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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 177. El placer. La pulsación completa de la vida

Saludos a todos mis amigos que están reunidos aquí para obtener alimento y verdad, en cualquier forma en que los necesiten en este momento. La conferencia de esta noche trata el tema del placer; el significado y la importancia del placer en el esquema universal, así como para la entidad humana individual.

La religión habla de la dicha máxima de ser. No obstante, la mayor parte del tiempo esto se malentiende por completo. Se cree que la dicha de ser es un estado totalmente diferente del estado humano de placer completo, o del potencial humano de alcanzarlo, lo logre o no. Por lo tanto, la dicha parece muy remota de la experiencia humana real. Parece ser algo totalmente incorpóreo y obtenible sólo eones más tarde. Este tipo de dicha parece tan irreal y distante de lo que las personas consideran verdaderamente deseable que sigue siendo, en el mejor de los casos, una teoría vaga.

En verdad, no existe esencialmente ninguna diferencia entre el estado espiritual completo de dicha y el potencial humano de alcanzarlo. Sólo varía el grado de intensidad, pues ningún ser humano es capaz de tener la profundidad de experiencia que es posible para una conciencia no estructurada y altamente desarrollada. Pero el placer sigue siendo el placer. El placer espiritual no existe sin cuerpo, pues ni la conciencia no estructurada carece de forma. La conciencia no estructurada crea los llamados “cuerpos sutiles” de energía que fluye en la forma más pura. Por lo tanto, esta forma de energía no tiene obstrucción; es el placer mismo. El cuerpo humano en su materia burda representa una obstrucción que sólo puede eliminarse cuando la personalidad total alcanza la armonía con los flujos energéticos de origen cósmico.

Un ser humano liberado, con pocos bloqueos e inhibiciones, o ninguno, sin distorsiones y negatividad, es capaz de un alto grado de placer, pues la energía de los cuerpos sutiles penetra en el cuerpo superficial. Hemos hablado a menudo del hecho de que el simultáneo anhelo y miedo del placer constituye una de sus luchas internas más básicas. Ya saben esto por experiencia propia.

Esta noche examinaremos la necesidad legítima de placer y su propósito para la entidad humana. Les mostraré que esta necesidad no sólo no está en oposición a la verdadera autorrealización espiritual—como muchas personas creen falsamente—sino que es, de hecho, uno de sus requisitos necesarios. O, para decirlo de otro modo, quien bloquea el placer debe, necesariamente, bloquear también la profunda conexión con el ser espiritual. Y a la inversa, sólo quienes son lo suficientemente libres para dejar ir en un sentido son libres para hacerlo en el otro. Estas aparentemente dos experiencias—la autorrealización espiritual y la capacidad de tener placer—se vuelven una y la misma. Son interactivas e interdependientes.

También hablaremos de las obstrucciones que los separan de la profunda experiencia del placer supremo. ¿Cuáles son estas obstrucciones? ¿Qué obstaculiza la realización de ese estado que siempre será el objetivo de su mayor anhelo, estén o no conscientes de ello? En su propia alma obstruyen este anhelo y, por lo tanto, están en guerra dentro de ustedes.

No deseo abundar demasiado en el significado cósmico del placer, para evitar el peligro de hacer que parezca demasiado remoto de su vida en el aquí y el ahora. Esto no es así en absoluto, pues toda la realidad cósmica es aplicable a cualquier estado en el ahora. Pero es fácil malinterpretar o hacer mal uso del significado del placer cósmico. Sólo cuando alcancen el punto en el que puedan abrir el flujo interno para eliminar todas las obstrucciones y bloqueos de manera que experimenten un grado alto de dicha sabrán profundamente que el placer humano es en esencia el mismo que el estado cósmico de dicha, que el placer espiritual y el físico son uno; no opuestos.

El placer, en el sentido real, es intensamente carnal e intensamente espiritual. No hay división entre el estado carnal y el espiritual. Por esta razón, no hay necesidad de insistir demasiado en los aspectos filosóficos del placer en el plan de la creación. Lo único que me gustaría decir sobre la realidad cósmica a este respecto es que el estado completo de liberación, del ser cósmico, es el placer total. Así que el placer es la realidad última y completa. La dicha no es—como parece sugerirlo la religión en sus interpretaciones malentendidas—una recompensa por haber sido “buenos”. La dicha es el estado natural de un ser unificado que está en armonía consigo mismo y el universo.

