J

Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 109. La salud espiritual y emocional a través de la reparación por la culpa real

Saludos, mis muy amados amigos. Las bendiciones y el amor divino están con ustedes esta noche y a todo lo largo de este camino. También doy la bienvenida a los amigos nuevos que están aquí esta noche por primera vez.

Tal vez no sea fácil entender esta conferencia, porque el material está específicamente dirigido a áreas de la psique que son accesibles sólo después de que se han disuelto ciertas obstrucciones gracias a este trabajo. Mis amigos de este Pathwork han hecho un trabajo muy intensivo y han alcanzado estas áreas accesibles. Para ellos, mis palabras pueden rodear la mera comprensión intelectual y alcanzar las capas emocionales subyacentes. No obstante, puede ser que los amigos nuevos que están aquí por primera vez sientan un eco aquí y allá en su alma, lo quizás les dará el incentivo para emprender un camino similar de autobúsqueda. Este camino no es tan fácil ni está tan exento de dolor como podría parecer, pero en realidad es el único que conduce a la autorrealización.

En mi última conferencia hablamos de la culpa real. Hace mucho tiempo expliqué la diferencia entre la culpa real y la culpa falsa, pero en ese tiempo no fue posible explorar el tema con más detalle, porque entonces no estaban listos, amigos míos. Tenían que examinar y entender muchas áreas de su vida psíquica antes de que les fuera posible enfrentar y lidiar con la culpa real que siempre yace detrás de la falsa.

Sin embargo, no todos mis viejos amigos podrán entrar de inmediato en esta fase del Pathwork. Tarde o temprano llegarán a este punto, con tal de que perseveren en sus esfuerzos sinceros. Una vez que se hayan abierto camino a tientas por el laberinto de sus diversas imágenes y errores conceptuales, podrán encarar su culpa real.

En todo el tiempo que hemos pasado juntos, hemos trabajado esencialmente con dos fases importantes en las que, desde luego, hay algunas subdivisiones. Cuando empezamos les hablé de la importancia de la autopurificación. Dije que ésta, efectivamente, es el significado real de la vida y el camino hacia la autorrealización. Luego vino la siguiente fase, en la que deliberadamente evitamos usar siquiera la palabra purificación; nos interesaba enfocarnos en el ser sin pensar en lo “correcto” o lo “incorrecto”. Hubo una buena razón detrás de esto.

Lo más difícil para un ser humano es hacer frente a su Ser Inferior, y es en la conexión con este Ser Inferior donde existe la culpa real. Pueden ustedes hacer hasta lo imposible para evitar enfrentar al Ser Inferior. Tal vez sean capaces y estén dispuestos a encarar partes de él, pero hay otras partes que están absolutamente renuentes a aceptar. Están tan asustados por las posibles implicaciones, y sin embargo tan ansiosos de ser mejores de lo que pueden ser en el momento, que prefieren producir una culpa falsa que es mucho peor que aceptar la mínima culpa real que pertenezca al área del Ser Inferior que no están dispuestos a tolerar. Esta situación es muy general e importante de reconocer. Aún es enormemente subestimada.

Para volverse capaces de encarar su Ser Inferior en su totalidad, primero deben aprender a aceptarse y perdonarse. Por esa razón misma permanecimos por un tiempo considerable en lo que podríamos llamar la segunda fase importante de nuestro camino juntos. Aceptar y perdonar significa reconocer y luego detener la tendencia a moralizar con uno mismo, entender el daño del perfeccionismo. Esto puede parecer muy paradójico, pues, por una parte, los invito a enfrentar a su Ser Inferior, sus culpas reales, repararlas y purificarlas, mientras que, por otra parte, hago hincapié en lo peligrosos que son los sentimientos de perfeccionismo, autocondena, moralización y culpa falsa.

