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Pathwork

Conferencias del Guía

Conferencia 12. El orden y la diversidad de los mundos espirituales. El proceso de la reencarnación

Les traigo las bendiciones de Dios, mis queridos amigos.

Uno escucha que las personas dicen una y otra vez: “Si Dios existe y hay en verdad un orden divino, ¿cómo puede ser que pasen tantas cosas tan terribles en la Tierra?” Todos ustedes saben, todos ustedes han aprendido que los seres humanos forjan su propio destino. El hecho de que tengan que llevar cargas tan pesadas es resultado de violar las leyes espirituales, a menudo inconscientemente. Con todo, esto no les explicará a ustedes de manera suficiente acontecimientos como las guerras, en las que, por decisión de unos cuantos, muchos que parecen inocentes tienen que sufrir una suerte aciaga. A esto respondo: En primer lugar, aun en desastres masivos o de grupo, un individuo nunca necesitará experimentar algo que no esté en su destino. En segundo lugar, todas las personas, excepto las muy pocas que ya han alcanzado un estado más alto de purificación, también comparten la responsabilidad de las guerras y de otros desastres masivos. No sólo los políticos o los pocos que visible y públicamente moldean la historia del mundo deben responder por las guerras, sino también todas y cada una de las personas que, con pensamientos y emociones impuros, contaminan el “receptáculo” cósmico, y esto, un día, debe tener su efecto.

Cada pensamiento de odio, de separación, de egoísmo, de injusticia, de discriminación, de querer más para uno que para su prójimo, en breve, cada pensamiento que viola las leyes de Dios, es un elemento constitutivo de esa enorme estructura espiritual —la guerra— que primero debe formarse en el espíritu antes de que pueda manifestar la destrucción en el plano material. Si sólo una pequeña parte de la Humanidad sembrara las semillas de la paz, las guerras no existirían, a pesar de algunos políticos inescrupulosos. La mayor parte de las personas, incluidos ustedes, amigos míos, albergan pensamientos de angustia, y si no pensamientos de odio, entonces de desconfianza y separación, como los que hay entre un grupo y otro, y todos éstos violan la ley de la hermandad. Cada pensamiento y emoción de este tipo contribuye significativamente al estallido de la guerra.

Esto no se aplica sólo a los pensamientos y sentimientos, ni a las reacciones individuales a las cuestiones y opiniones políticas generales. Aun cuando las personas no tengan falsas reacciones en relación con la sociedad en general, pero reaccionen en su vida privada de maneras negativas erróneas, esta energía contribuirá a precipitar una guerra u otra catástrofe masiva. Sólo cuando se purifican desde dentro, cuando limpian sus emociones y pensamientos para cumplir mejor con su destino dondequiera que se hallen, pueden ser portadores de la paz. Indirectamente, al vivir espiritualmente, las personas pueden hacer más por o contra la guerra que los políticos o los estadistas, mis queridos amigos.

Cuestiónense honestamente, sientan profundamente, examínense cuando envíen —tal vez hasta ahora inconscientemente— este “veneno” que contribuye e incita a los poderes que promueven la guerra. Vuelvan la vista a algunos de sus congéneres con los que pudieran tener dificultades. Tal vez ellos los hayan herido y ustedes no pueden superarlo ni entenderlo. Sin embargo, traten de considerar el asunto desde otro punto de vista. Traten de ver que la otra persona ha reaccionado a ustedes sólo por ceguera, ignorancia y una gran inseguridad interna, tratando equivocadamente de protegerse. Consideren con cuánta frecuencia han tenido ustedes mismos una reacción similar y podrían haber herido a uno de sus congéneres, no porque querían hacerlo, sino porque en su ciega inseguridad pensaban que ésta era la mejor manera de protegerse. En la medida en que ustedes mismos hacen esto, inevitablemente otros se lo harán, aunque no siempre la misma persona. En la medida en que reconozcan y entiendan este estado de cosas, reconocerán el hasta ahora inexplicable comportamiento del otro por lo que es, de la manera en que lo he explicado aquí. Con esta claridad la herida se cerrará y entonces la comprensión hacia el otro aumentará más y más porque ustedes mismos la han experimentado y se ha convertido en parte de su conciencia. De la comprensión nace la empatía y ese es el camino del amor. Con él construyen su felicidad, adquieren conocimiento y sabiduría, realizan su vida y así contribuyen a la causa de la paz. Lleven a cabo esta pequeña tarea, amigos míos, todos y cada uno de ustedes; tómenla en serio, no superficialmente, y entonces sentirán una gran liberación. Se desharán de una carga.