Cuando hablamos de placer, también debemos tener claridad acerca de lo que queremos decir. No me refiero a pasatiempos placenteros de la mente. No me refiero a sustituciones y escapes superficiales. Me refiero a un estado de dicha física y espiritual que se experimenta en todas las partículas del cuerpo y el alma de uno, del ser exterior y el interior, con todas las sensaciones y facultades vivas, despiertas y sintientes. Este estado de dicha es mucho de aquí y ahora. Empero, este estado es también la realidad espiritual máxima de todas las entidades. Es su derecho natural, amigos míos. Su anhelo de él es el movimiento más real y sano que hay dentro de ustedes. Lo más superfluo son sus confusiones y escisiones dualistas que crean sus errores conceptuales, sus miedos y sus vergüenzas.

Veamos ahora el significado de placer para el ser humano en todos los niveles de la existencia. El placer del que hablamos aquí es, como dije, una experiencia total, no una experiencia dividida. No es una experiencia física sin el lado espiritual, ni es un estado espiritual que no incluya el estado físico. Todo su ser vibra y pulsa, indivisamente, en armonía con ustedes, el universo… y por consiguiente con otro ser humano. No hay división en ustedes, no hay corriente del No, ninguna duda sobre la legitimidad de su dicha; no hay ningún “si” y ningún “pero” de que su dicha interfiera en el mundo que los rodea. No sienten ninguna culpa o titubeo. Por el contrario, sentirán profundamente que cuanto mayor es su éxtasis y su alegría, más contribuyen al mundo.

Cuando alcancen esta conciencia interior—no una conciencia teórica sino una experiencial—crearán las siguientes condiciones dentro de ustedes mismos: Harán de la experiencia total de placer una meta espiritual y práctica. Actuarán incesantemente en favor de esta meta. Eliminarán todas las obstrucciones interiores y explorarán pacientemente su inconsciente para sacar las obstrucciones a la luz. Dedicarán tiempo y esfuerzo a esta empresa. Sentirán cada vez más que l a satisfacción personal y el placer promueven el crecimiento espiritual y la autorrealización, y viceversa. La capacidad de amar íntima y completamente con su cuerpo, su alma y su espíritu será la meta que simultáneamente promueva su autopurificación, pues una no puede existir sin la otra. Diré algo más sobre esto después.

Examinemos primero lo que significa el placer total en todos los niveles de la personalidad humana. En el nivel físico: la salud y el bienestar físicos son regulados por y dependen del estado de placer que el cuerpo es capaz de permitir. Los flujos de placer son las fuerzas simultáneas de la vida, la salud, la autorrenovación y la regeneración. Por lo tanto, la salud y la longevidad resultan de la capacidad de experimentar el placer. Y a la inversa, en el grado en que se niegan el placer—debido a vergüenzas, miedos, errores conceptuales, negatividades, impurezas—en ese mismo grado separan a su cuerpo del manantial inagotable del flujo universal.

A menudo me han oído decir que cada entidad humana es un microcosmos de un universo entero en su interior, que representa al universo macrocósmico. Las mismas leyes y condiciones rigen en ambos. Por lo tanto, si su universo interno está en armonía consigo mismo, el flujo universal del poder de sanación espiritual, la vida, la salud y el placer que permean toda la creación puede también permearlos a ustedes. Se vuelven parte del universo, y el universo es parte de ustedes. Trascienden las limitaciones estructurales aun cuando todavía estén en su cuerpo. La abundancia universal e ilimitada de la vida en constante renovación se volverá parte de ustedes; de una manera relativa, porque todavía están en el cuerpo. Esto sucede de una manera absoluta sólo cuando se trasciende el cuerpo.

Pero no piensen que los sentimientos que experimentan en un cuerpo y un alma desbloqueados dejan de manifestarse cuando mueren. Por el contrario, los sentimientos corporales provienen de los cuerpos sutiles y pueden manifestarse cuando los bloqueos corporales se eliminan. Cuando se trasciende la existencia corporal, los mismos sentimientos se manifestarán aún más fuertemente porque están todavía menos bloqueados por la materia burda de la vida física. Es importante entender que los sentimientos de placer y dicha que registran en su cuerpo no cesarán en una existencia más allá de la vida terrenal. Sólo se intensificarán. Serán ustedes más capaces de mantener los sentimientos de placer supremo, éxtasis, dicha, amor y lo que se llama sexualidad en esta esfera terrestre: la fusión total con otro ser. Hablo aquí de las entidades que han dejado atrás sus miedos falsos y sus obstrucciones; de lo contrario su existencia espiritual no será distinta de la terrenal.

