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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 185. La mutualidad: un principio y una ley cósmicos

Saludos, amigos míos. Bendiciones y amor para cada uno de ustedes.

El tema de la conferencia de esta noche es la mutualidad. Esta es un principio y una ley cósmicos. Dividiré este tema en tres secciones: la primera trata de la mutualidad como un principio y una ley cósmicos; la segunda se ocupa de cómo se manifiesta esta ley en la vida humana; y la tercera examina la naturaleza y el origen de los obstáculos que perturban la ley de la mutualidad.

La mutualidad es una ley cósmica o espiritual. Ninguna creación puede tener lugar a menos que exista la mutualidad. Esta significa que dos entidades o aspectos aparente o superficialmente diferentes se mueven uno hacia el otro con el fin de unirse y hacer un todo comprensivo. Se abren uno hacia el otro y cooperan y se afectan mutuamente para crear una nueva manifestación divina. Sólo pueden llegar formas nuevas de autoexpresión cuando el ser se fusiona con algo más allá de sí mismo. La mutualidad es el movimiento que tiende un puente entre la dualidad y la unidad. Dondequiera que hay separación debe surgir la mutualidad a fin de eliminar esta separación.

Nada puede crearse a menos que exista la mutualidad, se trate de una galaxia nueva, de una obra de arte o de una buena relación entre seres humanos. Esto se aplica incluso a la creación del objeto más simple. Para ilustrar este principio, tomemos este ejemplo. Primero debe formarse en la mente la idea del objeto. Sin la inspiración y la imaginación creadoras por medio de las cuales la mente se extiende más allá de su conciencia previa de lo que ya existe, ni siquiera puede formarse un plan. Este aspecto creativo debe cooperar entonces con el segundo aspecto de la mutualidad, es decir, la ejecución, que implica trabajo, esfuerzo, perseverancia y autodisciplina. A menos que la idea creativa y todas esas actividades que son más mecánicas y están determinadas por el ego trabajen juntas en armonía, el objeto no puede crearse. El primer aspecto, el pensamiento y la inspiración creativos, nunca puede completar la creación a menos que el segundo aspecto de la ejecución se introduzca a la empresa. Esto se aplica, sin excepción, a todo. Ya sea que creen un objeto, compongan una sinfonía, pinten un cuadro, escriban una novela, cocinen una comida, busquen nuevos descubrimientos científicos, curen las enfermedades, creen amor mutuo, o se desarrollen en el camino de la autorrealización, esta ley de la mutualidad se aplica a todos los esfuerzos, a todas las materializaciones exitosas y a todas las autoexpresiones significativas.

Esta síntesis de creatividad, imaginación e ideas, por una parte, y la ejecución, por la otra, debe darse, aun cuando estos procesos y actitudes parezcan muy ajenos entre sí. La actitud creativa es una manifestación espontánea que fluye libremente. La ejecución es un acto que llega por medio de la determinación de la voluntad del ego. Es más mecánica y laboriosa, y exige consistencia y esfuerzo. Tiene características totalmente diferentes de la afluencia espontánea y sin esfuerzo de las ideas creativas. Los seres humanos son poco creativos por dos razones; o no están dispuestos a adoptar la autodisciplina necesaria para poner en práctica sus ideas creativas, o están emocional y espiritualmente demasiado contraídos para abrir sus propios canales creativos individuales. En el primer caso, se niegan infantilmente a experimentar las dificultades, los ensayos y errores; en el segundo caso, carecen de inspiración. Estas dos actitudes desequilibradas gradualmente se equilibran cuando los individuos crecen en el camino y aprenden a resolver sus conflictos internos. Las personas sanas y equilibradas que se han encontrado siempre hallan sus expresiones creativas personales que les producen la satisfacción más profunda.