Vean, mis queridos amigos, que en el grado en que existan el perfeccionismo y la autocondena, en ese mismo grado no pueden aceptar a su Ser Inferior. En ese perfeccionismo, como lo he dicho muchas veces ya, se forzarán a asumir una perfección falsa que es sobreimpuesta y, por lo tanto, destructiva. Sólo cuando tengan el valor y la humildad de ser lo que son, de aceptarse serenamente como son, tendrán la resiliencia para aceptar al Ser Inferior como realmente es. Sólo entonces podrán aceptar la culpa real y repararla. Aceptar la culpa real hace posible que acepten también sus valores reales, e incluso que se vuelvan profundamente conscientes de ellos. Por esto es tan importante—durante el tiempo en que uno lidie con estos niveles de la personalidad—evitar cualesquiera implicaciones de pecaminosidad, y de hecho cualquier cosa que pudiera siquiera remotamente parecer condena, para no alentar su tendencia al perfeccionismo.

En general, ya están listos para dar otro paso. Algunas personas pueden estar muy cerca de la fase en la que están orgánicamente listas para enfrentar su culpa real, mientras que otras todavía luchan para reconocer su culpa falsa. Todavía están ustedes limitados por la autocondena, por sus debilidades y por la parálisis de sus facultades, por falsas impresiones y conceptos, e incluso por lo contrario de la autocondena, es decir, la autojustificación. Están atrapados en sus acusaciones de otros, o en un tipo de debilidad que permite a otros explotarlos y aprovecharse de ustedes. Esta incapacidad de afirmarse mediante la defensa de sus derechos puede parecer todo lo contrario del mal. Incluso si han reconocido que esta sumisión es malsana, todavía no pueden experimentar emocionalmente la fuerte conexión entre esta parálisis y facetas no reconocidas del Ser Inferior, acerca de las cuales sienten una culpa real. Mis amigos que no estén todavía realmente listos para llegar a este núcleo más profundo llegarán allí también, si tan sólo perseveran. Pero forzarlos a encarar la culpa real antes de que su voluntad de hacerlo se manifieste de manera natural en su trabajo privado haría que se cerraran por completo o que se sintieran destruidos.

La resiliencia para aceptar todos los aspectos del Ser Inferior puede cultivarse incluso antes de que su Pathwork personal los lleve a ellos. Esto no es tan difícil de lograr como parecerían indicarlo mis palabras anteriores. La autoexploración y el enfrentamiento a “males” menores fortalecen a la psique lo suficiente para encarar verdades muy poco halagüeñas. Esta fortaleza puede cultivarse por medio del tipo correcto de meditación y proceso de pensamiento, y la observación apropiada de su reacción siempre que se acerquen a esta fase. Cuando observen su hipersensibilidad y vean lo fácilmente que se les puede herir, y cómo ceden a la tentación de mimarse por la fuerte reacción de dolor que se producen, entonces tienen ahí una indicación de que ustedes, también, evitan enfrentarse por completo a su Ser Inferior.

Pregúntense: “¿Deseo mimarme? ¿Quiero tenerme lástima? O, ¿puedo verme con las tendencias negativas que existen lado a lado con las constructivas?” Si todos los días cultivan su deseo de conocerse y este deseo es serio, su reacción extrema a ciertas tendencias destructivas, que hasta ahora sólo han sentido vagamente, los llevará a una observación serena de ustedes mismos. Esta actitud misma es el requisito para crear la resiliencia necesaria para enfrentarse a sí mismos con total honestidad. Les exige tener un sentido de proporción, o mejor aun, el reconocimiento sincero de que sí tienden a perder su sentido de proporción.

Cuando abordan ciertas tendencias que no están listos para aceptar en ustedes, producen, casi artificialmente, una sobrerreacción de desesperación, dolor, rebajamiento, o un sentimiento de injusticia. Olvidan, por lo menos emocionalmente, que es muy posible ser una persona buena y decente, y simultáneamente lo contrario en algunos sentidos. Fluctúan entre los extremos de ser bueno o malo, en lugar de ver tanto lo bueno como lo malo. Es éste “y” en vez del “o” lo que deben tener presente. Si continúan enfrentándose así a áreas de ustedes mismos que jamás han visto antes, la experiencia no los aplastará. Necesitan llegar a esto, amigos míos, si realmente quieren volverse sanos y fuertes.

