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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 129. Ganador versus perdedor: interacción entre el ser y las fuerzas creativas

Saludos, mis muy queridos amigos. Dios bendiga a cada uno de ustedes. Bendita sea esta conferencia.

La última vez hablamos de los arbitrarios conceptos de “esto o lo otro” que todos los seres humanos albergan. Son los cercos mismos que los mantienen prisioneros. Ahora quiero examinar una de sus mayores limitaciones, uno de los más comunes conceptos de “esto o lo otro”: la actitud hacia la vida de ganar versus perder. De acuerdo con este concepto, ser ganador significa ser implacable, egoísta, pisotear y triunfar sobre otros y minimizarlos. No hay lugar para la consideración, la bondad o la conmiseración. Si estas emociones se permitieran, uno temería volverse un perdedor. Ser un perdedor significa ser generoso, abnegado, bondadoso, amable y considerado. Algunas personas adoptan una alternativa, otros, la otra, pero todos temen las consecuencias de la elección contraria. Ninguna de las dos opciones es “mejor” o “peor” que la otra: ambas contienen el mismo error conceptual, y los resultados de ambas son la soledad, el resentimiento, la autoconmiseración, el autodesprecio y la frustración.

Cuando dos personas involucradas en una relación han adoptado opciones opuestas, la relación estará tan cargada de fricción hasta el punto de la desesperanza. Cada uno resiente en el otro lo que él o ella teme y combate en sí mismo. El “ganador” teme los impulsos de afecto genuino tanto como la debilidad y el deseo de dependencia. El “perdedor” teme los resentimientos y los impulsos egoístas porque la lucha por la bondad de acuerdo con conceptos falsos y limitados, y las rígidas reglas externas—especialmente cuando se combinan con seudosoluciones privadas—pueden producir una necesidad de aprobación total por parte de otros. Así, el “perdedor” puede ser incapaz de tolerar cualquier forma de crítica, aun si es injustificada. Lo que estos dos más resienten en el otro es su propia tendencia oculta hacia la opción contraria.

La mayoría de los seres humanos alberga este concepto falso, por lo menos en cierta medida. Algunos lo experimentan como un clima general en su vida, y otros sólo en ciertas áreas. Tienen un sentimiento vago que, traducido en palabras concisas, sería: “Si no puedo tener lo que quiero, pierdo”, o “A fin de no perder, debo ser duro y despreciar a los demás”. Este último está convencido de que a final de cuentas también va a perder, a menos que esté dispuesto a sacrificar la necesidad de calor humano, aprecio y amor. Éste es un precio alto que pagar, aun si fuera verdad que entonces uno ganaría. Pero como uno nunca se permite relajarse, bajar la guardia, soltar, el “ganador” no puede experimentar que el sacrificio del calor humano está motivado por una idea falsa. El “ganador” cree que hay una oportunidad de ganar a costa de paralizar el propio ser. Como éste no es un camino que conduzca a la victoria, la negatividad aumenta y uno empieza a dudar de sí, de su fuerza, de su suficiencia.

En de gran importancia en esta fase del Pathwork detectar el sutil clima que los hace suponer, anticipar y, por lo tanto, o pelear de una manera improductiva contra perder, o resignarse a ello. ¿Sienten que tienen que ser el cruel, a fin de no ser el pobre estúpido? ¿O se resignan a este último papel, enorgulleciéndose de su decencia, mientras que se trata tan sólo de que no se atreven a desafiar al mundo y las reglas que parecen decretar que la bondad significa privación? En ambas actitudes, la culpa y la incertidumbre son inevitables. El “ganador” le hace demandas extenuantes a su ser que no sólo son imposibles de realizar, sino que son destructivas para todos los interesados. El “perdedor”, por otra parte, le hace demandas al mundo y a otros para recompensar a su ser por la felicidad sacrificada. Como el “perdedor” no sale a buscar su propia realización, otros deben obtenerla por él y ofrecérsela como recompensa por su autosacrificio y su “bondad”. Esta demanda no puede ser satisfecha.

