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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 121. Desplazamiento, sustitución, sobreimposición

Saludos, mis muy queridos amigos. Dios bendiga a cada uno de ustedes. Bendita sea esta hora. Bendito sea cada paso que dan hacia su crecimiento y desarrollo. A mis amigos que ya están profundamente comprometidos con este camino de autoconfrontación les digo: Que su progreso continúe. Y que aquellos de ustedes que aún no entran en este camino de una forma más directa encuentren la comprensión y la iluminación necesarias para empezar a hacer su trabajo interior.

Esta noche me gustaría hablar de un tema que ya he tocado antes pero que ninguno de ustedes entiende en su significado más profundo: es decir, el desplazamiento, la sustitución y la sobreimposición de sentimientos y necesidades. Este tema merece un escrutinio y una comprensión cuidadosos, especialmente en este tiempo. Es esencial que todos entiendan estos conceptos a fin de que hagan mayores progresos. Algunos de ustedes se encuentran en relaciones negativas que no logran entender por completo y que, por lo tanto, no pueden resolver, a menos que reconozcan este factor vital y cómo se aplica específicamente a ustedes como individuos.

Siempre que una persona se halla confundida en una situación, negativamente involucrada en una relación, y no puede dejar de sentirse perturbada a pesar de ciertos reconocimientos, esto es una señal absoluta de que algunas necesidades emocionales o sentimientos específicos se han desplazado a canales diferentes o de que se les han sobreimpuesto otros sentimientos. No importa lo profundo que sea un problema, o lo grave que sea un defecto, éstos jamás podrían crear una perturbación duradera si la persona estuviera completamente consciente de ellos en su forma original, sin desplazar los sentimientos genuinos, sustituir otros o sobreimponer otros sentimientos a los genuinos.

Como saben por mis pláticas anteriores, cada emoción, cada sentimiento, cada pensamiento, cada actitud, cada necesidad es una corriente de energía. Hay muchos tipos distintos de energía, que corresponden al tipo de sentimiento o necesidad. El individuo integrado que lleva una vida plena y rica expresa una variedad de necesidades y sentimientos… no sólo unos cuantos. Cuanto más integrada está la persona, menos interfieren entre sí las diversas necesidades y menos fricción causan dentro y fuera en la vida de la persona. La psique sana requiere de la realización en muchas direcciones. La entidad está destinada por naturaleza a alcanzar esta multiplicidad.

La exclusión de ciertas realizaciones a expensas de otras es el resultado de conceptos erróneos e inconscientes, de una comprensión limitada y de una falta de conciencia de sí mismo. Por ejemplo, el desplazamiento y la sobreimposición resultan en un conflicto entre la necesidad de autoexpresión vocacional y la necesidad de la mutualidad en una relación amorosa; entre la necesidad de soledad y la necesidad de compañía; la necesidad de actividad física y mental; la necesidad de expresión sexual y creativa; las necesidades de autoafirmación y de adaptación flexible; las necesidades de gratificación del ego y de generosidad. Estas, y muchas otras necesidades y autoexpresiones aparentemente contradictorias, viven lado a lado en una interacción sana sólo si no hay confusión en cuanto a la legitimidad y la autenticidad de estas diferentes formas de expresión, para que no ocurran sobreimposiciones ni desplazamientos. Lo que le parece una contradicción a la persona conflictiva y ciega no es una contradicción en realidad, sino sólo una prueba de la riqueza y la variedad de la creación. En la psique sana, un tipo de autoexpresión apoya y fortalece a la otra, en vez de causar un conflicto.

Si sienten que una necesidad o un sentimiento es necesariamente incorrecto, esta creencia finalmente lo vuelve incorrecto. La incertidumbre, el miedo, la culpa y la vergüenza acerca de la existencia de una necesidad que ustedes creen que no es legítima—mientras sufren por la frustración de esa necesidad y resienten la “obligación” de hacerlo—crea un clima malsano que transforma la necesidad emocional más sana en algo malo. Este hecho requiere del ocultamiento, de la negación, de la represión. La energía existente no se disuelve en el aire. Al igual que un río, necesita una salida. La energía original se convierte en un tipo diferente—el deslazamiento—, o se transforma en su opuesto, debido al sentimiento de que la emoción o necesidad original es inaceptable.