Consideremos ahora por un momento el efecto corrosivo que tiene sobre su personalidad, su vida y su entorno el hecho de no enfrentarse al Ser Inferior y a la culpa real. Lo que la psiquiatría o la psicología tradicionales llaman ahora neurosis o un problema psicológico no es otra cosa que la evasión del Ser Inferior. O, para decirlo de otro modo, es el no enfrentamiento a las áreas de su ser donde su integridad ha sido perjudicada. Desgraciadamente, este hecho no está suficientemente reconocido, pero con el tiempo lo estará. La psicología ya ha reconocido el fenómeno de la culpa falsa acompañada de debilidad y parálisis, y el subsecuente perjuicio de las facultades productivas inherentes. Todavía no entiende, o por lo menos no por completo, la causa subyacente, que siempre es básicamente la negativa a encarar al Ser Inferior, y su consecuencia: sobrellevar el peso de la culpa real no reparada.

Ciertas personas tienden a reparar sus culpas reales dejándose explotar. Es verdad que si esta reparación tiene lugar en un nivel superficial, el daño que produce es mayor que el bien, porque el ser de la máscara, el ser idealizado y la tendencia al autoengaño tienen que eliminarse antes de que uno pueda hacer frente a la culpa real productivamente, con un sentido de proporción. Por lo tanto, uno tiene que proceder con cautela, ser oportuno al abordar esta causa tan profunda de la infelicidad humana y de la enfermedad del alma. Mientras la psicología mundana busque otras causas distintas de la integridad perjudicada, no habrá curas reales, sólo un alivio ocasional de los síntomas.

El primer paso necesario es una comprensión a fondo de lo que les causa desoír las tendencias de su Ser Inferior. No enfrentarse a estas áreas aquejadas los volverá impotentes cuando se trate de lidiar con estas tendencias. De esta manera se echan encima una culpa doble: la primera, causada por un egoísmo y una falta de amor reales, que se manifiestan en actos, pensamientos o sentimientos; y la segunda, por el autoengaño y la hipocresía de simular lo contrario, y no reparar la falta original.

Esta culpa de doble filo produce una culpa falsa, acompañada de una sensación de debilidad e ineficacia, y una falta de respeto por sí mismos que produce sentimientos de inseguridad e inferioridad. En consecuencia, hacen que el respeto por sí mismos dañado dependa de otros. Esta dependencia tiene un efecto debilitante, ya que conduce a la sumisión y permite que uno sea explotado. Ya saben, desde luego, que todas estas tendencias no han salido a la luz. Tienen que ser exploradas y entendidas en la segunda fase importante. Muchas veces se lleva un tiempo considerable incluso volverse conscientes de la culpa falsa, no digamos ya de la real.

Los diversos medios que emplean ustedes para obtener la aceptación de otros—muchos de los cuales se han encontrado en el curso de este trabajo—siempre son el resultado de no aceptarse a sí mismos. Es imposible que se acepten hasta que hayan llegado a lo peor de ustedes. Sólo entonces pueden aceptar todo su ser; sólo entonces estarán verdaderamente convencidos del bien que hay en ustedes…y por lo tanto ya no necesitarán de otros lo que nadie puede darles salvo ustedes. La lucha desesperada por ser aceptados por otros, en vez de por sí mismos, daña su integridad aún más. De alguna manera sutil, siempre los hace traicionarse a sí mismos y a otros, vender su alma.

