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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 161. La negatividad inconsciente pone en peligro la rendición del ego a los procesos involuntarios

Saludos. Bendiciones mis muy amados amigos que están aquí y escuchan mis palabras. Que queden tan profundamente afectados en su inconsciente con esta conferencia como lo están en su mente consciente. Que abran su corazón y su ser interior profundo para que les sea posible una comprensión también profunda; una comprensión que no se conecta necesariamente con la comprensión intelectual, aunque ésta suele ser el primer paso.

En lecturas recientes me he concentrado, de una forma u otra, en ayudarles a entender la relación entre la conciencia del ego y la inteligencia universal. Seguiremos haciéndolo, directa e indirectamente, pues ningún ser humano puede ser verdaderamente sano y estar equilibrado dentro de sí mismo y con las fuerzas que lo rodean a menos que exista una interacción armoniosa entre el ego y la inteligencia universal interior.

Cuando se identifican principalmente con el ego y funcionan desde él, están en desequilibrio. Deben de estar enredados en problemas. Es igualmente correcto afirmar que si tienen problemas interiores no resueltos, ese desequilibrio es inevitable. No importa desde qué ángulo lo vean, al final siempre resulta lo mismo: el ego debe aprender a soltarse a sí mismo. No importa cuánto conocimiento intelectual tengan sobre el papel menor que desempeña el ego en comparación con la inteligencia universal, esta comprensión intelectual jamás bastará por sí sola. Por lo tanto, tienen que buscar nuevas avenidas y enfoques dentro de ustedes para que les sea posible soltar de una manera sana y armoniosa.

La conferencia de esta noche versará, una vez más, sobre este tema. Espero poder abrir unas cuantas puertas nuevas para algunos de mis amigos. Siempre que el ego tiene el control predominante del asunto de vivir y de las funciones de la vida, se seca, pasa hambre, se marchita… literalmente se muere. No puede recargarse en la fuente de donde brota toda la vida. Esa fuente es el ser universal divino que existe dentro de cada individuo. El proceso de la muerte misma debe de aparecer bajo una luz nueva para ustedes cuando lo vean desde este punto de vista. La entidad espiritual que está encarnada como humano es precisamente el ser humano en el estado de conciencia total, condensada en la materia burda que es la sustancia de la existencia material. Los humanos encarnan en la materia porque una parte separada de la conciencia total—a la que llamamos ego—está desconectada del ser total, el ser universal. Esta desconexión es la causa del estado egoico, por lo tanto de la vida material, y por ende del ser universal. Si un ser humano vence la separación, entonces el proceso de morir debe de ser igualmente vencido. Si ya no hay miedo de soltar el ego, se vuelve posible una fusión con las fuerzas universales. Éste no es un estado lejano que ha de contemplarse en el más allá. Es posible en cualquier momento, en cualquier lugar, ya que es cuestión del estado de conciencia de uno.

Hay diversos estados y procesos en la vida material que dan a los humanos la posibilidad de recargarse en la fuente universal. Uno de los estados más automáticos y generalmente accesibles es el sueño. Los seres humanos que están profundamente atribulados lo están porque se encuentran enredados en su ego. El insomnio ocurre precisamente porque el ego es demasiado predominante y las fuerzas involuntarias de la vida no pueden asumir el control. Están obstruidas por el ego; tal vez el ego inconsciente, pero sin embargo el ego, que no quiere renunciar a ninguno de sus controles. Si todas las fuerzas involuntarias son temidas y rechazadas, las diversas maneras en las que puede ocurrir una inmersión temporal en el ser real se bloquean. Incidentalmente, esos estados también varían en cuanto al grado y la intensidad de la inmersión. Por ejemplo, el sueño sólo permite un descanso de las tensiones y las tareas del ego. El tipo de fuerza que fluye a la personalidad durante esta inmersión específica en las fuerzas universales tiene características diferentes de los tipos de fuerza que vienen de otros estados de inmersión en el océano divino de ser. Cuando el ego de una persona es hiperactivo, el sueño no puede llegar. Incluso esta forma muy primitiva y universal de recarga deja de funcionar.

