J

Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 116. Alcanzando el centro espiritual. La lucha entre el ser inferior y la conciencia sobreimpuesta

Saludos, mis muy queridos amigos. Traigo bendiciones para todos ustedes. Bendita sea esta hora.

En el último año de trabajo, todos mis amigos que se han aplicado verdaderamente en este camino han vencido la resistencia inherente a enfrentarse a sí mismos, y en consecuencia cambiar. Han hecho un progreso considerable. Me atrevo a decir que la mayoría de ustedes sentirán una extensión de su conciencia en muchos sentidos. A menudo, cuando la vida antes les parecía desesperada porque las soluciones de afuera estaban eternamente más allá de su control y eran inalcanzables, ahora empiezan a vislumbrar un rayo ocasional de luz que indica una comprensión más profunda de sus perturbaciones internas. Ahora entienden por qué cierta infelicidad o insatisfacción es el resultado del error interno y de la confusión. Esto, en sí, trae esperanza y seguridad. Elimina el sentimiento de ser una víctima inocente de circunstancias más allá de su control. Al entender un poco más la ley de causa y efecto en su propia vida, y verla en la práctica, se instila en ustedes una sensación de seguridad, una sensación de que, después de todo, éste no es un mundo tan malo para vivir. Estos pensamientos pueden no ser conscientes, pero sí afectan a la psique cuando se ha alcanzado una percepción interna suficiente.

Tal vez algunos de ustedes se encuentren en una de esas fases previas a un reconocimiento importante, cuando todo parece doblemente confuso. En esos momentos su lucha suele ser muy dolorosa hasta que en verdad encaran en su interior algo que habían deseado evitar. Entonces, como lo han descubierto todos, el sentimiento de liberación y fuerza, de esperanza y luz, constituye una experiencia tan profunda que su efecto jamás desaparecerá. Pero mientras están comprometidos en esta lucha, su visión global de su camino puede estar nublada. En tales momentos es difícil evaluar lo que han logrado, lo que aún les falta por hacer, dónde están parados y hasta qué grado han comprendido plenamente sus perturbaciones y desviaciones internas. No obstante, ya han entrado de manera suficiente en las profundidades de su ser para estar conscientes hasta cierto grado de su progreso y de lo que todavía tienen que lograr. Es de suma importancia que sepan específicamente en qué sentido aún no se sienten libres, sino obstruidos, defensivos y ansiosos. En ciertos periodos es conveniente que evalúen su progreso, así como lo que les queda por hacer, preguntándose en qué sentido todavía se resisten al cambio a pesar de la comprensión adquirida; en qué sentido todavía están en la oscuridad y, por lo tanto, necesitan más percepción interior; y en qué sentido han resuelto en verdad ciertos problemas. Este inventario ocasional, si me permiten llamarlo así, es muy útil.

En esta sesión final del año, me gustaría volver a exponer ciertas facetas y objetivos de este camino de autorrealización. Cuando viven el día sin entender la relación entre ustedes y su vida, es inevitable que se desesperen. Lo sepan o no, se pasan la vida buscando la respuesta. Con demasiada frecuencia la buscan fuera de ustedes; y ahí, como lo saben, jamás pueden encontrarla. La búsqueda exterior puede adoptar diversas formas. Con una insistencia consciente o inconsciente, esperan que otros obedezcan su voluntad para que ustedes puedan ser felices. Cuando esto falla, se enojan, se resienten y muchas veces se llenan de autoconmiseración. Sin embargo, tal vez no sea consciente ninguna de estas emociones. Otra forma de búsqueda exterior puede ser explorar teorías y respuestas en la filosofía, la religión o la ciencia. Desde luego que pueden encontrar muchas respuestas valiosas y válidas en estas fuentes. Sin embargo, no serán de gran ayuda a menos que las usen como referente para iniciar una búsqueda interna, en lo más profundo de ustedes. Mientras el conocimiento siga siendo sólo una información de segunda mano, no les hará ningún bien. No dará sustancia ni significado a su vida.

Permítanme repetir lo que he dicho muchas veces y lo que algunos de mis amigos han empezado a experimentar—aunque muy rara vez en las primeras etapas de este trabajo—: que todos ustedes contienen en sí mismos todo el conocimiento, toda la sabiduría y todos los poderes que necesitan para vivir una vida satisfactoria. He dicho esto tantas veces que quizás ya se hayan fastidiado de escuchar las mismas palabras una y otra vez. Pero, desafortunadamente, muy pocos entienden de verdad su significado. Siguen siendo una teoría que no tiene un impacto real en ustedes, a pesar de que verdaderamente avanzan en la dirección correcta en este camino, que los lleva al mundo interior de su ser. Una cosa es hacer el trabajo de autobúsqueda con la perspectiva vaga de llegar a ser personas más felices y realizadas; otra es cuando la meta es clara y son conscientes de la poderosa realidad de que, en lo más profundo de su alma, albergan una riqueza de sabiduría, conocimiento, poder y amor: la solución a todo lo que los desconcierta y los confunde. Saber esto y avanzar conscientemente en la dirección correcta les ayudará a reunir las fuerzas para vencer la resistencia que siempre es un obstáculo a encararse con total sinceridad, por doloroso que parezca esto a veces.

