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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 165. Fases evolutivas en la relación entre los ámbitos de los sentimientos, la razón y la voluntad

Saludos y bendiciones, mis amadísimos amigos. Sean bienvenidos al comienzo de esta nueva temporada de trabajo. Nuestro camino juntos procederá de nuevo de una manera muy significativa.

Muchos de mis amigos han hecho un progreso notable, algunos de ustedes tal vez mucho más de lo que reconocen. Muchas veces lo que llaman progreso no es necesariamente real, y lo que de verdad es progreso puede parecer al principio todo lo contrario. Sólo retrospectivamente pueden ver que los aspectos mismos que tal vez los desanimaron al principio fueron los pasos iniciales necesarios de su evolución personal. El progreso los lleva a encarar sus escollos, aquellas cosas que tanto se han ocupado en ignorar. Alcanzar su potencial a veces puede parecerles, a los no iniciados y todavía egocéntricos, un suceso desagradable que no pueden identificar como crecimiento. En realidad, puede ser la llave para encontrar su libertad y su verdadera identidad.

Este grupo, todo este esfuerzo espiritual, es una realidad pulsante y viva, amigos míos. Tiene una forma espiritual. He mencionado esto ocasionalmente, sobre todo en ciertos umbrales. Es, de hecho, un organismo vivo y creciente, que se expande de una manera más bella que antes. Así como toda cosa viva se vuelve más consciente de sí misma a medida que se desarrolla, así también lo hace este organismo. Esto se aplica tanto a las entidades individuales como a las colectivas, como las naciones, los grupos y los esfuerzos comunes. La misma ley psíquica se aplica a ellos también. La conciencia debe existir en algún grado en todos los organismos vivos. La conciencia grupal puede ser sumamente tenue, como, por ejemplo, en los animales y las plantas; o puede estar muy desarrollada, con tal de que los individuos que forman el grupo estén predominantemente en un estado de conciencia elevada. El grado de conciencia de un organismo grupal refleja la suma total de sus individuos, así como la conciencia total de un individuo refleja la suma total de sus capas psíquicas, incluidas las que causan conflicto y dolor interiores. Cuando ocurre la unificación, las capas se derriten en una unidad, que entonces se activa y es movida por la semilla divina.

Cuando el organismo total tiende al crecimiento, la purificación y la unión, esas capas discordantes, los aspectos que se resisten a la unión, mueren gradualmente. Resistirse al crecimiento no es necesariamente un concepto teórico, pero de todos modos puede ocurrir en la práctica, ya que lo que es realmente necesario para el crecimiento puede no ser compatible con una ilusión optimista. Así, cuando unos aspectos del organismo se oponen a las etapas necesarias de crecimiento, el proceso autoselectivo de morir, o la exclusión, se establece para proteger a todo el organismo de ser afectado por actitudes derrotistas y para que siga creciendo. La muerte física es resultado del mismo principio. La materia física muere sólo porque las actitudes derrotistas subyacentes tienen miedo de la verdad y el amor. Estos miedos inducen a la descomposición, que finalmente se manifiesta en el exterior.

En consecuencia, lo que primero parece destrucción es, cuando se le mira con mayor percepción interior, sólo la destrucción de la destructividad. Aunque sea doloroso soportarla en el momento, esta muerte suele ser el suceso más preservador de la vida, transmitido por la salud general del organismo. El organismo no sano podría tolerar mucho tiempo más las actitudes derrotistas. La muerte se vence cuando todo el organismo deja de resistirse a la vida, la verdad y el amor, de modo que ya no necesite secretar material nocivo.

La conferencia de esta noche es, como sucede tan a menudo en el comienzo de una temporada de trabajo, tanto una recapitulación de la guía pasada reorientada en términos del énfasis presente y un anteproyecto del trabajo futuro. Anuncia la estructura de su trabajo en el año que empieza. Cuando observen retrospectivamente la secuencia tanto de las conferencias como del Pathwork individual de aquellos que trabajan arduamente para vencer su miedo al ser, verán que siguen más o menos este anteproyecto.

Hablé antes de las diversas capas de conciencia. Ahora me gustaría hablar de aspectos particulares de estas capas. Esto les dará una nueva comprensión de por qué es tan excesivamente difícil soltar el control exagerado del ego. Si se quiere alcanzar la autorrealización, debe encontrarse un equilibrio nuevo en el que el ego asuma un papel enteramente diferente.

