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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 196. El compromiso: causa y efecto

Paz, bendiciones y amor para todos ustedes, queridos míos. El trabajo arduo, la valentía, la honestidad y la humildad de este Pathwork les han traído, en proporción a su inversión, plenitud y paz. Muchos de ustedes están ahora realmente en posición de experimentar cómo se resuelven sus problemas; algo de lo que siempre habían dudado en su corazón. Ahora forman relaciones más estrechas y auténticas con quienes los rodean; y esto es particularmente notable dentro del grupo en su conjunto. Pasaron muchos años de trabajo para hacer esto posible.

Siempre que faltan, la paz, la realización, la luz, la esperanza y una cercanía confiada con sus amigos íntimos, tómenlo como una indicación de que algo en ustedes está mal. ¡Esta medida es tan exacta! Experimentarán sus circunstancias de vida y su estado interior de acuerdo con el progreso que hayan hecho en su propio camino interior. No hay medida más cierta.

Nunca se pueden medir contra otros. El lugar donde están ahora puede ser el correcto para ustedes. Puede ser exactamente donde tienen que estar. Cuando sepan esto, se sentirán radiantes y esperanzados. Otros que se encuentren en la misma e idéntica encrucijada podrían estar rezagados en su camino personal. Tal vez no logren el plan que se propusieron alcanzar en esta encarnación. Por lo tanto, estarán en conflicto consigo mismos y/o con otros. La única medida confiable y realista de la realización de su plan de vida es cómo se sienten con ustedes, con su vida y con los que los rodean.

La conferencia de esta noche empezará donde terminamos la última vez. Es la secuela de la última conferencia y debe de ayudarles a dar otro paso más en su camino; especialmente con respecto a salir de la recién descubierta intencionalidad negativa.

Deben seguir sacando su intencionalidad negativa, admitirla honesta y abiertamente. Pero muchos de ustedes ya han hecho esto suficientemente y ahora están listos para renunciar a ella en favor de la intencionalidad positiva.

La llave para muchos es una comprensión completa del compromiso, por una parte, y la causa y el efecto, por la otra. Estas parecen no relacionarse entre sí y con la intencionalidad negativa, pero todas están intrínsecamente conectadas.

Hablemos primero del compromiso. ¿Qué significa el compromiso? Usan esta palabra una y otra vez, sin entender y explorar realmente lo que significa. Significa, sobre todo, una concentración de la atención, dar el ser de todo corazón a cualquiera que sea el compromiso. Si están comprometidos a dar lo mejor de sí a cualquier cosa que hagan, se enfocarán en todos los aspectos del tema. No evitarán invertir todas sus energías, toda su atención. Usarán sus facultades de pensamiento, de intuición, de meditación. En otras palabras, usarán sus energías físicas, sus capacidades mentales, sus sentimientos y su voluntad para activar los poderes espirituales aún latentes a fin de que la empresa sea constructiva. Esto requiere un enfoque holístico que sólo puede llegar cuando la voluntad no es quebrantada por fuerzas contrarias negativas. A fin de estar plenamente comprometidos, no debe existir ninguna intencionalidad negativa.

El compromiso existe en todas las empresas imaginables. No se aplica sólo a las empresas grandes y significativas, tal como su camino espiritual de evolución, que es la empresa más importante de la vida. Se aplica también a todas las pequeñas tareas mundanas. En el grado en que estén comprometidos harán lo que sea placentero, sin conflicto y gratificante. El compromiso estará concentrado en su dirección; tendrá profundidad y significado, será exitoso; y llevará el sello y el sentimiento de la bienaventuranza.

Si le dan a una empresa su todo, y no menos, sólo puede resultar gratificante y satisfactoria. Pero esto es comparativamente raro. Por lo general, las personas sólo dan la mitad de sí mismas y luego se sienten confundidas, enfadadas y decepcionadas cuando el resultado es, por lo tanto, incompleto.