Sobra decir que esta autotraición seguramente los volverá más egocéntricos y más cerrados hacia los demás, hacia ustedes mismos y hacia las fuerzas universales. Disminuye su conciencia de la vida y de la realidad. Les hace ir por la vida con ojos cerrados, y manos y pies atados. En suma, paraliza lo mejor de ustedes, que sólo podría desenvolverse verdaderamente si le pusieran fin a la autoevasión. Esta impide, perjudica o diluye su capacidad de comunicarse y amar. Esta capacidad existe por naturaleza, y la evasión paraliza su desenvolvimiento. Por lo tanto, están desgarrados por dentro. El conflicto interno los confunde porque no están conscientes de su causa real. El resultado es el desequilibrio: o hacen lo imposible para permitir a otros que se aprovechen de ustedes, lo que es una manera falsa de expiar la culpa real, o se ponen defensivos y desafiantes porque se sienten vagamente culpables, sin poder precisar de qué. No saben por qué tendrían que sentirse así, y se enojan con ustedes mismos y con el mundo por sentir estos vagos remordimientos de conciencia.

Tomen cualquiera de los aspectos con los que hemos trabajado en los últimos años, y traten de conectarlo con lo que digo esta noche. Al hacerlo, obtendrán una comprensión más profunda de los aspectos psicológicos de su culpa real y falsa. El respeto y la confianza en ustedes mismos no pueden existir cuando no quieren ver su integridad dañada. Sin embargo, cuando se enfrenten valerosamente a su parte dañada, repararán un daño que no puede repararse de otro modo. A fin de reunir el valor y la concentración necesarios, tienen que entender plenamente su efecto corrosivo en su vida, en lo mejor que hay en ustedes. Ver esto les dará el incentivo para descubrir su culpa oculta.

Cuando digo incentivo, ¿qué quiero decir? Escuchan una conferencia y esperan vagamente que algo suceda, sin darse cuenta jamás de que van en el asiento del conductor, si tan sólo tomaran el volante. Y pueden hacer esto cuando observan sus reacciones. Pueden hacer el esfuerzo de usar su voluntad, su concentración y una aguda autoobservación para detectar la sutil—y a veces no tan sutil—reacción de evitar enfrentarse a sí mismos en esta área delicada. La observación les permitirá quitarse la venda de los ojos, que no es inconsciente en absoluto. Se manifiesta de muchas maneras, todos los días. Si tan sólo pusieran el dedo en ella, podrían, mediante esa acción misma, quitársela.

Cuando digo seguir el incentivo me refiero a la actitud de descubrir su dolor desproporcionado ante cualquier sugerencia de tendencias negativas, y su miedo y rebelión desproporcionados contra estas insinuaciones, ya sea que vengan de otros o de ustedes mismos, o simplemente por medio de ciertos eventos de su vida cotidiana. Asimismo, vean su reacción desproporcionada que dice: “Ahora ya no sirvo para nada”, que tal vez no lo piensen en estos términos exactos, pero cuando traducen sus emociones, a esto equivalen.

Consideremos ahora el siguiente paso. Una vez que han llegado a la autoaceptación sana en la que enfrentan completamente su culpa real y ciertos aspectos hasta ahora ocultos de su Ser Inferior, ¿qué sigue? No basta sólo con reconocerlos, aunque eso viene primero. Para que puedan atravesar este primer paso, tienen que recordar una y otra vez que no están obligados a emprender ninguna acción, ni a hacer ningún cambio que no estén dispuestos a efectuar de todo corazón, y no porque lo digo yo, ni porque alguna ley espiritual prohíbe forzar las cosas. Obedecer a una autoridad o una ley no es una acción libre que pueda producir efectos constructivos. Pero llegará el tiempo en que de verdad querrán hacer una reparación, aunque ello signifique vencer una resistencia. Así que empiecen a penetrar el muro de la evasión dándose cuenta de que son agentes libres; de que deberían actuar sólo si eligen libremente esa acción; y de que es mejor ver y refrenarse que no ver y refrenarse de una buena acción. Es muy importante que sepan que no serán castigados por saber y, pese a ello, no actuar. Con el tiempo, la conciencia suficiente les hará desear llevar a cabo la acción que repare la culpa pasada.