Todos mis amigos deben, una vez más, considerar seriamente lo que es este camino. ¿Por qué participan en él? ¿Cuál es su función? Con demasiada frecuencia, la vaguedad o confusión acerca del propósito del Pathwork crea dificultades y malentendidos innecesarios. La función de este camino no es eliminar un síntoma molesto de la vida de un persona. No es un tratamiento para una enfermedad. Tampoco es simplemente una manera de convertirse en mejor persona, de desarrollarse espiritualmente. Todo esto sucede, desde luego. Pero todos ustedes deben entender plenamente, no importa cuán lejos decidan seguirlo, que el propósito de este camino es la realización total de la semilla divina. Y esto no es sólo una teoría. Es enteramente posible, aquí y ahora.

Redefinamos lo que es la autorrealización. Emplearé palabras nuevas para llegar hasta ustedes de una manera más dinámica. Autorrealizarse significa dar a luz, como una realidad viva, la semilla de su ser espiritual; la semilla del ser que es eterna. Esto no es, y lo repito, un concepto religioso para un futuro lejano. Es inmediatamente accesible. ¿Cómo pueden describirse de la mejor manera algunos de los resultados o manifestaciones? Podría decir que se despierta un área nueva, ubicada en el centro de su cuerpo, alrededor del plexo solar. De esta área fluye una vida nueva: sentimientos nuevos, una manera nueva de percibir y responder, una manera nueva de conocer la vida, a las personas, los valores y los eventos. Todo está dotado de una luminosidad nueva y un sentido más profundo. Las creencias cambian o se sienten diferentes. El alcance de una opinión, una convicción o una sensación se amplía y se profundiza. Todo se vuelve más pleno. El ser se vuelve a la vez intensamente personal y universal. El miedo desaparece y la vida se vuelve un placer sin fin sólo porque ya no se teme a su opuesto. Lo contrario del estado deseado de realización y felicidad no se evita, sino que su naturaleza ilusoria se desenmascara al atravesarlo. Así, no hay nada que temer. El poder creativo del ser está a su disposición en todo momento, por la ausencia de miedo de la personalidad.

Estas palabras son insuficientes para describir el estado llamado autorrealización. Pero pueden darles una vislumbre de lo que les espera; tal vez hayan empezado a experimentar este estado en un grado pequeño de vez en cuando. Llega gradualmente y, sin embargo, en ocasiones, de repente. Sólo cuando todas las capas superficiales y todas las tendencias contradictorias de la conciencia se hayan unificado con el ser más íntimo puede convertirse este estado en una condición constante del alma.

Para ampliar su comprensión, será útil que vean la historia y la evolución espiritual de la Humanidad desde cierto punto de vista. En una fase de esta historia, los seres humanos eran divinos y estaban movidos enteramente por las fuerzas cósmicas creativas. Expresaban una conciencia universal en cada respiración y en cada movimiento de su existencia eterna. En cierto punto esta conciencia humana-divina se separó de su semilla divina. Se estableció una reacción en cadena y el alejamiento de la Humanidad de la semilla más íntima ha conducido a ideas erróneas, reacciones y sentimientos destructivos; de ahí siguieron la ceguera espiritual, la infelicidad y el sufrimiento. Cada alejamiento sucesivo de la semilla divina creó una nueva capa de conciencia que tapó la anterior y, de este modo engrosó el muro alrededor de la semilla. En vez de ser nutrida por la fuente, la capa recién separada de conciencia funcionó por sí misma, nutrida por el error inicial que hizo posible la existencia de las capas. Por esto, ustedes y las personas en general, suelen sentir que dan vueltas en círculos. Sin embargo, la frescura que proviene de la fuente es indivisible y unifica todas las escisiones y conflictos. Esto, en términos muy generales, constituye la historia espiritual de la Humanidad que la ha traído a su estado actual.