Aquí es donde entran la causa y el efecto. Cuando el efecto no se reconoce como el resultado de la causa puesta en marcha, que en este caso es un compromiso a medias, se produce una escisión en la conciencia que ocasiona todo tipo de reacciones en cadena negativas. Su confusión generará primero un sentimiento de indefensión e injusticia. Si no se dan cuenta de que comprometen sólo una parte de ustedes en una empresa, mientras que otra parte dice “no”, y si no ven que el resultado indeseable es causado por esto, entonces no pueden evitar sentirse amargados. No pueden evitar sentir que el mundo es un lugar caótico, sin sentido. En consecuencia se asustarán, se pondrán defensivos, desconfiados, arrebatadores, ansiosos y despiadados. En lugar de cambiar la fuerza contraria que elimina el compromiso total, ustedes usan la energía para dejar a los demás de lado o para retirarse al fracaso y la pasividad.

La desconexión entre la causa y el efecto, es decir, entre la falta de compromiso y la frustración crea la necesidad de buscar el tipo equivocado de ajuste. Siempre que hay una falta de compromiso entra en acción la intencionalidad negativa.

La mayoría de mis amigos han empezado a explorar recientemente su intencionalidad negativa, el área interior que muy deliberadamente dice: “No quiero dar lo mejor de mis sentimientos, mis esfuerzos, mi atención, mi honestidad, o lo que sea. Haré lo que hago porque se espera de mí. O porque quiero el resultado sin pagar el precio completo, o por cualquier otro motivo oculto. Apenas necesito insistir en lo importante que es esta conciencia y admisión. Es la clave para entender otras conexiones indispensables. Sin embargo, la conciencia no es suficiente en sí si no establecen el vínculo entre causa y efecto. s muy posible que estén conscientes de la intencionalidad negativa y, aun así, no establezcan el vínculo en cuestión.

Muchos de ustedes que están comprometidos con este camino han empezado a admitir ciertas intenciones negativas, cierta retención deliberada y actitudes maliciosas, al menos hasta cierto grado. Unos cuantos han reconocido en toda la medida su intencionalidad negativa, pero hasta ahora sólo muy pocos de ustedes se han vuelto conscientes de que los aspectos de su vida que deploran y padecen más son efectos directos de causas puestas en marcha por su intencionalidad negativa. Siguen adjudicando el sufrimiento indeseable a los equívocos de otras personas, a la coincidencia, la mala suerte e incluso a algún “problema” insondable dentro de ustedes que simplemente no han entendido todavía.

Éste es un punto sumamente importante. Les sugiero a todos que exploren lo que los hace más infelices en su vida. ¿De qué padecen? ¿Padecen de una situación exterior, como la falta de plenitud con una pareja, o la falta de una pareja adecuada? Pregúntense cuál es su intencionalidad a este respecto. Cuando puedan verificar que, efectivamente, una voz dentro de ustedes dice: “No, no quiero darle al amor, a la relación, al sexo opuesto, lo mejor de mí”, entonces verán explicado su sufrimiento porque han trazado el vínculo entre la causa y el efecto.

Si no tienen seguridad económica, busquen en su interior para encontrar la intención negativa que dice: “No quiero poder hacerme cargo de mí, porque si lo hago, permito que mis padres se liberen. O tal vez se espere de mí algo que no quiero dar”. Es necesario que entiendan que su intención negativa trae el resultado, independientemente de lo sutil y oculta que esté, quizás debajo de un esfuerzo tenso en busca de la plenitud. Esta hiperactividad puede engañarlos, y tal vez piensen que esto debería bastar para producir un resultado positivo, mientras siguen haciendo caso omiso del poder de la causa negativa oculta. Aun cuando ya estén conscientes de esta última, éste es un buen momento para empezar a explorar las regiones internas de su mente donde podrían albergar la clave del efecto indeseable.

