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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 140. El conflicto del placer positivo versus el negativo como origen del dolor

Saludos mis muy amados amigos. Bendiciones otra vez para todos y cada uno de ustedes, para cada paso, para cada esfuerzo que emprenden en su camino a la liberación.

En esta conferencia reuniré mucho de lo que hemos examinado recientemente. Fácilmente verán las conexiones. Pero primero, como prefacio, echemos un vistazo al significado del dolor y su causa real. El dolor es el resultado del conflicto. Sucede cuando dos direcciones opuestas existen en una personalidad. La dirección de las fuerzas creativas universales es hacia la luz, la vida, el crecimiento, el desarrollo, la afirmación, la belleza, el amor, la inclusión, la unión y el placer supremo. Siempre que esta dirección es contrarrestada por otra, se crea una perturbación. No es la perturbación misma la que crea el dolor, sino el desequilibrio y un tipo especial de tensión causada por la dirección opuesta. Esto es lo que causa el sufrimiento. Es muy importante que entiendan esto, amigos míos, a fin de que sigan de cerca el resto de esta conferencia.

El principio que explico aquí es verdadero en todos los niveles. De hecho, es comprobable en el plano físico. El sistema físico, como todos los demás sistemas o planos, también tiende hacia la integridad y la salud. Cuando una fuerza perturbadora tira en una dirección opuesta, el tirón de las dos direcciones crea el dolor. Pueden saber que esto es lo que realmente causa el dolor porque cuando se renuncia a la lucha y el individuo suelta y cede al dolor, éste cesa. Muchas personas han verificado la verdad de este principio. En el momento en que se renuncia a la lucha entre dos opuestos y se acepta la existencia de la dirección negativa, el dolor debe cesar.

Cuando se lucha ineficazmente contra la perturbación, y la personalidad quiere salud, niega que también quiere la no salud. Como el empeño por la no salud se reprime e ignora, la lucha por la salud se vuelve tanto más tensa. Ese es el origen del dolor. Si la personalidad fuera consciente de querer la no salud tanto como la salud, la lucha cesaría instantáneamente, pues la primera no puede mantenerse; sólo la segunda puede. Es el inconsciente el que crea una brecha entre causa y efecto. La causa es el deseo negativo; el efecto, la perturbación en el sistema. Los dos tirones continúan y surge el dolor.

Pero cuando este proceso se entiende por completo, y se aceptan las consecuencias aún inevitables del deseo negativo, uno puede dejarse sentir este dolor ahora existente, y el éste debe cesar. Esta no es necesariamente una manera destructiva de abrazar el dolor, ni un elemento masoquista de autocastigo que en sí albergue y perpetúe un deseo negativo. Es la aceptación plena de lo que es; con eso, el dolor cesa. Es el principio, por ejemplo del parto indoloro. Es el principio que Jesucristo explicó cuando dijo “no se resistan al mal”.

Cuando la lucha es demasiado feroz en todos los niveles, sobreviene la muerte. La muerte también puede ser el resultado de haber renunciado a la lucha. Esto, desde luego, se aplica al plano físico. Por lo tanto, el dolor físico cesa cuando la tensión se acaba… y esto ocurre en la muerte.

En los planos mental y emocional existe algo similar. Cuando la lucha se entiende plenamente y se acepta como una manifestación temporal, como un efecto—y se acepta como tal sin irrevocabilidad, pero con conciencia de la pertinencia de estas consecuencias—el dolor mental o emocional cesa. Esto no sucede cuando se desea lo negativo, pues como hemos visto, este deseo simplemente crea la nueva dirección, contraria a la original y positiva. Tampoco sucede esto renunciando al principio afirmativo, sino entendiendo el ahora. Entonces el dolor mental y emocional desaparecen, así como el dolor físico cesa cuando se abandona el tirón opuesto. Todo esto es verificable y se ha comprobado en todo el mundo. Todos ustedes, que están en un camino de autorrealización, han experimentado esto, al menos ocasionalmente.

