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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 127. Las cuatro etapas de la evolución: reflejos automáticos, conciencia, entender, saber

Saludos, mis muy queridos amigos. Bendiciones para cada uno de ustedes. Bendita sea esta hora.

Como siempre, esta primera conferencia del año indicará la fase en la que va a entrar el Pathwork durante la siguiente temporada de trabajo, el trabajo general y la parte que se va a destacar.

La mejor manera de empezar esta conferencia es hablar de ciertas fases generales de la evolución en la conciencia humana. Hay cuatro fases claras. Estas interactúan y se traslapan, y cada una tiene muchas subdivisiones, grados de intensidad y variaciones. En este punto, no necesitamos entrar en detalles; más bien buscamos tener un panorama general.

La fase más baja de la conciencia humana es el automatismo. En ella, las personas responden de acuerdo a reflejos automáticos: reacciones emocionales basadas en conclusiones equivocadas y generalizaciones, todas ellas fuertemente impresas. Todo lo que hemos examinado en las conferencias sobre imágenes muestra que las personas responden ciega y automáticamente.

Cuanto más liberados están en algunas áreas de su personalidad, más tratan de racionalizar y explicar estas reacciones ciegas, de convencerse de que se basan en la libertad de elección y no en la compulsión; en la razón y no en la emoción. Cuando el desarrollo general es más primitivo, este autoengaño es menos necesario

El automatismo ciego siempre es el resultado de la renuencia a enfrentar cierto material. Esto se aplica a todos, a algunos mucho más que a otros. Incluso las personas comparativamente evolucionadas, que están activamente interesadas en su desarrollo, tienen áreas en las que su conciencia está empañada. No son libres y responden inconscientemente, sin saber jamás por qué actúan, reaccionan, piensan, sienten y opinan como lo hacen. Esta falta de conciencia crea la autoenajenación, paraliza la creatividad e impide el amor. Reprime la capacidad de dar y recibir placer y alegría. Limita los maravillosos potenciales del espíritu y la vida humanos. Produce todo esto en el grado en que uno carece de conciencia de sí mismo.

En cualquier camino real de desarrollo, independientemente de su enfoque, las áreas en las que son automáticos y carecen de libertad deben revelarse.

La siguiente fase en esta escala de evolución es la conciencia, pero ésta no es en modo alguno la etapa más elevada. Hay dos que son superiores. Pero examinemos primero la definición de conciencia. En este contexto, tiene que ver con el descubrimiento de los reflejos ciegos. Todos los subterfugios, las racionalizaciones, las explicaciones, las justificaciones, los autoengaños que sirven para negar el automatismo deben ser implacablemente expuestos, investigados y desechados hasta quedar frente a frente con el reflejo ciego mismo. Cuando esto ocurre se dan ustedes cuenta del automatismo; por consiguiente éste deja de existir. No necesito decir que lo logran primero en áreas específicas y que conservan el automatismo ciego en otras, hasta que llegan a fases mucho más avanzadas de su desarrollo personal. Nunca sucede que un individuo dé un solo paso para ir de un estado al siguiente en todos los sentidos.

La transición del automatismo a la conciencia es uno de los pasajes más difíciles que deben hacer. Es muy raro que admitan que están movidos por miedos irracionales, supersticiones, generalizaciones y situaciones obsoletas que no tienen relevancia en el presente. Esto va en contra de su vanidad, pues les gustaría verse más evolucionados y libres de lo que son. Cuanto más tiempo nieguen lo que es, más sufren. Con frecuencia, este sufrimiento innecesario es lo que finalmente los lleva a la autohonestidad. El sufrimiento pudo haberse evitado si no fuera tan grande su vanidad.

Conciencia significa el reconocimiento de las propias limitaciones, el cuestionamiento de las conclusiones equivocadas, de las emociones destructivas, de los recursos contraproducentes, de la falta de integridad en el sentido más amplio posible. Esto es difícil sólo porque miman sus resistencias y sus miedos, y porque son tan renuentes a dejar de presentarse como si fueran más de lo que creen que son.

La etapa de conciencia significa esencialmente darse cuenta plena del error, de la desviación de la verdad. En el momento en que saben que son movidos por ideas falsas, ya no operan con un automatismo ciego. Esta comprensión exige valor y el cultivo de la voluntad interior.