El objetivo de hallar, entender y resolver sus conflictos y distorsiones ocultos es ponerlos finalmente en contacto con el núcleo más íntimo; con el tesoro de amor, sabiduría y fuerza divinos que está arraigado en todos ustedes. Si este objetivo se define claramente, ya no habrá un conflicto entre los intereses espiritual y mundano.

Existen dos actitudes fundamentales entre los seres humanos. Un tipo de personalidad busca a Dios y el desarrollo espiritual, y desea ser una persona mejor. La infelicidad y la confusión es lo que lleva a este tipo a una búsqueda espíritual. El verdadero rumbo puede perderse a menudo cuando se reúnen conocimientos exteriores de las teorías y doctrinas espirituales, sin dar el paso decisivo dentro de la propia alma. Pero si la mente asimila estos conocimientos como paso preliminar hacia la trascendencia de la mente, si la persona reconoce que las obstrucciones internas deben entenderse y disolverse para poder alcanzar el centro espiritual, entonces una vida en Dios ya no se considerará contradictoria con una vida de realización personal. El error conceptual de que la realización personal es egoísta y se opone a la vida espiritual suele prevalecer entre personas que buscan la espiritualidad pero no han dado el paso final de encarar sus conflictos ocultos, sus confusiones internas. Si reconocen éstos, es sólo en teoría, y esperan que estos defectos se disuelvan mediante una cómoda intervención de un Dios exterior y de la gracia espiritual.

La otra perspectiva es que la vida ha de vivirse tan feliz y satisfactoriamente como sea posible. No me refiero a la actitud despiadada de ciertas personas espiritualmente subdesarrolladas a las que no les interesan los demás. Me refiero a aquellos que tienen normas de decencia, que no desean dañar a otros, pero que no se interesan en las búsquedas espirituales. Por medio de su inteligencia, han reconocido que los problemas deben residir en ellos y dan pasos—quizás a través de la psicología mundana—para encontrar y corregir las distorsiones. Si la búsqueda es lo suficientemente profunda y, por ende, se pone en marcha un crecimiento interior; si éste no se detiene a la mitad del camino sino que se prosigue, el centro interior se alcanzará, aun si uno nunca supo que existía. Al encontrarlo, se encuentra la realidad de Dios. No puede ser de otra manera. La experiencia mostrará que lo que enseña la religión convencional contiene mucha verdad; empero, será muy diferente. Mostrará que encontrar a Dios dentro de uno mismo no significa renunciar a la felicidad personal; un error conceptual que sostienen aun las personas no religiosas. Las escisiones y las divisiones, las contradicciones y los “o esto o lo otro” son producto de la separación. Del error y de la confusión. En la verdad, todo es uno, pero no permitan que esto sea una mera teoría. Experiméntenlo descubriendo el centro de su propio ser, donde verdaderamente se realizan y descubren que los incompatibles se vuelven uno.

Durante mucho tiempo nos ha interesado, y nos seguirá interesando, encontrar lo que hay en ustedes que obstruye el contacto con el centro más íntimo de su ser. No se puede llegar a éste de otra manera. No hay forma de darle la vuelta. Y, amigos míos, no imaginen que alcanzar finalmente este tesoro será un suceso repentino y espectacular. Como siempre, es un proceso gradual. Muchas veces, ni siquiera se darán cuenta de que, en algunos sentidos, ya lo han alcanzado, mientras que en otros no lo han hecho debido a las barreras que aún existen. El contacto puede ir y venir, puede fluctuar hasta que estén lo suficientemente libres y conscientes para funcionar principalmente desde su centro interior. No se imaginen que esto significa que son perfectos, que han superado todos sus problemas y bajos instintos, pero una comprensión y conciencia profunda de ellos les indicará que el núcleo interior de su ser espiritual ya no está oculto y fuera de su alcance.

Cuanto más infelices y perdidos se sientan, más vacíos y hambrientos estarán—quizás hambrientos de afecto y comprensión—y menos contacto tendrán con el ser interno y real que tiene el poder de nutrirlos constantemente, de sostenerlos y guiarlos para que puedan realizar verdaderamente su vida. Cuando estén en contacto con su ser interno entenderán la verdadera razón de su soledad, y su vacío se llenará.

Cada vida tiene algo distinto que realizar, y todas las vidas tienen lo mismo que realizar. De nuevo, esto puede parecer una contradicción, pero no lo es, amigos míos. Tengan presente que la meta de este Pathwork es encontrar el centro de su ser que es la realidad—que es Dios—, a través de la cual hallan la realización, no en el aislamiento, sino en la unidad. Si buscan afuera a fin de mitigar su aislamiento, estarán por fuerza más aislados. Si buscan adentro a fin de aliviarlo, parecerá que se aíslan de otros a través de este proceso de aparente preocupación por sí mismos, pero de hecho disminuirán el aislamiento y la separación que les produce tanto sufrimiento y soledad. Como su ser espiritual interno es el mismo de todos los demás, la separación se disipa en el momento en que ya no están separados de su centro espiritual. Su ser real es el ser real de la otra persona. No hay barrera alguna entre ellos. La barrera reside sólo en las capas que lo cubren.

Algunos que siguen este camino han dicho que ciertas facetas del trabajo de autoconfrontación se parecen a la psicología mundana. Esto puede ser cierto hasta cierto grado. No obstante, una de las principales diferencias es la bien definida meta final. En la psicología mundana, la meta es la resolución de conflictos internos para poder funcionar mejor. Como he dicho antes, esto debe inadvertidamente, por decirlo así, poner a la persona en contacto con su centro espiritual. Pero esa no es su meta. La nuestra es precisamente eso, y debe resolver todos los problemas sobre la marcha.