En el plano espiritual, amigos míos, es distinto, pues el plano espiritual es la causa, mientras que todos los demás planos o esferas de conciencia son los efectos. El plano espiritual es el origen de la dirección positiva. No contiene, ni puede contener, una dirección negativa. La dirección negativa crea y es creada por diversas actitudes incompatibles con el origen de toda la vida. El plano espiritual es la unidad misma; por lo tanto, el conflicto, las direcciones opuestas y, en consecuencia, el dolor son impensables e ilógicos allí.

Las personas sin conflictos ni dolores seguramente están en la unidad. Sólo pueden estar en la unidad total cuando siguen la línea ininterrumpida de la dirección positiva de sus fuerzas vitales. Si fuera posible que un individuo quisiera plenamente lo negativo, también cesaría el dolor. Pero esto no es posible, pues el ser real está sintonizado con el mundo real de la constructividad absoluta. Esta es la realidad final, de ningún propósito negativo. La vida, en su carácter esencial y profundo, no puede estar jamás negativamente orientada. La orientación negativa no puede ser más que una distorsión. Como debajo de la distorsión sigue existiendo lo real, éste envía sus efectos, sin importar las capas de distorsión y la fuerza de la orientación momentáneamente existente. Como el ser humano y la vida son uno, nadie puede ser jamás completamente negativo. Siempre que hay alguna negación en la propia constitución, deben de existir la tensión y el conflicto, así como el dolor. La dirección negativa se opone a la vida, y la no vida no puede ser jamás totalmente deseada ni siquiera concebida como libre de conflicto, pues eso no tiene sentido.

Es muy importante entender, amigos míos, que lo negativo puede ser deseado sólo por una parte de la personalidad, no por toda ella. Siempre habrá otra parte de la psique que se oponga violentamente al deseo negativo, de modo que debe de aparecer el dolor. En los niveles físico así como emocional y mental, es posible aceptar temporalmente lo negativo como una etapa pasajera, en el entendimiento de que es el efecto de una causa inadvertida y una mera perturbación temporal. Con este entendimiento y aceptación uno cesa la lucha. Uno acepta lo negativo sin irrevocabilidad y con una actitud objetiva y no indulgente. Pero en el plano espiritual, que comprende al ser total, a la vida total, al origen de todo ello, esto es imposible. El ser total no puede jamás desear totalmente lo negativo.

El dolor y el sufrimiento son siempre el resultado del tirón que ejercen sobre la personalidad dos tendencias que son las direcciones de la vida y la antivida. También pueden llamarse l a dirección del amor y la dirección del odio, el aislamiento y el miedo, o las direcciones positiva y negativa. Las capas exteriores de la personalidad sufren mientras no se alcanza la unidad. Esta existe exclusivamente en la realidad plena del principio creativo cósmico. Es sumamente importante, amigos míos, que entiendan lo que digo aquí, pues este entendimiento debe abrir puertas nuevas.

Varios de mis amigos han cruzado un umbral importante en su camino con el descubrimiento y la conciencia de dónde desean ellos mismos lo negativo. Esta es una fase extremadamente importante. Existe toda la diferencia del mundo entre el individuo que está consciente de sus deseos negativos y el que no lo está. Hay, desde luego, grados de conciencia. Es posible volverlos conscientes con indiferencia y fugazmente. Es posible haber logrado una percepción importante de su existencia, para luego diluir esta conciencia. Cuanto más exista la conciencia de un deseo deliberado de lo negativo, más tendrán el control de ustedes mismos, de la vida, y menos victimizados, impotentes y débiles se sentirán.

Cuando una entidad no está consciente de su deseo deliberado de lo negativo, el sufrimiento debe de ser infinitamente mayor que cualquier sufrimiento o dolor que pueda surgir cuando uno sabe que uno mismo lo deseó. La falta de esta conciencia debe de crear un clima psíquico en que el individuo se siente elegido como víctima. Es inevitable sentirse impotente cuando a uno le falta la conciencia de que el efecto fue autocreado. La separación entre la causa y el efecto en la propia conciencia debe de crear confusión, duda y desesperanza. En el momento en que la conciencia del deseo negativo se alcanza gracias a la minuciosa lucha de este trabajo, por lo menos saben, amigos míos, lo que causa sus dificultades externas y sus situaciones indeseables. Antes de que sean capaces de renunciar a los deseos negativos, porque aún no entienden la razón de su existencia, sólo saber que han creado las manifestaciones indeseables de su vida los hará más libres, amigos míos.

