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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 157. Posibilidades infinitas de experiencia obstruidas por la dependencia emocional

Saludos, mis muy amados amigos. De nuevo trataré de ayudarlos a progresar donde puedan estar atorados. Aunque cada uno de ustedes puede tener un problema diferente que enfrentar en este momento, esta conferencia convergerá en la verdad única que todos necesitan ahora para poder proceder en su desarrollo sin demasiados obstáculos. Así pues, entendamos ciertos factores fundamentales que existen en ustedes y en el universo.

Todas las grandes enseñanzas espirituales dicen que la creación es infinita en sus posibilidades y que el potencial humano para volver realidad estas posibilidades infinitas de felicidad existe en las profundidades interiores del ser de cada persona. Casi todos ustedes han escuchado estas palabras. Algunos pueden creerlas, por lo menos como principio; otros pueden tener sus dudas sobre aceptarlas, así sea sólo en teoría. Tratemos ahora de vencer algunas de las dificultades para entender estos principios.

En primer lugar, es necesario que entiendan que nadie crea nada nuevo. También es imposible que algo nuevo llegue a existir. Sin embargo, es posible que una persona haga manifiesto algo que ya existe. Es un hecho que todo, absolutamente todo, existe ya en otro nivel de conciencia. La palabra todo no puede transmitir el alcance de este concepto. Cuando uno habla de la infinidad de Dios o de la infinidad de la creación, ésta es parte del significado. No hay ningún estado de ser, ninguna experiencia, ninguna situación, ningún concepto, ningún sentimiento, ningún objeto que no exista ya. Todo en el mundo existe en un estado de potencialidad que ya contiene dentro de él el producto acabado. Puedo ver que no es fácil para los seres humanos aceptar esta idea, pues es tan contraria a su modo de pensar, de ser y de experimentar en su nivel promedio de conciencia. Pero cuanto más profundicen en sus pensamientos sobre este tema, más fácil les resultará percibirlo, intuirlo y entenderlo. Conocer y entender este principio de la creación—que todo existe ya y que los seres humanos pueden manifestar esas posibilidades existentes—es uno de los requisitos necesarios para experimentar la plenitud del potencial infinito de la vida.

Antes de que puedan crear nuevas posibilidades de desarrollo y gamas enteramente nuevas de experiencia en su vida personal, deben aprender primero a aplicar estas leyes de la creación a las áreas problemáticas de su vida, en las que se sienten perturbados, limitados, incapacitados o atrapados. El desarrollo sano del ser real sigue a la creación de una personalidad sana. Esto puede suceder una vez que aprenden y comprenden que las leyes de la creación sólo funcionan si las aplican primero a las áreas problemáticas de la personalidad.

Cualquier posibilidad que conciban pueden hacerla realidad. Supongamos que están inmersos en un conflicto al que no le encuentran la salida. Mientras no conciban una salida, no pueden realizar la posibilidad ya existente de una resolución. Si sus conceptos acerca de la salida son nebulosos o poco realistas, también lo serán las soluciones temporales que les parezcan las únicas posibilidades. Lo mismo se aplica a su vida como un todo. Si verdaderamente entienden que existe un número infinito de posibilidades en cualquier situación dada, encontrarán soluciones donde hasta ahora era imposible hacerlo.

Es su prerrogativa como seres humanos usar estas leyes de la creación y hacer una búsqueda de modo que estas posibilidades infinitas puedan desplegarse y les permitan participar plenamente de las ofrendas de la vida. Si su vida les parece limitada es sólo porque están convencidos de que su vida debe ser limitada. No pueden concebir nada más de lo que han experimentado hasta ahora y están experimentando en la actualidad. Éste es precisamente el primer obstáculo. Por lo tanto, a fin de expandir sus propias posibilidades de felicidad, su mente debe entender el principio de que no pueden llevar algo a la vida si primero no lo conciben. Deben meditar mucho en esta oración, pues la comprensión de este concepto les abrirá puertas nuevas. También deben entender que hay una enorme diferencia entre concebir más posibilidades de expansión o felicidad, por una parte, y soñar despiertos, por la otra. La ensoñación nostálgica y resignada que se apodera de la fantasía como sustitución de una realidad gris no es, en absoluto, lo que quiero decir aquí, y es, de hecho, un obstáculo para la concepción apropiada de los potenciales de la vida. Necesitan tener un concepto vigoroso, activo y dinámico de lo que es posible en la realidad. Cuando saben que algo que desean producir existe en principio, han dado el primer paso hacia su realización.

