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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 168. Dos formas básicas de vida: hacia y lejos del centro

Saludos, todos mis queridos amigos.

Me gustaría empezar esta conferencia con una bendición especial cuyo significado podrán sentir si se abren a ella. De lo contrario, las palabras serán sólo palabras. Esta bendición es una afirmación sencilla: la verdad trae el amor, y el amor trae la verdad. No importa por cuál final de esta afirmación empiecen, un final llevará al otro final, de manera que ambos se vuelvan uno. En este Pathwork caminan a tientas en ambas direcciones.

En el centro mismo de la personalidad humana existe una masa de energía poderosa y de color blanco brillante. Es un fuego constante que continuamente burbujea y explota dentro de sí mismo. Cada pequeña explosión multiplica la masa y expulsa semillas de la misma sustancia y energía. Cuando este proceso creativo fundamental no encuentra obstrucción y es armónico, el continuo interminable de energía se extiende y se inunda de alegría y bienestar. El flujo constante se extiende una y otra vez, y sin embargo está contenido dentro de sí mismo. No hay caos en este proceso.

Siempre que esta masa-energía creativa aparece, trae al organismo la esencia y la naturaleza mismas de la sustancia creativa. Como dije, es pura alegría y bienestar. Pero esto no es todo. Como es la masa divina, debe contener una conciencia del orden más elevado. Cada semilla burbujeante que se extiende es un núcleo de conciencia con potenciales infinitos de sabiduría, talento, creatividad… recursos de todas las posibilidades concebibles. En esta conciencia existen, en el estado más relajado y seguro, modos infinitos de autoexpresión, dicha, placer supremo y aventuras nuevas y estimulantes. No hay palabras que puedan hacerle justicia ni remotamente. Cada semilla contiene todo lo que siempre ha sido y puede ser. Si estas palabras se entienden de verdad en su significado de amplio alcance y se toman literalmente, como se supone que debe ser, nada puede parecer jamás desesperado para un ser humano infeliz.

La combinación de conciencia y energía es en verdad todopoderosa. Es la omnipotencia correctamente adjudicada a Dios y malinterpretada por el niño que tiene un conocimiento interno de su omnipotencia absoluta y abusa de ella. El abuso ocurre cuando la omnipotencia se pone al servicio del pequeño ego voluntarioso. Debe superarse esto último para encontrar el núcleo divino propio del ser humano, donde la omnipotencia real impera.

Los seres humanos ignoran en enorme medida el hecho de que expresan parte de esta masa-energía de conciencia y poder, siempre en explosión y aumento. Pueden conocer ciertas filosofías que postulan estas verdades, pero no son profundamente conscientes de ser una parte, una expresión, de esta potencia energética de fuerza y sabiduría. El significado de toda la vida tiene que ver con alcanzar el estado en el que el proceso orgánico de la masa-energía tiene lugar sin obstrucciones. Empero, el estado humano de conciencia ha obstruido hasta un grado considerable este proceso que se despliega creativamente. El desarrollo de un individuo puede medirse por el grado en que es consciente de que este proceso está teniendo lugar y abre espacios siempre mayores para él.

Éstos son hechos, amigos míos, que ya conocen en principio. Sin embargo, deben traerse a su atención una y otra vez en términos nuevos, con una luz nueva y un ángulo distinto, para que finalmente puedan abrir un camino que conduzca a una experiencia emocional de estas verdades. Primero debe tener lugar en la mente una experiencia nueva y vívida que ofrezca el estímulo necesario y tal vez una nueva comprensión, de manera que el mecanismo de obstrucción se debilite y el proceso creativo de expansión se vuelva más fuerte.

La conciencia humana es un estado en que el individuo puede tomar cualquiera de dos direcciones básicas de vida. Una se dirige al despliegue y la eliminación de obstrucciones. La otra tendencia es alejarse de esto. La condición humana puede explicarse adecuadamente como una lucha para renunciar a la primera dirección y encontrar un camino a la segunda. Muchos humanos hoy aún desconocen esta opción y siguen alejándose del centro. Se esfuerzan por encontrar una felicidad que sólo puede hallarse en la dirección opuesta. Como ignoran que contienen en sí mismos todo lo que jamás necesitarán, tratan de arrebatar lo que necesitan de otros, de sus sustitutos, de las ilusiones.

