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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 117. La vergüenza: un legado de las experiencias infantiles, incluso las favorables

Saludos, mis muy queridos amigos. Bendiciones para todos ustedes. Benditos sean sus esfuerzos, su progreso y toda su vida. Que la conferencia de esta noche los ayude de nuevo a dar un paso más en su Pathwork. Quizás anime también a algunos amigos nuevos a entrar en este camino. Esta conferencia está destinada principalmente a llegar a las áreas interiores que ya están listas para ser descubiertas en una autoexploración profunda.

Todos sus esfuerzos, aun si en este momento se sienten desalentados y desesperanzados, serán coronados por el éxito si perseveran. Lo que ahora parece una derrota pronto resultará en una victoria, una experiencia absolutamente necesaria. Por favor recuerden, cuando atraviesen un periodo difícil, que la dificultad no es causada por este trabajo, sino por sus problemas no resueltos que aún existen. Recuérdense a sí mismos que la clave es la conciencia: volverse conscientes de lo que realmente les molesta. Si entienden esto, sabrán cómo proceder en la dirección correcta. No se desesperarán porque encontrarán el vínculo que les falta, y dejarán de estar confundidos y perdidos.

Esta noche me gustaría hablar de dos temas específicos. Al principio les parecerá que no tienen relación, pero sí la tienen, y estableceremos su conexión. El primer tema es la vergüenza. Hemos hablado de esto en el pasado en relación con la vergüenza del Ser Superior, o la vergüenza por ciertos defectos. Ahora enfocaré este tema desde una perspectiva muy específica.

Cuando siguen este camino descubren ciertas áreas suyas que les avergüenza reconocer, incluso ante ustedes mismos. Lo que puede avergonzarlos tal vez sean sus defectos, pero no siempre y no necesariamente. Pueden sentir tanta vergüenza de sus necesidades legítimas como de sus fallas, o, para el caso, de sus virtudes. Al principio, ni siquiera se dan cuenta de que esas vergüenzas existen. Se necesita una cantidad considerable de tiempo y esfuerzo para volverse conscientes de esas facetas suyas que les da una profunda vergüenza enfrentar. Tapan estas facetas con una simulación que es el reverso de su vergüenza específica.

Lenta pero seguramente, a medida que su Pathwork avanza en la dirección correcta, aprenden a admitirse la vergüenza, pero todavía no son capaces de revelarla a otros. Cuando se llega a esta fase, se ha eliminado cierta cantidad de autoengaño. Cualesquiera que sean su vergüenza específica y la simulación consiguiente, esto varía. Pero sean cuales fueren, cuando se ven cara a cara con este aspecto, necesitan una cantidad considerable de lucha y valor para admitir lo que hasta ahora ha sido inadmisible. Cuando se supera la lucha, se ha alcanzado una cantidad significativa de libertad y alivio. Esta lucha rara vez culmina en una victoria final. Quizás el proceso tenga que repetirse porque, habitualmente, la psique no está lista para hacer frente a todas sus simulaciones al mismo tiempo. En el grado en que dejen de simular ante sí mismos y hagan frente a lo que habían considerado demasiado vergonzoso de admitir, sentirán un alivio y una paz emocionales. Los que han llegado al punto de este autorreconocimiento pueden identificar con precisión su vergüenza, su simulación y su autoengaño. Han alcanzado, efectivamente, un peldaño muy importante en su autorrealización. Están muy adelante en comparación con los que todavía no descubren su propia vergüenza y simulación, y que, por lo tanto, creen que no ocultan nada.

Pero entonces hay un paso adicional. Este paso siguiente les dará una maravillosa oportunidad de medir su liberación. ¿Con cuánta libertad pueden hablar de su vergüenza con su helper? El grado de facilidad y de comodidad emocional con el que puedan hacer esto indica su libertad interior. Esta importante señal en el camino suele pasarse por alto, y entonces olvidan gradualmente el significado de lo se habían admitido a sí mismos. Mientras la admisión parcial no se explore plenamente, la simulación continúa hacia el mundo exterior, e incluso hacia el ser.