En nuestro camino, no nos preocupamos más por los credos, los dogmas y las doctrinas que un psicólogo mundano cuando trabaja con sus pacientes. Cualquier opinión sobreimpuesta, verdadera o falsa, es un obstáculo para el autodesarrollo. Pero en este camino, con esta guía específica, nos interesamos en la realidad del centro espiritual interno. Cuando se le libera, ya no es cuestión de adherirse a teorías o credos. Dios se convierte en una experiencia personal que está más allá de las pruebas; que no necesita probarse. Esta realidad puede experimentarse sólo si todo lo que le estorba se elimina. Como bien saben, sus errores conceptuales y confusiones personales, sus conclusiones erróneas, bloquean esta realidad. A final de cuentas, toda la infelicidad y la lucha son el resultado de la ignorancia y los malentendidos. Todos los problemas interiores que destapan son siempre una distorsión de la realidad superior. Cuando están gobernados por estas distorsiones de su realidad inmediata accesible, no pueden entender la enorme extensión de su realidad limitada. Pero la realidad espiritual, que se encuentra siempre y sólo como una experiencia personal interna, no contradice la realidad accesible si ésta se penetra profundamente. Para que tenga lugar esta penetración profunda, deben cuestionar, expresar y volver a expresar sus actitudes, sus perspectivas y sus conceptos. Deben investigar sus reacciones automáticas e inconscientes en lo que se refiere al significado de sus conceptos subyacentes, para que éstos puedan traerse a la superficie y evaluarse. Mediante este proceso entenderán cuánto están aún atrapados en la irrealidad. Esta comprensión los acercará más y más a la realidad en su sentido más amplio posible.

Ahora me gustaría hablar de una de las principales causas de la confusión interior y de las batallas que se libran en la psique. Hemos hablado de este importantísimo tema antes, pero me gustaría volver a tratarlo de una manera más directa.

Una de las batalles internas más trágicamente fútiles es la lucha entre lo que hemos llamado el Ser Inferior y la conciencia sobreimpuesta. Muchas veces, una expresión o un término usado sin entender verdaderamente su significado más profundo finalmente pierde su impacto y uno lo usa como un loro que repite una palabra. Este uso mecánico es perjudicial. Tiene el efecto contrario de lo que queremos lograr: un pensamiento independiente y creativo. Por lo tanto, ocasionalmente necesitamos redefinir un término, darle frescura, no sólo para evitar la confusión, sino también para dar mayor impacto a nuestro enfoque y nuestra comprensión. Determinemos brevemente de nuevo lo que quiero decir con Ser Inferior.

El Ser Inferior no es no sólo la parte de la naturaleza humana donde residen las fallas y los defectos de carácter. También comprende algo más sutil y menos definible. La mejor manera de describirlo es como un clima emocional de egocentrismo. Independientemente de las buenas intenciones, los actos generosos, las actitudes de consideración, este mundo interno de egocentrismo sigue existiendo. Cuanto más fuertes son las buenas intenciones, más difícil es encontrar, reconocer y aceptar la existencia de la persistente negatividad. Cuanto más se oculta con culpa y vergüenza el egocentrismo infantil y unilateral, menos puede éste superar la lateralidad. Deben volverse extremadamente conscientes de su interés propio, muchas veces absurdo, con exclusión de todo lo demás. En esta área de su ser desean imponer su ley suprema. No quieren conocer los intereses de otro, que violan a cualquier costo para que un pequeño deseo o gratificación de su vanidad invalide asuntos más importantes para otras personas. Es cierto que no suelen actuar de acuerdo con esta actitud, pero en sus deseos y objetivos semiconscientes sí reaccionan desde este Ser Inferior.

El problema es mucho menos la existencia del Ser Inferior que la naturaleza de su actitud hacia él. Su vergüenza y su culpa son el resultado de uno de esos malentendidos que mencioné, que impiden el crecimiento y el desarrollo. El malentendido proviene de la idea de que ustedes, más que nadie, deberían haber vencido ya completamente al Ser Inferior, y no debería haber lugar en su interior para semejante egoísmo e interés propio tan infantiles y absurdos. Así, dan comienzo a un complicado sistema de autoengaño y simulación que los lleva a crear círculos viciosos y conflictos interiores que destruyen su felicidad y el respeto por sí mismos. Muy pocas personas se reconcilian con la existencia de su propio Ser Inferior. Tal vez lo hagan en teoría, pero no se reconcilian con el reconocimiento de ciertas facetas de él en ellos. Sin embargo, sólo haciendo esto pueden vencer gradualmente al Ser Inferior. Al negar su existencia, pasan por alto sus manifestaciones; la manera en que se expresa indirectamente en emociones vagas, que se tapan instantáneamente y se apartan de la vista. ¿Cómo pueden vencer algo si no están plenamente conscientes de su manifestación específica? ¡Ciertamente no por medio de un conocimiento teórico general de su existencia!