Otro estado de recarga es el involucramiento y el amor mutuo entre los sexos. El olvido de sí mismo sano e intenso vuelve posible que el ego se sumerja temporalmente en el vasto mar del poder y la belleza universales. Esto ocurre por medio del amor envolvente y la aceptación de otra “esfera”, que es otro ser. La aceptación total y la buena voluntad trascendente hacia otro y la consecuente fusión con él o ella es precisamente el tipo de actitud compatible con las fuerzas universales. Esta fusión conduce a una experiencia en la que participan todos los niveles de ser: mental, emocional, espiritual y físico. Por lo tanto, es la mayor experiencia espiritual y total que los humanos pueden tener. En otros estados en que el ego puede soltarse a sí mismo, la experiencia difícilmente es tan incluyente de todo el ser.

Se recargan más cuando participan completamente de la realidad universal. Entonces son nutridos con la sustancia creativa en todo su esplendor. El ego se sumerge verdaderamente y por un tiempo tiene un lugar menor de funcionamiento, sólo para volver a emerger más fuerte y mejor que nunca: más flexible, sabio y lleno del placer supremo que todos los seres humanos anhelan. Una vez que el ego se baña en el vasto océano de la fuerza universal, la personalidad jamás puede ser la misma. No sólo se enriquece más allá de toda medida, sino que su capacidad para sumergirse, rendirse y ser dichoso—para amar y estar en la verdad—crece proporcionalmente. La forma más efectiva e intensa de fusionar el ego con el universo es a través de otra entidad, por medio de la capacidad de olvidarse y trascenderse.

Otro estado es la meditación profunda. Éste no es un ejercicio cerebral de la mente, sino una rendición a lo divino, a la inteligencia y la verdad de las fuerzas universales, no sólo en lo general—eso es demasiado fácil y puede ser engañoso—sino específicamente ahí donde los obstáculos personales cierran el camino porque uno tiene miedo de la verdad dentro del ser. Cuando han vencido los obstáculos porque su amor a la verdad es más grande, y por ende se vuelve posible rendirse a la verdad mayor, el océano de sabiduría puede recargar su ser. A medida que la verdad se acepta y se asimila, la sabiduría nueva puede abrir también todas las demás puertas.

En cada una de las experiencias que he descrito, el ego se trasciende a sí mismo, suelta, se rinde y participa de algo más grande en su interior. En la vida idealmente sana, todas estas experiencias se buscan y se persiguen con mayor o menor regularidad. El individuo vuelve posibles estas experiencias por medio de la actitud correcta, la buena disposición y los intereses activos. De ser éste el caso, con el tiempo toda la vida de uno estará activada por la mayor inteligencia y poder interiores, hasta que ellas y el ego sean uno. La mayor inteligencia toma el control de todo, de manera que el ego siempre está fluyendo, es flexible, está relajado y permeado por el conocimiento, el poder y el placer del ser real. Todas las actividades, no importa lo mundanas que sean, están permeadas por el ser real, que funciona libremente. Ya no necesitan hacer un esfuerzo para vencer el miedo y la resistencia antes de entrar en contacto con el ser real.

Cuanto más se sumerge el ego en el Ser más grande, más se recarga la vida. En el grado en que estas experiencias se obstaculizan debido a obstrucciones en la personalidad que el ego no está dispuesto a eliminar, en ese mismo grado la vida se seca y se instauran diversos grados de muerte. La muerte física real es el resultado natural y final de secarse, de separar al ser de la fuente de toda la vida.