¿Están asustados? ¿Se sienten inseguros? ¿Se sienten insuficientes? ¿Experimentan una ansiedad y tensión inexplicables? ¿Sufren de sentimientos de culpa que no pueden explicar y tratan de convencerse de que no los tienen porque la culpa manifiesta parece—y en cierto nivel es—totalmente injustificada? ¿Deploran su debilidad, su falta de autoafirmación? Todos estos son efectos de alguna intencionalidad negativa, amigos míos, que es deliberada en un nivel que debe salir completamente a la superficie. Por ejemplo, si albergan un deseo de hacer daño, terquedad, rebeldía, malicia, odio u orgullo…todos estos rasgos deben de hacerlos sentir culpables. Esta culpa puede encontrar su salida en una culpa artificial e injustificada, como lo expliqué hace muchos años. La culpa también puede conducir a actos autodestructivos, debe provocar debilidad, ansiedad, falta de afirmación, y todos los males de los que ustedes querrían liberarse. Pueden liberarse y renunciar genuinamente a ellos sólo si encuentran la conexión entre ellos y su causa, la intención negativa.

Al no ser conscientes de esta conexión, se hallarán en la posición de una víctima perseguida. Cuanto más fuerte sea su renuencia a admitir las intenciones negativas, más se aprovecharán de esa posición, esperando siempre que su rencor, su lástima de sí mismos acusadora y su indefensión “convenzan” a la vida, a otros y al destino de que les brinden el resultado deseado que sólo una intencionalidad positiva puede darles.

Pero la intencionalidad positiva exige compromiso: un compromiso total e inequívoco. Si no están dispuestos a invertir en ustedes de esa manera, buscarán el resultado por medios ilegítimos. Esto, desde luego, refuerza la culpa. La culpa aumenta el miedo de encararse con honestidad, de modo que se convencen más y más de que los factores exteriores—o factores interiores inofensivos—son los responsables de su falta de satisfacción. Y así sigue el círculo vicioso.

Algunos de ustedes tienen vislumbres momentáneos de la intencionalidad negativa, y esto representa un progreso. Pero tienden a olvidarlos demasiado pronto. No prestan atención a su impacto, no establecen las conexiones necesarias. Y luego siguen como si nada.

Algunos de ustedes, como dije, han admitido el deseo de aferrarse a actitudes destructivas, aferrarse al odio y al deseo de venganza, por ejemplo. Aun así, no pueden ver que esta intención tiene consecuencias definitivas en su estado mental, en su actitud hacia ustedes. Y esto debe de producir efectos indeseables de los otros hacia ustedes. No importa cuán ocultas mantengan las intenciones negativas, no importa cuán fuertemente parezcan expresar la actitudes positivas que también están presentes, las primeras pueden afectar sus acciones y expresiones hacia otros mucho más de lo que se imaginan. Muy aparte de eso, la intención negativa inevitablemente afecta su sustancia del alma, y por ende sus percepciones inconscientes.

La percepción de la persona promedio permanecerá en el nivel inconsciente, de modo que, además del intercambio consciente, tiene lugar una interacción inconsciente. Es el primero el que genera conflictos y problemas que muchas veces parecen misteriosos a las partes involucradas. La confusión, la autoculpabilización, el entumecimiento de los sentimientos son ejemplos de respuestas que atraen las negatividades aún inexploradas de la otra persona. Así que la interacción negativa sigue y sigue. Sólo los individuos espiritualmente maduros son capaces de volver conscientes las percepciones inconscientes de la intencionalidad negativa…y esto es una bendición. Ellos evitarán la confusión mortal que de lo contrario surge. Pueden lidiar con la situación.

Cuando verdaderamente vean las relaciones de causa y efecto en su vida, no sólo se sentirán motivados a renunciar a las actitudes e intenciones negativas y a instituir otras positivas, sino que adquirirán madurez emocional y espiritual. La madurez es, en gran medida, la capacidad de unir causa y efecto. Esta capacidad también indica el grado de conciencia que han alcanzado en su desarrollo.

Tomemos, por ejemplo, a un bebé. Cuando éste experimenta una sensación física dolorosa, es incapaz de unir causa y efecto, porque no tiene conocimiento. El agente que le produce el dolor está completamente borrado de su conciencia. El bebé simplemente experimenta el efecto…el dolor.