Aquellos de ustedes que han hecho estas incursiones iniciales a la conciencia de los deseos negativos deben tener cuidado de extender esta conciencia y vincularla con las manifestaciones indeseables de su vida. Este paso esencial no debe pasarse por alto. Es de hecho posible que estén conscientes, hasta cierto punto por lo menos, de un deseo negativo y, sin embargo, ignoren que este deseo negativo es la causa inmediata de cualquier número de manifestaciones en su vida contra las que luchan enérgicamente. Y ese es exactamente su dolor. Luchan contra algo que ustedes mismos han inducido, y siguen induciendo, mientras que, al mismo tiempo, siempre debe de haber el tirón hacia la luz, la integridad, el amor, la inclusión y la constructividad, hacia la belleza y el desarrollo. Su negación de la dirección hacia la integridad y su olvido de esta negación—no saber que quieren dos cosas opuestas al mismo tiempo—los confunde y los lastima. Lo que se requiere para que una entidad alcance esta conciencia puede entenderse fácilmente.

Aquellos de ustedes que han tenido las primeras vislumbres de sus deseos negativos han adquirido una fuerza y una esperanza nuevas. Siempre que esta conciencia está viva, ven, primero como principio y posibilidad, cómo puede ser su vida cuando ya no tengan los deseos negativos, aun cuando todavía no sepan por qué los tienen y cómo insisten en ellos y por qué los albergan para empezar. Pero simplemente saber que los tienen y, subsecuentemente, los conectan con los resultados indeseables debe darles esperanzas y una perspectiva nueva.

Mis amigos que todavía no hayan alcanzado esta conciencia deberían tratar lo mejor que puedan de encontrar sus deseos negativos. En la superficie, la mayoría de las personas no pueden imaginar cómo podrían albergar deseos destructivos. Incluso algunos amigos que han estado en este Pathwork durante mucho tiempo podrían ser incapaces de sentir su dirección destructiva. Mediten y verdaderamente deseen encontrar lo que hay en ustedes. Esto es todavía más difícil cuando una persona afanosamente niega esos aspectos de la vida que dejan algo que desear, y no quiere enfrentar el perderse de algo, el sufrir por algo. Este tipo de negación de lo que realmente sienten y anhelan vuelve imposible traer a su vida una plenitud real. Esta negación todavía existe en algunos de mis amigos que han estado haciendo este trabajo durante un tiempo considerable.

Así que pregúntense: “¿Tengo y experimento todo al máximo de mi potencial? ¿Qué me molesta más de lo que admito?”Esa sería la primera pregunta, una pregunta pertinente para aquellos cuya tendencia es escapar de sus insatisfacciones, negarlas, verlas por encima y falsificar su situación. Y luego, naturalmente, están las personas que están muy conscientes de su sufrimiento y de lo que se pierdan, pero que están desconectadas en sí mismas del mecanismo que desea el resultado negativo.

El trabajo en este Pathwork continúa con volverse conscientes de los deseos negativos deliberados, o de la invalidación de los resultados positivos, lo que equivale a la misma cosa. Es, como pueden ver, un hito esencial en todo su camino de evolución. Constituye la diferencia entre sentirse como una débil paja en el viento, una pequeña herramienta olvidada en un vasto universo, y sentir que el propio ser se autogobierna y es autónomo. El principio de los ciclos o círculos—benignos o viciosos—es siempre el principio de la autoperpetuación. La autonomía es siempre autoperpetuante y puesta en movimiento por la conciencia de la realidad.