Me gustaría dar un consejo específico a este respecto. En primer lugar, mantengan su atención alerta en esta dirección. La primera etapa en este camino particular dentro del Pathwork es volverse conscientes de lo que hasta ahora han mantenido oculto de ustedes mismos. Cuando hayan hecho esto hasta cierto grado, pregúntense si han utilizado esos hallazgos, o si han permitido que se nublen otra vez. La verdadera liberación no puede llegar a medias. Volver un reconocimiento consciente medio consciente otra vez se debe a la razón específica, amigos míos, de que tal vez no estén aún lo suficientemente listos y libres para expresar a otra persona—su helper—la vergüenza que finalmente se admitieron a sí mismos. Y como no pueden admitírsela, la nublan de nuevo.

Sería mucho mejor y enormemente más constructivo para ustedes que reconocieran ante sí mismos: “Todavía soy incapaz de revelar y hablar de este o aquel aspecto de mi personalidad”. No se fuercen a hacerlo, porque entonces su ansiedad provocará una contracorriente tan fuerte que el beneficio podría perderse y presentarían ustedes el aspecto que consideran vergonzoso de una manera levemente distorsionada, falsa y disminuida. Por lo tanto, la ganancia sería cuestionable. Esto los haría sentir culpables y, a su vez, crearía problemas nuevos en la relación entre ustedes y su helper. Esto es más dañino que la admisión libre: “No estoy listo para revelarme”. En este reconocimiento son honestos. No usan demasiada fuerza. Entonces no crean culpa y, por consiguiente, resentimiento. Esto es infinitamente mejor que hablar a causa de una autodisciplina diligente y preocupada, haciendo algo para lo que todavía no están listos.

Confirmen en su revisión diaria: “Este o aquel factor me avergüenza. Me siento demasiado incómodo para hablar de él”. Asuman esto, y no olviden enfrentarse al significado de su falta de libertad. Descubran dónde están parados, cuánto camino han recorrido, qué les falta hacer para ganar su libertad de la vergüenza y las simulaciones. Entiendan su limitación y su inhibición, y díganse que tal vez en una semana, en un mes,en un año, podrían llegar a este punto. Pero, mientras tanto, obsérvense y quizás, poco a poco, sin forzarse, revelarán más de lo que pensaban que podrían. Al principio se sentirán incómodos y ansiosos, avergonzados e inhibidos, pero cada vez será más fácil. Conforme adquieran comodidad interior al expresar libremente lo que parecía ser tan vergonzoso, de pronto verán que toda su vergüenza era una ilusión. Esta es su vara de medir de la liberación.

Les aconsejo a todos ustedes que piensen en esta parte específica del Pathwork. ¿Saben qué les da vergüenza? Si no es así, necesitan encontrarlo. Si es así, ¿en qué medida encaran el asunto? Llévenselo a su tiempo de autoconfrontación, a solas, y explórenlo profundamente, trayendo a la superficie el asunto que les da vergüenza. No traten de encontrar razones y respuestas inmediatas, ni explicaciones y justificaciones. Simplemente admitan los aspectos que los avergüenzan. Escriban en términos claros y precisos qué es y por qué sienten que necesitan estar avergonzados. La respuesta habitual es que tienen miedo de parecer menos a los ojos de otros, menos respetables y dignos de amor, lo que puede traer consigo el menosprecio y la humillación. Averigüen cómo se aplica específicamente a ustedes esta observación general. Después, pónganse el reto de enfrentar el tema, hablando de él abiertamente. Observen el aumento de su libertad interior cuando lo logran, aun en un grado pequeño a la vez. Conserven su conciencia. No impongan excesivamente su autorrevelación, si bien es necesario tener cierto valor. Si deciden esperar, no olviden el tema; sigan observando sus reacciones diarias desde este ángulo. Pueden estar seguros de que sus problemas no resueltos y profundamente arraigados tienen una relación directa con su vergüenza, sus inhibiciones y sus sentimientos inarmónicos diarios.