Llegó un punto en el que todo este dolor, sin salida aparente, indujo a la violencia, la rabia, la codicia, la separación y otras emociones destructivas. Esto todavía existe en el alma: el sufrimiento, la ceguera y la desesperanza producen sentimientos poco amorosos, egoísmo y muchas veces las reacciones más violentas y malignas hacia el mundo y otros. En el alba de la Humanidad, cuando los seres humanos eran apenas un poco más conscientes de sí mismos que los animales, exteriorizaban libremente estos sentimientos destructivos. Los humanos primitivos no conocían la inhibición ni la conciencia. Estaban demasiado desconectados de sus congéneres para sentir como propio el dolor de otros. Su sufrimiento los enceguecía demasiado porque su ceguera los llevaba al sufrimiento. Así, cedían a sus impulsos destructivos.

En etapas posteriores, los humanos aprendieron que la exteriorización de su destructividad los ponía en conflicto con su ambiente. Gradualmente, la experiencia de vida expandió la conciencia de las personas y los primeros procesos de razonamiento mostraron al individuo que dejar salir ciegamente lo que sentían les produciría a la larga más dolor. Así, del instinto de autopreservación nació una conciencia social. Pero la sola conveniencia es la que dicta este tipo de conciencia. Todavía está muy alejada de la experiencia interior de la unidad con sus congéneres. Pero finalmente el individuo llega al umbral en el que aprende a mantener a raya el impulso de destruir. A lo largo de muchas experiencias de vida, a través de milenios de vivir en diversas circunstancias, cada entidad aprende a desarrollar las facultades de la razón, a ver las causas y los efectos de sus acciones y su voluntad, y a emplear la autodisciplina para evitar ceder a sus impulsos primitivos. Ustedes apreciarán la importancia de este paso en la evolución de la entidad.

El ámbito de los sentimientos es, en este momento, predominantemente una masa ardiente de dolor negado y, por lo tanto, de violencia, odio y malevolencia. Con todo, el ámbito de los sentimientos es la facultad más viva y creativa. También es autoperpetuante. Mientras el mundo de los sentimientos sea predominantemente negativo y destructivo, su naturaleza autoperpetuante creará impulsos y compulsiones sumamente dañinos. Por eso se le teme tanto. Se le refrena sólo mediante el poder de razonar, de usar la mente, y por la fuerza de voluntad de contenerse, de disciplinar todos los impulsos espontáneos.

Cuando esta conciencia crece y la negatividad del mundo de los sentimientos se vuelve obvia, las personas hacen todo lo que está en sus manos para negar, tapar e inactivar sus sentimientos. En el proceso de la negación el ser espiritual también se aleja más. La masa creativa de los sentimientos es lo divino, aun si ahora se manifiesta de una manera destructiva. Así, cuando la razón y la voluntad erigen una barricada en torno al ámbito de los sentimientos para mantenerse a salvo de su creatividad negativa autoperpetuante, también erigen una barricada alrededor de la semilla divina, la fuente creativa positiva y autoperpetuante. No obstante, cada entidad debe atravesar esta fase antes de que pueda revertir su dirección.

Por eso le tienen miedo al ámbito de los sentimientos. Se han adoctrinado con la medida de seguridad durante tanto tiempo… y ahora tienen que desaprenderla. Le tienen miedo al ámbito de los sentimientos porque aún es, en parte, primitivo. Todavía están imbuidos de la orden que se han dado a lo largo de muchas existencias: “Debo mantener mi destructividad bajo control”. Empero, cuanto más se niegan los sentimientos destructivos, menos pueden retransformarse éstos a su estado original. Así, se construye una conciencia basada en la razón. Durante un largo tiempo, en la historia de la evolución, la razón y la voluntad han parecido ser la gracia salvadora que controla, evita y domina el ámbito de los sentimientos.

Un número incalculable de entidades se encuentran ahora precisamente en esta etapa. Han desarrollado suficientemente la razón y la voluntad para mantener bajo control el ámbito de los sentimientos. Se identifican y se experimentan casi por entero como el llamado ego, la parte de la voluntad y el razonamiento. Esta no fue una vuelta equivocada, amigos míos. Era necesaria. Pero ahora se tiene que tomar otro camino. Este camino nuevo parece amenazante; parece entrar en conflicto con todos los esfuerzos pasados. Cada reto para cambiar de rumbo parece demasiado peligroso pues deja al descubierto los sentimientos más primitivos, egoístas y destructivos, que parecen ser inacabables y definitivos. Esto explica, de la manera más profunda posible, la enorme amenaza que todos los individuos experimentan cuando llegan a cierta encrucijada en su desarrollo. Con algunos, la amenaza puede ser tan grande que siguen y siguen sobredesarrollando sus facultades de la razón y la voluntad, de modo que su personalidad se desequilibra.

