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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 145. Respondiendo al llamado de la vida

Saludos, mis muy queridos amigos. Las bendiciones de hoy son fuerza y poder que emanan de los deseos sinceros y del amor de todos los que están comprometidos en esta empresa; tanto los encarnados como los desencarnados.

Al principio de este nuevo año de trabajo me gustaría establecer una especie de proyecto que también constituya una reformulación de nuestro trabajo y su propósito. Las personas siempre necesitan una clarificación de sus motivos y conceptos: a dónde van y por qué.

Mientras se identifiquen exclusivamente con su ego y mientras ignoren la otra parte de sí mismos, estarán atrapados en una dolorosa lucha que los desgarra y a la que no le encuentran solución. Esto suele provocar una insoportable tensión y ansiedad. Esta inseguridad mental básica, con todo lo que de ella se deriva, puede ser eclipsada por todo tipo de búsquedas. Pero aunque estos propósitos pueden ser valiosos en sí mismos, no pueden aliviar el miedo básico ni la sensación de futilidad y desperdicio. Sólo cuando encuentren y activen su centro, en lo más profundo de ustedes, podrán realizar su destino, su razón de existir. Cualquier otra cosa que logren sirve sólo, si así lo deciden, para volverlos más conscientes de su ser real y, por lo tanto, de la realidad de ser. Entonces, y sólo entonces, encontrarán una seguridad y una paz genuinas que provienen de dentro. A fin de encontrarlas, deben renunciar a su aferramiento al ego exterior. Es decir, deben dejar de confiar exclusivamente en el ego, y usarlo más bien como herramienta para activar al ser universal que dormita en su interior.

Ahora bien, amigos míos, muchas personas saben esto y con frecuencia hablan de ello de labios para afuera. Pero entender esto teóricamente y vivirlo son dos cosas enteramente diferentes. El trabajo de este Pathwork está destinado a ayudarlos a lograr el despertar de un nuevo ser que no han experimentado conscientemente antes. Este camino les brinda los medios para alcanzar esto en verdad.

La vida lanza un llamado; hace una demanda a cada individuo vivo. Muchas personas no sienten este llamado. Sólo al volverse conscientes de sus propias ilusiones pueden simultáneamente volverse más conscientes de la verdad dentro de ustedes, y, por lo tanto, de la vida. En consecuencia, entenderán en cada momento lo que el llamado de la vida quiere transmitirles. ¿Cómo responden a él? ¿Responden con todo su ser? ¿O responden con tibieza? ¿O se niegan a responder en absoluto y ponen oídos sordos? Esta es la gran pregunta, amigos míos.

Lo que digo aquí, por simple que parezca, puede volverse muy importante para ayudarlos a cuestionarse honestamente: ¿Realmente desean entender el llamado de la vida? ¿Qué quiere ésta de ustedes? ¿Responden de todo corazón?

El llamado de la vida es un movimiento dinámico que también puede sentirse como una corriente. Esta corriente de vida se manifiesta de manera diferente en cada individuo. Es a la vez universal e intensamente personal. Es universal en el sentido de que tiende exclusivamente al despertar del ser real, la realidad absoluta. Lleva a cabo esto de una manera muy poco sentimental. Hace caso omiso de los apegos personales, las consideraciones sociales y cualesquiera otros valores periféricos, incluidos el dolor o el placer personales.

Si despertar el ser real requiere lo que temporalmente parece destrucción, esta destrucción resultará ser más bien el trabajo preparatorio de la vida interior real, la preparación necesaria para despertar su centro interior. Si el despertar les trae lo que resulta ser lo más gozoso para ustedes, la experiencia misma del gozo demuestra que están más sintonizados con su ser real de lo que se imaginan.