De nuevo, pueden comprobar esto en su camino. Cuando lleguen a cierto grado de percepción interior en su psique, verán que las actitudes positivas y negativas son autoperpetuantes. Tomemos, por ejemplo, cualquier actitud sana y positiva. Cuando son extrovertidos, constructivos, abiertos, incluyentes, todas las cosas fluyen con facilidad. No necesitan trabajar mucho con ellas. Se perpetúan. No tienen que invertir energía en ningún tipo deliberado de meditación. Por sí mismos, sus pensamientos, actitudes y sentimientos crean más pensamientos, actitudes y sentimientos positivos. Éstos, a su vez, producen realización, productividad, paz y dinamismo. El principio es exactamente el mismo en las situaciones negativas. Las fuerzas autoperpetuantes, en este caso, sólo pueden cambiarse mediante este proceso deliberado que pone en marcha algo nuevo. Este proceso del Pathwork logra precisamente esto.

También es importante para ustedes que entiendan y visualicen que las esferas de conciencia operan exactamente de acuerdo con las direcciones que hemos indicado. En otras palabras, para simplificar un poco este análisis, están el principio y la dirección positivos. Esta es la esfera de la realidad, la esfera en la que existe una autoperpetuación ilimitada en cualquier aspecto en que la conciencia esté consciente de la existencia de esta integridad y abundancia inagotable. Incidentalmente, quiero añadir aquí que el principio de la autoperpetuación que expliqué en un nivel espiritual existe en forma idéntica en un plano científico. Este principio puede encontrarse en la química, en la física, en prácticamente todos los campos de la ciencia. Por lo tanto, debe de ser más fácil de aceptar que si se tratara de un fenómeno que no se hubiera encontrado ya en los reinos materiales humanos.

El nivel de personalidad que desea lo negativo y persigue esa dirección crea un mundo nuevo, o esfera psíquica, que tapa la positiva y original. Las imágenes y las formas—el producto de actitudes, pensamientos y sentimientos—crean este mundo negativo. Existen muchas variaciones, grados y posibilidades, de acuerdo con la fuerza de los deseos negativos, la conciencia de los deseos tanto positivos como negativos, y el equilibrio entre ambos. Pueden adquirir una vislumbre de esto si comparan su propio cambio de conciencia con su anterior negación inconsciente de la experiencia positiva, o incluso con su deseo directo de lo negativo. Verán que esta diferencia constituye otra esfera de conciencia, un mundo distinto, con su propio sabor y atmósfera únicos.

El mundo físico y material en el que viven manifiesta lo positivo, lo negativo y presenta una combinación de ambos. Todos estos existen dentro y fuera de ustedes—en la atemporalidad y la inespacialidad. Pueden y deben alcanzar estos mundos dentro de su propia psique volviéndose sumamente conscientes de ellos. Son un producto de sus propias autoexpresiones, de sus diversas esferas de conciencia. Deben repasarlas, capa por capa, dentro de ustedes. Cuando estén relativamente libres de deseos negativos, será bastante fácil y sencillo entender, sentir, experimentar el mundo de la verdad, donde todo bien existe y es autoperpetuante. Por lo tanto, no hay necesidad de luchar, de dudar, de temer o de privarse. En estas áreas descubrirán que abren valientemente su corazón a la experiencia positiva y dinámica, que se mueve eternamente hacia un mayor desarrollo, una mayor felicidad y más inclusión. No detienen este movimiento con su mente temerosa, refrenándolo y llevándolo a un alto total. Estas esferas están ahí; no sólo existen en la profundidad de su psique donde pueden sentir la vida eterna de toda la existencia, sino que también se manifiestan en su vida exterior. Volverse conscientes de ellas también es útil, para que puedan compararlas apropiadamente.