En proporción con el grado de conciencia que adquieren, los reflejos ciegos cesan y llegan ustedes al entendimiento. A primera vista, se preguntarán cuál es la diferencia. Hay una diferencia muy grande. Tomemos el ejemplo de la hostilidad. Primero, en la etapa del automatismo ciego, la hostilidad bulle en el alma de la persona. De acuerdo con la formación del carácter, con el tipo de imagen del individuo y con varios otros factores, uno hará cualquiera de estas dos cosas: o bien expresará impulsivamente esta hostilidad y agredirá a otros, muchas veces sin darse cuenta siquiera, o encontrará “buenas razones” para hacerlo. O bien, suprimirá y reprimirá la hostilidad y la volverá contra sí mismo. En ninguna de las dos alternativas hay conciencia de la hostilidad, porque la persona no desea admitirla. Por lo tanto, estas personas son movidas por ella a un automatismo ciego que prefieren racionalizar. En el momento en que se enfrentan plenamente a la hostilidad, volviéndose conscientes de ella, detienen el automatismo. Pero esta etapa no significa todavía que entienden la hostilidad que ahora saben que tienen, aunque podrían ver lo que ésta los lleva a hacer y cómo reaccionan debido a ella.

Entender la hostilidad significa entender por qué existe, qué la llevó a su vida; qué condiciones la crearon y qué condiciones existen ahora, siempre que la hostilidad hace erupción. ¿Cuáles son las similitudes aparentes y reales entre las condiciones originales y las actuales? ¿Cómo se relacionan éstas en su psique? ¿Cómo se relacionan—si se relacionan—en la realidad? ¿En qué suposiciones falsas se basa la hostilidad? Entender aquello de lo que uno se ha vuelto consciente significa experimentar profundamente las respuestas a todas estas preguntas. Sin embargo, estas respuestas no deben darse de una manera intelectual, como si aprendieran una lección de memoria. Deben producir una realidad profundamente vivida. Una vez que se ha llegado a la comprensión, el individuo está listo para abordar la siguiente fase.

Muchos de mis amigos en este camino reconocerán que nuestro trabajo en el pasado nos ha traído a la fase de entendimiento. El trabajo de cada persona varía, ya que en ciertas áreas pueden haber llegado al entendimiento—o incluso a indicios de la siguiente etapa—, mientras que en otras aún batallan contra la resistencia a encarar lo que hay detrás de los reflejos ciegos. Todavía falta la conciencia de que los reflejos ciegos los siguen gobernando en ciertos sentidos. Jamás puede decirse que una persona ha alcanzado, en su conjunto, una de las cuatro etapas mencionadas aquí, ni que esté aún completamente en la etapa más baja. Siempre es una mezcla, una combinación, en el caso de mis amigos que están en este camino.

Es muy importante que todos ustedes vean dónde están en cada una de estas fases. ¿Son conscientes de que siguen estando gobernados por un automatismo, a pesar de que han descubierto la imagen que lo causa? Es posible que descubran la imagen, y que, de todas maneras, sigan reaccionando ciegamente, sin saberlo. La percepción fugaz del momento en que se encontró la imagen se ha desvanecido y permanece sólo como un recuerdo. En otras palabras, se ha convertido en un conocimiento teórico; ya no está viva. Tendrá vida otra vez sólo cuando observen, reconozcan y admitan que aún existe el automatismo.

Una vez que se ha adquirido la conciencia, no debe seguir siendo sólo eso. ¿Están cultivando el entendimiento de lo que han hecho consciente? Cuanto más lo hagan, menos obligados se sentirán a reaccionar ciegamente y menos probable es que recaigan.

La fase más alta en esta escala específica es saber. Hay una gran diferencia entre entender y saber. Entender significa verificar las causas y los efectos de los patrones negativos, de las emociones destructivas y de las ideas falsas. Significa entender que estos elementos son dañinos porque uno está, de alguna manera, inmerso en la ilusión y el concepto equivocado. Pero este entender no es lo mismo que saber. Empleo con conocimiento de causa el término “saber” y no “conocer”, pues el conocimiento es algo mucho más vago, general y árido. No hablo de conocer. Hablo de saber la verdad. Cuando saben la verdad, entienden perfectamente la causa y el efecto de las imágenes y de los conceptos erróneos. Saben cuáles son las conclusiones correctas detrás de las equivocadas. Y son siempre, y exclusivamente, los conceptos erróneos los que hacen estragos y causan desarmonía e infelicidad. Ninguna otra cosa puede producir eso.