Las actitudes moralistas y contraproducentes muchas veces los inducen a rechazar lo que podría conducirlos a su destino y autorrealización sólo porque conlleva gozo, ya que tienen la idea equivocada de que la autorrealización debe de significar automáticamente privación y autosacrificio. Si sus condiciones de vida no promueven, tarde o temprano, su encuentro con su ser real, inevitablemente serán destruidas. Las condiciones que promueven el despertar del ser real traen paz, alegría, bienestar y placer intenso. Así es la corriente de la vida, que suele ser bloqueada por la terca resistencia de la Humanidad a verla.

El llamado de la vida es universal. La actitud necesaria para despertar el centro interior sigue los valores universales. La verdad, el amor y la belleza son aspectos universales de la corriente real de la vida. La existencia aislada del ego es también un estado general que afecta a todas las personas, pero la manera en que el ego bloquea al ser real es una cuestión personal; lo que es universal es el hecho de que la transformación del propio carácter es necesaria para permitir que la corriente de la vida fluya libremente. Un poco más tarde retomaremos el tema de la transformación.

Estos principios universales pueden reconocerse con el intelecto, pero no necesariamente se sienten y experimentan. Esto sólo puede suceder cuando la experiencia personal de la corriente de la vida se reconoce y se responde a ella. Por lo tanto, cualquier camino que lleve a una genuina autorrealización debe ser intensamente personal y ocuparse de problemas intensamente personales. Los que creen que absorber verdades generales y coleccionar más creencias verdaderas puede llevarlos a alcanzar la meta se engañan. Lo hacen porque no quieren ver la verdad de quienes son en el momento; prefieren un concepto idealizado de sí mismos. Su evasión misma los enajena más de la meta que la admisión honesta de que no quieren verse a sí mismos, y no desean permitirse experimentar emociones que temen o desaprueban, y sobre todo, no desean transformar sus defectos de carácter. La activación real—no teórica—del ser real con su vida vibrante, su abundancia ilimitada, sus posibilidades infinitas del bien, y su sabiduría y gozo supremos ocurre en el grado exacto en que se atreven a mirar la verdad temporal de ustedes. Esto significa sentir lo que sienten; tener el valor de transformarse en un ser humano mejor por la única razón de que tienen el deseo de contribuir a la vida, en vez de producir una impresión y buscar la aprobación. Cuando se derriban las barreras inmediatas a la transformación por sí misma, entonces el ser real con todos sus tesoros se manifiesta claramente.

Una de esas barreras es la vergüenza de lo que son ahora. Esta vergüenza los lleva a erigir un muro de reserva que los hace sentirse solos. La soledad puede negarse o racionalizarse; se puede culpar a otras circunstancias. En realidad, es su deseo de ocultarse de ustedes mismos, y de otros, lo que los separa de ellos. En los recovecos más profundos de su mente temen ser distintos de otros, ser peores, y no pueden exhibir la vergüenza de su diferencia. Esta convicción tan secreta los atrapa en la ilusión específica de su separación y los priva del beneficio de descubrir su universalidad, que ofrece su clima sanador a la psique. De nuevo, esto no pueden lograrlo mediante la comprensión teórica, sino experimentando verdaderamente aquellas áreas donde todavía se ocultan. Estas son precisamente las principales barreras que los separan de la corriente de la vida. La soledad del secretismo interior no puede aliviarse, independientemente de lo favorables que sean sus circunstancias exteriores. Esta soledad sólo puede aliviarse cuando vencen el orgullo oculto por su vergüenza. El trabajo intensamente personal de vencer su orgullo conduce a la realización de los valores universales que son los únicos que pueden darles el valor de fluir con la corriente de la vida.

El ser universal suele contradecir las reglas exteriores que provienen del ego de la Humanidad. Por lo tanto, no importa cuánto se rebelen las personas y las leyes sociales, de todos modos se encuentran confinadas dentro del ser del ego, profundamente inmersas en su lucha dualista entre la conformidad y la sumisión que requieren, versus la rebelión y el desafío. La verdadera emancipación de las reglas exteriores del ego no requiere ni conformidad ni rebelión. Actúa de acuerdo con valores interiores que pueden o no coincidir con los dictados de la sociedad. En ningún caso resultará dañada la persona que usa los valores interiores. Él o ella se volverán más íntegros, incluso en una turbulencia pasajera.