Como dije, el movimiento hacia el centro es un proceso infinito. No hay interrupción ni un resultado final. Siempre es nuevo; expande los panoramas y las posibilidades de la dicha y la autoexpresión. Dentro de esta multitud de posibilidades creativas es imposible el aburrimiento, como lo es también la fatiga, ya que ésta es sólo el resultado de las fuerzas puestas en marcha para alejarse del centro. El increíblemente bello estado de ser no puede explicarse con palabras. También deben imaginar que este estado no conoce ningún miedo, ya que uno sabe absolutamente que nunca hay un final para la vida dichosa; sólo más y mejores opciones. Esto no es una ilusión, amigos míos. Es la realidad escueta de la vida interior del ser creativo. Cuando el individuo sabe que todo el bien puede tenerse y no terminar jamás, siempre que sea elegido, surge la valentía.

La otra dirección, el alejamiento del centro, es finita. Cuanto más se mueve el individuo en esta dirección, más se desespera; no sólo porque es el camino equivocado, el camino que lleva a la destructividad y la infelicidad, sino porque también se teme un final. El final se teme sólo cuando uno toma el camino equivocado. Cuando los humanos hacen esto, creen que la existencia y toda la esperanza de dicha terminan para siempre. Todos los seres humanos anhelan la realización de su naturaleza inherente, que es esta dicha. Cuando la realización parece alejarse más y más, creen que no hay ninguna otra esperanza o solución a la vista. En ese sentido la percepción de un final es incorrecta; pero la percepción de que hay un límite en la dirección alejada del centro es correcta. Uno debe llegar a un punto de quiebre, a un colapso, porque esta dirección conduce a una trampa de la que no se puede salir. Visto bajo esta luz, es realmente una bendición llegar a un punto de quiebre. Sólo cuando se llega a éste puede encontrarse la otra dirección. Sólo cuando la entidad reconoce: “Me hallo en un estado del cual no hay salida; el camino viejo es equivocado”, puede encontrarse el otro camino, y no de otra manera.

Me gustaría señalar aquí que todos aquellos para quienes la vida es una experiencia fructífera y constructiva han alcanzado este punto de quiebre en un periodo anterior de su vida espiritual. Estas personas también han llegado al “punto sin retorno” donde reinaba la desesperación absoluta y no parecía haber una salida. Esto motivó a la persona a moverse en una dirección distinta. Así, suele ser una locura suponer que es trágico que una persona se mueva obviamente con mucha rapidez hasta el punto del colapso. Esto es necesario cuando una entidad está todavía completamente ciega y atrapada en el error y la destrucción. El punto de quiebre tiene entonces el poder sanador, la única posibilidad con la cual el camino correcto puede buscarse, verse y emprenderse. La maravilla del universo, de la Creación, es que cuanto más rápidamente se acerca la destrucción, más cerca debe estar la salvación. Así pues, alcanzar el punto de quiebre en el que no hay otra salida más que la salvación tiene una profunda importancia para el desarrollo de cada entidad. Conduce entonces directamente a la dicha de encontrar el poder explosivo de la fuerza espiritual interior; el proceso continuo de un desarrollo positivo, de posibilidades ilimitadas de una existencia placentera y significativa, de una individualidad real, de la dignidad de ser el creador de la propia vida en el universo y de expresar a Dios dentro de sí mismo.

Me aventuro a decir que cada uno de ustedes ha experimentado este cambio de dirección innumerables veces. Han llegado a la desesperación y a no hallar la salida. Entonces algo en ustedes cambió. Se volvieron conscientes de una dirección tensa en una dirección. Mientras la situación no era desesperada, habían esperado que ir en esa dirección los llevaría a un resultado deseado. Sólo cuando se hizo claro que esto no iba a suceder, renunciaron a su tensa insistencia. Algo en ustedes se relajó—soltaron la vieja dirección—y he aquí que la desesperación se esfumó. Aparecieron soluciones completamente inesperadas. Sólo por haber alcanzado los límites mismos de la vieja dirección, cuando estaban desesperados, pudieron renunciar a su terca insistencia, viejas creencias y patrones destructivos, y encontrar el camino que los lleva a todo lo que podrían jamás querer. De maneras pequeñas han experimentado esto muchas veces. Pero hay un punto particularmente importante en el que esto sucede en un plano general.

