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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 171. Las leyes espirituales

En el curso de dictar estas conferencias, el Guía se ha referido muchas veces a las leyes espirituales. En febrero de 1969 Eva decidió compilar algunas de las leyes básicas para darnos una comprensión mayor de estos conceptos tan importantes.

La Ley de Responsabilidad Personal

Éste es el principio primario que guía al Pathwork. A primera vista, este principio es a veces difícil de aceptar. Parece mucho más fácil aceptar la derrota si tan sólo pudiera uno culpar a las circunstancias, o a la mala suerte, o a los defectos de otras personas. Aceptar la ley de responsabilidad personal borra la lástima de sí mismo, la resignación, la resistencia pasiva, los resentimientos latentes contra las injusticias de la vida y el juego masoquista de insistir en la argumentación de uno contra la vida.

Sin embargo, esta ley aparentemente difícil es, de todas las verdades, la más esperanzadora, alentadora, liberadora y fortalecedora. Les permite resolver cualquier problema que tengan. Abre la vida con todas sus ricas posibilidades. Los fuerza a ver las cosas en su verdadera luz y, por incómodo que esto parezca al principio, los deja con mucho más respeto propio, integridad y esperanza que la resignación impotente a las circunstancias que la vida supuestamente les trae sin que ustedes tengan nada que ver. Vuelve innecesaria la derrota porque también elimina, entre otras cosas, su ilusión infantil de omnipotencia, que es tan poco realista como la ilusión de ser la víctima pasiva de la vida. Aceptar sus propias limitaciones y las limitaciones de otros aumenta su poder de dirigir su vida de manera significativa.

La ley de la responsabilidad personal es el principio rector en la búsqueda de la raíz de sus obstrucciones. Contemplar la realización o la falta de ella en su vida les da un mapa de las áreas donde una actitud interna correspondiente es responsable de cualquiera de ellas. Este enfoque es diametralmente opuesto a la manera habitual, pero es de hecho un enfoque confiable y veraz que siempre debe conducir a resultados, con tal de que profundicen lo suficiente y sean muy honestos en sus esfuerzos.

Siempre que lleguen a una coyuntura en el camino de la cual parezca no haber salida, o donde no vean cómo cambiar, cómo resolver el problema, pueden estar seguros de que no han encontrado aún una herramienta para abrir la puerta, no importa cuán profundos hayan sido sus cambios y percepciones anteriores. Una percepción interior total siempre muestra la salida. Así, los reconocimientos pueden diferenciarse. ¿Son del tipo mencionado aquí? ¿O simplemente conducen a ellos? Los primeros siempre brindan una sensación de gozo, liberación, esperanza, fuerza y luz. Infunden una energía nueva en su organismo. Los segundos pueden tener un efecto temporalmente debilitante sobre la personalidad. Los primeros les permiten reconocer los hechos menos halagüeños acerca de ustedes mismos sin disminuir en lo más mínimo su sentido de valía e integridad; por el contrario, esta sensación aumenta. El segundo tipo carga de culpa a la percepción interior.

Cuando han experimentado la diferencia entre estos dos tipos de reconocimiento, pueden protegerse de la desesperanza, o por lo menos darse cuenta de que la desesperanza es, en sí, una señal de que la salida no se ha encontrado. En vez de debilitarlos, la desesperanza puede ser entonces un incentivo para seguir adelante con todo su vigor hasta que la salida real se abra.

Cuando finalmente vean que un anhelo no realizado o un conflicto doloroso de larga data es el resultado de una actitud interior con patrones de conducta concomitantes, ya no son un instrumento impotente en las manos del destino. Si esta actitud se ve por completo, se observa en acción y se acepta por lo que es, tal vez todavía no estén dispuestos a renunciar a ella—por cualesquiera razones y errores conceptuales—pero por lo menos ven una conexión vitalmente importante entre su vida interior y las manifestaciones exteriores de ella. Entonces es posible embarcarse en una búsqueda especial de la razón por la que tan tercamente se aferran a una actitud destructiva.

Muchas de las siguientes leyes se ocupan más específicamente de este mismo principio básico.