La llave no está tan oculta como parecería. Sólo pregúntense si están motivados por el amor y la verdad, y si se han comprometido totalmente con un camino de honestidad e integridad en este asunto en particular, independientemente de la opinión pública. ¿Dejan ir el miedo, el orgullo, el voluntarismo de su ego y tratan de escuchar la voz de lo divino dentro de ustedes, otra vez, sin importar las apariencias? Este camino está siempre abierto, y siempre que lo escojan los emancipará de la lucha del ego. Sus soluciones les traerán menos dolor y ansiedad. Inevitablemente llegarán las respuestas que los reconcilien con su conflicto y les traigan paz.

El llamado de la vida hace caso omiso de la moralidad superficial a la que la mayoría de las personas se adhiere ardientemente, o contra la que lucha con el mismo ardor. Esta moralidad se basa en el miedo a la desaprobación. Las personas pueden luchar contra ella porque en su mente la bondad equivale a la privación. El llamado de la vida hace caso omiso de las apariencias exteriores y del sentimentalismo miope. Su impulso es llevar a todos los individuos a su derecho natural, ya que se basa enteramente en los valores universales. Todo lo que importa está contenido en ellos.

¿Por qué se esfuerza tanto la Humanidad por evadir su destino, cuando este destino sólo trae cosas buenas? ¿Por qué se resisten a escuchar el llamado de la corriente de su vida cuando les trae sólo lo que es seguro, bueno, productivo y gozoso? Esta es la batalla trágica de la Humanidad. Por una parte, están muy preocupados por la inseguridad de su existencia. Sienten el desperdicio de su vida mientras juran lealtad al ser exterior, y por lo tanto a los valores exteriores. Por otra parte, hacen todo lo que pueden para mantener su estado de infelicidad. De hecho, buscan más y más medios para reforzar su identificación con su ego: más maneras y actividades exteriores, creencias exteriores y escapes exteriores. En ocasiones pueden lograr poner oídos sordos a la voz que les viene de lo más profundo de ustedes. Otras veces sienten la profunda inquietud, pero se niegan a entenderla.

Sólo aquellos que consciente y deliberadamente toman la decisión y se comprometen de una vez y para siempre a vivir su vida con el propósito primario de activar el ser real pueden encontrar la paz interior profunda que existe aun cuando los errores internos todavía impidan la autorrealización total.

Que cada uno de los que lea estas palabras se pregunte por qué está en el Pathwork. ¿Cuál es su propósito en la vida? ¿Viven sólo para arreglárselas lo mejor que puedan? ¿Trabajan en este camino porque hay ciertos síntomas que no desean tener y que sienten que interfieren desagradablemente con su vida? Desde luego que son libres de hacerlo. Pero dense cuenta del significado más profundo de esto, pues mientras su propósito sea únicamente eliminar ciertos efectos de su identificación con su ego porque ignoran o temen la activación del ser real, aparecerán otros síntomas de esta enfermedad principal. No pueden alcanzar el bienestar total, aun si logran eliminar estados temporales de dolor y privación. Hay una enorme diferencia entre estos dos objetivos. Mientras no logren orientarse por completo hacia la activación del centro interior de su ser real, no podrán usar todo el potencial que reside en ustedes, ni experimentar su libertad para usar los recursos ilimitados del universo en su beneficio. No poder hacer nada de esto, no ser capaz de ser lo que pueden ser, es un dolor interminable que necesitan permitirse experimentar conscientemente a fin de tener el incentivo de hacer algo al respecto.

En comparación, las actividades del ego, no importa lo grandes que sean sus logros, jamás les darán paz y seguridad, ni la sensación de ser lo mejor que pueden ser. El impulso del ego puede parecer darles poder sobre otros, pero jamás les dará autonomía e independencia, de manera que, tarde o temprano, la ilusión del poder sobre otros se revela como falsa.