Miren a las personas que los rodean y vean cómo muchas de ellas se encuentran todavía en el camino hacia el punto de quiebre donde se alcanza el límite. Vean cómo tienen miedo de este límite y, sin embargo, lo tercamente que se niegan a buscar otro camino. Y luego ven a unos cuantos individuos que se desarrollan en el camino superior hacia su centro interno, que obviamente han rebasado el punto de quiebre importante. Cuando evalúen la existencia humana desde este punto de vista, verán que los segundos son una minoría muy pequeña. Ustedes, los que están en este camino, son, por lo tanto, una minoría muy pequeña. E incluso ustedes, los que están aquí, tratando a tientas de resolver sus problemas y luchas internas, todavía suelen verse inconscientemente atrapados en el viejo automatismo. En muchos casos, han seguido esta dirección durante siglos. Sólo a medida que se vuelvan más y más conscientes de sí mismos verán finalmente el proceso destructivo que los lleva al límite más allá del cual no pueden seguir en la misma dirección. Por lo menos ahora están significativamente ocupados en comprobar este hecho sobre ustedes mismos.

La personalidad humana es parte integral del gran poder y de la sustancia creativa que mencioné. Cuando digo “la personalidad humana”, me refiero a todo acerca de ella: la inteligencia consciente, la voluntad, todas las capacidades y sentimientos, que pueden estar desplegándose ya o ser potenciales latentes. Como las tendencias destructivas y el mal no son verdades en sí mismos, sino sólo distorsiones, también ellos están incluidos. También lo está el ego consciente, que no es una cosa separada o diferente; está hecho de la misma sustancia creativa y contiene todos los elementos que se encuentran en el núcleo del ser. Por lo tanto, sería un error que enfocaran su autorrealización como si su ego fuera básica e intrínsecamente distinto del poder interior que quieren activar.

No obstante, como saben, el ego en su desarrollo actual es muy limitado en su poder e inteligencia en comparación con la parte mucho más grande que desean activar por medio de su trabajo en el camino. Por lo tanto, es necesario que comprendan que la personalidad consciente, aunque relativamente limitada, contiene todo lo que necesitan para activar y volverse uno con el poder explosivo siempre en desarrollo del amor y la verdad, la conciencia y la fuerza, y la vida creativa que es la conciencia divina. Aunque la conciencia egoica está mal equipada para manejar la vida por sí misma, está, sin embargo, perfectamente dotada de todo lo que necesitan en todas las situaciones para asumir la actitud que los lleva a la unión con el poder más grande. Éste es un conocimiento tremendamente importante que deben tener. Sin este conocimiento se desesperan, creen que son impotentes; pero con esta comprensión pueden buscar de una manera optimista y significativa. Si con cada dificultad, con cada imprevista curva del camino, pudieran decir: “Sí, tengo ahora mismo a mi disposición todo lo que necesito para encontrar la actitud compatible con el poder más grande”, entonces este poder se les daría a conocer.

¿Qué actitud tienen hacia la dificultad presente? Esto es lo que cuenta. Aquí es donde tienen la opción de asumir una actitud constructiva o destructiva, una actitud veraz o engañosa. Tienen el poder de descubrir lo que realmente sienten y por qué lo sienten. Tienen el poder para pedir la guía de la mayor sabiduría concebible, que está dentro de ustedes mismos. Tienen la posibilidad de querer estar en el camino constructivo que lleva a la creación y al desarrollo en vez de darse por vencidos, como suelen hacer tan a menudo ante una dificultad. También tienen el poder para dejar ir la insistencia terca y la rígida defensa de actitudes inconscientes cuya naturaleza aún no exploran. Tienen el poder para superar la tentación de caer en la resignación y la lástima de sí mismos. Por lo tanto, les digo: Entiendan que tienen todo lo que necesitan para tomar la actitud de activar el poder más grande del universo. En cada uno de los instantes de su vida—no me importa si es bello o feo, fácil y alegre, o difícil y pesado—contiene el potencial de estar en dicha, siempre que penetren el Ahora hasta su nivel más profundo. Cada instante contiene la verdad definitiva, si tan sólo quieren tomar la dirección correcta.