Cualquier tipo de enfermedad o deterioro, incluida la muerte física, es una manifestación de división, conflicto y negación del placer. El desarrollo espiritual debe traer consigo un aumento del placer y no, como a muchas religiones autoritarias les gustaría, la negación y el sacrificio del placer. Este concepto del martirio es una pésima malinterpretación de la verdad espiritual. Pero la verdad puede entenderse sólo cuando dejan de sentir que el placer es negativo, cuando ya no se produce a expensas de otro ser humano, cuando ya no encierra corrientes destructivas. Cualquiera puede confirmar que el grado del placer profundamente experimentado determina la energía y el bienestar. Esto no es algo que hay que tomar a pie juntillas. Ustedes mismos pueden experimentarlo.

Vayamos ahora a un nivel más profundo en la exploración del placer. En el nivel psicológico, la importancia del placer es por lo menos tan grande como en el físico. ¿Cómo pueden asumir la autorresponsabilidad madura? ¿Cómo pueden aceptar las dificultades de la realidad temporal que los rodea y que es, en efecto, la expresión de su estado presente dentro de ustedes? ¿Cómo pueden lidiar con las frustraciones con las que se topan?

A final de cuentas, desde luego, las frustraciones les llegan debido a sus limitaciones interiores. No obstante, tienen que aceptar sus limitaciones, y eso no es fácil. ¿Cómo pueden renunciar a las diversas formas en las que violan y dañan su integridad, en las que quieren secretamente engañar a la vida, en las que desean que otros lleven la carga de la responsabilidad por sus errores? ¿Cómo pueden comprometerse en serio con la integridad, la verdad, la honestidad y un enfoque positivo de ustedes y la vida? ¿Cómo pueden desear abandonar el placer negativo, las seudosatisfacciones de sus fingimientos, su representación de roles, sus defensas? ¿Cómo pueden empezar a comprometerse total y conscientemente con la realidad de la vida, no por un afán de apariencias sino en nombre de lo que es, si no están conscientes del hecho de que la dicha más profunda los espera sólo como resultado de abandonar estas seudosatisfacciones y placeres, estos pobres sustitutos?

Mientras estén convencidos de que estos sustitutos son el único placer que pueden tener y que vivir una vida decente implica sacrificio, no podrán ni siquiera creer en el placer. Esta dificultad se intensifica porque no pueden tolerar el placer en el mismo grado exacto en que se aferran a todas estas formas falsas de vida. Se vuelven capaces de aceptar el placer genuino sólo en el grado en que renuncian al placer negativo y falso.

Deben encontrar la manera de romper el círculo vicioso en el que están atrapados, que va así: Cuanto menos estén dispuestos de verdad a renunciar a todas las falsedades sutiles y defensas destructivas, menos podrán aceptar el placer; por lo tanto, no podrán creer en él; por lo tanto, no querrán renunciar a lo que les impide experimentarlo; y por lo tanto, no podrán existir ni la voluntad ni el compromiso de experimentar el placer, ni la renuncia a los patrones destructivos e inhibidores de la vida.

Aceptar la realidad y la autorresponsabilidad madura parece una dificultad insuperable si no va acompañada del placer,que es su producto. Pero en el grado en que insistan en ser niños irresponsables—que quieren que otros paguen por sus acciones e inacciones, que quieren secreta y neuróticamente engañar a la vida—, en el grado en que dañan su integridad, en ese grado no pueden experimentar el placer. Su ser más íntimo no vuelve posible esto. Su energía está entregada a actividades interiores negativas. Del mismo modo, en el grado en que asuman la responsabilidad de sí mismos, en el grado en que se respeten y se amen porque ya no engañan ni siquiera en la más sutil de las maneras, en ese mismo grado se volverán más y más capaces de experimentar el placer.