Cada sesión privada les da una oportunidad de abrir esta puerta específica un poco más. Cada vez les resultará más fácil hablar de lo que antes era inadmisible. Después de cada sesión, anoten sus reacciones, lo lejos que han llegado a revelarse, en comparación con ocasiones anteriores, y cuánto siguen falsificando y presentando aún un frente diferente, así sea sutilmente. Tal vez una buena manera de empezar sería hablar con su helper de las restricciones que todavía tienen y de que sienten que todavía no quieren o pueden renunciar a ellas. De esta manera, tocan el área general de su vergüenza, sin entrar todavía en detalles. Esto puede abrir el camino y crear el clima adecuado. No hace falta decir que lo que es “inadmisible” se aplica mucho menos a ciertos hechos de su vida pasada que a una simulación emocional, a una falsificación de la personalidad. Esta última es infinitamente más dañina.

No tienen una idea de lo importante que es este enfoque para su progreso y su salud interior. También aconsejo a mis amigos que son helpers que estén conscientes de este factor, no sólo en ellos, sino también en su relación con aquellos a los que ayudan. Deben recordar que en la medida en que no son libres a este respecto, no pueden esperar la libertad de la autorrevelación en aquellos a quienes ayudan. Es muy importante que recuerden que no deben flagelarse ni condenarse si no tienen éxito, sino observar serenamente dónde están parados.

Los que afirman que no hay ningún área dentro de ellos de la que no puedan hablar libre y cómodamente, no la han encontrado aún. No ven hasta qué grado siguen viviendo en la inhibición y el autoengaño. Si descubren que no han avanzado tanto como creían, esto no debe incomodarlos. Si siguen con su autodescubrimiento en la manera en que aconsejo, aceptando su estado actual y trabajando con él de una manera relajada, no tiene que haber compulsión, ni culpa, ni impaciencia con ustedes mismos; sólo el reconocimiento de su buena voluntad.

El segundo tema que deseo abordar es algo de lo que hemos hablado sólo de manera fugaz hasta ahora. Durante mucho tiempo, en este trabajo para entender y resolver imágenes, errores conceptuales, actitudes distorsionadas y malsanas; en suma, todo lo que crea problemas en su vida, nos concentramos en eventos y condiciones poco felices y dolorosas de la infancia. Vimos que a ellos se debía la creación de ciertas condiciones psíquicas que dañaron su desarrollo. Las heridas y frustraciones de la infancia se han reconocido como la causa de problemas profundamente arraigados en la personalidad. Ahora me gustaría arrojar luz sobre todo lo contrario. Los factores aparentemente favorables y positivos de la infancia pueden ser igualmente responsables de las distorsiones interiores.

A primera vista, esto puede parecer imposible, ya que es todo lo contrario de lo que se cree en la actualidad. Pero examinemos más de cerca este tema. Tal vez noten que dije condiciones aparentemente favorables. Su evaluación de lo que es bueno o malo, constructivo o destructivo, correcto o incorrecto, suele relacionarse con lo que es momentáneamente placentero o displacentero, o con lo que coinincide con o se opone a los valores temporales y sobreimpuestos. Pueden considerar que algo es constructivo y bueno porque les parece placentero; pero también pueden decirle “sí” a algo displacentero porque va de acuerdo con el sistema de valores arbitrario y sobreimpuesto que con mucha frecuencia acatan.

A veces menciono la diferencia entre los valores eternos y los temporales. Estos últimos pueden permanecer sin cambio durante siglos, pero eso no los vuelve eternos; son temporales si su esencia no es eterna. Llegan a existir debido a las necesidades de una civilización determinada y siguen existiendo por la limitada capacidad de la Humanidad de entender los valores eternos. Las necesidades temporales son dictadas por las condiciones de una sociedad específica. Los factores sociales, económicos y políticos desempeñan un papel, lo mismo que la geografía, así como el tipo de espíritu predominantemente encarnado en la sociedad. Por ejemplo, los valores en un patriarcado difieren drásticamente de los de un matriarcado. Difieren en una monarquía y en una democracia. Muchos otros factores contribuyen también a determinar el sistema de valores de una sociedad. Debido a la inclinación de las personas a la pereza, siguen ciegamente lo establecido y conservan valores mucho tiempo después de su utilidad temporal. La enajenación de los individuos y su falta de pensamiento independiente los llevan a aferrarse a lo que se les entrega.