Este concepto de “ganar o perder” es trágicamente incorrecto. Es tan innecesario. Es trágico porque lo que creen profundamente debe parecer que es cierto, ya que han empezado a moldear su comportamiento de acuerdo con esta creencia. Como ya lo saben, las imágenes siempre aparecen para confirmar sus conclusiones equivocadas. Ya sea que sacrifiquen la decencia humana a fin de ganar sus derechos y realizaciones, o que sacrifiquen estos últimos para ganar lo primero, siempre perderán.

La creencia de que sólo existen estas dos alternativas es errónea y muy limitante: es efectivamente posible afirmar sus derechos y buscar lo que desean sin ser crueles ni privar a nadie de nada. De hecho, es necesario que busquen lo que desean. Pero cuando están convencidos de su conclusión errónea limitada, debe de hacerlos sentir culpables buscar lo que desean; de ahí que una sutil corriente del “no” pondrá barricadas en el camino.

Del mismo modo, es posible que renuncien ocasionalmente a su propia ventaja inmediata por el bien de un ser amado, sin renunciar para siempre a todos sus derechos y ventajas. Es efectivamente posible decirle “sí” a su propia felicidad sin decirle “no” a la consideración por otros. Cuanto más convencidos estén en todos los niveles de su ser de esta verdad, menos conflicto habrá entre las ventajas del ser y las de otros. Cuanto más abrazan la realidad y amplían su horizonte, más rompen la barrera que presenta la realidad como algo más duro y áspero de lo que realmente es. Las opciones de “esto o lo otro” arrojan una luz lúgubre sobre la vida. Ambas son pobres y, entre las dos, es imposible encontrar la decisión acertada. Ninguna alternativa es preferible. Descubrir que este tipo de elección no tiene que hacerse trae una increíble liberación de la culpa, la infelicidad, la frustración, de esperar impotentemente algo que otros nunca pueden brindar. Los libera de la debilidad y la dependencia, de la necesidad de minimizar a otros y triunfar sobre ellos. Cuando esta perspectiva más amplia de la vida es asimilada por su conciencia más íntima, la paz y la certidumbre deberán llenarlos.

A algunos de ustedes, amigos míos, les es posible sentir el sutil clima de la atmósfera oculta de “esto o lo otro”. El gran progreso en su camino los ha traído cara a cara con el clima que emanan. Aunque es muy claro, no será inmediatamente accesible a su conciencia hasta y a menos que hayan explorado las profundidades de su ser más íntimo.

Cuando hayan alcanzado esta conciencia y encontrado las áreas en las que dan por sentada la limitación a elegir entre dos opciones igualmente indeseables—y la resultante desesperanza de ganar u obtener satisfacción—entenderán claramente por qué están insatisfechos en ciertas áreas, por qué tienen dificultades y por qué la vida es tan difícil y está tan cargada de ansiedad. Es esta precisa idea falsa tan negativa lo que crea el sufrimiento. Traigan a la superficie la manera en que este concepto falso ejerce su influencia en ustedes. Traduzcan sus reacciones emocionales en palabras concisas. Analicen su significado y después comparen el resultado con las áreas de su vida en las que son más sanos y están más satisfechos porque están en la realidad.

Enfrentarse a la expectación interior de acabar como un “perdedor” de una manera u otra es un paso decisivo en la evolución de un individuo. La comprensión plena de su limitada perspectiva significa una transición interna importante, y el resultado es la renuncia a la opción limitada. Significa saber la verdad de que el amor y la autoafirmación pueden coexistir; de hecho, son interdependientes. Pueden entonces concebir las muchas otras opciones que tienen acerca de cualquier tema dado. Verán entonces que la verdad siempre ha existido; que buscar lo que debe ser suyo, sin titubeos ni culpa, y al mismo tiempo abrirse a la otra persona, ya no parecen contradicciones. De hecho, con seguridad experimentarán entonces que cuanto más se abren a su propia realización, más abrazan la de otros y están dispuestos a concedérsela. Y a la inversa, cuanto menos sienten que merecen su realización, y se cierran a ella debido a conceptos falsos, más impiden automáticamente la realización de otros. Entonces deben privar a otros a fin de satisfacerse, porque ¿cómo pueden darles la satisfacción que ustedes sienten que no tienen derecho de recibir? Después de esta transición específica, nuevamente experimentan la gran verdad que acaba con la exclusividad mutua. De una conciencia de “esto o lo otro” pasan a otra de plenitud e inclusividad.