La Ley del Balancín o Ley de la Compensación

Siempre que existe un error conceptual, su estructura de equilibrio ha sido perturbada, y también debe existir un error conceptual opuesto. Cada actitud tiene un opuesto, que puede ser, o un complemento sano, o una distorsión. Así, una distorsión en un aspecto crea una distorsión en su opuesto. Cuando su trabajo personal los ha vuelto conscientes de sólo un lado del “balancín”, es imposible resolver el problema, no importa lo mucho que se esfuercen.

Digamos, por ejemplo, que un individuo tiene una tendencia a asumir demasiada responsabilidad por otros. Puede llegar a entender claramente y en detalle que lo hace, cuáles son las ramificaciones, de dónde viene la tendencia, qué otras actitudes de él contribuyen y son afectadas por esto, y así por el estilo. Aun así, no puede dejar las responsabilidades de otras personas a ellas, que es adonde donde pertenecen. O bien no puede reconocer lo que hace cuando asume la responsabilidad de otro, lo que puede suceder de una manera sutil, o se siente sumamente incómodo y fuertemente obligado cuando se abstiene de asumir la falsa responsabilidad. Este acto forzado sería poco natural e incompatible con el desarrollo orgánico. Sus efectos podrían ser peores que ceder a la compulsión.

El crecimiento real conduce a un cambio espontáneo y sin esfuerzo que sucede de manera tan natural que al principio pasará inadvertido. Esta facilidad llegará cuando el individuo vea el balancín completo; en este caso hay un área donde no quiere asumir su propia responsabilidad y entonces usa a otros como sustitutos de su propia conciencia o autoridad. La renuncia a la responsabilidad puede suceder en un área distinta y, tan sutilmente, que es casi imperceptible al principio. Puede ser una manifestación puramente emocional. Por ejemplo, el individuo puede asumir la responsabilidad de otros en el sentido de sentirse culpable cuando su razón le dice que no necesita sentirse así. Al mismo tiempo, puede vender su integridad para obtener la aprobación y el afecto de otros. De este modo los hace responsables de lo que debe darse él mismo. Culpar a la vida de la propia infelicidad es otra manera de negar la autorresponsabilidad, como se dijo antes. Esta culpa siempre provoca una actitud opuesta y compensatoria de aceptar cargas que no son propias. La interconexión entre estas dos actitudes debe reconocerse a fin de resolver el problema.

La versión sana de estos opuestos es el equilibrio armonioso entre la adecuada autorresponsabilidad y la libertad de dejar de asumir las cargas de otros, lo que no tiene nada que ver con el acto libre y amoroso de querer ayudar.

Otro ejemplo podría ser una mujer que es demasiado humilde e incapaz de cambiar esta tendencia sin irse al extremo opuesto igualmente destructivo del desafío rebelde y hostil. Podrá cambiar sin esfuerzo cuando descubra que, tal vez de una manera oculta, es demasiado demandante. Tal vez nunca exprese abiertamente estas demandas calladas; quizás ni siquiera se dé cuenta claramente de su furioso resentimiento cuando sus demandas no son satisfechas. La autoafirmación sana y abiertamente expresada y la rendición flexible constituyen un equilibrio, que es perturbado por el egocentrismo inmaduro. El equilibrio se logrará sin esfuerzo cuando la ley del balancín se experimente profundamente.

Demasiado ego en la superficie suele indicar una debilidad interna del ego. Y a la inversa, un ego débil en la superficie siempre significa que bajo la superficie el ego se sostiene demasiado rígidamente (ver también la Conferencia 169).

La Ley de la Palanca

Esta ley se relaciona con la ley del balancín. La diferencia es que la segunda tiene que ver con lados opuestos del mismo principio o actitud básica. La Ley de la Palanca se pone en acción cuando se puede renunciar a una distorsión específica sólo cuando se le encuentra y se le transforma en una actitud completamente diferente. Cambiar la segunda actitud se convierte en la “palanca” que la persona necesita para abrir la puerta cerrada con llave.