Un desequilibrio de estos dos aspectos de la creación es especialmente notable en el área de las relaciones humanas. La experiencia creativa, espontánea y sin esfuerzo que inicialmente atrae a dos personas para amarse ocurre todo el tiempo; sin embargo, esta conexión rara vez se mantiene. Se da a esto todo tipo de explicaciones; sin embargo, lo que sucede la mayor parte de las veces es que el trabajo de resolver las disensiones interiores se descuida. Prevalece la idea infantil de que una vez que ha tenido lugar el acto inicial, el ser es impotente para determinar el curso de la relación. Por lo general, la relación se trata como si fuera una entidad separada que, favorable o desfavorablemente, sigue su propio curso. Examinaremos este error conceptual en la siguiente sección de nuestra plática.

Todo el universo consiste de la interacción armoniosa y mutua entre la imaginación creativa fácil, y la ejecución, que siempre exige trabajo, inversión, compromiso y autodisciplina. Este puente de la mutualidad es un aspecto muy importante de la unidad y la creación. La mutualidad no es lo mismo que el principio unificado mismo, que es lo opuesto del principio dualista. La diferencia entre el principio unificado y el principio de mutualidad es que el segundo conduce a la unificación y es en realidad el movimiento hacia él. Pero no es todavía la unificación misma.

Para que la mutualidad opere debe haber un movimiento recíproco y expansivo hacia otra actitud, aspecto o persona. Dos movimientos expansivos deben fluir uno hacia el otro en una interacción armoniosa de dar y recibir, de cooperación mutua, de apertura positiva. Esto significa que, de hecho, dos corrientes del Sí deben moverse una hacia la otra. La capacidad para aceptar, tolerar y mantener el placer puede incrementarse en los seres humanos sólo gradualmente, y es uno de los objetivos más difíciles de alcanzar. Esta capacidad depende directamente de la integración y la integridad de la persona. Por ende, la mutualidad depende de la capacidad de la entidad para decir “sí” cuando se le ofrece un “sí”.

Esto nos trae a la secunda sección de esta conferencia. ¿Cómo se aplica el principio de mutualidad al estado actual de desarrollo de la Humanidad? Con respecto a la mutualidad, el desarrollo de la Humanidad puede determinarse por tres gradaciones. El ser humano que está menos desarrollado y aún lleno de miedo y errores conceptuales sólo puede expandirse muy poco. Como la expansión y la mutualidad son interdependientes, ésta es imposible en este nivel hasta el grado en que se niega la expansión.

Como bien saben, todos los seres humanos tienen miedo de abrirse hasta cierto grado. Cuando ustedes comenzaron este trabajo interior tal vez no hayan sospechado que este miedo existiera en ustedes. O si lo sospechaban, tal vez lo hayan racionalizado porque se sentían muy avergonzados de admitirlo. Pensaban equivocadamente que había algo especialmente mal en ustedes, algo que ningún otro ser humano valioso compartía. Por lo tanto, no debían permitir que nadie sospechara de este defecto suyo. Pero al avanzar, aprendieron a admitir y aceptar plenamente este problema suyo, y a entender apropiadamente su universalidad. Así, después de un trabajo diligente, muchos de ustedes pueden hoy reconocer su miedo de abrirse y expandirse. Tal vez se den cuenta en ocasiones de este miedo y vean cómo contienen su energía, sus sentimientos y sus fuerzas vitales porque creen que están más seguros por medio del control que ejercen cuando están contraídos. En el grado en que esto sea cierto deben de tener problemas con la mutualidad. Las personas menos desarrolladas y más enajenadas de su verdad interior negarán cualquier tipo de expansión y, por lo tanto, de mutualidad. Sin embargo, esto no significa que su anhelo de ella se haya eliminado; el anhelo siempre está allí. Pero también es cierto que las entidades se las arreglan para aplastar el anhelo de expansión y mutualidad tal vez a lo largo de encarnaciones enteras, sin darse cuenta del sentimiento del que tanto carecen en su vida. Se contentan con la seudoseguridad de la separación y el aislamiento, pues esto es menos amenazante, o así lo parece.