Es muy importante que se den cuenta de lo que podrían parecer dos necesidades contradictorias y ver que no son necesariamente esto, sino parte de una vida plena. La negación más predominante debido a una culpa falsa corresponde al área de recibir. Cualquier cosa que desean alcanzar para ustedes suele conllevar un sentimiento vago de que esto está mal. Como la necesidad de recibir se desaprueba o se niega por completo, su contraparte—la necesidad de dar, como parte de una vida rica, sana y realizada—no puede alcanzar la madurez. Negar la necesidad de recibir hace que la psique, a este respecto, permanezca infantilmente egoísta, de manera que exista una codicia unilateral. A la codicia puede entonces sobreimponérsele un dar falso y compulsivo que, sólo porque es sobreimpuesto y no el resultado de un crecimiento natural—trae desarmonía, resentimiento, autoconmiseración, e invita a una explotación injusta.

Un buen ejemplo es la necesidad de expresión sexual. He hablado de esto en otro contexto. Debido a culpas falsas, la sexualidad de una persona puede ser egoístamente infantil y, por lo tanto, es incapaz de fundirse con la necesidad de dar y recibir amor y afecto. En consecuencia, la necesidad de tener sexo se niega, y se le sobreimponen necesidades sustitutas.

Sentirse erróneamente culpables acerca de su necesidad natural de recibir, automáticamente perjudica su capacidad de dar, no importa lo convincente y artificialmente que practiquen el dar a fin de sofocar la insistente culpa. Este perjuicio alienta la falsa suposición de que querer recibir está mal, lo que aumenta la negación, el desplazamiento y la sustitución. Para recapitular: el dar forzoso, compulsivo y problemático suele ser el resultado de negar la necesidad de recibir. Esta última puede haberse fortalecido desproporcionadamente, sólo porque se piensa que es algo malo, y por lo tanto se ha reprimido. Cada individuo debe determinar específicamente en qué aspecto particular de su personalidad es cierto esto. Al desenredar y reconocer todo este proceso, el alma experimenta un gran alivio.

Existe un conflicto específico y muy común entre la compulsión de dar y la culpa de recibir. Estas dos emociones pueden ser comparativamente fáciles de reconocer. La persona se siente injustamente tratada, explotada, victimizada, resentida, aunque todavía es incapaz de detener la compulsión de dar y la culpa por desear recibir. Se enfrenta a esta insatisfactoria alternativa: dar y resentirse por ello, o recibir y sentirse poco libre, inhibida y culpable. No puede encontrarle la salida a este predicamento. Si éste es el caso, pueden estar seguros, amigos míos, de que no han hecho frente a una codicia subyacente y egoísta, ni han entendido por completo que la codicia es sólo el resultado de una confusión que ignora el hecho de que tienen derecho de recibir. Si trabajan este conflicto, su dar será más libre, como también lo será su capacidad de recibir.

Dije antes que si la falta original fuera plenamente consciente, habría comparativamente poca perturbación. Apliquemos esa verdad a esta faceta específica de la psique humana. Si una persona pudiera ver con claridad el egoísmo infantil y codicioso y expresarlo—“Como soy tan egoísta que lo quiero todo para mí, no merezco recibir”—el conflicto cesaría, aun antes de que desapareciera por entero el egoísmo codicioso. El mero hecho de traer a la conciencia el egoísmo—y su consiguiente conclusión equivocada de autonegación—le permitiría a la persona entender que aunque la codicia hasta ahora oculta es injusta, la consiguiente medida contra ella—la autonegación completa—es igualmente injusta en el extremo opuesto.