Debido a su vergüenza y su culpa acerca de su Ser Inferior y el consecuente ocultamiento de éste, hacen todo lo posible por nutrir su duración con efectos nefastos en su personalidad; impiden lo mismo que más quieren: vencerlo. Lo que es más, debido al autoengaño, se produce más confusión. Como todo esto es un proceso inconsciente en el que no intervienen la discriminación ni la razón, junto con los impulsos destructivos y de importancia personal también esconden algunos de sus impulsos más creativos e inherentemente constructivos; todo por un mero malentendido. Los impulsos e instintos que son potencialmente productivos y vitalizadores, si no se les permite crecer a la luz de la conciencia, permanecen frustrados y, en esa forma, son en realidad destructivos. Podrían crecer hasta convertirse en algo bello, pero ustedes no les permiten desplegarse porque no son conscientes del hecho de que su forma presente no es la final. Entonces concluyen que, por lo tanto, deben expulsarse mediante la negación.

Recapitulemos ahora para que este proceso quede muy claro. La represión del Ser Inferior cae dentro de tres categorías: (1) la represión del Ser Inferior real en sus manifestaciones y tendencias de carácter claras y extremas, así como del sutil clima general de egocentrismo e importancia personal hasta la exclusión de todos los demás intereses; (2) la represión de los aspectos y tendencias creativos y productivos; (3) la represión de los instintos que todavía son improductivos y egocéntricos en su estado inmaduro, pero que están destinados por la naturaleza a volverse creativos y constructivos si se les da la oportunidad de crecer.

Es importante hacer la distinción y entender que las tres categorías de tendencias negativas internas necesitan aceptación y conciencia, cada una por su propia razón. Entonces se descubrirá con frecuencia que el tesoro más valioso que un ser humano tiene que ofrecer se refrena, se niega y se oculta. De ahí que exista en ustedes una enorme confusión. Suponen que la confusión acerca de las tendencias reales del Ser Inferior desaparecerán cuando nieguen su existencia y simulen intenciones y deseos opuestos. En su confusión, niegan a la fuerza vital potencialmente vibrante la oportunidad de funcionar a su propia manera bella y sana. Las tendencias sanas y malsanas se entretejen y la personalidad cae en la desesperación. Todo esto sucede en un vacío vago, en una tierra de nadie entre la conciencia y la inconsciencia.

Podría ser una tarea valiosa para mis amigos reflexionar sobre todo esto durante los meses de verano, en los que no habrá actividades grupales. Esto les dará una excelente preparación para nuestro trabajo juntos el próximo año, cuando todos esperamos hacer más progresos en este camino. Cuestiónense, primero, no en cuanto a la naturaleza real de su Ser Inferior, ni cuál consideran que es. Más bien, empiecen por ver cuál es su actitud hacia su existencia. ¿Les causan estupor ciertas de sus manifestaciones? ¿Son impacientes consigo mismos debido a esto? ¿Piensan que debería de haber desparecido, y rechazan así su estado de ser humano? ¿También niegan algo de ustedes que podría ser muy constructivo si lo vieran con ojos nuevos y no estuvieran influenciados por normas que han adoptado sin jamás cuestionar su validez? Empiecen a observar las manifestaciones sutiles del Ser Inferior en algunas de sus reacciones e impulsos. Observen cómo tienden de inmediato a apartarlas. Ahora vean los deseos y actitudes en estas reacciones fugaces. Sáquenlas a la luz y mírenlas serenamente. Determinen su trato duro e intolerante de sí mismos a este respecto, su severidad rígida, intransigente y autodestructiva fuera de toda proporción. Todo esto constituye un trabajo preliminar sano para las fases que vienen. Éste es un lado de la batalla.

¿Y cuál es el otro? Gran parte de la Humanidad no entiende el concepto de conciencia. Hace muchos años expliqué que las personas tienen dos tipos de conciencia: una que proviene del ser real, y otra que es sobreimpuesta. Será de utilidad que repasemos brevemente algunas características de la conciencia sobreimpuesta.

Cuando las personas religiosas hablan de la conciencia, piensan en la conciencia interior, la que viene del centro divino del espíritu humano. Pero habitualmente ignoran la enorme diferencia entre la conciencia interior y la sobreimpuesta. En su ansia de convertir al ser humano en una criatura mejor, las fuerzas de la sociedad obligan al individuo a seguir y obedecer normas morales. Debido a esta presión del exterior, la conciencia sobreimpuesta se fortalece y la conciencia interior y real se tapa más.

Sin embargo, la conciencia sobreimpuesta no es necesaria para impedirle a una persona manifestar sus instintos primitivos destructivos. Para aquellos cuya conciencia interior no está suficientemente desarrollada para refrenarlos de cometer actos destructivos, la mera existencia de leyes sociales sería tan útil, o más, que la conciencia sobreimpuesta. Esta última sólo hace daño. Como lo expliqué antes, en la primera fase de esta lucha interior, la conciencia sobreimpuesta oculta al Ser Inferior, en vez de sacarlo a la luz. Por lo tanto, elimina la posibilidad de que éste salga de su estado infantil. Pero la conciencia sobreimpuesta esconde también la fuerza vital más constructiva y creativa, y los impulsos que la liberarían. Es una creación artificial innecesaria que infunde una visión distorsionada y poco realista de uno mismo, así como de la manera en que uno cree que debería ser. Crea el autocastigo e impone grilletes que impiden la manifestación de todas las cualidades divinas inherentes al alma. Ciertamente nunca impide el crimen ni las acciones destructivas. De hecho, hace que ocurra lo contrario. Al reprimirlas y ocultarlas, las fuerzas con las que fácilmente se podría lidiar en la superficie germinan, se acumulan y crean una gran tensión y presión interiores. Entonces, muchas veces se ven ustedes impulsados a cometer actos que no pueden evitar, tan sólo sea porque han usado durante demasiado tiempo la conciencia sobreimpuesta, en lugar de darse la oportunidad de finalmente establecer un contacto con la conciencia interior que es parte del centro espiritual. Por último, pero no menos importante, siempre que una persona se rebela contra las leyes y todas las normas éticas y morales, lo hace por la severa conciencia sobreimpuesta que no conoce misericordia; que es inflexible en sus exigencias y ciega en su evaluación. No obstante, uno jamás se rebela contra la conciencia interior real.