Cuanto más deseen una existencia plena y dichosa, menos difícil les parecerá renunciar a estos patrones destructivos en el nivel más profundo imaginable, pararse sobre sus propios pies, aceptar las frustraciones necesarias. Es sumamente importante entender la ecuación de la aceptación de la autonomía plena con la capacidad de experimentar el placer. Una no es posible sin la otra: Si ser una persona profundamente autorresponsable y decente en el sentido más verdadero posible parece implicar que hay que renunciar al placer, entonces el placer no es realmente deseado, o si lo es, entonces lo es de una manera malsana, como recompensa al “niño bueno” otorgada por una figura de autoridad de la que uno depende.

Desearán la individualidad, la autonomía, en el sentido más estricto de la palabra—por difícil que parezca al principio alcanzarla—cuando sepan que su miedo al placer desaparecerá proporcionalmente a su autopurificación. En el grado en que acepten lo que inicialmente parezcan las dificultades de la adultez con todo lo que esto implica, algo en ustedes se suavizará y se sentirá menos y menos amenazado. Se abrirán al placer en su sentido más profundo y completo.

Todos ustedes pueden meditar sobre la conexión entre la madurez emocional, con todos sus significados, y la realización del placer personal. Esto es muy lógico, amigos míos. Saben que pueden amar de verdad cuando son autorresponsables, no cuando se aferran a otro, cuando son dependientes de alguien más. Esta dependencia puede tener la apariencia superficial de amor, pero ustedes ya han experimentado en este camino que nada está más alejado de la verdad. La dependencia surge del miedo y éste crea más miedo, lo que conduce inevitablemente al resentimiento y al odio. Se esfuerzan mucho por ocultar estos sentimientos, porque es amenazador odiar a la persona a la que uno necesita y de la que depende. El amor es posible sólo cuando son libres, cuando son un ser en sí mismos sin depender de otro. Y el placer es posible sólo cuando aman. Como dije antes, el placer sexual sin amor es muy incompleto y siempre llevará a un callejón sin salida. Siempre faltará algo. Es una expresión de la división interna del espíritu, el alma y el cuerpo. La unificación total del placer existe cuando aman y cuando son seres sexuales, porque entonces son también seres espirituales. Esto significa que tienen una integridad emocional y mental. Por lo tanto, el placer y la espiritualidad, el placer y la decencia, el placer y la madurez emocional, el placer y la salud física están todos intrincada e íntimamente conectados.

Consideremos ahora las obstrucciones al placer. Algunos de ustedes que están aquí por primera vez y no conocen las profundidades de nuestro trabajo pueden no tener ni idea de lo que estoy diciendo cuando menciono el miedo al placer. A primera vista, todos ustedes quieren placer y lo anhelan, se esfuerzan por obtenerlo. Creen que desean placer, pero ignoran el hecho de que al mismo tiempo no lo desean, de que le tienen un miedo pavoroso. Mis amigos que están aquí, y que ya están un tanto avanzados en este camino y han explorado su ser hasta ahora inconsciente en un grado suficientemente profundo, han descubierto en efecto que muchas veces les aterra el placer. Quizás le tienen aún más miedo que a los sentimientos negativos dentro de ellos o que provienen de otros.

En otra parte les hice ver la conexión entre el miedo a los sentimientos negativos acerca de ustedes, acerca de otros, y el miedo al placer dentro de ustedes. Sólo porque temen el placer, de manera inadvertida pero lógica quieren lo opuesto: el displacer. Así, tienen miedo del resultado de su deseo negativo. En lo más profundo de ustedes, saben que lo que quieren se realizará. Cuanto menos conscientes sean de lo que quieren, más temerán el resultado. Así, el miedo a la muerte siempre connota un deseo de muerte inconsciente.

Y a la inversa, el placer se vuelve posible cuando el estado de la mente y de las emociones es de una tranquila confianza, está serenamente expectante y receptivo, es paciente y no ansioso, no tiene prisa ni preocupación. De lo contrario, su lucha contra su propio miedo al placer se manifestará conscientemente en un esfuerzo excesivo por alcanzarlo, en una ansiedad de no poder realizarlo, en un pesimismo e incluso una desesperanza a ese respecto. Este pesimismo los hace fluctuar entre dos extremos dañinos: la resignación o la hiperactividad compulsiva, ciega y, en consecuencia, inapropiada. Esto obstruye la obtención del placer en un grado considerable.