Por lo tanto, invito a cada uno de ustedes a contemplar lo que verdaderamente conciben como posibilidades para su vida. Si se examinan de cerca, encontrarán ante todo que conciben posibilidades negativas que naturalmente temen, desean evitar y contra las que se defienden. Cuando emplean la mayor parte de sus energías psíquicas a defenderse de posibles experiencias negativas, su motivación es negativa.

La motivación negativa no implica necesariamente una intención destructiva. Lo que es más, una motivación positiva en este contexto podría significar también una intención y un propósito negativos. Al examinar de cerca sus procesos mentales y emocionales descubrirán que están negativamente motivados en una medida considerable. Esta es una de las primeras obstrucciones que los encierran en una prisión imaginaria e innecesaria. Esto se aplica, desde luego, a todos los niveles de su personalidad. Se aplica al nivel mental, donde no pueden imaginar en realidad los infinitos panoramas de la experiencia, la expansión y la estimulación de todo tipo de posibilidades maravillosas y felices que tienen la prerrogativa de alcanzar en esta vida. Existe en el nivel emocional, donde no permiten el flujo espontáneo y natural de sus sentimientos, donde temerosa, ansiosa y desconfiadamente se cierran. También existe en el nivel físico, en el sentido de que no le permiten a su cuerpo experimentar el placer que está destinado a experimentar. Todas estas son limitaciones que se infligen innecesariamente.

La siguiente obstrucción a expandir su vida y crearse la mejor de todas las vidas posibles es el siguiente racimo de errores conceptuales que están tan difundidos en el mundo: “¡No es posible ser realmente feliz! La vida humana es muy limitada. La felicidad, el placer y el éxtasis son metas frívolas y egoístas que las personas verdaderamente espirituales deben abandonar por el bien de su desarrollo espiritual. El sacrificio y la renuncia son las llaves del desarrollo espiritual”. No debemos esclarecer más estos errores conceptuales profundamente arraigados, que muchas veces son más inconscientes que conscientes. Pero es necesario que descubran estas reacciones sutiles observando su renuencia a dar los pasos necesarios para volver realidad una perfectamente inofensiva y normal satisfacción de una necesidad genuina o de un propósito constructivo. Sienten como si algo los retuviera y paralizara sus esfuerzos. Aunque suele haber también otras razones de esta renuencia—algunos de los cuales examinaremos en breve—, también suele ser cierto que han aceptado simplemente una idea negativa que realmente no tiene sentido ni propósito bueno.

El miedo a la felicidad, al placer, a la expansión de las experiencias de vida se basa en la ignorancia de que esta plenitud pudiera existir o de que poseen todos los poderes, las facultades o los recursos para crear y producir lo que desean. También se basa en errores conceptuales como: “El placer es algo malo” o “Es egoísta perseguir la realización personal”. El miedo a la felicidad también se basa en el miedo a ser aniquilado y disuelto si llegaran a confiar en el flujo de las fuerzas universales y actuaran de acuerdo con ellas. Esta confianza necesita que dejen ir la voluntad del ego y de sus fuerzas, y después se rindan a las fuerzas benéficas de su naturaleza profunda. Cada uno de los seres humanos de este mundo alberga una actitud de miedo y debilidad. Como este aspecto de la personalidad suele provocar una gran vergüenza, se le mantiene en secreto, muchas veces incluso de la mente consciente. Se inventan muchos artilugios a fin de ocultar esta debilidad y dependencia, que los hacen sentir totalmente impotentes, incapaces de afirmarse y hasta de proteger su verdad y su integridad. Cuando se trata de esta área del alma, uno se ve constantemente obligado a venderse y traicionarse a fin de repeler la desaprobación, la censura y el rechazo. La necesidad de ser aceptados por otros suele ser menos vergonzosa que el medio al que recurre la personalidad para aplacar y apaciguar a otros. Las maneras de defenderse son tan fundamentales psicológicamente que no pueden progresar en su trabajo de autopurificación a menos que vean cómo funcionan éstas en su vida. Todos los mecanismos de defensa que han descubierto y tal vez incluso empezado a eliminar son, o bien sus maneras de obtener lo que consideran que es la aceptación aparentemente vital de otros, o bien sus modos de ocultar su vergonzosa sumisión, muchas veces mediante una actitud aparentemente opuesta de indiferencia, hostilidad o de rebeldía compulsiva y ciega, además de una excesiva agresividad.

