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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 197. La energía y la conciencia en distorsión: el mal

Saludos a todos mis amigos que están aquí.

Las bendiciones y la fuerza divinas fluyen hacia ustedes desde el mundo del espíritu, y desde el pozo más profundo dentro de ustedes para infundir su personalidad. Sin embargo, esta fuerza no debe usarse para evitar lo que no quieren ver y saber. Debe usarse para aumentar su honestidad consigo mismos, pues sólo así puede crecer el amor genuinamente. Y sólo entonces pueden sentirse seguros dentro de ustedes y en el mundo.

Esta conferencia continúa la secuencia de las conferencias anteriores, en especial de las dos últimas. Como saben, las conferencias llegan en secuencias, que luego aparentemente se detienen y cambian el énfasis. Y sin embargo, todos estos temas y secuencias forman un todo, una cadena o espiral continua, ya que todos los movimientos universales son movimientos en espiral si están en armonía con la creación.

En la conferencia de esta noche me gustaría volver a ocuparme, desde un ángulo diferente, del concepto del mal. Existen muchos niveles en los que cada parte de la creación puede examinarse desde muchos ángulos. El enfoque de esta noche está orientado a la secuencia de las últimas dos conferencias.

Algunas filosofías afirman que no existe el mal, que éste es una ilusión. Otras aseguran que el mal es un hecho observable por cualquiera que se enfrenta a la realidad. Algunas filosofías religiosas alegan que el mal procede de una fuente principal, de una entidad específica llamada el diablo, así como el bien procede de un Dios personificado. Según esta visión, el bien y el mal proceden de dos figuras. Otras filosofías más dicen que las fuerzas del bien y el mal existen como principios, como energía, como actitudes.

Como suelo hacerlo, me gustaría hablar primero del mal en su contexto cósmico, espiritual y filosófico, y luego en el nivel personal, para que puedan ustedes usarlo en su propio camino de desarrollo. Cualquier filosofía a la que no se le dé un uso práctico es una abstracción intelectual superficial que no permea los otros niveles de la personalidad humana.

Los diversos conceptos de lo que es el mal y de dónde viene son todos verdaderos, siempre que no excluyan el enfoque aparentemente opuesto. Si dicen que el mal no existe para nada, en cualquier nivel de ser, esto sería incorrecto. Pero si afirman que en la realidad última no hay mal, esto sería correcto. Cualquiera de estos postulados es incorrecto cuando se les ve como la única verdad. Esto puede parecer paradójico, como suele suceder. Pero cuando consideramos la cuestión desde un punto de vista más profundo y amplio, lo que parecen ser opuestos de pronto se reconcilian y se complementan entre sí.

Voy a explicarles en un momento cómo son ciertos estos opuestos aparentes. Permítanme repetir primero que el universo consta de conciencia y energía. En el estado unificado, la conciencia y la energía son uno. En el estado no unificado, no son necesariamente uno. La energía puede ser una fuerza impersonal que no parece contener ni expresar a la conciencia. Parece una fuerza mecánica que la conciencia puede dirigir pero que, en sí, es ajena a la determinación, al autoconocimiento; en suma, a todo lo que distingue la conciencia. Piensen, por ejemplo, en la electricidad y la energía atómica. Incluso la energía de la mente parece a menudo muy desconectada de la fuente de su conciencia. Tal vez puedan sentir lo que quiero decir, hasta cierto grado. Por ejemplo, muchos de ustedes han experimentado que el poder de sus pensamientos, actitudes y sentimientos no tienen un efecto inmediato en su vida. Tienen un efecto indirecto, que al principio parece tan desconectado de su fuente que entender el vínculo entre causa y efecto requiere una atención y una conciencia concentradas. Sólo cuando su conciencia se expande pueden sentir la unidad de este tremendo poder mental y la energía que pone en movimiento. Esta unidad opera de una manera tanto constructiva como destructiva. El principio es el mismo.

La mente humana separada y dualista crea la ilusión de que la energía y la conciencia son dos manifestaciones diferentes. La misma percepción escindida existe en los seres humanos con respecto a la vida y el ser, Dios y la Humanidad, la causa y el efecto, y muchos otros conceptos o fenómenos. Hay personas en este plano terrenal que experimentan el universo, el cosmos, como un fenómeno puramente energético. Hay otros que experimentan el universo, el cosmos, principalmente como una conciencia suprema. Ambos tienen razón, desde luego. Y ambos están equivocados cuando afirman que su visión es la única verdad. Ambas son una. Como el pensamiento es movimiento y energía, es imposible separar la conciencia de la energía en su esencia, aunque en sus manifestaciones pueda haber una aparente desconexión.

