no es de primordial importancia. O podría ser que la acción que exteriormente parece más noble es interiormente menos noble que otro acto que tiene la apariencia opuesta. Esto es muy confuso para ustedes. Evaluar la acción de alguien más requiere facultades intuitivas. Estas facultades pueden desarrollarse suficientemente sólo si aprenden a ser veraces con ustedes mismos y reconocer que su comportamiento muy apropiado y correcto muchas veces no es dictado por el amor en absoluto.

Consideremos ahora otra cosa desde este punto de vista. A menudo están convencidos de que sus acciones son éticas y morales aun cuando ya hayan descubierto que los motivos son egoístas y no amorosos. Sus motivos pueden ser el deseo de aprobación y admiración o amor, pero no de amar. Éstos, desde luego, son motivos egoístas. Aunque puedan admitir estos motivos, están convencidos de que su comportamiento no deja nada que desear. Y sin embargo, con gran frecuencia, ni siquiera esto es cierto. En ocasiones puede ser cierto, pero las muchas veces en que los motivos egoístas los inducen a actuar egoístamente les pasan inadvertidas. Su conciencia está enfocada en las acciones correctas, pero no en las egoístas. Todavía ignoran estas últimas, así como ignoraban los motivos egoístas que había detrás de sus actos generosos. Los motivos egoístas ocultos los inducen a exteriorizarlos, lo que afecta adversamente a su entorno. La culpa puede volverlos entonces excesivamente sumisos, y llevarlos a ceder a las demandas injustificadas de otros. Esto sólo fortalecerá su propio egoísmo. Entonces se confunden y no saben cuándo afirmarse contra las demandas injustificadas, ni cuándo dar y actuar generosamente.

La honestidad con ustedes finalmente les ayuda a ver dónde perturban las fuerzas universales prohibiéndose amar. Cuando reconozcan esto dejarán ir esa prohibición en nombre del amor. Pueden cultivar el deseo profundo de cambiar y encontrar modos y maneras de hacerlo tanto interior como exteriormente. Renunciarán a sus pequeños temores y recelos, su vergüenza y su vulnerabilidad imaginaria, en nombre del amor. Serán llevados por el interés por otros y por lo que es bueno y constructivo en sí. Esto los hará libres y seguros, y les permitirá fluir.

Esto, amigos míos, no es un sermón. Estas palabras van dirigidas a una capa o núcleo profundamente oculto de su ser. Con frecuencia, cuanto más fuerte es el conocimiento de su cerebro, más ignorantes son en una parte más profunda de su ser. Piensen con cuidado en todo esto. Traten de aplicarlo en sus meditaciones y en su autobúsqueda, y descubran dónde y cómo es cierto esto para ustedes. No lo apliquen a otros con los que podrían estar resentidos—esa tentación siempre es grande—, sino que véanlo en ustedes. Cuando noten su perfeccionismo y sus pequeñas culpas, traten de encontrar detrás de ellos otro tipo de culpa. [cf. Conferencia 49]

Y ahora me gustaría abordar otro tema: las obligaciones. Muchos de ustedes, en su autobúsqueda, han encontrado su rebeldía contra la vida. Esta rebeldía puede tomar diversas formas: pereza, apatía, estancamiento o un sentimiento de total monotonía, en la que todo se vuelve un esfuerzo y les gustaría mejor no hacer nada.

¿Por qué se rebelan contra la vida? No se rebelan y temen sólo a la infelicidad o al dolor. Eso también, desde luego, es una razón, pero también hay otra. Se resienten por las obligaciones, las responsabilidades y los deberes que la vida les impone. Su lucha por la supervivencia física y psicológica exige un estado de alerta, el poder de tomar decisiones, la voluntad de cometer errores y aprender de ellos. Deben exponerse y actuar frente a los riesgos. Cuando no le dicen “sí” a la vida en el amor y en las relaciones, así como en las obligaciones, son empujados y arrastrados por la vida contra su voluntad. Hasta cierto grado, si desean permanecer cuerdos, tienen que pasar por esta parte activa de la vida, pero lo hacen contra la corriente, por decirlo así. Se someten a esto porque tienen que hacerlo, y no porque le han dicho “sí”. Si no le dicen “sí” a la vida en todos sus aspectos, sino que se permiten ser empujados por ella, no pueden experimentar la dignidad, la magnificencia y la belleza de ella.