Cuando saben profundamente el concepto verdadero, la verdad específica detrás del error específico que están empezando a entender, algo empieza a suceder dentro y alrededor de ustedes. Saber no es un entendimiento teórico. Es experimentar la verdad. Saber la verdad detrás de la falsedad debe conectar al que sabe con los grandes principios y leyes espirituales. Saberlos abre el mundo.

Saber los principios divinos puede lograrse sólo mediante una experiencia sumamente personal de la falsedad que hasta ahora ha nublado el camino a esa verdad específica. Estudiar las teorías, o incluso leer la más grande literatura del mundo—incluso la literatura espiritual—, no puede llevarlos a saber la verdad. Saber la verdad significa atravesar personalmente las etapas de la evolución que acabo de describir.

Significa volverse conscientes de los reflejos ciegos; entender por qué existen y qué causan; saber la verdad detrás del automatismo causado por conceptos erróneos específicos. Cuando el camino se toma de esta manera, cuando los lleva a su interior más profundo, el universo interior y personal revela los principios y las leyes espirituales de la creación, del universo en su conjunto.

Saber la verdad por medio de la experiencia personal tiene un efecto sanador en ustedes y en todo su ambiente. Cuando finalmente saben la verdad, tienen la clave de todo el universo. Si saben una verdad, saben toda la verdad.

Al principio de esta fase, llegan a saber la verdad apenas en casos aislados, sólo para perderla otra vez, hasta que la recuperan y finalmente la pierden con menor frecuencia. El movimiento en espiral que se experimenta en otras fases del Pathwork ocurre aquí también. Entender trae consigo un alivio de la tensión, del miedo y de la ansiedad. Infunde esperanza: no un pensamiento fantasioso, no un soñar despierto en un milagro, vagamente deseado, que traerá la salvación, sino una esperanza realista, justificada porque se les presenta un camino claro, una posibilidad concreta, de escoger la liberación.

Saber la verdad significa estar ya en posesión de la llave. Significa dominio. En la evolución de un solo punto de saber llega un momento en que éste se vuelve omnisciencia, ya que toda la creación converge en un punto. No importa dónde empiecen. Lo múltiple termina en la unidad, que comprende todas las muchas partes. De ahí que saber una verdad real y plenamente es saber toda la verdad, siquiera sea por un instante.

Algunos de mis amigos han dado los primeros pasos hacia el umbral de saber; ahora pueden trasponerlo. Otros seguirán después. No importa cuándo. No deben medir quién va adelante. Jamás pueden medirse ustedes contra otro. Deben encontrar sus propias mediciones internas; olviden las comparaciones.

Saber la verdad significa tener dominio sobre el universo. Esto es sanador y trae orden. Cuando saben la verdad, algo empieza a suceder en las fuerzas cósmicas que los rodean. Cuando se aferran a ideas falsas su mundo personal se desordena. Nuestros esfuerzos en común para descubrir la falsedad que causó el desorden y la destrucción los ha llevado a familiarizarse con este hecho. El equilibrio se rompe; el conflicto y la confusión perpetúan la reacción en cadena. La ilusión y el concepto erróneo crean una dualidad que parece una escisión arbitraria de conceptos. A esto le siguen más confusión, conflicto, emociones, pensamientos y acciones destructivos. Todo esto es territorio conocido; por lo menos en teoría, si no siempre todavía en la experiencia interna. En el momento en que sepan la verdad detrás de la ilusión, los conceptos divididos empezarán a sanar; los trastornos psíquicos empezarán a equilibrarse; la confusión, el desorden y el conflicto darán lugar al orden y la unidad. Esto crea sentimientos, conceptos y opiniones realistas y benignos, y sus acciones correspondientes. Ha tenido lugar el cambio porque ya no encuentra resistencia. Ahora es bien recibido y no aterrador.

Entender la verdad significa mucho, pero todavía no lleva a más cambios constructivos. Saber la verdad vuelve al cambio orgánico, inevitable y tan natural que no podría ser de otro modo. Saber realmente la verdad despeja la niebla; unifica contradicciones aparentes y demuestra que no hay nada que temer. Las desavenencias se reconcilian, la enfermedad se cura y el crecimiento vence al estancamiento; prevalece la calma ahí donde la inquietud frenética creó un movimiento excesivo.