Por eso es tan importante en este camino que cuestionen todo lo que aceptan o rechazan, y que encuentren sus propias razones para hacerlo. Esta es la única manera en que pueden encontrarse los valores eternos. Cada caso, cada incidente y cada asunto deben revisarse y explorarse, cuestionarse y responderse sinceramente desde la profundidad de las propias convicciones. Deben examinarse profundamente. Sólo entonces pueden encontrarse y aceptarse los atributos divinos; no porque todo el mundo lo diga, no debido a las normas sociales, sino porque uno mismo los encuentra verdaderos. Los atributos divinos y los valores eternos son inmutables en sí mismos, pero su aplicación sigue cambiando. Es todo lo contrario de lo que ocurre con los valores temporales. Éstos suelen pasar por alto los valores eternos, pero incluso cuando unos y otros parecen ser los mismos, su clima es muy diferente.

El amor, la verdad, la sabiduría y la valentía—lo que es bueno y constructivo a la larga, y por lo tanto para todos los interesados—son los únicos criterios de los valores eternos. Estos valores no son accesibles por medio de la aceptación ciega. Los valores eternos pueden parecer placenteros aunque vayan en contra del sistema de valores temporal, o pueden ser displacenteros pero acordes con dicho sistema. No obstante, si actúan de acuerdo con los valores verdaderos sólo porque éstos se amoldan al sistema de valores temporal y siguen sin conocer los valores eternos, no estarán en paz consigo mismos. Cualquier elección y decisión personal, cualquier acción, cualquier dirección o actitud emocional dependen de si la decisión parte o no de uno o el otro sistema de valores. No hay una fórmula. No pueden llegar a ser individuos completos si se adhieren a valores no examinados, sino revisando, sintiendo y viviendo de acuerdo con su propia percepción. Entonces pueden decir: “Así es”.

En los últimos tiempos, el trato que se da a los niños ha sufrido un cambio drástico en su sociedad. Hasta hace relativamente poco tiempo, la restricción y la severidad se aceptaban generalmente como la manera correcta. Los problemas no resueltos de los padres encontraron una salida en reglas estrictas, y ellos exteriorizaron su hostilidad reprimida acatando el sistema de valores existente. En tiempos recientes, la norma ha sido la permisividad, la falta de disciplina y la indulgencia. Esto no significa que la hostilidad reprimida no se comunique al niño. Estos padres obedecen los valores nuevos recurriendo a la indulgencia y a la permisividad para compensar su hostilidad latente. Amoldarse a las nuevas reglas puede parecer amor desde afuera. Ciertamente puede existir también el amor real, pero en el grado en que está diluido por la culpa debida a la hostilidad no reconocida, así como por la culpa por no apegarse realmente a los valores actuales, la indulgencia y la permisividad placenteras crearán tantas condiciones problemáticas en la psique del niño como las heridas y las frustraciones.

Si los padres no están lo suficientemente motivados por el amor y no son lo bastante sagaces para restringir al niño, de ser necesario, entonces su culpa, su confusión y su incapacidad para lidiar con los problemas que un niño representa crearán una perturbación interna. Para expiar sus faltas humanas comunes, como la impaciencia y la irritación, los padres pueden mimar en exceso a su hijo. El pequeño puede experimentar esto como algo placentero y favorable en el momento, pero puede haber un efecto negativo. No es el acto ni sus consecuencias por sí solos lo que produce el daño, sino la culpa, la confusión y el conflicto de los padres. El mismo acto puede derivarse del mimo excesivo, o de una psique clara y sin confusión. El efecto en el niño depende de si es una cosa o la otra. Además, la salud innata del niño o la falta de ella determina si se ve afectado por los problemas no resueltos de los padres. Esto se aplica no sólo a la herida infligida, sino en la misma medida al mimo excesivo y placentero. Tampoco éste tendrá un efecto adverso en la psique del niño si no existen en él problemas correspondientes.