Sin embargo, cuando el desarrollo procede un poco más, el anhelo se vuelve más fuerte y más consciente. Hay muchos grados y muchas alternativas, pero—para hablar de una manera sobresimplificada por un afán de claridad—las personas que están en la segunda etapa son las que están dispuestas a abrirse pero aún tienen miedo de hacerlo cuando surge una oportunidad de mutualidad real. La única manera en que las personas que se hallan en esta etapa pueden experimentar la dicha y el placer de la expansión y la unión es en la fantasía. Esto conduce a una fluctuación muy común y frecuente: estas personas están convencidas de que su fuerte anhelo indica su disposición real a tener una mutualidad verdadera. Después de todo, la experimentan muy bellamente en su fantasía. Atribuyen el hecho de que todavía no la viven en la realidad a su falta de suerte para encontrar al compañero adecuado con el que podrían realizar estas fantasías. Cuando un compañero finalmente aparece, el viejo miedo aún predomina. Los movimientos del alma se contraen y la fantasía no puede realizarse. Esto suele justificarse con todo tipo de circunstancias exteriores, que pueden ser incluso ciertas. El compañero puede tener en realidad demasiadas obstrucciones para ayudarles a hacer realidad el sueño. Empero, ¿acaso este hecho mismo no indica que alguna fuerza más profunda debe de operar en la psique de la persona para atraer al compañero con el cual la contracción parece justificada? El ser más profundo siempre sabe cuál es la situación de una persona. Si todavía falta la disposición de enfrentar los problemas más profundos con la verdad, los subterfugios y las excusas se vuelven muy necesarios para la preservación del ego. Pero el fracaso en la relación siempre indica que el ser no está listo todavía para poner en práctica la verdadera mutualidad.

Muchas personas siguen pasando alternadamente por periodos de aislamiento e intenso anhelo, y luego una satisfacción temporal en la que las obstrucciones exteriores o interiores impiden una mutualidad plena. El desencanto consiguiente puede dar incluso más justificación a los miedos inconscientes que alimentan la determinación de no abrirse y ser llevados por la corriente de la vida. El dolor y la confusión suelen ser muy profundos en las personas atrapadas en esta etapa. Pero este dolor y esta confusión finalmente llevarán al compromiso pleno de reconocer la fuente interior real de esta fluctuación.

Rara vez se entiende el significado de esta etapa. Hay dolor y confusión porque no se reconoce el verdadero significado de la fluctuación. Cuando una persona en crecimiento llega a ver que los periodos de aislamiento le dan cierta oportunidad de abrirse con una seguridad comparativa y de experimentar, aunque sea vicariamente, alguna dosis de realización sin correr los riesgos necesarios, esta persona ha dado un paso sustancial hacia la autorrealización. Concomitantemente, lo mismo vale decir cuando este individuo reconoce la verdadera importancia subyacente de las dificultades con las que se ha topado durante el tiempo de las relaciones tentativas. Los periodos alternos de aislamiento y relación tienen sus propias válvulas de seguridad integradas: cada una preserva al ser en su estado separado y simultáneamente le ayuda a salir en la medida en que la entidad esté lista para dejar atrás la separación.

Pero en algún punto del camino de la evolución individual, todos llegan a reconocer plenamente lo dolorosa que es esta fluctuación, lo que, de manera subsecuente, lleva al compromiso de abrirse a la mutualidad y a la realización, a la interacción y la expansión, a la cooperación y al placer positivo. Esto siempre requiere renunciar al placer negativo y a la seudoseguridad. El alma entonces está lista para aprender, experimentar, correr el riesgo de la mutualidad, del amor y del placer, y para funcionar sin peligro en un estado abierto.