Ahora me gustaría dar un ejemplo sencillo del valor sanador de saber la verdad, para que mis palabras sean más prácticas. Cuando lidian con sus congéneres y se sienten confundidos acerca de sus acciones y motivos, se crea una desarmonía. Aun si se abstienen de pelear, no saber qué los motiva crea una nube de inquietud, oscuridad y desarmonía que hasta el individuo más insensible puede sentir con claridad. Sin embargo, cuando saben de verdad qué motiva a los otros, pueden emanar una serena sabiduría, que debe de tener un efecto, hablen ustedes o no de ello; lleven o no lo que saben a la atención de la otra persona. Saber la verdad detrás de las acciones confusas de la otra persona les permitirá intuitiva y espontáneamente determinar cuándo hablar y cuándo permanecer en silencio, cómo hablar y cómo estar callados. Simplemente entender los motivos de otros—su verdad—no les dará esta facultad. Simplemente entender es, desde luego, mejor que no entender, pero eso no les impide equivocarse de ciertas maneras. Todavía no sabrán usar las directrices finas y sensibles que uno necesita aportar con su saber, en el momento indicado y de la manera indicada.

Con frecuencia he señalado que los que no se entienden no pueden entender a otros. Los que no se aman y se respetan no pueden amar y respetar a otros. Lo mismo se aplica al saber. Los que no saben la verdad detrás de su falsedad no pueden saber nunca la verdad detrás de las confusiones de otra persona. El saber y el poder relacionarse verdaderos eliminan toda la confusión.

Estoy seguro de que la mayoría de mis amigos han experimentado momentos como los que describí en el ejemplo, aunque con seguridad no muy a menudo. Tal vez hayan vivido u observado ocasionalmente este saber en otra persona. Quizás intuyeron vagamente cuál era su significado, pero ahora pueden estar mucho más conscientes de este fenómeno cuando se lo encuentren. Si recuerdan haberlo encontrado en otra persona hacia ustedes, verán que este saber no los asustó. Todo lo contrario. Se sintieron tibios y cómodos en él. Quizás, en ese momento, no pudieron definir ni analizar la experiencia con palabras, pero cuando reconstruyan ésta y sus reacciones ante esas situaciones, verán que es así.

Este saber sólo les puede llegar cuando lo alcanzan para sí mismos, desde sí mismos, por medio de sí mismos y dentro de sí mismos. Esta es la batalla que lleva de los reflejos ciegos que gobiernan a absolutamente todos los seres humanos—incluso a mis amigos que ya están en este camino—a la conciencia, por grados; a entender, por grados; a saber, primero en ocasiones aisladas. Saber es sanar, saber es armonía, y saber es un dominio completo sobre el universo.

Aquí, amigos míos, llegamos a una de las mayores contradicciones aparentes, que puede resolverse sólo por medio del saber. Me refiero a la confusión que tiene que ver con controlar y soltar. Algunos de mis amigos han hecho en este camino sus primeros intentos afanosos de comprender el principio o movimiento del alma que combina el controlar y el soltar. Allí donde se sabe la verdad, no hay contradicción. Pero donde la ilusión y los falsos conceptos crean una dualidad, se produce un desequilibrio: el control existe donde se le debe soltar, y el soltar existe donde se necesita el control.

El control mal entendido y mal aplicado consta de voluntarismo, corrientes forzantes, codicia infantil, la incapacidad de tolerar la frustración, el retraimiento temeroso, la tensión, la necesidad compulsiva de manipular, la incapacidad de perder. Ninguno de estos factores es el control al que me refiero cuando hablo de la verdadera individualidad que domina el universo. Cuando esta última existe debe renunciarse por entero al tipo equivocado de control, el del pequeño ego. Hay que soltarlo antes de que pueda llegar el control verdadero, en un sentido más alto y más amplio. El verdadero control llega cuando se suelta el control; cuando se corre el riesgo aparente de flotar sin manipular a nadie ni nada. Desde luego, esto parece una contradicción, amigos míos. Pero todos los principios espirituales, cuando están envueltos en la limitación del lenguaje humano, parecen contradicciones, ya que todas las leyes divinas contienen dos principios complementarios—el masculino y el femenino—en el sentido más amplio posible. No se excluyen entre sí, sino que coexisten en todas las partes de la vida.

Pero no son sólo las limitaciones del lenguaje humano lo que hace que los principios unitivos parezcan contradictorios. Es mucho más el hecho de que su retraimiento temeroso de la vida produce una falta de entender y de saber. Mientras se retraigan con temor, sin querer correr el riesgo de soltar el control, mis palabras podrán malentenderse fácilmente. Cuando hablo del dominio del universo y de renunciar al control a fin de obtenerlo en un sentido más elevado, estoy explicando uno de los pasos más esenciales hacia el destino de todos los seres creados.