Mi consejo es que examinen su conflicto ganador/perdedor como su actitud general hacia la vida, así como en áreas específicas de su personalidad. La tendencia de la Humanidad a escaparse de la realidad no suele basarse en el miedo de hacer frente a aspectos desagradables, sino, con la misma frecuencia y en un nivel más profundo, en el miedo de las personas a la felicidad, la realización y la plenitud de la vida. A fin de realizar la expansión personal y la autoexpresión con su concomitante dicha, es necesario explotar los propios recursos internos y descubrir el pozo de fuerza divina en lo más profundo de la psique, con toda su verdad y su amor. Sin embargo, esto les parece a muchos una empresa tan imposible y peligrosa que fingen que la vida es sombría e inútil, y se aferran a otros para que los sostengan y los salven, antes que renunciar a esta falsa salvación. Entonces pueden adularse pensando que son realistas, porque muchas veces parece más realista aceptar el sufrimiento y el dolor que permitirse vivir constructivamente y explorar la posibilidad de la felicidad, que con demasiada frecuencia se considera poco realista. Para un buen número de personas, es sumamente difícil enfrentar el hecho de que la vida podría ser significativa y bella, porque aceptar esto exige el valor de ver la verdad dentro del ser.

En la medida en que enfrentan y entienden la verdad, se convierten en creadores de su propia vida, dando continuidad así al proceso creativo del universo. No hay un límite a lo lejos que pueden llegar en su expresión de la belleza, la sabiduría, la felicidad, la realización y la productividad… para ustedes y para otros. En el grado en que se liberan de los conceptos de “esto o lo otro”, el miedo da lugar a la verdad, y ustedes se expanden. Los procesos de su vida psíquica se extienden, su individualidad se estira y expresa la belleza potencial de la vida. Su disposición a expresar el proceso dinámico de la vida en su maravilla y dicha debe de hacer de esta última una realidad, pues se han vuelto receptivos a la verdad.

Para hacer esto es importante entender y expresar el equilibrio adecuado entre el ser y los poderes universales que constantemente están en acción en cualquier proceso creativo. ¿Cómo interactúan con el ser? ¿Hasta que grado está comprometido el ser? ¿Hasta qué grado están comprometidos los poderes universales? Este equilibrio es esencial para el proceso creativo, ya sea la creación de un ser vivo, la creación de arte o ciencia, de una relación, o la manera, el estilo y la atmósfera de su destino personal. Dondequiera que tiene lugar la creación, los poderes universales deben estar en acción.

La gente suele confundirse a este respecto. Siente que sin estos poderes creativos, nada valioso puede llegar a existir. Por otra parte, todas las filosofías iluminadas enseñan que los hombres y las mujeres son los dueños de su destino y deben crear su vida de acuerdo con sus inclinaciones personales. La felicidad o la infelicidad es el resultado de la personalidad, de creencias, actitudes y conceptos. De nuevo, están confrontados con un “esto o lo otro”: creen que deben elegir entre hacer caso omiso de estos poderes creativos y confiar en la mente y la voluntad exteriores, que no pueden llegar muy lejos, o no confiar para nada en el ser, y exteriorizar los poderes universales en una deidad exterior, que inevitablemente los decepcionará. Ambas alternativas son desalentadoras, porque son el resultado de malentendidos, exclusividad y limitación, y resultan además en la incapacidad de confiar en el ser o en Dios. El equilibrio entre la mente autodirigida y los poderes universales creativos se rompe en el momento en que la opción se vuelve un asunto de uno versus el otro.

A fin de comprender el equilibrio apropiado, es necesario entender la función de ambos. La parte del ser es querer lo correcto y constructivo. No hablo en términos moralistas. Me refiero a cualquier simple realización humana que anhelen profundamente. Se supone que deben experimentarla, pero no pueden hacerlo si se les ha condicionado a creer que la felicidad personal es egoísta y les exigirá un precio que no pueden pagar, o que parece excesivo. La felicidad debe aumentar no sólo la autoexpresión individual, la expansión y la manifestación interna de lo divino, sino que debe hacer también lo mismo por otros que están alrededor de una persona tan feliz. Si manifiestan su potencial inherente, todo y todos con los que entren en contacto deben ser positivamente afectados. Cuanto más intenso sea el contacto, mayor será el efecto. Esto se aplica a la felicidad de todo tipo, no sólo a algunas formas socialmente aprobadas.