Cuando el bebé llega a ser niño, empieza a ser capaz de inferir causa y efecto cuando éstos ocurren casi juntos. Supongamos que el niño pequeño toca el fuego y se quema. Comprenderá que el fuego es una causa, y que la sensación de quemarse es un efecto. Aprende una lección de la vida: si no desea experimentar la dolorosa sensación quemante, debe evitar tocar el fuego. Ha obtenido, con esta lección, su primer grado de madurez en el camino del desarrollo humano.

Este mismo niño no puede entender todavía las relaciones de causa y efecto que están más alejadas entre sí. Pero un niño mayor puede darse cuenta, por ejemplo, de que un dolor de estómago es el resultado de haber comido demasiado unas horas antes. En este caso, la comprensión de la causa y el efecto más distantes en el tiempo implica que ha alcanzado un grado más de madurez.

Cuanto mayores, o mejor dicho más maduros se vuelven, mayor será su capacidad de establecer vínculos de conexión entre la causa y el efecto que son menos obvios, más visibles y más distantes.

Las personas emocional y espiritualmente inmaduras no son lo bastante conscientes para poder establecer realistamente las relaciones entre causa y efecto. Son incapaces, o más bien poco inclinadas, a reconocer que sus experiencias, así como su estado mental, son resultados directos de ciertas causas. Ni pueden ver que sus acciones pasadas traen resultados, ni que las actitudes internas, ocultas, confusas, tienen sus resultados inexorables. Pueden buscar en todas direcciones la causa y las respuestas, tal vez incluso dentro de ellas mismas. Pero si no pueden unir la causa y el efecto, caminarán en un círculo, y no en una espiral, que es el verdadero movimiento del camino.

La relación entre causa y efecto parece rota para la conciencia humana de una vida a la siguiente. Sólo a medida que aumenta la conciencia en este camino crece lo suficiente la persona espiritualmente madura para intuir, y más adelante incluso para conocer, conexiones importantes entre causas de vidas pasadas y efectos en la vida actual. El conocimiento interior que explica puntos clave de la vida de uno de una manera profundamente significativa es una revelación que debe ganarse por medio del crecimiento. Es totalmente diferente del conocimiento que brinda un psíquico acerca de encarnaciones anteriores. El conocimiento interior llega orgánicamente.

Sin embargo, la capacidad de los clarividentes y los psíquicos para predecir el futuro depende de su capacidad de ver causas dentro del alma, cuyos efectos inexorables y legítimos deben materializarse. Se cree que es una manifestación sobrenatural y misteriosa. Todo tipo de filosofías erróneas surgen de este error conceptual. Una de ellas es la idea de un destino predeterminado.

La capacidad gradualmente creciente de conectar causa y efecto, el proceso de maduración y la creciente conciencia que la acompañan traen mucha paz y luz. Tal vez sea muy incómodo para ustedes ver cómo crean lo que deploran, cómo, si desean una vida distinta, deben renunciar a aquello a lo que tan ferozmente se aferran. Pero una vez que perciben y aceptan la belleza de estas leyes, la sensación de seguridad y libertad que surge no puede describirse con palabras. Este conocimiento transmite, cómo nada más podría hacerlo, lo seguro, justo y amoroso que es el universo donde todos vivimos.

Las relaciones de causa y efecto entre esta vida y las anteriores también deben establecerse por medio de actitudes interiores. Lo que parece ser un destino más allá del control de uno; por ejemplo, dónde nació, de qué sexo es, el aspecto de su cara y su cuerpo, qué talentos tiene, se sentirán como causados y deseados por el ser, a veces sabiamente y en ocasiones destructivamente. Exactamente el mismo principio de causa y efecto opera en lo que parece ser el destino y en lo que les sucede ahora mismo, en esta vida. Llevan en su interior tanto la intencionalidad positiva como la negativa. Cada una necesariamente crea experiencias y estados mentales muy diferentes. ¿Por qué habría de cambiar este principio cuando la entidad cambia su vehículo? El principio es perfecto y no necesita exención, interrupción o modificación.