Aconsejo a todos aquellos que buscan ayuda, así como a los que son helpers, que definan muy claramente su propósito. ¿Cuál es éste? ¿Cuán lejos desean llegar? ¿Se comprometen por entero? Entonces visualicen los síntomas específicos que desean eliminar. Cualquier perturbación es meramente un síntoma de la enfermedad básica de la identificación exclusiva con el ego, no importa qué nombre le den: neurosis, enfermedad, distorsión, infelicidad. Son libres meramente de eliminar los síntomas. Consideren lo que significa para su futuro tan sólo la eliminación de los síntomas. ¿Qué tienen pensado para después? ¿Pueden concebir que sea posible algo más? ¿Qué sería este “más”? ¿Cómo sería su vida con este “más”? ¿O se comprometen totalmente a descubrir quiénes son en realidad, qué es posible para ustedes?

Creo que aquellos que realmente piensan en ello y entienden bien todo el significado de esta importante pregunta, cuestionándose claramente sin engaños, responderán a la vida con todo su ser. Hablemos de este compromiso con el ser real.

Todos han experimentado en cierto grado, por medio de ciertas meditaciones, que el universo contiene el bien ilimitado, disponible para ustedes si se abren a él. Hay ocasiones en que experimentan vívidamente esta verdad y saben, sin sombra de duda, que su experiencia no es coincidencia ni ilusión; saben que es verdadera. Cuando saben esto, toda su actitud es clara, libre y relajada. Están profundamente convencidos de su verdad y confían en ella; se sienten merecedores y, por lo tanto, no rehúyen la realización; de ahí que ésta se produzca. Todo su ser resuena con una vibración positiva y constructiva, sin ningún conflicto. No se sienten egoístas por desear experimentar la belleza, ni retienen lo mejor de ustedes.

Pero entonces hay ocasiones en las que las cosas no funcionan así. Aunque en ciertas áreas de su vida ya han experimentado estas manifestaciones positivas, en otras áreas no logran romper el cerco. Tratar de alcanzar este bien no diferenciado con su ser del ego no funciona. Allí donde su ser real no está activado, las puertas al universo benigno están cerradas. Esto no se debe a que alguna autoridad prohibitiva decidió que no son dignos de ésta u otra realización específica; se debe simplemente a que algo en ustedes cierra el camino, y deben encontrar este algo para poder eliminarlo.

Cualquiera que sea la obstrucción, les hace tener miedo de soltar el ego, así que permanecen centrados en, y orientados al ego exterior. Este ego exterior es incompatible con el mundo unificado de todo bien, ya que está separado de él en la dualidad. Puede abrirse sólo al bien parcial para el que existe—como siempre ocurre con las dualidades—otro lado indeseable. Este lado indeseable puede debilitar el deseo del bien…de manera totalmente inconsciente. Asimismo, cualquier cosa que se interponga en el camino de soltar el ego siempre es, cuando se le expone y entiende plenamente, algo que daña la integridad y deforma la estructura del carácter. En consecuencia, la conciencia interior profunda se siente poco merecedora de todo bien y lo rehúye. Ese defecto de carácter mismo hace que la personalidad sea incapaz de lidiar con el bien, incluso allí donde existe.

Sólo el ser total puede relacionarse y unirse con el bien total. Pueden poner a prueba esto ahora mismo. Tomen cualquier problema con el que estén trabajando, sea un problema exterior que desean que cambie, o una condición interior que desean superar. Mediten, expándanse y traten de alcanzar la meta total. Reclamen esta meta total. ¡Cuántas veces sucede que sienten que es imposible hacerlo! Hagan la prueba ahora mismo.