Ya sea que se trate del aspecto de dar y recibir, o de cualquier otra necesidad y autoexpresión natural y legítima, la unilateralidad oculta suele crear una unilateralidad abierta en el extremo opuesto. Esta forma de sustituir la necesidad o la emoción desaprobada con su opuesto es muy frecuente y se halla en el fondo de muchos conflictos que, a pesar de varios reconocimientos, no se disuelven.

Tomemos otro problema actual: la autoafirmación. Supongan que un hombre se siente culpable por expresar su agresividad sana y masculina, pues la confunde con una agresividad malsana y hostil. Se encuentra en el siguiente predicamento y conflicto: desiste de expresar su necesidad natural de autoafirmación masculina por la confusión de que esto lo vuelve malo. En consecuencia, se emascula. Su debilidad le provoca autodesprecio y resentimiento hacia otros, a quienes culpa de los desagradables resultados de su debilidad. O bien expresa agresividad, y porque siente vagamente que esto lo vuelve “desagradable” o “poco espiritual”, titubea. Este titubeo, en sí, hace que la expresión de autoafirmación—independencia, agresividad natural y sana—sea problemática porque su propia actitud hacia ella es incierta, ya sea consciente o inconscientemente. Además, sus resentimientos—el resultado de suprimir su agresividad natural—se mezclan ahora con la confusión. Ya no expresa la faceta sana de la agresión, sino una versión negativa de ella.

Algunos de mis amigos en el Pathwork han llegado al punto en que reconocen que tienen un conflicto entre dos alternativas insatisfactorias: la debilidad versus la hostilidad. No podrán encontrar la salida hasta que se den cuenta de que negaron su necesidad original de expresar una agresividad masculina natural, a causa de su ignorancia de que se trata de una necesidad sana. Cuando le den a la agresividad el derecho de existir, ya no tendrán ninguna razón para sentirse hostiles, así que la expresión de la agresión no creará culpa. También serán capaces de distinguir entre la legitimidad de esta necesidad y la misma legitimidad de la necesidad de interdependencia, renuncia y flexibilidad. Estos últimos aspectos son muy vehementemente negados por la persona que se debilita debido al antes mencionado error conceptual. Sustituye la debilidad y la vergüenza con su concomitante: una “fuerza” exagerada. Confunde entonces la flexibilidad, la adaptabilidad y la capacidad de recibir consejo con la debilidad, y la terquedad rígida con la fuerza. Constantemente vacila entre ceder en el momento y el lugar equivocados—porque desaprueba sus tendencias agresivas—y afirmarse cuando la razón indica que hacerlo sería perjudicial.

Además de sustituir la tendencia que se niega en favor de la opuesta, otra forma de desplazamiento es desviar una necesidad a otro canal. Siempre que hay un involucramiento exagerado, un involucramiento que perturba la paz interior y/o exterior, que deja de lado otras funciones importantes de la vida, uno puede estar seguro de que ha ocurrido un desplazamiento. Veamos de nuevo algunos ejemplos ilustrativos. Una preocupación desmedida por las propias capacidades creativas deja muy poco lugar para que otras necesidades se expresen, independientemente de lo constructiva que sea en sí esa autoexpresión. Este énfasis exagerado puede ser la señal de una necesidad negada en otra área de la personalidad. Es posible que la fricción interna resultante se vuelva notoria sólo en forma gradual, después de un gran progreso de concientización. La tensión, la frustración, el descontento, la hostilidad inexplicable, las sobrerreacciones—donde uno ve que la intensidad del sentimiento no es proporcional a la ocasión, pero es incapaz de evitarla—o la parálisis y el empobrecimiento de los sentimientos en otras áreas, son señales frecuentes de fricción interior, que es el resultado de negar una necesidad legítima. La fricción externa con el ambiente de uno suele ser otro resultado.