Recapitulo: Cuanto más puedan conectar causa y efecto, más madurez tendrán. Cuanta más conciencia tengan, más se fomentarán las actitudes y la intencionalidad positivas y, proporcionalmente, mayores serán su paz y su realización. La falta de paz y realización siempre denota una falta de conciencia de la causa y el efecto conectada con la intencionalidad negativa.

Nuestro camino—y a aquellos que les gusta—puede subdividirse en las siguientes etapas: Primero luchan por explorar las capas internas profundas, que constan de los errores conceptuales, la intencionalidad negativa y el dolor residual. El enfoque varía con cada individuo; uno y después otro de estos aspectos necesita examinarse. El camino interior requiere moverse de un lado para otro. Existen, desde luego, más aspectos que explorar, pero la purificación primaria consiste en lidiar con estos tres. Cuando, en el nivel más íntimo, los errores conceptuales pueden cambiarse por la verdad; cuando la intencionalidad negativa se cambia por la intencionalidad positiva; y cuando el individuo ya no se defiende de experimentar el dolor, puede decirse que se ha dado un paso sustancial la purificación inicial.

La intencionalidad negativa es una defensa contra experimentar el dolor. Los errores conceptuales son un resultado de ambas cosas. Así que hay una conexión intrínseca entre estos tres aspectos. La madurez también reside en la capacidad de experimentar lo que uno ha producido, sin combatirlo. El alma madura se vuelve ligera y receptiva a sus propios sentimientos innatos y los saborea plenamente. Esta es la única manera en que dejará de existir el mal. Todas las defensas albergan el mal. Esto es obvio en cualquier tipo de negatividad, y tiene como resultado los errores conceptuales.

La tarea de cada individuo en el camino de la evolución es eliminar el mal, transformarlo de vuelta a su estado original de energía pura y conciencia amorosa y veraz. Se necesitan muchas vidas para alcanzar esta fase de la purificación.

El mal produce dolor, y el miedo al dolor y la defensa contra él producen más y peor dolor, así como más mal. Pueden experimentar la ilusión de la defensa en el momento en que se abren plenamente a experimentar el dolor…y no me refiero aquí al dolor falso. Hay un dolor que es en sí una defensa, como todos ustedes lo saben; un dolor insoportable, torcido, amargo, que surge de una corriente forzante que dice, en efecto: “No me hagas esto, vida”. Le falta la voluntad madura de dejar que sea lo que es. Al experimentar el dolor real, dejan de controlar, de manipular, de ocultarse…el dolor simplemente es. Se acercan al estado de ser, con toda su paz y su dicha. Algunos de ustedes han probado esto ya, y más lo harán en forma creciente, hasta que se despojen de todas las defensas y sean así libres de adoptar una intención positiva: expresar lo mejor de la vida.

El dolor falso y defensivo contiene amargura, lástima de sí mismos, resentimientos; por lo tanto, destruye la paz. El dolor real es sereno porque ustedes asumen la responsabilidad total sin manipularse. Tampoco dicen: “Pobre de mí, me hacen todas estas cosas”, ni “Soy un caso perdido, soy tan malo que nunca podré absolverme”. Estas dos actitudes son falsas; y por lo tanto, parte integral del mal.

El dolor real y sin defensas abre puertas, trae luz y expone el núcleo del ser, con su resiliencia, su creatividad y la profundidad del sentimiento y el conocimiento. Cuando el alma ha aprendido a abrirse a lo que la vida ofrezca, aun si ocasionalmente es el dolor, no necesita la intencionalidad negativa. Cuando se ha trabajado el dolor residual, el dolor actual, si llega, se experimenta por lo que es; sin negación ni exageración, sin imponer interpretaciones artificiales al evento. Entonces no pueden existir los errores conceptuales, la intencionalidad negativa, el mal ni el sufrimiento. Este estado trae el fin del miedo: no más miedo a la muerte, a la vida, a ser, a sentir, a experimentar la altura del amor universal que, por extraño que parezca, es el miedo más grande de las personas.