Por ejemplo, una persona sufre de soledad y desamor. Puede haberle costado un esfuerzo considerable descubrir estos sentimientos, que pueden haberse negado y enmascarado por una aparente certidumbre, contento y sociabilidad. Una revelación así puede parecer un reconocimiento importante, pues llega sólo después de batallar contra una enorme resistencia. Sin embargo, no es el reconocimiento importante que se necesita. Empero, la Ley del Balancín puede no ser aplicable, pues la voluntad de amar puede existir; al menos en la medida en que el amor es posible cuando las distorsiones atan la energía vital. La palanca puede encontrarse en otra parte; podría existir una violación de la integridad, por ejemplo, en muchas maneras que parecen tener poco que ver con el problema de la soledad, pero la violación de la integridad da a la persona la sensación de no merecer la felicidad y el amor. El sentimiento vago de no ser merecedor que puede salir a la superficie cuando se confronta al ser profundamente no debe revisarse por encima como si fuera algo irracional. Uno debe buscar dónde puede existir en la realidad tal violación de la integridad. La violación no es necesariamente un acto abierto; puede residir en las actitudes emocionales, como la expectativa de recibir más de lo que uno está dispuesto a dar. Cuando esta violación se reconoce plenamente y la persona puede renunciar a la actitud que acaba con el respeto a sí misma, una nueva sensación de ser y merecer acabará por eliminar la falta de realización.

Error Conceptual - Escisión - Círculo Vicioso

Todo error conceptual crea dualidad y conflicto interior, que a su vez crean un círculo vicioso. Un examen de cualquier problema y conflicto internos revela esta secuencia. La secuencia debe trabajarse hasta el final, tanto en la comprensión intelectual como en la experiencia emocional, antes de que el proceso pueda invertirse; un concepto veraz crea unidad, lo que a su vez crea un círculo benigno de placer y felicidad.

Por ejemplo, un joven recientemente descubrió su inseguridad acerca de su masculinidad. Tuvo que superar una resistencia considerable para penetrar la máscara de falsa seguridad que había estado presentando. Ahora sabe que ha caído en el error conceptual común de que la sexualidad es algo sucio. La escisión interior resultante era que, o bien cedía a su sexualidad masculina y se sentía competente como hombre, el precio de lo cual era la culpa y la sensación de ser pecador y sucio, o bien era limpio y decente de acuerdo con estas normas inconscientes, pero tenía que renunciar a ser hombre. Constantemente trataba de encontrar un término medio entre estas dos alternativas indeseables. Vivía una situación de tira y afloja. No podía comprometerse por completo a ser un hombre ni a ser un individuo decente. Esta división innecesaria resultaba de un error conceptual simple e inconsciente.

El error conceptual de que la sexualidad es sucia condujo al conflicto arriba mencionado, que a su vez llevó al siguiente círculo vicioso: cuanto más trata de ser masculino y por ende se siente culpable, menos sentimientos amorosos puede expresar en su sexualidad. Por lo tanto, la sexualidad produce una culpa real, como lo haría cualquier acción poco amorosa, así como la culpa falsa de ser “sucio”. Por lo tanto, la sexualidad mutilada se permea cada vez más de hostilidad y rabia. Cuando las personas se infunden sutilmente con estas emociones pero no pueden encararlas, todos sus sentimientos se ven afectados. La frustración y la desesperanza que resultan de estos conflictos aumentan la hostilidad, lo que acrecienta los sentimientos de culpa justificados. La sexualidad sin amor y con hostilidad hace que el tabú contra ella parezca justificado; y eso es lo peor del problema, porque hace que estas personas caminen en círculos. Cuanto más se enreda el varón en este conflicto aparentemente irresoluble, más debe reprimir sus sentimientos naturales y espontáneos. Cuanto más se contiene, menos puede amar. Cuanto menos ama, menos masculinidad real tiene, y, en consecuencia, más inseguro e inferior se siente. Debe ocultar su inseguridad y su sentimiento de inferioridad del mundo y de sí mismo, lo que aumenta la represión y los fingimientos. Y así sigue y sigue el conflicto.