Sólo en un camino que lleve de los reflejos ciegos al saber puede uno entender verdaderamente que primero se debe renunciar al control a fin de obtener un control interno relajado que proviene de las profundidades interiores: del plexo solar y no de la mente. Y deben ejercer el control allí donde están perdidos ahora; donde buscan a tientas y se aferran con fuerza porque están movidos por necesidades ciegas, por compulsiones no entendidas, por pensamientos, suposiciones, reacciones y acciones que deben aprender a controlar cuando saben la verdad.

Existe una confusión similar con respecto al egocentrismo versus el altercentrismo. El egocentrismo puede ser un sentimiento de importancia personal infantil en la que esperan que todo el mundo gire alrededor de ustedes. Puede ser una forma de egoísmo. Pueden experimentarse a sí mismos de una manera esencialmente diferente, más alta o más baja, que a los demás, y distinguirse con una autovaloración poco realista.

Esta forma egoísta de distorsión automáticamente produce una forma distorsionada de altercentrismo. Los individuos dependen para todas sus opiniones, metas, ideas, ideales e incluso sentimientos de lo que otros proclaman; o de lo que piensan que el mundo espera que sean. Este altercentrismo equivale a perder el ser. Es una autoenajenación.

El tipo correcto de egocentrismo es lo opuesto de la autoenajenación. Encuentra su centro de gravedad en lo más profundo del ser, y deriva sus valores, sus metas, sus ideas y sus acciones de su interior, asumiendo la responsabilidad de ellos, y por ende, aumentando su integridad y su respeto por sí mismo. Pero esto exige el trabajo de asumir conscientemente el control al escoger los propios puntos de vista, y correr el riesgo de renunciar al control al quedarse solo y a merced de la desaprobación de otros. Cuando uno deja de manipular sus sentimientos a fin de controlar y manipular a otros, será egocéntrico en sentido de vivir desde el ser real. Esto resulta orgánicamente en el equilibrio apropiado entre el egocentrismo y el altercentrismo. Otros merecen la misma consideración que el ser. Se puede apreciar, amar y estimar a otros tanto como a uno mismo, pero nunca a costa de ser falso con el ser.

El egocentrismo sano está en un extremo de la escala; el altercentrismo sano, en el otro. Si invierten uno para que se convierta en una distorsión infantil malsana, el otro seguirá su ejemplo. Lo mismo puede decirse de controlar y de soltar.

Cuando trasponen el umbral de entender a saber, encuentran la profunda experiencia y percepción del egocentrismo y del altercentrismo correctos y sanos, así como el control y el soltar correctos y sanos. Cuando estas dos tendencias se perciben, se experimentan y se viven interiormente, no hay límite a su expansión, su libertad, su experiencia de la gloria de ser. Cuando trasponen este umbral, todas las contradicciones se convierten en un todo complementario, que no sólo entienden, sino que saben y viven. Por ejemplo, deben volverse capaces de vivir de una manera menos que perfecta, hasta que la felicidad perfecta sea posible. Cuando desean mayor autoexpresión, para la felicidad más grande de ustedes y de otros, esto debe ocurrir con un espíritu enteramente libre, no por un deber, a fin de evitar lo que temen, a fin de mimar una debilidad. Cuando ya no deseen la felicidad a fin de evitar la infelicidad, habrán alcanzado el punto fino de un equilibrio apropiado del control, y habrán obtenido poderes cada vez mayores sobre su propia vida como parte integral de la creación.

¿Tienen preguntas que hacerme?

PREGUNTA: Creo que he tenido vislumbres de lo va a venir cuando he estado cerca del umbral entre entender y saber. Tal vez pueda usted decirme algo acerca del miedo, el retraimiento y la renuencia que siente uno, aunque sepa que hay un saber más allá de ello y sepa también que es algo grande, pero sin embargo lo rehúye.