En la segunda gran fase de la progresión evolutiva el alma aprende a aclimatarse a la dicha universal. En el grado en que exista el mal—errores conceptuales, defensas, intencionalidad negativa, rechazo a experimentar el dolor autoproducido—la dicha es insoportable. Pero incluso cuando el alma está libre del mal, al principio necesita fortalecerse para tolerar el enorme poder del espíritu. Su energía pura y dichosa es tan fuerte que sólo los más puros y fuertes pueden vivir cómodamente en ella. Pueden reconocer esta verdad en cierto grado dentro de su propio desarrollo humano. A todos ustedes les ha sucedido que ya no pueden tolerar la dicha, el placer, el éxtasis y la felicidad. Se sienten más cómodos en la grisura. El poder del espíritu universal es incompatible con la energía lenta del mal, la defensa y el dolor no experimentado.

Por esto, ahora, en estas reuniones, debido a su desarrollo, responden primero con llanto al influjo puro del poder espiritual. Todos se sienten dominados por sentimientos fuertes que al principio los hacen derramar lágrimas. Les provocan sentimientos residuales aún no experimentados de tristeza, nostalgia y dolor. Pero al tiempo que experimentan éstos ya sienten la liberación, el alimento espiritual, la alegría, la exaltación y el amor que se derraman sobre ustedes. En el pasado, éstas eran sólo palabras. Ahora se han vuelto una realidad como resultado de su honestidad para abrirse uno a otro con la verdad. Esto fortalece el lazo de amor y su capacidad para sostener la fuerza de la bendición y la fuerza impartidos. Es muy lógico que respondan primero con llanto a esta fuerza. Más tarde se manifestará dentro de ustedes una alegría nueva. Los indicios de esta nueva alegría ya están ahí, pues aun ahora se sienten muy distintos de como solían sentirse. Sus lágrimas mismas abren los canales de la alegría.

Algunos de ustedes, que todavía se defienden con demasiada tensión, no permitirán todavía que entre la fuerza. Se vuelven duros y “seguros”. Pero su continua apertura al poder del espíritu, así como su exposición honesta a la verdad temporal del mal que hay dentro de ustedes, finalmente los volverá lo suficientemente fuertes para soltar y volverse capaces de sentir y ser reales. Pero de ninguna manera justifiquen su dureza defensiva juzgando y dudando. Esta es su mayor defensa contra quiénes son y qué son realmente. ¡Y qué locura es esa! Porque se excluyen de la vida y luego se quejan.

Así que les digo, queridos míos: Sigan adelante en este camino de exploración. Sigan admitiendo sus intenciones negativas, su retención maliciosa y deliberada. Luego hagan la siguiente conexión. Investiguen qué les desagrada realmente de su vida. ¿Qué les gustaría que fuera diferente? Tiendan el puente entre estos dos aspectos: la retención y la insatisfacción. Esto les dará un ímpetu y una motivación adicionales para querer sentir los sentimientos viejos pero aún no experimentados: dolor, anhelo, tristeza, miedo. Cuando estén totalmente comprometidos a sentir lo que hay en ustedes, se sentirán libres y verdaderamente vivos. Cuando suelten las defensas, harán la transición del dolor falso de la amargura y la quejumbre al dolor real que es suave, blando y gozoso…sí, gozoso. El dolor real lleva el germen de la vida real. La semilla germinará pronto en su conciencia y florecerá cuando den el primer paso del compromiso con sus sentimientos y con la experimentación de la vida sin contención. ¡Cuán gozosa sería la vida para ustedes, si tan sólo renunciaran a su terquedad! ¡Qué cálidos y ricos podrían ser sus lazos con otros, sus relaciones positivas!

Quiero decirles, amigos míos, que una enorme responsabilidad recae sobre ustedes por estar incorporados al gran plan. Cada uno de los que siguen este camino tiene esa responsabilidad. Esta nunca es una carga; es el mayor privilegio que un ser humano puede jamás experimentar. Nada podría hacer a una persona más feliz, más plena y más libre. Es un sello de inmadurez que la actitud de uno hacia la responsabilidad se considere una carga y una constricción indeseable y desagradable. Cuanto más maduros se vuelven, más ven que esa libertad y responsabilidad son interdependientes. Nunca pueden ser libres cuando no se sienten responsables.