Así pues, traten de no siempre enfocarse en ustedes mismos y su dolor. Traten de ver al otro. Olvídense de ustedes por el momento, traten de entender al otro en el sentido en que les expliqué antes. Vean su dolor, no el de ustedes, vean su inseguridad, no la de ustedes. Y pidan a Dios que les dé la luz de la verdad y del conocimiento para que contemplen toda la situación como realmente es, no como tratan de presentarla desde su punto de vista. Puedo prometerles, queridos míos, que si realmente desean entender la necesidad y la soledad de otros, entonces no experimentarán sus actos erróneos como algo doloroso para ustedes. Pueden liberarse de su sufrimiento concentrándose en el “tú” en lugar del “yo”, y pidiendo a Dios que les dé la visión completa de la verdad. Si este deseo está genuinamente presente, será cumplido. Pero sabemos muy bien que uno debe decidirse a estar verdaderamente motivado por un deseo genuino. Consideren esto como una oportunidad para ponerse a prueba.

Y ahora, mis queridos amigos, me gustaría satisfacer el deseo de algunos de ustedes y, como cosa excepcional, hablar de la vida en los mundos del espíritu. Regresaré a este tema en el futuro cuando surja la oportunidad, porque en este breve tiempo sólo puedo hablar poco sobre la inconmensurable complejidad de los mundos espirituales y sus diferentes condiciones e interrelaciones.

Cuando los seres humanos oyen hablar de las esferas del más allá, suelen pensar que todo esto se parece demasiado a las condiciones de la Tierra y no pueden creerlo. Pero en verdad, queridos míos, todo lo que tienen en su mundo también está en el mundo espiritual, y mucho más. Sepan que los objetos terrenales son sólo un reflejo, una imitación de las formas espirituales correspondientes. En realidad no podrían existir en su mundo a menos que existieran primero en el espíritu. Así, las cosas espirituales no son símbolos, como muchas veces piensan los seres humanos. Es al revés: las cosas terrenales son símbolos que representan la realidad espiritual. Aquí hay mucho material para meditar. No obstante, las cosas del mundo espiritual guardan una relación diferente con las entidades espirituales de la que guarda una cosa terrenal, un paisaje terrenal, con los seres humanos. En el mundo del espíritu, los paisajes u objetos son la expresión mental, el producto de la mentalidad del respectivo ser espiritual; en el mundo humano los objetos o paisajes parecen no tener nada que ver con el individuo. Se les percibe con una existencia independiente del individuo, como puramente funcionales, por decirlo así. Naturalmente, es difícil para los seres humanos entender esto. Pero, con el tiempo, su comprensión crecerá.

Existe un número infinito de esferas, desde la más alta y pura hasta la más profunda e impura, con gradaciones, para ustedes insondables, entre una y otra. No todos los seres que ya no están sujetos al ciclo encarnatorio se hallan ya en las esferas espirituales más altas. Tienen que desarrollarse más, desarrollo que tendrá lugar en el mundo espiritual. El mundo más alto es lo que llamamos “la casa de Dios”, aunque esto no debe entenderse literalmente. A los espíritus de un desarrollo superior que aún no residen en la esfera más alta se les da un acceso ocasional a estos elevados esplendores. Estos mundos constan de materia sutil de tan inconmensurable armonía y belleza que ustedes, amigos míos, ni siquiera pueden imaginarlos. El paisaje más hermoso de la Tierra está contaminado de impureza y desarmonía en comparación con esta belleza. La más exquisita música, ejecutada con la mayor maestría, es disonancia cuando se le compara con los sonidos espirituales, y así por el estilo. A mi me faltan las palabras para describir esto, y a ustedes les faltan los conceptos. Todo está creado a partir de rayos, todo está en movimiento, en transformación, y, sin embargo, en equilibrio. Esta aparente contradicción no puede explicarse con sus conceptos verbales, así como me es imposible transmitirles siquiera una aproximación de los esplendores que pueden encontrarse en las esferas más altas.

Los seres que viven allí tienen que llevar a cabo su tarea en el Gran Plan, hasta que todos los seres hayan regresado a Dios. Allí reina un maravilloso orden y organización. Aquí existen las más diversas esferas. Sólo puedo decirles muy poco hoy sobre ellas. Son esferas de música y color, donde los sonidos son colores y los colores sonidos... y al mismo tiempo son también fragancias. En la Tierra todo está separado, no hay unidad.