RESPUESTA: Muy aparte de los muchos factores psicológicos que encontramos una y otra vez en este trabajo—y no tengo que enumerarlos en este momento—hay un miedo y una renuencia mucho más fundamentales y abrumadores que se aplican a todos los individuos: el miedo a ser. El miedo a ser significa miedo a la vida, a la muerte, al amor, al placer, al riesgo, al cambio, a la pérdida, a lo desconocido, al dolor, a la confianza, a soltar el control y miedo al ser. Este último miedo incluye aciertos y equivocaciones en conflicto, o aparentemente en conflicto, así como emociones, sentimientos, reacciones, impulsos, necesidades y expresiones aparentemente buenos y malos. El miedo a ser comprende todo esto. Y mientras no entiendas el significado de este miedo, no puedes saber lo que hay detrás de él. Por lo tanto, no puedes vencerlo, ya que detrás de este miedo yace el umbral más grande de la evolución a la que este camino, o cualquiera que sea verdadero, debe llevar al individuo, y ese es: flotar con las fuerzas universales, no oponerse a ellas, y por consiguiente, dominarlas. Los conceptos humanos crean una dualidad aquí, un “o esto o lo otro”. Sientes que, o tienes el control, y entonces debes manipular a la vida, al mundo que te rodea, a tus propias fuerzas más vitales y creativas; o bien te sientes perdido y en peligro. De esta manera, no puedes llegar a ser. No entenderás que ser y dominar—o para decirlo de un modo diferente, actividad y pasividad—no sólo no son mutuamente excluyentes, sino que están interconectados y son interdependientes.

El miedo a ti mismo se vuelve tanto más difícil de vencer porque muchas veces no temes tu lado oscuro real, sino lo que crees que éste es. Con demasiada frecuencia consideras inaceptable lo mejor que tienes para dar mientras que la parte más destructiva puede gobernarte sin que te des cuenta de ello. Como tienes miedo de tu lado oscuro, no te atreves a verlo y te aferras con demasiada fuerza a ti mismo. Te niegas a soltar, a correr riesgos. Mientras tengas miedo de ti, tendrás miedo de la vida, de la muerte, del amor… y todo lo demás. Tendrás miedo de ser, porque tienes miedo de tu propio ser.

Esta conferencia es muy importante. Cuanto más participes y saques a la luz tu propia confusión, más suave será tu camino al atravesar estas cuatro etapas. Mientras tanto, trata de descubrir dónde y cómo sigues inmerso en el automatismo; dónde estás consciente; dónde entiendes; y hasta qué grado te acercas al umbral que lleva al cuarto estado: saber. La manera de determinar esto es que veas cómo te sientes a este respecto. El automatismo te hace sentir desolado, desesperanzado, deprimido, ansioso, temeroso, sin vida, aburrido, hastiado de ti mismo o de otros, obligado a hacer, decir, pensar y sentir cosas que desapruebas. La conciencia elimina estos síntomas y, mientras permanece, induce el alivio, liberando así ciertas energías. Pero todavía no es cuestión de cambiar. Ni siquiera puedes ver aún dónde y cómo es posible el cambio. Entender te da esta perspectiva. El saber la ha logrado y la logra constantemente, ya que vivir de verdad nunca tiene un final definitivo. Es un crecimiento constante hacia más experiencia y autoexpresión. Por lo tanto, el saber constante efectúa un crecimiento constante.

Cuando evalúes en qué punto estás, no dejes que te gobierne el conocimiento exterior, ni los reflejos ciegos, que pueden volverte demasiado modesto o tentarte a la autoglorificación. Escúchate profundamente, pon a prueba diversos aspectos de tu vida enfocándote sólo en ciertas reacciones interiores. Las distintas facetas de tu personalidad han llegado a fases diferentes.

Que su trabajo los lleve a todos más cerca de saber. Que algunos de ustedes den los primeros pasos para trasponer este umbral. Tienen toda la ayuda y la guía que necesitan. Las fuerzas espirituales son infinitamente más reales y poderosas de lo que ninguno de ustedes cree. Pero estas fuerzas benéficas no pueden ni deben hacer más que sostener sus propios esfuerzos. La iniciativa de crecer siempre debe venir de ustedes, en cada etapa de su viaje ascendente. Hay muchos medios para trabajar hacia esta meta, y deben emplearlos todos. Una de las herramientas más constructivas en este camino, que ninguno de ustedes puede darse el lujo de descuidar, es la relación con otros, que les servirán de espejo. No puedo insistir demasiado en lo eficaz que resulta trabajar con otros. Mucho material valioso puede derivarse de este enfoque. No importa el grado en que otros tengan sus propios reflejos ciegos. Siempre serán un buen espejo para ustedes. No rehúyan estas interacciones.

Este año por venir va a ser crucial para cualquiera de ustedes que persevere en la tarea de la autobúsqueda. Sean benditos. Reciban la cálida fuerza que fluye a ustedes, envolviéndolos y abrazándolos. Queden en paz. Queden en Dios.

Dictada el 2 de octubre de 1964.