Aunque realmente quieren reclamar su meta, siguen sintiendo que es imposible. Hay un muro que no pueden atravesar. Nunca, en ninguna circunstancia, deben ignorar o tratar despreocupadamente este muro. Jamás deben usar la presión de su voluntad para superar el “no” de este muro. Este forzamiento los alejará más de su ser real interior y, por ende, de la realidad de la vida donde todo bien está a su alcance. En vez de ello, tienen que interpretar el significado del muro. Tradúzcanlo en palabras claras. Ya sea que duden de que puedan alcanzar su meta o que se sientan culpables de alcanzarla, o que tengan el sentimiento de no merecerla, o que tengan miedo de las demandas de la vida cuando la hayan alcanzado, estos factores no constituyen la respuesta final. La reserva dentro de ustedes debe de estar vinculada a un defecto de carácter que realmente no han enfrentado, ni desean hacerlo, porque no quieren abandonarlo.

La transformación del carácter es una necesidad absoluta a fin de eliminar la identificación con el ego. Cuando digo “eliminar” no lo digo en el sentido de renunciar al ego, sino de usarlo como herramienta para encontrar el ser interior, y después permitir al ego que se integre con él. Deben entender claramente que esta integración es posible sólo cuando ciertos defectos de carácter ya se han transformado o cuando la persona está verdaderamente dispuesta a transformarlos con toda sinceridad y sin subterfugios. Debe haber un compromiso total, sin fingimiento ni simulación. Cuando ésta es su respuesta total a la vida, la corriente vital se volverá discernible y su sabia guía y significado se convertirán en una presencia poderosa en su vida.

Durante largo tiempo nos hemos concentrado en encontrar los errores, los conceptos falsos y los defectos que, desde luego, son interdependientes. De hecho, siempre tuvimos cuidado de señalar que no deben juzgarse ni ser moralistas con ustedes, porque estas actitudes son un estorbo, no una ayuda. Ya llegó el momento en que la diferencia entre ser moralistas y el deseo de transformarse debe reconocerse claramente. Creo que la mayoría de ustedes están ya en posición de entender con su corazón esta diferencia… y esta comprensión es lo que realmente cuenta.

El juicio, la moralización y el perfeccionismo ocurren cuando los valores se basan en normas exteriores. El propósito de esta conducta es complacer o impresionar a otros, concordar con las normas exteriores. La moralización siempre tiende a mostrar a otros lo correctos, buenos o superiores que somos. Cuando moralizan siempre necesitan demostrar algo. En cualquier grado que exista la moralización, existe sólo por el afán de las apariencias, y no porque el individuo se interese realmente por un asunto moral como tal. Pueden hablar de dientes para fuera de los sentimientos y derechos de los demás o de la liberación del ser real o del ser de otros, pero en lo más profundo éste no es el motivo. El motivo es parecer correcto o bueno… demostrar algo.

A la persona que desea genuinamente transformar sus defectos de carácter no le interesan en lo más mínimo las apariencias externas ni lo que otros piensen, sino exclusivamente la transformación misma, sin importar que otros la vean y la admiren o no. La moralización y la autoacusación falsas, dañinas y torturadas siempre ocultan una profunda insistencia interior de no cambiar. En consecuencia, la moralización es un movimiento interior torturado; reconocer el defecto en cuestión es insoportablemente doloroso sólo porque la persona se niega a renunciar a él. Como el moralizador se niega a renunciar a su tendencia negativa, la moralización trae más negatividad como secuela, aunque parece transmitir un intento honesto de ver el defecto y observar altas normas de moralidad porque uno es tan infeliz acerca de éste.

El deseo genuino de transformar defectos nunca se ve agobiado por una admisión desagradable de un defecto, no importa cuál sea éste, precisamente porque el deseo de cambiar es tan genuino. En este deseo expresan su amor por el universo porque desean contribuir a la vida con su propio ser. Esta resolución aligera el corazón, aun si uno no es capaz de transformarse de inmediato, porque todavía faltan eslabones perdidos que tienen que entenderse. Que ésta sea una medida para ustedes, amigos míos, en la continuación de su Pathwork. Cuando la distorsión que descubren hiere profundamente su alma y los hace desesperar de sí mismos o desesperar acerca de su capacidad para transformar el defecto, sepan que en un nivel más profundo de su ser no quieren deshacerse de esta tendencia. Entonces sigan adelante y descubran por qué no.