La Humanidad en su conjunto está detenida exactamente en este punto. Por esta razón, su desarrollo tecnológico y científico es desproporcionado con respecto a sus cualidades de sentir y a su capacidad de experimentar espiritualmente. Sus emociones parecen mucho más negativas que positivas. Incluso sus prédicas sobre el amor y la espiritualidad en general tienen poco que ver con la experiencia emocional verdadera. Con demasiada frecuencia, se trata de ideales y teorías, una filosofía a la que se adhieren en principio en vez de sentirla. El ser que siente todavía parece ser un gran enemigo y se le acusa de ser poco confiable e incluso peligroso.

Para aquellos que se están volviendo más vivos y reales y ya no están congelados, la pobreza de sentimientos reales del ser humano promedio es asombrosa. Los escasos sentimientos que el ser humano promedio experimenta siempre son controlados y enfocados con mucha cautela; no darse cuenta de este hecho no lo cambia. Parte de su Pathwork es volverse conscientes de esto. Incluso reconocer para sí mismos: “Me siento medio muerto, podría sentir más de lo que lo hago; por lo tanto, el potencial de hacerlo debe de existir en mí”, los acerca mucho más al estado de realización que confundir su deseo de sentir y amar, porque creen en él sólo como un principio, con sentir y amar de verdad.

Esta es la tendencia o etapa general en la que la Humanidad se encuentra. Han aprendido, con mucho esfuerzo y a lo largo de muchas encarnaciones y experiencias, a canalizar y controlar al ser primitivo y destructivo que puede enloquecer y sembrar tanto caos si se le deja actuar con sus propios recursos. Todo criminal o demente es testigo de este hecho, y todos los que luchan con su propio desarrollo se sienten amenazados por cualquier manifestación del ser primitivo sin cauce. Esto parece un enorme predicamento: ¿Cómo pueden alcanzar la autorrealización si no aprenden a lidiar con el ámbito de los sentimientos? Cuando lo hagan, descubrirán que hay, en efecto, algo más profundo, la semilla divina misma, porque el ámbito de los sentimientos no es un pozo sin fondo de desolación sin sentido, de terror innombrable, de violencia irracional y egoísmo. Esta capa sí existe, pero sólo como un revestimiento superficial. Una vez que las facultades del razonamiento se han desarrollado suficientemente en el curso de la evolución, y una vez que la entidad ha aprendido a ejercer la autodisciplina, ya no hay ningún peligro en el encuentro con el mundo de los sentimientos. El miedo de que sus sentimientos se los lleven por delante, una vez que los hagan conscientes, es infundado. Las facultades de la razón y la voluntad están intactas en todos en este camino, pues si estas facultades no estuvieran suficientemente desarrolladas, no podrían emprender ni siquiera los pasos rudimentarios de este Pathwork. Serían incapaces de disciplinar su vida. Y cuando no ejercen la autodisciplina lo hacen muy deliberadamente, con un motivo oculto. Así que su miedo de poseer insuficiente razón y voluntad para controlar el mundo de los sentimientos resulta no tener fundamento.

Por lo tanto, deben tomar la dirección opuesta a la que han tomado hasta ahora. En vez de reprimir sus sentimientos, deben permitirles que se vuelvan conscientes, que sean, y observarlos sin susto. Verán lo fácil que es dejar que sus sentimientos sean sin actuar de acuerdo con ellos, eligiendo deliberadamente sus acciones.