Amigos míos, es muy importante que entiendan esto profundamente, pues entonces podemos dar un paso más. Podremos investigar por qué los humanos se asustan tanto precisamente de aquello que representa y da vida; por qué reaccionan e incluso creen que es la muerte, la aniquilación, el final de su ser. ¿Por qué creen persistentemente—ya sea consciente o vagamente inconsciente—que el tipo de experiencias que mencioné son peligrosas porque entonces se abandona el control del ego y el ser se sumerge en una conciencia y una legitimidad más vastas? ¿A qué se debe que consciente o inconscientemente se resistan a tener estas experiencias? Porque sí lo hacen, no importa cuánto se esfuercen por tenerlas. El anhelo de entrar en contacto con el ser real jamás podrá erradicarse del corazón humano, sin importar cuánto conflicto, confusión y miedo puedan existir. ¿Por qué se aferran los humanos a aquellas actitudes que impiden la recarga, secan la psique, provocan la muerte y hacen de la vida algo desagradable y sombrío? ¿Por qué creen que esas actitudes representan la vida y la seguridad?

Estas son, efectivamente, preguntas desconcertantes. Hemos investigado este tema y hemos encontrado muchas razones o seudorazones por las que las personas creen que deben protegerse de la cosa misma que los hace vivir y vibrar de bienestar. Hemos visto conclusiones superficiales falsas y actitudes de carácter miopes de derrotismo que vuelven a las personas tan destructivas que preferirían renunciar a la vida que “ceder” …o eso les parece. Pero como podrán ver fácilmente, llega un punto en el camino de todos cuando éste se convierte en el umbral más importante que hay que trasponer en el proceso evolutivo.

Sin embargo, antes de abordar esto con mayor profundidad, deseo decir, una vez más, que la necesidad humana de trascender el ego, de soltarlo, es tan grande que cuando la personalidad distorsionada y temerosa obstaculiza este proceso natural, se recurre a procesos antinaturales. Por esto, las personas buscan las sensaciones que dan las drogas, y una persona que sufre de insomnio recurre a las pastillas para dormir en lugar de eliminar el bloqueo del ego y trascenderlo. También por esto, la persona cuyo ego tiene el control predominante—y por lo tanto no obtiene suficiente alivio y recarga—se siente forzada a perseguir objetivos autodestructivos. Cada acto de autodestrucción es un gesto de coquetear con la muerte, de caminar hacia ella. La muerte es el gran alivio que busca la personalidad cuando todos los demás recursos de alivio de control del ego fallan, debido a la terca negativa de la personalidad y a sus ideas falsas. Toda autodestrucción es una forma lenta de suicidio. Inconscientemente, la muerte se desea en el grado preciso en que se le teme; el deseo está allí porque la vigilia perpetua de un ego aislado se vuelve insoportable. Así, los humanos se encuentran en una ambivalencia. Por una parte, temen soltar el ego de la manera sana; por la otra, se esfuerzan por soltar el ego de una manera malsana. Esta es una de las dualidades que constantemente surgen del estado de separación.

Lleguemos, amigos míos, a la razón fundamental por la que tienen miedo del estado sano y dichoso en el que permiten a las fuerzas involuntarias guiarlos y “vivirlos”, por decirlo así; por qué no pueden confiar en la sabiduría y el orden más grande del ser real, del ser divino que los habita. No necesito decir que las razones de esto son al principio muy inconscientes. En el camino de todos, constituye un paso importante traerlas a la luz clara de la conciencia, pues mientras la personalidad trate de forzar un cambio antes de que la actitud destructiva sea consciente, nada real puede lograrse. El cambio es imposible debido a las obstrucciones todavía inconscientes.