No es suficiente un deseo superficial de realización. Dar por sentado que lo desean porque parece el objetivo obvio no basta. Dejar el deseo en una neblina no formulada no es suficiente. Deben desalojarse todas las contracorrientes inconscientes, todos los errores conceptuales. Muchas veces he dicho que cuanto más tenso e intenso sea su deseo, más probable es que exista una contracorriente inconsciente. Querer verdadera y relajadamente el resultado deseable sólo puede suceder cuando encuentran y eliminan reservas inconscientes, limitaciones, dudas y deseos opuestos. Si tienen miedo de no conseguir el resultado deseado, en alguna parte de su psique deben temer el resultado deseado. Encontrar esta contradicción significa una gran liberación y un gran paso hacia la realización.

Deben preguntarse por qué le tienen miedo a la felicidad. Pueden temer abandonarse a ella, o que la dicha los haga perder el control de sí mismos. Pueden tener miedo de la obligación que se derive de ella. O bien pueden temer su insuficiencia para conseguirla o mantenerla. Desear un objetivo no excluye el hecho de que en su inconsciente algo le diga “no”. Así, cuando digo que el papel del ser en la interacción mutua entre él y los poderes creativos es el más sincero y completo deseo de felicidad, no siempre es tan sencillo como suena. Primero han de determinarse de qué manera se le quiere, y qué movimientos del alma acompañan a este querer. A fin de llegar a este punto, son necesarios dos factores: el primero es la exploración de sus reacciones más sutiles, dónde y por qué le dicen “no” a lo que más quieren. Deben saber que dicen “no” de alguna manera si el resultado no se realiza. El segundo factor es expresar claramente, con todas sus palabras, con todo su ser, que esto es lo que quieren. Observen sus reflejos internos al hacer esto. ¿Están relajados cuando lo expresan? ¿Suponen que es posible, o suponen que es imposible? Si pueden darse respuestas verdaderas a estas preguntas al observar los movimientos de su alma, están más cerca de eliminar las obstrucciones que cuando las ignoran y se sienten libres de cualesquiera contracorrientes.

Aparte de este querer relajado, sin urgencia, compulsión, tensión ni miedo, es necesario que el ser sepa la verdad, como lo dijimos en la conferencia sobre ese tema. [cf. Conferencia 123] Si desean una realización específica y no la tienen—ya sea que se trate de un asunto general, como éxito en una carrera, salud, una relación fructífera, buenos amigos, liberación de un problema interior, o de un vínculo en la cadena hacia el logro de cualquiera de estos resultados, el descubrimiento y la disolución de obstrucciones, de actitudes que les estorban—, deben saber que experimentar esta realización está dentro del plan de la Creación. Es algo bueno y correcto para todos los interesados, y no tiene nada de destructivo o incorrecto. Deben contemplar sus efectos en ustedes mismos y en otros desde cualquier punto de vista concebible a fin de convencerse de que sus deseos y sus esfuerzos hacia la realización son constructivos. Deben ver que todas las generalizaciones que han hecho acerca de por qué no tenían derecho a ello—tal vez porque una imagen colectiva lo prohibía—no tenían justificación, lógica ni significado.

Esta convicción fortalecerá su deseo y eliminará la culpa falsa que los llevó a escoger la privación. Les permitirá declarar firmemente que desean la satisfacción y que saben que depende de ustedes obtenerla. No sólo la desean, sino que saben que van a tenerla y que deben tenerla en la medida en que eliminen las dudas y la negatividad. Declaren que sus resultados deben ser benéficos para ustedes y para otros. Visualicen cómo será esto. Fortalezcan su voluntad de eliminar todas las obstrucciones dentro de ustedes, todas las ideas falsas que los mantienen cercados. En el grado en que estén relajados y decididos al hacer esta declaración, se acercan a la realización, porque en el mismo grado están cumpliendo con su parte del trato. Con este compromiso automáticamente ponen en marcha los poderes creativos. Esto debe producir resultados, que entonces justifican que se entreguen ustedes a este proceso creativo. Entonces confían en su capacidad para desempeñar su papel, y confían en que estos poderes desempeñen el suyo. Cuanto más confíen, mejores resultados tendrán, de modo que contarán con más razones para confiar, y se establecerá así un ciclo benigno.