Entiendan, amigos míos, que lo que se interpone entre ustedes y su ser interno y real no son sólo sus errores y conceptos equivocados, sus falsas imágenes y distorsiones, su Ser Inferior, sino también la conciencia sobreimpuesta. Es esta última la que crea tanta confusión y a menudo les impide alcanzar la libertad y la verdad. Es la conciencia sobreimpuesta la que los induce a rechazarse como seres humanos. Entre sus exigencias y las de su niño interior primitivo y egocéntrico, están desgarrados en la tormenta que rabia dentro de ustedes. Mientras este conflicto no salga a la luz, no podrán dominarlo. No pueden liberarse de estas dos irrealidades. Se aferran a la conciencia sobreimpuesta en la falsa creencia de que sólo ella puede impedirles actuar de acuerdo con los instintos de su Ser Inferior. Por lo tanto, nunca pueden alcanzar una confianza sana en sí mismos porque no se dan la oportunidad de hacerlo. El respeto sano por sí mismos sólo puede venir de su ser real, del que enajenan aún más al aferrarse a la conciencia sobreimpuesta. Se encuentran en uno de esos círculos viciosos que hemos mencionado tantas veces. Mientras no encuentra uno al ser real, debe aferrarse a la conciencia sobreimpuesta, obedeciéndola, amoldándose a ella, apaciguándola y siguiéndola ciegamente. Si el individuo jamás desarrolla las facultades independientes de pensar y distinguir, se debilita y se vuelve más dependiente, menos capaz de pararse con sus propios pies.

La acción exterior en cuestión puede o no ser la misma. Pero hay una enorme diferencia entre exteriorizar por esclavitud o miedo—en otras palabras por obedecer a la conciencia sobreimpuesta—y seguir la voz de su conciencia real con un espíritu de libertad que provenga de su propia lucha interior, su intuición, su razón, aun si el resultado es el mismo. Si se rebelan contra la conciencia sobreimpuesta, no son más libres que si la obedecen. Si obedecen a la conciencia sobreimpuesta, y el resultado de esa decisión no les gusta, los efectos corrosivos serán la rebelión, la autoconmiseración y la culpabilización de la vida y el mundo. Si obedecen a su conciencia real, asumirán toda la responsabilidad, e incluso un resultado negativo no los sumirá en la desesperación. Pronto verán que el resultado agradable o desagradable no es tan vital como pudieran creerlo, porque en cualquiera de las alternativas tienen una posibilidad igual de crecimiento si sus acciones y decisiones provienen de ustedes y sus propias normas.

La pelea entre la conciencia sobreimpuesta y el niño primitivo, egocéntrico y destructivo es trágica; trágica sólo por su falta de conciencia de ella. Es tan superflua.

Desde luego, la educación tiene mucho que ver con esto. Cuando la Humanidad se dé cuenta de estas cosas y guíe a los jóvenes en la dirección correcta, podrán eliminarse muchos perjuicios. Sin embargo, es importante que sepan que no sólo la ignorancia y la guía deficiente son responsables de la lucha que se libra en su interior, ya que no están enredados en ella en todos los aspectos de su ser. En algunas áreas de su psique son muy libres y funcionan sin aferrarse a demandas, normas o reglas sobreimpuestas que realmente existan o crean que existen. Es digno de atención que se adhieran a la conciencia sobreimpuesta y no acepten sus defectos o los aspectos de su Ser Inferior—reales o imaginarios—sólo en los ámbitos en los que sus problemas interiores personales y específicos dominan. Cuando consideren estos problemas a la luz de esta lucha específica, entenderán que sus problemas interiores y esta lucha en particular están conectados.

Los problemas de personalidad y las desviaciones provienen, como ya lo saben, de las heridas y frustraciones de la infancia, reales o imaginarias. Cuando no se sienten seguros en el afecto y la aceptación de uno o ambos padres, erigen una defensa contra esta herida y tratan más delante de corregirla. Han descubierto que es verdad que esta herida real de la infancia no tiene que agobiarlos toda la vida, pero su defensa contra ella, que siguen usando, destruye para ustedes la posibilidad de la realización. Todo esto lo saben ya muy bien, no como mera teoría, sino por un hallazgo personal. El padre del que uno se siente incierto, al que venera o le tiene miedo, generalmente representa a la conciencia sobreimpuesta, porque uno trata desesperadamente de ganarse su afecto. No sólo las reglas sociales están incorporadas en la conciencia sobreimpuesta de uno, sino también las reglas particulares de la conciencia sobreimpuesta del padre en cuestión. Muchas veces puede suceder que simplemente creían que este padre esperaba de ustedes estas normas. En esta investigación, la atmósfera y el clima emocionales son importantes, no la realidad.