La infelicidad que generan con su intencionalidad negativa no es sólo suya, también es lo que emanan y reparten a otros. Lo sepan o no, esto debe de hacerlos sentir culpables, y con razón. Siempre que son negativos y retienen lo que podrían dar, no sólo son indiferentes, sino que verdaderamente privan o lastiman a otros. Esto puede no tener lugar en el nivel de las acciones, pero, como dije antes, es igualmente tangible, y más aún, en el nivel de la interacción invisible, cuando la otra persona no es lo suficientemente intuitiva y consciente para entender lo que está pasando.

El nivel físico de la acción sólo es el resultado, la realidad interior es la causa. Un acto aparentemente bueno muchas veces tiene resultados desastrosos porque está socavado por la negatividad oculta. Por otra parte, un suceso aparentemente muy malo puede ser una bendición cuando su motivo subyacente y las actitudes internas son positivas y están en la verdad. Los niveles no manifiestos son mucho más reales e incisivos que el nivel manifiesto. Así pues, su intencionalidad negativa, aunque no parezca un acto abierto, tiene las nefastas consecuencias de lastimarlos y privarlos, no sólo a ustedes, sino también a otros.

Si los demás están lo suficientemente desprovistos de sus propias defensas, experimentarán el dolor porque están conscientes. Lo experimentarán limpiamente y, por lo tanto, los dejará indemnes. Será un dolor momentáneo, y no contribuirá al pozo residual reprimido. Pero aquellos que todavía tienen que batallar dentro de sus propias máscaras y defensas, con sus propias intencionalidades negativas, experimentan un dolor amargo, un nuevo rechazo, aunque puedan no ser realmente conscientes de su reacción. De ellos depende partir de ahí en su camino de desarrollo, o elegir fortalecer, justificar y aumentar el viejo patrón defensivo y negativo.

Les digo todo esto, amigos míos, porque su responsabilidad está creciendo con el buen trabajo que están haciendo; el impacto de todo lo que emiten crece también. Cuanto más avanzan, más fuerte es el impacto de su negatividad restante. Esta es otra ley en espiral, de la que hablaremos en otro momento.

El progreso de este grupo en su conjunto crea una nueva energía positiva que trasciende el trabajo mismo. El trabajo tiene resultados visibles, pero los beneficios invisibles sobrepasan su comprensión en esta etapa. El compromiso con lo que están haciendo, la ayuda que se brindan uno al otro, es algo bello. Entiendan que así cumplen con su responsabilidad espiritual. En un plano invisible, las acciones y actitudes tanto positivas como negativas también tienen ahora impactos y efectos conmensurablemente más fuertes. ¡Entiendan esto y permitan que sea tanto una ayuda como un incentivo!

Cierro un ciclo y termino esta conferencia diciéndoles: Comprométanse de todo corazón a su verdad, a darle lo mejor que tienen, a renunciar a la intención negativa, a la mezquina retención. Ahora que la ven, deseen renunciar a ella y permitan que Dios en su interior los ayude a crear actitudes positivas. Las bendiciones son verdaderamente incontables. Tal vez esta conferencia, como secuencia de la última, les ayude otra vez a dar un paso más para hacer compromisos positivos nuevos. Siempre que encuentren otro rastro de intencionalidad negativa residual, hagan el compromiso positivo correspondiente. Obtengan de este modo una energía espiritual nueva que les traiga bendiciones cada vez mayores.

Los dejo para que trabajen un poco entre ustedes. Esto es tan maravilloso. Los acerca más; genera una energía pura y fuerte. Fácilmente sienten que así es. Se ayudan entre sí, se abren y se aceptan mutuamente. Así, al expresar abiertamente su odio, se vuelven genuinamente amorosos. De esto deben surgir y surgirán mayores bendiciones. Cuando se sientan afligidos, busquen la verdad y todo estará bien. Sean benditos, queridos míos. El amor del universo los envuelve.

Dictada el 17 de diciembre de 1971.