¿Cómo pueden ser ciertas todas las diferentes filosofías y percepciones de la vida cuando parecen ser opuestas? Veamos esto más de cerca. Es muy cierto que en la realidad última del estado unificado no hay mal. El pensamiento es puro y veraz; los sentimientos son amorosos y dichosos; la dirección o intencionalidad de la voluntad es totalmente positiva y constructiva. Por lo tanto, no hay mal. Pero la misma conciencia puede cambiar de opinión, por decirlo así, y convertirse en un proceso de pensamiento falso y limitado, acompañado por sentimientos de odio, miedo y crueldad: en una dirección volitiva e intención negativas. En ese momento, la misma conciencia, o un aspecto de esta conciencia, se convierte en su propia versión distorsionada. Si esto ocurre, la energía también modifica sus manifestaciones.

Así, la manifestación del mal no es algo intrínsecamente distinto de la conciencia y la energía puras. Sólo cambió de dirección y foco. Por ende, es tan correcto afirmar que en esencia no hay mal como afirmar que en el nivel de la manifestación humana sí lo hay.

Cada individuo debe aceptar la realidad del mal en este plano de desarrollo, a fin de aprender a lidiar con él y verdaderamente superarlo. El mal debe enfrentarse y superarse principalmente dentro del ser. Sólo entonces puede trabajarse con el mal que está fuera del ser. El esfuerzo por revertir este proceso fracasará, pues todo debe empezar por el centro interior…y el centro es el ser.

Ninguno de estos dos extremos existe en la conciencia humana. En el desarrollo actual de la conciencia humana existen tanto el bien como el mal, puros y distorsionados, Dios y el diablo. La tarea de todos los seres humanos, en el largo camino de la evolución, vida tras vida—y en efecto se necesitan miles, no cientos de vidas—es purificar el alma y superar el mal.

Veamos por un momento lo que significa el mal, desde el punto de vista tanto de la energía como de la conciencia. Cuando una energía está torcida, produce una manifestación destructiva. Su frecuencia disminuye y se vuelve proporcional a la distorsión de la conciencia que determina el estado, eligiendo la dirección volitiva del proceso del pensamiento e instituyendo el patrón de la actitud negativa. Cuanto más lento es el movimiento, más ha avanzado la distorsión de la conciencia, y tanto más podemos hablar de una manifestación del mal.

Otra característica del flujo distorsionado de la energía en su aberración es la condensación. La energía condensada es el estado dualista y desunido. Cuanto más altamente desarrollado está un ser, más pura es su energía, más rápida es su frecuencia y más radiante es su materia. Cuanto más distorsionado y destructivo es un ser, más condensada es la forma en que la conciencia se manifiesta. La materia, como lo saben, es un estado avanzado de condensación. La conciencia que entraña este estado debe encontrar su camino de regreso a una mayor frecuencia de su movimiento energético purificando sus patrones de pensamiento y actitud.

¿Qué significa el mal como fenómeno de la conciencia? Desde luego, la religión ha hablado ampliamente de esto en términos como odio, miedo, egoísmo, hipocresía, malevolencia, el engaño a la vida por no pagar el precio, queriendo más de lo que uno está dispuesto a dar y otras actitudes destructivas. Esto es tan obvio que no necesita más explicación. Pero examinemos el fenómeno del mal en un nivel más sutil.

Jesucristo dijo: “No se resistan al mal”. Esto se ha malinterpretado de muchas maneras. Se ha entendido literalmente como que deben permitir que otros los exploten sin que ustedes afirmen sus derechos y su dignidad humanos. Esta interpretación ha predicado la mansedumbre y el masoquismo que no están de acuerdo con la verdad divina. Por el contrario, ayudan a perpetuar el mal y ayudan al perpetrador a infligir daño a su ambiente.

Cualquier verdad puede interpretarse de maneras diferentes, aunque correctas. Dado que esta noche estamos examinando el mal como una manifestación de la conciencia y la energía, interpretaré “No se resistan al mal” desde este ángulo. “No se resistan al mal” apunta al hecho de que la resistencia misma es, y genera, el mal.

La energía no obstruida fluye suave y armoniosamente, como un río. Cuando la resistencia detiene el movimiento de la corriente de energía, su movimiento se vuelve más lento y su forma se condensa, obstruyendo los canales. La resistencia se aprieta y, así, tapona la energía. Retiene lo que debería moverse.