La causa fundamental de la condición del predominante control del ego es que hay una legitimidad que vuelve, de hecho, peligroso que el ego se suelte a sí mismo mientras esté apegado a actitudes que son incompatibles con las leyes de la realidad más grande. Si verdaderamente entienden esta oración, tendrán su clave. En otras palabras, en cualquier área donde persigan y se aferren a la destructividad, se vuelve absolutamente imposible soltar el ego de una manera sana, segura y generadora de vida. Un ego es sano sólo cuando sus actitudes son amorosas, generosas, abiertas, confiadas, así como realistas y autoafirmadoras. Todo esto es parte de la realidad mayor y la legitimidad de la sustancia divina. La violación de estas actitudes alimenta el odio, la separación, la desconfianza, la ilusión, la debilidad y la tendencia a dañar al ser y renunciar a sus mejores intereses. Tal ego malsano se esfuerza por obtener todo lo contrario de la legitimidad de lo divino interior. No está equipado para cuidar de sí mismo y, en consecuencia, la vida debe de estar plagada de miedo e inseguridad. El anhelo de escapar de la tensión del ego, así como del displacer perpetuo, puede llevar a una liberación malsana del ego y a la locura, ya que el ego liberado no se apoya en nada que pueda darle un sustento real. También es muy importante que se entienda esto en todo su significado.

Aquellos de mis amigos que han hecho un progreso suficiente en su camino para encarar de lleno su propia destructividad entenderán tal vez un poco más lo que estoy diciendo que aquellos que todavía no se dan cuenta de que son destructivos; que no desean ser positivos, dar lo mejor que tienen a la vida en cualquier área en la que aún se sientan infelices, insatisfechos y en conflicto. Esta falta de conciencia vuelve imposible trasponer el umbral. Es absolutamente necesario que se vean en su propia destructividad. Véanse de esa manera durante un tiempo, con la autoevaluación desapegada y objetiva que proviene de una profunda autoaceptación y determinación de terminar con la autoglorificación y la ilusiones acerca del ser. La pretensión de ser más de lo que uno es debe abandonarse absolutamente antes de que pueda existir esta sana autoobservación.

Si el ego—también la parte inconsciente del ser del ego—está apegado a una actitud destructiva, entonces es incompatible con las fuerzas universales. Por lo tanto, cuando el ego se suelta a sí mismo, no tiene apoyo; no tiene asidero, ni seguridad, nada de lo cual depender y se desorganiza y se desintegra totalmente. Un ego que no está sostenido, guiado e inspirado por el ser real y universal no puede lidiar con nada. Se disocia por completo de cualquier inteligencia. Por lo tanto, en cierto sentido, el ego casi “tiene razón” en no soltar. Mientras no renuncie a la destructividad, conserva por lo menos un mínimo de cordura. El exagerado autogobierno de un ego engrandecido es preferible a la desintegración, que es inevitable cuando la personalidad egoica exterior es incompatible con el ser universal. Si no confía en las fuerzas universales superiores, un ego que renuncia a sí mismo no tiene nada más. No hay inteligencia, ni lógica, ni legitimidad aparte de la del ego cuando éste desconfía de las fuerzas universales. No importa cuán limitada sea la inteligencia del ego separado en comparación con el ser mayor, aun así posee cierta razón y cierta comprensión de una seguridad limitada. Sin el ego, la voluntad no puede funcionar tampoco, si la voluntad divina mayor se niega o se derrota inconscientemente. Por esto, hay un miedo tan grande y profundo a soltar.

Amigos míos, es tremendamente importante que entiendan esto ahora, pues les permite enfocarse desde el otro extremo, por decirlo así. Específicamente, que siempre que se sientan incapaces de soltar, ya podrán darse cuenta de que todavía hay fuerzas destructivas profundas y descontroladas dentro de ustedes. En algún lugar de su interior existe la voluntad de ser negativos y destructivos. Esta voluntad es muy deliberada, una vez que se dan cuenta de ella. No hay nada que los fuerce contra su voluntad. Sólo parece así mientras nieguen la destructividad porque no desean admitir algo tan contrario a su autoimagen. La destructividad causa miedo e inseguridad porque no desean enfrentarla y reconocerla, y menos aún renunciar a ella. Saber esto los coloca en una posición enteramente diferente hacia ustedes; el autoengaño se elimina. Así pues, la destructividad disminuye, no importa lo mucho que todavía quieran ser destructivos en ciertas áreas.