En la tercera etapa están las personas relativamente capaces de prolongar la mutualidad real; no en la fantasía, no sólo en el anhelo, no en una situación “como si”. Resulta innecesario decir que todas las relaciones estables en esta Tierra no indican una mutualidad real. De hecho, muy, muy pocas lo hacen. La mayoría de las relaciones se forman por otros motivos, o bien se renunció a la motivación original de experimentar la mutualidad cuando ésta no pudo sostenerse y otros motivos la remplazaron.

Estas son básicamente las tres etapas por las que pasa la Humanidad con respecto a la mutualidad. Desde luego, estas etapas no pueden diferenciarse en términos tan exactos. Muchas veces se traslapan, fluctúan y se intercambian; existen muchos, muchos grados y son válidos para cada uno de los diversos niveles de la personalidad. Lo que puede ser cierto en un nivel para una persona específica puede no serlo en otro.

Examinemos ahora la tercera y quizás la más importante parte de esta conferencia. ¿Cuáles son los obstáculos que impiden la mutualidad entre dos seres humanos? Generalmente esto se explica, y muy acertadamente en parte, por los problemas que tienen los seres humanos. Sin embargo, esta explicación no es suficiente.

La mutualidad puede existir sólo en el grado en que los individuos involucrados conozcan y estén en contacto con el mal de su lado destructivo anteriormente oculto. Y a la inversa, si hay una fisura entre los esfuerzos conscientes por alcanzar la bondad, el amor y la decencia, y el inconsciente, empeñado en la destructividad, el odio y la negación, la mutualidad no puede existir. Hago hincapié aquí en que la mutualidad no está ausente porque los aspectos malos siguen allí, sino porque falta la conciencia de ellos. Esta es una distinción sumamente importante. Por lo regular los humanos enfocan este problema de la manera exactamente contraria. Creen que deben erradicar primero el mal aún existente, pues de lo contrario son inmerecedores de la dicha que brinda la mutualidad. Es demasiado aterrador reconocer el mal, de manera que la fisura entre la conciencia del ser y la negación inconsciente del ser se ensancha al continuar la vida.

Si están enajenados de su propio inconsciente, deben exteriorizar lo que en lo más profundo de ustedes saben que existe en su interior. Lo exteriorizan con otra persona y afectan el nivel igualmente inconsciente y oculto de esa otra persona. A menos que se aplique esta clave, las relaciones se tambalearán o se estancarán, y no podrá desarrollarse la mutualidad en su verdadero sentido. Por lo tanto, es crucial que busquen un contacto cada vez mayor con los aspectos inconscientes destructivos de su ser. Hemos tenido precisamente este propósito desde que empezamos a trabajar en este camino,pero ¡cuán difícil le parece al individuo cerrar la brecha entre el bien consciente y el mal inconsciente! Cuánto luchan todos, y cuántas personas se sienten tentadas a dejar esta búsqueda por completo porque les parece demasiado doloroso y difícil aceptar aspectos previamente inaceptables de sí. Empero, la vida no puede vivirse de verdad a menos que esto suceda.

Su escisión interior debe de reaparecer como una escisión entre ustedes y otros a menos que estén plenamente conscientes de su propio ser. Volverse consciente es empezar a cerrar la fisura; la conciencia disminuye la fisura. La conciencia debe conducir finalmente a la aceptación de lo que previamente se negó. Si no hay mutualidad entre ustedes y todos sus aspectos porque sus normas, sus demandas y sus expectativas de sí mismos son poco realistas, es absolutamente impensable que pueda existir jamás una mutualidad entre ustedes y otros.