Una esfera del mundo espiritual podría llamarse la esfera de la ciencia. Pero no es como la ciencia humana. Todo el conocimiento que existe, que la Humanidad descubre sólo parcial y gradualmente, se exhibe de manera abierta. Está la esfera de la historia, si puedo llamarla así. No se ocupa sólo de la historia de la Tierra, sino también de la historia de la Creación, y aquí todo puede observarse. Sólo tienen que imaginarse una película. Todo está grabado en ese aliento de Dios, y pueden verla de nuevo. Los espíritus suficientemente adelantados en su desarrollo y que tienen un interés específico pueden encargarse de una tarea en particular. Entonces son guiados a esta esfera por seres espirituales expertos, y, con su ayuda, estudian durante algún tiempo para aprender lo que es necesario y ventajoso para la tarea elegida. Aprenden el Plan de Salvación, la historia de la Creación, y todo lo que ataña a ella. Aquí están también los esbozos de los planes para el futuro, siempre sólo como un marco que da a cada alma espacio suficiente para determinar el tiempo y el resultado con su libre albedrío. Esta esfera también es de una belleza inimaginable. Luego está la esfera donde los espíritus de los niños muertos viven para capacitarse y educarse. También esta esfera es de una gran hermosura. Y hay muchas, muchas más.

Las esferas que no pertenecen a estas alturas también contienen una belleza asombrosa. Y allí también esta belleza es mucho mayor que lo más bello de la Tierra. Aquí existen también muchas posibilidades y variedades de las esferas que acabo de mencionar. Pero su perfección no es tan completa como las de las esferas similares que se encuentran entre las más grandes alturas. Todo depende de la etapa de desarrollo de las entidades. La capacidad de recibir felicidad, armonía y completitud depende enteramente de la etapa de desarrollo.

Hay esferas de purificación, de las cuales la Tierra es una. Esas esferas de purificación existen en varios niveles de desarrollo. Hay, además, muchos tipos de escuelas y universidades. Hay hospitales, queridos míos, donde se cuida y se sana a las almas enfermas. Hay lugares de descanso —también en diferentes grados, y todos corresponden a la etapa de desarrollo— para los espíritus que han dejado atrás su cuerpo y también para los espíritus que han venido a descansar en el mundo espiritual después de la conclusión de una gran tarea. Estos seres necesitan descanso durante cierto lapso de tiempo.

Otras esferas podrían llamarse esferas de recepción. También son hermosas y a menudo más que la Tierra, para las entidades espirituales que tal vez aún no se encuentran en un nivel en el merezcan una dicha continua. Sin embargo, han cumplido con su vida muy dentro de los límites de sus posibilidades, y necesitan y merecen un tiempo de recuperación antes de poder reanudar su camino de desarrollo.

Dentro de una esfera grande con diferentes departamentos, hay lugares específicos donde se preparan las encarnaciones. En hospitales de una naturaleza muy específica, entidades espirituales que tienen formación médica trabajan para preparar los fluidos, como ya lo expliqué. Juntan los fluidos, lo que deja a la entidad inconsciente mientras dura el proceso. En otra parte de esta esfera se discuten las encarnaciones. Aquí específicamente, seres superiores capacitados conocen exactamente las leyes y las encarnaciones pasadas del alma individual, han estudiado la carga que aún debe llevar, sus méritos, sus habilidades, lo que ha terminado y lo que le queda por hacer. Conocen el camino entero del destino del alma individual, de manera que son capaces de determinar y planear las circunstancias y condiciones más ventajosas para la siguiente vida en la Tierra, incluidos los méritos y los obstáculos que cada entidad ha de traer a este planeta a fin de hacer el mayor progreso. El ser que está a punto de encarnar discute su vida venidera con los seres superiores, expresa sus deseos y escucha consejos.

Luego están las distintas esferas de purificación, cada una de acuerdo con la etapa de desarrollo de los seres que la habitan. En el futuro hablaré más de cómo se desenvuelve el destino de las entidades, cómo influye este desenvolvimiento en el proceso de purificación y en qué consiste este proceso. Entonces entenderán las funciones de las distintas esferas de purificación. Aquí diré sólo muy brevemente que hay una esfera específica donde se revisa una vida, a veces incluso varias vidas. En ocasiones la última vida se conecta con la que le precedió, y sólo comparando las dos se vuelve posible una comprensión completa. Ahora el espíritu que acaba de concluir su vida terrenal ve su vida con tanta claridad que ya no puede fingir ni poner pretextos de la manera en que les gusta hacerlo a los humanos. Éstos tienden a desplazar sus motivos reales y usan una máscara, de suerte que sus corrientes puras son contaminadas por las cualidades no purificadas. Pero aquí todo es claro y abierto.