Además, es necesario que el ser convoque, deliberada y conscientemente, a las fuerzas universales, no sólo para que los ayude, los guíe y los inspire para cumplir con su parte de la colaboración y para eliminar todas las obstrucciones y reservas, sino para hacer que la cosa, cualquiera que ésta sea, crezca. Estos poderes sólo pueden ponerse en movimiento por medio de la conciencia. Uno tiene la opción de permitir que el movimiento ocurra automáticamente, permitiendo que la propia actitud inconsciente afecte la fuerza vital creativa, o uno puede articular deliberadamente la dirección en la que uno quiere que la fuerza creativa trabaje. La mente autodirigida pone en movimiento las fuerzas universales; éstas responden de acuerdo con la dirección fijada por la conciencia. Una vez que se hace esto, una vez que la personalidad satisface las condiciones necesarias, las fuerzas universales toman el control y saben qué hacer en cualquier momento dado.

Debe quedar claro que no hay contradicción entre que se les enseñe que son responsables de su destino y también que unos poderes más allá de su alcance e inventiva deben completar el proceso creativo. Compárense con un jardinero que debe preparar la tierra, pero que no puede hacer que la planta crezca. Preparar su propia conciencia es como el jardinero que prepara la tierra. Eliminar los conceptos equivocados es análogo al jardinero que arranca las yerbas. Remover sus bloqueos es como remover las rocas del suelo que impiden que las raíces y luego las plantas se extiendan. Implantar conceptos veraces es comparable a sembrar las semillas. Cultivar la actitud apropiada y esperar pacientemente a que la semilla eche raíces y pueda brotar es comparable al jardinero que cuida la tierra, cerciorándose de que tenga suficiente luz, humedad y nutrientes. El jardinero cumple así con su trabajo, propicia la existencia del proceso creativo y hace posible que éste tenga lugar. Pero no es el jardinero quien posee la capacidad de convertir una semilla en un árbol, un fruto o una flor. Si quiere cierta planta, debe sembrar la semilla adecuada, pero no depende de él lograr el crecimiento. No hay nada en el mundo que pueda hacer para producir la semilla que se desarrollará hasta convertirse en planta. Está en marcha un proceso creativo que requiere la cooperación de ustedes. Hay ciertas condiciones que sólo él puede satisfacer, pero después debe dejar que la naturaleza haga su trabajo.

Muchas veces desean un resultado específico, pero lo que siembran es la semilla del resultado opuesto. Esto produce desconfianza de la vida. Ver cómo producen exactamente lo que sembraron, incluso los resultados negativos, debe de fortalecer su confianza en el principio del proceso creativo.

El mismo principio prevalece en el proceso de sanación del cuerpo. Cuando se cortan la piel, tienen que lavar la herida para que la suciedad no impida que tenga lugar el proceso de curación. Cuidan la herida para ayudar a las fuerzas de curación a seguir su curso.

Cuando consideren cualquier proceso creativo en el nivel físico, mental o espiritual, deben encontrar el mismo principio, la misma interrelación. Siempre hay un periodo de crecimiento, cuya duración depende del tipo de semilla sembrado. Lo mismo sucede en el nivel mental. Cuando plantan la semilla de un resultado que su ser más íntimo no acepta bien, o donde han existido durante un tiempo considerable contracorrientes poderosas, entonces el periodo de incubación, de crecimiento callado bajo la superficie, es más largo que cuando siembran algo para lo que su conciencia está lista. Muchas veces se desesperan y dejan de confiar, porque al haber ignorado el periodo de crecimiento, han arrancado la semilla que sembraron.

La interacción entre el ser y las fuerzas creativas establece un equilibrio perfecto entre la actividad del ser—satisfacer todas las condiciones necesarias—y la pasividad—dejar que los poderes universales hagan su trabajo, confiándoles y entregándoles el ser con un compromiso total.