La conciencia responsable del engrosamiento de la energía debe actuar en consecuencia. Esta afirmación no es muy correcta, pero el lenguaje humano es incapaz de expresar la unidad esencial de la conciencia y la energía, así que debemos adaptarnos y hablar como si la conciencia fuera “responsable” del flujo de la energía. De todas maneras, desde el punto de vista de ustedes, esta expresión será bastante adecuada. Los pensamientos, la intencionalidad, los sentimientos y las actitudes distorsionados se resisten a lo que es: la verdad, la vida, Dios; cualquier aspecto de la bondad del universo. Como se resiste a confiar en el proceso de la vida, esta conciencia genera mala voluntad o intencionalidad negativa. Ninguna actitud mala puede manifestarse a menos que también esté teniendo lugar la resistencia al bien. Y a la inversa, allí donde la vida fluye sin resistencia, deberá ser armoniosa, dichosa y creativa.

La existencia misma de la materia tal como la conocen, que es un estado altamente desunido, es el resultado de la resistencia. La materia es energía engrosada, endurecida, lentificada. La existencia en la materia enceguece la visión verdadera y, por lo tanto, es inevitablemente dolorosa. La resistencia, la materia, la ceguera significan dualidad, separación, mal y sufrimiento. La resistencia obstruye el flujo y lo cierra; impide el movimiento de la energía universal; del amor, de la verdad, del continuo movimiento de la vida que se despliega como manifestación divina. La resistencia siempre está obstruyendo algún aspecto valioso y bello de la creación. Por lo tanto, la resistencia es una manifestación del mal.

Cuando profundicen lo suficiente en ustedes mismos, percibirán con relativa facilidad su propia resistencia. Otros siempre pueden verla en ustedes a menos que estén extremadamente ciegos, subdesarrollados o insistan en no verla. Tal vez les convenga estar de acuerdo con ustedes o tener una imagen idealizada de ustedes. Pero si no es así, son conscientes de su resistencia. También ustedes pueden verla si desean hacerlo. Entonces verán lo que significa esta resistencia.

La palabra “resistencia” se usa con mucha frecuencia en la terminología psicológica. Por lo general, a las personas se les olvida incluso su significado real. La palabra se utiliza de acá para allá y las personas pierden contacto con su realidad dinámica. Las palabras pierden su significado cuando se usan ciega e insensiblemente. Por eso, deliberada y frecuentemente cambio de terminología; para dar un nuevo impacto a su comprensión y evitar el empleo ciego. Pero uso esta palabra en este contexto porque es precisamente la que usó Jesús.

La palabra “mal” sufre un destino similar. La religión se la ha arrojado a la Humanidad de una manera tan mecánica, distorsionada y con frecuencia tan carente de significado que muchos individuos se han vuelto prácticamente alérgicos a oír esta expresión. Por eso he evitado emplear esta palabra y la he mencionado sólo en ocasiones. Pero de vez en cuando es bueno regresar a los conceptos y expresiones básicos, para prestar impacto y energía nuevos a su comprensión.

Cuando se enfrentan y aceptan su intencionalidad negativa fuertemente arraigada, la pueden ligar a su resistencia. Esta siempre dice de un modo u otro: “No quiero conocer la verdad de esto o de aquello”. Esta actitud negativa debe crear una fuerza del mal porque obstruye el movimiento continuo de la verdad.

En nuestro enfoque del autodesarrollo, encontramos una y otra vez que la tríada básica del mal es el orgullo, el voluntarismo y el miedo, que siempre están interconectados. Todas las demás manifestaciones del mal surgen de esta tríada. Además, cada una de estas tres actitudes es el resultado de la resistencia y origina más resistencia, o mal. El voluntarismo dice: “Me resisto a cualquier otra manera salvo la mía”, y “la mía” suele ser muy contraria a la vida y a Dios. El voluntarismo se resiste a la verdad, el amor, la unión…aunque parezca desearlos. En el momento en que existe la apretura del voluntarismo, los aspectos divinos no pueden manifestarse.

El orgullo es la resistencia a la unión entre entidades. Se separa de otros y se eleva; y de esta manera se resiste a la verdad y al amor que son las manifestaciones creativas de la vida. El orgullo es lo opuesto de la humildad, no de la humillación. La persona que se resiste a la humildad debe ser humillada porque la resistencia siempre debe llegar finalmente a un punto de quiebre. La negativa a exponer la verdad y admitir lo que existe se debe al orgullo. Este orgullo causa resistencia en la misma medida en que es resultado de ella.