Por destructividad me refiero a las muchas maneras, con frecuencia sutiles, en las que el ser del ego se aferra a actitudes de separación: tal vez no quiera expandirse y amar a otros, o quizás albergue deseos de venganza y castigue a otros con su propio sufrimiento. Éstos son sentimientos sutiles y vagos, actitudes fugaces, tan huidizas que casi parecen inexistentes, hasta que uno las atrapa y las ve cara a cara. Entonces se vuelven muy claras. Tal vez la actitud destructiva es pensar secretamente: “Nadie sabe lo que realmente pienso y siento; por lo tanto, no cuenta”. Esta es una actitud muy prevalente hacia las propias tendencias indeseables. Uno las ve sólo por encima y vagamente da por sentado que su secretismo las invalida. Cualquier efecto que produzcan a pesar del secretismo se siente como una enorme injusticia, en el sentido de: “Ellos no sabían lo que yo sentía, sólo lo que fingía sentir, y si yo hubiera sentido lo que fingía, su reacción habría sido, efectivamente, injusta”. Este modo de pensar alienta la ilusión de que se puede engañar a la vida. Como tal, refleja una de las actitudes más significativas y reveladoras hacia la vida. Deja ver que uno no se entrega honestamente al asunto de vivir, sino que hace de las apariencias y la simulación el criterio según el cual uno desea ser juzgado y cosechar los resultados. La confianza en la vida es imposible en estas circunstancias.

Atrapen esos momentos y vean que no toman en serio a la vida, que no se entregan completa y plenamente a cualquier cosa que hagan. Esta actividad de atrapar las pequeñas deshonestidades ocultas es el tipo de espíritu constructivo que es compatible con la sustancia divina. En el momento en que se encaren con una actitud sincera que diga: “Deseo dar lo mejor de mí al proceso de vivir, a todos los aspectos de mi vida, y aportar las mejores fuerzas que tengo en mi interior. Siempre que no haga esto y me encuentre demasiado ciego para darme cuenta, deseo que la inteligencia universal me guíe a esta toma de conciencia. Deseo prestarle atención”. Con esta actitud sinceramente sentida algo nuevo se pone en movimiento ¡en ese preciso momento!

General y específicamente, dondequiera que residan las áreas problemáticas y las dificultades diarias, es de suma importancia que enfoquen la vida de esta manera. Cuanto más cultiven estas actitudes, más compatible será el ser del ego con el ser real. Por lo tanto, el miedo de soltar el ego disminuye proporcionalmente, ya que entonces uno tiene algo más grande y fidedigno en lo cual confiar. Al convocar y activar la voluntad divina por medio de la manifestación del ser real, uno no puede más que convencerse de su realidad, su sabiduría y su bondad total. No puede uno evitar descubrir su amor incluyente que no conoce el conflicto. La voluntad divina trabaja para la plenitud, la dicha y la felicidad de todos. Esta inteligencia indivisa y plenitud inexorable son profundamente seguras y confiables. Pero mientras los propósitos, las actitudes y las inclinaciones del ego sean diametralmente opuestos a las leyes de la inteligencia universal, ¿cómo puede uno confiar en la esta última? Por lo tanto, siempre que se sientan inseguros y temblorosos dentro de ustedes, ansiosos y asustados—cuando subestimen sus valores—ello debe de ser por una actitud destructiva, una negatividad a la que aún no están dispuestos a renunciar.

Cuando se sientan ansiosos, pregúntense: “¿Dónde está mi destructividad? ¿Dónde está mi negatividad? ¿En qué aspecto me niego a aceptar la ley universal, de manera que no me entrego a lo divino que existe dentro de mí?

A final de cuentas, amigos míos, la felicidad siempre se reduce a las virtudes básicas que la religión predica. En el último punto culminante siempre es cuestión de amor, que, desde luego, es la llave del universo. Pero predicarlo durante miles de años no ha ayudado en realidad y a menudo ha vuelto a las personas más hipócritas. Se engañaron pensando que eran amorosas, mientras que por debajo no lo eran. Taparon sentimientos opuestos al amor con una fachada superficial que les daba la apariencia de amor. Este ocultamiento suele ser un mero autoengaño, ya que la mayor parte del tiempo los demás no se dejan engañar.