Llegan al extremo de su falta de voluntad cuando se niegan a cargar con sus obligaciones morales con ustedes mismos. Pueden reconocer la responsabilidad de su propia infelicidad en teoría, pero cuando se trata de la vida práctica, desearían absolverse de ella. En consecuencia, todo lo que hay en su vida se convierte en una tarea tediosa. En una etapa avanzada, incluso las rutinas diarias de vivir, como comer, levantarse, lavarse, hacer pequeñas tareas, puede resultar demasiado. Entonces no hay dignidad ni libertad en llevar a cabo las tareas cotidianas, sean grandes o pequeñas.

Cuando todo es un sufrimiento, algo en ustedes se rebela. Si se absuelven fundamentalmente de su responsabilidad por su insatisfacción y sus dificultades personales y se niegan a buscar la conexión interior, entonces este cansancio es el resultado. Quieren que las cosas se hagan por ustedes. No desean lidiar con decisiones, con la tensión de la vida. O, más exactamente, lo que normalmente sería un reto emocionante, se convierte en una tensión. ¿Cómo pueden resolver esto, amigos míos?

M gustaría señalar de nuevo que en lo más profundo de ustedes hay algo que no le ha dicho “sí” a la lucha, al reto en un buen sentido, no en uno hostil, que nos plantea la vida. Encuentren esta vocecita, tráiganla a la superficie, y luego acepten su significado. Descubrirán que esta voz pertenece a un niño codicioso que quiere recibir todo sin dar nada. Verifiquen el egoísmo y la pereza de esta voz una vez que la saquen de su escondite. Cuando entiendan su naturaleza y la vean sin una falsa moralización y justificación, querrán cambiar. La responsabilidad madura también exige amor y generosidad. Encuentren dónde, por qué y cómo carecen de éstos cuando oponen una resistencia perezosa a asumir la responsabilidad de su vida, o lo hacen sólo porque tienen que hacerlo. Finalmente cambiarán su actitud interna y, por ende, fluirán con la vida y no contra ella. Cuando están constantemente cansados y apáticos, o cuando todo el tiempo se encuentran en las garras de la depresión y la rebelión, investiguen, mis queridos amigos, si este tan básico rechazo de la vida se aplica a ustedes o no.

Cuando descubran este rechazo, permitan que salga tan irracional e irrazonablemente como existe. No se avergüencen de él. Pronúncienlo, escríbanlo, ábranse sin restricciones a su helper y revelen todos los cómodos ideales ilusorios que albergan. Tal vez esta voz diga que sólo le gusta vegetar y no hacer nada; que no desea superar las dificultades, hacer esfuerzos, lidiar con la gente y sus demandas; decidir si estas demandas son justificadas o no. No quiere ocuparse de las obstrucciones, las frustraciones y la crítica. Les dirá que sólo desea flotar.

Miren ustedes, así como hay en todo un aspecto sano y también uno destructivo, lo mismo ocurre con el deseo de flotar. Hay una flotación sana que viene de seguir los poderes universales del amor, de estar activos en la vida, de decirle “sí”. Y luego está la versión malsana, la distorsión, en la que uno desea solamente vegetar y no asumir la vida en absoluto. Sólo cuando determinan este deseo malsano concisamente, y lo reconocen sin engañarse, pueden empezar a descubrir por qué esto parece tan tentador.

Me aventuro a decir que hay tantas razones como individuos, pero siempre hay ciertos comunes denominadores. Está el miedo a exponerse al fracaso y a la insuficiencia; en otras palabras, el orgullo. Está el deseo de ser más perfectos de lo que son. Esto es un sustituto del amor que no se permiten sentir. Y aquí está el eslabón. No necesitan ser tan perfectos si aman. Por lo tanto, no necesitan tener miedo del fracaso. Si no temieran tanto el fracaso, la vida no se volvería tan difícil. Muchas veces es el terror inherente e inconsciente al fracaso lo que vuelve la vida tan ardua. Así que aquí tenemos el orgullo y el miedo. O bien, pueden decirle “no” a la vida porque no toleran que nada vaya en contra de su voluntad. Tienen miedo de la frustración así que no fluyen voluntariamente con la vida. Aquí regresamos al orgullo, al voluntarismo y al miedo, los defectos fundamentales que impiden amar y perturban al alma.

En cada caso tendrán que partir de su propia conciencia de sus sentimientos y sus reacciones. Al principio éstos parecerán no tener ninguna semejanza ni con el orgullo, ni con el voluntarismo, ni con el miedo. Empero, cuando observen de cerca y analicen su significado, siempre regresarán a esta tríada. Y cuando den un paso más, verán que estas tres actitudes impiden directamente el amor y son contrarias a él. Debido a ellas, albergan una culpa muy arraigada, se den cuenta de ella ahora o no. Por lo tanto, se agobian con actitudes y comportamientos con los que es mucho más difícil vivir que el amor que originalmente deseaban llegar a experimentar.