No es posible que reconozcan la conciencia sobreimpuesta en toda su magnitud a menos que la vean en relación con la actitud que han tenido hacia sus padres; las emociones específicas, la actitud de ellos hacia ustedes, así como las resultantes imágenes, patrones de comportamiento y mecanismos de defensa que ustedes desarrollaron. Sólo viendo el cuadro completo adquirirá un nuevo significado para ustedes su lucha entre su conciencia sobreimpuesta y su Ser Inferior real y/o imaginado, y les dará la percepción interior necesaria para resolver la lucha. El conocimiento general de la existencia de esta condición interior jamás podrá aliviarla, aunque hayan llegado realmente a observarla. Es esencial que la vean en relación con sus problemas personales. La pelea entre su Ser Inferior y su conciencia sobreimpuesta puede ser completamente distinta de la pelea de otra persona a este respecto, aun cuando muchos de sus aspectos y manifestaciones sean, de hecho, los mismos.

Como he dicho antes, en esta lucha se tratan con una dureza inmisericorde. Se imponen reglas de hierro como las que les impondría el gobernante más cruel, y mucho más allá de las normas irracionales que pudiera ejercer la sociedad. Sus normas ciegas y excesivas vuelven imposible que alcancen el centro interior del que podrían nutrirse con un vigor constantemente renovado. Entonces podría haber una esperanza realista, lo contrario del pensamiento fantasioso; previsión; la capacidad de tomar decisiones maduras; la confianza en sí mismos; la capacidad de amar y ser amados; la capacidad de recibir y dar; la capacidad de relacionarse armoniosamente y de crear una vida que sea útil no sólo en una dirección, sino en todas las áreas importantes de la existencia.

Muchos de ustedes han encontrado un profundo sentimiento de realización en ciertas áreas de la vida. Pero en otras se sienten frustrados y solos. Con demasiada frecuencia racionalizan esto diciendo: “Como tengo esta gran realización, tengo que pagarla renunciando a otras áreas de satisfacción”. Esto no es cierto, amigos míos. Y lo saben en lo más profundo de su ser. No es necesario que se realicen en un área de la existencia a expensas de otra. Hay lugar para todos los tipos de realización en el alma sana de una persona que verdaderamente alcance la profundidad de su ser; no sólo parcialmente, sino abriendo todos los canales que se han obstruido antes. Ninguna forma de autoexpresión tiene que sufrir a expensas de las formas que ya se han liberado.

Pero, en lo más profundo de su ser, creen que no merecen todo eso. Ni siquiera cultivan un concepto de ustedes mismos en el que se vean realizados en todos los sentidos. Observen cómo rehúyen esta visualización; cómo les parece que piden demasiado, a pesar de la exagerada demanda infantil que existe en otro nivel. Esto demuestra que, en esta lucha, no se han aceptado. Algo en ustedes dice “no” cuando se visualizan realizados en todas las áreas de la vida. Esto se debe al tratamiento severo, implacable y rechazante de sí mismos que proviene de no haberse reconciliado con el niño egocéntrico. Éste sigue haciendo demandas injustas con las que ustedes no pueden lidiar y apartan de su vista.

Acepten completamente al niño primitivo, egoísta y destructivo a fin de hacerlo crecer. El único clima en el que pueden hacer esto es el pleno conocimiento de todas sus manifestaciones. Cómo lo acepten sin perder un sentido de proporción acerca de su “maldad” determina el grado en el que son ustedes capaces de percibir, experimentar y aceptar sus facultades interiores más elevadas. Sólo pueden perder su sentimiento de culpa acerca de este niño si aprenden a mirar los impulsos que vienen de él y entienden que, aunque existe este lado indeseable, no necesitan actuar en consecuencia. Por lo menos no se engañan acerca de su propio estado de desarrollo, y evalúan todos sus dictados sin exterorizarlos. Entonces tendrán la oportunidad de ganar en esta trágica batalla. Se liberarán de la falsa conciencia y, por ende, serán capaces de escuchar la voz de su conciencia real.

¿Hay preguntas sobre este tema?

PREGUNTA: Preparé una pregunta, y ahora me parece que tiene mucho que ver con esta conferencia. ¿Es cierto que tratamos no sólo de forzarnos a ser nuestra autoimagen idealizada, sino que también tratamos de estar a la altura de las imágenes idealizadas de nuestros padres? ¿Es cierto esto?

RESPUESTA: Es absolutamente cierto. La impotencia y la inseguridad del niño lo hacen buscar desesperadamente la aceptación de sus padres. Al hacer esto, cree que debe adoptar las normas de ellos. Como lo dije antes, no importa si estas normas son en realidad las de los padres, o el niño simplemente cree que lo son. Así, éste inicia un proceso de fidelidad falsa, fingida y superficial a ciertas normas, sin convicción interior. Al hacerlo se enajena de su ser real, que en consecuencia se debilita. El pequeño se resiente doblemente y se siente engañado cuando este modo de vivir y ser no le trae los resultados esperados, como sin duda ocurre. Como todos ustedes saben, hay en su interior, en mayor o menor grado, un deseo de no dejar de ser niño, pese al deseo igualmente fuerte de crecer. La insistencia en seguir siendo un niño cuidado exige que se aferren a las normas sobreimpuestas y, por ende, a la conciencia sobreimpuesta. Con eso, esperan apaciguar, coaccionar y forzar, por decirlo así, a sus padres o a los sustitutos de éstos a darles tardíamente lo que les faltó. Así perpetúan el proceso hasta que, y a menos que, lo reconozcan plenamente en toda su intensidad y en sus diversos efectos secundarios.