Cuando encuentren el equilibrio correcto, no faltará ninguna realización en su vida. Habrá armonía en su alma. No serán hiperactivos, pensando que deben hacerlo todo, ni serán excesivamente pasivos, entregándose a un Dios falso, externalizado, que suponen que debe hacer el trabajo por ustedes. El equilibrio correcto es la actividad perfecta de una manera relajada, sin tensión, estimulante, armoniosa. La autorresponsabilidad perfecta viene del reconocimiento de que son los dueños de su vida y que de ustedes depende cómo preparan la tierra. Esto debe ir acompañado de un sentido adecuado de limitación de sus funciones y poderes, y de la humildad de rendir el ser a poderes que están más allá de los confines de éste. Esta actitud engrandece al ser y sus poderes, porque usa la fuerza vital como debe ser usada, con el reconocimiento adecuado de la creación que constantemente tiene lugar dentro y alrededor de ustedes.

Ponen en movimiento el proceso creativo de una manera maravillosa cuando saben que la posibilidad perfecta existe como potencial, y, por lo tanto, como un hecho todavía no realizado. Este conocimiento hace posible que el potencial se realice y que los poderes creativos entren en ustedes a medida que derriben el muro de la duda, el miedo y la ignorancia. Llega un punto en que efectivamente sienten y experimentan este muro y lo pueden deslizar, abriéndose a la Creación con sus múltiples posibilidades. Primero se teme este acto, más tarde se le prueba tentativamente y luego se le experimenta como la clave de la individualidad. El ser se realiza al elegir la responsabilidad y soltar la estrechez de la mente, a medida que ustedes se comprometen y se dan por entero.

Generalmente existe una situación inversa. El pequeño ego es perezoso, no está dispuesto a asumir la responsabilidad ni la rendición de cuentas necesaria, no quiere hacer lo que debe hacerse para obtener un resultado deseable, para vivir una existencia significativa. Donde debe reinar la actividad, prevalece la pasividad. Donde el ego debe dejar ir y permitir que la inteligencia cósmica cree lo que se necesita, el ego está ocupado, desconfiado y aferrado a sí en un nudo apretado.

Cuando el individuo restablece el equilibrio, los cercos se disuelven y la expansión del ser se vuelve tan ilimitada como ustedes saben que es el universo. Ustedes pueden realizar estos ilimitados potenciales. Esta es una verdad, no un pensamiento fantasioso ni una evasión del ser.

Cuando mediten, amigos míos, adopten un concepto verdadero primero en las regiones externas de su mente, mientras eliminan las obstrucciones y corrientes del “no” subyacentes. Gradualmente, el conocimiento de la verdad se extenderá a las capas internas de su ser, de manera que su psique, como una hermosa flor, se abrirá a los rayos del Sol. A medida que cada capa se empapa de verdad, es nutrida con una vitalidad nueva que fluye a través del organismo. En las horas del reconocimiento profundo, esto puede sentirse claramente. Allí donde primero estaban fuertemente atados, ahora se abren a la liberación y a la luz que la infusión de la verdad siempre trae consigo.

¿Tienen preguntas? ¿Es claro todo lo que dije?

PREGUNTA: No mucho. He oído decir que cuando uno ora a las plantas, éstas crecen mejor que las que no reciben esta influencia. Cuando siembro en mi inconsciente lo que realmente quiero, sigo sintiendo que no puede producirse. Mi duda me hace sentir que no puedo hacerlo, aun cuando pido la ayuda de las fuerzas universales.

RESPUESTA: Eso se debe a que te sientes perdedor. En primer lugar, déjame ayudarte a entender lo que realmente significa la oración. Significa enderezar tu propia conciencia, así como tus actitudes, conceptos, pensamientos y sentimientos inconscientes. El espíritu verdaderamente integrado no necesitaría orar ni meditar. Cada respiración sería una oración en el sentido de que consistiría en una expresión de toda la personalidad, que estaría en sintonía con la verdad, el amor, la intencionalidad, la creación; con todas las fuerzas universales que inevitablemente fluirían por todo el ser de una manera sumamente constructiva. Orar significa dar forma a una masa suelta de pensamientos y conceptos nebulosos, de emociones contradictorias. Significa impregnar el ser con la verdad, para que el individuo la conozca y las fuerzas universales puedan fluir automáticamente a través de esta conciencia.