Lo que voy a decir ahora se aplica al momento en que hayan llegado, con plena libertad e independencia, a la etapa de querer reparar. De hecho, cuando lleguen a esta etapa por medio del crecimiento y el desarrollo orgánicos, acogerán con gusto esa posibilidad. Sin ella, tal vez sigan desesperados, en la falsa creencia de que los males no pueden repararse, de que no pueden ser expiados. Su creencia suele ser una razón inconsciente de no hacer frente a la culpa. Uno puede reparar cuando realmente lo desea.

Ahora bien, ¿cómo puede hacerse esto? No hay una fórmula prescrita: nunca puede haberla para una realidad que es dinámica y conoce infinitas variedades. La reparación es comparativamente fácil en el caso de los males obvios que uno ha infligido, pero no es fácil reparar las actitudes sutiles y las reacciones emocionales. En el primer caso, la expiación puede tener lugar, por ejemplo, hablando sinceramente con la persona agraviada. Esto en sí puede eliminar el mal, porque la otra persona dejará de sentirse injustamente tratada, y confundida. En otros casos, además de ventilar el asunto, pueden estar indicadas ciertas acciones productivas de parte de ustedes. Ustedes sabrán cuáles deben ser cuando busquen inspiración con un ánimo de sinceridad. No lo hagan con un espíritu de superficialidad, dando fácilmente por terminado un deber cumplido. En ambos casos—sólo hablar de ello, o hablar de ello con una acción subsecuente—, aliviará un corazón herido o sanará una llaga supurante. Cuídense de emprender cualquier acción antes de que estén plenamente convencidos de su deseo de hacerlo. Pregunten el cómo en oración y ábranse. Cuando estén enteramente conscientes del dolor que puedan haber infligido a otros, su deseo de eliminar ese dolor será lo suficientemente fuerte, y entonces también hallarán la manera correcta de hacerlo. Pero mientras no quieran hacer frente al dolor que han infligido, no podrán querer repararlo en verdad. Además, porque no quieren volverse conscientes del dolor que han infligido, no desean hacer frente a su Ser Inferior en su totalidad.

Cuando los asuntos no sean claros, cuando se trate de emociones sutiles o de resultados indirectos, como cuando, por ejemplo, retienen y se retraen, de todos modos encontrarán maneras de resarcir los males cometidos. Pueden infligir dolor cuando no se atreven a dar lo mejor de sí, sea por miedo, cobardía, orgullo, traición y otros errores conceptuales, todo lo cual deja necesitados a otros y aumenta su sensación de minusvalía. Estos efectos sutiles de su comportamiento son más difíciles de determinar y no tan fáciles de reparar. Pero si su corazón es sincero, y si, después de trabajar en todas las etapas que llevan a este punto, sienten el deseo profundo de reparar, entonces, ese mismo deseo, dicho en oración y en meditación, les permitirá encontrar la manera. Aun si ya no tienen la oportunidad de hacer una reparación con la persona a la que han lastimado, el cultivo de la capacidad de dar lo mejor de ustedes—en vez de obstaculizarla como antes—tendrá el efecto de la reparación. Si otros se benefician de esta recién hallada capacidad, eso, también, es una reparación. Sentirán profundamente la verdad de esto. Si renuncian voluntariamente a su muro de aislamiento, y dejan así que la riqueza de su ser inherente fluya a otros, eso es la reparación.