El miedo al placer debe volverse consciente a fin de batallar con él. Una de las primeras obstrucciones que hay que buscar es la dicotomía del esfuerzo ansioso versus la resignación sin esperanza, que surge del rechazo inconsciente del resultado deseado; ya se trate del placer o de cualquier otra cosa, por cierto. Por consiguiente, la conciencia de tener miedo del placer debe transformarse en una conciencia aguda y directa del miedo. Esto no es fácil, pero es ciertamente posible en este camino. Cualquiera que lo desee seriamente puede volver consciente lo inconsciente.

Dije en la última conferencia que deben volver conscientes sus creaciones negativas, su placer negativo, para superarlos. También tienen que estar en contacto con su negación del placer. Puedo decir sin temor a equivocarme que ningún ser humano está completamente libre de esta negación. El grado varía, pero es sólo una cuestión de grado. Les pido incluso a aquellos de ustedes que están relativamente libres del miedo al placer que no pasen por alto las áreas dentro de ustedes donde se encogen frente al placer como si fuera un peligro. Mediten y comprométanse a querer verlas. Entonces se puede dar el siguiente paso: la exploración de la validez o la invalidez de este miedo, para que finalmente quieran renunciar al miedo y a la obstrucción del placer en un grado siempre creciente.

Sólo cuando estén intensamente conscientes de cómo temen y niegan su placer dejarán de responsabilizar a otros de su privación, que los hace sufrir tanto. La pesada carga interna de sentirse desconcertados y desesperanzados acerca de alcanzar lo que anhelan profundamente se disolverá. Esta carga es sutil y no pronunciada. Una vez que comprueben con toda conciencia: “Tengo miedo al placer”, la desesperanza desaparecerá. Sentirán las dos fuerzas dentro de ustedes: una que los tira hacia al placer, y otra que los aleja de él. Sentirán estas dos fuerzas en todos los niveles de su ser: en su mente, en sus sentimientos.

Cuando esta batalla se libra sin que lo sepa su mente consciente, el dolor es enorme. Cuando sepan de su existencia, podrán empezar a resolver el conflicto. Una vez que la lucha sea consciente podrán enfrentarla, pero no cuando es inconsciente. Por esta razón, volverse conscientes de cualquier estado interior es una empresa tan importante para cualquier ser humano. Nunca se podrán liberar de la vaga ansiedad y los sentimientos de desesperanza e insuficiencia que son el resultado de no saber que niegan lo que quieren, que desean por un lado y temen por el otro. Así como es imposible superar su destructividad y su negatividad sin saber que quieren ser negativos, así también es imposible resolver esta lucha a menos que sepan, piensen y experimenten que dentro de ustedes hay esta lucha.

Así como con la negatividad de la que hablé en la última conferencia, también tendrán que descubrir las demás consecuencias de su negación del placer. Tienen miedo al placer porque su aferramiento a la negatividad, su poca disposición a renunciar a los patrones de conducta y a los sentimientos negativos y destructivos, hacen que el placer real no sólo sea inmerecido en su opinión inconsciente, sino también aterrador. Es demasiado aterrador que se abran al placer, pues su negatividad crea un estado de alma y cuerpo que es esencialmente incompatible con el placer. Su negatividad crea tensión, separación, contracción. Proviene de una excesiva orientación egoica y es, por lo tanto, totalmente ajena al estado de placer.

El placer negativo está siempre más orientado a gratificar las metas del ego que a satisfacer la necesidad legítima de la entidad de bañarse en la luz del placer supremo. Alberga las tres actitudes que son la raíz de toda destructividad y desviación: el orgullo, el voluntarismo y el miedo. Dije hace muchos años que donde hay orgullo, donde hay voluntarismo y donde hay miedo debe de haber un estado de contracción.

No se puede renunciar totalmente a la contracción, jamás, no importa qué enfoques terapéuticos se usen ni lo buenos que éstos sean, si no se abandonan el orgullo, el voluntarismo y el miedo. En estas tres actitudes la estructuración del ego se vuelve más tensa y rígida. El voluntarismo dice: “¡Yo, yo, yo!”, y se refiere al yo pequeño, al ser pequeño. Ese ser le apuesta sólo a la personalidad exterior y consciente del ego, y olvida, ignora y rechaza a la Conciencia Universal de la cual ustedes son una expresión.