Tal vez no sea todavía muy claro para ustedes por qué deben reprimir estos impulsos cuando finalmente deben eliminarlos. La respuesta es realmente sencilla e importante de comprender. Cuando observan a una persona primitiva o a un animal, ven que su conciencia todavía no les permite razonar ni ejercer su voluntad. Por lo tanto, no pueden usar estas facultades, de modo que cuando los impulsos llegan a la superficie, dominan. La razón y la voluntad están subdesarrolladas y, en consecuencia, no pueden detener la inundación de emociones destructivas. Los humanos deben pasar muchas vidas entrenando la razón y la voluntad. Sólo cuando estas facultades se han desarrollado deja de ser peligroso permitir que los sentimientos primitivos y destructivos lleguen a la superficie sin sentirse obligados a expresarlos en acciones. La autodisciplina y el razonamiento necesarios para vencer el miedo arraigado y la resistencia consecuente son una medida de seguridad intrínseca del camino. Aun si la razón y la voluntad todavía tienen puntos débiles, son inadvertida y orgánicamente fortalecidos por el valor, la honestidad, la autodisciplina y la fuerza de voluntad necesarios para llegar a este punto crítico. Por esta razón, no hay nada que temer.

Las impresiones inconscientes de la Humanidad son tan poderosas que todos ustedes están usando la razón y la voluntad para negar la existencia de sus sentimientos. No entienden que ya no necesitan estos controles, siempre que estén en un camino significativo de autoconfrontación honesta. Ahora, al usar su voluntad y su razón para una autoconfrontación honesta y humilde, pueden permitirse sin peligro sentir lo que sienten, sin tener que actuar de acuerdo al sentimiento. Ahora pueden reconocer el sentimiento. Ahora pueden ejercer su fuerza de voluntad relajada. Aquí es donde están amigos míos, o donde podrían estar.

Los seres humanos cuyo desarrollo en general los ha preparado para volver realidad su semilla divina deben establecer ahora una nueva estructura de equilibrio. El ser humano primitivo está desequilibrado en el sentido de que está completamente controlado por las emociones: La voluntad y la razón son aún demasiado frágiles para entrar en el proceso de vivir. Para el humano de hoy, cuya razón y voluntad están en general sobredesarrolladas y cuya vida emocional está frustrada, la unión con la semilla divina es tan difícil—aunque no está tan alejada—como para el humano primitivo. La semilla divina es una masa viva, pulsante y energizante de la conciencia y la sabiduría más altas, que se perpetúa y se crea a sí misma. No hay palabras para describir su intensa y poderosa viveza. Cuando temen y niegan sus sentimientos, necesariamente también se niegan su viveza, estén conscientes o no de la conexión. La razón y la voluntad por sí solos jamás pueden llevar viveza a la personalidad, ni pueden llevarlos a ustedes a la conciencia del núcleo divino. Por eso, las personas que están más dominadas por la razón y la voluntad y tienen más controlados sus sentimientos son aquellas cuya viveza es muy precaria.

Ustedes, amigos míos, que realmente quieran acceder a su naturaleza divina, no deben confundir la espiritualidad con meras ideas espirituales. Deben poner en juego su ser vivo y sintiente, aun si esto no puede ocurrir de ninguna otra manera más que enfrentando la destructividad y el dolor. Cuando experimenten plenamente el odio y el dolor en ustedes sin encogerse, les sorprenderá lo que ocurre. Antes de lo que se imaginan, el odio, la violencia y el dolor se disolverán y darán lugar a una nueva viveza. Un mar de sentimientos cristalizará el placer supremo, la capacidad de experimentar alturas de alegría que jamás soñaron que pudieran existir. Si dan lugar a ello, una nueva sensación de realidad cósmica se alzará dentro de ustedes. Todos son ya lo suficientemente fuertes para hacer esto. El peligro de verse forzados a emprender acciones que vayan en contra de su razón y su voluntad es verdaderamente una ilusión en el estado en el que se hallan ahora. El peligro inmediato es su dificultad para admitir que todavía no son quienes desean ser. ¡Pero que precio tan elevado pagan por vivir la vida “como si”! Una vez que se decidan a enfrentarse tal como son y a atravesar el dolor de algunos sentimientos, se convencerán muy rápido de que el ámbito de los sentimientos sí tiene fondo y de que su revestimiento es relativamente superficial. Una vez que aprendan a lidiar con estos sentimientos tan sólo dejándolos ser, se disolverán muy pronto y llegarán a sentir la nueva vivacidad y el deleite. Éste es el camino en el que nos concentraremos en este año que empieza.