Y luego, naturalmente, siempre está el problema principal, el área de su psique donde existe el miedo de lo positivo y, por ende, su negación. En consecuencia, la privación y el sufrimiento se manifiestan en su vida exterior. Deben experimentar plenamente esta esfera dentro de su conciencia para que puedan trascenderla transformándose a sí mismos. Deben atravesarla, no negándola ni luchando contra ella, sino viéndola y aceptándola, aprendiendo a entender su naturaleza. Esto es lo que significa atravesarla. Cuando se le afirma y comprueba como una realidad temporal, sólo entonces puede alcanzarse el mundo subyacente del bien autoperpetuante, donde no sólo tienen que estirar la mano, arrebatar y querer, sino que saben que ya es de ustedes, aún antes de que lo hayan alcanzado.

Siempre que están separados de otros, de sus congéneres, deben de estar en el mundo negativo, en una negatividad autoperpetuante que cosechan a través de sus deseos destructivos. Por lo tanto, deben de sufrir porque niegan e ignoran el significado pleno de la lucha que así evoluciona. La lucha varía de un individuo al otro, y con un individuo dado, de una fase a otra, e incluso a veces de una hora a la siguiente, porque en momentos diferentes surgen direcciones distintas. Se alternan en predominancia en cualquier momento dado. En un momento una dirección es más superficial y la otra está más sumergida; en otras ocasiones cambian.

Así que siempre debe de haber en ustedes una lucha incesante en la que un lado tiende hacia la integridad y la unión con sus congéneres de muchas maneras distintas, hacia el amor y la comprensión, hacia la consideración, hacia dar y recibir. Pero siempre sigue existiendo este otro lado que niega la primera dirección, que la teme y la resiste. Por lo tanto, existe un dolor específico, y cuanto mayor es la negación, mayor es el dolor. No olviden que es imposible desear completamente el aislamiento, el repliegue y la separación. Si fuera posible que desearan esto plenamente y estuvieran reconciliados por completo con los resultados, no habría dolor. Pero no es posible desear totalmente esto. Uno puede sólo desearlo en una gran medida. Y por lo tanto, cuanto mayor es el porcentaje, más fuerte resulta el tirón en la dirección opuesta de la salud y la unión; de ahí que sea más intenso el dolor.

El dolor se agrava por la lucha que se establece con la otra persona. No olviden, amigos míos, que ya es bastante doloroso querer y no querer, alternativamente, relacionarse y amar, por una parte, y odiar, rechazar y retraerse por la otra. Se vuelve infinitamente más complicado cuando este conflicto es multiplicado por un segundo individuo en cuyos parámetros entran, y que libra una guerra similar por dentro.

Tanto la dirección positiva como la negativa están apegadas al principio del placer. Este apego es lo que vuelve tan difícil renunciar a la dirección negativa y cambiar. El principio del placer positiva y negativamente orientado los desgarra. Les inflige dolor por sí mismo, pero no existe en ustedes tan sólo. También existe en aquellos con quienes están involucrados en este conflicto, y acerca de los cuales no pueden decidir si amarlos o rechazarlos. Si estuvieran perfectamente equilibrados y libres de tal división interna, ellos seguramente no se verían afectados por su lucha. Su armonía con las fuerzas universales y su alto grado de conciencia los protegería de la negatividad y de la resultante tensión entre los tirones positivo y negativo. Si fuera posible, sólo como hipótesis, que semejante ser evolucionado estableciera una relación con una persona ordinaria que está atormentada por esta lucha, esta última de todos modos experimentaría dolor debido a su propia división. Pero cuánto más complicado se vuelve cuando la otra persona está en una situación similar, pues entonces la lucha no es doble, sino cuádruple. Imaginen las muchas posibilidades matemáticas que surgen de esta situación, con todas sus consecuencias psicológicas de malentendidos, juicios erróneos y dolor que, a su vez, crean más negatividad.