La culpa falsa produce culpa real y viceversa

El caso que demuestra la ley de Error Conceptual - Escisión - Círculo Vicioso también demuestra la interdependencia de la culpa falsa y la real. Un malentendido infantil suele producir culpa falsa. Esta produce emociones, defensas y fingimientos que llevan a la culpa justificada porque violan una ley espiritual. El error conceptual es una irrealidad, y ésta sólo puede producir emociones negativas como el enojo, la desesperanza y la desconfianza. Además, el error conceptual debe conducir a la no realización y, por lo tanto, a la frustración y la decepción… que a su vez producen resentimientos, amargura y enojo. El sentimiento de futilidad inherente a todos los conflictos que surgen de los errores conceptuales lleva a una sensación de impotencia y de pasividad que le impide al individuo hacer lo que es necesario para lograr lo que él o ella quiera. La impotencia y el sentimiento de ser víctima son, en sí, errores conceptuales. La culpa falsa lanzada contra el mundo hace que éste sea responsable del estado infeliz.

El ser real envía el mensaje al consciente: “Te equivocas al estar tan resentido”. La conciencia de la persona suele ser incapaz de interpretar bien estos mensajes, y sólo siente vagamente que algo anda mal acerca de su lástima por sí misma, sus acusaciones y su enojo.

Siempre que encuentren una culpa falsa en el curso de su autoconfrontación, nunca la dejen ir sin más. En algún lado está oculta detrás de ella una culpa real. Es como si su personalidad, poco dispuesta a enfrentarse a la culpa real pero presionada por su conciencia, produjera una culpa injustificada para enmascarar a la real. La culpa falsa también puede estar oculta al principio, pero cuando la descubren, pueden decirse: “Vean, ya la descubrí. No tengo que seguir buscando lo que me hace sentir realmente mal acerca de mí mismo. Vean lo honesto y concienzudo que soy que me siento tan culpable, incluso acerca de asuntos irreales”. Cuando el descubrimiento no lleva a un alivio duradero, al cambio y a una mayor libertad interna y externa, pueden estar seguros de que algunas culpas no se han enfrentado.

Los traumas de la infancia no son directamente responsables de las neurosis

Un trauma de la infancia produce privación, infelicidad y sentimientos y conducta destructivos—en suma, una neurosis—sólo indirectamente. No es en sí responsable de todo eso. El alma sana también experimenta una infelicidad temprana pero desecha los efectos sin imprimir profundamente los patrones negativos. Son estos patrones negativos los directamente responsables de la experiencia infeliz en el presente. Deben entender este punto claramente y trabajar sobre los patrones negativos para superar lo que los detiene en la vida. Sus padres no son finalmente responsables de sus errores conceptuales. El resentimiento contra ellos viola la ley de la autorresponsabilidad. De igual modo, no son responsables de los patrones neuróticos de sus propios hijos. La culpa excesiva por los problemas de sus hijos se basa en un error conceptual, aunque sí son responsables de sus propias distorsiones que podrían afectar a los niños. Así pues, insistir en la experiencia infantil por sí sola puede brindar, en el mejor de los casos, una comprensión parcial; no puede producir un cambio vital y significativo. Este último es posible sólo cuando entienden profundamente sus patrones destructivos y los cambian drásticamente.

¿Escalón o escollo?

La libertad es a la vez relativa, limitada y total. Como debemos experimentar los productos de nuestras actitudes y acciones pasadas, no podemos evitar las dificultades ahora cuando nuestras actitudes y acciones pasadas se basaban en la ilusión y, por ende, eran destructivas. Mientras no seamos conscientes de ellas, estamos ciegos a las causas de nuestras dificultades presentes. Pero sí poseemos la libertad total de elegir nuestras actitudes ante nuestro destino autoproducido. Podemos mortificarnos con nuestra lástima de nosotros mismos, nuestros resentimientos e impotencias y aumentar así nuestra debilidad, parálisis, dependencia y destructividad. O podemos decidir aprovechar la experiencia, aprender lo más que se pueda de ella y crecer en conciencia. Cuando elegimos esta actitud, el aparente escollo adquiere un significado nuevo y se vuelve vital, fortalecedor y liberador. Cuando vemos que el escollo era el resultado directo de nuestras distorsiones, evitamos una experiencia similar—o peor—en el futuro. Hacemos del resultado del pasado un escalón.