Así pues, mis muy amados amigos, les recomiendo que se pongan a descubrir cuánta rebeldía sienten contra la vida, y qué forma toma ésta en su existencia. Descubran dónde, en lo más profundo de ustedes, equiparan la libertad con no tener obligaciones. Luego profundicen más para entender que esto está mal. Sopesen esta conferencia y vean que las dos partes de ella—la culpa de no amar y el problema de las obligaciones—tienen un común denominador.

Y ahora, estoy listo para sus preguntas.

PREGUNTA: ¿Quiere usted decir que cuando la actitud de una persona hacia la vida es correcta y positiva, sus sentimientos también serán correctos, y en consecuencia sus acciones la beneficiarán a ella y a otros?

RESPUESTA: Sí, eso es lo que estoy diciendo. Esto puede sonar muy sencillo, pero, como todos ustedes lo saben, establecer esta actitud fundamental para que concuerde con las fuerzas universales es un camino laborioso.

PREGUNTA: Estamos planeando hacer algunos cambios y mejoras en las sesiones de discusión. ¿Tiene usted algunas sugerencias?

RESPUESTA: Sí. No entraré en detalles técnicos. Esto es algo que mis amigos pueden resolver entre ellos. El difícil camino de ensayo y error es una prueba de la que cada individuo puede aprender. Cuando construyen algo juntos de esta manera, adquieren un sentimiento de logro que tiene mucho más valor que simplemente seguir un consejo. Entonces su espíritu estará en la tarea. Esto, después de todo, es lo único que importa. Por lo tanto, la pregunta en realidad es cómo proceder de manera que el espíritu de todos esté en ello, con el mayor número de participantes posible.

Para ayudarles en ese sentido, les recordaré el propósito de estas sesiones. La idea de estos grupos de discusión es ayudarles a poner en práctica, a asimilar, un conocimiento teórico y aplicarlo a su vida privada. Si enfocan la discusión con esta perspectiva y constantemente se recuerdan eso el uno al otro, evitarán la teorización abstracta. En realidad no necesitarían reuniones sólo para teorizar, lo que de todos modos se le facilita a la mayoría de ustedes. Que su propósito sea hablar de qué aspecto o tema no entienden emocionalmente. Luego, por medio del trabajo privado y grupal verificarán primero que dicha comprensión emocional les sigue faltando. Ya saben bien que el primer paso hacia la comprensión siempre es el reconocimiento y la verbalización concisa de lo que uno no entiende. Esa es la mitad de la batalla. Que cada persona pronuncie lo que puede haber entendido intelectualmente, pero todavía no en sus emociones; lo que todavía no es una experiencia viva. Entonces los demás pueden ayudar con la clarificación, tal vez por medio de ejemplos. La exposición personal no es necesaria a menos que lo desee la persona; la discusión puede llevarse en un plano general. Esto no debería confundirse con el trabajo grupal. Lo importante es ayudarlos a alcanzar una asimilación emocional. Otros que tengan tal vez la experiencia de haber aclarado un punto específico en discusión pueden mostrar la manera de llegar a esta asimilación.

No obstante, si aquí o allá algo no se entiende intelectualmente, entonces, desde luego, estos grupos de estudio son el lugar para ventilarlo. Si su orgullo les impide hacerlo, esto va no sólo en su propio detrimento, sino también en detrimento de todo el proyecto. El espíritu correcto, la humildad y la honestidad harán de sus discusiones una experiencia viva y dinámica. De lo contrario, se volverán aburridas y eternas.

La velocidad a la que pueden convertirse estos grupos de estudio en un proyecto significativo depende, en primer lugar, del orgullo de los tímidos que no desean exhibir su “ignorancia”, y en segundo lugar, del orgullo de los bulliciosos que presumen su “conocimiento” para impresionar a otros. Ambos tienen preguntas apremiantes. Algunas de ellas son muy conscientes; otras no están bien formuladas y son vagas, a causa de la pereza y el orgullo. Esta no participación interna es una simulación pasiva que entorpece la calidad de las discusiones. Si todos los participantes preparan preguntas que expresen lo que no entienden, tanto intelectual como emocionalmente, les prometo que estos grupos de discusión resultarán productivos para todos los involucrados.