Imaginemos a dos personas, A y B. A expresa momentáneamente la dirección positiva hacia la unión. B se asusta y, por lo tanto, se retrae y rechaza a A. En consecuencia, A se convence de nuevo de que el movimiento sano del alma hacia la unión era riesgoso y doloroso, y vuelve a la negatividad y la negación. Como esto es tan doloroso, el principio del placer negativo se adhiere a él, lo que hace más soportable el dolor. A disfrutará entonces de la situación negativa. Mientras tanto, el dolor del aislamiento de B se vuelve insoportable, y B sale a aventurarse mientras A está en un agujero oscuro. Ahora bien, esto sigue y sigue, a veces en crasa oposición, aunque algunas veces hay una reunión fugaz. En ocasiones la dirección positiva de A se encuentra con la negativa de B; en otras ocasiones se invierten las posiciones, y en otras más ambas corrientes negativas están fuera, y ambos se retraen o se enemistan. En otras veces más ambos se aventuran temporalmente hacia lo positivo, pero como el principio negativo sigue existiendo en ellos, la posición positiva es sólo tentativa, incierta, llena de miedo, tan dividida, defensiva y aprehensiva que estas emociones negativas acerca de la dirección positiva producen resultados negativos, tarde o temprano. Estas se atribuyen entonces a la aventura positiva, y no a las emociones problemáticas que ésta contiene. Es inevitable que la dirección negativa se imponga de nuevo después de estos periodos de positividad mutua, hasta que el lado negativo, destructivo y negador se entienda plenamente y se elimine.

La dirección negativa, negadora y destructiva no sería tan feroz y tan difícil de superar si no estuviera adherido a ella el principio del placer. Entonces toman la postura de no querer abandonar el placer precario que obtienen de entregarse a los sentimientos y actitudes destructivos. Esto puede evolucionar sutil, insidiosa e inadvertidamente cuando un individuo empieza con la dirección sana y constructiva.

Tomemos el siguiente ejemplo, que podría resultar útil para todos ustedes. Supongan que, en su camino hacia la autorrealización, adquieren fuerza y autoconfianza. Allí donde sentían incertidumbre y culpa cuando experimentaban una fricción con otra persona, ahora experimentan una nueva calma interior, una certidumbre en ustedes, y una fuerza y resiliencia que nunca supieron que existía. A la manera vieja, podrían haber respondido sumisamente para suavizar su culpa, o con agresión hostil para aliviar su autodesprecio por su incertidumbre. Cualquier cosa que hicieran, sin embargo, responerían con su negatividad y su duda de sí mismos; estaban apegados al principio del placer negativamente orientado. Disfrutaban de su congoja. Ahora han progresado. Se experimentan de una manera nueva. En vez de elegir la insistente duda acerca de ustedes mismos, perciben la razón por la que la otra persona se comporta de esa manera. Por el momento, esta comprensión objetiva los libera, los fortalece, les da una percepción más objetiva de ustedes mismos y de la otra persona. En otras palabras, el principio autoperpetuante de la percepción interior y de la comprensión se han puesto en movimiento.

Pero entonces el todavía existente placer negativo, porque no se le ha reconocido plenamente, se adhiere a su comprensión de la negatividad de la otra persona. Empiezan a tratar de concentrarse más y más en los defectos y las cegueras de esa persona, e inadvertidamente empiezan a disfrutar de ello. No distinguen inmediatamente entre los dos tipos diferentes de alegría. El primero llega cuando ven con desapego lo que existe en el otro, y esto los libera. El segundo aparece cuando se permiten disfrutar de la incorrección del otro, y esto los ciega. Lo que primero notaron en el otro lo refuerzan hasta que el viejo principio del placer negativo reaparece con un disfraz nuevo. Aquí es donde pierden su armonía y su libertad porque de nuevo se entregan al principio del placer negativo. Éste es un ejemplo de cuán insidiosamente puede suceder esto cuando las raíces viejas siguen sin observarse.

Aquí, amigos míos, la continuación de este Pathwork se vuelve más clara y más concisamente definida. Tienen las herramientas inmediatas para empezar y descubrir lo que expliqué aquí. ¿Tienen preguntas?

PREGUNTA: Me parece que toda esta conferencia fue para mí. Siempre que llego a ver el dolor y la herida de otra persona, inmediatamente saco lo negativo, la hostilidad y la rabia, y estos sentimientos negativos me ciegan. No puedo ver nada positivo ni entender la lucha que libra la otra persona. Aunque oro y deseo soltar, todavía estoy “sentado en el agujero”.