PREGUNTA: ¿Sería posible que nos diera un ejemplo específico, como a veces lo ha hecho en el pasado, de uno de los instintos que son realmente constructivos, pero a los que tratamos como si no lo fueran?

RESPUESTA: Con demasiada frecuencia, las personas obstruyen deliberadamente el canal de su intuición. Le tienen miedo porque sus mensajes pueden divergir del modo prescrito. Desean evitar la confrontación y la decisión entre las dos fuentes de conocimiento. Tienen miedo de la desaprobación si hacen caso de su intuición. Esta es una ocurrencia muy, muy, frecuente.

Otro ejemplo es el instinto sexual y erótico que, en su naturaleza, es enteramente creativo y unitivo si se le permite crecer. Sólo en su manifestación inmadura es egocéntrico. El énfasis de la sociedad en su pecaminosidad causa muy frecuentemente que este instinto creativo siga siendo egocéntrico, oculto y, si llega a expresarse, que salga de una manera egocéntrica, mientras la persona se siente culpable y pecadora; muchas veces sin darse cuenta de estas emociones. Si las reglas de la sociedad estuvieran, por lo menos, dirigidas al “mal” real, harían hincapié en que todas las formas de egocentrismo son destructivas, e insistirían en la necesidad de dejar atrás la separación. Al frustrar este instinto creativo, no sólo se dificulta y se afecta la realización emocional, y se obstaculiza la capacidad de relacionarse, sino que el resultado es una parálisis de la fuerza vital general, con todos sus efectos sanadores y regeneradores. Esto es cierto no sólo en casos extremos, como los que seguramente todos ustedes conocen. De una manera sutil, también es cierto con respecto a las personas más ilustradas, que jamás se imaginarían que albergan actitudes inconscientes similares. La influencia destructiva de este factor suele manifestarse en una perturbación de la relación entre los sexos. Esta perturbación puede ser tan sutil y oculta como el error conceptual mismo. Puede crear una perturbación continua de las relaciones; de no ser capaz nunca de mantener una relación; de jamás establecer plenamente una relación en su verdadero sentido.

Los seres humanos sólo pueden volverse de verdad humanos—y por lo tanto finalmente divinos—si el hombre acepta su condición de hombre, y la mujer, su condición de mujer. Todos los seres humanos están dotados de tendencias tanto masculinas como femeninas. En la persona sana, estos dos aspectos funcionan juntos y en armonía, y vuelven al hombre más masculino, y a la mujer, más femenina. No se lucha contra las tendencias del sexo opuesto, ni se reafirman éstas por miedo de no ser lo que uno es. Por lo tanto, la compatibilidad de los aspectos masculino y femenino vuelven al hombre más hombre, y a la mujer, más mujer.

Puede decirse mucho sobre este tema, y más adelante lo diremos. No es posible que lo tratemos en su totalidad ahora. Permítanme mencionar sólo los aspectos más vitales de esta cuestión. Al frustrar sus instintos naturales, el hombre frustra muchas veces su condición de hombre. Le asusta la independencia porque con ella parece renunciar al privilegio de ser amado, que erróneamente cree que sólo se les da a las mujeres o a los niños. Al luchar contra la independencia, pelea contra su condición de hombre. Pero al negar su necesidad de amor debido al error conceptual de que entonces no es lo suficientemente hombre, también pelea contra su masculinidad. Además, lucha contra ella por el miedo equivocado de que toda su agresividad masculina y sana sea lo mismo que su agresividad y hostilidad malsanas: el resultado de una acumulación de heridas con las que no puede lidiar. Así que muchas veces se encuentra entre la espada y la pared. La agresividad masculina real y sana se confunde con hostilidad, de la que él se siente culpable. Así que se siente culpable también de la agresividad y la energía masculinas sanas. No puede distinguir entre las dos. Al mismo tiempo, reprime su necesidad de afecto y amor, pues cree que ésta es poco viril. Y al mismo tiempo es renuente a renunciar a su aferramiento a la dependencia infantil, que puede no manifestarse hacia fuera pero que, no obstante, existe. En todas estas confusiones de ideas inconscientes, frustra su masculinidad en su forma natural y sana tratando de manipularla de acuerdo con las circunstancias. Por ende, ésta no puede fluir natural y espontáneamente.

Con las mujeres existe una lucha similar. Cuando la niña-mujer es rechazada, se siente pasiva e impotente. La pasividad y la impotencia, como aspecto de la feminidad, la siente entonces como una humillación tal que pelea contra ella recurriendo a todos sus rasgos masculinos como armas contra la feminidad que teme y asocia con un estado de humillante impotencia. Siente erróneamente que estar herida e impotente contra esto es ser femenina, y entonces pelea contra ello. Al mismo tiempo, también siente que el mundo considera poco femeninas todas sus tendencias creativas y activas, y que éstas se reflejan, quizás, en su inteligencia, o sus recursos o su valentía. Entonces pelea contra estas tendencias también. Esto, desde luego, es interdependiente con su miedo de la feminidad real. En el grado en que pelea contra ella y cultiva tendencias masculinas como arma contra su feminidad, en ese mismo grado muchas veces puede crear artificialmente una falsa feminidad al reprimir sus llamadas tendencias masculinas. Estas tendencias no son más masculinas de lo que es femenina la necesidad de amor del hombre. La inteligencia de la mujer, su valentía y su actividad en muchas áreas de la vida, la independencia de su espíritu, podrían verdaderamente realzar su feminidad si le permitiera a ésta integrarse a ello. Pero sólo porque pelea contra su pasividad y su habilidad de darse por entero tiene que suprimir artificialmente su actividad a fin de crear falsamente la caricatura de una mujer.