Permitan que estas discusiones sirvan también de oportunidades para explorarse. ¿Cuál es la razón para compartir? ¿Cuál es el motivo para no hacerlo? En la medida en que den voz a sus confusiones, estas discusiones resultarán ser de un valor inconmensurable. Entonces se dará ayuda tanto a los que pronuncian sus confusiones como a los otros, especialmente por el ejemplo que se da. Entonces su grupo se convertirá verdaderamente en una escuela donde cada persona es alumno y maestro al mismo tiempo. Si tienen esto presente y tratan de vivirlo, todos los detalles exteriores se resolverán fácilmente. No son importantes. El ensayo y error, y la mejoría que experimenten sobre la marcha llegarán rápidamente y sin fricción. Si este espíritu básico prevalece, atraerá a otros, porque lo que importa es la fuerza del espíritu. E incluso los que son demasiado tímidos, ciegos y perezosos se sentirán seducidos por la veracidad, la honestidad y la humildad de los que participan activamente. Esto hará que el proyecto florezca.

PREGUNTA: Tengo una pregunta personal. Se refiere a esta conferencia. Hace muchos años, después de que usted me interpretó un sueño, descubrí que estaba ocultando mi culpa sobre mi madre detrás de otra cosa. Luego descubrí que no me amo, así que, ¿cómo puedo amar a otros? Sentí de pronto que ésta podría ser la culpa real. Cuando llegó usted a la segunda parte de esta conferencia, acerca de la falta de voluntad de realizar las pequeñas tareas cotidianas, me di cuenta de que esto también es cierto en mi caso, y me vino la idea de que tal vez estoy ocultando mi culpa real porque soy egocéntrico. ¿Es así?

RESPUESTA: Tienes mucha razón, pero tienes que descubrir específicamente de qué manera es cierto esto, cómo se manifiesta este egocentrismo. Tiene que volverse más que un mero conocimiento general. Tu despertar momentáneo es el primer paso en la dirección correcta; es verdaderamente una nueva conciencia del ser. Tal vez recuerdes que muchas veces he dicho que demasiado perfeccionismo es un sustituto para refrenarse de amar de una manera u otra. Cuanto mayor es la disposición de tu alma para amar—o, para decirlo de otro modo, cuanto mayor es tu potencial de desarrollo espiritual—más protesta tu alma cuando el amor se obstruye. Por lo tanto, la protesta misma, por desagradable que se sienta, es la medicina.

He dicho esto con frecuencia, pero aún no se entiende completamente. Tampoco los psicólogos entienden de manera suficiente que la neurosis misma es, en un sentido, el primer paso hacia la sanación del alma. La enfermedad no es causada por eventos exteriores, sino por una violación del alma que le impide desarrollar su potencial. Esto siempre es un asunto personal, y, a final de cuentas, uno espiritual o moral. Es cuestión de integridad. Sin esta manifestación dolorosa, la persona no se daría cuenta de que algo anda mal. En verdad, lo que se considera una enfermedad es, al mismo tiempo, una medicina. En eso reside una de las cualidades benignas de la ley espiritual y universal.

Por una parte, sientes una gran fuerza de amor. Es parte de tu naturaleza. Pero está contrarrestada por una prohibición. Esta prohibición causa los problemas. Tienes que encontrarla específicamente. Ya estás casi allí; en realidad te encuentras en el umbral de la comprensión total de este problema central tuyo. No atreverte a amar podría aplicarse sólo a ciertas áreas de tu vida, no a todas las relaciones. Cuando verifiques este punto, comprobarás la fuente de la culpa real que produce la culpa injustificada, así como el perfeccionismo.

Mis amadísimos amigos, la fuerza del amor, la fuerza vital, fluye abundantemente hacia cada uno de ustedes, y también hacia mis amigos ausentes. Creo que todos la pueden sentir. Sienten la luz y la fuerza. Regocíjense en este camino. No hay nada más significativo. No hay nada que tenga más sentido, no importa lo dolorosa que pueda ser la vida en ocasiones, no importa cuántas veces sientan una recaída o un estancamiento. Si perseveran, la luz se volverá más incesante y fuerte. Si son más francos y directos, todo este grupo crecerá más y más. Los que se encuentran en medio de una depresión sin esperanza se verán menos inclinados a ocultarse. En vez de ello, acudirán a aquellos que se hallan fuertes en el momento, que han atravesado con éxito esta etapa y han salido de ella por medio de este trabajo. Se comunicarán con ellos y serán ayudados así. Esto es el amor verdadero; ésta es la verdadera relación. Todos ustedes tienen mucho que aprender de esto. Se hallan al principio de una etapa muy concisa de su desarrollo. Todos han aprendido mucho y, por lo tanto, están cerca del punto en el que este grupo, en su conjunto, puede convertirse verdaderamente en un grupo funcional de amor.

Y ahora, sean benditos todos ustedes. ¡Queden en paz y en Dios!

Dictada el 9 de noviembre de 1962.