RESPUESTA: ¿Estás consciente de que al caer en la negatividad, disfrutas hacerlo?

PREGUNTA: Sí, lo soy.

RESPUESTA: El siguiente paso tendría que ser muy sencillo, querido amigo. Expresa el pensamiento: “Deseo renunciar a lo negativo. Quiero que mi placer esté apegado a una situación positiva. Quiero ser constructivo. Deseo prestar mi atención a esta situación y ser gobernado por las fuerzas más constructivas”. Haz esto de una forma relajada y ligera, pidiendo a la fuerza subliminal que está dentó de ti que te ayude a hacerlo. No trates de hacerlo con el puro poder exterior, pues con ese poder exterior no lograrás nada. Tu mente exterior sólo puede emitir esta intención constructiva, y con eso establece un movimiento positivo, que entonces genera un ciclo autoperpetuante. Si todavía no estás dispuesto a hacer esto, el trabajo debe proceder muy simple y fácilmente. ¿Dónde y por qué crees que desear lo negativo es más seguro para ti que desear lo positivo? Te impides querer lo positivo. Si no puedes detener este proceso, debe de haber aún razones que no has comprendido, y éstas deben ser desenterradas.

PREGUNTA: Irracionalmente, temo que se aprovechen de mí y pierda yo mi integridad. Tengo la leve sensación de que esto no es cierto, pero no veo exactamente cómo.

RESPUESTA: En primer lugar, debes desear ver de verdad que ésta es posiblemente una conclusión equivocada. El sentimiento de impotencia e indefensión es de nuevo el principio autoperpetuante en acción en el sentido de que renunciaste al autogobierno cuando permitiste que se apoderara de ti la fuerza negativa. Por lo tanto, no se te ocurre que tienes la posibilidad de autogobernarte.

Por ejemplo, en el momento en que dices: “Decido que no quiero estar en la negatividad ni aferrarme a malentendidos como éstos”, en ese momento tomas el mando. Luego, además, si dices en serio: “No quiero ser esclavo de decisiones que no vengan de mí porque soy constructivo. Lo que quiero depende de mí”. Entonces experimentarás que cuanto más constructivos sean tus deseos, más libre serás y más fácil te resultará determinar independientemente lo que quieres o no quieres hacer. Otros no serán capaces de imponerte su voluntad, y por lo tanto tu integridad será preservada y aumentada en relación exacta con tu deseo activo de ser constructivo y de renunciar al placer adherido a una situación negativa.

Lo que te ha debilitado fue que perdiste la conciencia de tus deseos negativos. Los habías reprimido, negado, ocultado, y les habías sobreimpuesto otros positivos y falsos. Por ende, perdiste el contacto contigo mismo. Si hubieras estado consciente de los deseos negativos, no los habrías dejado crecer y fortalecerse tanto. Pero aun en ese caso, no te habrías vuelto indefenso e impotente. En realidad, tu debilidad e impotencia nunca se deben a la voluntad más fuerte de los otros. Existen porque son arrasados por la fuerza autoperpetuante de tus deseos negativos, que has conscientemente ignorado hasta ahora. Esta falta de control te vuelve incapaz de imaginar cómo tomar el mando.

Ahora, tú, con tu conciencia y tu espíritu, no puedes tomar el mando conscientemente para satisfacer tus deseos negativos. Esto sólo puede suceder con los deseos positivos. Cuando expreses estos deseos positivos, te sentirás más fuerte, más autodependiente y menos indefenso, y por lo tanto nadie se podrá aprovechar de ti, porque tomarás libremente tus decisiones para actuar con una conciencia absoluta de lo que estás haciendo y de por qué.