Ahora me gustaría hablar de otro enfoque al que pueden recurrir y que constituye un aspecto importante de nuestro camino. Una vez que hayan alcanzado cierta conciencia de sus emociones, verán lo que hacen constantemente con muchos de sus sentimientos. Están usando su mente ocupada, su sobreenfatizada facultad de razonamiento, para encuadrar sus sentimientos en imágenes, para construir teorías de por qué se sienten de determinada manera. La mente está tan entrenada para usar excesivamente la razón que piensan que necesitan una razón para sentirse de determinada manera. Así, sus motivos reales y la verdadera situación suelen escapárseles. Como tienen miedo de los sentimientos y ven a la razón como la medida salvadora, inventan razones para sentir. Siempre están llenos de explicaciones de por qué se sienten de determinada manera, hasta que no queda ningún sentimiento; sólo teoría y explicación. Esto es muy importante, amigos míos, porque si aprenden a ver a través de estas “explicaciones”, eso les enseñará el arte de la autoobservación.

Digamos, por ejemplo, que se sienten lastimados. En muchos casos, niegan la herida, incluso a ustedes mismos. Muchas veces la manipulan y la convierten en una compleja acusación, a veces empleando verdades distorsionadas acerca del perpetrador de la herida. Pero esto puede ser, en el mejor de los casos, sólo una pequeña parte de todo el panorama de su personalidad o de los motivos del acto hiriente. Así, ya no hay ninguna realidad detrás de las complicadas y aparentemente razonables explicaciones. La herida negada se convierte en enojo, el cual también se niega. Justifican el enojo creando teorías acerca de lo que causó la acción hiriente. Todas las explicaciones y teorías vuelven imposible experimentar realmente la herida. Y cuando niegan una experiencia real, no pueden en verdad dar vuelta a la página. No pueden acabar con ella. Así que, a menudo, construyen encima de esta estructura una herida falsa y exagerada; el juego de “¿Ves lo que me has hecho? Ahora, mi herida te obligará a actuar de una manera diferente”. Este tipo de herida artificialmente exagerada resulta de todas las capas falsas que separan a su conciencia de la herida original. La herida falsa crea un dolor insoportable que lleva a la desesperación y nunca a una conclusión satisfactoria. La herida real es una experiencia suave, nunca insoportable, que siempre deja intacta la esencia de la personalidad.

Si pueden permitirse sentir la herida, simplemente y sin adornos, afirmando el hecho y por qué les duele, crean un patrón nuevo. Aprenden a lidiar sin peligro no sólo con sus sentimientos, sino también con el ambiente. Al mismo tiempo, crean una nueva cuerda salvavidas con su núcleo creativo, su verdadera identidad. Si pueden tolerar su verdadera herida y la dejan ser—aun cuando no sepan ni entiendan qué les duele—no tendrán que enojarse ni ser destructivos. Estas son sólo reacciones a un sentimiento que no quieren soportar. Éste es el daño de la negación: construye más capas que los separan y enajenan de su verdadero ser.

Aprendan a aquietar su mente y dejen de negar sus sentimientos encuadrando el suceso que los hirió en imágenes y teorías fijas. ¡Déjenlo ser! Sientan lo que sienten, sin tener que exteriorizarlo o razonarlo. Entonces experimentarán un proceso maravilloso: El sentimiento negativo y doloroso se disolverá naturalmente, como todos los procesos vivos se disuelven en su estado natural si su curso natural no se obstruye. El estado natural no es dolor sino placer, no sufrimiento sino alegría, no muerte sino una abundancia de vida siempre en expansión. Sin embargo, estas experiencias deseables no pueden meterse por la fuerza en un ser, si se quiere que sean reales y duraderas. Deben llegar orgánicamente cuando uno no se encoge ante lo que realmente siente. Llegan gradualmente, hasta el grado en el que experimentan sus sensaciones y sentimientos reales sin negarlos ni exagerarlos. Así despiertan su centro espiritual, que llenará todo su ser con una sensación de seguridad, fuerza y bellos sentimientos nuevos, y finalmente con nuevas percepciones e intuiciones… incluso facultades nuevas. Estas brotarán de lo más profundo de ustedes, llenándolos con la sensación de que son realmente ustedes, no fingimientos ni facultades cuyas manifestaciones dependen de otros o de circunstancias fuera de su control. Adquirirán una comprensión basada en una dinámica muy distinta de la que acostumbraban tener: encuadrar artificialmente los sentimientos en una superestructura de explicaciones y razonamientos. Nosotros vemos estas superestructuras como formas espirituales que la mayoría de seres humanos anda cargando, enormes formas desequilibradas que salen de sus cuerpos sutiles y causan mucha pesadez. Estas deben disolverse en el proceso de evolucionar espiritualmente.