A menos que la persona total esté unificada con la conciencia más grande que trasciende al ego, aferrarse a éste se vuelve algo imperativo. No se haría tanto énfasis en el ego si no existiera la falsa creencia de que el ser es aniquilado en el momento en que el ego no es el único regidor de la vida humana. Así, cuando se identifican exclusivamente con el ego, no pueden identificarse con la conciencia más grande, ni con los sentimientos del cuerpo, pues ambos van de la mano. La experiencia directa de los sentimientos espontáneos de su cuerpo es tanto una expresión de la verdad universal de ser como la guía, inspiración y conocimiento que espontáneamente fluyen a ustedes cuando se identifican con su ser que se extiende más allá de la conciencia egoica.

La tensa estructura del ego dice: “Lo que cuenta es mi mundo egoico. Esto es todo lo que hay para mí y, por lo tanto, no puedo renunciar a él. De lo contrario, dejo de existir”. Con esta actitud, el placer se vuelve imposible, pues el placer total y real depende de la capacidad del ego de dejarse ir y permitirse ser llevado por un poder más grande dentro del cuerpo y del alma.

El orgullo dice: “Soy mejor que tú”. Esto significa separación, superioridad y todo lo que se opone a un estado de amor. El orgullo también puede manifestarse como: “Soy peor que otros, no valgo nada. Pero debo ocultar este hecho, así que debo fingir que soy más”. Desde luego, estos pensamientos no son claros, pero pueden no ser totalmente inconscientes. El orgullo distorsionado, a diferencia de la dignidad sana, siempre está comparando y midiendo al ser con otros y, por ende, está perpetuamente en la ilusión. Ninguna evaluación verdadera del valor de una persona puede provenir de esta actitud. Es una persecución infructuosa e interminable de una meta ilusoria que deja a la personalidad no sólo exhausta, sino también más y más frustrada. El abismo entre el ser y otros se ensancha cada vez más, el amor se vuelve menos posible y, por ende, el placer se aleja más.

No importa si realmente sienten que son más que otros o si sólo fingen para ocultar sus sentimientos de minusvalía. Todo es lo mismo. Esta actitud no puede producir amor y, ¿cómo puede llegar el verdadero placer en un estado carente de amor? El amor no es un mandamiento que deba privarlos. El amor es la más egoísta de todas las actitudes, pues brinda el mayor de todos los placeres; físico, mental y emocional. Sencillamente se siente bien en sí mismo. El amor los abre. Fluyen y pulsan en un estado de paz, seguridad, vitalidad, emoción, estimulación y confianza total. Su ser más íntimo y sus extremidades se sienten dulces y realizados cuando aman. Pero cuando están en un estado egoico de orgullo, inevitablemente deben sentirse tensos, ansiosos, contraídos. No pueden fingir cuando están en un estado relajado, y el orgullo siempre conduce a y requiere algún tipo de fingimiento. Un estado relajado, sin lucha y sin fingimiento es el requisito absoluto del placer.

El miedo es una contracción total. No confía en nadie, ni en el ser ni en el universo. Por lo tanto, el ser que tiene miedo no puede soltarse. El placer es irrealizable cuando la personalidad está atada al ego en su voluntarismo, su orgullo y su miedo; atado en las creaciones negativas, en la lucha interior que niega su propia negatividad y, por lo tanto, no sabe que existe. La personalidad no conoce la naturaleza de su propio sufrimiento. El ser está atado en la lucha de querer y temer la misma cosa. La falta de conciencia de esta lucha lleva a la frustración y al descontento, así como a la culpabilización de otros por la carencia. Esto, a su vez, provoca resentimiento, amargura, enojo y resistencia. La confusión resultante es un tormento para el alma.

Como ya dije, la realización del placer que todos ustedes anhelan profundamente proviene de soltar todas estas actitudes destructivas. Permítanme recapitular: para experimentar el placer se necesita un estado interior totalmente relajado, pero la relajación no es una apatía pasiva, una parálisis o la inercia. La verdadera relajación es un movimiento constante y armonioso. Es el movimiento del universo. Cualquier entidad humana que sea lo suficientemente libre para estar en el estado unificado de placer sentirá el ritmo cósmico pulsante y estará en armonía con él.