Pocas cosas causan tanto dolor y vergüenza a los seres humanos como este punto débil interior y temeroso, que los hace sentir impotentes y obligados a venderse. Ya saben, amigos míos, que esta área de la personalidad sigue siendo niña. Esta no sabe todavía que toda la personalidad ha crecido y ya no es impotente y dependiente. Los bebés y los niños pequeños son verdaderamente impotentes y dependientes de los padres. Pero en el rincón infantil de su ser, o no lo saben, o no quieren saber que esto ya no es cierto.

El niño pequeño depende de sus padres en todas las áreas básicas de la vida: techo, alimentos, afecto, protección y, por último, pero no menos importante, la muy necesaria provisión de placer. El ser humano no puede vivir sin placer. Negar esta verdad es uno de los errores más dañinos. El cuerpo, el alma, la mente y el espíritu se marchitan sin placer. En todas estas áreas deben tener contacto, cooperación y comunicación con otros en grados variables. No pueden ustedes satisfacer ninguna de estas necesidades sin interactuar con otras personas. Pero esta interacción es totalmente distinta de la dependencia pasiva y débil del niño pequeño. La persona totalmente adulta emplea sus mejores fuerzas, inteligencia, intuición, talentos, observación, y flexibilidad para llevarse bien con otros al dar y recibir. Su sentido adulto de la justicia los vuelve suficientemente maleables para ceder. Y su sentido del ser los vuelve tan asertivos que no permiten que los pisen y abusen de ustedes. El frecuentemente fino equilibrio de estas fuerzas de comunicación no puede enseñarse. Sólo puede aprenderse por medio del crecimiento personal.

El niño es incapaz de lograr este equilibrio. Es rígidamente unilateral en su insistencia en recibir, pues ésta es su necesidad. Lo mismo se aplica al placer. El niño debe tener el permiso de sus padres para establecer y utilizar la fuente de todo placer en las profundidades de su ser. A través del permiso de sus padres el niño desarrollará la fuerza y la seguridad para hacer contactos significativos. Cuando todavía necesitan que otra persona les permita experimentar el placer, se hallan todavía en la posición del niño o el bebé. Lo repito: esto jamás implica que alguien pueda prescindir de otros, pero, en el caso de los adultos, el énfasis cambia. Los adultos maduros encuentran dentro de sí mismos un pozo inagotable de sentimientos maravillosos. La inseguridad y la debilidad no pueden existir cuando se activan estos sentimientos.

Cuando parte de su desarrollo se detiene, esperan que otra persona, un sustituto parental, haga posible que ustedes recurran a la profunda fuente de sus propios y ricos sentimientos. Saben de estos sentimientos placenteros y los anhelan, pero no saben que ya no son niños dependientes de otros que les permitan activar y expresar estos sentimientos ricos. Esta es su tragedia humana, pues de este modo se meten en un círculo vicioso. Siempre que un error conceptual se acepta como verdad, inmediatamente se produce un círculo vicioso que paraliza las fuerzas del placer, que son buena parte de la energía que tienen a su disposición. Así, su vida se vuelve aburrida y opaca.

Negar el intenso placer de ser, el placer de sentir el flujo de energía de su cuerpo, su alma y su espíritu, es negar la vida. Cuando un niño sufre esta negación, su psique recibe un choque por la repetida ausencia de placer y, por lo tanto, de la repetida presencia del anhelo no satisfecho. El choque impide el crecimiento en esta área, de modo que toda la personalidad crece en forma desequilibrada. Su mente adulta consciente ignora el hecho de que un niño que llora, que demanda y que se siente enojado e impotente sigue existiendo dentro de ustedes. Su ser adulto cree que ya creció por completo. Sin embargo, en el nivel inconsciente donde reside este niño, no saben que han crecido y que ya no necesitan el permiso de los padres o de un sustituto parental como su fuente de placer y de vida. No saben que son libres para moverse hacia el placer, hacia su propia plenitud, hacia la realización de sus propios poderes para conseguir lo que quieran y necesiten. Esta es una de las escisiones más fundamentales de la personalidad humana.