Tal vez se hayan dado cuenta de que nuestro Pathwork se ocupaba de hacer frente a sus acciones, pensamientos y actitudes con honestidad. Ahora deben aprender a registrar y tolerar honestamente sus sentimientos. La herida suave parece al principio más difícil de tolerar que la engrandecida artificialmente, porque esta última parece prometer una acción dramática de afuera. El drama es una experiencia directa de decir “no” a la herida real y más suave. No surgirá ninguna destructividad cuando la herida original suave se acepte. De ella brotarán sentimientos suaves y buenos, que crecerán y se arraigarán de manera más segura, y llevarán al ser a una vida muy fructífera y creativa.

Empiecen ahora mismo a hacer hincapié en sus meditaciones: “Me gustaría conocer, experimentar y sentir lo que realmente siento”. Tengan cuidado de no negar su sentimiento sospechando una irracionalidad, ni de fundamentarlo mediante una justificación. Ambos recursos implican una mente demasiado activa. Permitan a su mente ser pasiva, y muy suavemente dejen que el sentimiento aflore… el que sea. Cuanto más quietos y relajados estén, y escuchen con atención su sentimiento, más notarán que es el sentimiento original, y no el que lo tapa. Cuando se permiten el impacto original del sentimiento, están mucho más cerca del centro vital del que fluye todo bien. Mediten y pidan ayuda. Mediten en que tienen la fuerza para soportar un poco de dolor real. Díganse que el dolor real es la puerta que lleva al placer y la satisfacción.

Lo que les he dado aquí es una llave vital para todos ustedes. En nuestra próxima conferencia hablaré de otra faceta que les ayudará a dejar de temer el ámbito de los sentimientos. Explicaré como eliminar genuinamente la destructividad que temen tanto que cierran la puerta a la vida misma.

No peleen contra el dolor; al hacerlo evitan la experiencia cuya total aceptación es necesaria para superarlo y volverse más fuertes y felices. Aprendan a reconocer la diferencia sutil pero enorme entre las emociones genuinas y las fabricadas y deshonestas.

Recuérdense una y otra vez que no hay problema que no pueda resolverse; no hay un punto en el que el Pathwork deba terminarse… para nadie. La expansión de la vida creativa y la capacidad para experimentar lo bueno de la vida son, en verdad, infinitas. El camino deja de ser amenazante o dificultoso cuando hacen frente a sus obstrucciones e ilusiones; se vuelve la liberación misma. Ni siquiera la autorrealización es una meta específica o finita. La persona con las aflicciones y distorsiones más graves que dice: “Andaré todo el camino, nada me detendrá porque mi fuerza creativa trabajará en la medida en que yo lo permita”, está más cerca de la satisfacción y la realización de su ser real que aquella cuya razón y voluntad funcionan lo suficiente para ocultar la enajenación interior y que, por lo tanto, piensa que no necesita atravesar el dolor.

Dejen que la conciencia divina infiltre todo su ser amigos míos. El camino que les muestro y en el que los guío hará de esto más que una esperanza o una meta lejana. El estado de conciencia divina puede ser suyo, de cada uno de ustedes, si realmente lo desean. Su mente tiene la opción. Este año, de nuevo, fuerzas grandes y maravillosas son traídas aquí y fluyen hacia ustedes. Son, en parte, el resultado de sus esfuerzos sinceros y buenos, y de los sentimientos de amor que están aquí; en parte también, son un influjo de los ámbitos espirituales que promueven las empresas importantes en esta Tierra.

Los bendigo a todos; a todos mis amigos nuevos que recientemente se han incorporado a este Pathwork y que tienen ante sí la emoción de la aventura: el camino de descubrir un mundo nuevo y bello, aun si la ilusión del dolor debe soportarse ocasional y brevemente. Bendiciones para todos ustedes, por todo este año venidero. ¡Sean en Dios!

Dictada el 13 de septiembre de 1968.