En suma, amigos míos, son necesarios dos pasos importantes para que se liberen de los efectos paralizantes de la culpa real y de los aspectos no reconocidos del Ser Inferior. El primero es encontrar y encarar estos aspectos, serena y proporcionadamente, sin autocondena ni autojustificación, pero aceptando la responsabilidad total de cualquier mal que hayan causado inadvertidamente, en forma directa o indirecta, por comisión u omisión. Es necesario que busquen todas las culpas falsas que causan la parálisis y la debilidad, y que investiguen las áreas en que son explotados por otros. Entonces llegarán a enfrentar lo que han mantenido “privado” hasta ahora. El segundo paso es la reparación, que muchas veces se divide en expresar la culpa real a otro ser humano para que ya no la carguen solos, y luego encontrar la manera de resarcirla y expiarla.

Si siguen haciendo esto, mis amados amigos, no sólo en un acto único, sino en un proceso constante de conciencia acrecentada, el resultado debe ser una individualidad creciente y un sentido de integridad que inevitablemente los llevará al respeto por sí mismos. El proceso les dará un poder que jamás supieron que existía. Les permitirá volverse independientes de la desesperada necesidad de ser reconocidos por otros, que les hace vender su alma. Les dará la capacidad de comunicarse y relacionarse, y afirmar sus derechos sin el constante sentimiento de que no han transmitido realmente lo que querían que se entendiera. Esto les dará una energía y vitalidad nuevas en su vida cotidiana, y los volverá capaces de vivir plenamente. También les dará el vigor, la flexibilidad y la resiliencia para enfrentar la vida en todos sus aspectos, sacando el mejor provecho de las dificultades y disfrutando plenamente lo que la vida ofrece. En otras palabras, queridos míos, ésta es la cura final del alma. No necesito decir que no es fácil lograrlo. Se necesitará un tiempo considerable para llevarlos a no caer en la tentación de desviarse de este curso. Pero estoy aquí para ayudar. La guía está aquí. Sabiendo esto, pueden regocijarse, pues esto los acerca más al umbral.

PREGUNTA: Tuvimos una plática sobre las bendiciones. Necesitamos su ayuda para entender. ¿Qué son las bendiciones?

RESPUESTA: La manera más fácil de explicar esto en términos humanos sería escoger la palabra “deseo”; un deseo fuerte y sincero. Esto es mucho más de lo que pueden ver en este momento. Imaginen que tienen un deseo muy fuerte del que están absolutamente ausentes los motivos egoístas, las emociones ambiguas, confusas y contradictorias, la incertidumbre y el temor, o el más mínimo sentimiento de culpa real o falsa. El deseo es un arroyo claro sin el menor egoísmo. Un deseo así es una bendición. Esta fuerza clarísima, sin diluir, sin confusiones, sin divisiones: eso es una bendición. Si un ser humano fuera capaz de expresar un deseo por alguien más de esa manera, el poder y la fuerza que este deseo tendría para una persona que está sólo remotamente abierta para recibirlo es algo que desafía la imaginación. Los seres humanos pueden tener estos deseos, y por lo tanto dar bendiciones, sólo en grados. Asimismo, el que las recibe puede ser capaz sólo de aceptar las bendiciones en partes de su ser, mientras que en otras áreas quedan bloqueadas. Las obstrucciones y los errores conceptuales crean un muro. Pero donde no existen estos muros, este deseo afecta a la persona y trabaja en la psique. Extender estos deseos, todo lo más que uno pueda, es, como saben, una forma de oración. Pero con seres que ya no sufren la pesadez de la materia terrenal, es más probable que los deseos tengan una fuerza pura y, si son aceptados, si llegan a su destino, pueden utilizarse para una mayor propagación del amor.

PREGUNTA: ¿No equivale un deseo al voluntarismo?

RESPUESTA: No necesariamente.

PREGUNTA: ¿Cómo se combina esto con renunciar a un deseo para que se haga la voluntad de Dios?

