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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 181. El significado de la lucha humana

Saludos y bendiciones, mis muy queridos amigos. Que esta conferencia les ayude en la tremenda lucha humana por encontrar la realización y el sentido de su vida.

La lucha humana es muy intensa porque tienen que lidiar con la desconexión de su conciencia. La realidad que experimentan como seres humanos es sólo un fragmento infinitesimal de la realidad total. Como es relativamente tan pequeña, carece de contexto. Cuando la conciencia no está conectada con el significado más profundo de las cosas, la vida es una lucha. Esto se aplica a todos los seres humanos, por lo menos en algún grado. Hasta los individuos más conscientes tienen periodos en los que también ellos, se pierden en el laberinto de su propia desconexión.

El problema es que la mente misma que tienen a su disposición, con la que tratan de entendedr, es en sí tan fragmentaria como la realidad que supuestamente tiene que trascender. Esto parece un obstáculo insuperable. De tal modo, la lucha es el realiodad: ¿Cómo pueden expandir su percepción, su conciencia misma, para que pueda aprehender el significado detrás de a manifestación.

Invariablemente confunden la manifestación con la causa raíz. Deben aprender laboriosamente, por medio de su crecimiento personal, a distinguir entre causa y efecto, realidad y manifestación. Esta comprensión más profunda y siempre liberadora de la vida puede alcanzarse sólo por medio de la autoconfrontación personal, nunca a través de la especulación teórica.

Deben empezar con algunos conceptos generales que son absolutamente necesarios para llegar a abrir puertas cerradas, pues ¿cómo pueden expandir su conciencia a menos que intenten algunas posibilidades nuevas y de mayor alcance? Los científicos hacen hallzagos nuevos de la misma manera. Forman suposiciones radicales, a las que dan temporalmente una consideración seria. Si sus hipótesis resultan equivocadas, no han perdido nada. Las dejan de lado y prueban otras alternativas para alcanzar una comprensión más profunda. Cuando encuentran la verdad, sus hipótesis se convierten en un hecho experiencial. El desarrollo de la conciencia humana no es diferente.

En el curso de estas conferencias he mencionado ocasionalmente la sustancia creativa, pero diga lo que diga no puedo describir la maravilla y la verdad de ella. Las palabras suenan huecas en comparación con la realidad. Sin embargo, mi intento de verbalizar algunos aspectos de la sustancia creativa puede ser precisamente lo que algunos de ustedes necesitan en este momento a fin de experimentar su verdad; por lo menos tanto como es humanamente posible en cualquier etapa dada del desarrollo personal. Así que permítanme, una vez más, encontrar las palabras que puedan transmitir una partícula de esta fuente de toda la vida.

La sustancia creativa es la energía más poderosa. Es la sustancia de vida más fértil imaginable. Su maleabilidad, su capacidad de respuesta a la mente creadora es tan infinita como el universo mismo. Cualquier cosa que la conciencia pueda concebir y expresar en pensamientos, sentimientos y dirección de la voluntad, la sustancia de vida creativa lo moldea, forma y construye. Saber y experimentar esto es estar conectado con el proceso de la creación, un proceso progresivo y al alcance de todas las criaturas vivas. Saber esto es la clave de la lucha humana.

Lo que la conciencia determina, la sustancia de la vida lo “obedece”, como arcilla en las manos de un escultor. La única diferencia es que la sustancia de la vida es un proceso energético que vive y se mueve, y que contiene sus propias leyes inmutables. La sustancia de vida creativa está tan viva como la conciencia que la moldea.

La suma de la conciencia de una entidad—que comprende todos los niveles de actitudes, pensamientos, sentimientos y direcciones de la voluntad—forma la experiencia de la vida, que entonces le parece al ser humano desconectado e inconsciente que es un destino casual. Cuando emprenden el camino de su evolución, este destino casual se adjudica, en el nivel más primitivo, a la voluntad igualmente casual de una deidad, muy alejada del individuo. Cuando el desarrollo procede, y el espíritu divino y creativo ya no se percibe como una entidad fuera del individuo, sino como un poder que ha encontrarse dentro, el destino casual que temen es su propio inconsciente. Las poderosas corrientes y actitudes que todavía eluden la percepción consciente evocan tanto miedo en un ser humano como la figura de autoridad extraña y lejana de un dios punitivo. Su camino a partir de esa etapa debe lidiar con el establecimiento de la conexón con su inconsciente y, por ende, con la recuperación de un control genuino sobre su destino.

Las etapas entre estos dos polos—atribuir el destino de uno a un dios lejano y estar conectado con sus procesos anteriormente inconscientes—son variadas. Uno de ellos es, por ejemplo, la ceguera materialista, en la que sólo existe lo que se ve y se toca, mientras que todos los sucesos fuera del control de uno parecen coincidencia o suerte. Esto no es esencialmente muy distinto del concepto del dios lejano que determina intencionalmente el destino de las personas, aun si a este dios se le atribuyen amor, compasión y sabiduría. Lo importante en cada caso es que uno se siente impotente y no responsable de las propias experiencias y destino. De hecho, uno no tiene la menor idea del qué y del cómo de su causalidad.

Descubrir el qué y el cómo es tal vez el punto decisivo más importante en la evolución de una entidad. Este descubrimiento determina la diferencia entre el sufrimiento y la paz, entre la impotencia y la autodeterminación, entre la dependencia infantil—sea de otra autoridad o del azar—y la autonomía, entre vivir con miedo y vivir valientemente.

Como bien lo saben ustedes que están seriamente comprometidos con este Pathwork, el camino no es fácil. Significa aprender muchas actitudes nuevas, aspectos nuevos de ustedes. Sobre todo, significa romper estructuras viejas y crear otras nuevas. Significa unificar escisiones conceptuales erróneas en un nivel emocional y desmantelar las unificaciones falsas. Jamás deben renunciar a la búsqueda, al aventurarse hacia delante, o volverán a caer en la vieja desesperación de estar desconectados de la realidad interna. La desesperación puede haber sido inconsciente en el pasado y puede haberse manifestado tan indirectamente que no se le podía reconocer, pero a medida que la entidad crece, estas emociones inconscientes, desplazadas, se vuelven intensamente conscientes, aunque, al principio, uno ignora su significado más profundo.

En este punto, siempre que experimentan una suerte que no entienden, tal vez ya no culpabilicen al mundo exterior—Dios, el destino, la vida, la suerte u otras personas—pero se sienten igualmente asustados de sus propios procesos inconscientes. Cuanto mayor es la desconexión, menos realidad parece tener su inconsciente. Simplemente no pueden creer que algo que opera en ustedes contradice tan crasamente lo que conscientemente creen y desean. Cuanto más profunda es la desconexión, más parece que la única realidad es el mundo manifiesto y sus efectos.

Dictada el 10 de abril de 1970.