¿Cuántas veces sostienen que su debilidad es amor, cuando por dentro hierven de resentimiento y deseos de venganza? Aseguran que su posesividad y su voluntad dominante de controlar son amor, pero por dentro sólo quieren ganar y salirse con la suya. Afirman que un orgullo arrogante y malsano es amor por sí mismos, cuando por dentro sólo desean ser mejores que otros y no darles nada. Estos autoengaños deben ser desenmascarados, amigos míos. Incluso entre aquellos de ustedes que siguen este camino y han hecho grandes progresos en su autorrealización, todavía hay algunos que son ciegos a estas áreas.

Siempre que las personas se aferran a estas actitudes en un autoengaño ciego, no quieren dar de sí y, de esta forma, violan la ley del amor. La violación de la ley del amor es lo que, a final de cuentas, aqueja a todos los que están plagados de problemas. Esto es lo que debe investigarse en todos los que padecen infelicidad. “¿Dónde está la violación? ¿Cómo me mantengo separado? ¿Dónde perjudico mi integridad, de una manera directa o indirecta? ¿Cómo me engaño sobre mí mismo? ¿Dónde no quiero dar de mí, de alguna manera?” Estas son las preguntas que deben hacerse y responderse. La respuesta suele hallarse en una dirección distinta y de una manera diferente de lo que habían pensado ustedes.

La existencia egoica—estar totalmente apegado a los niveles del ego de la personalidad—causa miedo e inseguridad. Es una vida tan insuficiente, tan finita. Esto es aterrador, pues nadie quiere en realidad dejar de ser. Pero el ego separado debe terminar. Sólo encontrando su camino de regreso dentro del ser hacia la verdad más grande—la realidad que es la ley del amor así como es también la ley de la verdad—puede su ego entregarse con seguridad al ser interior divino.

¿Hay preguntas sobre este tema?

PREGUNTA: Me estoy dando cuenta de algunas de mis reacciones en cadena negativas, y del daño que hacen. Sé ahora que no tengo sentimientos y actúo de acuerdo a reflejos. También reconozco cómo me manipulé para producir miedos falsos. En el momento en que pude ver plenamente esto, la compulsión cesó en cierta medida. Los únicos momentos en que tengo sentimientos buenos es cuando leo estas conferencias. Puedo trabajar con ellas. Creo que las entiendo. También tengo sentimientos buenos cuando medito. Puedo sentir, a veces, que la fuerza creativa está a punto de fluir por todo mi cuerpo… y la detengo. ¿Qué puede decirme sobre todo esto?

RESPUESTA: Ya lo dije en esta misma conferencia. La respuesta está realmente allí. Empero, yo añadiría que tienes que buscar y encontrar en qué aspecto específico violas la ley del amor. Ahora que has eliminado ese amor falso y fingido y se te ha revelado como una debilidad y un deseo de apaciguar a otros a fin de usarlos para tus propios fines, no te resultará muy difícil hacer esto. Tienes que descubrir de qué manera te aferras a una actitud negativa. Esta es la razón precisa por la que les tienes miedo a las fuerzas involuntarias de los buenos sentimientos espontáneos. En el grado en que te aferras a las actitudes negativas, y por lo tanto a los sentimientos negativos, en ese mismo grado tienes miedo de los positivos. En ese nivel, has tomado una decisión. Preferirías dejarte enredar en resentimientos y lástima por ti mismo, en encontrar argumentos contra los demás y en la ilusión de ser lastimado. Todo esto te brinda cierto placer al que no estás dispuesto a renunciar. Pues bien, el precio que paga uno es alto, muy alto en verdad. Mientras elijas este placer—con todo su dolor, su culpa, su incomodidad e inseguridad—renuncias a los buenos sentimientos sin entrar en conflicto acerca de que son tu derecho natural. Los buenos sentimientos realmente deben parecer terroríficos mientras acaricies los malos. En la medida en que abandones la aseveración de ser constantemente herido—tu lástima por ti mismo, tu victimización, tus resentimientos, el hecho de culpar a otros cuando los haces responsables de tu condición—en esa misma medida no temerás los buenos sentimientos.