La situación exterior revela la realidad interior

No importa lo que creamos conscientemente que queremos, nuestra situación de vida, en sus manifestaciones negativas, revela un deseo inconsciente contradictorio. No se puede engañar a la vida y, nos guste o no, la vida de una persona es exactamente lo que la personalidad consciente e inconsciente produce. No importa lo indeseable que sea el resultado, éste es lo que, infantil, ciega o temerosamente expresamos a la vida. No conocer este principio—o no querer conocerlo—producirá amargura y el sentimiento de ser víctimas. Elegir esto último sólo aumenta la ceguera y nos hace conservar la actitud destructiva que lo produjo para empezar. O podemos escoger otra actitud, que al principio es más difícil: aunque uno no sabe cómo se autoprodujo la situación de vida indeseable—esta idea puede incluso parecer absurda—podemos elegir explorar esta posibilidad con un espíritu de apertura y humildad, con la sabiduría que sabe que el alma humana es complicada y multifacética. Este último camino traerá libertad y panoramas nuevos.

Si usamos la situación exterior de vida como medida de lo que puede andar mal dentro de la personalidad, habremos encontrado un atajo importante. Uno puede descubrir incluso que hay menos actitudes negativas ocultas que actitudes sanas y abiertas. Pero en virtud de ser inconscientes, las actitudes negativas ejercen un poder mucho mayor que las actitudes positivas conscientes.

Por lo tanto, es imperativo volver consciente lo inconsciente. Las reacciones emocionales vagas o los pensamientos fugaces que uno generalmente ignora pueden revelar más acerca del estado inconsciente de lo que parece posible al principio. Cuando enfocamos nuestra atención en estas reacciones vagas, los deseos contradictorios, los temores ocultos y los deseos negativos saldrán a la superficie. Cuando se les reconoce, pueden reconciliarse con objetivos conscientes realistas.

La recreación de la sustancia del alma mediante el cambio de impresiones negativas a positivas

Después de que se vuelven totalmente conscientes de sus errores conceptuales y experimentan activamente sus emociones negativas sin exteriorizar la negatividad, la recreación puede empezar. La valentía y la honestidad que fueron necesarias para volverse conscientes de los errores conceptuales y de la negatividad—y eso habrá aumentado con la nueva autoaceptación—deben usarse ahora para instituir el cambio.

Deben formular su deseo y la intención de cambiar en formas de pensamiento claras y concisas. Necesitan crear una visión clara de cómo funcionaría la personalidad sana y productiva, en oposición a los patrones destructivos pasados. Aunque la personalidad egoica exterior, con su voluntad e inteligencia, debe iniciar estos pasos, el ego también debe reconocer su poder limitado e invocar al ser universal para que guíe, inspire y ayude en cada paso del camino. Así, la función de la personalidad egoica consciente es doble: (1) Debe iniciar el cambio, fortalecer su propia voluntad, formular pensamientos, imprimir la sustancia distorsionada del alma con la verdad, con la imagen de círculos benignos; y (2) debe invocar activamente al gran poder interior y volverse receptiva y escuchar. Debe hacerse a un lado durante un tiempo para permitir que el poder interior se revele, lo que sucede cuando menos se le espera, ya que es necesaria una actitud relajada.

Equilibrar las funciones del ego con las manifestaciones involuntarias de la guía universal

No siempre es fácil encontrar el equilibrio siempre fluctuante entre la acción interior y la mente egoica consciente. Deben aprender a sentir cuándo ser activos al formular nuevas impresiones y cuándo hacerse a un lado y mantener al ser sereno y receptivo. Este sentimiento aumenta a medida que experimentan más frecuentemente la realidad del ser universal. Uno de los notables atributos del ser universal es que puede activarse incluso con el propósito de sentir con mayor precisión cómo percibirlo, y también con el fin de tener la inspiración y la profundidad de sentimientos para meditar de una manera significativa. Cada fase de su trabajo puede requerir un tipo diferente de meditación, y de tal suerte pueden necesitar invocar diferentes aspectos del poder universal. Todo este poder puede llegar de su interior cuando se le pide. Las limitaciones de la mente disminuyen cuando se les reconoce y se consulta al “cerebro más vasto” del plexo solar. Gradualmente ocurrirá una integración armoniosa y autorreguladora.