Esto no debe confundirse con el fenómeno muy conocido que se produce después de la muerte, en que uno ve su vida desenvolverse frente a sus ojos en una secuencia muy corta. Eso es otra cosa. Siempre ocurre, pero en este caso ocurre muy brevemente y el espíritu humano ve la película de su vida pasada casi indiferentemente, por decirlo así. Parece tratarse de la vida de otro. Ustedes no se sienten afectados ni emocionalmente conmovidos. La ven objetivamente. En la esfera de purificación el proceso es mucho más extenso y dura el tiempo necesario para que entiendan lo que hasta ahora se han negado a entender. Esto puede ser doloroso. Realmente llegan a sentir que se trata de ustedes. Reexperimentan su vida. Y luego resulta que la vida terrenal se evalúa de un modo muy distinto aquí que en la Tierra, donde aún están en su cuerpo. Mientras el cuerpo contenga el espíritu y lo aprisione, el sufrimiento por cada tribulación y golpe del destino es grande. A ustedes les asusta experimentar algo difícil. Pero mientras todo esté bien en el exterior, están contentos.

Ya en estos reinos de purificación —que en modo alguno son esferas altas—, la experiencia de mirar las imágenes del desenvolvimiento de su vida pasada es enteramente diferente. Es posible que un destino difícil que sufrieron en la Tierra los haya entristecido mucho entonces, pero como desde el punto de vista espiritual salieron bien librados, les da ahora, al experimentarlo de nuevo, al ver la película, un sentimiento de inagotable paz. Les da un sentimiento de felicidad porque pasaron la prueba y aprendieron lo que había que aprender. Sin embargo, un tiempo agradable en el que sólo hubo contento les puede causar una gran zozobra si, durante ese lapso, no terminaron la tarea espiritual. Volverán a experimentar su vida con frecuencia poco después de dejar el cuerpo, pero, y es importante que entiendan esto, la sentirán y la juzgarán de un modo distinto. Por lo tanto, los tiempos felices en la Tierra podrían no coincidir con sentimientos de felicidad cuando, un día, vuelvan a examinar su vida. La persona que puede alcanzar en la Tierra esta misma comprensión profunda de su vida, y, de hecho, experimentarla y sentirla como lo hará en la esfera de purificación, ha logrado mucho. Su purificación será mucho más corta y menos dolorosa y le dará paz y satisfacción. Esta es la verdad detrás del malentendido humano de que la persona que lleva la carga más pesada en la Tierra puede experimentar una gran alegría en el mundo espiritual, y viceversa. Ahora bien, no digo que esto vaya a suceder siempre. Una persona puede no enfrentar bien un destino difícil y puede no demostrar su valía, sino sólo amargarse más y separarse más de Dios. Otra persona puede demostrar su valía en periodos de buena fortuna y trabajar aún más activamente en su desarrollo espiritual. Pero esto es más raro. Experimentar plenamente un destino difícil muchas veces trae consigo un avance y una compensación de deudas kármicas, y les ayuda a llevar adelante su desarrollo con una carga disminuida.

Así pues, en la esfera de purificación contemplan su vida pasada desde un punto de vista que suele ser completamente diferente de la perspectiva terrenal. Y este punto de vista corresponde a la verdad. Una y otra vez nos toca observar tristeza y remordimiento cuando tantos seres lamentan no haber reaccionado de una manera distinta en esta o aquella situación. Una y otra vez se preguntan: “¿Porqué no fui capaz de —o no quise— ver esto? Ahora todo cobra sentido”. O: “¿Por qué no entendí la ayuda que se me estaba brindando? ¿Por qué me cerré a ella? ¿Por qué no quise ver el verdadero significado de la vida y realizar la tarea que vine a llevar a cabo? ¿Por qué me negué a creer que esta vida no era la única realidad, que hay más, que era sólo un eslabón de la cadena?” Y gran parte de lo que la persona descartó como insignificante o accidental se vuelve claro en esta fase de purificación. Muy dentro de sí misma, la entidad espiritual entenderá las causas. El significado se hará transparente a partir de estas escenas de la vida, que no sólo reflejan la vida exterior, sino también las corrientes del alma y las reacciones.