Hay muchas razones posibles para negar o ignorar la legitimidad de la necesidad original. Cualesquiera que sean las circunstancias específicas, las influencias tempranas o las imágenes personales, deben reconocer que esta necesidad original sí existe, aunque tengan miedo de reconocerla. En periodos anteriores de su vida la necesidad puede haberse manifestado claramente. Ahora podría manifestarse de una forma desplazada. Si verdaderamente desean conocer la verdad acerca de ustedes, no les será demasiado difícil sincronizar los sentimientos de la necesidad original negada con los sentimientos de la necesidad sustituta. Hacer esto les traerá un enorme alivio y paz.

Tal vez los asuste el amor y sustituyan su necesidad de él con la expresión de un talento. Ignoran que hay lugar para ambos—y para muchas más formas de expresión—en su vida emocional. Su miedo de reconocer la necesidad original los fuerza a abandonar una necesidad diferente, pero igualmente legítima. Quizás les falte todavía la información necesaria acerca de los malentendidos y errores conceptuales internos que causaron su miedo al amor. Les asusta verse obligados a entregarse a él cuando reconocen la existencia de la necesidad. Por lo tanto, batallan para no reconocer el desplazamiento, o, si lo reconocen, lo hacen sólo de una manera plana e intelectual. También ignoran el daño que se infligen, aparte del hambre perpetua a la que se exponen.

Cualquier insatisfacción, herida, rechazo o decepción causa un sufrimiento infinitamente más profundo en el área desplazada que el sufrimiento conectado con la necesidad original. Si son plenamente conscientes de la expresión de su psique—“Todavía tengo miedo del amor. No entiendo bien a bien por qué, y por lo tanto no estoy listo para amar y ser amado. Pero sé que el amor es una necesidad universal. ¿Qué me hace negarla? ¿Cómo siento realmente esta carencia? ¿Cuántas de mis emociones involucradas en mi sustitución pertenecen a la necesidad de amor?”—su creciente paz, percepción interior y capacidad de lidiar con asuntos con los que antes no podían lidiar les demostrarán lo esencial que es vivir en la verdad. Aunque todavía sigan huyendo del amor, se poseerán a sí mismos al no rehuir la verdad. De este modo evitan acumular culpas reales evitables y colocarse innecesariamente bajo el poder de influencias perjudícales que alientan lo que es tan dañino en ustedes.

Desplazar las necesidades originales a canales diferentes puede tomar varias formas, aparte del ejemplo que les di. El miedo al amor, en otras personalidades, puede crear una necesidad exagerada de expresión puramente sexual. La compulsión del sexo puede ser también una negación de la necesidad de uno de afirmarse, o de desarrollar un talento creativo. Una necesidad desequilibrada y unilateral de espiritualidad y aislamiento puede ser la manifestación de necesidades desplazadas en cualquiera de los aspectos antes mencionados: miedo al amor, a la sexualidad, a la autoafirmación, a la expresión vocacional. El miedo, repito, es el resultado de ignorar que todas estas necesidades, y más, se hallan en interacción sana, natural y universal, y, por lo tanto, no son causa de culpa ni de negación.

Uns necesidad generalmente ignorada es la de gratificación del ego. Las personas más iluminadas están bajo la impresión de que cualquier necesidad de esto indica neurosis, perturbación o inmadurez. En la personalidad que funciona bien, la necesidad de gratificar al ego se reconoce, pero no se exagera a expensas de otras funciones y expresiones del ser. La falta de capacidad para dar al ego su necesaria gratificación es el resultado de ignorar su existencia sana y no exagerada. Ser dependientes de otros que no satisfacen esta necesidad es la señal de que el ser ignora el legítimo lugar de esa necesidad en el plan general. No obstante, si son capaces de reconocer que “Sí necesito cierta medida de aprobación, algún grado de gratificación de mi ego”, lo más probable es que, a condición de que no se sientan culpables por ello, empezarán a abrirse maneras en las que puedan obtener esta realización. Y les será infinitamente más fácil encontrar ciertos factores en ustedes que les impedían la satisfacción de esta necesidad, ciertos patrones de conducta destructivos que no podían ver, una vez que reconozcan sin culpa esta necesidad.