Examinemos ahora cuáles son los efectos específicos de circunstancias aparentemente placenteras, como son crecer en un ambiente permisivo, consentidor e indulgente. La psique se acostumbra a él, y más tarde, cuando la vida no le brinda una gratificación similar, la personalidad se ve movida a tratar de duplicar el estado placentero del que una vez disfrutó. Busca lo que vivió como amor durante la infancia, una y otra vez, pero no puede encontrarlo porque otras personas, no atadas por la culpa, no tendrán ninguna necesidad de expiarla y, por lo tanto, no le prodigarán sus mimos. La incapacidad de repetir lo que uno tuvo alguna vez produce dolor, enojo y hostilidad. La insistencia en tener la protección y el amor real, así como el seudoamor, de los que se disfrutó en la infancia, está conectado con las heridas y la frustración sufridas. En otras palabras, así como el padre puede mimar con exceso al hijo para compensar su propia irritación y su poca voluntad de afrontar los problemas que el niño presenta, así también puede el hijo usar su propia necesidad compulsiva de mimos para compensar las corrientes negativas de los padres que percibe inconscientemente, y que a veces incluso experimenta conscientemente.

Ya es hora, mis queridos amigos, de examinar los aspectos de su infancia que experimentaron de manera placentera. Debieron tener considerables percepciones interiores para descubrir las heridas y las frustraciones. Un niño tiende a dar por hecho, y como condición permanente, lo que experimenta. Si el niño es herido, puede sufrir a causa de ello y rebelarse, pero no puede evaluar sus circunstancias de vida en términos objetivos. Lo mismo puede decirse de los aspectos placenteros. Ambos son parte del clima general que el niño no cuestiona. Por lo tanto, necesitan ustedes explorarse y autoexaminarse a fondo para volverse específicamente conscientes de estos elementos. La experiencia del trabajo que algunos de ustedes ya han hecho en el pasado, relacionado con las heridas y el dolor en la infancia, resultarán ahora provechosas en el sentido de que les será más fácil volverse conscientes de lo opuesto, el placer. Esto exigirá atención, concentración y autoexamen.

Cuando logren algún adelanto a este respecto, descubrirán lo importante que es entender la totalidad de su personalidad actual, lo mucho que el pasado desempeña un papel en su constitución mental y emocional. Verán cómo se esfuerzan por reproducir no sólo sus sentimientos acerca de lo que no tuvieron, sino también acerca de lo que sí tuvieron. En otras palabras, no sólo tratan de corregir aquello de lo que carecieron en su infancia, sino que también se esfuerzan por recrear lo que sí tuvieron entonces. Este ángulo se pasa por alto muchas veces en la exploración de las perturbaciones psíquicas humanas.

Vuelvo a insistir en que la conducta por sí sola no indica si la acción tomada es correcta y constructiva. Las condiciones internas, las motivaciones y la unificación subyacente de la psique marcan toda la diferencia. En un caso puede ser correcto ser indulgente; en otro, restringir e incluso castigar. Los que dependen de reglas exteriores que les digan qué alternativa elegir y cuándo, deben de estar perdidos y confundidos, y sus acciones no tendrán un buen resultado. Pero los que se conocen y entienden sus problemas interiores también sabrán qué opciones elegir, incluso mucho antes de que sus problemas interiores se resuelvan por completo. Uno está entonces en la posición de actuar y obrar de acuerdo con los valores eternos. Esto se aplica al trato que se da a los niños, así como a cualquier relación o situación humana. La confusión siempre indica que falta conocimiento sobre el ser.