La culpa insistente—inevitable cuando existen los deseos negativos, estés o no consciente de ellos—se debe a que permites que se aprovechen de ti. La culpa te lleva a exagerar cuando respondes a las demandas de otros. Exactamente por la dirección negativa de tus deseos permites que se aprovechen de ti; te sientes inseguro, incómodo y débil acerca de cualquiera de tus deseos, ¡sólo por eso! Si no tuvieras los deseos destructivos, no te sentirías culpable y, por ende, no tendrías necesidad de expiar. Y podrías muy fácil y amablemente, sin necesidad de tomar una actitud defensiva—cuando es lo correcto y realmente lo deseas—decir no sin ceder a las demandas que se te hacen.

Así pues, la realidad es exactamente lo opuesto de lo que crees: la positividad te dará la libertad de tener integridad, de defenderte y afirmar tus derechos, mientras que la negación y la destructividad deben de debilitarte y volverte indefenso. Cuando todavía te sea imposible expresar el deseo de ser constructivo y positivo, afirma que aquí es donde estás. Obsérvate en la negación y la destructividad y proponte encontrar qué otra causa no detectada late detrás de esta resistencia. Desplegados detrás de ella podría haber temores de una naturaleza más profunda que aún necesitan ser desenterrados.

PREGUNTA: Generalmente me concentro demasiado en estudiar los aspectos negativos, centrados en la imagen del padre. Últimamente me he preguntado si al hacer esto he estado ocultando algo más profundo que no quiero ver. Me concentro en esta mezcla de imagen paterna y un concepto de masculinidad. Me parece que pierdo de vista lo más importante al analizar demasiado esto.

RESPUESTA: Hay en ti un sentimiento de que no quieres asumir el papel masculino. ¿Eres consciente de este sentimiento?

PREGUNTA: No.

RESPUESTA: Pues así es. La conciencia de esto llegará, primero, tal vez indirectamente, al deducir ciertas manifestaciones y, después, sacando las emociones. Conscientemente, hay el gran deseo en ti de ser un hombre fuerte. Incluso exageras esta imagen de la masculinidad. Esta sobrecompensación no existiría si estuvieras profundamente dispuesto a asumir el papel masculino, si no lo rechazaras. Existe el miedo de que puedes ser insuficiente para desempeñar este papel; hay el temor de que se te hagan demandas cuando lo asumas. También hay en ti un resentimiento hacia la vida, hacia la sociedad, a las que dices no. Tienes envidia del sexo femenino, pues en ese nivel, a ellas parece irles mejor. Te molesta el esfuerzo que se te exige para satisfacer esta imagen masculina consciente. Crees que esto es lo que debes hacer, y te molesta que sea lo que se espera de ti. Tal vez lo esperas de ti mismo. Sin embargo, esto es lo que crees que deberías hacer y ser… y te enoja. Es importante que encuentres el opuesto exacto del esfuerzo consciente, lo que significa la resistencia pasiva contra tu papel masculino. Le tienes miedo, lo niegas, no lo deseas, y rencorosamente lo rechazas. Cuando te vuelvas consciente de esto, habrás encontrado el punto que acabo de exponer. Entonces te volverás consciente de tus principales deseos negativos relacionados con tu identidad como hombre.

INTERROGADOR: Sí, examiné este asunto el año pasado, pero últimamente lo he pasado por alto.

RESPUESTA: Esto es lo que sucede con mucha frecuencia: se descubre algo y luego se guarda en un cajón, como si eso fuera suficiente. De ningún modo se cambia o elimina. De hecho, apenas han rasgado la superficie. Muchas veces es necesario que uno trabaje en otros aspectos por un tiempo antes de regresar al problema fundamental.

Sean benditos, cada uno de ustedes. Reciban este cálido río de amor que los rodea y los trasciende. Ábranse, pues este amor es verdad, y esta verdad es vida. Y esta vida es suya si tan sólo la piden. Los valerosos pasos que todos ustedes dan aquí tienen un significado. No carecen de sentido, no son inútiles, queridos míos. Que siempre sepan esto. Todos los reconocimientos de algo negativo que exista en ustedes contribuyen más al proceso universal de integridad que cualquier otra cosa posible. Así que sigan así. Sean benditos. Queden en paz. ¡Queden en Dios!

Dictada el 4 de febrero de 1966.