Es de suma importancia, amigos míos, que identifiquen todas sus necesidades; en qué medida están satisfechas, y en qué medida no. Piensen en la variedad de necesidades universales, y vean luego si han dado a todas su legítimo lugar. Identifiquen qué necesidades específicas los hacen sentir culpables y avergonzados. Determinen qué necesidades deben permanecer insatisfechas debido a sus imágenes personales, sus problemas principales, sus conflictos no resueltos, sus seudosoluciones y su autoimagen idealizada. Examinen también sus desplazamientos personales. ¿Cómo han desplazado sus necesidades—sustituyéndolas por lo opuesto, desviando la necesidad o el sentimiento negado a un canal diferente—y en qué medida? Luego examinen sus necesidades desde el enfoque opuesto. Analicen sus actuales involucramientos negativos, sus emociones perturbadoras, los puntos muertos de los que no pueden salir, porque las alternativas a su alcance—tanto interiores como exteriores—son igualmente insatisfactorias. ¿Qué necesidades reales posibles están en el fondo de este núcleo? ¿Qué necesidades se han vuelto desproporcionadamente fuertes debido a la negación y a la culpa falsa?

Amigos míos, no puede medirse el valor de esta forma de mirarse. Puedo ver que para todos ustedes es muy importante dar este paso vital. Ignorarlo resulta en muchas situaciones negativas persistentes. Después de adquirir percepciones interiores amplias, sus problemas de personalidad e insatisfacciones permanentes sólo requieren de la aplicación final de estos principios antes de que pueda tener lugar una transformación verdadera y liberadora. Este proceso es también la mejor manera de aumentar su capacidad de aceptarse con un espíritu de realismo.

El desplazamiento y la sustitución ocurren no sólo con los propios problemas, imágenes principales y conflictos innatos, que esperan la comprensión necesaria a fin de resolverse, sino que también se aplican a situaciones temporales. Después de una decepción muy dolorosa, un individuo podría negar una necesidad hasta ahora aceptada y, subsecuentemente, desplazar la energía pertinente a una salida distinta. No hace falta decir que, de alguna manera, un problema fundamental de personalidad podría estar conectado con esta manera de reaccionar. Sin embargo, el desplazamiento puede no ser permanente. Es de igual importancia estar conscientes de los desplazamientos situacionales; de lo contrario, puede producirse una negación permanente de una necesidad y una sustitución.

Estos desplazamientos temporales pueden ocurrir, especialmente en el curso de su Pathwork, como una fase breve. Tomemos un ejemplo. Supongamos que tienen una dificultad para relacionarse con el sexo opuesto. Supongamos, además, que antes de que empezaran a progresar en este camino, sus seudosoluciones, su autoimagen idealizada y sus mecanismos de defensa les permitieron cierta medida de realización a pesar de la existencia del problema. Desde luego, esta realización era limitada, problemática, llena de tensión y, a final de cuentas, decepcionante. No puede ser de otro modo si uno trata de resolver un problema por medios falsos. Sin embargo, había cierta medida de realización. El progreso en este trabajo empieza a disolver en una medida considerable las seudosoluciones, la autoimagen idealizada y los mecanismos de defensa, pero el problema original puede no haberse trabajado a fondo y entendido en los niveles más profundos de su ser. Tampoco están muy conscientes de sus necesidades y de su legítimo lugar en su vida. De ahí que, en el ínterin, se hallan en una etapa transitoria que puede confundirlos. Saben que han crecido, pero experimentan un vacío más grande que antes en esta área específica de su vida. No saben por qué. Sus necesidades están ahora menos satisfechas que antes, pero como no reconocen concisamente este hecho, la corriente de energía se desplaza a otra salida.

No ser conscientes de esta necesidad original y de su actual insatisfacción hace que éstas se adhieran a otra situación. Tal vez produzca una fuerte y exagerada dedicación al trabajo, lo que causa muchas reacciones intensas. O quizás cree un excesivo involucramiento con una amistad específica, en la cual vuelcan todos sus sentimientos y necesidades.