RESPUESTA: Si deseas algo puramente amoroso y generoso, esa es la voluntad de Dios. Tu deseo debe ser acatar la voluntad de Dios. Como tantas otras cosas, esto depende del cómo, el porqué y el qué de los motivos. Tan sólo esto determina su valor o la falta de él. Nada en sí es bueno o malo, como lo he dicho tantas veces. ¿Por qué podría ser un deseo en sí algo malo? Debes desear ser veraz contigo mismo. Debes desear amar. O bien, podrías desear algo destructivo. La gente suele tropezarse con la terminología. Puede haber cierto grupo de personas que toman una palabra y aseguran que significa sólo cierta cosa. Y después, desde luego, si esta palabra se usa de otra manera, se produce un malentendido. Esto no nos interesa aquí. Piensa más bien en la esencia y el significado del término. Piensa en el deseo en sus manifestaciones constructivas, entonces verás que no es necesariamente voluntarismo.

PREGUNTA: ¿Quiere usted decir que si el deseo se realiza es una bendición?

RESPUESTA: No. Dije que si tienes un deseo clarísimo por alguien más, esa es una bendición. Que se realice o no es otro asunto.

PREGUNTA: ¿Y si detrás del deseo existe el miedo de que no se realice?

RESPUESTA: Entonces no es una bendición. Una bendición es un deseo puro. Es una corriente activa de energía. El miedo denota egoísmo. Los deseos son corrientes de energía. El deseo de un ser humano en un estado de conflicto es contrarrestado por un sentimiento contrario que debilita la corriente de energía. Pero si la corriente de energía va en una dirección, o predominantemente en una dirección, entonces el deseo es fuerte.

PREGUNTA: En nuestra discusión surgió el tema de la bendición impartida a Jacobo y no a Esaú. ¿Es posible enviar una bendición a alguien que no esté listo para recibirla?

RESPUESTA: Depende de la fuerza. Hay distintos tipos de bendiciones. Ocasionalmente, las bendiciones de los seres superiores con un desarrollo espiritual correspondiente tienen una vibración tan enorme que pueden penetrar muros, muros psicológicos. Esta penetración puede tener entonces el efecto de que la persona se ordenará y hará lo que es necesario para adelgazar estos muros. Las bendiciones de menor fuerza y vibración más baja pueden no ser capaces de penetrar un fuerte, pero podrían penetrar paredes tan delgadas como el papel. Entonces es una cuestión de lo que el individuo hace con este impacto de la fuerza, con el resultado de las bendiciones. Puede suceder a menudo que una persona efectivamente reciba las bendiciones que experimenta como un maravilloso sentimiento de paz, de esperanza y de alegría. Pero cuando se acaba el impacto y el efecto se ha ido, regresa a su rutina. No emplea las bendiciones de la manera correcta. El mundo está lleno de los pensamientos y deseos de otros. Siempre hay contracorrientes, no sólo entre las personas, sino también entre ellas y los seres de otros mundos. Cuando tienes un día en el que te encuentras en un maravilloso estado de ánimo, tal vez hayas recibido, sin saberlo, estas corrientes de amor, estas bendiciones o deseos puros. De ti depende que uses este influjo o des marcha atrás y te encuentres de nuevo en la desolación, en espera de que la vida o las bendiciones te saquen adelante. Ocasionalmente pueden darse bendiciones. Todo esto funciona de acuerdo con ciertas leyes rítmicas del universo. Pero, a final de cuentas, eres tú el que tiene que sacarse de la oscuridad.

Sean benditos, ábranse, queridos míos, al calor, la fuerza y el amor que llega a ustedes y a través de ustedes. Que, efectivamente, usen esta fuerza con el propósito de llevar su vida al estado de salud que sugiere el trabajo de esta conferencia. Lo que esto significa es imposible de visualizar. Por desgracia, la mayoría de los seres humanos no saben cómo lidiar con la dificultad, real o aparente, de enfrentarse a sí mismos. Sin embargo, ésta es la clave misma de la felicidad que puede ser de ustedes, independientemente de quiénes sean, sin importar lo difícil que pueda ser su vida. Con esto, los bendigo de nuevo con amor. Queden en paz. Queden en Dios.

Dictada el 7 de diciembre de 1962.