De igual modo, la resistencia genera miedo, y el medio genera resistencia. El estado tenso de la resistencia y el enlentecimiento del movimiento energético oscurecen la visión y el ámbito de la experiencia. La vida se percibe como algo que asusta. Cuanta más resistencia, más miedo, y viceversa. La resistencia a la verdad surge del miedo de que la verdad pueda ser dañina, y a su vez, la resistencia a la verdad aumenta este miedo. El ocultamiento se vuelve siempre más difícil y la exposición siempre más amenazadora. El miedo a la verdad—y de ahí la resistencia—niega la cualidad benigna del universo; niega la verdad del ser, con todos sus pensamientos, sentimientos e intenciones. Esta autonegación, arraigada en la resistencia es, y crea, el mal.

Cuando quieren evitar sus sentimientos y sus pensamientos e intenciones ocultos, crean resistencia. De una manera u otra, ésta siempre está conectada con el pensamiento: “No quiero ser herido”, sea esta herida real o imaginada. La resistencia puede estar ligada al voluntarismo que dice: “No debo ser castigado”; al orgullo que dice: “Nunca admitiré que puedo ser lastimado”; o al miedo que dice: “Si soy lastimado pereceré”. La resistencia expresa desconfianza del universo. En realidad, la herida debe pasar, pues no es más un estado definitivo que el mal. Cuanto más se experimenta el dolor en toda su intensidad, más fácilmente se disuelve a su estado original: energía fluida y en movimiento, que crea alegría y dicha.

No importa si la resistencia proviene del voluntarismo, el orgullo o el miedo, ni de la ignorancia y la negación de lo que es. La resistencia obstruye a Dios, al flujo de la vida. Crea muros que los separan de la verdad y el amor; de su unidad interior. Una persona que está en el camino de evolución, que busca y procede a tientas—encarnación tras encarnación—realizando su tarea, está en un estado interior de conflicto, como ya lo saben. Muchas cosas en un ser humano como ustedes ya están libres y desarrolladas. Pero también existen en ustedes distorsión, ceguera, mala voluntad, resistencia y el mal.

El ser humano que se halla en un estado de libertad interna parcial—verdad, amor y luz, por una parte, y voluntarismo, orgullo y miedo por la otra—debe encontrar la manera de salir de este conflicto. Una parte de la personalidad se resiste a la verdad de que estos sentimientos y actitudes están allí y se resiste a renunciar a ellos, mientras que la otra parte se esfuerza por desarrollarse y autopurificarse. Este estado dualista inevitablemente causa crisis. Ya dediqué toda una conferencia a este tema. Permítanme repetir que esta crisis es inevitable. Cuando dos movimientos y esfuerzos opuestos existen en la vida de una persona, debe llegar un punto de quiebre, que se manifiesta como una crisis en la vida de esa persona. Un movimiento dice: “Sí, quiero admitir lo que es malo, quiero confrontarme y prescindir de los fingimientos, que, después de todo, no son más que mentiras. Deseo expandirme y sacar lo mejor de mí, para poder contribuir y dar a la vida, tal como deseo recibir de ella. Quiero renunciar a la posición infantil y engañosa desde la cual le arrebato a la vida con enojo y resentimiento mientras me niego a darle algo salvo mis demandas y mis rencores. Quiero honrar a Dios aceptando la vida en sus propios términos”.

El otro lado insiste en decir “No. Yo lo quiero a mi manera. Incluso puedo querer desarrollarme y volverme decente y honesto, pero no al precio de ver, exponer o admitir nada que sea demasiado autoincriminatorio”. La crisis resultante debe romper la estructura interior defectuosa.

Cuando la orientación destructiva es considerablemente más débil que la constructiva, la crisis es relativamente menor, pues los aspectos defectuosos pueden liberarse sin echar por tierra todo el edificio psíquico. Del mismo modo, si el movimiento hacia el crecimiento y la verdad es considerablemente más débil que el estancado, el resistente y el malo, puede evitarse de nuevo por un tiempo una crisis importante; la personalidad puede estancarse por periodos largos. Pero cuando el movimiento hacia el bien es suficientemente fuerte, y sin embargo la resistencia sigue bloqueando el movimiento de toda la personalidad, que se confunde, se ciega y queda atrapada en una exteriorización destructiva, algo tiene que suceder de una manera u otra.

Supongamos que construyen una casa. Parte del material de construcción es sólido, bello y de excelente calidad. Otra parte es defectuosa, es una imitación burda y está podrida. Cuando estos dos tipos incompatibles de material se mezclan inextricablemente, la estructura no puede ponerse en pie. Si el material podrido puede extricarse sin derribar todo el edificio, entonces puede evitarse el profundo sacudimiento de la vida presente de los habitantes. Así sucede con una personalidad, y esta remoción depende enteramente de la determinación consciente de la persona en cuestión. Si la personalidad está demasiado enredada porque se ha resistido demasiado tiempo y aún carece del ímpetu suficiente de la buena voluntad, sólo hay una salida. La estructura debe destruirse para que pueda reconstruirse en una forma pura.