No basta estar generalmente conscientes de la necesidad insatisfecha de una relación mutua, de una pareja. Tienen que reconocer específicamente que hay varias necesidades integradas en esta expresión. Por ejemplo, aparte del principio del placer, está la necesidad de sentirse anhelado e importante; la necesidad de dar y recibir; la necesidad de proteger y ser protegido; la necesidad de gratificación del ego. Todas éstas son necesidades legítimas, con la condición de que no se exageren y de que una no sea más predominante que otra. Por ejemplo, si la necesidad de gratificación del ego en una relación es mucho más predominante que la necesidad de dar y recibir amor, afecto, placer, ese desequilibrio tiene que reconocerse y debe encontrarse la razón de él. Incluso cuando todas esas diversas necesidades de relación interactúan de una manera sana, todo el núcleo de necesidades podría desplazarse ciegamente a otro canal, si se les ignora en una fase temporal. Todas estas necesidades podrían satisfacerse hasta cierto grado en la nueva área de transferencia; claro que de una manera distinta. Estar plenamente conscientes de la sustitución volverá inofensivo el desplazamiento, y aun sano y necesario. Pero ignorar el proceso creará dificultades y confusión innecesarias.

Si quieren que un jefe, un empleado, una persona para la que trabajan, un amigo o un grupo de personas, o una actividad o interés les satisfaga todas las necesidades no cubiertas por la pareja faltante, se pondrán muy tensos, ansiosos, hostiles e inseguros. Cada pequeño desaire, o aparente desaire, les dolerá mucho más que si estuvieran conscientes de lo que pasa dentro de ustedes. Esta conciencia los hará aceptar con alegría las satisfacciones sustitutas, sin llevarlos a esperar más de lo que puede esperarse. Por ende, evitarán la desilusión y la frustración.

No quiero dar a entender que el principio del placer puede desplazarse a otro cauce en su forma original; desde luego que no. Se transforma. El anhelo de lujos puede ser una de esas transformaciones, o el ansia por comer y beber. La conciencia plena de este desplazamiento aminorará la intensidad y la tensión, aun si la necesidad desplazada tiene que encontrar otra salida hasta que se le pueda satisfacer de la manera natural.

Tomemos un ejemplo más, suponiendo que su principal problema sea sacarse el mayor partido. En el curso de este trabajo han encontrado y disuelto su autoimagen idealizada, las seudosoluciones, etc. Por lo tanto, el pequeño y precario éxito que tuvieron antes se ve temporalmente disminuido. Ahora sienten que es más difícil que se afirmen porque las defensas ya no funcionan, pero no han encontrado aún la claridad para reconocer sus necesidades reales sin imaginar consecuencias nefastas y crear una culpa falsa. Ahora entienden que sus antes limitados logros no fueron una solución satisfactoria. Estas tareas, llenas de tensión y ansiedad, siempre fracasaron sin que ustedes vieran realmente por qué. Ahora lo saben. Pero todavía no están en la posición de expresar sus capacidades y talentos sin conflicto e incertidumbre. Se necesita un poco más de percepción interior y comprensión antes de que puedan hacerlo. En esta fase temporal, en la que se encuentran más frustrados que antes, las necesidades respectivas se quedan sin una salida. Inconscientemente, buscan un canal sustituto.

De nuevo, es importante que reconozcan varias necesidades conectadas con este tema de la autoexpresión vocacional. Aparte de la necesidad de ganarse la vida, que es la más obvia y la más fácilmente reconocida, hay otras: la necesidad de un logro creativo, la necesidad de gratificación y de autoestima, la necesidad del placer del logro, la necesidad de tener una responsabilidad y afrontar los retos, la necesidad de autoafirmación, así como la necesidad de cooperación e interacción. Con la condición de que una necesidad no predomine sobre las otras, todas ellas tienen su legítimo lugar y no deberían provocar culpa. Al no reconocer estas necesidades las desplazarán a una relación o actividad paralela. Como en el primer ejemplo, el desplazamiento mismo no puede dañar, con tal de que estén plenamente conscientes de él. Esto los salva de una sobrerreacción indebida, de tensión, frustración y del desorden y desequilibrio internos que siempre son el resultado de la falta de conciencia de sí.