Veamos ahora más de cerca este rincón oculto de su psique donde todos ustedes han seguido siendo niños. ¿Dónde ignoran este hecho y dónde ignora su niño interior los derechos y poderes de su estado adulto? El círculo vicioso específico que mencioné antes es éste: Cuando no saben que todo en el universo ya existe, que pueden recrearlo todo manifestándolo en su propia vida, se sienten dependientes de una fuerza o autoridad externa que satisfaga todas sus necesidades y deseos. Debido a esta distorsión de los hechos, esperan la satisfacción de una fuente incorrecta. Esta espera hace que su necesidad sea perpetuamente insatisfecha. Cuanto más insatisfecha es, más urgente se vuelve la necesidad. Cuanto más urgente es la necesidad, mayor es su dependencia, su esperanza, y más frenéticos son sus intentos de complacer al otro que suponen que debe gratificar su necesidad. Entonces se desesperan; cuanto más lo intentan, menos satisfacen su necesidad precisamente porque sus intentos son poco realistas. Conscientemente, no saben esto; no saben qué fuerzas los impulsan ni en qué dirección son impulsados. Se desesperan porque en su urgencia de ver gratificada su necesidad se traicionan a sí mismos, su verdad y lo mejor que hay en ustedes. Sus esfuerzos frustrados y su autotraición crean una corriente forzante.

La corriente forzante puede manifestarse de una manera muy sutil y no ser obvia, pero las emociones están todas mezcladas con ella. Esto debe inevitablemente afectar a otros que los rodean y tener sus consecuencias legítimas y apropiadas. Cualquier corriente forzante hace que otros se resistan y se encojan, aun si lo que se ven forzados a hacer es para su propio beneficio y deleite. Así continúa el círculo vicioso. La frustración continuada, que ustedes creen que es causada por la mezquina negativa de la otra persona a cooperar y dar, trae a su alma rabia, furia, tal vez incluso un deseo de venganza y grados variables de impulsos crueles. Esto, a su vez, debilita aún más a la personalidad pues surgen más sentimientos de culpa. Llegan a la conclusión de que deben ocultar sus sentimientos destructivos a fin de no enemistarse con esta otra persona, a la que perciben como la fuente de la vida. El enredo se vuelve más y más apretado; el individuo está completamente inmerso en esta trampa de errores conceptuales, distorsiones e ilusiones que le siguen. Se encuentran en la absurda posición de ansiar el amor y la aceptación de una persona a la que odian y con la que están resentidos por haberlos dejado insatisfechos durante tanto tiempo. Esta insistencia unilateral en ser amados por una persona hacia la que uno siente tanto resentimiento y desea castigar aumenta la culpa, pues la siempre despierta presencia del ser real envía su reacción a una mente que es incapaz de aceptar y distinguir los mensajes del ser real de los que vienen del niño interior.

El hecho de que su necesidad no sea satisfecha por el otro también debilita su convicción de que tienen derecho al placer que tanto desean. Vagamente sospechan que pueden estar equivocados al desear siquiera este placer. Así empiezan a desplazar la necesidad y deseo originales de placer a otros canales donde son sublimados. Otras necesidades, más o menos compulsivas, surgen a la existencia. Mientras tanto, están desgarrados entre la fuerza de la necesidad original profundamente oculta y la duda de que tengan el derecho de verla satisfecha. Cuanto más dudan, más dependientes se vuelven de la reconfirmación por una autoridad exterior: un sustituto parental, la opinión pública o ciertos grupos de personas que representan para ustedes la última palabra de la verdad.

Cuanto más se perpetúa este círculo vicioso, menos placer permanece en la psique, mientras que el displacer se acumula. Esta persona se desespera cada vez más de la vida y duda de que la realización sea posible. Llega un punto en que la persona se da por vencida interiormente.