Estas palabras pueden ser difíciles de aceptar, y tal vez más difíciles de sentir. Pero si en cualquier momento dado de su camino hacia la luz, el amor, la verdad y la realización toman muy en serio esta frase y contemplan su significado, donde hay oscuridad entrará la luz. Cada segundo de su vida contiene el Todo y lo Máximo. Esta no es una simple frase, es la realidad absoluta, siempre realizable. Aun si se mueven, todavía en su error, hacia el límite donde debe venir el giro radical, eso es bueno si honestamente buscan y oran por la comprensión. Estas palabras de repente cobrarán un significado nuevo. Allí donde la desesperanza parece una realidad de la vida, se percatarán—como la realidad más clara que jamás han experimentado—de posibilidades siempre crecientes de expansión nueva.

Para que esto sea un poco más fácil de entender, veamos una importante obstrucción. Hemos hablado de muchas obstrucciones, como sus errores conceptuales y sus actitudes destructivas, de muchas maneras y desde muchos enfoques. En este momento me gustaría simplificar las cosas. Me gustaría hablar de estas obstrucciones en términos de los movimientos del alma, que reflejan las actitudes de la personalidad. Si se sintonizan finamente con sus movimientos del alma, fácilmente percibirán que cada actitud que toman resulta en cierto movimiento. Si están en una actitud de amor, digamos, el movimiento del alma es muy distinto de otro que refleje una actitud de miedo y odio.

La obstrucción más grande es el miedo, especialmente el miedo inconsciente no reconocido. Deben entender claramente que estas palabras se aplican después de que el material reprimido se ha hecho consciente, pues no saber lo que sucede en el ser es obviamente la mayor obstrucción que hay. La ignorancia es la mayor causa del miedo que cualquier otro factor individual. Toda destructividad se conecta con el miedo; o proviene de él, y/o conduce a él y lo perpetúa. El miedo es un elemento tremendamente importante. El movimiento del alma del miedo es la tensión, el encogimiento y la interrupción del flujo del centro energético interior que los anima. El miedo bloquea la apertura a través de la cual la vida renovadora fluye al organismo exterior. Como expliqué en la última conferencia, el miedo congela, paraliza y detiene el movimiento. Es, pues, correcto afirmar que el movimiento del alma del miedo es la ausencia de movimiento. Así, es de gran importancia entender el miedo en términos de la dinámica de los movimientos del alma.

Hemos examinado muchos elementos del miedo en este trabajo. Ustedes han descubierto cuáles son algunos de sus miedos, por qué tienen miedo, qué errores conceptuales existen que crean miedo, y así sucesivamente. No deseo examinar el miedo otra vez en estos contextos. Más bien, les digo a aquellos de ustedes que no son conscientes de sus miedos cuando son infelices, que deben tener miedo si hay algo que les pesa o los frustra. Si sienten que su autoexpresión está obstaculizada, si sienten que hay algo más en la vida que lo que experimentan, entonces deben tener miedos que no conocen. Deben a la larga experimentar este miedo si quieren superarlo.

Como dije, la dinámica del miedo es la tensión, el encogimiento y la parálisis. Este encogimiento impide el flujo creativo. Si profundizan lo suficiente y confrontan de verdad el miedo desapasionadamente, siempre reconocerán que proviene de un deseo muy fuerte, tenso y terco de algo. Algunas filosofías incluso proponen la cesación del deseo porque han reconocido este hecho, aunque el concepto de la cesación del deseo puede malinterpretarse fácilmente. La cesación del deseo no debe confundirse con la indiferencia, la resignación o el escape de conflictos que pueden traer los deseos no desarrollados de uno. Los deseos sanos son relajados. Están en ritmo con la energía vital que se despliega e implosiona desde dentro. El deseo tenso es el que dice: “Debo, o si no… No aceptaré un no como respuesta”. Este tipo de deseo genera miedo, pues viene de la desconfianza y, por ende, del miedo. Decir: “Debo tener esto; no renunciaré a ello” niega las posibilidades de vida que siempre se despliegan. Insisten en una cosa específica en un momento específico y de una manera específica. Por lo tanto, esto revela desconfianza, ignorancia del universo y miedo de no poder conseguir lo que uno quiere; y sale de la oscuridad que no ve otras maneras y posibilidades salvo aquella en la que uno insiste. Por lo tanto, ésta se encoge dentro de sí misma.