La mutualidad consigo mismos está ausente cuando rechazan el mal que albergan. Rechazando el mal, ignoran y niegan la energía creativa vital y original que está contenida en todo el mal. Esta energía debe volverse accesible a ustedes a fin de que se vuelva íntegra y sana. Sólo pueden transformar la energía cuando son conscientes de su forma distorsionada; empero, cuando rechazan su manifestación presente, ¿cómo pueden reconvertirla? De tal modo, permanecen escindidos dentro de ustedes mismos. Y cuando esta escisión no es consciente, se refleja en sus relaciones, o la falta de ellas. No importa cuán malos e inaceptables puedan parecer cualesquiera rasgos específicos en ustedes, no importa lo indeseables y destructivos que sean, la energía y la sustancia de la que constan es una fuerza vital sin la cual no pueden funcionar plenamente. Sólo como personas enteras pueden sostener el placer; sólo como personas plenamente conscientes pueden ser íntegros. Sólo entonces pueden no bloquear el movimiento expansivo y permitirse fluir hacia el universo de otra entidad, mientras permanecen abiertos para recibir las corrientes de energía que fluyen del otro y sus movimientos del alma.

Su desunión con ustedes no puede traer unidad con otros. Es una locura esperarlo. Sin embargo, no tienen que aguardar primero a estar totalmente unificados. Si toman sus relaciones actuales y las usan como referencias para medir dónde está su propia escisión interior y cuán dispuestos están a aceptar lo negativo en ustedes, llegarán a tener una mayor autoaceptación. Al mismo tiempo, su capacidad de tener mutualidad crecerá en proporción con su autoaceptación. Por ende, sus relaciones mejorarán y se volverán mucho más profundamente significativas. Han rechazado la aceptación de cualquier cosa que hay en ustedes porque se negaban a volverse conscientes de ella. Esta aceptación inmediatamente producirá una mayor comprensión de otras personas con las que tienen que lidiar. La mutualidad se volverá entonces posible.

Del mismo modo, si no pueden aceptar el mal en ustedes y piensan, en efecto: “Primero debo ser perfecto antes de que pueda aceptarme, amarme, estimarme y confiar en mí”, inevitablemente expresarán una actitud idéntica hacia la otra persona. Cuando ven la realidad de que esa otra persona está lejos de ser perfecta, la rechazan así como siguen rechazando su propio ser. La diferencia radica en que la mayor parte del tiempo se las arreglan para no saber lo que están haciendo con ustedes. Esto es muy desafortunado. Se las arreglan para no ver este rechazo del ser imperfecto y el del otro por lo que es. Siempre hay explicaciones útiles, destinadas a no dejarlos ver cómo rechazan la realidad desagradable de ustedes mismos y de otros, y cómo causa esto una fisura que vuelve imposibles la mutualidad y la dicha.

Todos ustedes pueden usar lo que digo aquí como una clave muy práctica e inmediata en su trabajo interior. Pueden examinar todas sus relaciones con su familia, sus parejas, sus socios, sus amigos y sus relaciones de trabajo. Analicen cualquier situación de vida en la que puedan estar involucrados con otros. Miren de cerca esas relaciones si hay algo que les moleste de ellas. ¿En qué grado están verdaderamente abiertos a la realidad de la otra persona? Si responden honestamente a esta pregunta, y pueden ver que no están abiertos, entonces pueden usar esta clave para sí mismos. Desde luego, pueden fácilmente rehuir verla ocupándose con sus explicaciones, justificaciones y racionalizaciones, e incluso con su intensa autoculpabilización, que puede confundirse con facilidad con la autoaceptación, pero que está tan alejada de ella como la autonegación abierta.

Saben perfectamente bien en su mente que ustedes y otros distan mucho de ser perfectos, y repiten esta verdad de labios para afuera. Pero, ¿realmente la aceptan en lo más profundo de su corazón? Cuando tratan de responder a esta pregunta en los niveles emocionales más profundos, verán que, en muchos casos, la disposición es muy pequeña. Sus reacciones resultan contrarias a lo que saben en su mente. A medida que descubren lentamente su intolerancia, su gusto por la crítica, su negativa a aceptar a otros por lo que son, pueden saber de manera automática que hacen exactamente lo mismo con ustedes.

Ahora bien, es en efecto difícil aceptar la negatividad proyectada y exteriorizada de otros, que siempre implica el uso de una defensa que es más destructiva que cualquier cosa contra la que se defienden en sí mismos. Su incapacidad de lidiar con este comportamiento exteriorizado y destructivo de otros hacia ustedes de nuevo refleja su falta de conciencia de cuándo y cómo hacen ustedes las mismas cosas, aunque tal vez de una manera distinta.