Así pues, amigos míos, examinen este nuevo ángulo. Estén atentos a lo siguiente: en el grado en que no se sintieron amados, los sentimientos contradictorios de amor y culpa los han dañado. Ambos desempeñan un papel sólo porque las irrealidades psíquicas ya estaban en ustedes antes de que nacieran a esta vida. Verán que existe mucho enojo y resentimiento no sólo en conexión con lo que no tuvieron, sino también con respecto a lo que sí tuvieron y desean seguir teniendo.

A primera vista, se preguntarán cuál es la conexión entre los dos temas de esta noche, y por qué decidí hablar de ellos en una sola conferencia. Pero una vez que ambos temas se entiendan más profundamente, la conexión será muy evidente. Sería muy constructivo, amigos míos, que los dejara participar ahora. ¿Puede ver cualquiera de ustedes un vínculo entre ellos? ¿Quién tiene alguna idea?

PARTICIPANTE: Creo que sería un sentimiento muy vergonzoso no agradecer lo que los padres pretendían que fuera bueno, si uno no sintió que era bueno, o si se le dio algo que no quería.

RESPUESTA: Esto puede ser muy cierto, pero a lo que me refería en realidad no era a que se les dio algo que no querían, sino a algo de lo que disfrutaron mucho; sin embargo, pueden ser tan inconscientes del daño como de una herida.

PARTICIPANTE: Si una muchacha ama mucho a su padre, puede pedir el mismo amor de un hombre más tarde. La niña puede experimentar el amor por el padre, casi de una manera sexual, y más adelante desea el mismo amor del hombre, pero no puede obtenerlo, y entonces tal vez sienta vergüenza a este respecto.

EL GUÍA: Ese es un buen ejemplo.

PARTICIPANTE: Si los padres son negligentes en algunos sentidos y, por su sentimiento de culpa, son particularmente indulgentes con un niño cuando éste se enferma, el pequeño querrá enfermarse a fin de conseguir el amor. Más adelante en la vida, cuando la persona se enferme, se sentirá decepcionada y herida cuando no se le exprese el amor. Al mismo tiempo, sentirá vergüenza por usar la enfermedad para obtener amor.

EL GUÍA: Ese también es un buen ejemplo.

PARTICIPANTE: También podría uno sentir vergüenza cuando se le dice que es amado cuando es niño, pero no lo siente.

EL GUÍA: Sí.

PREGUNTA: La vergüenza siempre se conecta con la culpa, ¿no es así?

RESPUESTA: No siempre. También es posible sentir vergüenza sin culpa, y culpa sin vergüenza.

PARTICIPANTE: Cuando el niño recibe una mesada y se siente culpable por conservarla, pues no la merece, después siente vergüenza por recibir un salario.

EL GUÍA: Ese caso requiere una comprensión mayor de por qué existe esta culpa y vergüenza por haber recibido una mesada.

PARTICIPANTE: Conozco el caso de un niño adoptado cuyos padres le daban mucha libertad de acción y continuamente lo admiraban. Esto se debía quizás a la falta de un amor real. Más adelante, cuando el chico llegó a los dieciocho años, se volvió más demandante y los padres no podían satisfacer esas demandas. Creo que el niño sentía vergüenza de no tener a sus verdaderos padres.

EL GUÍA: Puede ser. Éstos son ejemplos en parte buenos. Esta participación los ayudará a asimilar mejor mis palabras. Permítanme mostrarles ahora, en principio, la conexión entre el daño de la experiencia placentera de la niñez y la vergüenza.

Si un humano quiere reproducir las condiciones placenteras de su niñez más adelante en la vida, eso indica el deseo de seguir siendo niño. Indica también codicia y falta de autorresponsabilidad. A algunos tal vez les resulte difícil admitir esto, especialmente los que se enorgullecen de ser adultos maduros. La mayoría de las personas quieren ser consideradas maduras, mientras que al mismo tiempo desean las ventajas de la niñez. El deseo de ser niño, así como el enojo por la frustración, deben de producir vergüenza. Esta tendencia contradice completamente el ideal sobreimpuesto y presentado al mundo y al ser consciente.