Un fuerte deseo de esta naturaleza está siempre detrás del miedo. Y cuando experimenten, reconozcan y examinen este deseo, siempre verán detrás de él elementos poco confiables. Así que les digo, amigos míos, que miren sus miedos desde este punto de vista, pues el mayor dolor interior es el movimiento tenso del alma. Sólo cuando renuncien a los deseos específicos detrás del miedo desaparecerá éste y se relajará el movimiento del alma. Así, dejarán un espacio para las interminables posibilidades de un nuevo desenvolvimiento dentro de su universo interno.

A veces esto puede significar abandonar enteramente un deseo porque ven que es destructivo en sí mismo. En otras ocasiones, el deseo mismo es perfectamente válido, pero la manera en que insisten en su cumplimiento es poco realista y lleva al dolor y la decepción. Otras veces más, el deseo puede ser de nuevo válido en sí mismo, pero la motivación detrás de él puede provenir de tendencias dependientes y autoenajenantes. Traten de encontrar los deseos detrás de cada miedo. Éste es mi mensaje para ustedes esta noche. Si oran de verdad por la comprensión y la acción interiores, algo cambiará muy drásticamente en ustedes.

¿Hay preguntas en relación con esta conferencia?

PREGUNTA: Sí. ¿Dejar ir estos deseos es un acto de la voluntad?

RESPUESTA: Sí, de la voluntad interior. Muchas veces el deseo mismo puede ser legítimo e incluso sano, como dije antes. Pero la insistencia de que “Debo tener esto ahora” o “No debo tener eso ahora” es muy dañina. Lo que aconsejo no es necesariamente renunciar al deseo per se. Es renunciar al movimiento del alma tenso que está conectado con tener el deseo. Es una decisión consciente dirigida hacia el ser interior, en el que sienten que dejan ir algo, que renuncian a cierta actitud.

Tomemos un sencillo ejemplo universal: El miedo a la muerte contiene el deseo de vivir. No hay nada de malo en este deseo, pues una verdad de la creación es que la vida no termina. Pero el miedo a la muerte contiene todas las actitudes falsas que examiné en esta conferencia. La muerte física es, en cierto nivel, el punto final de quiebre en el camino que los aleja del centro. Como todos los seres humanos se alejan del centro en mayor o menor grado, todo el mundo debe experimentar la muerte. Por lo tanto, temen y se encogen contra este límite. Pero negar el resultado de su propia acción es un acto interno irrazonable. Implica una negativa a asumir la responsabilidad y las consecuencias de sus acciones y elecciones. Si van al este y quieren salir en el oeste, estarán en un grave conflicto con ustedes mismos y la vida. Aceptar la vida de la manera correcta significa simplemente asumir las consecuencias de la dirección pasada. No necesita significar que abandonen el deseo de vivir. De hecho, el deseo de estar muerto dista mucho de ser sano. Surge de miedos morbosos y del deseo de escapar. Así, no quiero decir que para superar la muerte y el miedo a la muerte deban abandonar el deseo de vivir.

Lo que sí digo es que la actitud sana que lleva a la vida sería una actitud parecida a ésta: “Aquí viene la muerte. No sé si seguiré en la vida. Me gustaría seguir viviendo. Mi intelecto exterior conoce las filosofías de la vida sólo como un continuo, pero todavía no conozco ni siento la verdad de este continuo. Me gustaría la vida eterna, si existe. Sin embargo, no me engañaré fingiendo que conozco la verdad de la vida como un continuo. Suelto el miedo de que no viviré ni aceptaré lo que venga, con la confianza de que el universo es benigno, aunque en este momento no pueda saber, ver ni experimentar el continuo que me gustaría”. Esta es la actitud que finalmente traerá la experiencia interna de la verdad de que la vida no se acaba. Lo pronto que llegue esto depende de lo genuina que sea su actitud y cuán profundamente la experimenten. Con cuánta confianza suelten y se dejen ser llevados, y al mismo tiempo sean honestos, determina lo pronto que la experiencia les demostrará que no hay nada que temer, pues la vida, en efecto, es un proceso inacabable.