Cuando su personalidad esté orientada a un movimiento positivo del alma, no habrá ninguna obstrucción a transformar un defecto de carácter, y, en consecuencia, ninguna obstrucción a la abundancia ilimitada de bien que está al alcance de cada uno de los individuos del universo. Traten de llevar a cabo este movimiento interno permitiéndose fluir hacia delante en una completa afirmación en vez de la vieja negación. Cuando este movimiento pueda tener lugar, cuando se muevan hacia el mundo con una actitud relajada de estar igualmente dispuestos a dar y a recibir, la transformación no parecerá riesgosa. Parecerá una aventura maravillosa.

De modo que cuando se hallen atorados en su deseo de alcanzar el bien ilimitado y el poder creativo dentro de ustedes, encuentren una llave no sólo de donde son negativos para expresar su deseo, sino también de donde estén conectados con una negatividad persistente. Debe de haber un defecto de carácter correspondiente al que es igualmente difícil renunciar, pues mientras no se le vea, la negatividad persistirá. Esta negatividad excluye el desarrollo, la autoexpresión y la realización, así como los poderes creativos que residen dentro de ustedes. Este pensamiento podría ser una llave para muchos de ustedes.

Durante mucho tiempo tuvimos que concentrarnos principalmente en descubrir sus defectos e ilusiones, su negatividad o su destructividad, que niegan. Esto fue muy importante. Ahora podemos concebir una segunda fase importante del trabajo; la fase en la que practican extenderse al universo.

Dondequiera que tengan éxito porque son interiormente libres, verán manifestaciones nuevas en su vida como nunca antes. Donde se sientan todavía bloqueados, incapaces de creer, incapaces de llevar las cosas a término, encontrarán aspectos más profundos de sí mismos que no pudieron sacar antes y que ahora reconocerán como deformaciones de su estructura de carácter sin correr el peligro anterior de cerrarles la puerta por medio de su dañina moralización. Su libertad a este respecto creará el escenario de la decisión de transformarse, que de nuevo puede probarse por su sinceridad interior en sus meditaciones.

¿Cuán profundamente desean esta transformación? ¿Por qué siguen negándose a transformar estos defectos? En el momento en que estén verdaderamente listos para transformarlos, ya no encontrarán la puerta cerrada. Sentirán que se abre al universo ilimitado. Serán capaces de extenderse al universo y, en consecuencia, se sentirán dignos y capaces de recibir de él. Entonces ningún bien que deseen necesita tener un lado de sombra.

En ese momento también entenderán los valores reales y desecharán toda la falsa moralidad. Cuanto más dispuestos estén a transformar verdaderamente sus defectos, menos necesarios serán los valores exteriores y sobreimpuestos. Éstos suelen ser insensatos, especialmente desde el punto de vista del llamado de la vida, que requiere su respuesta y compromiso totales.

Ahora bien, ¿por qué tienen tanto miedo de este compromiso total con la vida? ¿De renunciar a la identificación con el ego? ¿De las manifestaciones positivas que pueden enriquecerlos? ¿Por qué se resisten al bien y luchan por mantener una lucha dolorosa y conflictos insolubles? ¿Por qué temen el bien que los libera? ¿Y por qué depositan su fe en el ego encarcelador del pequeño ser exterior y los pequeños valores exteriores? Hay varias respuestas a estas preguntas, dependiendo del ángulo. Escojamos primero el siguiente enfoque.