PREGUNTA: Descubrí que me resulta casi imposible confiar por completo; en el nivel que sea. Cuanto más profundamente entro en mí, más profundamente encuentro esto. A veces no es para nada aparente. Esto debe conectarse desde luego con no querer soltar el ego. Lo que me gustaría saber es si en ciertas áreas elimino la negatividad, ¿es entonces automático que confiaré por completo, sin esfuerzo?

RESPUESTA: Sí, es automático. Es como un subibaja, o una balanza. Varias veces he hablado de este proceso de “subibaja”. Muchos de mis amigos en este Pathwork han experimentado realmente este fenómeno. Tomemos por ejemplo el disgusto por uno mismo. No necesita ni puede ser deliberadamente abandonado. Siempre que uno intenta esto, fracasa. En la medida en que las razones justificadas del disgusto por sí mismo se eliminan, este disgusto se detiene. Así sucede con la confianza. Confiarás automáticamente cuando encuentres las razones justificadas de tu desconfianza en ti mismo. Este proceso siempre es un restablecimiento automático del equilibrio. Lo mejor que podrías hacer en este estado es fortalecerte diariamente por medio de una meditación muy específica. Dite a ti mismo: “Quiero renunciar a toda destructividad. Si no puedo hacerlo todavía, con este acto pido la ayuda del ser real, la sustancia divina que hay en mí, para que me ayude a ver dónde estoy atorado y me ayude a salir de este estado. Esto es lo que quiero”: Si sientes que no lo quieres, no tomes a la ligera esta importantísima y crucial obstrucción. Más bien tómala como punto de partida. Luego habla contigo: “Me gustaría encontrar exactamente por qué no quiero el bien. ¿Qué me impide quererlo?” En cualquier área que sea, di: “Ojalá pudiera quererlo. ¿Qué es? Quiero dar lo mejor de mí a esta fase específica de donde estoy atorado”. Si procedes de esta manera, el éxito llegará. Es imposible sólo cuando desvías la mirada del punto donde estás atorado.

PREGUNTA: Desde ayer soy consciente de una tendencia muy profunda a que me disguste la gente, casi inadvertidamente. Me asusta ver que esta actitud de separación me vuelve imposible apreciar a las personas. Ayer, en mi sesión privada me dijeron que no debo tratar de salir de ella antes de explorar su origen y sus ramificaciones. ¿Podría usted ayudarme con algún comentario?

RESPUESTA: Sí. Este disgusto por la gente—incluido tú, desde luego, pues esto está inextricablemente unido—es también una cuestión de desconfianza. Por lo tanto, en esta exploración, te aconsejaría primero que veas lo siguiente: Das por sentado que muchas de las cosas que te ocurren son tan malas que para ti no hay circunstancias que te rediman. La interpretación que das a esos incidentes es exagerada y está distorsionada cien veces. Necesitas ver todo lo que te ha lastimado y molestado en el pasado, hasta donde puedas recordar—así como en el presente—con una consideración nueva. Necesitas tomar en cuenta que existe otro significado que el que automáticamente das por sentado. Todo lo que ves tiene una finalidad y una exclusividad para ti que no permiten otra posibilidad que la más devastadora. Necesitas reconocer esta actitud en todo su significado y deseo de cambiarla. Entonces puede cultivarse la contemplación de la realidad. Cualquier cosa que ves en alguien o en una situación es para ti todo. Nunca se te ocurre que, aparte de ser muy distinta de lo que supones, es, en el mejor de los casos, sólo parte del cuadro entero. Pregúntate acerca de cualquier cosa que des por sentada: “¿Es ésta toda la verdad? ¿Es lo único que hay, o pudiera haber otros aspectos que ignoro porque me cierro a una realidad más amplia?” Esta es un área en la que puedes ampliar tu visión y expandir tu horizonte, ya que todavía experimentas como un bebé que sólo ve el momento, y eso es todo.