Como saben, la autoimagen idealizada niega todas las limitaciones. Finge poseer todo lo que la personalidad siente que le falta. La simulación del ser idealizado oculta lo que el niño sintió que le faltaba en la vida, pero también lo que sí tuvo y lo que quiere seguir teniendo. Si examinan su ser idealizado encontrarán esta doble simulación. Debajo yace su opuesto. Revelarlo parece una terrible admisión. No pueden descubrir la vergüenza si no conciben lo opuesto de su simulación. Este opuesto es el que crea la profunda vergüenza y el que también se conecta con las condiciones tanto placenteras como displacenteras de la infancia.

La consideración de lo totalmente opuesto a la autoimagen idealizada debe ser parte de este trabajo para todos ustedes. Busquen la vergüenza y cómo ésta se conecta también con ciertas circunstancias placenteras de la niñez. Quizás fueron elogiados por algunas cualidades reales que ustedes sospechaban que no tenían en el mismo grado en que sus padres creían. O tal vez siguen pensando que estas cualidades están ausentes, porque están diluidas con sus diversas inseguridades y distorsiones. Encuentren lo que sea especialmente significativo para ustedes. Si estudian esta conferencia y la asimilan, les prometo que su liberación y su progreso serán considerables. Éste será, de hecho, el punto crucial para entender lo que los hace sufrir, lo que los enajena de la vida y de sí mismos, lo que los desconcierta y confunde. Con este enfoque tienen una llave directa, mis queridos amigos, todos y cada uno de ustedes, cada uno a su manera. Para algunos amigos, esta exploración puede ser prematura. Tendrán que explorarse primero muchos otros aspectos. Sin embargo, no siempre es cuestión de la cantidad de tiempo. Ocasionalmente, alguien que haya estado en este camino durante un periodo más corto puede descubrir ciertos aspectos con los que otro individuo se cruzará sólo después de un trabajo más extenso. Todo depende del tipo de carácter y de las condiciones psíquicas, así como de la actitud hacia los propios problemas. Dondequiera que se encuentren en este momento, tomen esto en consideración.

¿Hay preguntas relacionadas con esta conferencia?

PREGUNTA: Si un niño era el favorito y se hallaba en una posición de privilegio, ¿puede ser que más tarde reclame una posición igualmente privilegiada? ¿Que quiera consideraciones especiales?

RESPUESTA: Claro que sí. Esto puede ser inconsciente, pues tal vez sea diametralmente opuesto a su ser idealizado. Si el pequeño tenía esta posición especial porque era un niño bueno, entonces ser bueno se convierte en parte integral del ser idealizado. La bondad también significa sacrificio y generosidad. Sin embargo, esto contradice el reclamo de un trato especial. En esta confusión interior hay muchas cosas oscuras y reprimidas. Cuando todas las diversas demandas y actitudes internas salen a la luz, la clarificación, la liberación y el alivio deben ser grandes. Te digo, amigo mío, que estás en el camino, ya estás casi allí. Al hacer esta pregunta, y por la luz que parpadeó ahora {sic}, ya estás casi allí. También entenderás tu imagen de Dios específica.

El amor fluye hacia cada uno de ustedes. Es una fuerza vibrante de realidad. Que todos los que hacen esfuerzos tan valientes de autoconfrontación se den cuenta de lo significativos que son. ¡Sigan adelante… todos ustedes! La vida se lo agradecerá, pero no hablo en el sentido de un Dios recompensador o castigador. Las fuerzas cósmicas con las que entran en armonía por medio del autoexamen honesto responden de acuerdo con la ley, mientras que el autoengaño y la falta de conciencia no pueden ponerlos en armonía con las fuerzas cósmicas. Sean benditos, cada uno de ustedes, para que sus esfuerzos continuos se fortalezcan, y así sean más libres y más felices. ¡Queden en paz, queden en Dios!

Dictada el 20 de septiembre de 1963.