Éstos son buenos ejemplos que ustedes pueden usar en su autobúsqueda y ampliarse en casos individuales. ¿Responde esto a tu pregunta?

PREGUNTA: Sí, me ayuda mucho. Creo que debe de ser difícil responder a la que ahora haré. Puede ser tonta, en cierta forma, pero al pensar en el ángulo del sexo, cuando las personas no están casadas ni tienen pareja y buscan una relación feliz, ¿cuánta promiscuidad propone?

RESPUESTA: Yo no propongo la promiscuidad. ¿Qué quieres decir con promiscuidad?

PREGUNTA: Usted habla del instinto sexual como algo natural y correcto. ¿Pero hasta dónde llega?

RESPUESTA: Mi querido amigo, la única respuesta que puedo darte—y se aplicaría a esta pregunta, así como a cualquier otra, por cierto—es que si las personas hacen lo que sienten dentro de su ser interior profundo, sin la influencia de la conciencia sobreimpuesta, porque es lo correcto para ellas, entonces está bien. Y esto no tiene nada que ver con el resultado feliz o infeliz de la situación. Si pueden aceptarla de todo corazón, sin estar divididas, aceptando la plena responsabilidad de todas las consecuencias, totalmente comprometidas con la relación en cualquier nivel que ésta exista, si ninguna falsa moralidad empaña los asuntos de pareja y, por ende, obstaculiza la moralidad real, entonces no hay nada malo en ello. Tal vez no haya ningún otro tema en el que tanta autorresponsabilidad se desplace a las “reglas”, simplemente porque uno tiene miedo de correr riesgos.

Este mundo sería un lugar muy distinto si más personas hicieran lo que hacen de todo corazón, trátese de una relación humana, de la lectura de un libro o de salir a caminar, o bien de tener una conversación. Este planeta es un lugar tan infeliz porque las personas están desgarradas; no hacen una sola cosa sin estar divididas en su atención y su motivación. Rara vez hay un compromiso pleno en nada de lo que hacen. Sirven a dos, tres o diez amos al mismo tiempo, pero no a su propio ser real. Quieren que todo salga a la perfección, e insisten en una garantía contra todos los errores, aunque sepan sin lugar a dudas que esto no puede ser.

elLa perspectiva en el plano desde el que les hablo es tan diferente de la suya que las palabras con frecuencia ni siquiera significan lo mismo. Cuando eleven su conciencia llegarán a una comprensión diferente de los conceptos, los términos y los valores. Desde nuestro punto de vista, la promiscuidad puede ser un solo acto, con todas las sanciones de la sociedad humana, si este acto no proviene de un compromiso completo. Si llegamos a usar esta palabra, ciertamente nunca la podemos aplicar a la cantidad, sino sólo a la calidad invertida.

Mientras la Humanidad enfoque cualquier pregunta, ya sea del tipo que has hecho, o política, social, religiosa o relacionada con cualquier otra actividad o actitud humana, desde el punto de vista de reglas preestablecidas en las que una cosa es correcta, y la otra, incorrecta, sigue viviendo bajo el yugo de la conciencia sobreimpuesta, que supuestamente vuelve todo tan fácil y sencillo. Siguen estando desgarrados y paralizados por la pelea entre el niñito primitivo y la conciencia sobreimpuesta. Si no estuvieran empeñados en esta pelea, ni siquiera harían estas preguntas. Esta pregunta es la expresión de la condición misma que mencioné.

No quiero que me malinterpreten. Ciertamente no estoy a favor de la licencia. Tal vez de un modo diferente, el ser real podría tener normas más estrictas que las de la conciencia sobreimpuesta. Las normas del ser real suelen ser más difíciles de obedecer porque podrían exigirles que se opusieran a la opinión pública. Pero la severidad puede estar en un sentido diferente. La conciencia real es muy perspicaz acerca de cualquier clase de autoengaño. Es inflexible contra el engaño cuando uno trata de hacerle trampa a la vida, usando muchas veces a la conciencia sobreimpuesta y a las reglas preestablecidas como escudo contra el compromiso total.

Que estos meses de verano sean un tiempo fructífero durante el cual los logros de este año pasado puedan madurar y fructificar. Que utilicen este periodo para que consoliden el año que pasó y obtengan una perspectiva de dónde están y qué les falta por hacer. Este último año seguramente los acercó más al centro de su ser. Si continúan así, el próximo año los acercará más a la luz interior que es la fuente de toda la vida.

Sean benditos, cada uno de ustedes. Reciban el amor y la fuerza que fluyen a ustedes para ayudarles desde este lado a abrir los canales. Sean benditos otra vez. Queden en paz. Queden en Dios.

Dictada el 21 de junio de 1963.