En segundo lugar, te aconsejaría que te preguntaras si quieres que te guste la gente. ¿Cuál es la respuesta? Siente en tu interior.

PREGUNTA: Mis procesos mentales me dicen que necesito que me guste la gente, pero siento resistencia. ¿A dónde voy desde aquí?

RESPUESTA: Ese es tu conflicto. Es maravilloso cuando una persona está consciente de ese conflicto, pues la enorme mayoría de las personas tienen conflictos similares pero no se dan cuenta de ellos. La conciencia es el requisito necesario para dejar atrás el sufrimiento. Vuelve posible que miren al lado que dice “no”. Pregúntate por qué no. En vez de teorizar—no importa lo correctas que puedan ser estas teorías generales—será más útil que encuentres la respuesta específica que se aplica a ti. Pregúntate con un enfoque fresco y nuevo por qué no quieres que te guste la gente, y no tengas miedo de salir con respuestas infantiles, irracionales e ilógicas. Permite que salga lo que sea. Entonces conocerás la verdad sobre el “no”.

Siempre es lo mismo. Antes de que una persona pueda desarrollar su capacidad de amar, debe tener primero la voluntad de hacerlo. Mientras esto falte, nada puede hacerse. La voluntad de hacerlo es el punto crucial. Debe existir en todos los niveles para que el amor sea íntegro. Si sólo existe superficialmente y no en la profundidad de sus sentimientos, las manifestaciones que la persona experimenta entonces corresponderán a ella. No te das cuenta de tu poca disposición a amar y luego te quejas de los resultados y te victimizas. Mientras desperdicies tus energías en quejarte y victimizarte estás en un círculo vicioso. Las proyecciones destructivas y la culpabilización de otros consumen la energía que necesitas para amar y querer amar, así como para enfrentar al ser y descubrir qué está mal. Cuando te preguntes por qué no deseas amar y te respondas precisa y honestamente, sabrás por qué no funciona tu capacidad de amar. Y, en consecuencia, entenderás tu soledad y ya no creerás que tu destino te está jugando una mala pasada. Así que éste es un paso maravilloso. Yo no te diré por qué no deseas amar. La respuesta debe venir de ti mismo. Eso, de hecho, es posible. Todo lo que puedo decir es que los errores conceptuales y la destructividad se cuelgan de ti porque tú te cuelgas de ellos. Una vez que salgan a la superficie te será relativamente fácil vencerlos.

Esta conferencia será un hito para algunos de ustedes, amigos míos. Puede resultar el punto culminante que han necesitado. Puedo ver que algo está ocurriendo dentro de algunos de ustedes, donde abandonarán la destructividad básica por medio de su enfrentamiento con ella. Entonces podrán activar lo divino. Esta transición es lo más importante que puede suceder en la vida de un individuo. Nada, absolutamente nada, puede ser igual a este proceso. Los que carecen del valor de verse con verdad, de abandonar sus ilusiones y engaños, no pueden llegar a esta transición. No pueden abandonar una negatividad que ignoran que tienen. No pueden renunciar a una destructividad que niegan que existe en ustedes. La verdad lleva al amor, y el amor sin verdad es imposible. Son, en efecto, una sola cosa.

Mis amadísimos amigos, todos los que están aquí. Un gran poder está al alcance de ustedes y cada vez más a su alcance, y no depende de otros seres, sino que fluye desde su propio ser interior. Fluirá siempre y los nutrirá y recargará allí donde se hayan liberado de los grilletes del dominio del ego. Sean benditos en su cuerpo, su alma y su mente. Que sean penetrados, todos ustedes, por el amor y la verdad del universo, para que éstos los ayuden a liberarse. ¡Queden en paz, queden en Dios!

Dictada el 15 de marzo de 1968.