El ritmo placentero del universo está en cada universo microcósmico. Se necesita estar muy finamente sintonizado con el ritmo cósmico interior. Éste sigue los movimientos del alma; no las distorsiones, sino los reflejos del cosmos mayor. Para estar sintonizado de este modo, debe prevalecer una calma interior. Toda agitación de la mente debe cesar, al igual que la turbulencia. Entonces otro tipo de movimiento interior se les dará a conocer; no será ni activo ni pasivo en el sentido exterior, sino que combinará una actividad interior del ritmo más placentero con una receptividad interior serena y una inmovilidad aparente. Esta receptividad no contradice al movimiento, sino que es parte intrínseca de él. Lo que parece ser una contradicción en el nivel del ego se convierte en una unificación en una longitud de onda distinta. En ese estado no puede haber división ni lucha contra el ser, ninguna presión o esfuerzo tenso. En ese estado no existe el acoso del tiempo, pues hay una atemporalidad, incluso ahora mientras están en el cuerpo.

Desde luego, este estado no puede alcanzarse en cualquier momento. Pero puede alcanzarse una y otra vez, dejándolos en cada ocasión más fuertes, más unificados, personas más completas, con su ego completamente intacto, más integrado al ser mayor. La evolución, el crecimiento y el autodesarrollo deben de llevarlos a realizaciones más frecuentes de este estado, que se experimenta más significativa e intensamente en una relación amorosa. Pero de maneras distintas experimentarán este estado en todo lo que hacen y todo lo que son, mientras viven, se mueven y tienen su ser en la Conciencia Universal.

Dondequiera que estén en cualquier momento dado, pueden trascender este mismo instante, no importa lo desagradable que sea. Si profundizan lo suficiente en ustedes mismos para explorar el tú en este momento, en esta situación—si no escapan de ella—este momento mismo de displacer se tornará en su naturaleza definitiva: el placer supremo.

No es fácil hacer esto cuando están separados en su percepción de ustedes mismos, incluso después de que hayan vivido algunas de las verdades y estados que mencioné. En este estado de desconexión, entrar en ustedes requiere un sondeo y una exploración para encontrar la medida correcta de autodisciplina, de autoconfrontación, y requiere también su buena voluntad para ver la verdad y cambiar la destructividad. Se necesita también tanto un soltar paciente y una expectación confiada. Tienen que encontrar las respuestas y actitudes correctas, de luchar y no luchar, tanto de la manera correcta y en la medida correcta. Recordar un estado mental similar anterior será de poca ayuda. La verdad debe recapturarse cada vez de nuevo. La memoria sólo los ayudará a saber que la verdad puede alcanzarse y no es una ilusión. No, no es fácil trascender su ahora y sintonizarse con su ritmo cósmico interno. Pero cuanto más a menudo lo intenten, más a menudo les será posible, hasta que por fin éste sea su estado natural, y la desconexión, una excepción. Los tiempos difíciles les darán cada vez más la oportunidad de acercarlos a su centro interior, donde reina el placer supremo.

Estos momentos difíciles serán entonces los catalizadores que deben ser para preparar a toda su persona para el estado de placer sin conflicto que está dentro de ustedes. Acepten el dolor que han creado a través de sus errores conceptuales y su destructividad, y no lo rehúyan sino explórenlo. Tengan quietud en vez de luchar contra él con sus subterfugios, sus negatividades, sus juegos, roles y fingimientos, y con sus proyecciones y escapes. Mírense de verdad. El logro del placer y el estado de vivir en el placer serán suyos definitiva y crecientemente. Se volverán parte integral de él. Ese debe ser el objetivo.

El placer es, al mismo tiempo, la meta espiritual y humana definitiva. Es también el agente curativo sin el que no pueden sanar.

Creo que empiezan más y más a darse cuenta de que este camino no debe ser temido como si se tratara de una tarea difícil. Cada paso es la cosa más gozosa en sí, no sólo porque a final de cuentas trae la liberación, sino que, aun cuando están luchando, y cada vez que ganan, este camino les trae dicha en grados variables. El grado exacto depende de su capacidad para superar su resistencia.

Estén en el estado de dicha que es su derecho natural, que es el destino último de todos ustedes. Comprendan la verdad de que no hay nada que temer. Sean benditos.

Dictada el 7 de noviembre de 1969.