Este proceso requiere la presencia de un movimiento energético que es casi imposible de describir. Resistirse al mal significa no enfrentar ni aceptar el mal en ustedes. Esta resistencia crea una tremenda acumulación de energía que finalmente desemboca en una explosión. El significado más profundo de la destrucción subsecuente es verdaderamente maravilloso. Destruye el mal mismo que la creó. Por desgracia, es imposible transmitir la configuración que tiene lugar. Muchas cosas de la vida de la persona pueden hacerse añicos. El movimiento energético de la sustancia del alma derriba la estructura podrida, aun si esto significa que todo puede hacerse pedazos. No obstante, lo que tiene un valor verdadero se reconstruirá automática y orgánicamente.

Imaginen una forma compuesta de movimientos opuestos intensos, que se arremolinan y corren, explotan e implosionan y se destruyen entre sí. La sustancia del alma se desgarra y se reconstruye simultáneamente. Está teniendo lugar la creación. Todas las crisis son parte integral de la creación. Por lo tanto, los sabios abrazan y aceptan las crisis, que remueven más y más resistencia. No se resistan al mal en ustedes. Con esto quiero decir que renuncien a las apariencias, al fingimiento de que el mal no existe en ustedes. Ríndanse, caminen con el movimiento de la vida.

El proceso de destrucción/creación es una visión magnífica para los ojos espirituales. La entidad ciega puede sufrir temporalmente, pero qué bueno es esto. El proceso es asombroso en su violencia benigna. Se presentan movimientos nuevos, los viejos cambian de dirección, color, matiz y sonido. Si profundizan en sí mismos y sienten intuitivamente el significado de su crisis, pueden adquirir una vislumbre del proceso creativo. Aparentemente, es al mismo tiempo tanto creativo como destructivo, hasta donde se refiere al material del alma defectuoso.

La naturaleza eterna, última y esencialmente benigna de la creación se demuestra con la mayor elocuencia en el hecho de que el mal debe destruirse finalmente a sí mismo. Puede crecer sólo durante determinado tiempo, pero a la postre el quiebre debe ocurrir. Todos ustedes estarán de acuerdo en que la destrucción de la destructividad es un fenómeno constructivo y creativo. Así, a la larga, toda destrucción es constructiva y sirve a la creación. Siempre. Pero en la vida de un individuo, esta verdad no siempre es obvia. Cuanto más avancen en el camino, más verán esta verdad. Será útil que puedan meditar para experimentar verdaderamente este fenómeno, porque entonces ayudarán al proceso mediante su determinación consciente de dejar de resistirse al mal que hay en ustedes, que erróneamente creen que les llega de fuera. Nunca es así.

Pueden disminuir la violencia de la destrucción constructiva si su compromiso con la verdad cobra un ímpetu nuevo y si desentierran su intencionalidad negativa y la vuelven positiva. Cuando expresan la intencionalidad negativa en palabras concisas, pueden crear un movimiento nuevo. De ustedes depende. Pero incluso antes de que lo hagan, por su admisión misma de su mala voluntad deliberada, estarán más en la verdad y se sentirán menos inclinados a exteriorizar el mal, lo que a veces hasta hacen farisaicamente. Sabrán quiénes son. Y muy extrañamente, cuanto más se responsabilicen de su mal, tanto más honorables se volverán, y tanto más sabrán eso y se apreciarán.

Lo mismo sucede con el dolor: cuanto más lo acepten, menos lo sentirán. La resistencia al dolor suele volverlo insoportable. Cuanto más acepten su odio menos odiarán. Cuanto más acepten su fealdad, más bellos se volverán. Cuanto más acepten su debilidad, más fuertes se volverán. Cuanto más reconozcan su herida, más dignidad tendrán, independientemente de las visiones distorsionadas de otros. Estas son leyes inexorables. Éste es el camino que transitamos.

Muchas cosas maravillosas están sucediendo en este trabajo. Pero también debe haber mucha limpieza. Quiero decirles que su empresa es muy bendecida.

Ahora, amigos míos, sigan adelante con sus maravillosos esfuerzos por estar en la verdad. Si dudan de su sinceridad, deben saber en su corazón dónde están…y eso es todo lo que importa. ¡Eso es todo lo que importa!

Sean benditos. Sean quienes en verdad son…¡Dios!

Dictada el 14 de enero de 1972.