No existe un solo ser humano que no albergue en su interior semejante área débil. En este rincón secreto se sienten no sólo impotentes y dependientes, sino también profundamente avergonzados. La vergüenza se debe a los métodos que emplean para apaciguar a la persona que supuestamente, en cualquier periodo dado, debe cumplir con el papel de la autoridad y darles lo que necesitan en términos de placer, seguridad y autorrespeto.

La corriente forzante dice: “Debes”, y demandan a otros que sean, sientan y hagan lo que ustedes necesitan y desean. Estas demandas pueden no manifestarse exteriormente para nada. De hecho, en la superficie pueden carecer totalmente de autoafirmación. Su incapacidad o dificultad de afirmarse sanamente es resultado directo de tener que ocultar la corriente forzante subyacente, vergonzosa y amenazante. Es amenazante porque saben bien que, si la muestran abiertamente, evocará una gran censura, desaprobación y posiblemente incluso el rechazo abierto.

Los invito a todos a encarar vigorosamente esta área en ustedes. Algunos ya lo han hecho; otros siguen luchando con ella y han admitido su existencia apenas con tibieza. Tal vez algunos de ustedes todavía tengan que plantarle cara. Pero todos deben lidiar con ella si desean volver realidad los mejores potenciales propios y de la vida, y si desean descubrir sus poderes infinitos de crear un infinito bien en su vida.

Cuanto más intensamente le arrojen en secreto a otros ese “Debes”, más inactivarán sus propios poderes. El resultado es que se paralizan y se vuelven inactivos en cuerpo, alma y mente. Esta inactividad les impide moverse hacia su propio núcleo, el lugar donde todas las promesas realistas y todos los potenciales de todo tipo de satisfacción y deleite existen. Inadvertidamente se fuerzan a apoyarse en otros, lo que debe suscitarles odio. Por el contrario, encontrar el tesoro de su propio núcleo los vuelve libres. Entonces el contacto con otros se convierte en un lujo delicioso que suscita amor.

Al ejercer continuamente una presión interna y oculta sobre otros porque creen que son dependientes de ellos disminuyen su energía disponible. Si la energía se usa a su manera natural, correcta y significativa, jamás se agota. Ya saben esto, amigos míos. La energía sólo se agota cuando se le usa mal. Existen innumerables métodos que los seres humanos emplean a fin de encender esta corriente forzante. Ellos comprenden la conformidad en grados variables, la resistencia pasiva, el deseo de hacer daño, el retraimiento, la negativa a cooperar, la agresión franca, la intimidación y la persuasión a través de la fuerza falsa y la asunción de un papel de autoridad. En lo más profundo, todos ellos significan: “Debes quererme y darme lo que necesito”. Cuanto más ciegamente se involucren en esta manera de ser, más se debilitarán y luego más se enajenarán del centro de su verdadera vida interior, donde encuentran todo lo que jamás pueden necesitar y querer.

A fin de reorientar las fuerzas del alma hacia la salud y restaurar su verdadera naturaleza, tiene que pasar esto: suelten a la persona o personas específicas de quienes esperan la realización de su vida y a quienes simultáneamente les tienen resentimiento por este mismo hecho. Todos deben reconocer que tienen expectativas y hacen demandas a otros que nadie sino ustedes pueden satisfacer. Todo lo que necesitan y anhelan, incluido el amor real, sólo puede llegar cuando su alma no tiene miedo, y saben que la fuerza de sus sentimientos, con la que pueden dar y recibir amor se localiza dentro de ustedes. Mientras se apoyen en otra persona como lo haría un niño, negando al adulto que son, se esclavizan en el verdadero sentido de la palabra. Cuanto más hagan esto, menos pueden recibir o dar, y menos encontrarán su hogar en ustedes los sentimientos reales acerca de cualquier experiencia vital

Como el miedo y el enojo ocupan la mayor parte del espacio de su psique, es esencial que dejen salir estas emociones negativas de la manera en que aprenden a hacerlo en este Pathwork, donde nadie sale dañado. Dejar salir el miedo y el enojo deja espacio para los buenos sentimientos. Muchos de ustedes aún están encerrados y paralizados. Expresar el miedo y el enojo es lo último que quieren hacer. Aun si reconocen estas emociones en principio, todavía prefieren exteriorizarlas en su inconciencia en vez de expresarlas directamente y responsabilizarse de ellas. Todavía reclaman una perfección falsa—aunque no crean que exista ya en ustedes—a fin de disponer favorablemente a otros hacia ustedes. También se aferran con uñas y dientes a las emociones negativas porque tienen miedo a los sentimientos positivos. Éste es otro aspecto más del mismo círculo vicioso.