Consideren sus actividades y relaciones actuales bajo esta luz. Identifiquen cualquier posible sobrerreacción, cualquier ansiedad duradera o recurrente, y otras emociones negativas. Luego examinen y sopesen las necesidades que yacen detrás de la actividad o relación. Entonces les será posible encontrar y determinar claramente el desplazamiento. Es especialmente importante que determinen hasta qué grado sienten que no deberían tener estas necesidades, y si están distorsionadas o no debido a la negación.

También es esencial que verifiquen las diversas capas de una sobreimposición y sustitución. Cuanto más experimenten estas diversas capas emocionalmente y entiendan su verdadero significado, más pronto ocurrirá la realización. Sin embargo, la no satisfacción de las necesidades no duele ni la mitad que creer, consciente o inconscientemente, que las necesidades frustradas son forzosamente dolorosas. Esta es una de las razones predominantes para reprimir las necesidades; creer que de ese modo dejarán de existir. Al reprimir las necesidades, suponen que el dolor imaginado de la frustración se eliminará. En realidad, el desplazamiento y la sustitución dan como resultado un sufrimiento mucho más severo y amargo que el que produce la admisión relajada de una insatisfacción.

Consideremos ahora la posibilidad de las diversas capas de la sustitución. Originalmente existe la necesidad. Esta es una capa. Pero ustedes pueden—inconsciente o semiconscientemente—sentir que, como personas maduras y buenas, no deberían tenerla. Por lo tanto, niegan su existencia. Esta negación es la siguiente capa. Para que la negación surta efecto, producen su opuesto exagerado. No sólo tratan de convencerse de que la necesidad no existe, sino que lo “demuestran” haciendo hincapié en lo opuesto. Esto, entonces, se vuelve compulsivo. Esta es la tercera capa. Como resultado adicional, se producen el resentimiento y la insatisfacción: la cuarta capa. La quinta es la culpa por el resentimiento. En la sexta hay confusión porque no pueden lidiar con todas estas emociones poderosas, que son el resultado de negar la necesidad o el sentimiento original.

El desplazamiento, como dijimos aquí, es horizontal, por decirlo así. Una capa cubre la otra. El desplazamiento vertical sustituye una forma de autoexpresión con otra.

La compulsión es el resultado de los desplazamientos tanto verticales como horizontales. La intensidad de la preocupación que resulta de ambos desplazamientos se aplica a ambas formas. Si tienen miedo de ser rechazados en el amor y, subsecuentemente, desplazan esa corriente de energía específica al canal del éxito vocacional, el más leve o imaginado rechazo en su carrera duele infinitamente más que un rechazo real en su relación.

Necesariamente, al hablar de este tema sobresimplificamos. Cuando se trata de la dinámica de la psique humana, deben tomarse en consideración muchos detalles. Ya no es cuestión de una negación o una admisión clara. La conciencia suele encontrarse en algún lugar intermedio; una situación a medias, lo que no es más satisfactorio que una falta completa de conciencia de estos procesos.

Si se encuentran en una situación confusa o complicada, examínense desde el punto de vista que ofrecemos. Reconocer sus necesidades—aunque todavía no puedan distinguir entre las necesidades distorsionadas y las necesidades y actitudes emocionales sanas—, pero reconocerlas para bien o para mal, seguramente traerá alivio a la situación complicada de excesiva intensidad y emociones dolorosamente torcidas y en conflicto. Pueden tratar con todas sus fuerzas de entender una situación dolorosa y complicada analizándose a sí mismos y a la otra persona, pero mientras no encuentren paz, pueden estar seguros de que algo se ha desplazado.