Es más fácil que vean primero sus reacciones contra otros. Si pueden usar esas reacciones como indicadores, les resultará mucho más fácil descubrir lo que se hacen a sí mismos. El daño que se infligen mediante la negación de la parte inaceptable los lleva a hacer precisamente lo que mencioné antes: los obliga a usar subterfugios destinados a tapar lo inaceptable. No obstante, estos subterfugios son más inaceptables que cualquier cosa que originalmente negaron. Así, acentúan el odio por sí mismos y ensanchan la fisura.

Si tienen relaciones insustanciales, insatisfactorias, que carecen de profundidad, gratificación e intimidad, en las que se revelan sólo de manera superficial—tal vez revelando sólo su autoimagen idealizada que ustedes piensan que es la única parte aceptable de sí mismos—de nuevo tendrán una buena indicación de dónde se hallan dentro de ustedes mismos. Ni siquiera corren el riesgo porque son incapaces de aceptarse. Por consiguiente, no pueden creer que su ser verdadero y genuino pueda ser jamás aceptado, ni pueden aceptar a otros por el lugar donde se hallan en su estado actual de desarrollo. Todo esto excluye la mutualidad.

El movimiento de abrirse y abrazar, la dicha relajada de fluir hacia otro campo de energía y aceptar la emanación de ese otro campo; esta dicha es insoportable y parece peligrosa a aquellos que se odian. Cuando se contraen después de cada apertura temporal pueden darse cuenta de que esto no ocurre porque sean malvados y no merezcan la dicha, sino porque no pueden aceptar la totalidad de fuerzas y energías tales como existen en ustedes ahora. Por lo tanto, permanecen encerrados en las contracciones y no pueden convertirlas en expansiones.

Así pues, el principio de la mutualidad deben aplicarlo primero a la relación entre ustedes y su ser interior. Sólo entonces pueden extenderlo a su relación con otros. Pero permítanme decir aquí, amigos míos, desde el punto de vista de un grado más alto de conciencia, que toda la separación que parece tan real en su mundo es tan ilusoria como la separación entre sus dos seres. Es un artefacto que cobra vida exclusivamente por lo que se niega. Al cerrar los ojos y la conciencia a la persona total que son en esta etapa, crean estos aparentemente dos seres: el aceptable y el inaceptable. Pero en realidad no son dos entidades: ambas son ustedes, decidan o no saber esto ahora. Pero, ¿en realidad son ustedes dos personas? Desde luego que no. La misma ilusión existe acerca de todas las entidades aparentemente separadas. Aquí también la separación es un constructo arbitrario y artificial de la mente, por así decirlo. En realidad, tal división no existe. Puede no ser fácil para ustedes sentir esto en esta etapa, pero el hecho es que los humanos viven en esta ilusión global de separación, que es la causa del dolor y la lucha. En realidad todo es uno y todas las entidades están conectadas con todo lo demás que existe en el universo; y no hablo en sentido figurado. Una conciencia permea el universo y todo lo que contiene. Pero pueden empezar a experimentar esta unidad sólo cuando ya no haya ninguna parte de ustedes que se excluya, se niegue o se separe.

¿Hay preguntas en relación con este tema?

PREGUNTA: ¿Puede hablarnos de los aspectos de la mutualidad en los niveles físico, mental y espiritual desde el punto de vista energético?

RESPUESTA: Sí. Desde el punto de vista energético el movimiento de expansión es un movimiento que fluye hacia dentro. Cuando dos humanos separados se abren el uno al otro en mutualidad, y son capaces de aceptar un flujo abierto sin contraerse, la energía de uno interpenetra el campo energético del otro y viceversa. Es una compenetración e intercambio constantes. Esto es distinto con las personas que permanecen separadas, que se contraen, y que no pueden abrirse a la mutualidad; dos personas así permanecen encerradas, cada una como una pequeña isla, con poca o ninguna energía que intercambiar. Y cuando el intercambio de energía está bloqueado, el gran plan de evolución se retrasa.