PREGUNTA: ¿Cómo puede uno sacarse el miedo del organismo?

RESPUESTA: Sacas el miedo de tu organismo reconociendo qué hay detrás de él y dónde te aferras en un estado de tensión, y luego soltando esa tensión. Enfréntate con el miedo cara a cara en vez de evadirlo. El miedo persiste cuando no se le enfrenta. Cuando encaras el miedo, puedes reconocerlo, experimentarlo y modificarlo de acuerdo con la realidad y un patrón de vida más constructivo. Entonces la fuerte tensión se relaja. Lo sentirás. Esta acción siempre implica una actitud generosa de confianza hacia el universo. Dije en esta conferencia que cada instante de vida contiene la posibilidad de escoger las actitudes que los pondrán en contacto con la vida eterna dentro de ustedes. En realidad, contacto no es la palabra adecuada: La vida eterna los permeará por completo con su realidad. Si tienes miedo, y por lo tanto estás encogido, y por ende enajenado de la fuerza vital de tu interior, realmente debes enfrentar el miedo en el nivel más profundo; encuentra el deseo tenso detrás de tu miedo, y luego ve el significado del deseo tenso. Éste dice: “No confío en el universo. Quiero que las cosas se den a mi manera. No me entrego al universo”. Esto revela falta de generosidad y de confianza. Esta actitud es incompatible con la naturaleza del centro divino, así que la experiencia de él se bloquea. Cuando cambies esta actitud por una confianza generosa, experimentarás la verdad del universo benigno en el que no hay nada que temer.

PREGUNTA: ¿Cómo puedo sincronizar el sentimiento y el movimiento?

RESPUESTA: La incapacidad de hacer esto revela un tremendo congelamiento que también proviene del miedo. Tienes miedo de que si expresas tus sentimientos, debes salir al mundo. Temes que al hacer esto, ocurran ciertos resultados desagradables. Aquí también debes preguntarte precisamente de qué tienes miedo si te mueves con tus sentimientos. Tal vez temas el rechazo, el ridículo, el dolor, pero cualesquiera que sean tus miedos, debes expresarlos concisamente. Sólo entonces vendrán la valentía y la generosidad que te lleven a correr el riesgo. Debe haber un riesgo. Aparte de todas las demás cosas que dije sobre el miedo, éste es una negativa a arriesgar cualquier cosa. Es imposible perder el miedo sin la disposición a perder. Esto significa correr riesgos. No querer hacerlo es poco generoso. Y cualquier cosa egoísta es incompatible con la naturaleza del poder que deseas activar. Para ser animado por la realidad interior de ser, para volverte uno con él y expresarlo, tu personalidad exterior debe ser compatible con sus actitudes, sus leyes, su forma misma de ser. Estas son leyes naturales y lógicas. Si tu carácter y tus actitudes son incompatibles con las leyes del mayor poder que se halla en lo más profundo de tu centro, es imposible que expreses este mayor poder. No confiar en el universo, no querer jamás correr riesgos, es una mezquindad del espíritu. Siempre que los conflictos y problemas humanos residan en el alma, esta mezquindad también existe.

Así pues, la única manera es enfrentar exactamente lo que temes, lo que quieres, y lo que egoístamente restas a la confianza y el riesgo. Esa es la única manera de salir del miedo. No hay otra. El miedo es totalmente el resultado de la dualidad. Verás, si deseas muy fuertemente, debes temer con la misma fuerza no obtener lo que deseas. Y a la inversa, si temes muy fuertemente, debes también querer inconscientemente lo que no deseas experimentar. El querer y no querer excesivos crean no sólo un encogimiento, sino que también contienen la dualidad; sí versus no, bueno versus malo. La dualidad termina en conflicto, proviene del conflicto, y por lo tanto conduce al punto de quiebre del no retorno. El límite finalmente no ofrece ninguna alternativa más que darse la vuelta; entonces el principio unitivo se revelará en su estado valeroso y sin conflicto. Entonces se produce un movimiento del alma armonioso en el que ni el “sí” ni el “no” son demasiado fuertes; no porque uno no tenga deseos de expandirse en dicha, pues éste es el deseo natural, sino porque uno confía en el universo y sus leyes.

Sean benditos. Estén en paz.

Dictada el 6 de diciembre de 1968.