Cuando dudan de una realidad más grande y no se arriesgan a conocerla, se quedan en un mundo de dualidad. Como ya saben, este mundo dualista se caracteriza por el siguiente conflicto: “Si soy egoísta, voy a sufrir. No quiero sufrir. Pero si soy egoísta seré rechazado, despreciado, no amado, abandonado. Y eso también es sufrimiento”. En esta lucha van y vienen, en busca de una solución. Cuanto más creen en la “verdad” inevitable de estas dos alternativas, más probables es que experimenten la vida de acuerdo con ellas. No se atreven a ser generosos; no pueden desear totalmente ser generosos ya que esto significa renunciar a lo que creen que es una realización personal y la felicidad. Tampoco pueden comprometerse plenamente con una vida de egoísmo; en parte debido a la sempiterna existencia de su ser real, y en parte porque temen la opinión del mundo. Esta es la tragedia de esta lucha insensata. No pueden zafarse de sus redes mientras se identifiquen con y se entreguen a los valores, reglas y conceptos de la lógica del ego.

Cuando quieren transformarse, deben querer renunciar al egoísmo y al deseo de engañar a la vida, a ustedes mismos y a otros, en la forma que sea. No pueden arriesgarse totalmente a esto cuando entraña el sacrificio de todo lo que quieren. Pero el estado más doloroso es la indecisión, y esto es cierto en todos los niveles. Es su destino mientras no hayan trascendido el nivel de realidad del ego. No pueden reconciliar la realización y la generosidad, así que siguen indecisos; siguen vacilando entre dos campos. Si muchas personas fueran capaces de comprometerse totalmente a una vida de egoísmo, pronto la dejarían atrás porque reconocerían que no lleva a ninguna parte, que no conduce a la salvación que buscan tibiamente en ambos campos.

Todos ustedes, todos, están en esta lucha. Todos sus problemas son una expresión y un resultado directo de esta dualidad. Vean sus problemas, profundicen lo más posible en ellos, y verán que es así. Tienen miedo de los impulsos del ser más grande y sabio, pero no quieren comprometerse de todo corazón con él mientras crean que alguna desventaja resultará de su decisión.

El hecho de que sean capaces de buscar y recibir lo bueno del universo sólo cuando estén superando sus defectos puede parecer, a primera vista, como el concepto de la recompensa y el castigo. Puedo decirles que este concepto es una distorsión del proceso que he explicado. La recompensa y el castigo suponen una autoridad exterior que reparte los postres justos de las acciones y actitudes del individuo. Suele suponerse que la recompensa o el castigo tienen lugar sólo en el más allá.

Sin embargo, lo que yo explico es un mecanismo que tiene lugar dentro de la personalidad. El ser más íntimo está consciente de la incongruencia de tratar de alcanzar lo mejor mientras se niega a dar lo mejor. Además, obtener lo mejor es una carga que uno teme cuando no está dispuesto a dar lo mejor. Y a la inversa, dar lo mejor de uno es imposible cuando lo asocia con el sacrificio y la desventaja. La existencia misma de una creencia en el castigo y la recompensa tapa la profunda desesperación de que la generosidad trae privación, así que uno se ve forzado a reprimir el deseo total de amar y de dar. Las recompensas y los castigos, en cualquier forma que existan, son compensaciones de la insoportable realidad percibida en la dualidad.

Cuando el ser real se activa, este conflicto deja de existir. Es posible activar el ser real cuando este conflicto específico deja de ocultarse. Dentro de la realidad del centro interior, la escisión ya no existe. Descubrirán que es igualmente posible dar de sí con todo el corazón, amar, ser generoso, ser humilde, renunciar al egocentrismo del niño asustado, permitir a otros ser libres sin importar lo que esto signifique para ustedes, y, aun así, no ser un perdedor. Pronto el sentimiento de no tener que ser necesariamente un perdedor se transformará en una convicción de que es posible ser un ganador. Primero entenderán que ser un ganador es posible; más adelante, que esto está inextricable conectado con la decencia. Será así porque son lo suficientemente libres para querer ambas cosas.