En el caso en que una persona puede abrirse sólo cuando no haya oportunidad de mutualidad, o cuando una corriente del Sí se topa con una corriente del No porque la mutualidad todavía parece demasiado aterradora, un flujo de energía fluye hacia fuera pero reverbera y rebota, rechazado por el campo de energía cerrado del otro. Este último es como una pared contra la que se topa cualquier flujo que quiera entrar. Así, los dos flujos nunca pueden convertirse en uno. Este fenómeno puede observarse fácilmente en la vida cotidiana de las personas. O siempre se enamoran cuando no son correspondidos, o, por razones aparentemente incomprensibles, se desenamoran cuando su pareja tiene sentimientos amorosos profundos. En un grado más sutil, el mismo principio existe en sus relaciones actuales; cuando una persona está abierta, la otra está cerrada, y viceversa. Sólo un desarrollo y crecimiento constantes cambia esto para que ambos aprendan a permanecer abiertos el uno al otro.

En los niveles espiritual y emocional, la etapa más baja indica un estado de miedo intenso. El miedo a aceptar al ser en su etapa presente es esencialmente el mismo miedo que quiere huir de la verdadera mutualidad y la dicha. Como el miedo está allí, el odio también llega a existir con todos sus derivados.

Los niveles mentales son afectados por este proceso de evitación cuando una persona busca explicaciones rápidas a lo que no puede entenderse a menos que el ser se acepte por lo que es ahora. La actividad mental se vuelve tan frenética que no puede sintonizarse con las voces más altas dentro del ser, con las verdades más profundas del universo. Así se engendra más separación. El ruido mental crea más desconexión de los sentimientos y del estado que originalmente creó esta condición. Una persona o entidad así se ve forzada por elección propia a vivir en un estado constante de frustración e insatisfacción. Físicamente, esto crea, desde luego, todos los bloqueos en el cuerpo que ustedes ya conocen muy bien.

En la segunda etapa, cuando ocurren la apertura y la contracción alternas, la actividad mental de la persona es confusa. La búsqueda no puede arrojar respuestas veraces mientras el ser no se acepte con lo peor que tiene. La confusión mental crea más frustración y enojo. Las interpretaciones erróneas que se supone que deben explicar por qué a la persona siempre le falta la mutualidad sólo aumentan la frustración y, por lo tanto, el enojo y el odio. En el nivel emocional, el anhelo y la decepción se alternan con la realización en la fantasía. Esto indica cierto grado de apertura y flujo, aunque sin una mutualidad real. El retraimiento y la contracción también incluyen el enojo y el odio, la desilusión y la culpabilización.

Cuando la autoaceptación vuelve posible la mutualidad y hay un intercambio de energía, los movimientos universales fluyen uniformemente. La alternancia sana de los principios de expansión, contracción y estático prevalece allí donde los individuos se encuentran en el ritmo eterno, en armonía con al universo.

Sean benditos, amados míos. Que esta conferencia sea otra vez como una pequeña luz encendida dentro de ustedes, dándoles esperanza y fortaleza, mostrándoles su ser desde otro lado más del camino y llevándolos más intensamente hacia la aceptación de sí mismos tal como son ahora. No se dejen enredar en nada, ni lo justifiquen; véanlo tal como es. Acepten plenamente la imperfección; ni la embellezcan ni la exageren de modo que se encojan de vergüenza y miedo. Todas estas distorsiones deben desaparecer pues son trampas, mucho más desastrosas que cualesquiera aspectos por los que se odien. Cuando encuentren y apliquen esta actitud, hallarán su felicidad y la verdad que los une con ustedes mismos y con el universo.

Dictada el 9 de octubre de 1970.