Deben perder lo que quieren ganar

Esta afirmación fue hecha por el Guía en una de las primeras conferencias. Tiene el mismo significado que la afirmación de Jesús de que deben estar dispuestos a perder su vida para ganarla eternamente. Psicológicamente quiere decir que sin la voluntad de soltar, hay tal tensión y miedo que lo bueno de la vida no puede llegar ni recibirse. Sólo cuando uno puede perder sin terror le es posible ganar. El que está aterrado de perder nunca está verdaderamente abierto a ganar.

La ley unitiva

Nunca es cierto que un opuesto es bueno, y el otro, malo. Cada uno puede ser cualquiera de estas dos cosas. Cada alternativa puede ser sana y productiva o malsana y destructiva. Los siguientes ejemplos ayudarán a ilustrar el principio:

Para vivir fructíferamente, uno debe ser tanto activo como pasivo en una interacción armoniosa. Cuando se supone que uno de los modos es correcto, y el otro, incorrecto, el resultado es la distorsión y el desequilibrio. Un extremo del espectro activo-pasivo se exagerará, lo que inevitablemente afectará al otro extremo.

La introspección puede ser productiva y fomentar el crecimiento, o egocéntrica y producir separación. Su opuesto, el interés en otros, puede expresar un amor genuino, o puede ser también una manera de evadir el ser. Si la introspección es sana, también existirá automáticamente un interés sano por los demás. Y a la inversa, si uno de los dos está distorsionado, su opuesto también estará distorsionado.

La autoafirmación puede ser una expresión de autonomía sana o de rebeldía y oposición hostil. La adaptabilidad flexible puede ser la manifestación de una psique sana, o puede ser sumisión y un disfraz de la autonegación masoquista. De nuevo, si la autoafirmación es sana, la adaptabilidad también lo será, y viceversa. Sin embargo, con cuánta frecuencia la gente dice: “Es correcto ser asertivo”, por ejemplo, cuando sólo tapan la distorsión malsana de ello. Del mismo modo, con cuánta frecuencia asegura una persona ser amable y amorosa al ceder constantemente, cuando sólo se niega a ser asertiva e independiente y desea aferrarse a otra persona, a la que debe “comprar” por medio de la sumisión. Estas personas se esclavizan, con el propósito secreto de esclavizar así a la otra persona.

La extroversión, de ser genuina, es la expresión espontánea de una personalidad tierna y amorosa que desea conectarse con otros y es capaz de relacionarse con ellos. Su versión negativa y distorsionada es la insistencia, la manifestación de la incapacidad de estar solo. Ser independiente es el otro lado de la moneda. En una personalidad sana es la autoconfianza básica que permite a la persona pasar tiempo consigo misma. Sólo entonces es posible relacionarse genuinamente con otros. En la distorsión, estos dos aspectos se vuelven alternativas mutuamente excluyentes, donde una se acepta como buena y la otra como mala, dependiendo de los errores específicos de la persona. La distorsión malsana de la persona autosuficiente es el recluso que no puede lidiar con la gente y, de este modo, se escapa a la soledad y racionaliza el escape como algo sano. Una persona así frecuentemente denigrará toda extroversión.—la versión sana tanto como la distorsionada—como algo superficial.

Éstos y muchos otros ejemplos ilustran la ilusión del partidismo, de juzgar un lado o aspecto de una integridad como correcto y el otro como equivocado. Una distorsión muy fuerte es relativamente fácil de reconocer. Pero muchas veces pasa como la versión aparentemente sana. Cuanto más profundamente se llega en el camino, menos se inclina uno a tomar un opuesto y confrontarlo con el otro. Uno ve más y más que ambos forman un todo integral. Esto demuestra cómo conduce la dualidad al principio unitivo en el curso de este Pathwork.

Hace muchos años, en una sesión privada, el Guía dijo:

Si no quieren ser más de lo que son,jamás temerán ser menos de lo que son.

Dictada el 1 de febrero de 1969.