Cuando emprendan la transformación de sus defectos, tendrán de ustedes una opinión suficientemente buena para abrirse a todo el bien que desee llegarles. Cuando empiecen a tener éxito en esta transformación serán lo suficientemente fuertes para tolerar la felicidad. Pueden reclamar lo mejor cuando se hallen en el proceso de transformar lo que los hace no gustarse, se den cuenta o no de este disgusto, sigan proyectando todavía o no su propio odio hacia otros. Entonces entenderán la verdad de la realidad absoluta y de su ser real: que es que no hay límites a la expansión. Por medio de esta evolución su intuición se volverá fuerte y confiable. Entonces acatarán la demanda de su corriente vital personal. Tendrán el valor de fluir con ella parezca o no concordar con las expectativas, las reglas y los valores exteriores. Mientras estén muy decididos a seguir los valores interiores, los exteriores dejarán de ser importantes, ya sea en su propia mente o en las manifestaciones exteriores de su vida. Por lo tanto, no tendrán miedo cuando su vida no se adapte a las convenciones. Pronto la vida exterior seguirá el ejemplo y no surgirán fricciones. El mundo marchará a la par que ustedes.

Hay dos llaves importantes para ustedes en esta conferencia, que podrían ser los puntos mismos que buscan a fin de salir de un cuello de botella momentáneo. Los recapitularé brevemente:

¿Cuál es su meta en la vida? ¿Cuál es su meta en este Pathwork? ¿Hasta dónde desean llegar? ¿Quieren eliminar sólo unos cuantos síntomas? ¿O desean la realización total, la activación de un centro interior en el que todo bien, toda salvación de la ansiedad, la inseguridad y la confusión existan? En caso afirmativo, ¿están dispuestos a pagar el precio de la perseverancia, del compromiso total? El compromiso total saca a la luz sus posibilidades totales. Los potenciales ilimitados de su ser más íntimo les permiten realizar el bien ilimitado.

Encuentren el punto exacto donde sus deseos positivos están bloqueados, y luego pregúntense qué defecto de carácter específico no les permite abandonar una actitud autodestructiva y autonegadora.

Afirmen claramente que desean encontrarlo. Una vez que lo vean, todavía tienen tiempo para decidir si desean o no renunciar a él. Si no es así, averigüen por qué no. La insistencia en aferrarse a algo que viola su integridad y su decencia retiene lo mejor que tienen que ofrecer y lo mejor que pueden ser. Esto perjudica su autorrespeto. Puede no ser una manifestación exterior crasa; puede ser una pequeña desviación oculta que no parece dañar a nadie, pero siempre lo hace, se den cuenta de ello o no.

El progreso que experimentan vívidamente muchos de ustedes está en exacta proporción a su disposición y apertura. No es ningún misterio lo que produce el progreso, pues este camino debe funcionar cuando existen la disposición y la apertura. Aquellos de ustedes que no están satisfechos con su progreso deben cuestionarse profunda y sinceramente: “¿Qué he retenido? ¿En qué aspecto no quise andar todo el camino? ¿Dónde perdí la claridad del propósito? ¿Y dónde desconecté el propósito de donde estoy en este momento porque no quiero exhibirme? No quieren ver que se resisten por miedo y vergüenza; éstos son obstáculos innecesarios que usan para cerrar las puertas a la liberación.

Aquellos de ustedes que han progresado y sienten la emoción de una vida nueva pueden esperar muchas cosas más, pues ahora fortalecerán sus propios poderes. Serán capaces de activarlos más y más para eliminar los obstáculos de sus ilusiones restantes y orientarse a lo que es eterno dentro de ustedes, lo que nunca tiene conflictos ni torturas. Aprenderán a experimentarlo como una realidad viva.

Sean benditos. Reciban la fuerza y el amor que fluyen hacia ustedes. Queden en paz. Queden en Dios.

Dictada el 9 de septiembre de 1966.