En cuanto a tu duda, es importante que establezcas que tienes miedo de renunciar a la duda. No necesito decir que esto se debe a una conclusión equivocada. Pero hay una razón muy clara por la que te sientes amenazado y en peligro sin la duda. Es como si ésta fuera un arma indispensable para ti. Combatir la duda directamente de la manera en que lo has estado intentendo no producirá resultados porque tienes demasiado miedo de dejarla ir. Es necesario que establezcas, primero, que tienes miedo de renunciar a la duda, y, en segundo lugar, que identifiques la conclusión equivocada específica de por qué lo tienes. Pregúntate en tus meditaciones: “¿Por qué quiero dudar? ¿Qué temo que suceda si no tuviera duda alguna?”

Esto les ayudará a todos, amigos míos, a darse cuenta de que se aferran a la duda porque temen el compromiso. Deben entender la medida de este miedo más profundamente, con todas sus consecuencias. Tienen miedo de comprometerse y entregarse a los poderes universales—así como a cualquier causa o persona—porque dan por hecha la decepción. Así que el individuo juega un juego, y actúa como si la posibilidad de un resultado favorable estuviera allí, pero no lo creen en realidad. La duda es tan fuerte que uno ni siquiera está dispuesto a arriesgarse. La duda significa: “Simulo esperar un ‘quizás’, pero estoy convencido de un ‘no’, al que no estoy dispuesto a enfrentar para poder seguir simulando”. Debido al juego, la falacia del “no”, así como la del “quizás”, nunca pueden ser demostradas. La persona permanece perpetuamente en un estado temporal, en las márgenes de ser y vivir, nunca emprendiendo una vida seria ni la confrontación de un asunto total y verazmente. Esta persona continuamente coquetea con la teoría, en vez de ponerla en práctica.

El compromiso es un tema muy importante, ya que obtendrán de la vida exactamente aquello con lo que se comprometan, ya sea que esto signifique moldear y crear su vida comprometiéndose con las fuerzas universales para que cooperen con ustedes, o que esto quiera decir comprometerse con una empresa, con una persona o con una relación. No importa lo que sea. Si se comprometen sólo con reservas, cuidando de estar “seguros”, negociando o reteniendo lo que deberían dar, la vida les pagará exactamente en ese grado. No se puede engañar a la vida, jamás. Y aquí es donde la persona que sigue creyendo que puede “arreglárselas” está ciega. Al retener lo que podrían dar, esperan que la vida les dé primero una rebanada grande, y luego, quizás, podrán reunir la voluntad de devolver una migaja. Pueden incluso dar mucho más de lo que es constructivo o útil para otros, debido al motivo inconsciente de engañar a la vida, de obtener más de ella que aquello a lo que están dispuestos a comprometerse. Así no funcionan las cosas, amigos míos.

Tienen miedo de un compromiso de todo corazón, porque creen falsamente que éste les exige renunciar a su inteligencia, a sus derechos, a su autoconservación, a su capacidad de elegir, a su autodeterminación. Eso no es cierto. Significa sencillamente una integridad plena, un propósito directo, ninguna evasión, ninguna motivación oculta, hacer la cosa por la cosa misma, sin subterfugios. No significa una necedad ciega y, con toda certidumbre, no crea la indefensión frente al abuso. Todo lo contrario. El compromiso pleno presupone una elección con los ojos bien abiertos, la libertad de hacer esto sin compulsión, conflicto ni culpa. Pero esta elección requiere que estén muy conscientes, y no pueden estar conscientes si huyen de sí mismos. La conciencia general es el resultado de la conciencia de sí mismos. Debe empezar con el enfrentamiento sincero del ser, con la confrontación valiente de las reacciones emocionales más arraigadas. Entonces crece la conciencia de la vida y de otros. A través de esta conciencia, razón, visión y libertad de elección, el compromiso no es un proceso peligroso ni autodestructivo; no es una compulsión o un impulso ciego, sino una maravillosa extensión del ser, un abrazo a la vida, un impulso hacia el desarrollo del ser y de otros. Éste es el poder real y sano que resulta del crecimiento espiritual. Esta es la autosuficiencia que no excluye al amor ni las relaciones profundas con otros. Éste es el punto fino de equilibrio donde no es mutuamente exclusivo ser firme y amar, ser autosuficiente y tener una interdependencia sana, ya sea con las fuerzas cósmicas o con otros seres humanos. Pero el compromiso debe existir, pues de lo contrario eres pobre y estás vacío. ¿Está claro?