Cuanto menos responsables se sientan de los sentimientos negativos que aún poseen, así como de su derecho y su capacidad de crear felicidad, más deben vivir con miedo. En consecuencia, más deben hacer algo para eliminar ese miedo. Así se genera la motivación negativa. Viven una vida improvisada de evitación en vez de crear una vida expansiva y de desarrollo llena de experiencias y placeres positivos. Se proponen evitar la amenaza de expresar sus propios sentimientos negativos porque echarían a perder su esfuerzo de obtener de otros todo lo que, de hecho, deben obtener de dentro de ustedes. Le apuestan a su salvación de parte de otros, de los que jamás llegará.

Su nueva orientación a la vida—aparte de la necesidad fundamental de reconocer todos estos aspectos negativos—debe empezar siempre con la voluntad de soltar, o dejar ir. Esto no se puede forzar con alguien que no ha tomado conciencia de la dependencia misma de maneras muy exactas. Pero una vez que esto sucede, se vuelve posible renunciar a lo que uno se ha aferrado tanto. Este aflojamiento debe ocurrir para producir un cambio en la estructura de equilibrio de las fuerzas del alma, de modo que los círculos benignos puedan empezar a perpetuarse.

También necesitan estar dispuestos a deshacerse de su racionalización, que parece justificar su caso. Siempre pueden lograr presentar su vida ante sí mismos y otros como si sus deseos, sus necesidades y sus demandas a los demás no sólo estuvieran justificadas, ya que no tienen nada de malo, sino que también fueran benéficas para la otra persona. Esto puede incluso ser muy cierto hasta cierto punto. Lo que ustedes quieren, en principio, puede ser efectivamente bueno y tal vez tengan derecho a ello. Pero cuando recurren a una corriente forzante emocional y oculta, están buscando una satisfacción de la manera incorrecta y no le conceden a la otra persona la misma libertad que desean para ustedes. No le dan a la otra persona el derecho de escoger libremente a quién amar y aceptar, ni el derecho de no ser rechazada y odiada por afirmar esta libertad. Ni siquiera le dan al otro el derecho de equivocarse sin ser totalmente odiado y negado. Esta es una libertad que desan intensamente para ustedes, y se resienten con otros cuando no se la dan a ustedes. Son incapaces de defenderse de una manera adecuada en estos casos, sólo porque en ciertos niveles emocionales no conceden esta misma libertad a otros. Cuando examinen esto muy de cerca verán que es verdad. Y cuando lo hagan, su sentido de justicia y objetividad les ayudará a renunciar a aquello a lo que tan desesperadamente se aferran, incluso mientras emocionalmente todavía crean que su vida depende de lograr que el otro sienta y haga lo que ustedes desean.

Una vez que hayan aprendido esta condición inicial, aceptando el número de recaídas inevitables que siempre deben ser nuevamente observadas, darán un paso enorme hacia esa fuente de su ser interno donde no están encadenados por su debilidad y ansiedad, ni por su miedo y enojo. Todos ustedes se rozan con una correa alrededor de su cuello que los mantiene dependientes y ansiosos en una situación en la que no pueden encontrar la fuerza para afirmarse, en la que se hallan absolutamente atrapados e incapaces de encontrar una salida porque cada posibilidad parece inadecuada. Saben que ninguna de las alternativas visibles les da esa buena sensación acerca de ustedes mismos, esa fuerza y bienestar resilientes, en las que incluso los pasos difíciles se vuelven factibles porque saben que son buenos para ustedes. La mayoría de ustedes han experimentado, por lo menos ocasionalmente, este estado de conocimiento interno en el que su ser real era libremente operante dentro de ustedes. Nuestro propósito es sacar por completo ese ser real.