Entenderán que fueron ustedes quienes rechazaron otras opciones porque les parecían muy incómodas, y prefirieron convencerse de que “nada tiene sentido de todas maneras, así que ¿para qué hago algo?” Los seres humanos no quieren hacer el esfuerzo que entraña desarrollarse, y muchas veces ustedes, o por lo menos parte de ustedes, se niegan a aceptar este hecho.

Algunas esferas sirven para adiestrar a los espíritus en tareas del mundo espiritual que tienen que ver con los humanos, los espíritus y mucho más. A unos espíritus especiales se les adiestra para ser lo que uno podría llamar espíritus de misión. Se dividen en grupos diferentes. Pongamos el ejemplo de una desgracia en la Tierra, como un accidente de tren. No es tarea de estos espíritus de misión proteger a las personas que no están destinadas a morir. Esa es siempre la tarea del espíritu guardián. Los espíritus de misión llevan a cabo la tarea de recibir a los seres que nos llegan tan de repente y tan completamente impreparados. A otros espíritus de misión se les adiestra específicamente para recibir a las personas que mueren de una manera diferente, para conducirlos y ofrecerles ayuda. Otro tipo de espíritus de misión bajan de vez en cuando a las profundidades, a las esferas de la oscuridad, para llevar luz y ayuda a ciertos seres, si su actitud los hace merecedores de ello. Si la perspectiva de estas entidades cambia, los ángeles de misión pueden elevarlos a una esfera más alta. Entre los espíritus de misión, otros especialistas cuidan de aquellos que han dejado su cuerpo en un estado de absoluta incredulidad. Les ofrecen ayuda y guía, que estas entidades pueden aceptar o rechazar con su libre albedrío. Existen muchas posibilidades más. Yo les he hecho sólo un pequeño esbozo general y les he dado unos cuantos ejemplos.

Sin duda, para aquellos que aún no se interesan por las cuestiones espirituales, todo esto debe sonar extraño y raro. La comprensión sólo puede llegar cuando se eliminan los obstáculos internos y se da lugar al autoconocimiento, cuando están ustedes dispuestos a examinarse honestamente para ver si todavía queda alguna resistencia a aceptar estas verdades. Una y otra vez observamos la resistencia. Puede ser, como dije antes, que las personas rehúyan conocerse verdaderamente, desarrollarse en este camino y vencer sus resistencias. Más bien alejan de sí lo que es desagradable reconocer en ellas mismas. Sin embargo, éste es un requerimiento del desarrollo espiritual para todos, no sólo para los que están al comienzo de su Pathwork.

También puede ser que la causa de su renuencia sea el temor a la desilusión, a que tal vez las cosas no sean así, un temor de aferrarse a la esperanza de que esta vida difícil no sea la última, la única y la definitiva. Esta es otra actitud que puede estar en el fondo de la resistencia a aceptar la realidad más grande. Ambas motivaciones pueden existir simultáneamente en la misma persona.

La fe es una comprensión superior, la fe es saber, y este saber es la gracia. La gracia tiene que ganarse. Se gana cuando la buena voluntad de la persona se manifiesta y conquista las contracorrientes inconscientes que tratan de negar la verdad. Si la buena voluntad de la persona no se relaja, las corrientes negativas inconscientes a la larga penetrarán en el consciente. Aquí se puede lidiar con ellas, transformarlas y, por ende, alinearlas con la buena intención exterior. Si la intención de conocer y vencer su naturaleza inferior es decisiva, se establece la base para recibir la gracia del conocimiento y experiencia profundos de la realidad. Su mundo terrenal no es la realidad, amigos míos, pero el mundo espiritual es imperecedero y la única verdad en la que siempre pueden confiar.

Queridos míos, ya les di suficiente por hoy. Me gustaría decirles a todos ustedes que nos sentimos felices cuando progresan y perseveran en este Pathwork. Todos reciban las bendiciones de Dios. Estén en paz, recorran su sendero con valentía y con el conocimiento de que todos sus esfuerzos encierran el mayor beneficio. Nada de lo que emprendan en el reino espiritual puede disolverse ni será jamás en vano. ¡Nada! Y, nuevamente, la bendición de Dios se extiende a ustedes y a todos mis amigos, cercanos y lejanos. ¡Queden con Dios!

Dictada el 3 de septiembre de 1957.