Ver esto una y otra vez, en mayor o menor grado con todos ustedes, amigos míos, vuelve este tema de especial importancia. Independientemente de la buena voluntad que tengan y de cuán sinceramente se esfuercen, muchas veces todavía no ven en la dirección correcta. Gran parte de lo que les digo constantemente se olvida cuando más se necesita.

Hace poco hablé del tema de la transferencia. Desde luego, la transferencia es también una forma de desplazamiento o sustitución. Pero el fenómeno de las emociones transferidas suele no reconocerse en todo su significado y detalle. Las necesidades desplazadas son transferidas tal como uno podría desplazar, o transferir, a otra persona, los sentimientos que originalmente tuvo hacia uno de los padres. En la conferencia sobre la transferencia dije que es necesario determinar un sentimiento negativo hacia una persona, que es persistente y no puede resolverse descubriendo que originalmente ustedes tenían el mismo sentimiento hacia un padre, pero no se atrevieron a reconocerlo. En el momento en que se permitan sentir el sentimiento original hacia el padre o madre en conexión con la persona nueva, la situación negativamente complicada debe desaparecer. Mientras tanto, han crecido considerablemente en el proceso de enfrentar la verdad dentro de ustedes. El mismo mecanismo funciona con las necesidades y los sentimientos desplazados.

¿Tienen preguntas para mí?

PREGUNTA: Tengo la sensación de que, debido a mi niñez, tengo una codicia infantil que se manifiesta en la necesidad de una consideración especial. ¿Estoy desplazando, o sobreimponiendo, esta necesidad original?

RESPUESTA: Sí. Tienes mucha razón. Negaste completamente esta codicia infantil hasta hace poco, cuando te fuiste por la borda al negarte toda gratificación y realización. Te sientes muy culpable, no sólo por esta parte aún subdesarrollada de ti en la que existe la codicia infantil, sino también por el deseo legítimo de recibir. Te sientes tan culpable por una cosa como por la otra. El hecho de que ahora puedas hacer esta pregunta revela un tremendo paso hacia delante, y una nueva y vasta apertura de tu percepción de ti mismo, de tu clarificación. Esto resultará ser de mucha más importancia de lo que crees en este momento. Es, de hecho, un umbral.

PREGUNTA: En una relación con una persona nueva, ¿cómo puede uno estar seguro de que no está haciendo una transferencia de uno de los padres?

RESPUESTA: Uno sólo puede estar seguro si examina sus sentimientos e identifica los paralelos, las similitudes de las reacciones. Pero no hay que rehuir una relación porque también puede contener elementos de emociones transferidas. No sólo puede uno crecer en una relación así, sobre todo si está alerta a sí mismo, sino que usualmente existen sentimientos espontáneos hacia la persona nueva, que pueden hacer que la relación sea gratificante para ambos. En la medida en que uno se reconozca a sí mismo, en esa misma medida será más real la relación y menos se repetirán los patrones viejos.

También te aconsejaría que examinaras tus motivaciones inconscientes con respecto a esta pregunta. Tal vez hayas esperado escuchar que la relación con alguien es, efectivamente, sólo una transferencia, y que por lo tanto no sirve. Esa respuesta podría haberte simplificado, aparentemente, ciertos temas perturbadores.

Aunque no es enteramente nuevo, este tema puede abrir más puertas para mis amigos que la introducción de un tema nuevo en este momento. Es esencial que todos ustedes trabajen con este material.

Los dejo con bendiciones amorosas y cálidas para cada uno de ustedes a su propia manera, y también para los que lean esta conferencia. Que todos reciban y sientan este amor, aun cuando algunos—debido a sus problemas actuales y a sus complicaciones que los vuelven temporalmente ciegos—no se den cuenta de lo mucho que estoy con ustedes y para ustedes. Sean benditos, queden en paz, queden en Dios

Dictada el 10 de enero de 1964.