A fin de liberar al ser real, deben encontrar esa área de su vida donde están más atados y más ansiosos. Pregúntense qué quieren del otro cuando están tan atados, tan resentidos, con tanto miedo, tan débiles, tan incapaces de ser ustedes mismos. Experimenten esta correa a la que sólo pueden renunciar cuando dejen de querer de otros lo que deben darse ustedes. Esto lo acercará más a soltar. Entonces sabrán que ésta es la necesidad compulsiva con la que se esclavizan, se debilitan y se paralizan. Cuando suelten, experimentarán una fuerza nueva y resiliente que sale de ustedes y que de repente concilia problemas aparentemente insolubles. Serán libres en la misma medida en que dejan que otros lo sean. Sólo cuando pueden perder en el nivel del ego pueden ganar en el nivel del ser real, donde está el poder de crear una vida buena.

A la inversa, su incapacidad de renunciar, de ser justos, de dejar libres a los otros, su insistencia en ganar y salirse con la suya, y su negativa a perder en el nivel del ego vuelven imposible que ganen donde cuenta y donde encontrarían su fuerza real. Jesucristo quiso expresar esto cuando dijo que el que quiera vivir debe estar dispuesto a perder su vida. En una de mis primeras conferencias hablé de esto cuando dije: “Deben renunciar a lo que quieran obtener”.

Aquí estamos hablando de niveles de conciencia. Espero que sea muy claro que no se requiere ningún sacrificio ni renuncia. Lo que quiere decir esto es que no pueden obtener lo que quieren, y lo que efectivamente deben tener, ejerciendo presión sobre una fuente exterior con todos sus esfuerzos. El énfasis debe cambiar. Si insisten en ganar en el nivel incorrecto, no pueden ganar verdaderamente. Si pueden perder en ese nivel del ego, ganarán. Entonces entrarán de cierto en ese núcleo de ustedes donde existen todos los poderes concebibles. Al otorgar a otros el derecho a ser, sea o no conveniente para ustedes, en esa medida verdaderamente encontrarán sus propios derechos.

Encontrar estos derechos es un proceso constante de crecimiento. El proceso se manifestará primero cuando ya no se traicionen ni se degraden. Encontrarán defensas genuinas y buenas contra el abuso y se sentirán bien con ellas. Más adelante descubrirán su siempre creciente derecho al placer y a la felicidad. Descubrirán que se mueven hacia visiones de lo que podría ser su vida, hacia posibilidades que jamás soñaron que podrían existir. De pronto se permitirán el placer. Ya no se encogerán ante él, como inadvertidamente siguen haciéndolo ahora. Dejarán de minar los procesos espontáneos, y aprenderán a confiar en ellos. Esto les abrirá una riqueza de vida y una seguridad que serán verdaderamente celestiales. Al soltar y renunciar a su corriente forzante interior, experimentarán la belleza de las relaciones libres y no forzadas. Cuando viven en el viejo patrón de dependencia, obligan a otros a hacer lo que ustedes quieren. De esta manera tienen corrientes forzantes mutuas. Esto los debilita y crea una multitud de emociones negativas que les hacen perder contacto con el núcleo de su ser real, así como con sus buenos sentimientos. Cuando puedan perder dignamente, encontrarán en su interior un tesoro, una forma nueva de vida que es enteramente una aventura en la que apenas se embarcan. Las áreas de su vida en las que se sienten tan débiles y atrapados dejarán de existir.

Busquen en su ser interior y comuníquense con él con a fin de eliminar esta debilidad que los mantiene atados, y que los reprime en su vida tan innecesaria e ineficientemente. No importa cuánto glorifiquen esta represión, no tiene ningún propósito bueno. Todos ustedes sí se reprimen de una u otra manera, como lo ha hecho la Humanidad durante milenios, cuando dice que el placer es incorrecto, frívolo y poco espiritual. Pueden tener su propia excusa privada para embellecer su debilidad y aparentemente convertirla en una ventaja. Sin embargo, al seguir este razonamiento no pueden encararse. Sólo encarando su debilidad y dependencia, con su corriente forzante que dice a los otros “Debes”, podrán también encarar su fortaleza y su belleza, con todos los potenciales que existen en ustedes de una manera que aún no se imaginan siquiera.

Sean benditos por la gran fuerza que está aquí ahora, pero mucho más por la gran fortaleza que reside en ustedes. Queden en paz. ¡Queden en Dios!

Dictada el 10 de noviembre de 1967.