PREGUNTA: Sí, está claro. Incluso he descubierto ya esto en mi trabajo privado. Ahora sé que nunca me he comprometido realmente a nada por miedo. Pude sentir que puedo comprometerme, pero tengo miedo de que si lo hago y no funciona, estaré perdido, así que no me atrevo a hacerlo.

RESPUESTA: Ya lo ves, ésta es precisamente la razón por la que te sientes insatisfecho en las áreas importantes de su vida. Pero ahora que observas y entiendes causa y efecto, tienes la llave para cambiar.

Tu impaciencia arranca cada semilla que siembras. Como dudas, llegas demasiado rápido a la conclusión de que los resultados son negativos, y no permites que transcurra el tiempo necesario de incubación, la planta interior e invisible que está bajo tierra. Cuanto más complicado es el problema, más profundamente arraigados están la negatividad y el conflicto. Por lo tanto, las fuerzas sanadoras tienen que trabajar indirectamente de eslabón en eslabón, hasta que trates de llegar al resultado final directamente. Así pues, cuando encuentres la duda, debes considerar eso primero, entenderlo en su causa y efecto y eliminarlo antes de que llegues a la meta que deseas alcanzar pero no puedes debido a la duda. Cuando una realización importante está bloqueada por innumerables errores conceptuales pequeños, éstos deben enfrentarse uno por uno; de lo contrario las obstrucciones no pueden eliminarse y no puede tener éxito el trabajo por el resultado final.

Ahora son capaces de convencerse de la irracionalidad de no comprometerse. No son presa de ello, ni son víctimas de su duda. Es necesario que se arriesguen a descubrir la verdad, aun si la verdad es lo que temen que sea. Deben amar la verdad por encima de todo, en vez de preferir un “quizás” y nunca reconciliarse con la vida. Si aman la verdad, también renunciarán a la impaciencia. Avanzarán paso a paso y le darán tiempo a su deseo, como un científico que investiga paciente y laboriosamente, sin huir del esfuerzo, del tiempo, del ensayo y el error, que no espera la mayor de todas las verdades apresuradamente. Sé que han dedicado muchos años a esto; sin embargo, no es el número de años que han trabajado sin compromiso y con impaciencia, sino que la calidad del compromiso total con esfuerzo paciente es lo único que traerá resultados. Ni los años ni la cantidad de esfuerzo pueden reemplazar el compromiso interno pleno.

Las fuerzas universales tienen un propósito, y éste es la integridad, la salud, el desarrollo y la expresión de los aspectos divinos. Se aplican a sanar el lugar donde existe la distorsión, y a restaurar y llenar los lugares de incapacidad y vacío. Cuando las obstrucciones son demasiado grandes, este mismo poder se desvía y temporalmente aparece como un movimiento destructivo descendente. Esto no significa que haya otro poder maligno en acción: es la misma fuerza benigna que se vio forzada a tomar una desviación. El principio del crecimiento indirecto se vuelve obvio, una vez que se le entiende por completo. Entonces pueden observar que funciona alrededor de ustedes. No confiarán menos en el principio del crecimiento porque necesite cierto lapso de tiempo para que la semilla se convierta en árbol, y para que las creaciones de la mente y el espíritu se desarrollen en toda su gloria.

Traten de trabajar en estos movimientos del alma con los conceptos que les he dado, siempre encontrando y eliminando primero los errores conceptuales. No sobreimpongan los conceptos correctos, sino que evalúen y comparen, con la ayuda de su propia capacidad de pensamiento, cual es la verdad y cual el error.

La realización personal y la expansión plena los esperan a todos ustedes. Ese es su destino. Cada uno debe, tarde o temprano, llegar a la comprensión de que mientras la vida es lo que ustedes creen que es, temporalmente, a final de cuentas es lo que saben que es. Esto significa que el potencial, la posibilidad, aun en esta esfera terrenal, es una felicidad indescriptible. Una vez que esto se concibe, se abren vastas y bellas posibilidades.

Sean benditos, mis queridos amigos. Queden en paz. Queden en Dios.

Dictada el 27 de noviembre de 1964.